Buenas tardes. Aquí esta el capitulo 12, espero que les guste.
Resumen: Por supuesto que no esperaba más. Sabía que no le iba a dar lo que necesitaba, tenía después de todo un corazón negro. Sexo tal vez, pero hasta ahí. Y no le importaba, a final de cuentas. Pero, ¿Y si comenzaba a importarle?
Pareja: ZoroxRobin
Advertencias: Lime, lemon, no muy desarrollados. Tal vez lenguaje altisonante en algún capítulo.
Disc: One Piece no es de mi propiedad, sino del mangaka Eiichiro Oda. Escribo este fic sin fines de lucro, únicamente como entretenimiento mío y de quien se tome la molestia de leer
Black, Black Heart
Capítulo 11: Underneath your cover
Tal y como habían acordado, los Mugiwara se fueron de Nubia al mediodía del día siguiente.
En lo que se refiere al embarazo de Robin, todos estaban más que dispuestos a poner de su parte para ayudarle siempre que fuera necesario. Luego de mucho pensar, Franky y Ussop decidieron que ampliarían el cuarto de Robin mientras su bebé la necesitara con más urgencia, y cuando creciera un poco más utilizaría una pequeña habitación que también se decidieron a hacer junto a la de la arqueóloga. Chopper por su parte, la revisaba cada tres días y le indicaba cuando tenía que comer o dormir más. Una de las indicaciones principales era que no podía seguir tomando tanto café. A ella no le agradaba en lo absoluto la idea, pero a final de cuentas, todo fuera por cuidar bien a su pequeño bebé. Sanji se esforzaba por acatar con cuidado cada una de las indicaciones del renito en cuanto a la alimentación de la arqueóloga, se tomaba un par de minutos más para preparar comida especialmente para ella. A Brook le daba por ensayar canciones de cuna, una tras otra, mezcladas con la música fiestera que tanto les gustaba a todos. Luffy hacía preguntas a todos acerca de lo que hacían, y sobre los bebés, cómo se alimentaban, si podría jugar con él cuando naciera, etcétera.
Zoro se limitaba a dormir y a seguir su rutina diaria, como lo había prometido, como si nada hubiera pasado. Su trato iba de lo indiferente a lo respetuosamente cordial, lejano, frío. Robin, al principio ligeramente sorprendida por esto, aprendió con el paso de los días a imitarlo. Y la exactitud con la que llegaron a igualar su forma anterior de relacionarse era tan precisa…que dolía. Le dolía a ella. Le dolía a Sanji y a Nami de verlo. ¿Le dolería a Zoro?
El espadachín, como siempre, se mantenía firme ante toda situación. Nadie que no se supiera la historia detrás, hubiera podido siquiera imaginar que él y Robin habían tenido algo que ver, tal era la ecuanimidad con la que convivían dentro del barco.
Imperceptiblemente, dentro de esa rutina dolorosamente normal, avanzaron los días convirtiéndose en semanas y las semanas en meses.
El embarazo de la arqueóloga avanzó de acuerdo con lo esperado por todos. Los primeros dos o tres meses más o menos, ella podía hacer lo mismo que siempre hacia, y las pocas veces que tuvieron problemas, tanto con los marinos como con otros piratas, pudo defenderse a si misma, con la soltura y elegancia que siempre lo hacía. Fue alrededor de su quinto mes de embarazo que simplemente sus movimientos se habían entorpecido. Estuvo en peligro, pero con la suerte de que sus amigos pudieron ayudarle a tiempo.
Además de el hecho de que no podía moverse con la agilidad de antes, tal y como el despreciable de Red le había hecho notar, era bastante peligroso que se dieran cuenta de su estado, pues solo aumentaría su interés por atraparla.
De modo que después de ese último y peligroso ataque, tuvo lugar una importante discusión de la que, lo único que lograron sacar en claro, era que Robin debía esconderse cada vez que fueran atacados.
A la arqueóloga no le hacia ni la más mínima gracia. Eso era lo que precisamente quería evitar desde un principio, ser una carga para sus amigos, resultar completamente inútil en combate, que se pusieran en peligro por causa suya, que tuvieran que defenderla.
Pero no pudo evitar que la siguiente vez que fueron atacados Franky la tomara en brazos con presteza a una orden de Nami y prácticamente la encerrara en la bodega. Sin previo aviso, el carpintero había puesto un mecanismo en la puerta que se cerraba únicamente por fuera y eran él, la navegante y el cocinero de la tripulación los únicos que tenían llave.
Robin no podía creerlo, así que no sabía si estar molesta o agradecida con sus amigos. Afuera se escuchaba el estruendo de los cañones. Al pegar su oído a la puerta, podía escuchar a sus amigos: los rayos despedidos por Nami, los ataques locos de Luffy, las patadas incendiarias de Sanji, las novedosas armas de Ussop, los golpes de Chopper, los poco ortodoxos ataques de Franky, la risa alocada de Brook… los fieros espadazos de Zoro.
Cerró sus ojos. Tenia que ayudarles de algún modo.
Floreció uno de sus ojos en la puerta de la cocina que daba a cubierta. Un oído apareció a un lado. El panorama no era malo.
Los mugiwaras peleaban tratando de impedir el paso a un grupo de marines que se querían subir al barco. Luffy como siempre arrasaba con diez o veinte de ellos de un solo golpe. Los demás corrían de un lado a otro, Sanji y Zoro expulsando las balas de cañón que querían impactar el barco, Ussop, Nami, Chopper, Franky y Brook a atacar al resto.
Ya que ahora podía ver lo que hacía, Robin comenzó a florecer manos, sólo para ayudar cuando veía que era necesario, sobretodo cuando les daba por atacar por la espalda. Su visión con un solo ojo era un tanto limitada, y al principio todo mundo se sorprendió (incluso sus compañeros) de ver las manos salir de la nada.
Los mugiwara no tardaron en comprender. Muchos marines solían ser primerizos, o de tan baja categoría que llegaban a enfrentarlos ilusamente sin saber nada sobre sus poderes, de modo que no les fue difícil facilitarle a Robin el espacio necesario para intervenir si ella quería hacerlo.
Con el improvisado ataque de la arqueóloga los mugiwaras contaban, además de una exterminación extra de enemigos, con un elemento sorpresa. Después de un rato, sin embargo, el teniente a cargo de aquella misión había logrado subir al barco y en medio de un momento de extrema confusión divisó los brazos morenos que ayudaban a los piratas. Conocía los poderes de la arqueóloga así que dedujo que estaba escondida en alguna parte. Consiguió ocultarse de la vista de todos y dio órdenes a un grupo de hombres que entraran en el barco para que uno a uno, con la mayor discreción, se infiltraran y la encontraran. Él por su parte, siguió tratando de atacar al resto de los mugiwara.
Robin vio aparecer de la nada al teniente en su escaso campo visual. Mientras atacaba a sus compañeros, ese hombre veía a su alrededor como si buscara algo. Para Robin su comportamiento fue más que sospechoso, hasta que finalmente, él hizo contacto con su ojo florecido en la puerta de la cocina. La morena supo entonces que él la había descubierto… de improviso desapareció tanto su ojo como las manos que tenía ocupadas en el ataque, cambio que sorprendió a todos a su alrededor y que sólo confirmo las sospechas del teniente. Sanji y Zoro intercambiaron una mirada, y el espadachín corrió adentro del barco hacia la bodega.
Llegó casi de puro milagro, sin perderse. Se encontró con que la puerta estaba hecha pedazos. Al entrar a la bodega, lo primero que vio fue que la arqueóloga estaba arrinconada por varios hombres, entre ellos el teniente que quien sabe cómo había logrado llegar allí antes que él.
A pesar de estar oculta tras unas cajas, era evidente que los marines ya habían notado el estado de la mujer que tenían frente a ellos.
-Esto es…increíble- murmuró el teniente- Nico Robin…esa mujer…ella está…
Robin negó con la cabeza, como si estuviera asustada. No…no más marines, no más problemas….no más suplicios para sus amigos… por favor no…
-Fuera de aquí- la voz gélida del espadachín se dejó oír dentro de la bodega. Los marines voltearon, asustados, a ver al peliverde que los observaba con furia. Robin aprovechó que ya no la miraban para atacarlos y tratar de sacarlos de allí. Arrinconada como estaba no reaccionaba de forma tan efectiva.
Zoro por su parte también atacó y les fue realmente fácil sacarlos, pero finalmente para el teniente ya era más que suficiente la información que tenía por lo que casi por cuenta propia fue que salió de la bodega. Ya en el pasillo, Zoro los enfrentó. No tardó en comprender lo que ocurría cuando vio al teniente sonreír extrañamente y salir corriendo de allí con el resto de sus hombres.
Zoro, furioso, salió tras ellos, sin embargo al llegar a cubierta se escuchó la orden para que los marines salieran de allí y volvieran al barco. Los mugiwaras se mostraron aliviados, pero no pudieron entender la prisa de Zoro por perseguirlos ni que se enojara tanto por que los dejaron ir.
El espadachín se quito su pañoleta verde de la cabeza y la estrujó con una mano tratando de calmarse, para luego volverla a amarrar en su brazo.
-Lo saben- informó- la vieron. Saben que está embarazada.
Los mugiwara se miraron entre ellos, aquello los había tomado por sorpresa.
-Hay que tener mucho cuidado de ahora en adelante- decidió Sanji al ver que nadie parecía tener nada que decir. Esto hizo reaccionar a Chopper, quien corrió hacia la bodega en busca de Robin.
-No le hicieron nada- aclaró el peliverde- pero está bien que Chopper la vea.
-Debe estar asustada- reflexionó Nami, mientras enderezaba una silla de playa que había quedado por ahí y se sentaba- un escándalo con los marines era precisamente lo que quería evitar.
Los demás asintieron en acuerdo. Esa misma noche, Robin murmuró una disculpa a la hora de la cena. Le dijeron que no se preocupara.
Siguieron pasando los días y por suerte no hubo más incidentes. Robin a veces incluso dudaba de bajar a las islas a las que llegaban, cada día se sentía más temerosa, más nerviosa. Chopper le había dicho, y ella también lo sabía, que el embarazo causaba cambios muy importantes en el aspecto psicológico de la madre. Las hormonas desbordadas influían en cambios bruscos de humor, sentimentalismos irracionales, ganas incontrolables de llorar y en ocasiones una inhumana necesidad de protegerse a si misma y a su bebé, miedos casi injustificados y otras cosas por el estilo. Por su parte, Robin sabia que el miedo era justificado. Lo irracional de éste era lo que le preocupaba.
Verla era hermoso. En las ocasiones en que caminaba por la cubierta llamaba la atención de sus nakama. Transmitía una paz aún más grande que la que siempre había aparentado en el pasado. Con la diferencia de que todos sabían que esa paz estaba manchada del gran miedo que no había conseguido, pese a todo, borrar de su interior.
En cierta ocasión, Robin se encontraba leyendo, sola en su habitación. Sintió la puerta abrirse, y para su sorpresa, Luffy se asomó. La miró un momento.
-Pasa, Luffy- le dijo- ¿necesitas algo?
Luffy negó, pero se acercó y se sentó en el piso cerca de ella. Robin conocía esa mirada en su capitán, tenía curiosidad por algo y necesitaba pensarlo cuidadosamente antes de preguntarle. Siguió leyendo y lo dejó pensar. Finalmente, el moreno la miró. Al darse cuenta de esto, Robin bajó su libro y le sonrió.
-Robin… ¿Cuándo nacerá tu bebé?
-Bueno…estoy en mi sexto mes, más o menos- la arqueóloga asentó sus pies en el piso, alejando el libro. Miró a su capitán antes de seguirle explicando- lo correcto sería que naciera en unos tres meses más, pero se sabe que puede nacer más o menos desde que tenga unos siete meses.
-Ah…- Luffy ladeó la cabeza- podría ser en cualquier momento.
Robin asintió, pero pudo notar que la curiosidad del joven no estaba del todo satisfecha.
-¿Cómo va a ser?
La arqueóloga sonrío con ternura ante la mirada ligeramente confundida de su capitán.
-No lo sabremos hasta que nazca, Luffy. Existen miles de combinaciones de características que se pueden expresar finalmente. Ni siquiera podemos saber si será un niño o una niña.
Luffy sonrió y asintió con la cabeza, como si hubiera entendido perfectamente lo dicho por la arqueóloga, para finalmente contestar:
-Un bebé misterioso- ella no pudo menos que ensanchar su sonrisa ante la inocencia y la mente corta de su capitán, hasta que éste agregó:- como sea, estoy seguro de que ese niño será todo un demonio.
Robin cambió su expresión de diversión a sorpresa. Tratando de sonreír, preguntó:
-¿A qué te refieres, exactamente?- una sospecha apareció en su mente.
-Ah bueno…después de todo, es hijo de dos demonios- declaró con una sonrisa gigantesca. Robin abrió los ojos desmesuradamente por medio segundo, se calmó y volvió a preguntar. Luffy lució desesperado- Pues sí. Tu eres la "Niña Demonio" y Zoro es el "Demonio Cazador de Piratas"…Demonio más demonio es igual a un bebé demonio, ¿no?
Robin no supo si sorprenderse más porque Luffy lo sabía, o porque sus habilidades matemáticas habían mejorado. Al menos ya era capaz de estructurar oralmente una suma.
Desvió su vista un momento y luego volvió a ver a su capitán, tratando de dilucidar cómo había sabido lo de ella y Zoro. Quizás solo era obra de esa extraña intuición que siempre había tenido. Quizás era simple deducción suya…pero conociéndolo como lo conocía, sabía que siempre había algo detrás.
-Dime, Luffy, ¿por qué crees que el hijo que espero es de Espadachín-san?
Luffy torció los labios y se dispuso a explicar.
-Hace unos meses fui a buscar a Zoro a la torre de vigía. Luego escuché unos ruidos y me di cuenta de que él no estaba sólo. Cuando entré vi que estaba contigo. Yo no soy tan tonto Robin, a mi me lo explicaron desde que era joven para que no cometiera alguna estupidez- explicó en tono serio- ustedes estaban haciendo un bebé. Por lógica, el bebé que tienes en tu pancita tiene que ser de Zoro, ¿No?
La arqueóloga lo observó unos segundos. Preguntó más.
-¿Qué tanto viste aquella vez? ¿Y porqué hasta ahora no habías comentado nada?
-Ah, bueno…a mi me dijeron que la mayoría de las personas prefieren que sea un tema privado. Cuando me di cuenta de lo que estaban haciendo salí de allí y decidí esperar a que ustedes nos lo dijeran. Pero lo que me parece raro es que tú dijiste que el niño era tuyo y Zoro no dijera nada. ¿Ustedes son novios?
Robin sonrió melancólicamente.
-Zoro y yo no… no creo que él…
¿Cómo explicárselo a su capitán? ¿Cómo decirle que Zoro y ella habían comenzado esa relación carente de sentimientos y que de ahí había salido su bebé?
-Él se ha preocupado mucho por ti en estos días- observó el capitán sin dejar que la arqueóloga concluyera sus reflexiones- sobretodo cuando esos marines se dieron cuenta de que estas embarazada. Ya quiero ver su cara cuando nazca el bebé.
Robin trató de sonreír. Ella creía en su capitán. ¿Debía creer en eso también? Que Zoro se preocupara por ella…era perfectamente posible. Que la amara realmente, como ella a él…. ¿Porqué aún lo dudaba?
-Luffy san…por favor, no le digas nada de esto a nadie- sonrió- recuerda que ste es un asunto de discreción.
Luffy sonrío y correspondió con una sonrisa a la sonrisa de la arqueóloga.
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Después de unos pocos días más, llegaron a una nueva isla. Era de verano, preciosa de arriba abajo y sin población. Contentos de no tener que esconderse ahora, la tripulación salió a explorar la isla. Encontraron un pequeño lago donde se metieron a nadar mientras Sanji preparaba una parrillada con ayuda de los geniales implementos de cocina que Franky construyó en cuestión de minutos para la ocasión.
Zoro miró a su alrededor con tristeza. En un lago parecido, él y la arqueóloga habían estado juntos. En un lugar parecido, sólo que congelado, habían intercambiado por primera vez una intimidad increíble, habían estado a punto de besarse y de ahogarse dentro de los ojos del otro…habían respirado el mismo aire, habían tocado el cielo…se había dado cuenta de que no podía vivir sin ella y que sin embargo tendria que hacerlo.
Se calmó. No tenía porqué evidenciar lo abatido que estaba.
-Robin swan se ve preciosa- comentó Sanji sentándose a su lado. La arqueóloga se había puesto un vestido ligero para entrar al agua. Sentándose en una roca, donde el nivel del lago apenas le cubría la cintura, que la alejaba del peligro de no poder nadar.
-Sí…lo es.
-¿Seguro que no vas a seguir intentando?
Zoro negó con la cabeza.
-Completamente.
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Más tarde, Robin se había alejado con el pretexto de que necesitaba caminar un poco. Se había adentrado en el bosque, pronto oscurecería. Luego de haber caminado una distancia considerable, se sentó en una roca. Vio hacia el cielo; entre el follaje de los árboles, consiguió observar la luna llena que se reflejó en sus ojos mientras trataba de sonreír.
-Mi amor…-susurró mientras acariciaba lentamente su estómago- serás feliz….yo me encargaré que lo seas. Pero… ¿Será lo mejor criarte sin tu padre? ¿Querrás saber quién es? ¿Me perdonarás por no decírtelo? Yo…amaba a mi madre. Nunca creí que ella me hubiera abandonado, yo sabía que algún día volvería y aunque fuera por momentos, cuando la vi, fui feliz. Pero… ¿Tú podrás amarme de la misma forma, aún si te privo de saber quién es tu padre?-cerró los ojos- ¿Y si te das cuenta tu mismo? Viajando en el mismo barco…sería muy difícil que no te dieras cuenta de quién es- suspiró- ¿Qué pasaría si decides ser espadachín como él? Jhé, entonces sí que no tendría cómo esconderlo más. Y ni hablar si sacas su color de cabello.
Se reacargó en el árbol que tenía a su espalda y se relajó, quedándose dormida. En casi nada de tiempo, escuchó unos ruidos que la alertaron, así que se levantó un poco. Zoro apareció entre los árboles. Se veía incómodo.
-Ro….Robin... ya está la cena.
Robin se trató de incorporar, pero se mareó. Sus piernas se doblaron bajo el peso de su cuerpo, sin embargo Zoro llegó a tiempo para sujetarla, evitando que se cayera.
-¿Estás bien? – Robin cerró sus ojos. Negó con la cabeza, tratando de ahorrar algo de energía y no sentirse mal. De improviso, sintió que Zoro la cargaba, poniendo extremo cuidado, para transportarla de regreso con sus amigos. Cuando llegaron, Nami y Sanji los miraban con sorpresa, los demás con preocupación.
-¿Ocurrió algo malo?-preguntó Chopper.
-No. Sólo me maree un poco, estoy bien- contestó ella, bajando de sus brazos y alejándose sin voltear a verlo- Gracias, Espadachín san.
Zoro no contestó y se sentó a cenar, igual que ella, lo más alejados posible. Sanji y Nami soltaron un suspiro de resignación. Era una lástima, por un momento hubieran pensado que aquello iba bien.
Robin no podía dejar de pensar en sus propias reflexiones de momentos antes, y en lo que había conversado con Luffy. El moreno le había hecho ver que Zoro se preocupaba por ella, que de verdad lo hacía.
¿Qué hacer ahora?
Al día siguiente siguieron en la isla. Robin prefirió quedarse en el barco durante todo el día.
Chopper le había recomendado que tomara pequeñas siestas. Casi siempre, luego de las comidas, dormía un rato y ese día no fue la excepción.
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El cocinero se asomó por la barandilla mientras fumaba un cigarrillo. Escuchó la voz de Zoro detrás de él.
-¿Se te ofrece algo, lechuga andante?
-Necesito tu ayuda.
El cocinero ladeó la sonrisa. Sabía que finalmente el marimo iba a terminar cediendo.
-Habías dicho que ya no insistirías.
-Digamos que…recibí una señal- explicó el peliverde, parándose a su lado y recargándose también en la barandilla. Sanji dejo ir el humo que se encontraba en sus pulmones.
-Vaya vaya, el marimo se nos ha vuelto místico. Pero bueno, dime alga, ¿En qué necesitas mi ayuda?
Zoro miró hacia el mar unos segundos. Luego volteó a sus espaldas, hacia la isla.
-Necesito este barco para mi solo, por lo menos hasta la media noche.
Sanji sonrió ampliamente. Miró a su alrededor. Nami tomando el sol cómodamente, Chopper y Luffy escuchando una de las fascinantes historias de Ussop, Franky y Brook tocando una alegre canción.
-Pan comido.
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Cuando Robin despertó, mucho mas tarde, se sorprendió de no estar escuchando los sonidos de sus compañeros. A esas horas el escándalo animado que solían armar era imposible de ignorar. Salió a cubierta, y el único que estaba allí, para su incomodidad, era Zoro.
Éste estaba levantando pesas. Extrañamente, no se veía sudado como siempre, pareciera que acababa de comenzar a entrenar. El peliverde la miró al notar su presencia, dejó la pesa en el suelo de madera, y tomó una toalla para limpiarse el poco sudor que tenía en su frente.
-Qué bueno que te levantaste. Tienes que cenar.
-¿Dónde están los demás?
-Salieron. Sanji y Chopper me encargaron mucho que te cuidara y te diera de cenar, así que ven conmigo.
Robin, extrañada, lo siguió a la cocina. Se sorprendió al ver la escena. La mesa estaba puesta elegantemente, los platillos se veían deliciosos y en lugar de la lámpara que usualmente iluminaba el lugar, había velas colocadas tanto en la mesa como alrededor.
-Entra- ordenó la voz del peliverde detrás de ella. Robin comprendió casi en seguida de qué se trataba todo aquello, pero fingió no darse por enterada.
El ambiente era un poco incómodo. Era demasiado romántico, si cabía decirlo así, sobretodo considerando que no eran capaces de mirarse a los ojos por más de dos segundos. Casi no disfrutó la comida.
Fue entonces que notó que Zoro no había dejado de observarla. Ella siguió desviando la vista, tratando de obviar la evidente carga de ternura que los atentos ojos de su compañero le daba.
Cuando terminaron de comer, Zoro levantó los platos, pero consiguió interceptarla antes de que ella se escabullera.
-Tienes que ir a dormir- le indicó, tratando de sonar razonable- pero antes te vendría bien un baño, ¿No crees?
Robin se puso a la defensiva ante este comentario, pero no pudo evitar que él la levantara de nuevo y la llevara al cuarto de baño de la forma más tranquila imaginable, como si aquella situación fuera cosa de todos los días.
Incluso floreciendo manos para detenerlo era incapaz de lograr nada contra él. o ella estaba algo débil, o Zoro era demasiado fuerte para ella.
La dejó en el piso del baño y cerró la puerta tras él.
-Contigo aquí no- declaró convencida. Zoro se encogió de hombros.
-Mi orden es cuidarte permanentemente hasta que ellos regresen. Fue Luffy- sonrió-no puedo desobedecer a mi capitán.
-Dijiste que habían sido Chopper y Sanji- protestó ella, tratando de ignorar que Zoro se desvestía.
-Lo de ellos fue más bien un regaño- declaró, rascándose la cabeza- adelante, desvístete.
Se había quedado sólo con sus bóxer, y abrió la llave para que se llenara la bañera. Robin no se movió, pero tampoco hizo intento de salir, lo cual fascinó a Zoro.
Se acercó a ella y comenzó a desvestirla mientras sostenían una lucha con las miradas desafiantes que ambos tenían y que a duras penas podían mantener uno contra el otro.
Le puso encima el mismo vestido que ella había usado en el lago, mientras ella seguía mirándolo de ese modo tan extraño.
-No hay motivo para ponerse así. Conozco tu cuerpo mucho mejor que tú misma.
Robin sintió un temblor recorrerla de la cabeza a los pies. Aquella afirmación había sonado tan…tan…
-No ahora que estoy embarazada- se defendió. Zoro la levanto en sus brazos y se sentó en la bañera que ya estaba llenándose, sentándola en sus piernas de manera que ella recargara su espalda en su pecho.
-Estás más bella que nunca- declaró sacando una esponja y rociándole jabón. Comenzó a tallarle la espalda.
-Dijiste…que no insistirías más.
Zoro rió. Siguió acariciando sus brazos mientras el agua caliente subía poco a poco de nivel. Finalmente cerró la llave.
-Esto no es insistir. Sólo cuido de ti. Seria terrible que algo te pasara si te dejo sola un segundo.
-No ocurrirá. Mejor déjame sola de una vez.
-No quiero hacerlo.
Y continuó con aquello.
Siguió enjabonándola despacio, y cuando llegó a su estómago, hizo lo mismo, masajeando con cuidado su superficie, con cuidado, con ternura, con amor.
Zoro encontró dentro del agua la mano derecha de la arqueóloga, entrelazándola con la suya. Sacó ambas manos del agua y las llevó hacia su rostro, apoyando sus labios sobre el dorso de la mano de Robin, quien se puso realmente tensa ante esta acción, sin embargo no se negó al beso de su compañero ni al escalofrío que se dejó sentir en su cuerpo cuando sintió que besaba su nuca, su cuello y sus hombros.
-Esto sí es insistir.
El espadachín, había tratado de contenerse hasta que fuer un momento más oportuno, pero tenerla entre sus brazos, en una situación tan íntima, tan bella, había sido demasiado perfecto para él. Sintió como poco a poco se relajaba. La abrazó con fuerza y con cuidado.
Robin sujetó los brazos que se cerraban alrededor de ella, entregándose a las atenciones, a las caricias, a los besos que bajaban por su cuello y sus hombros. Era una situación completamente increíble. Todo era tan relajante, que casi se queda dormida.
Zoro la sujetó y se puso de pie. La llevó hasta la regadera, donde enjuagó tanto su cuerpo como el de ella y después la envolvió en una toalla y la depositó en el suelo. Robin se secó y se quitó el vestido apara ponerse la ropa seca que estaba allí incluso antes de que entraran a la bañera. Zoro la observó cuando él mismo se había vestido. Sólo se había puesto un bóxer seco y unos pantalones. Robin usaba un camisón ligero, le quedaba muy hermoso.
Ella no se movió, pero Zoro llegó hasta ella y la levanto de nuevo en brazos.
-Lo curioso es…- comentó el peliverde, esbozando una sonrisa- que de haberlo querido, te hubieras liberado de mi con muchísima facilidad.
Ella no contestó, pero en lugar de resistirse como antes, se abrazó de su cuello, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
Hicieron así el camino por el pasillo.
-Este no es mi cuarto- comentó ella, al percatarse de que se dirigían al de él.
-No. Pero no hay problema con que ambos nos quedemos aquí esta noche.
El cuarto de Zoro tenía una decoración semejante a la del hotel aquella vez. Velas, flores, sábanas blancas. Aquello era bellísimo considerando sobretodo que era el cuarto del peliverde. Robin contuvo la respiración y sintió sus ojos temblar. Aquello no podía ser. Era como estar en un sueño.
Zoro se acercó a la cama. Mientras la sujetaba firmemente con un brazo, con la otra mano retiró unas sabanas y se metió entre ellas sin soltarla en ningún momento, dejando que se recostara sobre él como en la bañera.
Ella no se movía y no podía decir palabra. Estaba desconcertada.
Volteó un poco hacia él, para ver su rostro, cosa que Zoro aprovechó para darle un beso largo, profundo, mientras ella se debatía si debía acercarse a él un poco más, abrazarle, corresponder a sus besos, alejarlo de ella. No sabía qué era lo mejor en esos momentos…lo amaba… había sido una necia, una tonta, una estúpida en todo sentido, no se merecía todo aquello, no merecía que después de todo lo ocurrido él la amara de ese modo. Era demasiado bello, todo.
-¿Sabes? No me importa lo que digas. Yo te amo y lo quieras o no siempre lo haré- explicó abrazándola posesivamente, mirándola a los ojos, su pancita era lo único que había entre ellos en ese momento- cuando el bebé nazca…sin importar lo que digas o lo que hagas, lo amaré y lo protegeré. Es mi hijo tanto como lo es tuyo aunque no quieras aceptarlo.
-Zoro…
La calló con otro beso. Ahora Robin no dudó de pasar sus brazos alrededor de su cuello. Cada barrera construida a su alrededor, cada escudo, cada muralla quedaron destruidos por el beso que el espadachín le brindaba.
-Ahora mismo tengo miedo de lastimarte- susurró cerca de sus labios, mirando sus ojos- pero cuando el bebé nazca…voy a hacerte el amor todos los días… incluso cuando no pueda hacerlo, cada vez que te vea, será hacértelo con mis ojos, o con mi voz cuando te hable, como ahora mismo- la volvió a besar despacio, por largos minutos- y cuando no quieras que lo haga, me limitaré a besarte, a acariciarte o a hacer lo que tu quieras.
Robin cerró sus ojos, tratando de contener todo lo que tenia que decirle. Lo dejó besarla todo lo que quiso. Le correspondió y fue feliz.
Tomó su pecho como almohada. Era su lugar. Siempre lo había sido.
-No necesito una respuesta ahora- atajó Zoro al percatarse de que Robin trataba de decir algo- solo promete que no te irás esta noche.
Ella se abrazo con fuerza a su cuerpo, sintiéndose más feliz que nunca.
-No lo haré. No volveré a hacerlo nunca…
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Observaba el barco en la lejanía, con el rostro más furioso que tenía. Ella estaba tan tranquila allí, y él acá, deformado, escondiéndose, sólo en el mundo. Maldita Nico Robin. Mil veces maldita.
-Me las vas a pagar, puta. Tú y tu bastardo. Los dos me las van a pagar todas.
Continuará
Espero que haya sido de su agrado. No sé cuantos capítulos falten pero puedo decir que ya estamos en la recta final de este fic. Saludos,
Aoshika October
