CAPÍTULO 12: SOMEBODY UP THERE LIKES ME. (ALGUIEN DE ARRIBA MIRA POR MÍ.)

Disclamer: NO me pertenece. Todo el mundo lo sabe ya. Pero, sí son míos, Conrad, Gontran, Alin, Erwin, Scary y Twig. También Ellos. Pronto entenderás a quiénes me refiero. El título de este capítulo pertenece al hermoso Duque Blanco de su disco "Young americans."

N/A: Wow! Antes que nada, gracias por todo el apoyo que me dan. Es más que reconfortante. (Especialmente cuando no puedo capturar a Jareth en un oubliette, no para olvidarlo, claro está...) De verdad, muchas gracias, Krissel Majere, me encantan tus reviews. Creo que si ambas nos pusieramos a hablar nos tirarían una bomba atómica para callarnos, porque si hablamos como escribimos, pobres de los que estén alrededor. (Risas.) Tengan paciencia con la pobre de Sarah, no sabe lo que se está perdiendo. Y a ti, gracias y bienvenida, Lain3X. Me alegro que les guste. ¿Qué les parece si entre todas planeamos hacerlo caer en el oubliette? Con nosotras dentro, claro. Jeje. Y, por favor, no se olviden de alimentar a este cerebrito enfermo con reviews. (No, no es necesario el chaleco de fuerza.)

Jareth; aprovechando que todos, a excepción de Conrad, se marcharon a ver la obra de teatro; se manifestó en una habitación en ningún lugar y a la vez en todos. Allí no había más que luz y oscuridad, no más que día y noche conviviendo en perfecta armonía.

-Jareth, Rey Goblin; soberano de Labyrinth y del Underground; bienvenido.- habló una voz femenina procedente de todas partes. El monarca sonrió. A Ella siempre le gustaba llamarlo así; no sabía por qué; suponía que quizás le tenía cierta simpatía.

-Gracias. A ambos.

-Yo aún no he dicho nada, Rey Goblin.- su voz era más autoritaria; muy masculina y por ende, absolutamente lo contrario a la otra. Jareth no podía verlos; sólo los oía.

-Lo sé. Pero, presumo que si no dijiste nada es porque tampoco estás en contra de recibirme.

-Ya veo.- rió Él. -¿Qué te trae hoy aquí, Su Majestad? Hace tiempo que no nos visitabas.

-¿No lo sabes?- cuestionó fingiendo sorpresa.

-Me gusta oír tu voz.- fue la irónica respuesta.

-No seas así.- replicó la voz más suave. Jareth no pudo si no sonreír. Cada vez que venía a pedirles consejo o permiso Él se divertía jugando con su capacidad de contestar a sabiendas de que él, nunca le faltaría el respeto; y Ella siempre lo defendía.

-Él tiene una linda voz. ¿No lo has oído cantar?- se defendió Él. El Rey Goblin no pudo más que reír.

-¡Jamás creí que alguna vez me hicieras un elogio!

-Aún no terminé.- replicó con maldad aquel ser incorpóreo. -Si no me hubieras interrumpido, hubiera agregado que, sin embargo, hay muchos mejores que tú.

-Como siempre.- sonrió Jareth. La voz femenina resopló.

-Olvídalo, hijo; y haznos tu consulta.

-Yo… tengo dos mortales en mi mundo. Uno de ellos quiere que el otro regrese al Aboveground. Yo quiero concederle éste deseo pese a que ésta vez perdió el desafío.

-Muy bien, mi hijo.- habló él. -El que se va es a quién habías escogido para tu corona, ¿verdad?

-Sí.

-¿Qué tenías pensado pedir a cambio para satisfacernos? Sabes que debemos mantener el equilibrio. Cuando los tomaste, nacieron dos esperanzas en el Aboveground, al igual que aquí. Si uno de ellos se va quedará un vacío en ambos mundos. El vacío no es bueno. Tú lo sabes bien, después de su primer viaje.

-Yo… quiero que ella se quede a mi lado por siempre.

-Eso es muy bonito, querido mío,- dijo ella con un tono maternal. -Pero, aún queda inconcluso el hecho de que una vida que parte de aquí y se ocasionará un vacío en ambos mundos.

-Bueno, yo espero más de ella que sólo eso…- aclaró él.

-Entendemos.- habló el dúo y sus palabras repiquetearon con algarabía, como si estuvieran festejando alguna broma.

Sarah regresó del paseo con la familia real totalmente renovada. Había disfrutado mucho del espectáculo. Ella había esperado ver goblins actuando, pero, comprobó su error al ver que se trataban de feys. Alin le aclaró que no todos los feys pertenecían a la realeza, si bien no era una raza que gozara de mayoría dentro la población. La muchacha mortal encontró una compañía agradable en Alin, lo cual descubrió mucho después de que la hiciera sonrojar al cuestionarle de dónde había adquirido la hermosa corona de flores y que sonriera con satisfacción al sonsacarle quién era el responsable. Sarah jamás había hecho amigas en el Aboveground; pues, todas ellas parecían creer que ella tenía alguna enfermedad contagiosa o algo así. Alin era ingeniosa y amable. En unas de sus conversaciones, le confesó que de ser mortal, ella tendría unos cuatrocientos treinta y siete años, pese que su apariencia de diecisiete, pues, para su raza ella era una joven. Por lo que Sarah se asombró de que ya estuviere casada, y se asombró más cuando ésta le informó que ya hacía tres años feys de ello y que era muy feliz junto a su esposo.

-¡Wow! ¿Y tu hermano; es mayor que tú?- cuestionó cuando el carruaje ya casi llegaba al castillo.

-Aunque no lo paresca.- rieron ambas y los dos hombres sonrieron ante la morbosa respuesta de la mujer fey. -En tu mundo tendría unos cuatrocientos ochenta y ocho. Aquí unos diecinueve.

-Entonces…- murmuró Sarah. Alin se acercó a ella cubriéndose con una mano los labios.

-Mi primo es unos veintiocho años feys.- le aclaró en voz baja. La joven mortal se sonrojó.

-¡Yo no estaba pensando en eso!- mintió.

-¿No?- ya enderezada en su sitio cuestionó con fingida inocencia que no escapó a los ojos de Sarah.

-¡Por supuesto que no!- aseguró ofendida. -¿Cómo voy a estar pensando en…?- espió a los dos hombres sentados frente a ellas. Y se acercó a la otra como ésta hizo posteriormente y murmuró a su lado. -Él me tiene prisionera, aún sin un calabozo. ¿Por qué voy a estar ocupando mis pensamientos en él?

-Bueno,- contestó la casi rubia fey en igual tono sin dejar de sonreír -yo me encuentro en la misma situación con Gontran, y todos mis pensamientos se ocupan de él.

-¡Es diferente!- protestó tenaz.

-Si tú lo dices…- dijo ella con fingido desinterés y luego regresó a la carga. -¿Entonces, en qué estabas pensando?

-Sólo me preguntaba qué edad tiene tu esposo si te casaste tan joven. Y la de tu padre. Sólo por curiosidad.

-¡Oh, bueno! Gontran tiene unos veinticinco años feys, seiscientos cuarenta y dos de tu mundo; y mi padre unos mil cincuenta y cuatro años del Aboveground.

-Y allí deja de contarlos.- bromeó Erwin haciéndolos reír.

-¡Oh, vamos, padre! ¡Tú aún eres un hombre joven y muy atractivo!- Erwin sonrió. Ciertamente tenía un parecido a Jareth, sólo que su imagen era más cálida, y ambos ojos eran de color miel. -Aquí él apenas tiene unos cuarenta y uno, y es un hombre maduro, pero, aún joven, por más que él intente hacer creer lo contrario. Cada vez que asistimos a las fiestas todas las damas desean bailar con él. ¡Incluso las muchachas de nuestra edad!- esto último parecía fastidiarla.

-¡Oh, niña, me avergüenzas! ¡Eso no es tan así!- rió tratando de recomponerse de su hilaridad.

-¡Por supuesto que sí; tú eres un príncipe! ¡Tengo a Gontran de testigo! ¡Esas… jovencitas tratando de conquistarte como moscas en la miel! ¡Son unas desvergonzadas!- a ésta altura, Alin estaba tan indignada que hasta su esposo comenzó a reír.

-¡Lo siento, cariño!- adelantó su torso para besarla castamente. -Es que te ves muy graciosa cuando ves a esas cazafortunas tras tu padre. Y por cierto que soy testigo.

-Tan graciosa como cuando alguna dama ligera pretende arrebatarle su amado esposo.- agregó Erwin con una sonrisa.

-¡¿Pero…?!- la muchacha se indignó. -¡¿Los oyes, Lady Sarah?! ¡Son unos mal agradecidos! ¡Una se desvive por ellos y ellos se te burlan en la cara!

-¡Oh, vamos, no seas dramática!- Gontran la tomó de las manos y besó a ambas. -Sabes que eres el reposo de mi alma.- Alin era capaz de perdonarle todo con frases como esa, especialmente porque conocía bien que no eran dichas al azar.

Sarah disfrutaba de ésta relajada escena familiar. Apenas podía creer que Jareth, ¡el Rey Goblin!, se autocorrigió, tuviera unos parientes tan amables que no se le parecían en nada.

En el castillo, Twig aguardaba a Lady Sarah en el dormitorio correspondiente. Ni bien la muchacha ingresó a la residencia, uno de los sirvientes que salieron a ayudarles a descender del vehículo, dio avisó que Twig permanecía en su alcoba. Sarah le agradeció con cordialidad y se disculpó con sus compañeros de paseo para dirigirse a su estancia.

Camino allí, no supo nada sobre el poderoso Rey Goblin. ¿Qué estaría tramando? Suspiró pesadamente tratando de evocar la confianza que había prometido depositar en su persona.

Twig le sonrió con la misma gentileza de siempre y con la entrada del cuarto de baño abierta.

-Buenas tardes, Lady Sarah. ¿Disfrutó del paseo?

-¡Oh, sí! Ellos son muy cordiales. La he pasado muy bien, especialmente con Lady Alin. Ella es muy agradable.- se quitó la corona de flores de su cabellos y la acercó a su rostro. ¡Exquisitas! Aún conservaban su fragancia. -¿Twig, hay manera de prolongar la vida de éstas flores?

-¿Se refiere a un hechizo?- cuestionó.

-¿Hay alguno?- cuestionó sorprendida. -Yo pensaba algo más sencillo como agua fresca.

-Pues…,- comenzó a ayudarla a quitarse el vestido -seguramente Su Majestad conoce alguno para ello.

-Oh…- pareció desilusionada. -Yo… no quiero pedírselo a él, Twig.

-¿Por qué no? Él cumplirá complacido cualquier cosa que usted le pida, My Lady.

-Sí; a cambio de algo.- rezongó Sarah.

-Entonces, sólo nos queda el agua.- suspiró la goblin con resignación. -Y hablando de eso, su baño está listo.- La mortal fue hacia el siguiente recinto.

-Gracias, Twig. No sé qué haría aquí sin ti.- la goblin rió con suavidad, entre tanto, acomodaba lo que su señora vestiría al salir.

-¡No exagere! ¡Estoy segura que encontraría mucho qué hacer sin mí!

-Eso no es verdad.- protestó la muchacha ya metida en la tina, y Twig fue junto a ella para ayudarle a lavarle el cabello. -Hay un montón de costumbres a seguir que yo desconozco; y tú estás siempre atenta a todo.

-Ese es mi trabajo.- se defendió con una sonrisa.

-Tú haces más que sólo tu trabajo. Eso me lo has demostrado desde el primer momento que entraste aquí.

-Ya, ya. Déjese de hablar tonterías y quédese quieta para que le enjabone su hermosa cabellera.- La chica sonrió; porque pudo notar la emoción en la voz de la goblin.

-¿Rojo?- cuestionó ante el espejo en un hermoso y sugestivo vestido de ese color. Parecía una princesa salida de un cuento. Sus hombros quedaban descubiertos y su pecho ligeramente levantado por el corset. Las mangas eran ajustadas hasta llegar a sus codos, donde nacían amplios y translúcidos volados que terminaban a medio camino de sus antebrazos. Su cabello fue sujeto hacia arriba, dejando unos pocos mechones cayendo graciosamente sobre su espalda y hombros junto con parte de las cintas plateadas que lo aferraban. -¿No es como… demasiado?

-¿Demasiado?- Twig cuestionó confundida.

-Es decir…,tengo quince. ¿No sería más… apropiado rosa, celeste o algo así?

-Oh, no, My Lady! Esos colores están bien por la mañana. Por la noche, debe usarse colores más brillantes.- le indicó que se sentara frente al tocador para poder ayudarle con el collar de diamantes.

-Pero…, anoche, durante el Ballroom mi vestido era blanco.- le recordó obedeciendo y admirando la luz que se reflejaba en las piedras que ahora se iban acomodando alrededor de su cuello.

-Sí, lo era. Pero, eso fue diferente. Era su primera vez en un Ballroom y usted es una joven soltera.- terminó de ajustar el broche del adorno. -Hoy no se presentará ante toda esa gente, nada de formalidad. La de ésta noche es una cena íntima; entonces, la formalidad queda a un lado.- la observó a los ojos a través del espejo.

-Pero, en realidad, era mi segunda vez en un Ballroom.- le quiso hacer ver la joven.

-La otra vez usted sólo estuvo de paso, My Lady. Si usted se hubiere quedado, entonces, podría decir que fue su primer Ballroom. Usted no estuvo en aquella cena y no permaneció más que el tiempo suficiente para una danza con Su Majestad; entonces, allí no hubo verdaderamente una permanencia como para decir que fue su primer baile.- Twig rió con picardía. Mientras, le alcanzaba los zarcillos que hacían juego con el collar. -Es como con las doncellas; no dejan de serlo por permitir que un caballero las bese, sino por permanecer más allá de ese beso. ¿No cree?- Sarah se incomodó.

-¿Te refieres literalmente a… no ser… doncella?- eligió la palabra por qué le daba cierta pena hablar de ese tipo de cosas, especialmente después de que él se había atrevido a besarla de aquella forma.

-Exacto. Un beso no las hace menos 'casaderas.' Si pasan más allá del tiempo que puede llevar un beso, entonces, ya no se puede asegurar que sean 'casaderas.'- Sarah continuaba perturbada.

-Y…, ¿yo soy considerada casadera?- indagó preocupada.

-¡Por supuesto que usted es casadera!- volvió a reír como si lo que la muchacha preguntara fuera más que absurdo. -¿Por qué lo pregunta?

-Bueno…, es que… como el Rey Goblin pasa mucho tiempo conmigo… a solas…- y pronto se corrigió sonrojada. -¡Pero, eso no significa que nosotros…; quiero decir que él… que yo…!- Twig rió por lo bajo con gran soltura.

-¡Calma, My Lady! No hay nada de qué preocuparse allí, mi querida. Él es un caballero y jamás haría nada que la degradara de esa manera. Y mire que es un joven que ha sido fervientemente perseguido por las damas, y aún hoy lo es.

-Oh.- hubo una pausa de palabra y movimiento, quedando uno de los aros aún en la mano de la joven mortal. -¿Y… ha tenido muchas damas en su vida?

-Sí; si se las puede llamar así…- murmuró la goblin. -Sólo una pudo haber llegado a ser su esposa. Pero, finalmente, ella se decidió por alguien más cercano a sus pretensiones y lo abandonó. Por lo menos, fue sincera y aguardó a romper su relación antes de echarse a los brazos de otro.

-¿Ella…?

-Ella se casó con ese otro, y falleció al dar a luz a un niño. Una verdadera pena, tan joven como era.- se lamentó Twig. -Mas, tampoco hay nada por qué desvelarse allí. Su Majestad pronto aceptó su decisión y finalmente se convenció de que esa no era la mujer para él.

-¿Él… tiene debilidad por las mujeres?- Twig volvió a sonreír con esa expresión maternal.

-Casi tanta como cualquier hombre. Pero, no es un mujeriego; si es eso lo que quiere saber.

-No… Yo… sólo deseaba continuar charlando contigo. No me interesa en lo absoluto lo que Rey Goblin haga de su vida.- llevó el otro pendiente al lóbulo correspondiente.

-Eso es una pena, My Lady. Él necesita que se interesen.

-Pues, que se interesen otros. Yo no.- dijo porfiada. Minutos más tarde, se oyó que alguien llamaba a la puerta que pronto fue atendida por Twig.

-Su Majestad está aguardando a Lady Sarah en el jardín. Si My Lady está lista, yo tendré el honor de escoltarla hasta dónde Su Majestad.- anunció el guardia personal del rey. Twig observó a la muchacha que se dio un último repaso frente al espejo.

-Sí. Ya estoy.- anunció ella y se dirigió hacia la criada. -Nuevamente gracias, Twig.

-En absoluto.- habló con dulzura. -Y…, Lady Sarah, por favor, no se deje llevar por meros prejuicios. Sarah sorprendió a la goblin con una sonrisa y un beso en la mejilla.

-Twig, estoy tratando, pero, no es fácil.- se dirigió al goblin masculino. -¿Vamos?

-Cuando guste, My Lady. Por favor, sígame.

Ni bien Sarah estuvo en el jardín, pudo divisar al monarca. Ella sintió que su corazón se aceleró al verlo ataviado impecablemente de negro haciendo que su cabello se destacara aún más a la luz de la luna y de los pocos faroles en su entorno. El cuello de la camisa tenía forma de 'V' dejando su pálido pecho totalmente al descubierto, en medio de éste, su resplandeciente medallón que daba a entender su cargo. El frente del oscuro chaleco se ajustaba debajo de éste como si fuera su piel, haciéndolo ver aún más espigado. La capa sobre sus hombros era lo único que le daba un toque de color con su interior azul, siendo la misma que había usado cuando se apareció las dos veces en su habitación terrestre.

Él se aproximó con una lentitud y gracia felina. Sus ojos fijos en ella haciéndola sentir otra vez esa absurda sensación de ser un ser diminuto a punto de ser devorado por una enorme bestia.

-Su Majestad.- el guardia se inclinó frente a su señor.

-Gracias, Scary. Puedes retirarte.

-Sí, My Lord. Gracias, My Lord.- sin más se pegó la vuelta y los dejó a solas. Sarah lo vio pasar a su lado con cierta preocupación, por nada del mundo deseaba quedarse sola con el Rey Goblin. Él la observó con curiosidad y sonrió para sí. Sarah reunió coraje pensando que en la mesa seguramente estaría el resto de la familia, entonces, no tenía por qué perturbarse.

-¿Sarah?- la nombró logrando sacarla de sus pensamientos y que enfrentara sus ojos. Extendió una mano enguantada y ella puso la suya sobre ésta. Él llevó la mano a sus labios que se posaron cálidos sobre su piel, sus ojos volvieron a los de ella, tras unos segundos, él se incorporó para acercarse más. -Ésta noche luces encantadora, cosa preciosa.- su voz expresó su complacencia ante la visión frente a sí.

-G-gracias.

-Espero que tengas apetito.- cambió de tema para no incomodarla ofreciéndole ahora su brazo.

-Sí; lo tengo.- aceptó su guía y comenzaron a caminar con la misma serenidad que por la mañana.

-¿Y… qué tal la obra de teatro?- indagó en tanto avanzaban.

-¡Oh, muy buena! Pensé que me encontraría con toda una agrupación de goblins; pero, resultaron ser feys.- Jareth rió con franqueza.

-¿En verdad te imaginaste a los goblins llevando adelante una obra?- cuestionó divertido.

-Bueno…, por ejemplo, Twig es muy inteligente. ¿Acaso no podría ella actuar en una?

-Twig es una maravillosa goblin, y sí, es muy inteligente. Dentro de los goblins hay diferencias. Si bien, habrás notado mis guardias más cercanos, algunos de mis sirvientes, así como Twig hablan y piensan correctamente; incluso, sus estaturas son superiores a las de la mayoría, pero, son los menos. Ellos son mestizos. Los goblins puros son aquellos que conociste en tu primer viaje; pueden ser simpáticos, pero, no les pidas demasiado. ¿Crees que sobreviviría una puesta en escena con ellos?- la miró jocoso. Ella parecía calcularlo. -¿Sarah,- la nombró con jovial preocupación -acaso no recuerdas tu primer arribo a Goblin City? Allí no había nadie como Scary, ni como Twig.- Pues, jamás le hubiere enviado un verdadero ataque; él deseaba vérselas a solas con ella, enfrentarla y ofrecerle sus sueños.

-Tienes razón.- sonrió ella imaginándose a los goblins destruyendo un escenario. -El escenario quedaría como tu sala del trono.- Jareth rió por lo bajo. Cada vez más próximos de donde se desarrollaría la cena.

-Vas comprendiendo.