Ambos nos miramos sin decir nada por más de un minuto, él me miraba sorprendido intentando decir algo, mientras yo lo miraba con burla.
— ¿Piensas quedarte ahí parado todo el día o vas a subir? —le pregunté como si nada al pelinegro haciendo que Tom sonriera negando.
— ¿Qué haces aquí? —Preguntó antes de entrar al ascensor—. Supe que habías superado el tiempo de prueba, por lo que no entiendo porque estás en el ministerio…
— Yo la traje Potter— intervino Tom haciendo que Potter lo mirara con desprecio. Aun sin él saber quién era, el odio mutuo no podía esconderse, haciéndome preguntarme que hacía el niño que vivió, aun vivo.
— Rossgreen— soltó el chico sin dejar de mirarlo con desprecio—. No tenemos permitido traer invitados al ministerio, y menos ex-carcelarias—le dijo con autoridad pero Tom ni parpadeó, de hecho podía casi jurar que lo miraba con burla.
— Puedo traer a quien me plazca Potter— le dijo como si nada antes de abrirse el ascensor y todos salir de este—. Pero si tienes algún problema, puedes hablar con el ministro— soltó al salir antes de Potter mirarle con desprecio y desaparecer.
— ¿Qué fue eso? —no pude evitar preguntar haciéndolo sonreír antes de tomar mi mano y también desaparecernos. Nos reaparecimos en la mansión la cual estaba más llena de mortífagos que ayer, pasillando, saliendo y entrando de esta—. Soy yo o hay más personas en esta casa…—no pude evitar mencionar mientras caminábamos al comedor y los mortífagos que llegaban a vernos o se cruzaban con nosotros, bajaban la mirada y hacía una inclinación para luego proseguir con su camino.
— Este es uno de mis cuarteles principales— solo dijo como si eso explicara todo—. Solo ayer no habían tantos mortífagos, debido a tu llegada y la reunión…—agregó antes de yo asentir y él abrirme la puerta del comedor, el cual estaba ya montado con toda la comida puesta, pero sin nadie dentro—. Por eso no quería dejarte aquí sola…
— No soy una niña a la cual debes vigilar…—comenté al sentarme en el comedor y él a mi lado—. Sobre Potter…—saqué de nuevo el tema.
— No confía en mí, lo cual no es extraño— explicó como si nada—. Además está el asunto de la confianza que me tiene el ministro…—agregó haciéndome reír—. Eso hará mucho más fácil apoderarme del ministerio…
— ¿Por qué el niño sigue vivo? —no pude evitar preguntar al comenzar a comer.
— No es una amenaza, y su muerte habría llamado la atención, algo de lo que no podía darme lujo— respondió como si nada—. Pero en cuanto me apodere del ministerio será el primero en caer, ese niño me debe muchas…—soltó con malicia siendo el Tom Riddle que conozco.
— ¿Cuántos cuarteles tienes? —pregunté cambiando el tema, queriendo integrarme más a sus planes.
— No es necesario que lo sepas— contestó de inmediato entre bocados, por lo que miré incrédulamente.
— ¿No confías en mí? —pregunté rápidamente dejando mis cubiertos a un lado, pero solo sonrió de lado.
— No quiero verte involucrada en esto Hydra— solo dijo con suma seriedad—. Sabes perfectamente como trabajo, muertes, torturas, violaciones, lo necesario para obtener el poder— explicó brevemente teniendo razón pero sin aun entender su punto.
— Claro que lo sé, tengo las manos manchadas por inocente, pero no entiendo…
— Usaste parte de tu vida para recompensar esas muertes—dijo serio casi como si le desagradara la idea, y estaba segura que lo hacía, solo que se contenía de decirlo—. Por lo que sí confió en ti Hydra, pero dudo que estés capacitada para producir o ver el dolor de otros…—soltó de golpe antes de continuar comiendo.
De eso se trataba. Me creía débil, creía que tanto tiempo fuera de juego, y mi falta de cooperación en la última guerra, me habían hecho débil. Y si me hubiera dicho esto mismo hace tres años le hubiera dado la razón, pero luego de tantos años de cautiverio, años solo con mi conciencia, me habían cambiado…
— Me crees débil— solté de golpe sin él inmutarse.
— Débil no Hydra, nunca has sido débil, pero si te has vuelto compasiva— me aclaró de inmediato—. Pero no me importa amor…
— Quiero demostrarte lo contrario— le interrumpí haciendo que al fin alzara la mirada, y dejara de comer.
— No es necesario que lo hagas, aun te amo Hydra, eres valiosa para mí…—me dijo antes de colocar su mano en mi mejilla y acariciarla.
— Nunca lo he dudado, pero quiero demostrarte que puedo serte útil— dije sin dudarlo—. Eres lord Voldemort, y si estoy a tu lado debo imponer miedo, no mostrarme débil, hacerlo sería una estupidez…— solté sin miedo haciéndolo sonreír.
— Sabía que Azkaban iba a cambiarte…—soltó antes de besarme, y yo cortarle el beso para mirarlo extrañada.
— ¿Qué? —pregunté pidiendo internamente que no sea lo que estaba pensando.
— El tiempo en cautiverio, tanto tiempo con solo tus pensamientos, iban a devolverme a mi Hydra…—respondió lo que me temía.
— ¿Lo hiciste a apropósito? —Pregunté furiosa parándome de inmediato, intentando procesar lo que decía—. Dejaste que me pudriera en ese infierno por tres años, solo para que cambiara…— solté incrédulamente antes de negar y pensar en miles de razones—. No, ese era tu castigo, ¿cierto?, por haberte traicionado, por haber fingido mi muerte, por haberme puesto de parte de Dumbledore, por no haberte entregado yo misma a Potter…— enumeré cada uno de mis fallos.
— Hydra cálmate— dijo parándose de la silla para acercarse a mí, por lo que retrocedí negando.
— Eres un maldito, sabía que no perdonabas tan fácil…—solté negando siguiendo retrocediendo hasta llegar a chocar contra la pared, y él llegar hasta a mí.
— No lo hice apropósito, ¿sí? —soltó de golpe al poner su mano en mi mejilla por lo negué—. Podría haberte sacado desde el principio, pero ayudándote a escapar, eso habría alejado a tu familia de ti— comenzó a explicar con suma tranquilidad—. Sabía que te iba a cambiar estar allí, pero jamás te haría sufrir, creí que ya lo sabías…
— Lo hiciste varias veces en el pasado— no pude evitar mencionar antes de él besarme.
— No sabía entonces lo mucho que me importabas…—dijo entre besos—. No es necesario que me pruebe nada, tengo muchos a mis servicios…
— No me importa—solté sonriendo encima de sus labios—. Quiero saber todo sobre tus planes, y verme digna de estar a tu lado…—le dije antes de besarlo y él poner sus manos en mi cintura…—. Es lo que quiero Tom, podré con ello— agregué antes de que pudiera contradecirme.
— Si no puedes con ello, lo dejarás de inmediato…—solo dijo antes de apartarse de mí y volver a caminar a la mesa y sentarse—. Son solo cinco cuarteles principales, unos cincuenta y siete generales, por todo el mundo, algunos más grandes que otro, entregados solo a mis más leales súbditos…—comenzó a explicarme por lo que senté a su lado.
— ¿Cuántos tienes a tu servicio? —no pude evitar preguntar.
— No tengo idea, cada día se unen nuevos súbditos, y mueren los que no dan la talla— respondió con suma tranquilidad, por lo que asentí, aunque no podía dejar de pensar en aquellos que morían por la causa…
— ¿Quiénes los entrenan, y cómo? —pregunté haciéndolo sonreír.
— Eso ya lo sabes— respondió teniendo razón, después de todo yo misma había sido entrenada así—. Pero sabes que no es lo más importante, de hecho sabes perfectamente bien como trabajo…
— Torturas, entrenamientos, asesinatos… lo normal— respondí sin evitar reír—. Bien, no es algo que no haya hecho antes…
— ¿Estás segura de esto? —preguntó preocupado aun por mí.
— Sí, solo dime qué hacer y lo haré— le respondí con seguridad.
— Aun debo regresar al ministerio, le diré a Lucius que te lleve con él…— soltó levantándose de la mesa para luego caminar hacia la puerta y yo seguirle.
— ¿Ya confías en él? —pregunté con burla antes de sonreírme y sacar su varita para seguro llamarlo. Y efectivamente así era, no tardó en aparecer delante de nosotros.
— Llamó mi señor— le saludó inclinándose con respeto.
— Lleva a Hydra contigo— le indicó sin inmutarse—. Y se llega a pasarle algo…
— Deja de asustarlo…—le reclamé rodando los ojos antes de ver a Lu—. Vamos…—le dije sonriendo antes de él asentir y ver a Tom.
— Puedes retirarte— le dijo Tom antes de yo poner la mano en el hombro de Lucius y desaparecernos.
Reaparecimos delante de una mansión en medio de la noche, a la cual caminamos sin decir nada. Al entrar habían varios encapuchados con mascaras blancas, indicándome que eran mortífagos, todos lo miraban con respeto.
— Rockblack— llamó antes de uno de los enmascarados acercarse a nosotros, y verme.
— ¿Otra prisionera Malfoy? —le preguntó con cierta malicia haciéndome casi reír.
— Más respeto…—soltó de inmediato Lu antes de yo negar y caminar hacía el hombre.
— ¿Cuál es tu nombre?, quiero saber a quién debo hacerle la tumba…—le pregunté antes de sacar la varita que me había dado Tom y apuntarle.
— ¿Le dejaste la varita? —preguntó el hombre antes de yo apuntarle a su máscara y destrozarla, dejando ver a un hombre castaño treintón.
— La próxima no seré tan benevolente— le advertí haciendo que me viera extrañado.
— ¿Quién es? —preguntó con más respeto que antes haciéndome sonreír.
— Es tu ama, idiota, Hydra Black— le respondió antes del hombre verme asustado y arrodillarse de inmediato.
— Le ruego que me perdone mi señora— se disculpó con notable miedo.
— Levántate idiota, tienes suerte de que no te mate— le dije antes de él pararse.
— Gracias mi señora le…—soltó antes de alzar la mano para que se calle.
— No tengo tiempo para esto, ¿Qué es lo que hacen aquí Lu? —le pregunté al rubio antes de él verme algo asustado.
— Capturar a los rebeldes, a los que se niegan a seguir al señor tenebroso— respondió antes de yo asentir—. Y a los sangres sucias…
— Sigue con la purificación de sangre— no pude evitar preguntar antes de ver al castaño—. ¿Dónde están los prisioneros?, necesito algo especial de ellos…—le dije sonriendo con malicia, con una sola meta en mi cabeza, que me teman.
