Buenos días! Aquí dejo el siguiente...espero que lo disfrutéis...!
Gracias por seguir ahí!
Salu2!
Capítulo 12. Secretos y mentiras
Tenía que admitir que no había contado con el contratiempo de Cruella, pero sin embargo, nada podía haber salido mejor. Esa loca histérica había decidido traicionarlo y acabar con el autor. Soltó una risa ahogada mientras contemplaba el fuego de la chimenea. Qué estupidez de final feliz. Pensó. Matar al autor.
Él pensaba sacarle más partido a la reescritura, desde luego. Y ahora, gracias a ella, estaba un paso más cerca de lograrlo. Emma la había matado. Sonrío de nuevo sin disimulo y cruzó sus manos a la altura de su barbilla. Su camino hacia la oscuridad había comenzado. Y esta vez provocado por sus propios actos. No por una poción con aderezos que el mismo había confeccionado para para probar realmente el potencial que creía podía tener aquel bebé. Aunque, si todo salía según sus planes, esa criatura no se interpondría en ningún momento entre Emma y el lado oscuro.
Sabía que Regina no se quedaría de brazos cruzados. Sabía que iría a buscar a Robin. Poco le importaba si estaba enamorada de él o no. Cosa que a aquellas alturas dudaba sobremanera. Pero aquel no era el punto. La cuestión era que para la salvadora sería suficiente que Regina quisiera ir a rescatarlo, por el motivo que fuera. Los celos la volverían loca y no sería capaz de ver más allá de sus narices. Como acostumbraba a hacer a menudo, ahora que lo meditaba, a pesar de ir presumiendo de aquel supuesto súper-poder.
Su unión con las villanas solo había sido por puro interés. Y aunque dos de ellas habían intentado traicionarlo, en realidad solo habían conseguido contribuir a sus planes. Ahora solo tenía que mover la última pieza del puzle. Era hora de enfadar a Maléfica. Era hora de poner las cartas sobre la mesa y dejar que el destino siguiera su propio curso natural. Pues estaba seguro de que si no era Lily la que conseguía volver a Emma oscura, lo harían sus propios celos por Robin...y todo gracias a su memo amor por Regina.
Él saldría ganando de todas las formas posibles. Tendría, por fin, la sangre de la salvadora oscura que precisaba para crear la tinta que el autor necesitaba para escribirle su final feliz, y de paso, ganaría aún más poder por el camino, pues no tendría que prescindir del bebé de Regina, la criatura más poderosa que jamás había podido sentir.
- Intentemos tranquilizarnos. De momento no ha ocurrido nada. – Susurró Regina, aunque su cara era de angustia.
- ¿Nada Regina? – Replicó Mary Margaret usando el mismo tono. - ¡Ha matado a Cruella!
- Shh...- te va a oír. Alertó la alcaldesa. Miró hacia la puerta del final del pasillo para después volver a dirigirse a Mary Margaret. – Eso no ha sido un asesinato, ha sido un accidente. La vida de Henry estaba en peligro. – Alzó sus manos intentando justificarlo.
- Pero en el pergamino que nos entregó el autor ponía que Emma no debía matar a nadie, que esa sería su perdición. – Mary Margaret realmente estaba asustada en aquellos momentos. Se temía lo peor para su hija.
- Escúchame. – Regina la agarró por los brazos y se acercó a ella – Emma es la salvadora, la conozco, es fuerte, no se rendirá tan fácilmente. – Sus ojos intentaban transmitir toda la seguridad que ella no sentía.
La morena más bajita apretó la mandíbula. Cerró los ojos e intentó recomponerse. Volvió a mirar a la alcaldesa que aún la sostenía. Tragó saliva antes de indicarle que podían volver con los demás. Avanzaron a lo largo del pasillo que daba a la cafetería. Todos habían coincidido en que necesitaban algo caliente que ingerir. Algunos optaron por café, otros por chocolate, y otros por tila a secas.
La abuelita observaba a Emma moverse y gesticular como loca de un lado a otro. Su hijo y su padre la miraban con la boca entreabierta. No alcanzaba a escuchar lo que decía, pero sí pudo darse cuenta de que lo hacía muy deprisa. Giró sus ojos hacia el pasillo que daba a las habitaciones cuando vio aparecer a Snow y a Regina. Asintió y volvió a sumergirse en sus quehaceres.
- ...tenemos que encontrar a Gold, no podemos dejar que siga maquinando a sus anchas, todo está mal, tenemos que tenerlo controlado...- decía mientras apretaba la mandíbula y miraba con rabia a su hijo y a su padre como si se tratasen realmente del verdadero Gold.
Regina y Mary Margaret tomaron asiento y decidieron no interrumpir su pequeño discurso, ya que ella misma no se había callado cuando las había visto.
Antes de que nadie pudiera decir una palabra la campanilla de la entrada sonó y todos dirigieron la mirada hacia Maléfica. El cuerpo de Regina se tensó.
- ¿Qué quieres? – La enfrentó la salvadora bajo la atenta mirada de dos ojos color chocolate.
- He venido a hacer un trato. – Respondió la mujer, más calmada que la rubia.
- ¿Dónde está Gold? – Escupió Emma acercándose más a ella. Su actitud era agresiva. Regina pudo percibirlo.
- ¿Qué puedes querer de nosotros? – Intervino Mary Margaret.
- Nada de vosotros. – Pronunció Maléfica con asco para volver a dirigirse a Emma. – Tengo entendido que tienes el don de encontrar a las personas. – la salvadora frunció el ceño.
- Sí, así es. – Dijo dispuesta e intrigada.
- Vengo a ofrecerte un trato. Si me ayudas a encontrar a mi hija, yo te ayudaré a parar a Gold. – Emma apretó la mandíbula mientras sopesaba su oferta.
- Sabía que también te utilizaría...- intervino Regina consiguiendo captar la atención de Maléfica.
La mujer decidió ignorarla. Bastante le había costado ya decidir recurrir a ellos. Pero tenía que hacerlo. Por su hija.
- ¿Qué sabes de ella? – la salvadora parecía haber tomado una decisión.
- Solo lo que me dijo Rumpelstlskin.
Cuando Maléfica acabó de contarle todo lo que sabía acerca del bebé que le había sido arrebatado, Emma salió corriendo sin mirar a nadie. Todos se levantaron de inmediato, pero ninguno se movió. Se habían quedado parados. Regina no tardó en reaccionar.
- Yo me ocuparé. – Dijo antes de salir tras ella dejando claro que nadie más debía seguirla.
No le había costado seguir sus pasos. Aquel coche infernal llamaba la atención allá por donde iba. Y en aquellos momentos estaba aparcado delante de la comisaría. Regina se apareció a su espalda sin hacer ruido y observó durante unos instantes lo que estaba haciendo. De inmediato se dio cuenta de que ella conocía a la hija de Maléfica.
- Así que tú la conoces...- las palabras se escaparon solas de su boca sobresaltando a la salvadora. Una vez revelada su posición, Regina se apoyó en el escritorio enfrentando a Emma. - ¿de qué la conoces? – Preguntó intrigada.
- Fue mi amiga...mi única amiga. – Dijo Emma con pesar.
- ¿La amiga de la que me hablaste? – La rubia asintió.
- Bien, entonces no nos supondrá mucho problema devolvérsela a su madre. – Suspiró cansada.
- No lo entiendes, no es tan sencillo. La eché de mi vida, creo que...le hice daño.
- ¿A qué te refieres? – Emma no contestó. - ¿Qué pasó realmente entre vosotras? – A Regina le intrigaba muchísimo aquella chica de la que Emma le había hablado.
La salvadora apretó la mandíbula y la miró con expresión queda dándole a entender que no le apetecía hablar de ese tema. La morena comprendió, y aunque le hubiera gustado saber, decidió respetar su silencio.
- Bien, entonces, ¿cuándo nos vamos? – Emma levantó la cabeza, contrariada por las palabras de Regina. La alcaldesa encogió su frente, sabía que iba a ser un tema complicado de tratar, pero aún pretendía seguir adelante con su plan– Tengo que ir a buscar a Robin, no puedo dejar que Zelena le haga daño y tú tienes que buscar a Lily...creo que podríamos ayudarnos en esto. – La mirada de la salvadora se oscureció visiblemente. Se cruzó de brazos sin dejar de mirarla.
- Pues yo creo que no. No veo por qué deseas ir a rescatar a Robin Hood...no veo que él haya pedido tu ayuda, ni que le haya ocurrido nada en todo este tiempo. – La morena intentó controlarse. Ser diplomática sería siempre su mejor opción con Emma. Pensó.
- Eso no lo sabemos. ¿Tengo que recordarte que Gold se alió con ella? Tengo que prevenirlo. – La rubia permaneció en silencio. – Emma es un inocente. – Dijo finalmente Regina exasperada abriendo su mano.
Sentía que debía explicarse o justificarse con Emma, pero no sabía cómo ni por qué tenía esa necesidad. De nuevo sentía como si la estuviese traicionando, cuando en realidad no era así. ¿O sí era así?
- No creo que debas salir de aquí en tu estado.
- Estoy embarazada, no lisiada.
- Me da igual. No voy a permitir que pongas en peligro la vida de mi hijo. – La salvadora se levantó de repente para encararla. La impotencia se había apoderado de ella.
Regina se quedó parada. Abrió bien los ojos y la miró con la boca entreabierta. En realidad no sabía qué decirle porque no entendía de qué iba todo aquello. Podía sentir la tensión en su cuerpo y en el ambiente. Creía conocer los sentimientos que la rubia tenía por ella aunque se obligaba a negarlo, tal vez estuviese equivocada. Y a ella le daba miedo, le daba mucho miedo porque sentía que algo en su interior no iba bien.
Hace dos meses, sin pensarlo, hubiera salido corriendo a buscar a Robin. Era lo que había deseado hacer realmente desde que lo había visto desaparecer delante de sus ojos. Pero ahora, ahora todo había cambiado para ella. Era cierto que muchas cosas habían cambiado en muy poco tiempo pero no se trataba solo de eso. No era solo porque había cometido la estupidez de acostarse con la mujer que tenía delante. No era solo porque hubiese quedado embarazada después de eso. Era algo más lo que la confundía hasta puntos insospechados pero que no sabía cómo explicar. Se recompuso antes de volver a tomar la iniciativa. No quería discutir con Emma, sabía que tenía que ser muy cuidadosa con aquel punto.
- Emma, escucha. No sé qué se te pueda estar pasando por la cabeza pero tú no tienes el derecho de decidir por mí. – Su voz parecía calmada, pero su dedo no había dejado de apuntar a la salvadora.
- No estoy decidiendo sobre ti pero...
- ¡Pero nada Emma¡ - La paciencia de Regina se había agotado. Estaba harta de todo aquel juego. Tenía claras tres cosas. La primera era que debía evitar que la vida de Robin corriera peligro. La segunda era que debía tener a Emma bien cerca para evitar que su corazón se volviera oscuro. Y la tercera, bueno la tercera era que debía mantener a raya a Emma Swan. A pesar de todo seguía teniendo el don de sacarla de sus casillas y no iba a permitir que se sintiera con derecho a decidir sobre su vida solo por estar esperando un hijo de ella – Voy a ir a Nueva York te guste o no – espetó – puedes hacer las cosas fáciles y unir tus fuerzas con las mías en este viaje o puedes hacerlas difíciles y hacer lo que te plazca, sin escuchar a nadie, como siempre haces. - Emma frunció el ceño contrariada. La miró fijamente sin decir nada.
- Muy bien. – Escupió finalmente – si eso es lo que quieres. Primero iremos a por Lily y después buscaremos a tu querido Robin. – Se giró sobre sí misma sin mirarla y se dirigió hacia la puerta – Nos vemos en la puerta del ayuntamiento dentro de una hora.
Un portazo y el silencio. Fue todo lo que le quedó a Regina cuando la rubia se marchó. Bueno, eso y un terrible malestar. Posó su mano izquierda en su abdomen intentando calmarse. Aquel bebé debía estar muy de parte de Emma Swan y estar sacando su temperamento si cada vez que la salvadora se alejaba de ella se removía de aquellas maneras. Sobre todo porque aún no debía de ser más grande que su mano. Pensó. Aun así su fuerza era poderosa en su interior.
Retiró unos mechones de su cara y se apoyó un momento sobre la mesa. Necesitaba tranquilizarse y hablar con Henry. Tenía que disponerlo todo para su marcha y no tenía mucho tiempo. Después de la reacción que había tenido Emma lo último que quería hacer era hacerla esperar.
Una hora y media después ambas mujeres avanzaban en el escarabajo amarillo con la vista puesta en la carretera. Obviamente Emma se había empeñado en conducir. La rubia no había pronunciado palabra desde que se habían puesto en marcha, y tampoco ella, que no se sentía con fuerzas para abordar el tema. Estaba harta de discutir con Emma. Se sentía molesta con ella. Aunque sabía que no debería estarlo. Últimamente la salvadora tenía un temperamento nada apacible, y se temía que no era del todo culpa de ella, si no de esa absurda conspiración por volverla hacia la oscuridad.
- ¿Podríamos parar en el siguiente área de servicio? – Rompió el silencio después de un largo rato – Necesito estirar las piernas y despejarme.
- ¿Te encuentras bien? – La salvadora la miró por el rabillo del ojo preocupada. Regina sonrío para sus adentros. Aunque se negara a aceptarlo, la alegraba saber que Emma se preocupaba por ella.
- Sí, solo necesito descansar un poco.
Emma asintió y tras conducir un poco más paro en el primer bar de carretera que vio por el camino. Estaba a las afueras de lo que parecía ser un pueblo pequeño. Regina se bajó del coche nada más parar.
- Voy a estirar las piernas. Tú puedes ir pidiendo los cafés.
Emma suspiró. Pues interpretó que Regina quería estar un momento a solas. Asintió no sin expresión molesta y se dirigió a la cafetería.
Se sentó en una de las mesas hundida en sus pensamientos. De inmediato una chica se acercó a ella para tomarle nota.
- Dos cafés. – Dijo automáticamente sin levantar la cabeza.
- ¿Un mal día? – Le preguntó la chica.
- Ni te lo imaginas. – Dijo con pesar levantando la vista un poco solo para ver cómo la chica llenaba las dos tazas de café.
En ese momento su estómago dio un vuelvo. La chica tenía un tatuaje en la muñeca. Justo como la marca de nacimiento que recordaba tenía Lily. Una estrella. Levantó más los ojos con disimulo para mirarla. Era morena de ojos marrones. Sus rasgos muy marcados. Podría ser ella. Pensó. Miró la chapa con su nombre pero se decepcionó al ver que no coincidían. Aun así tenía un presentimiento. Su cara estaba pálida y su rostro se había descompuesto. No le sonrío cuando la chica abandonó la mesa.
Cuando Regina apareció y se sentó en frente de ella se sorprendió al ver la cara de Emma que la miraba fijamente con angustia.
- ¿Qué pasa Swan? ¿Has visto un fantasma? – Preguntó Regina mirando a su espalda. Emma se inclinó muy despacio y todo lo que pudo sobre la mesa.
- Es ella. – Le susurró.
- ¿Cómo? – Regina no entendía.
- Es Lily. – Dijo señalando con la mirada a la camarera.
Regina entrevió la boca y se giró para mirarla.
- ¿Cómo lo sabes? – Le preguntó extrañada.
- Su marca. – Le respondió Emma muy seria. Se retrepó en su silla y tomó un sorbo de café. De nuevo el destino le había puesto delante algo que andaba buscando. Ya conocía aquellos juegos. Y no iba a bajar la guardia en aquella ocasión.
La camarera terminó de limpiar la barra y salió a la calle. Emma tenía todos sus sentidos alerta. Ese mal presentimiento no había disminuido sino que se había hecho más presente.
De repente sintió como arrancaban un coche y aceleraban al máximo. Su coche. Miró a Regina con los ojos entornados y se levantó de inmediato para correr hacia fuera. Regina reaccionó en seguida y la siguió.
- ¡Lily¡ - Gritó Emma. Pero ya era tarde, Lily había desaparecido con su escarabajo delante de sus narices. - ¡Mierda! – Gritó mirando hacia todos lados. Regina se había quedado perpleja.
- ¿Qué hacemos ahora? – Le preguntó igual de alterada que ella.
- ¡No voy a dejar que se me escape! – Cogió una llave enorme que había tirada en el porche del bar y se dirigió al vehículo más cercano. Sin pensarlo dos veces rompió el cristal del lado del conductor y manipuló el contacto para que arrancase. – ¡Vamos no te quedes ahí! – Regina se había quedado parada. Conocía el pasado como delincuente de Emma, pero nunca hubiera imaginado que tuviera maña para hacer aquel tipo de cosas. Rodeó el coche y se subió. – Agárrate bien. – Espetó la salvadora antes de pisar el acelerador a fondo.
- ¡Es necesario que corras tanto! – Regina se había pegado bien al asiento y no podía dejar de agarrarse en él.
Emma la miró por el retrovisor y aceleró aún más.
- ¡Emma estás loca! Puede que ni siquiera sea ella.
- Sí que lo es. – Susurró Emma que había divisado el coche de delante.
- En ese caso no la cojeras si nos matas antes. – La morena tragó tragó saliva.
- Tranquila. Sé lo que hago. – Metió la marcha más alta y aceleró al máximo.
Pronto estuvieron a la altura de su escarabajo. Por una vez se alegró de que aquel coche fuese realmente una reliquia, pues no alcanzaba altas velocidades. Su mirada se cruzó con la de Lily antes de que la dejara atrás de nuevo. Emma giró el volante y aceleró para adelantarla por la derecha. Con un movimiento rápido de volante la rebasó de nuevo y frenó bruscamente para cortarle el paso por delante. Emma puso su mano derecha delante de Regina instintivamente para evitar que chocara con la guantera. Regina, que se había agarrado a la barra de la derecha abrió la boca y suspiró cuando por fin se pararon.
- ¿Estás bien? – Preguntó Emma rápidamente. Ella estaba sin aliento, pero aun así consiguió asentir con la cabeza.
Emma salió del coche en seguida y corrió tras Lily que había aprovechado para darse a la fuga. La alcanzó a poca distancia.
- ¡Lily! – Gritó la salvadora tras ella. – Lily – Pronunció ahogada una vez la tuvo sujeta del brazo.
- ¿Qué quieres de mí? – Le gritó Lily. Parecía asustada.
- Lily, soy Emma. – Le dijo la salvadora para tranquilizarla.
- ¿Emma? – La rubia asintió. La chica suspiró, parecía haber pensado que era otra persona. - ¿Qué...? – Preguntó, parecía no saber qué decir, se había quedado sin habla como Emma pudo comprobar.
- Escucha, te he estado buscando. Sé que te va a parecer una locura pero...tengo que contarte algo. – Intentó explicarse.
- No tengo nada que hablar contigo. Me alegro de verte pero...sinceramente no me interesa lo que tengas que decirme. – Le dijo y se dio media vuelta para alejarse pero Emma la retuvo.
- Espera, ¿por qué huías?. ¿Y por qué usas un nombre falso?. – La chica se giró para mirarla.
- Eso no te importa. – suspiró.
- Pareces estar en problemas. Puedo ayudarte. – Lily se quedó callada. La salvadora podía leer la preocupación en sus ojos.
- Me metí en problemas hace unos años y tuve que cambiar de vida. Ahora me va bien, no necesito tu ayuda.
- No lo parece.
- Me negaste tu ayuda cuando te necesite. – Le echó en cara la chica. Aquellas palabras dolieron a Emma, que recordaba perfectamente la última vez que se habían visto.
- Éramos crías. – Intentó justificarse.
- Eso no importa.
- Escucha, recuerdas...me dijiste que teníamos...una especie de conexión...había algo que nos unía y que no sabías cómo explicar. – La chica frunció el ceño. – Sé que te va a parecer una locura pero es real.
- ¿Cómo?
- Esa conexión...- Emma no sabía cómo explicarse para que Lily no la tomara por loca y saliese corriendo.
- Cuando te marchaste, en aquella estación...- Emma abrió bien los ojos para prestarle atención – un señor vino a verme, me contó cosas. Me habló sobre mi madre y me habló sobre mis orígenes.
- ¿Qué te dijo exactamente?
- Creo que ya lo sabes. – Lily la miró muy seria. – Me dijo que tú eras como yo. Y que por eso sentía esa conexión contigo.
- ¿Magia? – Dijo Emma bajito. Lily asintió. La salvadora soltó el aire que estaba guardando. Las cosas serían más fáciles de lo que ella había planeado. Se humedeció los labios y se preparó para hablar.
- De acuerdo, entonces ¿conoces tú historia? ¿nuestra historia? ¿sabes quién es tu madre?
- Sé que tus padres me enviaron a este mundo para salvarte. – La chica escupió cada una de sus palabras. Emma frunció el ceño y tragó saliva.
- He venido para enmendar ese error. Sé dónde está tu madre. Y puedo llevarte con ella. – Los ojos de Lily se abrieron de par en par. Hubo un silencio prolongado hasta que Regina apareció tras ellas.
- ¿Quién es ella? – desconfío Lily.
- Está conmigo. También conoce a tu madre. – Regina enarcó las cejas confirmando la información de Emma. Qué remedio le quedaba. Sí que la conocía. La conocía muy bien. Por fin había conseguido recuperarse del susto.
- ¿Cómo sé que no estáis mintiendo?
- Crees que habríamos recorrido trescientos kilómetros para buscarte si lo que dice Emma no fuera cierto. – Regina se dirigió a ella exasperada. No quería permanecer más tiempo paseando por la carretera. Aunque tenía que reconocer que había sido más fácil encontrarla de lo que ella esperaba. Emma era realmente buena encontrando a personas. Ironías del destino. Pensó para sí sonriendo para sus adentros.
- Confía en mí. – Emma captó de nuevo la atención de Lily. – Te llevaremos con tu madre. – La chica se quedó callada durante unos segundos alternando la mirada entre una y otra. El rostro de Regina era severo. Su frente estaba arrugada, sus brazos estaban cruzados para superar el frío y sus fosas nasales estaban bien abiertas. Emma sin embargo, tenía esperanza en sus ojos.
- De acuerdo. – Dijo por fin Lily. Emma sonrío mientras Regina soltaba el aire que Regina soltaba un gran suspiro.
- Bien. – Contestó Emma satisfecha. – Iremos a Storybrooke, pero antes tenemos que hacer un alto en el camino. – Continúo apoyando su mano en su hombro y obligándola a ponerse en marcha. Regina había hecho lo propio y ya iba camino de aquel escarabajo amarillo que tanto odiaba.
- Story...qué...- Emma esbozó una sonrisa. A ella le había pasado lo mismo años atrás.
- Allí es donde encontrarás a tu madre.
No tardaron en ponerse de nuevo en marcha. Aunque Emma había relajado sus fracciones tras encontrar a Lily y conseguir que fuera con ella a Storybrooke, a medida que se acercaban a Nueva York su rostro había ido tensándose progresivamente. Las fracciones de su cara se habían vuelto duras para cuando aparcó el coche cerca del apartamento de Neaal.
Echó el freno de mano con más fuerza de la que se requería para aquella tarea. Regina la reprendió con la mirada mientras cogía aire esperando tener el valor suficiente para enfrentar a Robin, a su hermana, y a la propia Emma... Estaba terriblemente nerviosa.
Las tres bajaron del vehículo y caminaron hasta la puerta del apartamento. Emma se detuvo a unos metros y al verla Lily hizo lo mismo. Regina se giró para mirarla. Sus ojos se enfrentaron y Regina captó la indirecta. A pesar de que Emma le regaló su más oscura mirada de reprensión agradeció que la rubia le diera espacio. Sabía que aquello no estaba siendo nada cómodo para ella. Tragó saliva y llamó a la puerta. Cuando nadie le abrió llamó de nuevo, esta vez menos calmada y con más impaciencia.
- ¡Robin! – Gritó cuando lo hizo por tercera vez. La mandíbula de Emma estaba llegando a su límite.
La puerta se abrió de repente.
- Regina...- acertó a pronunciar Robin incrédulo.
- Robin...- la cara de Regina se iluminó y se lanzó a sus brazos para comprobar que era él en realidad. Él correspondió al abrazo sin pensarlo bajo la atenta mirada de la rubia, que había apretado bien sus puños ante la efusividad de Regina. No había esperado eso, aunque se lo había temido.
- ¿Estás solo? – Preguntó de inmediato la morena. Robin asintió mientras Regina interpretaba esa señal como luz verde para actuar. – Bien. – Dijo arrastrándolo hacia el interior del pequeño apartamento. Emma no perdió el tiempo y apresuró el paso para entrar tras ellos seguida de Lily, no quería perderlos de vista. Se mantuvo en un segundo plano mientras Regina le contaba a Robin todo lo que habían descubierto sobre la mujer con la que convivía.
- ¿Cómo? – Robin no lo podía creer. Su cara constreñida daba fe de ello. – Regina...¿de qué estás hablando? La vimos morir con nuestros propios ojos...- Emma suspiró sonoramente ante la incredulidad del rubio. Se cruzó de brazos y lo miró esperando a que saliera de su letargo.
- ¿Robin? – En esos momentos Marian apareció por la puerta. Bueno, en realidad era Zelena, en el cuerpo de la mujer del ladrón.
- Zelena – Siseó Regina encarándola.
- ¿Zelena? ¿Quién es Zelena? – Preguntó la mujer posicionándose al lado de su marido.
- No juegues conmigo. – La amenazó Regina. – Muéstrate si no quieres que yo misma te arranque esa piel a tiras.
- ¡Regina! – Gritó Robin enfadado. Marian se había agarrado a su brazo nada más oír las palabras de la alcaldesa con miedo en la cara. – Para la estás asustando.
- No creo que esté asustada en lo más mínimo. – Regina seguía empeñada en desenmascararla y dio un paso al frente con actitud amenazante.
- ¡Regina basta! – Marian había apretado más fuerte su agarre de Robin. Regina apartó la vista de ella para posar sus ojos sobre los de él con incredulidad. ¿Cómo podía Robin no creerla? Ella había sido quién lo había mandado a aquel lugar con ella. ¿Por qué iba a mentirle ahora? – Esta es la situación ahora, acéptalo. – Sin embargo esas palabras que pronunció después la golpearon aún más duro. Parpadeo. No creía estar escuchando aquello. – Estoy con Marian ahora. – El rostro de la morena se tensó y la mirada su se volvió más oscura. Al igual que la re la rubia, que se estaba conteniendo bastante para no intervenir ante tanto derroche de estupidez por parte de un hombre al que creía más inteligente.
- Robin...- logró pronunciar Regina con incredulidad moviendo la cabeza ligeramente.
- Gracias, querido – su mujer soltó su agarre y se retiró unos pasos. Abrió su abrigo y cogió entre sus dedos un colgante verde que llevaba al cuello. Regina entornó los ojos mientras el ladrón la miraba con los suyos bien abiertos. – En realidad, es un poco como dice mi hermanita. – Y tras decir eso el colgante brilló y Zelena se personalizó sobresaltando a Robin que pegó un respingo chocando con la mesa que tenía a sus espaldas.
- Zelena...- Escupió Regina. La pelirroja río divertida mirando a su hermana. – Vamos, coge a Roland y marchémonos de aquí. – Se dirigió de nuevo al hombre cuya cara estaba descompuesta. – Robin – Llamó de nuevo su atención para que reaccionara.
- Regina...- consiguió al fin pronunciar palabra. - ...yo...no puedo.
- ¿Cómo? – Regina no daba crédito a lo que escuchaba. Zelena soltó una carcajada.
- Díselo querido. – Dijo la pelirroja dirigiéndose al ladrón.
- ¿Decirme qué? – Preguntó Regina alternando la mirada entre uno y otro. Robin dio un paso al frente y tragó saliva. Sabía que si no lo hacía él lo haría ella.
- Regina – comenzó asustado – ella está...- constriñó aún más la expresión de su cara – está embarazada. – Zelena lo enganchó del brazo tras pronunciar aquellas palabras mirando a Regina con plena satisfacción.
- ¿Qué? - La alcaldesa se había quedado parada. Aquellas palabras le habían impactado demasiado. Miraba al ladrón intentando averiguar si aquello era verdad, pero él no era capaz de mirarla a los ojos. La morena tenía la boca entreabierta mientras asimilaba aquella información.
- Regina yo...- Intentó decir él aun sin mirarla.
- ¡No te atrevas a pronunciar una palabra maldito traidor! – En ese momento Emma se abalanzó sobre él descontrolada haciéndolo caer al suelo.
Zelena fingió sorpresa y consternación pero en realidad estaba divertida de ver aquel espectáculo. Regina parpadeó un par de veces mientras veía cómo la salvadora se abalanzaba salvajemente sobre él y estampaba un puñetazo en su cara.
- ¡Cómo has podido hacerle eso a Regina! – Le escupió la rubia en la cara.
- ¡Emma! – Gritó Regina cuando consiguió reaccionar. La nariz de Robin comenzó a sangrar y Zelena soltó una sonora carcajada. - ¡Emma! – Volvió a gritar Regina intentando quitarla de encima de Robin.
Pero la salvadora estaba fuera de sí. Aquella había sido la gota que había colmado su vaso. Sus pupilas estaban rojas y dilatadas. Regina jamás la había visto así. Ni Regina ni nadie. Porque la salvadora nunca se había comportado como una loca incontrolable.
La rubia se zafó del agarre de Regina empujándola hacia atrás. Estaba fuera de sus casillas. Lily sujetó a Regina para evitar que cayera al suelo. La morena había entrado en colapso y no sabía qué hacer. No tenía magia y no tenía fuerzas para parar aquello. De repente se sintió impotente y desbordada. Emma cogió el cuello de la camisa del ladrón y lo levantó para gritarle a la cara.
- ¡Maldito miserable! ¡Voy a tratarte como te mereces! – Robin estaba realmente asustado. Intentó protegerse pero la salvadora parecía tener una fuerza sobre humana y estaba en ventaja con respecto a él. - ¡Pídele perdón! – Le gritó y de repente hubo un silencio. Solo se oían respiraciones aceleradas.
- ¿Qué? – Logró preguntar él.
La salvadora lo levantó con más fuerza mientras ella misma se incorporaba. Lo dejó de rodillas mientras sacaba un arma. La cargó y lo apuntó con ella.
- Emma...- el susurró se ahogó en los labios de Regina. Su rostro se había vuelto pálido y un ligero sudor había aparecido en su frente. – Emma...- volvió a pronunciar inaudiblemente. La imagen parecía haberse quedado congelada para ella. Un vuelco en su estómago consiguió sacarla de la paralización. Tragó saliva, tenía que controlar aquella situación. – Emma. – Pronunció ahora con más decisión alejándose del agarre de Lily y dando un paso al frente hacia la salvadora. – Emma baja ese arma. – Intentó sonar fuerte pero sus sentimientos la traicionaban. Tragó saliva de nuevo. La rubia parecía no escucharla. – Emma, si das ese paso ya no habrá vuelta atrás. – Intentó hacerla entrar en razón. – Cruzaras la línea. – La miraba fijamente mientras la salvadora mantenía los ojos fijos en Robin que estaba delante de ella de rodillas. – No te conviertas en una asesina. – Esas palabras se clavaron en el corazón de Emma.
- Yo ya soy una asesina. – Dijo con voz dura.
- No lo eres. – Le contestó Regina con seguridad alzando su mano hacia ella con cuidado. – Lo de Cruella fue un accidente, pero si aprietas ese gatillo, te convertirás en una. – Sentenció.
Aquellas palabras consiguieron captar la atención de Emma, que se giró para mirarla sin dejar descuidado a Robin.
- Emma mírame. No quieres hacer esto. – Le dijo la alcaldesa mirándola a los ojos.
Emma pudo ver miedo en ellos. Había miedo en la mirada de Regina. Aquello la devolvió por un instante a la realidad. Pero...ese miedo sería por Robin...por la muerte de Robin...o porque tenía miedo de que ella sucumbiera ante la oscuridad...pensó...y volvió a equilibrar el arma sobre la frente del ladrón.
- Emma por favor...- susurró la alcaldesa. Sabía que la escuchaba. – lo perderás todo...y yo también. – Pronunció finalmente Regina expresando por fin sus sentimientos en voz alta.
La realidad era que ver a Robin no le había impactado tanto como había esperado. Había esperado sentir su corazón latir con fuerza al volver a verlo. Y así lo había hecho pero por preocupación, no por amor. No por amor. Pensó. Por amor estaba latiendo ahora. Ahora que su cuerpo estaba sumido en una angustia y una desesperación que le impedían respirar. Ahora que estaba experimentando un miedo tan real como jamás lo había sentido en su vida. No quería perder a Emma. No quería que Emma la dejara sola. No quería perderla y sin embargo, si apretaba ese gatillo sentía que la perdería para siempre, como sentía que lo estaba haciendo ya.
Tragó saliva cuando la rubia la miró con los ojos bien abiertos. Sus fosas nasales trabajaban con rapidez. Su respiración era acelerada pero su mandíbula permanecía apretada. Volvió a mirar a Robin con decisión y sujetó mejor la pistola. Era ahora o nunca. El corazón de Regina dio un vuelvo que se extendió hondo por todo su cuerpo. Una aguda punzada se había instalado en él. La salvadora bajó el arma instantes antes de que la morena cayera al suelo de rodillas.
- ¡Regina! – Emma apartó el arma con cuidado y corrió hacia ella. – Regina. – Le susurró sujetándola por los hombros.
La morena apoyó una mano en su brazo para sostenerse mejor. Pero también para comprobar que era Emma y que no se había ido. Que había bajado ese arma realmente y había conseguido superar aquella negrura en su corazón. Cerró los ojos con fuerza y abrió la boca para respirar con menos dificultad.
Robin se echó en el suelo, desolado, mientras frotaba sus sienes contemplando la escena. Al igual que Zelena, cuyo plan había fracasado, como estaba comprobando.
- Regina...- la salvadora alzó la barbilla de la morena y la ayudó a incorporarse apoyándose en ella.
Cuando ambas estuvieron a la misma altura Regina sostuvo los brazos de Emma igual que la rubia estaba haciendo con los suyos. La miró agotada. De haber tenido fuerzas le hubiera dado una buena bofetada por hacerla sentir así.
- No vuelvas a hacer eso. – La reprendió con rabia mirándola a los ojos. Emma había vuelto a la normalidad. Sus ojos eran pequeños y estaban amedrantados por la sebera mirada que Regina le regalaba.
Bajo la mirada antes de cortar lentamente la distancia que la separaba de la morena para abrazarla. Para su sorpresa no fue rechazada. Aunque el abrazo fue suave. Más para palparse y comprobar que aquello era real, que ambas estaban bien, que para sentirse. Solo entonces ambas se sintieron reconfortadas.
La vuelta a Storybrooke se hizo en silencio. Regina había cogido el volante del escarabajo amarillo y viajaba delante con Lily seguida de la salvadora que conducía un todoterreno acompañada de Robin Hood y Zelena a la cuál habían inmovilizado bien en el asiento de atrás.
Estaba amaneciendo cuando llegaron al pueblo, pero eso no impidió que Henry y los padres de Emma fuesen a su encuentro. La rubia salió primero del vehículo y abrazó con fuerza a su hijo que enseguida había corrido hacia ella. El chico se separó un poco al final, pues estaba sorprendido por el fuerte abrazo que le había regalado su rubia madre, que no era muy dada a mostrarse tan efusiva.
Mary Margaret hizo el amago de ir a abrazar a su hija, pero al ver que se giraba con Henry hacia Regina, que también se había bajado del vehículo que conducía, David la cogió por el brazo, para indicarle que le diera su espacio. Y es que en cierta medida sabían que Emma les echaba la culpa de la oscuridad de la que había sido víctima. Nada de eso hubiera pasado si hubieran hecho las cosas bien.
Regina abrazó a Henry y lo besó antes de acariciar sus mejillas y sonreírle aliviada. Al final todo había salido bien, o eso creía ella. Emma contemplaba la escena a una distancia más que prudencial, pero se sentía bien. Divisó a Maléfica que permanecía en un segundo plano alejada del resto. Miró a Lily y le indicó que se acercara con ella.
Cuando presentó a madre e hija Maléfica no pudo contener la emoción que sentía al poder abrazar por fin a la hija que nunca pudo ver crecer. Al ver que todo estaba bien, la salvadora decidió que era hora de dejarles espacio.
Se acercó de nuevo hasta los demás. David tenía sujeta a Zelena, quién había sido esposada con un brazalete que evitaba que pudiera usar su magia. Regina le estaba indicando que debía llevarla al psiquiátrico. Aquel sería un buen lugar para ella, hasta que pensaran qué hacer. Un buen lugar para mantenerla a raya, pensó Emma que estuvo de acuerdo con Regina.
- Tus hombres felices siguen acampados en el bosque. – Se dirigió Regina a Robin, cuya mirada era de arrepentimiento, indicándole claramente que no quería verlo y que podía irse con ellos si quería.
La morena sonrío a Mary Margaret antes de echar su mano por encima del hombro de su hijo y atraerlo hacia ella. Lo había echado de menos. Y era hora de descansar en casa. Emma, que se había mantenido en un discreto segundo plano, no sabía qué hacer. Miró a sus padres antes de volverse para ver cómo Regina y Henry ya se alejaban. Sopesó sus posibilidades. Prefería ser rechazada por Regina que tener que soportar otro discurso de perdón por parte de sus padres que no quería escuchar en aquellos momentos. Así que se encaminó tras ellos.
La alcaldesa se volteó, de repente, tras haber avanzado un poco. Había escuchado cómo la rubia había seguido sus pasos con sigilo. Y en aquellos momentos no se sentía capacitada para tener una conversación con ella. No después de lo que había pasado. Necesitaba relajarse y pensar con calma. Necesitaba aclarar sus ideas y sus sentimientos.
- Emma. – Comenzó. – Lily me ha hablado del hombre que le contó su historia cuando la abandonaste– La rubia pareció avergonzarse. Regina no le dio importancia al malestar de Emma y prosiguió – ese hombre es el aprendiz– Emma enarcó las cejas sorprendida. Regina asintió cómplice. – y creo que puede estar atrapado en el sombrero de Gold. – Emma no entendía ese razonamiento. – Si Gold estaba capturando criaturas poderosas la magia del aprendiz sería la primera que habría querido meter en ese dichoso sombrero.
- Puede ser...- pensó Emma en voz alta. La morena asintió satisfecha.
- Necesitaremos de nuevo el hechizo de Belle para sacarlo de ahí. ¿Puedes ocuparte, por favor?
Emma no pudo negarse. Sabía perfectamente que la última persona a la que deseaba ver Regina en aquel momento era a ella, por lo que prefirió obedecerla y no forzar las cosas. Quería darle su tiempo. A decir verdad, ella también necesitaba su tiempo para reflexionar sobre todo lo que le había pasado.
La parte del puñetazo a Robin es mi favorita...he de decir...espero poder actualizar mañana, pero por si no...como si este hubiera valido por dos!
Hasta pronto! Y no os olvidéis de contarme qué os ha parecido!
