La niña de mis ojos: Emancipación
Por TokioCristal
NOTAS:
Antes de comenzar un inmenso agradecimiento a todas a aquellas personas que siguen y comentan este fanfic :D Por otra parte quiero decir que está muy cerca del final, y que los capítulos ya los tengo más o menos realizados (faltan pulir algunos detalles). Así que de este modo comienzo con la cuenta regresiva hacia cierre de esta saga y pongo fecha de actualización para los últimos capítulos. Ah, por cierto, un cálido saludo a Ivette, que su cumpleaños fue en marzo, (un poco tarde…) me pase de fecha de actualización y luego no me acuerdo bien que paso.
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CAPÍTULO 13: el sábado 12 de agosto
CAPÍTULO 14: el jueves 17 de agosto
CAPÍTULO 15 FINAL: entre el sábado 19 o el domingo 20 de agosto.
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Capítulo 12: El Gran Sabio
ARMANDO POV
—Señor Shields, que raro siendo usted tan conocido no haya traído ningún familiar a acompañarlo —comentó la enfermera terminando de colocar la vía en mi brazo.
Alcé las comisuras de mis labios, y simplemente opté por no responderle.
—Bueno señor Shields —dijo colocando sus manos sobre sus caderas—, cualquier cosa que necesite sólo presione el botón a su lado y estaremos de inmediato a su lado...
—Merci mademoiselle… —agradecí con amabilidad.
La joven me guiñó un ojo y luego se retiró de la habitación con un leve bamboleo de sus caderas.
Borré mi expresión cordial de mi rostro por una llena de hastío. Desde hace años he perdido todo síntoma de lujuria hacia el sexo femenino, aunque mi espíritu de don Juan todavía se mantenía ahí.
Me acomodé mejor en mi sillón, contemplando mis alrededores con curiosidad y aburrimiento, aunque ya de antemano eran muy conocidos para mí. Una amplia sala de colores claros y apacibles. En el centro un inmenso televisor apagado y a mi lado las máquinas que monitorean mis signos vitales por cualquier contratiempo. Aunque para mí lo más agonizante era el silencio letal típico de estas circunstancias, junto el continuó bip del cardiógrafo. Me aliviaba poder escucharlo acompañado por el sonido de mi mansa respiración.
Sé que dentro de un rato comenzarán las náuseas, como es normal que me suceda. Los enfermeros me administrarán otros medicamentos para paliar eso y después aparecerán otros síntomas dentro de mi cuerpo. Suspiré con amargura. Seguramente finalizaré el día con un cóctel de sustancias navegando por mí organismo y sintiéndome peor de lo que ya estaba.
Y así, entre el silencio y la soledad que a veces me ofuscaba, comencé a pensar en mi vida.
¿Quién es Armando Shields?
Un hombre que le gusta acumular todo el poder posible. Pedante, orgulloso y perfeccionista. Ateo en público; en privado oscilaba ente ser cristiano, musulmán o judío, sobre todo cuando algún extraño dolor lo aquejaba haciendo disparar los latidos de su corazón. Así era como se encomendaba en silencio como religioso confeso al primer Dios que se le viniera en mente. Luego de pasado el malestar, volvía a ser el mismo ateo de siempre.
Ser humano que le ha gustado trasgredir e ir más allá, probando de todo un poco, sin límites, porque detesta los límites y los términos medios: se obtiene completamente o, en caso contrario, no se obtiene nada...
¿Su única debilidad?
La muerte, y si pudiera comprarla lo haría para vivir muchos años.
Pero ahora había algo que lo hacía sentir mucho más débil. Se había dado cuenta que aquello que realmente había buscado durante sus cuarenta años de vida no lo podía obtener.
Es más, Armando Shields, ese individuo que soy yo, entregaría todo el poder adquisitivo por ella, y esa cuestión era el amor de Serena Tsukino, aunque sé que es un amor imposible de comprar porque voy a morir pronto: ¿qué podía ofrecerle este hombre moribundo e inseguro a ella…? Nada.
En edad nos distanciaban dos décadas y, en materia amorosa, un Darien atorado dentro de su alma.
A fin de cuentas, mi hermano menor tenía razón: Serena no me amaba y yo... yo detesto los puntos intermedios.
—¿Quién eres? —pregunté al percibir una figura parada frente a mi.
No tuve miedo. Estoy seguro que es la muerte que me viene a buscar para llevarme al peor de los abismos.
—Tus pensamientos fueron los que me llamaron… —me respondió una voz de timbre grave y masculina.
Finalmente lo miré.
¿Una alucinación? Frente a mi se hallaba parada una figura cubierta por una enorme capa, que me hizo recordar figurativamente a la parca. No se podía divisar su rostro, es más, sólo se veía la oscuridad eterna dentro de su capucha.
—¿Quién eres? —volví a preguntar.
—Puedo ver el miedo en tus ojos… tienes miedo, mucho miedo a la muerte… oh, Armando, no sirve de nada que te muestres con valentía frente a mí. Yo sé lo que sientes, inclusive todo aquello que ocultas…
Mi mirada se humedeció y finalmente me acobardé.
—Acaso, ¿me llevarás contigo?, ¿ha llegado mi momento de morir?
—¿Quieres vivir eternamente?, ¿no?
Asentí.
—Sólo hay un modo para que sea así —susurró—, y ese modo es ofreciéndome tu alma...
—¿Mi alma?
¿Acaso yo tenía eso?
—Soy el verdadero dueño de este cuerpo —dijo señalando mi figura con una de sus huesudas manos, que se asemejaban a garras—, ¿y sabes por qué siempre has sido un niño enfermo? Porque tu alma está dentro de un envase que no le pertenece.
Lo miré con confusión. Oh, definitivamente he enloquecido del todo, o tal vez eran los efectos adversos de la medicina.
¡Seguro estoy alucinando!
Quise apretar el botón a mi lado para llamar a la enfermera, pero mi cuerpo se hallaba paralizado.
¡Hora de rezar al primer dios que se me viniera en mente!
—No sirve de nada que hagas eso.
Vi unos ojos rojos brillar dentro de la capucha y escuché su trémula voz relatar su historia:
—Hace muchos años atrás yo vivía en los cielos pero fui desterrado por desacuerdos con los demás dioses, sin embargo, hubo una diosa que no me abandonó y me acompañó durante la noche con su radiante belleza; la luna…
Alzó sus manos y frente a él apareció una brillante esfera. Pude ver su real figura reflejada en el cristal. Este individuo que ahora estaba cubierto por una capa, en el pasado fue un joven atractivo de tez pálida, inmensos ojos azules y cabellos dorados, casi semejante a mí.
—Yo me enamoré del espíritu de la luna, su vigilante, la princesa Serenity —y a su lado apareció reflejada la figura de Serena y a pesar de eso no me sentí sorprendido por su revelación, aunque se veía muy diferente a como es ahora—. Un día ella bajó de los cielos y se presentó ante mí. Le declaré mi amor pero fui cruelmente rechazado. Ella era indiferente y fría ante cualquier proposición amorosa. Desde ese momento fui yo quien comenzó a perseguirla todas las noches, y le supliqué en varias ocasiones para que me permitiera verla otra vez. Pasaron los años y la luna continuaba con su radiante brillo en lo alto del cielo, pero una noche accidentalmente se enamoró de un príncipe humano…
Pude ver a Darien manifestado en la bola de cristal, y con vergüenza debo admitir que abrigué un gran sentimiento de rabia dentro de mi corazón.
—Sí, mí querido Armando, tal como te sientes tú ahora, yo sentí lo mismo: mucho rencor hacia aquel mortal llamado Endimion, quien osó robarme el amor de mi princesa lunar. Mi intensión principal fue vengarme, porque yo la deseaba solo para mí, y quería que Serenity regresara a lo alto del cielo como la diosa que era y no la asquerosa humana mortal en la que se había convertido por culpa de Endimion. Para eso llevé a cabo un plan: manipulé al príncipe humano para que asesinara a esa versión detestable de la princesa lunar, y así lograr que el alma humana y sentimental que había nacido dentro de Serenity odiara con fuerza a todos los terrestres, y especial a Endimion. Mi plan funcionó en un principio, pero ella no regresó al Olimpo tal como yo lo planeaba…
La esfera comenzó a brillar con tonos grises entre sus manos.
—La luna tiene dos rostros, uno luminoso, que representa el lado templado, y otro oscuro, que representa peligro. Yo cometí el error de despertar aquella parte interna de Serenity y no me quedó otra que batallar contra ella…
Hizo una pausa y por primera vez pude escucharlo respirar suavemente.
—Sin embargo, tuve bastante suerte porque ella no llevaba consigo el cristal del plata. Hasta hoy en día no sé que ha pasado con ese maldito cristal. Pero en ese enfrentamiento recibió el apoyó de algunas sailors scouts. Serenity murió durante nuestra pelea porque su cuerpo había quedado muy mal herido. Yo sobreviví, aunque mi cuerpo fue destruido. Endimión también falleció, y dejaron una niña huérfana, a la adopté luego de un intento fallido de asesinato...
Sonreí débilmente.
Esa historia me la sabía sin necesidad de que me la contara, a fin de cuentas la he visto cuantiosas veces en mis sueños, la he dibujado en casi todos mis cuadros e inclusive le he inventado a Serena una historia del porqué no debía estar junto con Darien, nombrando a mi fabula como "la maldición familiar de los Shields y del hijo primogénito varón."
Oh, claro.
Mi querida y actual esposa me creyó y se fue redonda a París durante cuatro largos años, en los que estudió dentro de la universidad. Hasta inclusive aproveché la distancia para enviarle la invitación de la boda de Darien para que viera que él se había olvidado de ella.
En cambio, a mi querido hermano le exigí que buscara una buena esposa y que de una vez por todas me diera un heredero, a vistas de que también los médicos me habían dado poco tiempo de vida y que yo no puedo tener hijos por méritos propios. Pero claro, como siempre el inútil de Darien me trajo a la incapaz de Neherenia a mi casa, a la que nunca quise porque sospechaba que esa mujer tramaba algo raro, una cuestión que me involucraba a mí y que ahora puedo ver con bastante claridad…
—Así es Armando, Neherenia es una vieja conocida mía… —contestó, sabiendo de antemano que él podía leer mis pensamientos.
Sin embargo, continué sin comprender cual era mi real vínculo con el Gran Sabio, y qué pretendía él de mí.
—Supe que Serenity y Endimion estaban por reencarnar —comenzó a responder—, y moldeé una figura humana parecida al príncipe Endimion, pero que a diferencia de él, tuviera mis colores, así sería mucho fácil que la reencarnación de Serenity se fijara en mí. Por eso tus facciones son iguales a Darien, pero eres pálido, rubio y de ojos celestes. Sin embargo necesitaba un alma mortal para que se alojase mientras tanto, porque yo no estaba dispuesto a volver a renacer en ese momento y perder mis poderes, así que también creé un alma, y esa esencia eres tú —me señaló—. Yo te creado, y te aloje dentro de la semilla de aquel hombre destinado a procrear a la reencarnación de Endimion. Primero naciste tú y luego siete años después, alojado en un vientre diferente, tal como me lo revelaron las pitonisas, nació Darien. He ido perfeccionando mis habilidades con los años y finalmente podré recuperar mi cuerpo. Sin embargo, dos almas no pueden vivir dentro del mismo envase.
Así confirmó mis sospechas. A fin de cuentas, yo no estaba tan errado.
¿Por qué lo hice?, ¿por qué los separé y luego me casé con Serena? Porque desde la primera vez que la vi se había transformado en mi platónico, y luego cuando tuve la ocasión de pasar momentos a solas con ella, enseñándole "francés" para su beca universitaria, fueron aflorando sentimientos más y más fuertes dentro de mí. A partir de ese momento la ame, como jamás había amado a nadie, e inclusive iba de vez en cuando a visitarla a Paris con la esperanza de que en algún momento se fijara en mí.
Aunque tengo que confesar que cuando "murió" mi hermano, o al menos esos seis meses en los que Darien estuvo desaparecido, me sentí completamente devastado. No teníamos ningún heredero para nuestra fortuna, así que decidí casarme con Serena. Esto último no lo hice con ánimo de lastimar a nadie ni por mera avaricia. Como enamorada mía y de Darien, sólo quería que a ella no le hiciera falta nada el día que yo no estuviera más sobre la tierra.
Reí amargamente aunque en realidad mis ojos lloraban con amargura.
—Sin saberlo, siempre he sido el villano de esta historia…
Escuché reír suavemente a mi futuro verdugo.
—Soy el verdadero dueño de este cuerpo —dijo señalándome—, y compartes recuerdos, sentimientos y emociones conmigo...
—Pero no soy tú…
—No, no lo eres —negó—, y ha llegado el momento de que te vayas para siempre Armando...
Mis ojos se llenaron de lágrimas, y sentí un extraño calor propagarse por mi cuerpo. Supe por primera y única vez lo que se sentía morir. El último latido, la última respiración y el último pensamiento. Todo se retornó negro para mí, y lo único que pude ver fue la radiante luna llena pintada de rojo...
DARIEN POV
—¿Qué sucede Darien? —preguntó Mina.
Miré hacia el sector del patio donde mi hermano mayor solía jugar conmigo al escondite. Se había levantado una ventisca, alzando varias hojas de colores silvestres dentro de una tenue danza.
—Creí escuchar la voz de Armando...
—Pero si Armando está de viajes de negocios en algún lugar lejano y seguramente excéntrico del planeta...
—Creí escucharlo despedirse de mi… —reformulé sin expresión aparente, aunque sentía una extraña opresión en mi pecho.
—Pues que raro…
Mina descansó su espalda más contra el espaldar de la banca donde nos hallábamos sentados y estiró sus piernas, con suma pereza.
—¡Qué maravilloso patio! Siempre me ha gustado caminar por aquí —comentó de repente, como para cambiar de tema.
—Lo sé.
—Hace tiempo que no nos vemos —susurró con cierto arrastre de sospecha en su voz.
—Si, lo sé...—dije siguiéndole el juego.
Finalmente nos miramos directo a los ojos y luego dirigimos nuestra atención hacia aquella zona en la cual sospechábamos que alguien muy conocido se escondía.
—Y también te has dado cuenta que ese arbusto se mueve raro.
—También lo sé…
Mina sostuvo una piedra del suelo.
—No lo hagas Mina —dije plano, sin ánimo de detenerla.
Mina alzó el brazo y lanzó la piedra contra el arbusto. Se escuchó un "auch" y de golpe se levantó una furiosa rubia de dos colitas.
—¡Pero que bien, Mina! —exclamó Serena caminando con pasos pesados hacia nosotros y cruzando los brazos contra su pecho—. ¿Vienes a visitarme a mi o sólo a Darien?
—A los dos...
—Pues no lo parece…
Pude ver que se lanzaban chispas por los ojos.
—¿Qué hacías detrás de los arbustos? —pregunté para sacarlas de ese trance.
—Pues… eh... —titubeó con nerviosismo y luego se largo a reír tontamente, rascándose la nuca.
—Déjala, sólo es una curiosa... —respondió Mina con voz sobre actuadamente sombría.
Otra vez comenzaron a lanzarse chispas a través de los ojos.
Serena colocó sus manos sobre las caderas y se inclinó hacia nosotros, entrecerrando la mirada.
—¡Me estoy cansado de todo ese vínculo de ustedes dos! Díganme todo… ¿por qué siempre están tan juntitos…?, ¿eh?
Mis mejillas se encendieron.
—Serena ya te dije que en la mansión no puedo decirte nad…
Serena me aniquiló con la mirada, haciéndome callar en el acto.
—¿Qué quieres saber? —preguntó Mina de modo desinteresado y cruzando sus piernas.
—Primero, ¿quienes son ustedes en realidad?
Mina sonrió de medio lado y sus ojos brillaron con vanidad.
—Él es Darien y yo soy la gran Mina Aino.
Serena frunció el ceño y por inercia puse uno de mis brazos como barrera frente a las dos. Sé que son capaces de lastimarse físicamente, a fin de cuentas, a mi ex novia le sobraban las razones para golpear a Mina Aino: ellas no se hablaban desde que esta última truncara el casamiento en la iglesia.
Serena otra vez me aniquiló con la mirada y su postura se retornó rígida.
—Darien —me nombró como cansada—, ayer comencé a pensar sobre todos estos años que te conozco —comenzó a decir con timbre reflexivo y maduro—, y recordé cuando te disfrazabas de Tuxedo Mask para robar joyas, ¿recuerdas? Fue cuando perdiste tu memoria luego del accidente automovilístico. (*) Así que mi pregunta es la siguiente, algo bastante directo y especifico; ¿cómo era aquella joya que buscabas?
—Serena… —musité sin ánimo de responder.
Golpeó con fuerza el pie contra el suelo y la luz del farol explotó. Mina la miró sorprendida aunque yo ya le había contado los extraños "ataques" de Serena.
—Es el cristal del plata —respondió Mina por mí.
—¿Y sabes quién es la dueña de ese cristal?
—No —negó mi mejor amiga, experta en decir mentiras.
—Cuéntame más —exigió, no creyéndole.
Mina se levantó de golpe.
—La conversación se acaba acá —dio por finalizada con una inmadurez impropia en su voz, y comenzó a caminar hacia la entrada.
Serena me miró a mí, sabiendo con certeza que yo no iba a decirle nada. Entonces fue corriendo detrás de Mina al son de "cuéntame, no hay secretos entre mejores amigas", "eres una mala amiga", "te presentaré un chico muy guapo si quieres, ¡o inclusive a una chica!"
Mina paró sus pasos de golpe y la miró intensamente, colocando sus manos en las mejillas de Serena. Parpadeé con rapidez. ¿Qué tramaba esa chica?
—Serena… —comenzó a decir con suavidad y con la mirada brillante como actor de telenovelas—, ¿acaso nunca te mencioné lo atractiva que me resultas?
Entrecerré mis ojos y quedé marcando ocupado dentro de mí mente.
Serena se mantuvo en silencio y con una risa nerviosa apartó las manos de su mejor amiga.
—Mejor no me digas nada. Prefiero ir averiguándolo sola…
Mina sonrió ampliamente y alzó sus dedos en señal de paz.
—¡Perfecto! —exclamó y continuó caminando hacia la mansión.
(*) La niña de mis ojos: Revelación, Tuxedo Mask aparece en los primeros capítulos.
