Capítulo 12: "Declaración."

Kagome gimió por lo desprevenida que la había tomado. Con sus ojos desmesuradamente abiertos, contemplo lo cerca que estaban… y lo lindo que era, quiso separarse de su lado posando sus manos en los hombros de él para alejarlo, pero no pudo porque Inuyasha separo sus labios al tiempo que tomaba su cuello profundizando el beso, dejándola embelesada por los sentimientos que se arremolinaba en su interior, aturdida, entrecerró los ojos cuando una ola de sentimientos la golpe provocando que sus piernas temblaran y que todo diera vueltas a su alrededor. Mareándola. Sus labios eran suaves, y su sabor único, moviéndolos con una avidez que la hizo estremecerse. Jamás había besado y prácticamente no sabía nada de la materia de los besos pero trato de imitarlo ya que le resulto fácil pues se movía lento… delicado… alzo sus brazos envolviendo su cuello con ellos acercándolo más a ella mientras soltaba un suspiro de placer al tiempo que él retiraba la mano de su cuello y la abrazaba desde su cintura… introduciendo su lengua en la cavidad de ella…

Kagome, quien, había cerrado los ojos, los abrió súbitamente al sentir la lengua de él dentro de ella. Tan hábil, buscando la femenina para crear un vals dentro de su cavidad dejándola nerviosa, y provocando que los bellos de sus brazos y cuello se erizaran ante la nueva sensación que la tomaba desprevenida. No podía creer que todo eso se sintiera al besar: estar aturdida, nerviosa, ansiosa, mareada, estremecida, feliz y con temor a la vez ¡todo junto! Gimió cuando al fin se acostumbro a tenerlo dentro de su boca cerrando los ojos cuando él comenzó a juguetear con su lengua siendo osado… Inuyasha prácticamente sabia más que besar, era el maestro de los besos…

Y besaba tan bien…

Cuando ya se sintió en sosiego volvió a suspirar. El aire comenzaba a escasear rápidamente y los labios le hormigueaban de lo entumecidos que estaban por el rose de sus bocas. Algo en su interior le avisaba que el beso junto que el momento mágico que estaba viviendo pronto terminaría para dar paso a la realidad…

En donde él la olvidaría…

¿Pero qué hacia?

Se estaba dejando llevar por los engaños de Inuyasha nuevamente, otra vez caía como una estúpida en las redes mentirosas de Inuyasha Taisho, del muy maldito mujeriego. Cerró con fuerza los ojos ejerciendo un poco mas de presión en el cuello de él casi posesiva para acercarlo a ella como si fuera la madera que flotaba en el medio del mar siendo su único sustento para sobrevivir y no ahogarse. Era tan iluso pensar que, él, el chico más codiciado de la escuela se fijara en ella, era tan… tan… tan estúpido e…

Inexistente.

¿Cómo alguien como Inuyasha podría fijarse en ella?

Él pudiendo estar con cualquier chica que quisiera, con alguien más bonita, alta, voluptuosa… pudiendo estar con tantas chicas mejores… ¿Por qué con ella? parecía tan irrealista… como si fuera un sueño… seguro que era un sueño, seguro que aún estaba dormida. Sí. Era lo más probable. Con un puño apresando su corazón al ver la realidad de las cosas, se separo de él respirando agitada como si hubiera corrido toda una cancha cinco veces, las piernas le temblaban un poco y los labios los tenia al igual que él, era muy seguro, ya que se habían besado un rato largo… o tal vez fueron solo minutos, bueno, no lo sabía con exactitud, lo único que podía afirmar era que estuvieron besándose.

– Kagome… – susurró, acunando el rostro de la chica con una mano mientras observaba esos enormes ojos chocolates que se los veía casi anegados en un liquido cristalino como si contuviera las lágrimas, brillando intensamente, sus mejillas de un suave color carmesí y los labios hinchados, húmedos, por sus esquicitos besos. Jamás los olvidaría. Sonrió de medio lado elevando las comisuras de sus labios hacia arriba mostrándolo tan hermoso haciéndola contener el aire al verlo de ésa manera.

Prácticamente podía ser un modelo si se lo propusiera.

El chico se inclino sobre ella para estar a la altura de Kagome haciéndola enrojecer aún más por su acercamiento. Su mirada era curiosa, como la de un niño cuando descubre un gran regalo.

– ¿Me crees ahora? – inquirió observando los labios de la joven de una manera lasciva.

Ella trago con dificultad al tiempo que se pegaba aun mas a la pared como queriendo huir de él, escuchando los latidos de su desenfrenado corazón. Rehuyó de su mirada ladeando la cabeza para un lado quedando de soslayo ante él, rompiendo el tacto de su mano con la mejilla de ella.

– De-de-debo irme – farfulló, tratando de escapar de su lado por uno de los costados del chico, pero apenas se movió, él coloco sus manos a la altura de su cabeza creando con los brazos barras de hierro que la atraparon, obligándola a alzar su mirada suplicante hacia él. estaba inclinado hacia ella con los cabellos sueltos cayendo a los lados de su rostro enmarcándolo, creando una sombra oscura desde su nariz hacia arriba provocando que los ojos dorados brillaran aún más, con mayor intensidad, dejándola sin aliento y con el corazón palpitando a mil por segundo. Su mirada era seria, casi amenazadora y su voz sonó ronca por el peso de su sinceridad.

– ¿Qué es lo que pasa, ahora? ¿Por qué quieres huir de mi?… acaso… ¿no te gusto?

Ella enrojecería más si eso fuera posible, pero en realidad solo sintió que las mejillas le ardían todavía más.

Bajo la mirada al suelo jugueteando con los dedos índices de sus manos.

– N-no, es eso… – balbuceó bien bajito, rogando porque sucediera algo para poder huir.

Él se inclino más.

– ¿Entonces? – la insto a que siguiera. Pero Kagome parecía no querer abrir la boca ni mucho menos mirarlo a los ojos. Inuyasha tomo su mentón con delicadeza abrigándola a que lo observara. – Dime que es lo que sucede… – casi suplico, observándola herido. – Sino, no entenderé jamás tu reacción, Kagome…

Despego sus labios para hablar contemplándolo anonadada, emitiendo un suave «eh…» pero nada completo.

– Ejem… – se escucho desde arriba de los peldaños. Inuyasha no quiso despegar los ojos de ella, frunció el ceño por la interrupción, y dio un paso atrás encarándose con la bibliotecaria que golpeteaba la suela de su tacón contra las baldosas, claramente exasperada. – ¿se puede…? – comenzó, pero se interrumpió cuando Kagome tomo los libros del suelo y corrió a toda prisa por los demás peldaños que faltaban rehuyendo de Inuyasha quien quiso alcanzarla pero la potente voz de la mujer retumbo en el pasillo haciéndolo detener. – ¡deténganse en este preciso…!

– ¡Ya cállese! – soltó Inuyasha retomando la marcha en busca de Kagome.

La bibliotecaria enarco las cejas hastiada del maleducado de ése jovencito que huyo al igual que la chica quien pidió una numerosa cantidad de libros sobre las matemáticas. Frunció las cejas, –casi uniéndolas– cuando los devuelva la regañaría por su desobediencia al igual que ése jovencito.

Respiro agitada cuando al fin se sintió protegida por una esquina que mantenía una columna de material a su lado, creando, sin saberlo, un pequeño escondite. Cerro sus ojos con fuerza tratando de calmarse, ya que su corazón no dejaba de palpitar con gran fervor y sus manos mantenían un horrible temblor por los nervios que provocaban estragos en su estomago, haciendo que sus piernas temblaran.

Entonces él paso por su lado.

Contuvo la respiración poniéndose rígida al verlo a solo dos metros de distancia lejos de ella. Se lo veía agitado y muy confundido, preocupado, observando a los lados como queriendo encontrar algo…

«O a alguien

Gimió casi imperceptiblemente al pensar en eso, llevándose una mano a los labios como queriendo acallar lo que ya había soltado, rogo a los cielos porque él no la halla escuchado. Pero lo vio dejar de moverse, entonces temió, temió que él la encontrara, pero justo cuando pensó que voltearía en su dirección se echo a correr súbitamente hacia el frente recorriendo el pacillo hasta desaparecer por las escaleras de la institución. Espero unos minutos hasta que ya no lo vio más y pudo expulsar el aire que contenía.

Soltó sus hombros tensos, y bajo la cabeza al tiempo que volvía a cerrar los ojos. Por Kami Sama… Inuyasha la beso… ¡a ella! –Entreabrió los ojos una vez más– ¿Por qué con ella? ¿Por qué?… suspiro, sintiendo un nudo en la garganta y el dolor lacerante en su pecho. De todas las chicas que existían en ese maldito colegio, ¡justo la tenía que besar a ella! y el corazón se venía a enamorar de semejante mujeriego… ahh… ¡maldita su suerte!

«Pensé que eso era lo que querías…»

Sí, ella también lo creyó…

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Beso una vez más los suaves labios de su novia. Sonriendo enamorado cuando la chica se separo de su lado, volteando, no sin antes regalarle una sonrisa cómplice, para después marcharse hacia su salón de clases que justamente quedaba a un lado que el de Miroku.

Clavo su mirada azul en el suave moviendo de las caderas de Sango cuando está le dio la espalda. Suspiro lleno de felicidad, deseando poder tocar una vez más esa suave piel de porcelana que tanto le gustaba. Cerró sus ojos, para no caer en la tentación, y se encamino a su salón. Arrojo despreocupadamente sus cosas en su pupitre corriendo la silla para luego sentarse tranquilamente mirando el reloj que se encontraba arriban de la pizarra. Estaba seguro de que pronto la escuela temblaría cuando un chico de ojos dorados apareciera haciendo un gran alboroto. Espero pacientemente. Conto. Uno… dos… tres… cuatro…

Y se escucho el estruendoso golpe de la puerta corrediza al abrirse.

Era Inuyasha.

Sonrió mostrando todos sus dientes blanquecinos, satisfecho de que su premonición se cumpliera.

Inuyasha arrojo con brusquedad el maletín de la institución arriba del pupitre, lanzando también su chaqueta de abrigo, claramente furioso por algo que capaz el joven de ojos azules sepa adivinar. Todos los presentes clavaron sus miradas furtivas sobre el chico quien ni siquiera lo noto.

Miroku alzo las cejas, pero sin dejar esa sonrisa tan calmada y despreocupada que tanto lo caracterizaba.

– Veo que algo te ha sucedido ¿me equivoco?

Inuyasha gruño por lo bajo murmurando un par de palabras ininteligibles al tiempo que se sentaba y se cruzaba de brazos sobre el pecho claramente molesto.

Miroku lo tomo como un sí.

– Ahh… bien, te comprendo y ¿con quién fue que te encontraste o peleaste para estar así?

Otro gruñido se escucho mientras se removía en la silla.

Miroku suspiro. Que difícil iba a ser todo aquello.

– Ajá… ¿mujer? – él gruño –. Veo, veo ¿Kagome? Digo, solo lance un nombre al azar. – Inuyasha bajo su mirada a su regazo encorvándose un poco – acerté.

El chico de ojos dorados volteo para encararlo dejando estupefacto a su amigo quien lo observo casi con la boca abierta. Jamás había visto esa mirada tan triste en Inuyasha, nunca, y eso que se conocían desde que comenzar primer grado.

– No la comprendo. Parecía que las cosas estaban mejorando, pero ayer cuando volví de ver la universidad que me ofrecieron estaba más que enojada… – pareció pensarlo un minuto ya que cayó y no dijo nada hasta que centro sus ojos en los de Miroku quien lo observaba expectante. Continuo –: creo que la preocupe…

– ¿Por qué piensas eso?

– Pues… veras, en un momento de nuestra conversación se sobresalto y comenzó a recriminarme que yo había desaparecido toda una semana sin que le avisara. Si, bien, es verdad, no le dije nada, pero si lo hice fue porque no quería preocuparla y… – frunció el ceño tanto que sus cejas casi se unieron, entonces se enfureció golpeando la mesa de Miroku haciendo que este ultimo lo observara alzando una ceja. – ¡pero qué demonios tengo que contarte esto a ti!

Miroku se encogió de hombros, alzando sus manos como si sostuviera algo con las palmas abiertas al tiempo que cerraba sus ojos y decía despreocupadamente:

– No lo sé. Fuiste tú quien vino y comenzó a decirme todo eso.

– ¡Ah, ya cállate!

– La verdad siempre duele… – murmuró, cuando Inuyasha se volteo dándole la espalda. – Pero déjame decirte algo amigo mío… – susurró a espaldas del chico. – yo en tu lugar arreglaría esto antes de que otro venga a robarme el puesto que tengo…

Inuyasha se volteo como un huracán encarándolo de lleno, clavando su mirada aturdida en los ojos de Miroku incrédulo a lo que había escuchado. Sentía como si la sangre fuera hirviendo a una velocidad inimaginable cruzando cada vena de su cuerpo incrementando una ira que en mucho tiempo no sentía. Las aletas de su nariz se ensancharon cuando su respiración se volvió agitada y crujía los dientes tratando de controlarse apretando los puños de sus manos para no correr hacia el salón de Kagome y comenzar a golpear a ese maldito infeliz.

– ¿Qué dijiste? – mascullo con aire sombrío como también sorprendido.

– Sí – afirmó el otro despreocupado. – Sango, me conto que alguien (no sabe quién) anda detrás de Kagome y se ve que quiero algo más que una simple amistad.

Los ojos de Inuyasha comenzaron tomar un matiz rojizo en las orbes y su mandíbula estaba tensa obviamente conteniendo la ira. ¿Estaría celoso? Su rostro era inescrutable como si estuviera tranquilo u aturdido, quien sabe.

– ¿Quién es? – pregunto automáticamente.

– Te dije que no lo sé, pero para serte sincero: sospecho de alguien de su salón…

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¡Ahí estaba!

Caminando tranquilamente por un pasillo con su maletín llevado con una mano mientras que se abrochaba los botones de su chaqueta de abrigo con la mano libre. Estaba sola. Y oportunamente nadie se encontraba por ese pacillo. La escuela debería estar vacía a esas horas de la tarde. El sol estaba en crepúsculo, mostrándose a través de los vidrios de las ventanas los tonos, dorados, naranjas, y amarrillos que bañaban con sus matices la delicada figura de Kagome que de seguro ni pensaba que se encontraba siendo vigilada por un par de ojos dorados que parecían devorarla con la mirada. Tenso la mandíbula al recordar las palabras de Miroku ese mismo día, cuando entro al salón.

– afirmó el otro despreocupado. – Sango me conto que alguien (no sabe quién) anda detrás de Kagome y se ve que quiere algo más que una simple amistad.

Gruño y apretó los puños de sus manos al imaginarse a otro chiquillo estúpido detrás de Kagome. Ella no tenía derecho de estar con nadie, ella solo debía estar con él. Y estaba muy equivocada si pensaba que estaba sola… ellos eran algo, aunque aun no lo hayan aclarado aun.

Se encamino a zancadas rápidas y grandes, hacia la chica que ni siquiera volteo al escuchar las pisadas de detrás de ella. La tomo del codo arrastrándola con él mientras abría con la mano libre, la puerta lanzándola hacia dentro.

Kagome soltó un grito ahogado cuando sintió la brusquedad con que la tomaban del codo arrastrándola hacia un salón vacio. Se tambaleo un poco, tropezando con sus propios pies al entrar por la fuerza que la empujaron hacia dentro. Su corazón latió desbocado por el susto que se llevo al verse desprevenida y vulnerable ante… ¿Inuyasha? Su corazón latió más calmado cuando vio que era él quién la había arrastrado hacia ese salón. Esperen. ¿La arrastro a ese salón…? ¡¿Pero quién se creía que era para tratarla así?! ¿Con que derecho la "secuestraba" contra su voluntad? Bueno… esa pregunta no estaba bien formulada. ¡No importa! Allí lo único que importaba era encarar a Inuyasha y saber qué demonios le pasaba.

Le planto cara con resolución, irguiéndose en todo su metro sesenta y seis lanzando la más intimidatoria de sus miradas llena de furia para que supiera cuan molesta estaba. Abrió su boca para hablar y alzo un dedo, pero él fue más rápido que ella y la acallo con toda la potente voz masculina que tenia.

– ¿Con quién demonios te estás viendo?

– ¿Qué? – jadeo confusa. ¿De qué estaba hablando?

– No te hagas la desentendida. ¡Dime en este mismo inste quien es ese maldito infeliz que quiere salir contigo y juro que le rompo la cara a puñetazos!

A Kagome se le desencajo la mandíbula y todo lo que pensaba decirle se fue por el escusado antes de que pudiera formular una oración.

Inuyasha se enfureció y dio un paso al frente observándola desde su altura imponiendo su fabulosa figura ante Kagome quien de pronto se sintió al igual que una hormiga ante él.

– ¿De qué estás hablando, Inuyasha? – balbuceó con la voz trémula.

– ¡De ese maldito que anda detrás de ti!

– ¡¡Idiota, nadie anda detrás de nadie!!

– ¡No mientas, Sango le dijo a Miroku que alguien estaba detrás de ti y que quería algo más que tu amistad! – gruño furioso, sin percatarse que ambos estaban en medio de un salón vacio gritando a los cuatro vientos sin que les importara nada.

Kagome frunció su ceño incrédula ante esa estúpida escena de celos que estaba montando Inuyasha. ¿Alguien estaba tras ella? ¡Pero qué absurdo! Resoplo fastidiada y se cruzo de brazos dándole la espalda. ¿De donde demonios había sacado Sango que alguien andaba detrás de ella? ni siquiera tenía tiempo para admiradores a penas si podía comer por esos malditos estudios que la tenían como loca. ¡Sesshoumaru y su estúpida matemática!

«Porque no aprovechas esta oportunidad…»

Claaaaaro, podía jugar un poquitito con Inuyasha. Total, él la había hecho sufrir, un poquito de dolor no le viene mal a nadie.

Sonio maliciosamente al tiempo que lo observaba por encima de su hombro borrando la sonrisa y mirándolo con indiferencia.

– Y ¿Qué, si alguien quiere salir conmigo? Que yo sepa no tengo compromisos ni ataduras con nadie.

Eso fue la gota que derramo el vaso. Inuyasha sin pensárselo dos veces se precipito contra Kagome tomándola de los brazos para voltearla y que quedara de frente a él. Su mirada era asustada como también asombrada observándolo con una súplica que él hizo caso omiso.

Frunció su ceño clavando la mirada en la de la joven para mascullar:

– ¡Tú no puedes salir con nadie! ¡Porque eres MI chica, MI novia, MI mujer y MI todo! ¡Te prohíbo rotundamente que salgas con otro que no sea yo! – sentenció con una nota posesiva en la voz, dejando a Kagome muda ante la reacción del chico. Claramente noto como los ojos estaban desorbitados por la ira y su agarre era férreo como también duro, lastimándola levemente. Las aletas de su nariz estaban ensanchadas mientras que su mandíbula tensa hacia crujir los dientes ante la impotencia de no poder moler a puñetazos el rostro de ese chico que ni ella sabia quien era. Juraría que si fuera un animal mostraría los dientes amenazadoramente… aunque…

Cerro sus ojos con fuerza sintiendo lo agitado de su corazón. Ladeo su rostro dejándolo de soslayo, rogando a los cielos porque todo pasara en un segundo. No entendía cómo pero no sentía miedo sino que estaba muerta de los nervios, por tenerlo así de cerca, y por la ENORME declaración de Inuyasha al gritar a los cuatro vientos que ella era: su novia. Alto. ¡Stop! ¡No! ¡Paren ahí! ¿¡Había escuchado bien!? Abrió los ojos de súbito teniéndolos fijos en un punto indefinido de la pared a lo lejos de ellos. El corazón comenzó a bombear más rápido que la última vez haciéndola escuchar sus laditos en el tímpano de los oídos.

Volvió su mirada incrédula a los ojos furibundos de Inuyasha.

Un escalofrió le recorrió la espalda, mientras que un nudo de calidez se anudo en su garganta.

– ¿Qué dijiste? – musito inclinando la cabeza hacia un lado.

Esta vez los ojos de Inuyasha parecieron enternecerse cuando se perdió en la mirada de Kagome al tiempo que, inexplicablemente, una corriente eléctrica hacia que se acercaran como si fueran imanes buscando sus…

– Que eres mi todo… mi novia… – musito en sus labios.

Continuara…

N/A: ¡Hi! n,ñ de verdad lamento esta tardanza. Pero fue por fuerza mayor. Primero, la estúpida y barata línea de teléfono no me dejo que me conecte con el internet porque está dañado. Segundo, estuve enferma… tanto que me tuvieron que llevar a la clínica y hacerme analices ¡fue horrible cuando me sacaron una jeringa completa de sangre! tercero, los exámenes… de los cuales aprobé solo uno jeje n,ñ que raro yo, me dejaron muerta…, y… mmm… cuarto, no hay creo…

Bien, en este cap quise mostrar el temor de Kagome ante verse usada por Inuyasha ya que ella aun no puede creer que él la quiera siendo una ordinaria y simple chica, como es. Peeeero Inu no piensa que ella sea una simple chica, al contrario, piensa que ella es más que eso, cosa que Kagome no sabe aun pero… ¿se le ira ese miedo que siente por creer que él en verdad la quiere? Mmm ¿Qué pasara? Jeje bueno, lo descubriremos dentro de poco n,n y con respecto a la secuela de este fic… no va haber secuela, nop, decide que mejor no. Lo siento.

En fin, espero que les halla gustado y nos leemos en la próxima ¡gracias por los reviews!

Dulce Kagome Lady.– (¡presente!)

P/D: ¡FELIZ DÍA DEL ESCRITOR! n,n aquí en Argentina es el día del escrito. A todas las escritoras les deseo un muy feliz día.