Sentimientos e historias de abetos
A Regina le costó dormir esa noche, pensando sin cesar en su conversación con Emma. Ella, que nunca había sido de verbo fácil, estaba sorprendida de hasta qué punto la charla con la bella rubia era fácil, incluso hasta llegar a hablar de cosas íntimas.
Dio vueltas y vueltas en la cama, pensando en cada palabra, en cada gesto, esos dedos que le acariciaron la mejilla cuando Emma recolocó uno de sus mechones oscuros tras su oreja. La mirada que intercambiaron, que parecía cargada de sobreentendidos.
Oh, sí, si Emma ya no estuviera con alguien, Regina creería que le estaba tirando los tejos. Pero, no había nada, no, nada más lejos de la realidad. Emma estaba bastante lejos de la verdad, demasiado ingenua para imaginar que Regina pudiera estar interesada en ella. ¿Quién podría imaginarlo?
Solo Mallie y Evelyn parecían creerlo. Su hija…La conversación que habían mantenido unos días antes, en esa misma cama, volvió a ella: ¿era tan evidente? Ni siquiera ella había tenido conciencia antes de que su hija le plantara las cosas en la cara. Y ahora, tenía que arreglárselas sola con sus nacientes sentimientos por una mujer que amaba a otro…
Unas horas más tarde, refunfuñando, escuchó el despertador. Llegó al cuarto de baño arrastrando los pies. Al ver su reflejo en el espejo, hizo una mueca: nada sorprendente con las pocas horas de sueño que tenía encima. Tomó su ducha, y al salir, arregló como pudo sus cabellos que acabó por anudar en una cola de caballo alta.
Lanzó una ojeada al reloj: casi eran las 10:15. Emma y los niños ya debían estar levantados. Y no se dio cuenta enseguida, pero estaba impaciente por volver a casa de Emma.
Durante el camino que la llevaba a casa de Emma, Regina no dejó de sonreír y de imaginar su próxima cena juntas charlando de muchas cosas, de las más ligeras a las más profundas. Cuando estacionó delante del inmueble, su corazón se hinchó de una felicidad que no había sentido desde hacía mucho tiempo, al menos, podría permitirse soñar.
Subió en el ascensor y cuando las puertas se abrieron de nuevo, tuvo la sorpresa de ver que un hombre se disponía a tocar a la puerta del apartamento de Emma. Frunció el ceño unos segundos antes de salir de ascensor y unirse a él en el rellano.
«Buenos días»
«Hola» dijo él con una sonrisa que pretendía ser seductora, pero que Regina encontró estúpida.
Se miraron de arriba abajo unos instantes antes de que la puerta se abriera
«Hey, Regina, la estaba espe…¿Killian?» se asombró Emma al pensar que tras la puerta se encontraba la bella morena que venía a buscar a su hija.
«Hey, bebé» dijo él agarrándola por la cintura y pegando sus labios a los de ella. Emma fue tomada por sorpresa y desorbitó los ojos, a tiempo para ver que al lado estaba una Regina que los miraba incómoda.
Emma cortó, entonces, el contacto, rechazando con virulencia a Killian
«¿Re…Regina?»
«Hemos llegado al mismo tiempo» dijo Killian sonriendo
«Entren» invitó Emma. Y si Killian entró sin preguntar, Regina solo avanzó hasta el umbral de la puerta «¿No va a entrar?»
«Oh, no, yo…» lanzó una mirada hacia Killian que se sentaba en el sofá «Yo…No tengo tiempo, tengo una cita»
«Oh, ok…Los niños acaban de levantarse, no han desayunado. Pensaba que desayunaríamos todos juntos»
«Oh…Lo siento, pero…es preferible que nosotras nos vayamos»
«¿Preferible? ¿Habla de Killian?»
«No me concierne Emma, de verdad»
«Pero…»
«¿Puede…llamar a Evelyn, por favor?»
Regina veía la decepción en el rostro de Emma, pero ni hablar de entrar en el apartamento para ver a Emma y a ese tipo besuquearse ante sus ojos, de eso no sería capaz.
Unos minutos más tarde, Evelyn apareció y se dirigió hacia su madre, Emma justo tras ella
«¿Está segura?»
«Absolutamente. Pase un buen domingo, Emma» concluyó con una triste sonrisa
«Ok…» Las chicas se alejaron, pero Emma las llamó una última vez «Hey…¿nos veremos pronto?»
Regina esbozó una tímida sonrisa, que Emma vio forzada, antes de balbucear
«Yo…ya veremos, quizás»
Pero Emma no supo por qué, pero se imaginó no poder volver a Regina, y algo en ella se removió. No apartó la mirada de ellas hasta que desaparecieron tras las puertas del ascensor. Una vez se hubieron ido, Emma volvió al salón y vio a Killian y a Henry charlando acaloradamente de los próximas lanzamientos de videojuegos para Navidad. Entonces sonrió, pero a pesar de eso, algo la molestaba, pero era incapaz de dilucidar el qué.
«Hey, babe» Killian se levantó y tomó a Emma en sus brazos «¿Todo bien?»
Él le acarició la mejilla antes de besarla lánguidamente. Ella le sonrió débilmente y le respondió
«Sí, por supuesto» aunque era una enorme mentira.
Killian pasó el día en casa de Emma entre cariños a su compañera y partidas con Henry, pero incluso este última se daba cuenta de que Emma no estaba en su estado normal. Parecía ida, contrariada por algo. Así que cuando Killian se eclipsó en el cuarto de baño, Henry arrinconó a su madre y alrededor del fregadero, lavando y secando la loza, la interrogó.
«¿Estás bien?»
«Sí, ¿por qué me dice eso?»
«No sé, estás extraña…¿No estás contenta?»
«Sí, sí, todo va bien. Pero…»
«¿Pero qué?»
«No lo sé. Fue extraño ver a Killian y a Regina en el rellano esta mañana»
«¿Por qué?»
«Ni idea, tuve una sensación rara que ni yo misma consigo describir ni sacármela de la cabeza»
«¿Qué tipo de impresión?»
«No sé, como un malestar. Tengo la impresión de que Killian y Regina no van a pegar»
«¿Por qué quieres que peguen?»
«Bueno, no sé: Regina es mi amiga y Killian, mi chico…Se supone que en algún momento se tendrán que ver, ¿no? No lo sé…para una salida entre amigos o…un restaurante…» Henry se rio «¿Qué?»
«Preferirías ir a un restaurante con Regina, ¿eh?»
«¿De qué hablas?»
«Bah, podrías ir a un restaurante solo con Killian…así que ¿por qué incluir sin cesar a Regina?»
«…»
«Ya, estás completamente perdida, ¿eh?»
«Yo…no lo sé, la aprecio mucho. Y además tú te llevas muy bien con Evelyn y con ella, ¿no?»
«Yo no soy el problema, es más bien tu problema»
«¿Qué quieres decir?»
«Es sencillo: creo que dudas entre Regina y Killian, es fácil, no»
Emma entonces se tensó
«¿Qué…qué estás contando? ¿Cómo que entre Regina y Killian? ¿De qué…? Espera…»
«Yo solo lo digo…»
Cuando Killian volvió y enlazó a la joven, Emma sintió un escalofrío y repentinamente una iluminación: Regina
Tres días
Pasaron tres días desde ese domingo en que Regina se cruzó a Killian por primera y última vez. No había querido hablar de ello y desviaba sin cesar la conversación cuando esta giraba alrededor de Emma. A decir verdad, Evelyn se había dado cuenta de que el nombre de Emma era tabú en la casa y desde hacía tres días, Regina se había refugiado de nuevo en el trabajo.
Y una vez más, cuando pensaba haber encontrado refugio en su despacho, la nariz en sus dossiers de prensa, la llegada de Mal hizo tambalear su cotidianidad, para gran disgusto de la bella morena.
«Hola, hola. ¿Cómo estás desde la última vez?» lanzó Mallie dejándose caer en el sillón frente a Regina
«Bien»
«Oh, venga…Algo no va bien»
«De eso nada»
«Mientes, siempre has mentido y no sabes mentir»
«…»
«Entonces, ¿cuáles son las novedades con Emma?»
«Basta, Mal…»
«Hablé por teléfono con Eve. ¡Casi me caigo de la silla cuando me dijo que habían estado jugando a los bolos!»
«Fue un plan montado por ella»
«Hm, hm…¿Plan montado? No me digas nada: para hacer que te vieras con Emma, ¿es eso?»
«Sabes muy bien lo que quiero decir. Evelyn te lo ha tenido que contar. Es más, empiezo a pensar que la influencia que tienes en ella no es la mejor»
«¡Esa niña me adora! No desvíes el tema: ¿entonces, la bolera?»
«Fue…interesante»
«¿Interesante? ¡Casi se besaron!» dijo entusiasmada Mallie
Regina frunció el ceño
«¿Hay algo que no sepas de ese día?»
«¿Entonces es verdad? ¿Casi se besan?»
«En absoluto. Solo me estaba explicando las reglas del billar»
«¿Las reglas del billar? Pero…¡si eras la mejor en la facultad!»
«Eso lo sé yo, pero no ella» sonrió Regina
«¡Oh, pequeña traviesa!» dijo divertida Mallie «Estás enganchada»
Regina, entonces, perdió su sonrisa
«Ella está con alguien. Emma. Está saliendo con alguien»
Mallie frunció el ceño
«Eve me lo ha dicho. Pero tengo fe»
«¿Fe en qué? No soy de las de romper parejas. Están bien y felices juntos, no tengo ningún derecho a quitarle eso»
«Ya veo…Pero…Ahora lo sabes»
«¿Sé qué?»
«Lo que sientes por ella»
Regina se dejó caer hacia atrás, en su silla, y suspiró. Reflexionó unos segundos, recordando el dolor, como de puñal en el pecho, que sintió al ver a Killian en la puerta de Emma. El dolor cuando él atravesó la puerta para entrar en el apartamento mientras que ella, sintiéndose de sobra, se quedó fuera.
«Si estar enamorada de una persona es pensar sin cesar en ella, querer verla, escucharla y tocarla a cualquier hora del día o de la noche, querer hacerla feliz tanto como ella nos hace feliz, compartir cosas y vivir cosas nuevas…» ella inspiró, cerrando brevemente los ojos «Entonces sí…creo que estoy enamorada»
Mallie no pudo contener una sonrisa
«¡Es genial!»
«No, no lo es. Ella no está libre, y aunque lo estuviera, no estoy segura que me imagine por un momento como algo más que una amiga. Y…es el precio que hay que pagar para mantener una buena relación con ella…entonces yo…»
«¡Oh, piedad, no me hagas la de la chica compasiva! Amas a esa mujer, ¡lucha para recuperarla!»
«Mallie, a veces era tan inmadura como crédula. Tu visión de las cosas es tan simplista que da risa»
«Quizás, pero lo que digo es verdad. Quieres mantener una buena relación con ella, pero, ¿cómo lo vas a hacer si la rehúyes?»
«…»
«No puedes tenerlo todo, Regina; no puedes ser su amiga deseándola como la deseas. ¿Ella está con alguien? Bueno, haz que no lo esté. Están hechas para estar juntas, eso se ve»
«Es demasiado tarde. Lo he visto. Es guapo, parece que la quiere…»
«Oh, por favor, solo hace una semana…No se es una pareja con una semana, todo puede cambiar»
«Pero no seré yo la que vaya a cambiar nada. No quiero ser una rompe parejas. Si no están hechos para estar juntos, entonces se darán cuenta por sí mismos»
«Pero, ¿en cuánto tiempo? ¿Cuántas noches pasará ella con él, en sus brazos en lugar de en los tuyos?»
«¡Cállate!»
«Oh, ¿qué? ¿El sexo es un tema tabú para nuestra querida señora Mills? ¿No te creerás que un hombre que sale con una mujer como Emma no desea acostarse con ella enseguida?»
«¡Basta!» lanzó Regina golpeando la mesa con la mano abierta
«Oh, ¿la visión de Emma acostándose con otro te pone celosa? Pero será lo que pase con él si decides dejarles tiempo para que se den cuenta de que no están hechos el uno para el otro. En fin, si ya no se han acostado…»
Regina hizo una ligera mueca: sí, era evidente que Emma era una mujer atractiva y que ese Killian tampoco era feo. Y encima, parecían estar bien el uno con el otro…Estaba claro, al menos eso pensaba ella, que ya habían profundizado en la relación…Y solo con imaginarse a Emma y a Killian enlazados, le vinieron las náuseas.
«Da igual. Será lo que será. Mientras, tengo trabajo, así que, ¿me permites?»
«Te permito, te permito…Pero, tú y yo no hemos acabado»
«Oh, eso me temo»
«¡Esto es una porquería!» dijo Evelyn sentándose en el banco donde se encontraba Henry
«¿Qué es una porquería?»
«Navidad»
«¿En serio?»
«Eso y el hecho de que nuestras madres llevan sin hablarse cuatro días. Mientras, Navidad se acerca y ellas no han avanzado»
Henry suspiró
«Estás loca, ¿lo sabes?»
«Lo sé…Navidad es en diez días. Las vacaciones empiezan mañana…No vamos a vernos antes del año que viene ¡Todo es una porquería!»
«Espera, ¿tu plan era que nuestras madres estuvieran juntas para Navidad?»
«Era una idea, sí. La magia de la Navidad siempre funciona: es romántico»
«Aún tienes diez días…» dijo divertido Henry
«¿Cómo quieres que lo haga? Además…su chico no es feo…»
«Ya, en fin, en mi opinión, no es oro todo lo que reluce»
Evelyn se puso recta
«¿Qué? ¡Cuenta!»
«Bueno, cuando ustedes se fueron…Killian pasó el día con nosotros, lo pasamos bien. Pero cuando quiso quedarse a dormir, en fin, ya sabes, ella se negó»
«Oh…»
«Sí, él estaba desilusionado, pero se marchó. Y ayer por la noche, fueron a cenar fuera y una vez más la escuché dejarlo plantado en la puerta pretextando que no se sentía bien»
«¿Y no era verdad?»
«No. Se echó en el sofá y se quedó viendo la tele hasta las tres de la mañana. No hace falta que te diga que no estaba totalmente fresca esta mañana para ir al curro»
«Ya veo…¿Y crees que tiene relación con mi madre?»
«Quizás sí, quizás no. No lo sé. No hablo de esas cosas con ella. Ya sabes, el romanticismo, y todo eso…»
Evelyn esbozó una sonrisa
«No lo dudo. Tenemos que encontrar un modo para que se vean una vez más, ¡creo que esta vez será la buena!»
«Si tú lo dices…»
«Hay que encontrar un fin…Hey, dime que aún no han comprado el árbol de Navidad»
«No, no hemos tenido tiempo. ¿Y tú?»
«Tampoco, mi madre se está refugiando aún más en el trabajo. Pero ella me ha prometido que iríamos el sábado para elegirlo…Toma…» ella escribió rápidamente en un trozo de papel «Es la dirección del vendedor de abetos al que todo los años vamos. Son de muy buena calidad y hay para todos los bolsillos»
«Gracias»
«Envíame un mensaje para decirme la hora, me las arreglaré para que nos encontremos por casualidad…» dijo ella revirando los ojos
«Ya, viva el azar»
«Esta vez es la buena, lo presiento…¡Ellas acabarán por derrumbarse!» dijo alegre Evelyn con certeza.
«¿Y este?»
«No, demasiado pequeño»
«¿Aquel?»
«No muy frondoso»
Regina reviró los ojos
«Evelyn, ¡hay que decidirse! Llevamos media hora dando vueltas por los pasillos, ningún árbol es bueno a tus ojos, y está empezando a nevar»
«Lo sé, lo sé…Pero quiero que sea perfecto»
Regina reviró los ojos una vez más y no vio que Evelyn miraba sin cesar su reloj
«Pero, ¿qué estás haciendo, por Dios?» gruñó ella
«¿Perdón?»
«¿Eh? No, nada, decía justo que empezaba a hacer frío»
«¡Entonces, démonos prisa! ¿Quieres?»
Evelyn y Regina se habían levantado temprano, la chica apuraba a su madre para comprar un árbol. Después de todo, Navidad era en diez días, y nada había sido colocado aún en su casa. Regina, entonces, había consentido en tomarse ese fin de semana para decorar la casa y el exterior, comenzando por comprar un hermoso abeto, pero las exigencias de Evelyn con respecto a este estaban prologando las compras invernales.
Regina se impacientaba ante el décimo rechazo que su hija le daba a un árbol. Ella solo quería una cosa: volver a casa. Y cuando Evelyn vio, al fondo de un pasillo, lo que buscaba, suspiró aliviada y enarboló una gran sonrisa.
«Eve, ¿todo bien? ¿Acaso…Emma?» dijo, sorprendida, Regina al ver al otro extremo del pasillo a Emma y a Henry buscando, por lo que se veía, un árbol.
«¡Hey, hola! ¿Qué hacen aquí?»
«Como si no fuera evidente: hemos venido a buscar un abeto, como ustedes, supongo. ¡Qué casualidad!» dijo ella fusilando a su hija con la mirada
Evelyn y Henry se alejaron un poco
«¿Qué estaban haciendo?»
«Tráfico. Mi madre casi da media vuelta. ¿Crees que va a funcionar?»
«Ya veremos. ¡Mamá!»
«¿Sí?»
«Henry y yo vamos a intentar encontrar los árboles»
«Pero…» no tuvo tiempo de acabar su frase, pues los dos adolescentes desparecieron por uno de los pasillos, dejándola con Emma.
Emma, entonces, le sonrió y hundió sus manos en sus bolsillos
«El azar hace bien las cosas…parece»
«Parece que sí»
Se sonrieron y caminaron por los pasillos
«Entonces…No hemos hablado mucho desde aquel domingo…»
«Oh, sí…He estado ocupada»
Emma, entonces, se detuvo y posó su mano en su antebrazo
«Diga, soy yo o…¿hay una especie de incomodidad?»
«¿Por qué dice eso?»
«No lo sé. Usted parecía…distante el domingo. ¿Es por Killian?»
Regina se estremeció ante ese nombre, su rostro volvió a su memoria.
«En absoluto. Solo es que no me gusta estar en un sitio donde no he sido reclamada. Sencillamente no quería molestarla»
«Oh…Pero usted no molestaba»
«Créame, ser la sujetavelas no es divertido» dijo alegre Regina
«No se trataba de eso…hubiéramos tomado un café, no sé…»
«No quería imponerme»
«Ok, entonces, remediemos eso: vayamos a tomar un café o un buen chocolate caliente una vez que nuestros terremotos hayan encontrado su abeto ideal. ¡Venga, por favor!»
Emma saltaba en el sitio, las manos juntas por delante, como si rezara. Divertida, Regina dejó escapar un amago de risa
«Muy bien, muy bien»
«¡Chachi!»
«¡Mamá!» gritó Henry, llamando la atención de las dos mujeres «¡Lo he encontrado!»
Y cuando Regina y Emma llegaron a donde estaban los niños, estos estaban al lado de dos inmensos abetos, frondosos y de un color verde intenso.
«Wow. Son magníficos. ¿Estás seguro que ese entrara en nuestro apartamento?»
«Sí, solo hay buscar un modo para hacerlo pasar por el hueco de la escalera. ¿Nos lo llevamos?»
«Ok, chico, nos lo llevamos»
«¿Nos lo llevamos también, mamá? Quedará perfecto en el salón, al lado de la chimenea» dijo alegre Evelyn
«Muy bien»
«Bueno, entonces, vamos a tener que comprar más bolas y decoración porque la que tenemos no cubre un tercio del abeto»
«Conocemos una bonita tienda con hermosos adornos, ¡y no muy cara!» dijo Evelyn «Se la podemos mostrar, ¿eh, mamá?»
«Eve, quizás Emma y Henry quieren hacer las compras de Navidad en familia»
«Oh, bueno…Hemos decidido tomar una copa juntas, solo tenemos que prolongarlo con una sesión de compras después, ¿no?»
«¡Sí!» gritaron las dos niños a la vez
«Lo ve: tres contra una. Vega, vennnnnggaaaa….»
Y si bien Regina podía debatir y resistirse a su hija, otra cosa era con Emma. Bastaba que la joven la mirara intensamente con sus ojos verdes y su resplandeciente sonrisa. Regina nunca había sido una mujer débil, mucho menos en amores…Pero Emma tenía el don, o la maldición, de anular toda voluntad por parte de la bella morena.
«Muy bien, hagamos eso»
«¡Yes! Entonces…Ahora que hemos elegido nuestros monstruos de espinas, ¿cómo los llevamos a casa?»
«Ofrecen un servicio de entrega gratuito» respondió Regina
«¡Guay! Entonces, ¡adelante con nuestra sesión de compras!»
Emma, en medio de esa gran ciudad, se dejó guiar amablemente por las calles, avenidas y bulevares, caminando a paso ligero delante de los escaparates de las grandes tiendas, decoradas para la ocasión con sus más bellos adornos de Navidad. Emma estaba maravillada, como una niña pequeña. Regina le mostró las tiendas más hermosas, los lugares más atípicos, y cuando finalmente llegaron a una pequeña calle escondida y dieron con una tienda con una fachada antigua, a Emma se le cortó la respiración: como en las más bellas películas de Navidad, al entrar, descubrió estanterías enteras llenas de diferentes adornos: desde guirnaldas hasta bolas, o incluso muñequitos para poner en el árbol, adornos multicolores de todos los tamaños y colores. Todo ello aderezado con la música típica de Navidad que sonaba por toda la tienda. Emma estaba sobre una pequeña nube, caminando de pasillo en pasillo, señalando con el dedo cada adorno, cada objeto, ya fuera una guirnalda luminosa que podría decorar su balcón, o fuera un pequeño Papá Noel que cantaba «Jingle Bells» moviendo sus caderas.
«¡Es magnífico!»
Y si Emma estaba hipnotizada con la tienda, Regina, por su parte, estaba conquistada por Emma y por su lado juvenil. No dejaba de mirarla, admirarla, contemplarla. Emma era tan bella que era indecente mirarla.
«Regina, ¿algún problema?» preguntó Emma cuando se dio cuenta de que Regina se quedaba atrás, sus ojos en el vacío que parecían…¿mirarla?
«¿Q…qué? No, todo bien. Estoy contenta de que esta tienda le guste» Emma se puso entonces frente a Regina y tras algunos segundos de silencio, ella le colocó despacio un gorro de Papá Noel en la cabeza «Pero, ¿qué…?»
«Está muy bonita con esto» concluyó Emma, lo que instantáneamente hizo sonrojar a la bella morena
«Usted…yo…»
A continuación, Emma se colocó ella también un gorro
«Y yo, ¿cómo estoy?»
Regina se quedó mirándola y se acercó a ella un poco más y, sin darse cuenta, posó sus manos en el gorro y lo colocó correctamente
«Está muy hermosa» Emma entonces perdió su sonrisa y miró a Regina. Ella tragó en seco antes de dar un paso más hacia Regina
«Yo…Regina, yo…»
No estaban sino a algunos centímetros la una de la otra, ambas podían sentir la respiración de la otra en su piel, y sin darse cuenta, sus manos se unieron y sus dedos se entrelazaron. Y cuando un ruido seco de algunas bolas de Navidad cayendo al suelo resonó, se separaron más rápido que un rayo.
Sus respiraciones se hicieron más rápidas, más entrecortadas…No se atrevían a mirarse a la cara y cuando Evelyn llamó a su madre por medio de los estantes para que fuera a su encuentro, Regina no se hizo de rogar y salió disparada.
«Mierda…» suspiró Emma revirando los ojos.
Las compras fueron abundantes, las tarjetas echaban humo y los maleteros de los coches se llenaron hasta los topes. Todos estaban extenuados, pero felices: Evelyn y Henry no dejaban de hablar de la Navidad, mientras que Regina y Emma se quedaron algo alejadas la una de la otra, ninguna se atrevía a enfrentar la mirada de la otra.
«¿Vamos a tomarnos un chocolate caliente al Rockefeller Center, mamá?» pidió Henry
«Oh, euh…Yo…Estamos cansados, Henry» dijo ella, que no se podía imaginar estar sentada cara a cara con Regina tomando un chocolate caliente
«Pero…¡eso cerraría con broche de oro este día!»
«Venga, por favor» dijo Evelyn a su madre
Las dos jóvenes se miraron entonces y Emma sonrió débilmente, pero era demasiado para Regina, no podía soportar encontrarse tan cerca de Emma. No es que su presencia la molestara, al contrario, pero ella no podía encontrarse en situación de debilidad…Y con esa visión, sacudió la cabeza
«No, Eve, yo…No, ya hemos abusado bastante. Y además, estoy…cansada»
Lanzó una rápida mirada hacia Emma que la captó enseguida. La bella rubia entonces sonrió: sí, parecía que había sido demasiado para ellas ese día. ¿Regina se lo echaba en cara? Ella así lo creía. Sí, había ido demasiado lejos con ella.
«No pasa nada. Lo comprendo, yo también estoy cansada. Ha sido un hermoso día y gracias otra vez por la dirección, Regina»
«De nada. Bueno…»
«Bueno…Si no nos volvemos a ver, que tengan felices fiestas»
«Ustedes también» respondió cordialmente Regina, mientras que Evelyn y Henry se miraron apenados.
Las dos jóvenes se separaron con los brazos cargados, evitando una última mirada. Y a pesar del magnífico día, una vez más se despidieron con una extraña sensación y un gusto amargo en la boca.
Emma y Henry habían pasado el resto del día decorando el árbol que les había sido entregado al final de día. Henry había insistido para que comenzaran ya mismo la decoración. Y a pesar del buen ambiente alrededor de un chocolate a la canela y villancicos, Henry notó la ligera turbación en su madre. Mientras decoraban, Henry poniendo las bolas y Emma colocando las guirnaldas, el chico preguntó
«Hey…¿qué ha pasado con Regina?»
«¿Eh? ¿De qué hablas?»
«Bah, no lo sé: antes de entrar en esa super tienda, todo iba bien y cuando salimos, había como una malestar…¿Han discutido?»
«No, no. Todo va bien» mintió Emma
«Hey, ¿no hemos dicho que mientes muy mal? Sé que algo no va. ¿No quieres hablarme de ello?»
«¿Por qué te sientes tan implicado? Y además, es la segunda vez, junto con Evelyn, que nos metéis en una situación improbable»
«No sé de lo que ha…»
«…eh, eh…¿quién miente ahora?»
«…»
«¿Crees que no les he pillado a ustedes dos? No sé qué intentan hacer, pero…paren inmediatamente»
Henry suspiró, poniendo morros
«Es una idea de Evelyn…»
«Cuenta»
«…»
«Henry, suéltalo antes de te saque yo misma las palabras con unas tenazas»
«Nunca harías eso»
«Me voy a enfadar. ¿Entonces?»
«Ella…piensa que tú y Regina…ella…»
«¿Qué? ¡Escupe!» dijo con impaciencia Emma
Henry la miró: si tenía que ser dicho, tenía que ser ahora. Quizás eso haría que las cosas se movieran…o quizás le daría miedo y se alejaría de Regina.
«Evelyn piensa que Regina está colada por ti»
Ante la sorpresa, Emma soltó la bola que tenía entre las manos que se estrelló en el suelo
«¿Qué? Repite»
«Regina. Le gustas mucho…»
«No, no, no es eso lo que has dicho»
Henry estaba tan agotado como divertido ante la reacción de su madre, al borde del pataleo adolescente
«He dicho que ella definitivamente está colada por ti. Y no viene de hoy»
«Pero…pero…pero…»
«¿Te vas a destrabar o no?»
«¿Por qué no me lo has dicho antes?»
«¿Qué iba a cambiar de todas maneras? Tú estás con Killian, ¿no?»
Emma se dejó caer en una silla, los ojos en el vacío. ¿Le gustaba a Regina? De repente, comprendió mejor el malestar en la tienda. ¡Mira que era idiota!
«¿Desde cuándo?»
«¿Huh?»
«¿Desde cuándo le gusto?»
«Ni idea, solo tienes que preguntárselo»
«¡Henry!»
«¿Qué?»
«¡Esto es serio!»
Henry frunció el ceño y se puso delante de ella
«Entonces, ¿ella también te gusta?»
«¿Qu…? No, es…es solo que siento curiosidad y estoy sorprendida, es todo. Yo…no pensaba que Regina pudiera sentirse atraída por…mí. En fin, quiero decir, míranos: no hay nada más opuesto que nosotras dos»
«Parece que los opuestos se atraen»
«…»
«Se ve que ella te gusta»
«No digas tonterías»
«¿Ah sí? Entonces, ¿me vas a decir o no lo que pasó en esa tienda?»
«…»
«Lo ves, tenía razón: estás colada por ella lo mismo que ella por ti. Parecen dos retrasadas sentimentales. Dan vuelta una alrededor de la otra, pero jamás se tocan…de tanto girar, van a marearse»
«…»
«Hey, ¿sabes?...Cuando Evelyn me lo dijo, me di cuenta de que tampoco yo, al principio, había visto nada»
«¿Henry?»
«¿Hm?»
«¿Tú…qué pensarías? Quiero decir: ¿tu madre con otra mujer?»
«Al principio lo encontraría extraño, pero si tú eres feliz con eso, entonces, por mí está bien»
Emma entonces suspiró y se imaginó con Regina, sus días, sus noches, sus fines de semana en familia, las salidas como la de ese día, perfectas en todos los sentidos. Sonrió débilmente antes de perder su sonrisa al imaginarse la ducha fría que había debido recibir Regina en la tienda y la escapada que ella había hecho.
«Arrrggg…» gruñó hundiendo su cabeza en sus manos
«¿Qué te pasa?»
«Mi cabeza va a estallar»
Henry arqueó una ceja antes de posar una reconfortante mano en el hombro de su madre
«Ya…¡eso es el amor!»
Regina no había dicho una palabra. Había vuelto a casa y se llevaron la sorpresa de ver que el abeto, entregado y recogido por Granny, había sido colocado, seguramente por Marco, en el salón. Evelyn se había puesto feliz antes la perspectiva de empezar a decorarlo desde mañana mismo.
Regina, por su parte, se quedó callada, pensativa, en su mente solo estaba Emma y su gorro de Navidad puesto en su cabeza. Veía la escena pasar una y otra vez por su mente, cada vez con más detalles que se le habían escapado la primera vez: el collar de Emma, su perfume, la forma del gorro…
«¿Mamá? ¿Estás en la luna?»
«¿Hm? No, yo…Solo estoy cansada»
«¿Podemos desempaquetar lo que hemos comprado?»
«Hazlo cariño, yo voy a tomar una ducha»
Evelyn se había dado cuenta de la turbación y del comportamiento retraído de su madre desde que se habían despedido de Emma y de Henry. ¿Qué había pasado? Tenía miedo de evocarlo ante su madre porque podía hacer que se encerrara más. Así que se calló y desempaquetó, sola, los paquetes.
Regina, por su lado, bajo la ducha comenzó a pensar en Emma. Bajo esos vapores florales, cerró los ojos y pensó en ese contacto, en esa pregunta y sobre todo, en esa respuesta…¿A qué jugaba Emma? ¡Estaba con un hombre! ¿Por qué jugar de esa manera? Quizás no era consciente…quizás definitivamente solo veía a Regina como una amiga, una muy buena amiga con la que podría mostrarse táctil, con quien podía bromear y decir dobles sentidos sin que hubiera ambigüedades. Sí, Emma debía estar a mil leguas de pensar que Regina sentía una atracción hacia ella.
¿Qué sería mejor? ¿No volver a ver a Emma corriendo el riesgo de sufrir o enterrar definitivamente sus esperanzas y sus sentimientos para mantener a Emma, si ya no como amante, al menos como amiga?
Se quedó un momento, un gran momento, ya que escuchó, al cabo de una hora, a Evelyn tocar a la puerta.
«¿Mamá? ¿Todo bien? Pronto vamos a cenar…»
«Sí, sí, ya voy, cariño»
Sí, esa debía ser a partir de ahora su línea de conducta: Emma era su amiga y nada cambiaría.
Alguien me preguntó cuántos capítulos tiene este fic. Son 37 capítulos, así que todavía queda, y solo puedo decir que lloraremos, reiremos, sufriremos, y tendremos un final como poco…sorprendente.
