Accidentalmentedestinados

Cap.11

Finalmente, está claro para mí

Habían pasado exactamente dos días desde la boda. Tanto Snape como Hermione se habían distanciado. Casi nunca se dirigían la palabra, y si lo hacían era para comentar algo sobre su investigación. Apenas coincidían en las comidas. Y como era de esperar, el ex-mortífago se volvió más huraño de lo normal. Nuestra chica, harta del silencio y de intentar acabar con aquella situación se refugió en la habitación que había frente a la suya. Por supuesto a escondidas de Snape. El abuelo del mago resultó ser una agradable compañía. Sin embargo, no podía pasarse todo el rato en ese cuarto, y cuando se encontraba sola en su cama, era una la imagen que cruzaba su mente nublándole el sentido de la razón. Sus labios…Esos que habían estado tan cerca de los suyos, esos que eran finos y varoniles. Deseó apresarlos contra los suyos. Era como una necesidad, algo prohibido, algo que hacía que su corazón lo reclamara a gritos…

Hermione despertó sobresaltada aquella noche…No sabía que estaba pasando, o más bien no quería admitirlo, porque esos ojos negros la habían cautivado por completo.

Severus Snape no podía dormir aquella noche, llenó la enorme bañera del baño de la planta de abajo y se sumergió en sus templadas aguas. Trataba de despejarse. Perdió la cuenta de cuantas veces había deseado no haber ido a esa estúpida boda. Quería ser el de siempre. Pero no podía…Su sonrisa, era lo único que veía claramente. Habían estado tan cerca, ¿en qué estaba pensando? Era su alumna.

Se llevó las manos a la cara, su piel se le había clavado en los ojos. No quería sentir lo que sentía, otra vez no. No estaba preparado. ¿Cómo había pasado? Decidió no darle vueltas, porque si lo hacía llegaría a la conclusión final, a la respuesta de su pregunta, y eso no lo permitiría. Se alejaría de Granger lo más posible.

La leona se había levantado más temprano de lo usual. Se vistió, bajó las escaleras, iría a la cocina para desayunar algo. Siendo tan temprano no se encontraría con su profesor, o al menos, eso pensó. Justo cuando cruzaba el umbral de la puerta vislumbró su pelo negro. Él la había mirado fugazmente y luego volvió la vista hacia una carta aun no abierta. Bien, ahora no podía irse sin más, tendría que desayunar junto al mago que la traía de cabeza. Se disponía a sentarse frente a él, pero la única silla que quedaba libre estaba a su lado. O se sentaba en sus piernas o a su lado, la respuesta estaba clara (Nt: ¿Verdad chicas/os?). Parecía que el destino estaba en contra de que se alejara de su profesor. Devoró el desayuno rápidamente, aunque no podía negar que le había echado alguna que otra ojeada a su compañero. Se había descubierto a sí misma embobada mirándole en dos ocasiones. Por suerte él no la vio. Cuando se levantó el hombre la imitó y la miró de frente, agarró su mano, lo que hizo que Hermione, que lo miraba fijamente se ruborizara. La verdad es que agradecía el contacto con su docente. Finalmente con la mano que le quedaba libre, Snape colocó la carta sobre la mano de la Gryffindor.

-Esto es suyo Granger.

La desilusión y el desconcierto la inundaron.

-La carta de Hogwarts…-dijo una vez que la hubo observado.-Tendré que ir mañana mismo a comprar las cosas. ¿Vendrá conmigo?-pronunció esa última frase sin pensar, ya que cuando lo hizo se arrepintió enormemente.

-No tengo otro remedio. A las nueve, sea puntual.

Una vez el hombre se hubo ido, la hija de muggles se derrumbó en una de las sillas. Tenía que analizar la situación. Debía admitirlo de una vez por todas. Sí, se estaba enamorando de su profesor. Dio un suspiro, pues su mente había sido derrotada por su corazón. Casi habían pasado tres meses desde el asunto de Ron, era un tiempo considerable. Probablemente hubiera tenido que esperar mucho más para olvidarlo si Snape no hubiera entrado en su vida, pero así lo quiso el destino. ¿Quién lo hubiera dicho? Siempre le había admirado y respetado, no obstante enamorarse de él era algo muy distinto. ¿Qué haría? Se sentía como la acusada de un crimen, donde la lógica y la razón eran sus jueces y el corazón su testigo. Tendría que olvidarlo, quizás mientras siguiera viviendo con él no fuera fácil, pero dentro de poco cursaría su último año en Hogwarts y al terminar no volvería a verlo. Sí, eso es lo que pasaría seguramente. En ese momento un sentimiento de nostalgia la invadió, no quería perderlo de vista, quería estar con Severus Snape aunque fuera algo descabellado y mal visto. ¿Y si trataba de conquistarlo? Su cuerpo se llenó de euforia por unos minutos, los que tardó en desechar la idea. El mago nunca se fijaría en ella. Todo el amor que aquel hombre podía sentir iba dirigido en gran parte a Lily Evans, y contra eso no podía competir. Escondió la cara en sus manos. ¿Por qué tras haber olvidado a Ron tenía que pasarle esto? Se levantó, si seguía dándole vueltas terminaría llorando, y la verdad, no quería humillarse más.

…...

Habían pasado toda la mañana en el laboratorio, como de costumbre. Habían cuidado del dragón, al cual pronto le saldrían escamas por fin. Snape había preparado pociones para madame Pomfrey y había observado detenidamente a Hermione en varias ocasiones. Su pelo estaba encrespado por los vapores y aun así seguía estando sencillamente hermosa. Su concentración era admirable pero lo que más le gustaba era verla luchar con algún contratiempo. De nuevo la chica se enfrentaba a una poción no conocida. Tenía que amasar miel de quimera. Si no se sabía como, la poción quedaría hecha un desastre; la castaña no la había tocado, simplemente la miraba con recelo.

-Profesor-le llamó la muchacha despertándolo de su ensimismamiento-me temo que voy a decepcionarle. ¿Podría ayudarme con esto?-Snape miró la miel de quimera- mucho más densa que la de las abejas— y luego a su alumna. Si aceptaba tendría que enseñarle a hacerlo y sus manos entrarían en contacto, y eso sería un problema debido a la atracción que sentía por ella (así es como lo llamaba). Si no lo hacía la poción se echaría a perder y el no tenía tiempo de dedicarse a hacerla de nuevo.

-Definitivamente Granger, está a punto de perder su título de sabelotodo-dijo mientras caminaba erguidamente hacia ella. Hermione soltó una pequeña risita, pero Snape la fulminó con sus ojos y enseguida adoptó un semblante serio.-Coloque las manos en la sustancia Granger.-Ésta obedeció. Severus miró al techo durante un segundo y tragó saliva, acto seguido puso sus fuertes pero cuidadosas manos encima de las de su aprendiz y ambos comenzaron a moldear la masa. En cuanto sus dedos rozaron la piel de la chica una corriente eléctrica recorrió su cuerpo e instintivamente se pegó más a ella. La joven tembló ante el contacto, y sin embargo no se movió. Se sorprendió al notar como la leona desplazaba su mano para ponerla encima de la suya, masajeándola. Se agachó un poco y tocó la oreja de la chica con su pronunciada nariz, provocando que la Gryffindor se girara para mirarlo de frente. Sus ojos lo asustaron por un momento, eran miel líquida, ardiente miel líquida...Su mirada oscura le respondió con la luz del fuego que se había encendido en su interior. Se le estaba yendo de las manos. Se acercaban cada vez más y más y esta vez no se creía capaz de detener lo que iba a pasar. Así que acarició su sonrosada mejilla para luego hacer lo mismo con sus labios. Pensó que quizás esa decisión le diera más tiempo para pensar a ambos. Se equivocó, su deseo aumentó más y ya no pudo resistirse. Rozó la boca de Hermione con sus ansiosos labios y ésta le correspondió acabando con la poca distancia que los separaba. La agarró por la cintura y recorrió su espalda mientras ella trataba de apretarse más contra su pecho. Rodeó el cuello del hombre con los brazos y el beso cambió de intensidad. Al principio habían sido tímidos pero ahora, Hermione empezaba a sentir algo que nunca imaginó y él algo que creía muerto...

Saborearon cada recoveco de la boca del otro hasta quedarse sin aliento, y cuando se separaron se dedicaron a escuchar con atención sus agitadas respiraciones, todo para estar alerta, para volver a complacer su deseo. Pero había algo que no andaba bien en la cabeza de Severus Snape, volvió a la realidad de repente, casi al mismo tiempo que lo había hecho Hermione. No querían separarse. Tenerla atrapada entre sus brazos le concedía una sensación de bienestar y calidez que jamás había llegado a imaginar. Y aunque todo su ser quisiera que parara el tiempo no podía permitirlo, por muchos motivos. Comprendió que no solo era atracción, estaba claro, se estaba enamorando.

Lo había abrazado, porque sabía que aunque él todavía no la había echado a gritos del lugar no tardaría en hacerlo. Quería permanecer pegada a él todo el tiempo que pudiera.

Ahora que sus sentimientos habían quedado al descubierto no sabían qué hacer. La Gryffindor no se atrevió a mirarle a los ojos. Sabía que tendría que olvidar ese amor, quizás fuera más fácil de lo que pensaba.

-Fuera-su voz resonó en toda la habitación. La había soltado de la cintura y la castaña separó sus brazos de su cuerpo para salir corriendo escaleras arriba.

Snape tapó medianamente su cara con la mano derecha, mientras golpeaba fuertemente la mesa con la izquierda, haciéndola crujir.

``¿Cómo vas a arreglar esto ahora Severus?´´

…...

Hermione estaba tumbada en su cama boca-abajo. Había aclarado su situación por fin, ¡y de qué manera! ¡Había besado a Snape! O más bien se habían besado, porque el ex-mortífago le correspondió afectuosamente. Cuando miró sus ojos vio una llama que ardía como nunca antes. ¿Significaba eso que él tenía sentimientos por ella? ¿Qué tendría alguna oportunidad? No, era su profesor, era Snape y jamás podría ser. Pero...no quería olvidar nada de lo que había experimentado.

…...

Eran las seis y media de la tarde cuando llamaron al timbre. Snape abrió la puerta malhumorado.

-Albus...Potter. ¿Qué hacen aquí?

-¿Podemos pasar?

-Claro-respondió fríamente.

Los tres se sentaron en el sofá. Snape agitó su varita para hacer aparecer tres tazas de té.

-¿Y bien?-dijo levantando la ceja.

-Yo he venido a que me relates como va la investigación sobre el dragón Severus, y Harry viene a ver a la señorita Granger. -Cuando el mago escuchó el nombre paró de remover el té con la cuchara.

-Está en su cuarto Potter.

Harry asintió con la cabeza y desapareció del salón. Cuando se encontraban solos Severus comenzó a hablar con la mirada fija en su té.

-Todo avanza adecuadamente Albus, a Zafiro pronto le saldrán escamas.- Al cabo de un segundo se percató de que había utilizado el estúpido nombre que Hermione le había puesto a la criatura y miró a su viejo amigo. Éste le sonreía de una manera extraña.-Granger le puso el nombre.

-Ya decía yo...

-Como le decía, todo va bien. Dentro de poco comenzaré a experimentar. Aunque no creo que mucho pues tengo ciertas ideas.

-¿Comenzarás? ¿Tú solo?

-¿Qué pretendes Albus?

-Creía que la señorita Granger trabajaba contigo...

-Y yo creía que venía a preguntar por el dichoso dragón. Aun no entiendo por qué quiere que haga todo esto. Si se considera tan inteligente podría hacerlo usted mismo. ¿Por qué me lo pidió?

-Vamos Severus, es por el bien de todos. Yo no soy tan experto como tú en este arte. Recuerda que yo solo te lo sugerí, pudiste decir que no.

-Sabe que siempre termino haciendo lo que me pides desde...- no siguió hablando.

-Ahora eres libre Severus...Eres una buena persona, y por eso aceptaste.

El mago vestido de negro no le contradijo. Volvió a sentarse pues se había levantado. Tenía que serenarse.

-¿Estás bien Severus? Te veo preocupado. ¿Quieres contarme algo...Severus?

Sus ojos azules lo atravesaban. Quizás debería contarle, de un modo u otro se acabaría enterando. Movió sus labios, pero de ellos no salió ningún sonido. Los dos jóvenes Gryffindor se disponían a salir de la casa. Harry le había echado el brazo por encima a su amiga, la cual parecía un tanto triste. Snape la miró, deseaba ser él el que estuviera a su lado. Apretó los puños. Dumbledore contemplaba la escena con aire divertido. Así que eso es lo que pasaba. Rió, lo que hizo que todos dirigieran su atención a él.

-Oh, no me hagáis caso- dijo cuando se dio cuenta. -Cosas de ancianos.

Los muchachos salieron finalmente.

-Así que esto es lo que te pasa.

-No sé de qué estás hablando.

-Vamos muchacho, hacía mucho tiempo que no veía brillar tus ojos de esa manera.

-Deja de decir tonterías Albus, es evidente que la guerra te ha afectado.

-Por supuesto que me ha afectado, pero eso no es una excusa. Te conozco demasiado bien. Admítelo de una vez, sabes que estoy en lo cierto.

-¿¡Y qué quiere que admita!- preguntó posando sobre la mesa bruscamente la taza de té y derramando su contenido. Se puso en pie. -¿¡Quiere acaso que le diga que me he enamorado de Granger! ¿¡De mi alumna! ¡A la que le saco casi veinte años!

El silencio se apoderó de la sala. Lo había dicho, lo había admitido. Y eso era más de lo que podía soportar.

-Severus...-Dumbledore se acercó hasta él y puso su mano en el hombro de Snape.-Es amor lo que necesita el mundo... ¿Crees acaso qué la edad importa?

-Mira Albus, para ti todo es muy fácil, pero esta situación no lo es.

-Nosotros somos los que lo hacemos todo difícil. Estás poniendo una barrera por miedo a que...

-¡Basta! No quiero hablar más de esto...se acabó.

-Está bien Severus, si eso es lo que quieres...Es hora de irme. ¿Sabes dónde podrían haber ido Harry y la señorita Granger?

-A la playa- respondió secamente. Le había sorprendido que el director accediera a cambiar de tema.

-Muy bien, pues hasta pronto.-Snape hizo un pequeño gesto con la cabeza y lo acompañó a la salida.

El director de Hogwarts caminó hasta la playa donde, efectivamente, encontró a Harry y a Hermione. Paró cuando estaba a unos veinte metros de ellos, parecían estar hablando y no quería interrumpirlos.

-Hermione, ¿estás bien?

-Oh sí Harry, solo me dolía un poco la cabeza.

-¿Seguro que no tiene nada que ver con Ron? El otro día en la boda…

-Harry, de verdad. Estoy bien. Y ese asunto está…solucionado.

-De todos modos, si necesitas algo no dudes en llamarme.

-Lo sé. Gracias.- Y lo abrazó para luego apoyar la cabeza en su hombro.

-Harry tenemos que irnos.-Cualquier otra voz los habría sobresaltado, pero ésa transmitía tranquilidad.

El niño que vivió se levantó y sacudió la arena de sus pantalones.

-Adiós Hermione, nos veremos en el en Hogwarts.

-Lo mismo digo señorita Granger.

La hija de muggles esbozó una sonrisa y los despidió con la mano. Miró al cielo, se acercaba una tormenta de verano. Pronto comenzó a hacer bastante frió, y la lluvia no tardó en aparecer. Se entristeció al recordar que la última que vez que llovió Snape fue a buscarla. Por supuesto, en esta ocasión no sería así. Las cosas entre ellos no andaban bien. ¿Cómo podría mirarlo a la cara ahora? Tenía que ver el lado positivo, ya que Snape no le dirigiría si quiera la palabra tendría que aprovechar para intentar olvidar todo ese asunto. Con suerte sería algo pasajero. Se levantó aunque no se molestó en sacudirse la arena.

-Lo está llenando todo de arena Granger- La leona miró hacia atrás. Era verdad. Sacudió la varita y todo volvió a quedar como nuevo; ya tenía un pie en el primer escalón cuando algo en su cabeza la detuvo. Miró a Snape, no le había importado que ésta hubiera llegado empapada. Estaba claro que trataría de evitarla por todos los medios. Movió la varita una vez más y se secó por completo. Su propio estornudo la sacó de sus pensamientos. Volvió a mirar la escalera. Tenía frío, probablemente por el brusco cambio de temperatura. Trató de subir otro escalón pero el roce de algo la paralizó. Su profesor se había levantado y había colocado su capa en los hombros de la joven. Reunió todo el valor y le miró a la cara.

-Sí, ya lo sé. Quiere perderme de vista lo antes posible.- Le sonrió tristemente. Se dio la vuelta y subió del todo. Esa noche no cenaría, se iría a dormir directamente.

El día siguiente amaneció nublado. Hacía un frío palpable para ser verano, señal de que el curso se acercaba.

-¡Venga, todos a levantarse!

Harry Y Ron obedecieron la orden y se vistieron para ir a desayunar. Todos habían reemplazado la típica camiseta de manga corta por una sudadera.

-¡Qué frío! ¿Verdad Harry?

-Pues sí la verdad.

- Bueno chicos, ¿preparados para un nuevo curso escolar?- preguntó George.

-Ni me lo recuerdes-repuso Ron.

-Vamos Ron no te quejes, deberías estar contento de volver a Hogwarts- le riñó Ginny.

-Sí ya claro.

-Pues yo creo que tu hermana tiene razón- comentó el chico de pelo revuelto. –Por fin tendremos un curso normal y corriente.

-Yo que tú no estaría tan seguro Harry.- Todos rieron ante el comentario de Fred.

-Por cierto, ¿Hermione no viene?

-Va con Snape. Nos la encontraremos en el callejón Diagón.

-No puedo creer que prefiera ir con ese murciélago grasiento antes que con nosotros.

-Cállate Ron-Ginny le fulminó con la mirada.-Sus motivos tendrá.

-Sí, además no es para tanto. Allí no tiene lechuzas para enviar cartas.

-Pero Snape sabe utilizar otros medios.

-Mira Ron, déjalo ya. Simplemente ella sabía que nos vería hoy sí o sí. ¿Qué más da que vaya con Snape?

-Está bien, está bien. Lo siento. Es solo que se la echa de menos.

-Ohh, ¡nuestro Roni se ha vuelto más sentimental desde que está con Choni!

-Cierra la boca George- el pelirrojo le miraba furioso y se había puesto colorado.

Todos rieron de nuevo.

-Vamos chicos, todos a la chimenea. Nos iremos dentro de dos minutos.

-¿Tu también vienes mamá?- preguntó desconcertado el guardián de Gryffindor.

-Sí Ron, pero no te preocupes desapareceré en cuanto lleguemos, tengo que hacer algunas compras-Ron asintió y todos esperaron en fila delante de la chimenea a que llegara su turno.

…...

Nuestra estudiante modelo esperaba sentada en el sofá mientras leía un libro. Había decidido que si Snape no aparecía en un cuarto de hora iría ella sola a comprar el material. Tras esperar el tiempo impuesto se levantó cogió su bolsito y abrió la puerta

-¿Hermione? ¿Hermione Granger?

La castaña se llevó una gran sorpresa al ver a un chico alto y rubio al otro lado de la puerta. Sus ojos eran de un verde esmeralda y parecía tener la misma edad de Hermione.

-Sí, soy Hermione Granger, y ¿tú eres...?

-Edward, Edward Spellman.-ante el desconcierta de la chica añadió-era tu vecino. Estudio en Beauxbatons. También soy hijo de muggles.

Meditó durante unos segundos y al poco tiempo se le iluminó la cara.

-¡Ah! Eres ese que me tiraba bolas de barro.

-Em, sí bueno. Espero que no me guardes rencor, tenía cinco años.-Esbozó una sonrisa al ver que la muchacha reía.

-Tranquilo, te perdono. Y bueno, ¿Qué haces aquí?

-Omm pues bueno paseaba en escoba y me caí. Venía a pedir un botiquín o algo así. No he traído nada y no se me da muy bien curar heridas.-Mientras le contaba la historia le enseñó el brazo, el cual estaba totalmente magullado.

-Vaya, pues entonces eres un chico con suerte. Has tenido la puntería de caer en la la casa de un mago realmente habilidoso en pociones.

El chico hizo el amago de entrar pero la leona se lo impidió.

-Es habilidoso, pero no tiene muy buen humor. Espera aquí ¿vale? Yo misma te curaré.

Edward se sentó en los escalones del porche y se dedicó a contemplar el paisaje.

-Ya estoy aquí- escuchó el rubio a sus espaldas. Al ver que la estudiante de Hogwarts traía dos tarros con sustancias pegajosas hizo una mueca.

-¿Tú tampoco eres buena con la varita?

-Oh, no es eso. Pero siempre que se puede, se deben utilizar pociones. Es más efectivo. Mientras la herida no sea muy grave claro. En ese caso lo más rápido es la varita.

El joven asintió. Hermione se sentó a su lado y comenzó a aplicarle las curas.

-Listo.

-Muchas gracias, de verdad.

-No es nada. Tengo bastante experiencia.

-Bueno, ¿dónde ibas?

-Al callejón Diagón. Iba a comprar las cosas para el nuevo curso.

-Si quieres te acompaño. Yo las compré ayer, pero no tengo nada que hacer. Si es que no vas con otra persona.

-Eh, pues...lo cierto es que si que iba a ir con otra persona...-su expresión se volvió triste.-pero al final no puede venir. Así que sí, ven conmigo.

…...

El callejón Diagón estaba abarrotada de gente. Todos sonrientes y atareados con sus compras.

-Mira Harry, allí está Hermione. -Ginny, Harry y Ron corrieron hasta ella y se extrañaron cuando vieron al rubio.

-Hola Herms-saludaron todos al unísono.

-Hola chicos.- Al ver como miraban a su acompañante inició las presentaciones.

-ÉL es Edward Spellman, estudia en Beauxbatons. Éstos son Ginny y Ron Weasley y él es Harry Potter.

Les estrechó la mano rápidamente a los dos pelirrojos y se detuvo boquiabierto en Harry.

-Dios mio eres Harry Potter.

-Pues sí, soy yo-dijo un tanto incómodo.

-Un placer conocerte.

Ron iba a protestar, el supuesto amigo de la Gryffindor estaba siendo un poco brusco con ellos.

-¿Y de qué os conocéis?-preguntó Ron mirando excepticamente.

-Vivía en el mismo barrio que Hermione. Jugábamos juntos de pequeños.

-Será mejor que compremos ya las cosas ¿no?

-Sí, Ginny tiene razón. Vámonos.

Todos entraron en Flourish y Blotts.

-Oye Hermione, ¿y Snape?

-Estaba ocupado.

-Ah pues mejor.

-Sí...mejor...

Fin del cap

Espero que les haya gustado

Muchas gracias por todos los comentarios, y espero que dejéis más ^^

Un abrazo, Irene ;)