Oh, esta vez he actualizado más temprano, lo bueno es que tengo tiempo. Pues considerenlo un pequeño presente de navidad. De antemano quiero agradecer a todos aquellos que me dan dado sus comentarios, son muy apreciados, gracias.
Ok, entonces no lo hare de mas... comencemos.
12 –La voluntad de cada uno: Aliados en las sombras.
— ¿Sobrevivirá?
— Umm, no lo sé. El disparo no dio en un órgano vital, pero sí perdió mucha sangre.
— ¿Qué puedes hacer por él?
— Yo nada… él es el único que puede hacer algo ahora.
— ¿Es mucho el daño?
— Tiene un fuerte golpe en la cabeza… lo suficientemente fuerte como para matarlo, estoy sorprendido por su resistencia, pero al parecer el desplomarse al suelo por el disparo; más la perdida de sangre pueden dejarlo… en un coma temporal.
— ¿Por cuánto tiempo exactamente?
— No creo que mucho… sólo hasta que sane su cuerpo y él…
— ¿Si?
— Y él tenga la voluntad de moverse, de otro modo, por más sano que estés, si no hay voluntad… de nada servirá.
Lentamente, con pesadez, abrió los ojos. Se percató que no había mucha luz en el lugar donde estaba. Rápidamente recordó todo. Palpó desesperada sus alrededores, intentando pensar que estaba en su cama con Sasuke y que todo había sido un mal sueño.
El corazón se le detuvo en el pecho al verse en una habitación desconocida. Todo era negro, tenía pocos muebles. Un pequeño ropero, un sillón y una cama. Había una lámpara al lado de la cama en una mesita de noche, pero no lo contó mucho, al cabo eso ya era elemental.
Observó que sólo tenía una pequeña ventanita en donde a duras penas la luz se filtraba por ella. Todo estaba oscuro, enfrente de ella había una puerta con aleación de metal en sus bisagras y en algunos extremos de esta. Definitivamente ella no podría abrir esa puerta por si sola. Estaba encerrada y acorralada en quien sabe donde.
Suspiró, estaba cansada y tenía un terrible dolor de cabeza. Se llevó las manos al vientre y lo sintió cálido. Sí, eso quería decir que estaba bien.
— Shh, tranquilo… - le susurró maternalmente. — Todo estará bien.- esas palabras de apoyo eran más para ella.
De pronto la puerta se abrió con fuerza, ella miró asustada a la persona que entró, retrocedió en el lecho hasta quedar contra la cabecera de la cama. Tenía miedo… ese hombre estaba loco.
— Sakura, querida. – susurró con veneno. — Veo que ya despertaste.
Ella no respondió. Lo miraba con odio, rabia… asco.
— Ah, ya veo, no tienes ganas de hablar. – se acercó a ella lentamente, Sakura sólo intentaba retroceder más. Las alarmas en su cerebro estaban sonando. — Oh, vamos, no tengas miedo… soy tu prometido, no hay que empezar mal.
Sakura intentaba escapar, pero pronto se dio cuenta que sus piernas flaqueaban. Se sintió vulnerable y a la merced de Kabuto, no podía correr, sus piernas estaban paralizadas por alguna razón. Y Kabuto lo notó.
— No intentes poner los pies en la tierra. – Sonrió complacido al ver la cara de sorpresa de Sakura, la había descubierto. — Te aplicamos un somnífero para que durmieras ayer…
— ¿Somnífero? – habló intrigada, Kabuto sonrió más todavía.
— Sí, es que diste pelea, querida, y no quise hacerte daño… mejor así, ¿No crees? Así no te enterarías de nada.
— ¡¿Qué pasó con Sasuke?! – preguntó temerosa pero con voz firme.
— ¿Uchiha Sasuke? – ella asintió. — Bueno… digamos que él… pasó a mejor vida.
Abrió los ojos desmesuradamente, sintió algo quebrarse dentro de ella. Tembló bajo la idea de que Sasuke estuviera muerto… no, no podía estarlo, no lo soportaría.
— No… - musitó, cerrando con fuerza los ojos para evitar llorar libremente. No quería llorar frente a ese desgraciado. — No.- negó testaruda, no, esto no podía estar pasando.
— Oh, sí, será mejor que lo creas.
— Eres un monstruo.
— Ah, vamos… no nos pongamos tan… sentimentales. – dijo pensando de cerca sus palabras. — Después de todo esto terminaría así, querida.
— Bastardo. – musitó con ira.
— Mmm, te haré pensar otra cosa de mí. – y se comenzó a acercar como un depredador buscando a su presa indefensa. La chica captó sus intenciones y retrocedió, buscó el final de la cama y arrastró las piernas intentando escapar.
Kabuto se dio cuenta de aquello, no, no escaparía de él, ya había esperado mucho. La alcanzó a tomar de la cintura, Sakura se alarmó, si su mano se llegase a desviar, Kabuto podría sentir su cálido vientre, ella no podía permitir aquello.
— ¡No me toques! – dijo colérica. Se volteo rápidamente y le propino un limpio golpe en la cara. Kabuto se sorprendió por la fuerza de la chica que rápidamente la soltó. Sacudió la cabeza para quitarse lo aturdido y logró capturar a la chica una vez más, poniéndola debajo de si. Con sus manos atrapó las muñecas de ella, colocándolas a ambos lados de su cabeza. Se colocó a horacas sobre ella y ella ahogó un gemido de dolor de lo brusco que había sido.
Con desagrado notó que Kabuto estaba excitado y que tal vez pensada violarla ahí y ahora. Viéndose atrapada recurrió a lo único que se le ocurrió. Le escupió. Y le dio de lleno en sus anteojos.
Kabuto hizo una cara de desagrado y rápidamente, sin que Sakura pudiera evitarlo le acertó una fuerte bofetada en la mejilla. Le pegó tan fuerte que quedó quieta y adolorida. Kabuto estiró la otra mano para darle otra bofetada cuando sintió que alguien le sostenía la mano.
— Basta, déjala en paz. – era Suigetsu, quien lo miraba con desaprobación.
— Déjame en paz, idiota. – forcejeo con él para quitárselo de encima, pero en vez de eso Suigetsu aplicó más fuerza y como sido un saco de patatas se tratara lo elevo lo suficiente como para quitárselo de encima a Sakura.
Kabuto cayó de la cama por la elevada y empujón de Suigetsu, rápidamente se levantó del suelo y apuntó furioso a Suigetsu.
— ¡¿Qué te pasa a ti tonto?! – sacó un arma y le apuntó a Suigetsu.
— No intentes desafiarme. – le dijo agresivo el de los dientes de tiburón.
Sakura mientras se intentaba encoger entre las sabanas, se apoyaba en el respaldo del lecho, hecha bolita y sobándose con insistencia su vientre. Murmuraba palabras inaudibles para los hombres de la habitación.
— Shh, tranquilo… todo estará bien. – decía sumamente bajito.
— ¡Ella es mi prometida, puedo hacer lo que sea con ella! – escupió enojado Kabuto.
— ¿En serio? Pues no lo parece. – miró de reojo a la chica, estaba asustada, sintió pena por ella.
— ¡¿Y ti que te importa?!
— …—
— Lárgate de aquí, déjame hacer lo que quiera, vete. – recriminó Kabuto. Suigetsu frunció el ceño.
— No me iré. – sonrió. — Orochimaru-sama quiere hablar contigo. – ahora informó.
— ¿Orochimaru-sama? – lo miró desconfiado. — ¿Para que?
— Yo que sé. – se encogió los hombros.
— Mmm… - bufó, se encaminó a la puerta y pasó por un lado de Suigetsu. En un momento fugaz, como intentando sorprenderlo; le lanzó un golpe con el mango del arma. No se esperó que Suigetsu lo atrapara en el aire y que con una movida ágil le arrebatara el arma. Inmediatamente sacó un kunai y se lo colocó en el cuello a Kabuto, dejándola a la par sorprendido por su velocidad.
— Tal vez seamos aliados… pero eso no quiere decir que obedeceré tus órdenes y tus caprichos… si vuelves a intentar algo así… - sonrió cínicamente y Kabuto entendió el mensaje. Bufó molesto y levemente temeroso. Luego se liberó del agarre de Suigetsu y se colocó en la puerta.
Miró a Suigetsu y luego siguió con su camino, había que aceptarlo, el tipo era rápido, mejor ser prudente y no hacer algo estúpido, ya luego se encargaría de él.
Mientras tanto, Suigetsu suspiró cansino. Se volteo a la chica que estaba en la cama y lentamente se le acercó. Sakura al percatarse de que él se le acercaba se puso rígida e inmóvil.
— ¿Se encuentra bien? – escuchó la voz de Suigetsu más relajada.
Ella abrió lentamente los ojos y observó el rostro del muchacho. Lo miró con pena y Suigetsu entendió aquello. No sería fácil de seguro para ella estar en cautiverio y con un violador en potencia detrás.
— ¿Le hizo algo? – preguntó suave, no queriendo usar un tono agresivo, como normalmente lo hacía.
Sakura bajó la mirada. Esa era una respuesta bastante obvia.
— Mmm, déjeme verla. – se le acercó y se sentó en la cama. Sakura reaccionó y se alejó de él. Intentó escapar pero la mano de Suigetsu se posó en su hombro dejándola muy quieta.
Ella lo encaró con cara preocupada; mas Suigetsu le sonrió.
— Tranquila, no le haré daño. – consoló y ella sólo asintió. Suigetsu miró su mejilla. La tenía marcada por el golpe que Kabuto le había dado. Frunció el ceño y alzó la mano para tocarle. La reacción de Sakura fue sutil, pero lo suficientemente clara para Suigetsu.
Sakura cerró los ojos, rígida y tensa. Pero lo que más le llamó la atención fue que llevó sus manos a su vientre, cómo si intentara proteger algo.
Fue como una flecha que da en el más cercano blanco. Los pensamientos de Suigetsu sólo repararon en una sola respuesta.
— Señorita… - ella lo miró. — ¿Le duele el estomago? – preguntó intentando no dar de lleno en el tema.
Ella negó.
— Entonces, dígame, si es que se puede saber… ¿Por qué soba su vientre? – un miedo irracional se reflejó en los ojos de la chica. Retrocedió. — ¿Hay algo que esconda? – le preguntó y ella negó. Entrecerró los ojos. — No le creo. Dígame la verdad, por que si es lo que creo, será mucho peor si no lo dice ahora.
Sakura pensó un poco lo que él decía. Luego lo miró con algo de tristeza.
— ¿Usted esta… embarazada? – preguntó suavemente, tan suave que parecía un susurró de viento.
Sakura se puso pálida, pero poco a poco asintió.
— Umm, me lo temía. – Sakura palideció, ¿Acaso… pensaban hacerle daño a su hijo? — ¿Y… cuando tiempo tiene?
— Dos meses y medio. – dijo ella, con una voz reacia.
— Oh, apenas va comenzando. – se fijó en el vientre de ella, que por cierto no dejaba de acariciar. — ¿Es de… Uchiha? – se atrevió a preguntar y un fuerte dolor circuló sus ojos.
Ella asintió.
— Oh, eso lo hace más peligroso. Orochimaru-sama odia a Uchiha.
— ¿Qué pasó con Sasuke? – se atrevió a preguntar, temerosa de la respuesta.
— No lo sé… lo más probable es que… Esté muerto.
Sólo con escuchar esa frase el rostro de Sakura se deformó de una manera increíble. De un aspecto de susto pasó a una de terror. Los ojos jade de ella se empezaron a cristalizar de lágrimas. Se llevó las manos al rostro cubriéndose de Suigetsu, no quería llorar frente a él, pero es que no podía evitarlo.
Suigetsu se quedó callado, después de todo, meterse más a fondo no era de su incumbencia. Se acercó a ella y lentamente, casi con precaución posó su mano sobre el vientre de la joven. Ella no lo evitó, parecía estar muy conmocionada como para hacerlo. Suspiró y luego miró a la chica al rostro.
— Cálmese, por favor.- dijo seriamente. — ¿Cómo se llama?
— Sa-Sakura. – dijo entrecortada, sin sollozar alto.
— Me llamo Suigetsu… - se levantó y caminó hasta la puerta, luego sonrió. — No tema… su hijo estará bien, no les pasara nada.
Ella pareció esbozar una pequeñísima sonrisa.
— Gra-Gracias. – dijo ella, todavía conmocionada.
— No se preocupes… digamos que seré como… su aliado, Sakura-san. – salió de la puerta y la cerró con llave. Se quedó de pie ahí un momento, escuchando los sollozos ahogados de la muchacha. Frunció el ceño, quizás le había dicho que todo estaría bien, pero ella seguía llorando.
Suspiró y se fue caminando, supuso que era por la noticia del Uchiha, que para ser exacto no sabía si estaba vivo o muerto.
Un pelinegro miraba frustrado una ventana hacia un parque. Podía ver a los niños corriendo de arriba hacía abajo. Suspiró derrotado. Dios, todos sus cálculos habían salido mal; y ahora su hermano estaba en un coma que posiblemente perdurara para un tiempo indefinido.
Maldición, que dura era la vida. Y él, ahí, con esa enfermedad que le cortaba los días y las noches. Realmente a vida era dura.
— Itachi. – Pein, el líder de Akatsuki se acercó a él, con su tonó calmado y a la vez amenazante. — ¿Cómo va tu hermano?
— Está en un coma. – suspiró. — Espero que salga pronto.
— ¿Eso te dijo Konan?
— Sí, estuve hablando con ella. Parece que mi hermano estará así hasta que el tenga la suficiente voluntad para salir.
— Umm… - se sentó a su lado. Mirando por la ventana también. — ¿Y que tal con la empresa?
— Ese problema esta de por medio aun. – suspiró. — Me entere que Sasuke hizo tratos con la compañía de los Hyuga y los Uzumaki, sin Sasuke podría surgir conflictos. – tosió, se sobó los ojos por encima del parpado.
— ¿Te duelen los ojos? – preguntó Pein.
— Sí… cada vez más. No lo dudo, moriré pronto.
— Te has resignado muy bien. – dijo entre juguetón y preocupado.
— Que más da. – respiró hondo. — Dime Pein, ¿Han averiguado en donde se esconde ahora Orochimaru?
— No, aún no. Creemos que se encendió en una nueva guarida, de la cual no conocemos ubicación.
— Diablos. – se volvió a sobar los ojos. — No creo que resista mucho.
— Debes hacerlo, aun no acabamos, vamos. – intentó darle animo. — Lo has hecho por años, puedes resistir un poco más. – sus ánimos eran sombríos y lúgubres, pero que más se podía esperar de Pein, el de las mil perforaciones.
— Supongo que tienes razón. – miró hacía la cama, ahí se encontraba Sasuke. Respiraba relajado, pero estaba ido, en coma. — Supongo que sí… - dijo susurrando, cerrando los ojos.
Suigetsu suspiró tranquilamente, el aire de Japón era casi igual de frio que el de Francia. Pequeño vapor salió de su boca, sonrió como un depredador, era como si fuera de sangre fría.
— Sonríes mucho, Suigetsu. – Orochimaru entró al estudia en donde se encontraba Suigetsu. Rápidamente Suigetsu hizo una reverencia.
— Orochimaru-sama, no lo esperaba, ¿Necesita algo?
— No, nada. – se sentó en una silla de piel que estaba en el estudio. Había enorme libreros en el lugar, una mesita de juegos con un tablero de ajedrez en ella y una chimenea al fondo. — Kabuto. – Kabuto, quien entró en seguida de Orochimaru captó la orden.
Se acercó a la chimenea y la encendió.
— Y dime, Suigetsu. – comenzó Orochimaru. — ¿Has encontrado al interesante?
— Sí… algo muy interesante. – sonrió.
— ¿De que te ríes? – preguntó desconfiado, Kabuto.
— Oh, de algo muy irónico.
— ¿Qué tan irónico? – preguntó Orochimaru alzando una ceja.
— Pues veras… no quiero ser portador de noticias inapropiadas pero…
— Escúpelo ya. – ordenó Kabuto. Ese hombre los desesperaba mucho.
— La chica está encinta. – dijo con fluidez. Como si fuera algo superfluo.
Mientras tanto, la cara de Kabuto se deformó en una gamma de emociones difíciles de definir. Se puso rojo, luego blanco y por ultimo rojo de nuevo. Orochimaru miraba divertido a su mano derecha.
— Vaya, Kabuto, te han ganado… - dijo Orochimaru, con diversión.
— ¡Eso no! – dijo asqueado. — ¡¡Ya es suficiente!! – salió de ahí rápidamente. Suigetsu miró a Orochimaru y este sonrió con algo de pena. El alumno de Zabuza no dudó en levantarse e ir tras Kabuto.
Kabuto llegó a la puerta y la abrió, buscó a Sakura con la mirada y la encontró dormida en la cama. La miró hastiado y no lo pensó en alzar el arma contra ella.
— Detente, Kabuto. – Suigetsu, quien estaba atrás de él.
— Cierra la boca. – apuntó atentó, listo para un tiro sin fallas.
— Kabuto. – ahora era la voz de Orochimaru. — Baja el arma.
Kabuto refunfuñó y bajó su arma.
— Además, no sabemos si lo que dice es cierto. – argumentó Orochimaru, mirando de soslayo a Suigetsu.
— Bueno, compruébelo. Despacio, sin que ella despierte, además, eres doctor, ve y averígualo. – dijo calmado.
Kabuto frunció el ceño y caminó hasta la chica, guardó su arma y lentamente, sin que ella se diera cuenta le descubrió el vientre. Comenzó a pasar las manos por encima de la piel, haciendo pequeños círculos y sintiendo un extraño calor.
Después de unos segundos Kabuto levantó el rostro.
— ¿Y bien? – preguntó Suigetsu.
— Sí, en efecto, esta embarazada. – dijo resignado. Respiró unos segundos y pareció calmarse.
— Se los dije. – festejó Suigetsu. — Y otra cosa que sospecho que es hijo del Uchiha.
Esta vez no sólo fue Kabuto quien abrió los ojos con sorpresa.
¿Un Uchiha?
Por dios. Eso sí que no.
— Ahora sí… - sacó el arma. Suigetsu miró atento, para actuar en el último momento por si fuera necesario.
— Espera, Kabuto. – Orochimaru volvió a detenerlo.
— Pero, Orochimaru-sama, es hijo de Uchiha Sasuke, ¿Qué no lo odia? – preguntó intrigado el muchacho de las gafas.
— Sí, sí, pero… se me ocurrió una idea. – esbozó una sonrisa siniestra. — Vengan, dejemos a la señorita descansar, ya luego decidiremos su destino.
Los tres salieron de la habitación de la chica.
La desaparición de Uchiha Sasuke ha causado un gran revuelo entre los empresarios del país. Las compañías Hyuga y Uzumaki, aliados de las compañías Uchiha, ha dicho que harán todo lo posible para encontrar a Uchiha Sasuke.
— No importa lo que me cueste. – dijo Naruto por la televisión, en medio de una mesa de conferencias. — Encontraremos a Sasuke, no importa…
La televisión se apagó.
Naruto frunció el ceño. Estaba muy estresado, se sobó la sien con exasperación.
— Naruto… - Hinata, su esposa, se acercó con él y lo abrazó con cuidado. Su pancita no le permitía hacer muchos esfuerzos. Tenía seis meses de embarazo, y ella había enfermado de una repentina gripa, por lo que no era recomendable que estuviera haciendo mucho esfuerzo. — Todo estará bien.
— Eso espero… - suspiró. — Kakashi me llamó. – Naruto conocía a Kakashi desde niño, Hatake trataba al chico como uno de sus hijos, al igual que a Sasuke. — Kakashi me dijo que no sólo Sasuke había desaparecido, Sakura-chan también.
Hinata abrió los ojos sorprendida.
— Sospechan que fueron altos funcionarios de la mafia Japonesa, mataron al padre de Sakura-chan y Sasuke y ella… desaparecieron. – guardó un minuto de silencio, esperando calmarse.
— Dios mío. – dijo quedito Hinata, conteniendo la angustia y las lagrimas en sus ojos. Siempre había sido una persona muy dulce y se preocupaba por los demás.
— Hinata, siéntate un momento. – la tomó suavemente y la sentó en la orilla de la cama. Poco a poco la recostó y él se acostó con ella. Se abrazaron y suspiraron al mismo tiempo.
— Espero que estén bien. – dijo Hinata.
— Yo igual… - exclamó angustiado Naruto.
Poco a poco se fueron durmiendo… era mejor para Hinata, ya que en su estado era mejor descansar adecuadamente.
Se sentaron impacientes en los cómodos sillones del estudio en donde estaban antes. Orochimaru se sentó enfrente de la mesita de juegos, Suigetsu permaneció de pie y Kabuto cerca de la chimenea, observando como la leña se consumía.
— ¿Y bien? – preguntó Suigetsu.
— Dime, Suigetsu, ¿Te gusta el ajedrez?- preguntó de la nada Orochimaru.
— Umm, es un juego que se me da bien. – se encogió los hombros. Se acercó y se sentó enfrente de Orochimaru, tomó las piezas blancas y Orochimaru las negras.
— Blancas sacan primero. – dijo Orochimaru, con una sonrisa extraña. Suigetsu sonrió y sacó su primera pieza.
Orochimaru le siguió, haciendo una buena apertura.
— Orochimaru-sama, diga de una vez que es lo que planea. – dijo desesperado Kabuto.
Diablos, últimamente sólo se estresaba y nada le salía bien. Empezaba a creer que estaban en la boca del lobo y nadie se daba cuenta. Pero al mismo tiempo pensaba que sólo podría ser su imaginación.
— Cálmate, Kabuto. – enrocó en el tablero y Suigetsu sonrió por la movida de Orochimaru.
— Lo siento, pero pensé que sería rápido. – dijo ya más calmado. Si había algo que Kabuto sabía hacer, era calmarse sorprendentemente rápido.
— La verdad, Orochimaru-sama.- interrumpió Suigetsu. — Es que yo también quiero saber sobre ese plan. – Movió su pieza y luego cedió el turno.
— Es simple. – profesó. — Nosotros tenemos a la reina blanca.- en un rápido movimiento de una pieza apresó a la reina blanca del ajedrez. Suigetsu alzó una ceja. — Pero como todos sabemos, la reina puede volver a surgir… además, los peones, caballos y alfiles, harán todo lo posible por obtener de nuevo a la reina.
— ¿Y aquí en donde entra Akatsuki y la señorita? – preguntó intrigado Kabuto.
— Todas las piezas menos el rey son Akatsuki. La reina es la señorita…
— ¿Y quien es el rey? – preguntó Suigetsu.
— Umm, eso no lo diré… por que no estoy seguro. – aclaró. — Sin embargo, si logramos detener a todos los demás el rey no será un estorbo. – colocó una piezas amenazante. — Hake. – dijo Orochimaru y Suigetsu sólo observó el tablero.
— ¿Y como derrocaremos a las demás piezas? – replicó Kabuto.
— La señorita está embarazada… de un Uchiha. Piensen, si criamos a ese niño, la herencia Uchiha será suya por derecho, lo que nos daría más ventaja a nosotros.
— ¿Umm? – Suigetsu parecía confundido.
— Lo que Orochimaru-sama dice, es que si manipulamos al pequeño que espera Sakura Haruno, es posible que dentro de un tiempo obtengamos toda la riqueza de la familia. Después de todo… los familiares están muertos. – sonrió maquiavélicamente.
— Oh, ya capte. – exclamó el dientes de tiburón.
— Eso mismo. Además, si tenemos la empresa Uchiha… seremos lo más poderosos de Japón… y pronto, podremos dar un Hake Mate. – lo dijo al mismo tiempo que dio un Hake mate al juego de Suigetsu.
Entonces los presentes sonrieron.
— ¿Y está seguro, Orochimaru-sama? – inquirió Suigetsu.
— Claro… esa es mi voluntad. Por ende, se cuidara bien a la señorita, ¿No queremos que su hijo muera, verdad? – volteo a ver a Kabuto.
— No señor. – bajó la cabeza.
— Muy bien…
— Entonces… - Suigetsu se levantó. — Permítame ser yo su "guardián" – se ofreció Suigetsu.
— ¿Tú? – Kabuto lo miró con algo de sorna.
— Está bien. – Orochimaru concedió.
— Pero… - Yakushi intentó replicar.
— Vamos, vamos… - lo calmó. — Ya no te encapriches más con esa mujer. Después de todo, creo que Suigetsu sería la mejor opción. Recuerda que nosotros matamos a su padre y causamos gran daño a su vida. Ya nos conoce, sin embargo, a Suigetsu no. Sería más seguro. Y si en cierto caso la chica se pone agresiva no dudo en que Suigetsu se sabrá defender.
Eso pareció convencer a Kabuto. Suigetsu se puso de pie y se encaminó a la cocina.
— ¿A dónde vas? – cuestionó Kabuto.
— A prepararle algo de comer. La señorita debe tener mucha hambre.
Abrió la puerta con lentitud y entró a la habitación en silencio y cargando comida. Se acercó a la mesita de noche y la colocó ahí.
La muchacha reaccionó y se despertó. Lo miró receloso y en cuanto lo vio acercarse ella retrocedió, temerosa.
— Tranquila, Sakura-san. – apuntó a la comida. — Sólo le traje algo de comer. – Luego la miró. — Tengo que informarle que… ellos saben que usted esta embarazada. – Ella le devolvió una mirada aterrada, se aferró a las sabanas y cubrió todo su cuerpo. Luego, debajo de las mantas colocó sus manos en su vientre. Suigetsu lo notó. — Pero no se preocupe. Ellos respetaran a su hijo. Yo seré su guardián. Mi misión es guardar de usted. No se preocupes. Esa es mi voluntad. – asintió y salió de ahí. Había intentado darle seguridad a la chica, sólo esperaba haberlo logrado.
Sakura quedó sola y luego suspiró.
Tocó su vientre y luego, poco a poco alcanzó la comida. Ya ahí, tomó cuidadosa y recelosa la comida. La probó con precaución y al saborearla se dio cuenta que no había peligro.
Miró la puerta por donde había salido Suigetsu.
Si él había prometido protegerla… sólo esperaba que no le mintiese.
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Oscuro… en mi pecho arde una llama casi extinta. ¿Dónde estás? ¿Estás bien? No te preocupes… iré por ti y te protegeré.
Continuara…
Jeje, hasta aqui, espero que la historia este quedando bien. Y pues como siempre...
¿Merece un comentario?
FELIZ NAVIDAD
Yume no Kaze.
