Hola lectores ¿Cómo han estado? He vuelto con la actualización de este capitulo que por lo visto, les ha gustado bastante el el final del capitulo anterior.

Quería agradecerles los comentarios a Jackel, a Melissa, a Mara1451 y a Solitario196.


La leña de la hoguera seguía emanando chasquidos al sobre calentarse. El fuego seguía vivo. Y como desde hacia unas horas, Luffy le seguía enseñando a Nami aquellas palabras clave que debía aprender para comunicarse en aquellas tierras.

- Tengo hambre

- Tengo hambre – Soltó un gritito emocionada cuando oyó su perfecta pronunciación.

- Di eso cuando quieras comer – Le comentó con una sonrisa – Y alguien solucionara tu hambruna

- Esto esa siendo más fácil de lo que esperaba – Dijo orgullosa.

- Prueba con esto. Dame un beso – Soltó una gran sonrisa juguetona.

- Dame un… - Repitió inocente - … beso

El morocho soltó una gran carcajada pero antes de que la mujer pudiera replicar, incrustó sus labios en los suyos. El beso duró pocos segundos pero los suficientes como para sonrojar a la pelinaranja.

- ¡¿Qué demonios haces?! – Preguntó de un grito.

- Tu me lo pediste

- Yo no te pedí nada – Soltó un bufido.

- Claro que si, repite lo que dijiste – Le pidió amistosamente.

- Dame un beso – Dijo con duda.

Una vez más, poseyó sus labios con dulzura. Pero esta vez se dejó llevar. La mujer correspondió a aquel gesto, e incluso, lo subió de nivel, permitiéndole jugar con su lengua. No se separaron tan rápido, más bien, se dejaron llevar por aquel momento. La pelinaranja sintió ciertas cosquillas en el estómago a medida que el tiempo pasaba y tuvo la necesidad de cerrar su ojos para poder experimentar aquella sensación a través de los sentidos. Sintió el calor de sus labios, la humedad de su boca, notó como su piel se erizaba bajo la delgada capa de tela blanca. Y por raro que pareciera, nunca había tenido esa sensación. La necesidad de querer acercar su cuerpo al del hombre, jamás la había manifestado.

Todo iba bien. Sintió la mano del morocho rozando su cuello, pero todo cambió cuando alguien la empujó hacía atrás, obligandolos a separarse. Ambos abrieron los ojos y contemplaron a la persona que tenían junto a ellos. Margareth se encontraba de pie, con el ceño fruncido y los ojos clavados en Luffy. Éste la contempló por unos segundos y luego se puso de pie.

- Yo sabía que estabas con ella - Comentó entre dientes.

- ¿Qué hace aquí? - El morocho contempló más allá de la rubia.

Todo la tribu se había movilizado hasta las despobladas playas de su tierra. Hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños yacían de pie entre la maleza, contemplándolos serio, atónitos e recelosos.

- ¿Qué esta pasando aquí? - Preguntó nuevamente al notar que la mujer no respondía su pregunta.

(...)

Ambos voltearon al unísono y sus ojos se abrieron de par en par. Ace jamás se imaginó que Bonney pudiese encontrar aquel sitio y, mucho menos, que justo se le diera por explorar el terreno cuando él se encontraba en aquella situación tan comprometedora.

La peligrosa yacía al pie de la bajada, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Ambos jóvenes se separaron avergonzados.

- Puedo explicarlo – El morocho intentó calmar la tensión de la desagradable situación.

- No hace falta que expliques las cosas, ya he visto suficiente – Comentó gélida.

- ¿Cómo encontraste este lugar? – Todavía no terminaba de entender eso.

- Todos están fuera, Margareth convocó a todos para probar la infidelidad de su prometido. Jamás pensé que iba a encontrarme con esta situación – Le explicó sin la más mínima simpatía.

La pelirosa se acercó a ambos y luego de soltar un bufido, se agachó a levantar el extraño vestido blanco que llevaban aquellos conquistadores. Lo agarró con asco, por la punta de sus dedos. Lo examinó por unos segundos y volteó hacía la mujer.

- Eres una zorra - Le dijo.

Acto seguido, la tomó de sus cabellos purpuras y comenzó a arrastrarla hacía la salida de cueva. Nojiko tomó el brazo de la mujer con ambas manos, con la intención de que no jalara tanta y no le hiciera doler demasiado el cuero cabelludo, pero aún así, la arrastrada hacía arriba fue muy dolora. Mientras se alejaba hacía la oscuridad de la cueva, oyó la voz del morocho decir algo en su idioma nativo, pero su voz se fue haciendo cada vez más lejana, hasta que quedó tapada por el sonido del mar. Sintió la arena meterse entre los dedos del pie y el viento helado proveniente del océano, le erizó la piel desnuda de su espalda. Pudo distinguir la hoguera a lo lejos y como cada vez, la luz se hacía más grande y potente. La pelirosa la arrojó a la arena, junto al fuego. Sorprendiendo a todos los presentes en el momento que ella soltó un grito.

- ¿Pero qué...? - Alcanzó a preguntar Luffy mientras giraba su rostro unos 90°.

- ¡¿Nojiko?! - Exclamó Nami pasmada.

- ¿Ven lo que les dije? - Comentó la pelirosa mientras le arrojaba a la cabeza su extraño vestido blanco que había encontrado en el suelo de la cueva - Estos extraños están arruinando las normas impuestas por la sociedad -

- ¿De qué hablas? - Luffy se volteó hacía ella y serio, la contempló por unos segundos.

- Dejen de evadir sus obligaciones - Le dijo mientras fruncía el ceño - Es su deber - Tomó a la joven de cabellos purpuras por la muñeca y la sacudió bruscamente - Y estas extranjeras están arruinando todo -

- No eres nadie para tratarla así - El morocho mayor apareció, tomó a Bonney del brazo y la obligó a soltar a su presa - Deja de actuar como... -

La pelirosa le dio una sonora cachetada en la mejilla que dejó a todos atónitos. Un incómodo silencio invadió la imponente playa y solo el eco de las olas, resonó en el aire. Los nativos se contemplaron sorprendidos, sin saber que decir o pensar. Una mujer había golpeado al hombre que los gobernaba y por más que entendían la situación, eso era castigado por los Dioses.

- Tu eres el que tendrías que dejar de actuar como un niño - Murmuró antes pegar media vuelta y alejarse corriendo.

Ace quedó estático. Esas mismas palabras había pensado de Luffy. Él mismo se había trasformado en lo que le había pedido a su hermano que no fuera. Apoyó su mano en su mejilla y apenas acarició el golpe. Le ardía y sabía que estaba roja como el fuego. Respiró profundamente y alzó la mirada para poder contemplar a su pueblo, su gente.

- Quiero pedir una reunión de auditorio, ahora - Volteó hacía los más ancianos del la tribu - Es una emergencia -

Los hombres se miraron entre ellos y asintieron. Y cuando el morocho mayor comenzó a caminar, todos se abrieron paso. Ace caminó junto a las miradas acusadoras, perplejas y sorprendidas de todos los originarios. Se adentró al bosque y caminó, sabiendo que todos lo seguían pasos atrás. Tanto mujeres, como niños, ancianos y hombres se preguntaban que era lo que se iba a hablar en la reunión de auditorio. Aunque los participantes oficiales eran hombres mayores que habían vivido muchos años, el resto del pueblo estaba invitado a participar en pequeñas ocasiones y decisiones.

Arribaron al corazón de la tribu donde se encontraba el auditorio. Un pequeño anfiteatro hecho de piedras y arcilla. El morocho se sentó en el trono al que pertenecía al gobernador y el consejo se sentó en semicírculo frente a él. El resto se acomodó donde pudo. Todos se quedaron en silencio mientras esperaban que la palabra real saliera de sus labios.

- Quiero permitir la cancelación de los casamientos arreglados - El silencio en el aire le dio mala espina - ¿Por qué nuestros padres deben decidir con quien casarnos? - Contempló al sector femenino de la tribu - ¿Por qué el hombre debe escoger a su mujer? ¿Qué ustedes no tienen voz? -

- No quiero llevarle la contra pero estas tradiciones llevan años aquí y... - Comenzó uno de los ancianos.

- Sé lo que va a decir, me lo han repetido hasta machacarme la cabeza - Lo interrumpió - Y si no fuera por mi hermano, no me habría dado cuenta de lo estúpido que es ¿Esposar a alguien a quien no amas? ¿Qué sentido tiene? -

- La tradición es y siempre será la nuestra, unos extraños no pueden cambiarlo - Añadió otro hombre.

- Las cosas cambian... - Murmuró pensativo - Para que un matrimonio se concrete las dos partes tienen que estar de acuerdo -

- Tiene razón -

Una voz de entre la multitud, hizo que todos voltearan, curiosos por saber de quien se trataba. Ace levantó la mirada intentando averiguar de quien se trataba. Cuando divisó a la pelirosa de pie entre el gentío, su corazón se detuvo. La mirada de Bonney irradiaba seriedad y cansancio.

- Tiene razón ¿Qué sentido tiene? - Continuó al oír que todos se callaban para darle el habla - Casarse con alguien a quien no amas y quien no te ama, es ridículo - Volteó a observar a las otras mujeres - ¿No están cansadas que las elijan? ¿Sin saber si quiera como es ese hombre? - Las demás se miraron entre sí pero ninguna respondió - Yo voto por que sí, se cancelen todas esas cosas ridículas que mantenemos por costumbre -

El morocho alzó la mano justo después de que ella lo hiciera, se miraron a los ojos sin pestañear. Poco a poco, empezando por los más jóvenes, la multitud alzó sus manos. Los ojos de Ace se desviaron hacía la muchedumbre solo cuando notó que más de la mitad de los ciudadanos estaba apoyando su propuesta.

- Bien... - Dijo en voz alta - ¡Esta decidido! -

Muchos aplaudieron, otros se levantaron y se fueron, pero había una sensación extraña en la tribu. Las cosas estaban cambiando y fuera bueno o malo, nunca volverían a ser la misma etnia. El morocho se puso de pie y caminó hacía la que en algún momento habría sido su esposa, esquivó personas que le hablaban, le insultaban y se interponían entre ellos. Finalmente llegó, la contempló a los ojos serio.

- Entonces, esta decidido ¿Verdad? - Preguntó luego soltar un suspiro.

- Iré al norte, a ayudar al resto de las tribus - Murmuró cabizbaja - Tienes camino libre para casarte con quien quieras -

- ¿Estás segura de que eso es lo que quieres? -

- Partiré en cuanto salgo el sol -

La mujer pegó media vuelta y lo dejó solo entre el gentío.

(...)

Cuando todos los extraños desaparecieron para seguir su líder en lo que parecía ser una importante disputa, Nami corrió hacía donde se encontraba su hermana y la envolvió en sus brazos. Estiró una mano y tomó el delicado vestido que yacía desparramado en la arena, para cubrirle su cuerpo.

- ¿Qué sucedió? - Le preguntó.

- Oi, No ¿Estás bien? - El rubio se agachó a su lado y acarició sus cabellos con suavidad - ¿Qué es lo que pasó? -

- Yo... - La mujer se separó de los brazos de su hermana y contempló el suelo algo apenada - En verdad creí que había un lugar para mi -

Sabo abrió los ojos como platos y colocó sus dos manos en ambos hombros de la joven.

- ¿Te ha lastimado? - Preguntó mientras la miraba fijamente a los ojos, al ver que la mujer negaba con el rostro, soltó un suspiro - Tranquila -

Luffy dio un paso hacía el grupo y los contempló sin emitir palabras. ¿Qué podía decir? ¿Qué palabra de aliento podía decir en aquella situación? Admiró desde afuera el valor que poseían aquellos extraños como para apoyarse mutuamente a pesar de lo que la vida les obligaba a afrontar. Escuchó ciertos pasos detrás suyo pero al voltear no distinguió a nadie. Ajustó la mirada y caminó hacía la selva. Prestó atención a su alrededor intentando reconocer de donde venía el sonido.

- Aquella niña te ha quitado tus mayores reflejos - Volteó bruscamente al oír aquella voz pero no se sorprendió al encontrarse de pie junto a Margareth.

- ¿Qué ha pasado con Ace? - Preguntó serio. Tenía que saber que había sido de la asamblea de emergencia de su hermano.

- Todo ha ido en su favor - Dijo sin pestañear - Tal y como siempre... - Murmuró pensativa - Ya no hace falta esposar a quienes se tiene de prometido, ni tampoco ese tonto ritual de elección - Al ver la sonrisa del morocho, suspiró - Me iré al norte -

- ¡¿Qué?! - Alcanzó a soltar.

- Junto con Bonney, es... lo mejor -

- Pero... ¿Qué harás con tu vida aquí? - La tomó del ante brazo para que no huyera de sus palabras.

- ¿Vas a casarte conmigo? - Preguntó sin expresión alguna en su voz. Pero su no respuesta solo confirmo lo que pensaba - Entonces... ¿De qué vida estás hablando? -

La mano del joven se desprendió de su piel lentamente. Las cosas eran de ese modo. Luffy la contempló darse media vuelta y desaparecer entre la maleza. Tragó saliva pensativo. Se sentía algo culpable, él había sido la razón por la que Margareth abandonaría la tribu pero... Caminó hacía la playa dando pequeños pasos. Sentía cierta culpa pero... Alzó la mirada y contempló a aquella mujer de largos cabellos anaranjados sobre la arena. No había sido su culpa enamorarse de otra, no había sido una elección.

- ¿Luffy? - El morocho volteó para encontrarse con su hermano mayor.

- ¡Ace! - Dio un saltó y lo abrazó con fuerza - ¿Qué fue lo que pasó? -

- Las reglas cambiaron, eran viejas y ya estaban obsoletas - Soltó un bufido - Ahora quiero... - Alzó la mirada y contempló a todos los forasteros en la playa.

El mayor comenzó a caminar por la arena, acarreaba una gran bolsa de cuero consigo. Los cuatro extraños voltearon sorprendido y lo contemplaron en silencio. Él se arrimó lo suficiente y se agachó para poder tener los ojo de Nojiko a su misma altura.

- ¿Estás bien? - Le preguntó en su lengua.

- Si... - Murmuró desviando la mirada.

- Traje esto - Metió la mano en la bolsa y sacó unas cuantas pieles y telas - Son para ustedes. Ya son parte de nosotros -

(...)

Habían pasado unos meses de la primera vez que habían divisado tierra. Las cosas habían parecido perdidas en un momento pero todo se había acomodado lentamente. Ellos había aprendido a convivir en aquellas condiciones tan diferentes y el resto de la tribu los había aceptado rápidamente. Ya eran parte de ellos y ahora se sentían integrados en el equipo. De día cooperaban con varios deberes que tenía la tribu y por las noches, acampaban en la playa junto con los dos hermanos. Sus rutinarias vidas europeas habían tomado otro rumbo desde que habían arribado a aquellas tierras y lo extraño era que adoraban aquel rumbo que había tomado.

Nami se terminó de lavar el cabello en aquel pequeño río cuando notó cierta presencia en su espalda. Volteó bruscamente y al encontrarse a Luffy, soltó un pequeño grito. El muy idiota la había asustado, una vez más.

- ¿Qué es lo que quieres? - Preguntó con el ceño fruncido.

- ¿Qué? No te entiendo - Sonrió burlonamente mientras se alejaba actuando como un desentendido.

- Siempre haces lo mismo - Soltó un gran suspiro y puso los ojos en blanco - ¿Qué quieres? - Odiaba hablar en ese idioma, no podía pronunciarlo con naturalidad y parecía un gorila hablando.

- Quería verte - Se arrimó rápidamente a ella - No te encontraba y aquí estas -

- ¿Para qué querías verme? - Preguntó curiosa.

El morocho dio un paso adelante, la tomó de la mano y la apretó contra su cuerpo. Le dio un pequeño mordisco en su labio inferior obligandola a tener que separarlo de su cuerpo.

- ¿Es necesario que todas las mañanas hagas eso? - Preguntó con un sonoro bufido.

- Lo es, pero hoy te me escapaste aunque logré encontrarte - Dijo orgulloso mientras posaba sus ojos en los de ella.

- O quizás la que te encontró, fui yo... -

La mujer ser arrimó los suficiente a él y cruzó sus brazos por detrás de la nuca del hombre para cerrar sus labios en un poderoso beso que los entretuvo por unos minutos. El joven la apretó aun más contra su cuerpo, tenía la necesidad de no soltarla jamás. Simplemente, no podía. Había algo en su mente, en su cuerpo y en su pecho que no lo dejaba. Acarició su espalda con delicadeza, piel contra piel y notó como su brazo se erizaba, todavía le costaba creer lo suave que podía llegar a ser. Al separarse, apoyaron sus frentes y se contemplaron a los ojos por unos segundos.

- No te haces una idea de lo que te amo - Murmuró dejándola helada.

La pelinaranja dio un paso hacía atrás. No sabía que responder a eso. Había esperado toda la vida para poder sentir aquello, para poder estar de pie frente al hombre que se elegía para toda la vida. Pero ahora... Sentía ciertos nervios, no quería arruinar todo.

- Yo... también te amo - Desvió la mirada avergonzada.

Notó que de sus labios se iluminó una gran sonrisa. Pero en lo único que podía pensar era en aquella vez cuando apenas se habían conocido, cuando escalaron aquella inmensa montaña y durmieron uno al lado del otro. Sintió que sus mejillas se tornaban rosadas solo con los recuerdos. Llevó su mano a su rostro y colocó su cabello detrás de la oreja derecha. Con esa misma mano recorrió su cuello hasta llegar al áspero cuero que cubría su torso, su mano llegó hasta la zona en donde se amarraba la extraña prenda y comenzó a desajustarla con lentitud. Había llegado la hora, la hora de entregar una de las cosas más preciadas que poseen las mujeres. Ya le había entregado su alma, hacía mucho tiempo. Había llegado el momento de entregarle su cuerpo.

- Oi, ¿Qué estas...? -

No prestó atención a sus palabras, simplemente continuó con la mirada fija en sus ojos y concentrada en su labor. Logró quitarse la parte superior de sus prendas. Pero cuando intentó seguir por la parte de abajo, se detuvo. Desvió la mirada algo aturdida.

- No tienes que hacer eso si no quieres - Notó sus cálidos brazos envolviéndola y cuando quiso reaccionar ya se encontraba sumergida en un abraza.

- Pero yo... -

- Lo digo en serio. No necesito nada de esto para quererte - Se separó de ella y se agachó para poder juntar su ropa - Déjame ayudarte -

Pasó el cuero por detrás de su torso y lo amarró con una tiras de piel con fuerza. Hizo un pequeño moño con las dos tiras que le sobraban y la tomó por los hombros para luego darle un pequeño beso sonoro y rápido. Pero al ver que la mujer solo desviaba la mirada avergonzada, la tomó del mentón y atrajo sus ojos hacía él.

- No quiero que hagas cosas si no estas 100% segura - Susurró.

Antes de que la pelinaranja pudiera contestar, una fuerte campanada retumbó en todo el valle selvático. Ambos voltearon en dirección a la tribu y quedaron helados al oír los gritos lejanos de sus habitantes.

- ¿Qué fue eso? - Preguntó Nami en su idioma natal.

- Un ataque - Dijo serio.

El morocho la tomó de la mano y comenzaron a correr hacía la pequeña aldea donde llevaban viviendo por siglos. Esquivaron ramas, saltaron troncos y solo aceleraron la velocidad cuando los sonidos se hicieron más notorios. Pronto se encontraron de pie con la multitud. Las mujeres y los niños corrían y gritaban, los hombre tomaban sus armas y se preparaban para el ataque. Y los ancianos contemplaban con temor por sus vidas.

- ¡¿Qué esta pasando?! - Exclamó la mujer algo nerviosa.

- ¡Ven! ¡Tengo que encontrar a Ace! - Le comentó forzando su voz para que se escuchara.

Apretó su mano con mayor fuerza y comenzaron a caminar entre la desesperación de la gente. Esquivaron niños, empujaron hombre e incluso tuvieron que saltar y esquivar carretillas llenas de comida y cosas. Empujó a unos cuantos hombres listos para el ataque y tuvo que pasar entre otros para poder llegar donde se encontraba su hermano mayor.

- ¡Ace! - Exclamó al verlo - ¡¿Qué demonios esta pasando?! -

- ¡Nami! - Nojiko la abrazó con fuerza - ¡¿Dónde estabas?! -

- ¿Qué esta pasando? - Insistió la pelinaranja.

- Han vuelto - Acotó Sabo - En barcos -

La pelinaranja abrió los ojos como platos. Alzó la mirada y por arriba de la copa de los árboles, distinguió unas lejanas banderas con la insignia de los reyes. Tragó saliva algo asustada y rezó por que todo eso fuese un sueño.


Bueno, hasta aquí hemos llegado hoy. Espero que les haya gustado el capitulo. ¡Estaré ansiosa por leer sus comentarios!

¡Nos leemos pronto!