Capitulo 12.
Quedando solo dos días para que finalizara el plazo, los tres cazadores estaban de regreso en casa de Bobby. El viejo cazador realizo el ritual con la sangre que Sam había conseguido de Eliot, aunque no tuvo los resultados que, al menos uno de ellos, esperaba…
- ¿Ya esta?
- Ya esta.
- ¿Seguro?
- Segurísimo, Dean.
Dean se miro las manos, que seguían pareciendo garras y le dedico a Bobby una mueca de incredulidad.
- No es por dudar de ti, Bobby, pero a mi me parece que esto no ha funcionado para nada. – el viejo gruño.
- No seas tonto, Dean. No vas a cambiar así a lo bestia. Los cambios iran como vinieron, poco a poco.
- Pues vaya mierda. – refunfuño.
- Dean… - le regaño el hombre mayor.
- Si. Ya. Voy a… - los otros dos cazadores le vieron dirigirse a la escalera, apesadumbrado. – Voy a… darme una ducha, si. – Sam suspiro, cuando salio y miro a su amigo, que recogía las cosas que había estado usando para el ritual.
- Uh… ¿Bobby? Te quería hacer una pregunta…
- Dispara. – el pequeño se removió en el sitio, incomodo.
- Eso de que Dean fuera a buscar al bicho y que se portara tan dócil con él… ¿es normal? – Bobby soltó una risita.
- Totalmente.
- ¿Si?
- Mira, Sam. Por lo que pude leer en el manuscrito sobre esos bichos, el mordisco es una marca de pareja, a parte de ser su manera de trasformar a otros como ellos. El mordido acaba regresando a buscar al que le creo, manso como un corderito. Nadie lo puede resistir. Incluso alguien como tu hermano.
- Supongo… - Bobby suspiro, mientras colocaba los libros que había usado en la estantería.
- Seria mejor que fueras y convencieras de eso al cabezota de tu hermano. Seguro que se estará arriba mortificándose por eso. – Sam rió por lo bajo. – En vez de Winchester os deberíais apellidar Mártires, en serio.
- Vale… ya voy… que exagerado. – el pequeño salio de la biblioteca riendo aun, ahora más tranquilo.
No es que desconfiara de Dean y lo que sentía, pero tampoco mostró interés en él antes de convertirse y claro… ya le daba a uno por pensar cosas raras. Pero si Dean solo se comporto así con Eliot por la marca, la cosa cambiaba bastante. Si, era un inseguro, no podía evitarlo.
Entro a su habitación, dispuesto a hablar con su hermano sobre el tema. Iba a hablar, de verdad de la buena, pero no esperaba encontrarse con Dean sentado en su cama, con la camiseta en las manos, descalzo, los vaqueros desabrochados y cara de pena. A ver… ¿así quien pensaba en hablar?
Ni quiso ni pudo evitarlo. Fue verlo así y entrarle unas ganas locas de quitarle esa pena a base de besos. Avanzo silenciosamente por la habitación y se arrodillo frente a él para besarle, cogiéndole el rostro con suavidad.
Dean jadeo sorprendido. No le había oído entrar y, desde luego, no se esperaba el beso.
- Hola. – susurro Sam sonriendo cuando se rompió el beso. Dean le devolvió la sonrisa, pero más triste.
- Hola.
- ¿A que viene esa cara tan larga? – el mayor chasqueo la lengua, disgustado.
- ¡No empieces con el consultorio sentimental, Samantha! – gruño. Sam frunció el ceño.
- ¡Empezare con lo que me salga de los cojones, Dean! ¡Joder, que para algo eres mi hermano! ¡Deja de ser tan burro! – el otro rió por lo bajo.
- Tranquilo, tigre, que no me pasa nada.
- El día que te entierren, van a poner en tu lapida "Dean Winchester, no le paso nada". – bufo Sam, cruzándose de brazos y sacándole al mayor otra risa.
- No. Pondrán "Dean Winchester, él si que sabia echar un polvo". – ambos soltaron una carcajada, más relajados. Sam le acaricio la mejilla, mirándole con dulzura.
- No, en serio, ¿que te pasa? No estarás preocupado por lo del bicho, ¿verdad? Porque he hablado con Bobby y dice que era inevitable que le buscaras.
- Ya, pero… ¿Por qué me siento como si te hubiera traicionado entonces? – el pequeño soltó un sonoro suspiro y se sentó a su lado, en la cama.
- No me traicionaste. Hiciste lo que te pedía el instinto, Dean. No podías evitarlo. Así es como funciona esa raza.
- Pero… - Sam le silencio, poniendo un dedo en sus labios.
- Nada de peros. Vamos a pensar, solamente, en que en unos días estarás normal otra vez y que tenemos suerte de que no terminara de marcarte. – fue un segundo. Solo un segundo en que Sam pudo ver perfectamente ese brillo extraño en los ojos de su hermano. Y eso, en Dean, solía significar una cosa. Se le había ocurrido una estupidez o una locura. - ¿Qué?
- Hazlo tú.
- ¿Qué? ¿Qué haga que? – le pregunto totalmente perdido. Dean se acerco más y le beso suavecito en los labios.
- Hazlo tú. Quiero que me marques tú. – Vale. Una locura.
Al pequeño se le bajo de golpe toda la sangre a la entrepierna. Solo de recordar a su hermano en la misma postura dócil y sumisa que tomo con Eliot, pero en esa ocasión con él… es que era demasiado. Se le tuvo que freír algo en el cerebro solo de pensarlo, porque lo único que le salían eran balbuceos sin sentido.
- ¿Qué…? O sea… que tu… no me estas… - Dean soltó una risita divertido y le volvió a besar, esta vez con más intensidad. Luego se separo, ronroneando y se tumbo en la cama, sin dejar de mirarle.
- Ven aquí, Sammy.
Por primera vez en su vida, Sam obedeció una orden a la primera y sin discutir. Se subió al colchón, gateando hasta quedar casi encima de su hermano, con los ojos llenos de deseo.
Pero Dean no se lo iba a poner fácil. La parte de gato que aun mantenía en su mente le decía que tenía que ganárselo primero. Así que, cuando se acerco para besarle, le siseo y trato de darle un zarpazo en toda la cara. Por suerte, el pequeño poseía buenos reflejos y lo esquivo, agarrándole la mano y pegándosela al colchón.
Dean volvió a intentarlo con la izquierda, con el mismo resultado. Sam le tenia sujeto de ambas manos, mirándole con el ceño fruncido, como advirtiéndole que ni de broma volviera a intentarlo. El mayor se dejo besar, ronroneando de nuevo, disfrutando del beso y del calor del cuerpo de su hermano pegado a él.
Dejo de sujetarle cuando pensó que ya no le intentaría atacar más. Si no hubiera sido testigo de lo que paso entre Dean y Eliot antes, habría pensado que su hermano no quería, pero por lo visto tenia que hacerse el difícil. Por él no había problema, le excitaba mucho eso de tener que someter al mayor.
Recorrió el cuerpo debajo suya con las manos, despacio y acariciando, tirando de sus vaqueros para tocarle mejor y sacándole más de un gemido cuando por fin le toco sin nada que se interpusiera.
Dean se arqueo bajo su toque, buscando más contacto, arañándole la espalda con las garras y mordiéndole en el hombro para ahogar un maullido de placer. Algo dentro de Sam se removió al sentir ese mordisco. Con los ojos oscurecidos por la excitación, le obligo a darse la vuelta, dejándole expuesto para él.
No perdió el tiempo en preliminares. Se introdujo en él, despacio pero sin dar tregua, hasta enfundarse entero. Le cogio de la cadera para poder alzarle y empezó a masturbarle al ritmo de sus embestidas.
- Sam… - gimió Dean, cuando el pequeño le lamió la espalda. – ¡Hazlo ahora!
El pequeño no se hizo de rogar. Pego el pecho a su espalda y le mordió en la nuca fuerte, hasta notar el sabor de la sangre en la boca. Dean soltó un gemido lastimero de dolor, pero no se aparto. Solo bajo más la cabeza para darle mejor acceso a su cuello y ronroneo cuando le lamió el mordisco.
Sam cayó sobre él como un peso muerto cuando terminaron, jadeando y tratando de recuperar el aliento, aplastándole. Tuvo que darle un buen par de codazos en las costillas para conseguir que se quitara y le dejara respirar.
- ¿Estas bien? – y ahí estaba otra vez el consultorio sentimental. Dean le miro haciendo una mueca, tocándose la nuca.
- Sobreviviré.
- Uh… ¿te ha dolido mucho? – le pregunto preocupado. El mayor le sonrió.
- Nah… - Sam se le acerco, besándole juguetón.
- ¿Eso significa que ahora eres mío? – Dean rodó los ojos, pero no pudo evitar sonrojarse.
- ¡No seas ñoño, Sam!
- Oye, ¿en serio no te puedes quedar con el rabo? Estas tannnn sexy con el…
- En serio, Sam… ¡Vete a la mierda!
Continuara...
