Disclaimer: Inazuma Eleven pertenece exclusivamente a Level-5 y esta historia está creada sin ningún fin de lucro.
Dedicado a todas las que comentaron en el capítulo pasado. Muchas gracias por su apoyo; lo necesitaba. Disfruten este capítulo~
"Ángeles y Demonios"
Capítulo 11: El antidemonio ha llegado
Llegaron al hospital a tiempo. Apenas los vieron entrar, los doctores le arrebataron el cuerpo de Suzuno a Nagumo y lo depositaron en una camilla, llamando por radio a todos los doctores y enfermeras disponibles con la simple mención de "Código azul, preparen el quirófano 2". Seijirou, Hitomiko y Nagumo observaron cómo las figuras de bata blanca que llevaban al albino desaparecían empujando la camilla a través de las grandes puertas de la sala de urgencias. Desde ese punto no podían hacer nada más, por lo que sin siquiera dirigirse la palabra, el pelirrojo fue a sentarse en la silla más cercana a la puerta y el señor Kira se acercó a una enfermera que le hizo una seña con la cabeza, registrando al albino en el hospital. Hitomiko, por su parte, salió del lugar y tomó su móvil para llamar a Hiroto.
— ¿Hermana? —ella lo conocía. Algo lo tenía alterado o más de lo que estaba cuando ellos se marcharon, pero decidió pasarlo por alto e ir al grano.
— Ya hemos llegado al hospital y han llevado a Suzuno al quirófano —informó con voz neutra, cerrando los ojos mientras apoyaba su espalda en la pared.
— ¿Cómo está él? ¿Se pondrá bien, cierto?
— Cuando llegamos estaba muy débil, pero no sabremos nada hasta que el doctor nos informe. Te llamaré cuando sepamos algo —prometió, adivinando cuál sería el rostro de su hermano ante sus palabras. Se imaginó su ceño suavemente fruncido y un leve puchero, al cual le seguiría un suspiro de resignación y, en el mejor de los casos, una trémula sonrisa. Al escuchar el suspiro de Hiroto en la otra línea, sonrió para sus adentros; ella lo conocía tan bien.
— Está bien, no olvides llamarme —recordó antes de cortar la comunicación— Gracias —fue lo último que escuchó antes que la línea muriera. Sin decir nada, guardó el aparato en su bolsillo de su pantalón y se permitió suspirar también, alzando la vista para ver el cielo grisáceo y opaco. Tenía la pinta de que iba a volver a llover.
No quiso volver adentro a hacer compañía a su padre y al pelirrojo. Había un aura deprimente ciñéndose a ellos y ella no estaba para contagiarse de su tristeza; ella era una mujer fuerte y tenía que mantenerse en pie en vista que ninguno de ellos podría hacerlo. Una brisa helada golpeó su cuerpo, causándole un escalofrío y provocando que su cabello se moviera grácilmente al son del viento. Al dejar de sentir el frío aire colarse por su cuello hacia su espalda y pecho, sintió una presencia junto a ella que no era más cálida, pero tampoco menos fría. No tuvo necesidad de voltear para saber que era Osamu.
El demonio no pronunció palabra ni demandó atención. Sabía que ella sabía que estaba a su lado y se dio el lujo de disfrutar aquella apariencia humana que durante diez años había abandonado. Se sentía bien estar fuera del purgatorio de vez en cuando, aunque le preocupaba un poco el haber dejado a Tsurugi con Hiroto y Midorikawa. Era prácticamente un bebé demonio a sus ojos (no llevaba más de cinco años de haber nacido como tal) y sabía cómo era de quisquilloso; seguramente se escabulliría de la mansión ahora que no tenía sus ojos encima y se iría a hacer lo que cualquier demonio hace en el mundo humano: divertirse a costa de ellos. ¿Por qué había salido tan parecido al irritante de Fudou? Sin embargo, este asunto era importante para él y decidió dejar que las cosas sucedieran como debían hacerlo y permitirle el libre albedrío a Tsurugi. Ya se las arreglaría después con él, teniendo esta cuenta saldada.
— ¿Se te ofrece algo? —preguntó fríamente Hitomiko aún con los ojos cerrados y el rostro volteado hacia el frente, como si Osamu no estuviera allí.
Él se permitió esbozar una sonrisa ladina. Era tan arisca ahora, aunque hacía diez años su comportamiento daba luces de ser guiado hacia esa personalidad fuerte que la distinguía hoy en día como mujer. A sus ojos, ella creía ser madura y lo suficientemente fuerte como para terminar lo que habían dejado pendiente antes que él tuviera que huir del mundo humano, ya una vez que fue un demonio completo, mas él sabía que realmente no era así. Escuchaba como el corazón de Hitomiko latía con mayor rapidez producto del nerviosismo y rió quedamente ante la ingenuidad de la mujer. ¿Cómo podía ella engañarlo a él?
— Te eché de menos —dijo con toda la sinceridad del mundo, aprovechando que estaban solos y que no necesitaba mantener en alto su parte más fuerte e indiferente—, y creo que tú también me has echado de menos.
— Por supuesto que no —rebatió ella inmediatamente— ¿Por qué habría de hacerlo? Todo quedó zanjado en el pasado. Ya nada me ata a ti.
— Siempre tan esquiva, Hitomiko —continuó sin alterarse ni mostrarse a la defensiva como ella lo hacía— A mí no me engañas, porque yo escucho tu corazón —tanto literal como figurativamente cabría señalar. Su mirada se suavizó con amor al escuchar como el corazón de ella daba un salto y luego continuaba latiendo desembocado, indicándole que ella estaba asustada y nerviosa al verse expuesta. Decidió tranquilizarla a su manera y se colocó frente a ella, con ojos amables pero con los labios tensos en una línea. Permitió que sus dedos descansaran en la mejilla de ella, notando como su rostro apenas mostró reacción ante el toque de él, manteniéndose serio y desafiándole con aquella mirada azulada. ¿Por qué hacía las cosas tan difíciles?— Dime la verdad, ¿me has olvidado?
Ella mentía a la perfección cuando la situación lo ameritaba y esta situación ameritaba sus dones para mentir, pero un nudo en la garganta le impidió decir crudamente el "sí" a la interrogante de Osamu. Aunque abrió la boca, nada salió de ella y terminó cerrándola sin haber pronunciado palabra. Desvió la mirada y la fijó en el piso, molestándole el hecho que fuese incapaz de responder a algo "tan sencillo" y que siempre creyó que podría contestar si él alguna vez volvía (aunque las esperanzas en ella ya había muerto para ser honestos).
Por su parte, Osamu sonrió complacido y aliviado. Ella no lo había olvidado aunque habían pasado diez años. Nuevamente se preguntaba sobre si realmente no tenía corazón, puesto que sintió como éste se hinchaba de felicidad ante la actitud de la Kira, pero dejó de pensar en tonterías y simplemente decidió actuar. Se acercó lentamente, permitiéndole que lo empujara si ella lo deseaba (cosa que ella no hizo), hasta que sus rostros quedaron a tan poca distancia el uno del otro que él podía sentir su cálida respiración y ella podía sentir el frío hálito que imitaba ser esa respiración que él no necesitaba.
— Hiroto lo aprobaba, ¿lo sabías? —antes que ella pudiera responder, Osamu eliminó cualquier distancia entre ellos y la besó. Hitomiko, sorprendida por sus últimas palabras, sólo abrió los ojos y no tuvo tiempo para reaccionar a sus acciones.
La calidez de los labios de Hitomiko le hizo recordar tanto a la primera vez que la besó. Podía verla a ella de adolescente, con el tierno rubor en sus mejillas que se iba convirtiendo en un rojo intenso como el cabello de su hermano, sus ojos abiertos de la impresión y su cuerpo brevemente tensado antes de relajarse y corresponderle. La diferencia fue que esta vez ella no correspondió, pero tampoco le respondió. Eso a él le bastó para hacerlo feliz.
Era un beso simple y tierno, una caricia entre labios que no pasó a nada más pasional. Empero, aquel simple beso estaba tan cargado de amor que al separarse, Hitomiko sintió una avalancha de mariposas revoloteando alocadamente en su estómago y un rubor mal disimulado instalándose en sus mejillas. Él la miró serio, pero sonriéndole con los ojos y ella pudo admirar como esos orbes anaranjados volvían a inyectarse de sangre y la esclerótica (1) pasaba a ser nuevamente negra. Estaba volviendo a su verdadera apariencia como demonio y ella intuyó que lo hacía para no engañarse con lo que no era; tácitamente le pedía a Hitomiko que lo aceptara así.
Nuevamente se inclinó hacia ella, quedando sus labios cerca de su oído para hablarle en susurros.
— Me quedaré un tiempo más. Ya sabes dónde buscarme —era una invitación. Depositó un beso en la comisura de sus labios y su cuerpo se transformó en humo negro, dejándola a ella sola con las mejillas encendidas y con una sonrisa reprimida. Se sentía otra vez como una niña enamorada.
Entró a la sala de espera y se sentó junto a Nagumo, quien estaba ahora entre ella y el señor Kira. Todos estaban tensos, preocupados y con rostros graves a la espera de nuevas noticias (bueno, ella intentaba ambientarse nuevamente y no sonreír bobamente como realmente su cuerpo quería). Las noticias no llegaron hasta casi tres horas después, cuando un hombre de mediana edad y con aquellas batas azules que usaban los cirujanos en las operaciones apareció a través de las puertas, buscándolos con la mirada y llamando a "los familiares de Suzuno Fuusuke". Los tres se levantaron como resortes y el hombre se acercó a ellos, por fin dándole las ansiadas noticias sobre el albino.
Comunicó que había llegado muy mal y que costó mucho sacarlo del estado crítico. La operación había sido complicada, pero había resultado exitosa aunque Suzuno aún no estaba completamente fuera de peligro. Lo habían trasladado a la unidad de cuidados intensivos y por lo mismo ahora nadie podía entrar a verlo, pero al día siguiente, si no habían complicaciones durante lo que restaba del día, podrían verlo de a uno en el período de visitas. Aquello bastó para que todos se sintieran más aliviados, especialmente Nagumo. Seijirou dijo que, en vista que no podían ya hacer nada más que esperar, podrían volver a la mansión, pero Nagumo se negó. Dijo que se quedaría un rato más en el hospital aunque no dio sus razones. Por supuesto, ambos mayores supusieron que aún no quería separarse del albino y asintieron, diciéndole que cualquier cosa que necesitara simplemente tenía que llamarlos. Él asintió y los vio irse.
Una vez solo, Nagumo volvió a derrumbarse sobre el asiento y escondiendo el rostro entre sus manos, se permitió liberar unas últimas lágrimas y una tímida sonrisa. Suzuno estaría bien.
Ignorantes de lo ocurrido el día anterior en la mansión Kira y sin saber el porqué de la ausencia de Nagumo y Suzuno durante la práctica del día anterior (la última que tendrían por un tiempo), los que iban a seguir las instrucciones del director Raimon e ir a la tumba del paladín Seigou Hibiki se reunieron en las puertas del instituto exactamente a las once de la mañana, cuando todos los demás estudiantes estaban ya en clases.
El grupo terminó siendo conformado por Someoka, Endou, Kazemaru, Max, Goeunji, Touko, Rika y Haruna, quien había accedido a venir luego de haber sido informada por Yuuichiro (2) sobre los últimos acontecimientos y sus planes. Sin embargo, el grupo que finalmente se encontró en las puertas de Raimon y que fue al cementerio aquel día sufrió unas ligeras modificaciones. Los miembros de SP Fixer se negaron a ser excluidos del plan, por lo terminaron siendo incluidos sólo con la condición que se mantuvieran al margen y que, a menos que se les necesitara, no intervinieran; Endou no apareció a la hora señalada, por lo que Tsunami se debatía entre acompañarlos o no ante la necesidad de otro paladín y terminó uniéndoseles en lugar del castaño al saber que Tachimukai estaría siendo cuidado por el director y su hija (en medio de sus arranques de poder, había guardado inconscientemente sus alas por lo que Natsumi no sabría nada sobre su verdadera identidad); y sin que ellos supieran, Kogure los seguía de cerca para averiguar qué ocurría y dónde estaba Atsuya.
Llegaron cerca del mediodía. Al igual que el día anterior, el cielo se veía grisáceo y aunque el aire se mantenía seco y sin indicios de lluvia, de vez en cuando un trueno sonaba a la lejanía, como advirtiendo la llegada de una tormenta. Ellos lo sintieron casi como un presagio y aquel sentimiento se acentuó al ver a un hombre parado en la entrada del cementerio, con el rostro más serio y la mirada más dura que habían visto; un desconocido para todos, con excepción del par de paladines. Daba la sensación de ser un hombre de piedra.
— Bien —habló con voz autoritaria, antes que ellos pudieran decirle algo—, mi nombre es Kudou Michiya y soy un paladín. Raimon me ha pedido que los guié hasta su destino final, así que no aceptaré quejas ni sugerencias de ningún tipo —se veía inflexible y nadie se atrevió a responderle— Síganme.
Sin esperarlos, comenzó a caminar adentrándose en el cementerio. Los que no lo conocían, simplemente lo miraron marchar y se apresuraron a seguirle el paso, mientras que Tsunami y Someoka aprovecharon la distancia que se formó entre el grupo de humanos y ellos para poder conversar en privado sobre la repentina aparición del paladín de cabellos púrpura.
— ¿Por qué habrá llamado a Kudou-sempai? —cuestionó en voz baja el surfista, viendo discretamente al susodicho.
— No lo sé. ¿Dónde estará Fuyuka? —respondió con otra pregunta el delantero, intentando ser más discreto que su compañero.
— Él no es de los que dejan botados a sus ángeles… debemos estar metidos en un lío muy gordo —recalcaba lo obvio, pero Someoka estaba demasiado intrigado por la aparición del paladín mayor para mirarlo de mala manera por lo tontas que resultaban sus palabras en esta situación.
Apresuraron el paso para no quedar rezagados. Como era un cementerio, todos guardaron el respeto que el lugar demandaba y caminaron lenta y solemnemente. Un grupo grande como ellos llamaba un poco la atención, pero Touko y Rika habían traído oportunamente unos ramos de flores blancas, haciendo creer que simplemente eran un grupo grande que iban a visitar una tumba; no era del todo mentira.
La tumba a la que iban estaba bastante retirada del resto. Estaba en una parte del cementerio donde la grama crecía uniformemente, pero donde no había flores que le dieran algo de vida con sus colores. Como estaba apartada de las demás tumbas, había cierta privacidad que les resultaba bastante cómoda; aparte de ellos, sólo había un jardinero terminando su trabajo, un pequeño grupo de personas algo lejos que parecían estar en pleno funeral y un niño sentado en una banca mirando con inocencia hacia donde los adultos se conglomeraban. Por su rostro sereno y carente de lágrimas, era deducible que no sabía qué ocurría, lo cual era bastante comprensible. No debía tener más de cinco años; aún no entendía lo que era la muerte.
— Oye, Max —llamó en voz baja Gouenji, dándole un discreto codazo y señalándole con la cabeza hacia el solitario niño— Junto a ese niño… hay un ángel —dijo contemplando la silueta del ser celestial. Por su altura creía que era un ángel joven, sus alas no eran tampoco muy grandes (incluso las de Shirou son más impresionantes, pensó) y su cabello castaño oscuro caía ondulado rozando sus hombros.
— Debe ser su ángel guardián. Recuerda, todos tenemos uno —murmuró en respuesta el pelirrojo, casi enterneciéndose por la sorpresa del delantero de ver a un ángel tan cerca de él. ¿Cuánto habría negado su habilidad para reaccionar así? Pero se equivocaba, Gouenji no se lo decía por esa razón, pero antes de poder aclarar ese punto, el niño se dio vuelta a verlos y les sonrió, saludándolos con la mano en un gesto por lo demás, muy tierno.
El pequeño, de corto cabello castaño claro, dio una mirada furtiva hacia el grupo de llorosos adultos y, sonriendo, se bajó de la banca y corrió hasta ellos. Max y Gouenji, al verlo venir, se miraron entre sí medio alarmados y miraron a sus espaldas, notando cómo los paladines del grupo estaban ya alrededor de la tumba en respetuoso silencio y cómo los demás estaban cerca de ellos, rindiendo honores a quien no conocían. Antes de hacer algo, el niño ya estaba frente de ellos, tironeando del pantalón del pelirrojo para llamar su atención.
— Onii-san, ¿también vienen acá a ver a obaa-san? —preguntó ladeando la cabeza ante la pregunta, mirándolos con esos grandes y brillantes ojos azul metálico llenos de alegría e inocencia. Por sus palabras, ambos supieron que a quien estaban enterrando era a la abuela del niño.
— No, venimos a ver a un amigo nuestro —respondió Max, hincándose para quedar a la altura del pequeño y revolver cariñosamente sus cabellos en gesto amistoso.
— ¿También se fue al cielo?
— Ajá. Quizás ahora está hablando con tu abuela —le siguió la corriente, notando como el niño, inconsciente sobre la verdad de la muerte, se mantenía alegre pese a que su abuela había fallecido— ¿Y cómo te llamas?
— ¡Tenma! Y él es Takuto —respondió alegremente, mirando al ángel que estaba junto a él. Como todo ángel de la guarda, se mantuvo impasible, sólo sonriéndole al pequeño puesto que se suponía que ni Gouenji ni Max eran capaces de verlo.
— Un gusto, Tenma. Yo soy Max y él es mi amigo Gouenji —se presentó tanto a él como al de cabellos color crema, quien no era precisamente bueno con los niños; Yuuka era una excepción— Un gusto conocerte por fin, Takuto. ¿O debería llamarte Shindou, como lo hace Ranmaru? —saludó al ángel, quien se sorprendió al notar como el pelirrojo le hablaba en su lengua.
— ¿Conoces… conoces a Ranmaru?
— ¡Woah! ¡Hablas igualito a Takuto! —había genuina sorpresa en la voz del niño, pero también admiración. En su mente infantil ya se estaba formando una imagen idolatrada de Max.
Pero aquel momento de paz y tranquilidad no duró. Al chasquido de unos dedos, un muro de fuego negro los rodeó y separó del resto del mundo; adentro del cerco, cual ovejas, quedaron todos los del grupo incluyendo al pequeño Tenma, que miraba a todos lados sin saber qué ocurría, aferrándose a Max en busca de protección, y a Kogure que se había escondido tras de un árbol. Max tomó al niño entre sus brazos y levantándolo consigo, se puso de pie y observó a su alrededor. Nadie parecía saber qué ocurría y los gritos desesperados de los familiares de Tenma no ayudaban al ambiente que los rodeaba.
Tsunami, Someoka y Kudou habían convocado sus armas (una espada recta, una guadaña y unas tonfas respectivamente) a la espera de algún ataque. Alrededor del cerco de fuego, los miembros de SP Fixers intentaban inútilmente entrar, pero eran tan intensas y mortales las llamas que si intentaban cruzar serían carbonizados. Kazemaru y Haruna se mantenían alertas, preparados para atacar de ser necesario, y el par de chicas simplemente se tomó de las manos y aguardaron tras el ángel blanco y el ángel negro que las protegían con sus cuerpos etéreos. Para seguridad de Tenma, Gouenji y Max se mantuvieron en su posición, más alejados de los demás, y Shindou se colocó frente a ellos en caso que algo o alguien intentara atacar a su niño; no estaba escrito que muriera ahora.
Repentinamente, el muro de fuego oscuro creció hasta que los encerró dentro de una burbuja que, pese a estar hecho netamente de flamas, no generaba calor alguno, aunque ninguno quiso ir a tocarlo para averiguar si había perdido su capacidad para quemar. Estaban ahora dentro de la especie de dimensión oscura donde sólo se encontraban ellos… o eso creían hasta que un cuerpo etéreo comenzó a volverse sólido frente a sus narices. Era Kidou.
— ¡Hermano! —exclamó Haruna al verlo aparecer. Sus ojos se aguaron al verle aquellas alas negras; desde que se había convertido en un caído, Haruna no había podido volverle a ver por estar prohibido. Lo extrañaba tanto…
Haruna… ¿qué haces aquí? Se preguntó el de ojos rojos al ver a su querida hermana allí. Sin embargo, él tenía muy claro lo que estaba haciendo y por qué lo estaba haciendo, por lo que simplemente decidió hacer el que no vio nada y continuar con su misión.
— ¡KIDOU! ¡DEVUÉLME A SHIROU AHORA! —exigió Someoka seriamente, pero sabiendo que no podría atacarlo. Intentaba parecer fuerte ante el ángel negro, pero en su corazón aún estaban las memorias del pasado y con dicho fantasma nublándole el juicio no podría actuar correctamente. Tsunami se dio cuenta de las inseguridades de su compañero y empuñó firmemente su espada; si él no atacaba, lo tendría que hacer él con el dolor de su alma.
— ¿Quieres verlo? Aquí está —respondió Kidou con tanta naturalidad y frialdad que ni Haruna ni los paladines pudieron reconocerlo.
El de rastras volvió a chasquear los dedos, haciendo que aquella cúpula que parecía transportarlos a otra dimensión comenzara a distorsionarse; el efecto era parecido a cuando hay estática en la televisión. Tras de Kidou, que se mantenía en el aire en gesto elegante y amenazador, se comenzaron a materializar unas cruces que tenían crucificadas a ciertas personas que la mayoría conocía. El corazón se les encogió al verlos allí, atados a las cruces de madera cual el Cristo católico, inconscientes y con rastros de sangre que manaban de donde los clavos hechos de pura oscuridad los unían a la cruz.
De las ocho cruces, sólo tres estaban ocupadas. A la extrema derecha estaba Handa, con sus alas de ángel negro extendidas y clavadas a la cruz. En la cuarta cruz y quinta cruz estaban los gemelos Fubuki (Atsuya y Shirou respectivamente) de la misma manera que el caído, con sus alas negras de murciélago y blancas de ángel extendidas y clavadas a lo que simulaba ser madera negra. Todos inconscientes y preparados para ser sacrificados, sólo esperaban a que las otras cinco cruces fueran ocupadas y que los cuatro protagonistas fueran capturados para finalmente perder sus vidas.
Ante el mórbido espectáculo, Tenma comenzó a llorar.
— Handa… —susurró con voz quebrada Max, abrazando más fuerte al niño que lloraba en sus brazos, aferrándose a su cuello y escondiendo el rostro entre el hueco que había con su hombro.
— ¡ATSUYA! —Kogure, al ver a su amigo de cabellos rosados, no soportó el estar escondido y salió de detrás el árbol, corriendo hacia donde las cruces se alzaban. Haruna lo observó con ojos abiertos y con el terror martilleándole el corazón.
— ¡NO! ¡KOGURE! —intentó ir hacia a él, protegerlo, pero algo se lo impidió— ¡AAAH! —unas ondas oscuras, similares a las que Desuta había creado pero de fuego negro, impidieron el avance del ángel guardián y mantuvieron ocupados a los tres paladines, que tuvieron que saltar a la acción a proteger a los civiles. Con sus armas cortaban las ondas para desintegrarlas, evitando que alcanzaran la carne y la cercenaran.
— ¡Suéltame! —exclamó el de ojos dorados, revolviéndose entre los brazos de Kidou que lo mantenían prisionero. El ángel negro tuvo que esquivar una enorme roca que iba hacia él, notando que su propia hermana había sido quien la había lanzado. No había culpa en sus ojos azulados, pero sí tristeza y una gran determinación. No quería lastimarlo, pero iba a salvar a Kogure.
— Por favor hermano, no hagas obligues esto —imploraba ella, pero Kidou sólo desvió la mirada intentando esconder su frustración y enojo, y con un brazo convocó nuevamente su fuego negro para enviar una llamarada hacia su hermana, quien no sufrió daños gracias a Tsunami que bloqueó el ataque con el filo de su arma.
Aprovechando la distracción, Kidou silenció al irritante mesías llenando su consciencia de oscuridad y arrastrándolo a la inconsciencia. Una vez manejado aquel asunto, voló con agilidad hacia donde las cruces se erguían y haciendo uso de su manipulación de la oscuridad (algo propio de demonios y no de ángeles de ningún tipo cabe aclarar), crucificó al muchacho tal y como los otros seres estaban crucificados. Uno menos, faltaban cuatro, pero ya tenía en mente un par más.
— Ve por el niño, Kidou —una nueva voz habló, con timbre grave y oscuro. Ninguno más que le mencionado supo de dónde provenía, pero tuvieron que moverse rápidamente para esquivar los nuevos ataques del ángel caído, quien desplegaba su poder con increíble destreza y en toda su variedad: usó todos los elementos a su disposición, más la oscuridad y el fuego negro. Los paladines intentaban defenderse como podían y las criaturas celestiales hacían uso de todas sus habilidades: repelían las llamaradas de fuego con murallas de agua, los proyectiles de tierra con proyectiles de aire y el aire concentrado con potentes haces de luz materializada.
Los considerados más mortales simplemente intentaban salir del camino, Max protegiendo con su cuerpo a Tenma y Gouenji protegiendo con el suyo a las chicas. No obstante, en algún momento el pelirrojo fue golpeado por una de las potentes ráfagas de aire, saliendo despedido por los aires y separándose de Tenma en el proceso. Escuchaba al niño llorar asustado y cuando logró ver entre el vapor que se producía luego del choque de agua y fuego, notó que alguien más lo tenía y ese alguien no estaba en el bando de los buenos.
Kidou había atrapado a Tenma, quien temblaba de miedo ante aquella mirada rojiza. Quería a su mamá, a su papá, a su abuela que ahora estaba en el cielo y a su perro Sasuke, pero nadie estaba allí para salvarlo de ese monstruo de ojos rojos que ya de seguro era amigo del monstruo que había bajo su cama o en el armario del ático (¿o de los conejos del polvo tal vez? (3)). Se revolvía entre sus brazos y le daba golpecitos con sus pies y manos, pero nada era efectivo. Si tuviera su figurita de acción de Astroboy, ese ángel feo temblaría ante el poder del niño robot.
Harto del berrinche del pequeño humano, Kidou repitió lo que hizo con Kogure y mandó al mundo de los sueños a Tenma.
— ¡KYAAA! —gritó Haruna al sentir como alguien la atrapaba, enterrándole las uñas en el antebrazo e inyectándole alguna clase de veneno que lentamente hacía efecto en ella, causándole gran dolor.
— Muy bien hecho, Kidou —ahora la voz no parecía provenir de un ser etéreo ni resonaba por toda la cúpula. Ahora era claramente de una persona (o algo parecido) y que estaba entre ellos, más específicamente detrás de Haruna, inmovilizándola mientras le terminaba de inyectar el veneno.
— ¡DÉJALA! —exclamaba iracundo Tsunami, reviviendo en su pecho aquel sentimiento que lo había unido tan fuertemente a la chica en el pasado y que ahora lo unía a su querido Tachimukai. Intentó atacarlo, pero una especie de barrera invisible se lo impidió.
Apenas logró evitar que el niño que descansaba durmiendo en sus brazos cayera al ver aquella figura frente a sus ojos capturando a su hermana. Ese porte alto y erguido, el rostro alargado y nariz alargada y chata, y los anteojos que impedían ver sus ojos… era la forma más humana del antidemonio. Estaba abrumado, especialmente por dos cosas. Primero, no se suponía que él apareciese allí, ¡nunca salía del abismo! Y segundo, ¡ese no era el trato que tenían! Su rostro se crispó, reflejando un odio puro hacia aquel ser.
— ¡KAGEYAMA! ¡ESTE NO ERA EL TRATO QUE TENÍAMOS! —exclamó colérico, expandiendo su fuego negro y dirigiéndolo únicamente hacia el antidemonio— ¡DIJISTE QUE SI TE HACÍA CASO MANTENDRÍA A HARUNA A SALVO! —le discutía, revelando poco a poco sus verdaderas intenciones.
Éste simplemente sonrió retorcidamente en gesto victorioso y antes que el fuego mortal pudiese alcanzarlo, las llamas comenzaron a extinguirse al tiempo que Kidou se encorvaba y profería gritos de dolor que se combinaban casi musicalmente con los gemidos quejumbrosos de su hermana. Ante el dolor que sentía, dejó caer a Tenma y se agarró el pecho, tirando de su vestimenta superior revelando una joya color carmín incrustada en su pecho, de la cual comenzaban a expandirse unas extrañas raíces rojas de manera lenta y tortuosa. Kidou sentía en cada fibra de su cuerpo el calvario del poder del abismo consumiéndolo, al tiempo que comenzaba a perder el control de sí mismo.
— ¿Acaso creíste que te otorgaría los poderes del abismo sin guardarme una carta de triunfo? —preguntó burlón Kageyama, disfrutando del sufrimiento de ambos hermanos— ¡No te dejaré ir, Kidou! Aunque tenga que controlarte contra tu voluntad, seguirás siendo mi títere —declaró riendo victorioso, esquivando sin ningún problema el golpe que iba hacia su espalda, cortesía de Kudou.
Aunque el rostro del hombre seguía tan serio y grave como en un comienzo, sus ojos destellaban con un brillo negro de pura sed de sangre y venganza. Los recuerdos del pasado venían a su mente en imparables cascadas y aunque intentaba mantenerse frío, el rencor y el odio guiaban sus acciones. Frente a él estaba el asesino de Seigou Hibiki, su maestro, y no perdería la oportunidad de asesinarlo a sangre fría en ese instante para consumar la venganza que ansiaba tanto.
— ¡Pero qué tenemos aquí! ¿Tanto ansias hacerle compañía al viejo Hibiki? —había burla en su voz, como queriendo avivar el odio del de cabellos púrpura.
— No te atrevas a hablar de él —amenazó con su voz cargada de desprecio— Puede que lo hayas matado, ¡PERO YO TE MATARÉ AHORA! —su ataque iba a ser secundado por el de Someoka y Tsunami, pero en lugar de herir al antidemonio, una sangre oscura, tibia y muy distinta les salpicó el rostro y las ropas. Kageyama, haciendo uso del control que tenía sobre Kidou, había hecho que éste se moviera y le sirviera de escudo. Todos los ataques habían sido bloqueados con el cuerpo del caído, quien cayó pesadamente al suelo, ya sin fuerzas para retorcerse del dolor que le provocaba la piedra roja de su pecho, cuyas raíces seguían expandiéndose por su cuerpo para doblegarlo completamente al antidemonio.
No obstante, sin poder haber asimilado esta última escena, la punta de la cúpula se rompió estrepitosamente y una intensa luz se coló por el agujero. El antidemonio, reconociendo aquella calidez y aquella esencia propia de los arcángeles, convocó un último ataque que afectó a todos los humanos para poder escapar con su botín. Escuchando un último grito de Haruna hacia su hermano, llamándolo desesperadamente, el antidemonio desapareció junto con las cruces en donde estaban los secuestrados, uniendo dos más a su colección. Iba a arrastrar a su marioneta con él, pero por algún motivo no pudo hacerlo, abandonándolo allí mientras desaparecía; no le importó, cuando la piedra terminara por consumir su pobre alma, el mismo Kidou seguiría sus órdenes y mataría a los insolentes que se habían rebelado contra él y volvería al abismo, donde él le esperaría.
La intensa luz no mermó instantáneamente. De hecho, se intensificó expandiendo su calor hacia los heridos, quienes vieron con asombro como sus heridas eran curadas por aquella amable luminiscencia que no podía tener otra fuente que no fuera celestial. Al verse completamente curados, como si nunca hubiera ocurrido nada, el resplandor dejó de cegarlos y las figuras de dos imponentes arcángeles apareció. Tanto Someoka como Tsunami reconocieron a Aphrodi y a Sain.
Sin decir nada, pero alzando su hermosa y brillante lanza, Sain dejó boca arriba a Kidou, quien estaba cerca de perder su autocontrol y voluntad permanentemente, y con gesto decidido impulsó su arma hacia el pecho del caído. Creyendo que lo iban a matar, atravesándole la lanza en el pecho, las chicas ahogaron un grito y voltearon la vista mientras Gouenji las abrazaba de manera protectora, pero sin dejar de ver, notando así como la punta de la lanza impactó fuertemente contra la piedra preciosa de su pecho, destruyéndola en miles de pedazos. Los trozos de joya saltaron, volviéndose opacas al no proveer más poder, y las raíces que se expandían desde ésta se marchitaron, liberando a Kidou. Inmediatamente después de aquello, Aphrodi utilizó su habilidad sanadora para curar las profundas heridas causadas por las armas de los paladines, salvando al caído de una muerte segura. De no ser por ellos, Kidou hubiera muerto al no tener la capacidad de auto curarse.
— Arcángel… —llamó Tsunami a Aphrodi, viendo como éste volteaba a verlo con sus hermosos orbes rubí— El antidemonio… él…
— Lo sé —cortó el arcángel, manteniendo una expresión seria que compartía Sain. Todos contemplaron como la cúpula de oscuridad desaparecía y como los asistentes al funeral de la abuela de Tenma se precipitaban sobre el niño, que yacía tranquilamente durmiendo en el pasto sin preocupación alguna. Tanto los arcángeles como Kazemaru, oportunamente decidieron volverse etéreos, sólo siendo vistos por los videntes presentes— Paladines, encárguense de estas personas.
Dicho y hecho, los tres se apresuraron a borrar las memorias de todos, incluyendo la del niño, para evitar que sus existencias se vieran expuestas a la luz pública. Al ser borradas sus memorias, todos cayeron inconscientes, uniéndose al mundo de Morfeo junto con Tenma, olvidándose de todas las preocupaciones y de todo lo que habían visto hasta entonces. Luego de eso, los arcángeles y el caído volvieron a hacerse materiales.
— ¡Kidou! —Someoka se apresuró a ir a su lado, pero notó que algo había diferente. Volvía a ver a su pequeño semi-ángel, con aquella misma mirada desorientada de la primera vez que lo conoció. Reprimió sus impulsos de abrazarlo aliviado— Kidou, ¿qué pasó? ¡Dímelo!
— Haruna… —musitaba él, como en su propio mundo— Kageyama tiene a Haruna… ¡MALDICIÓN! —exclamó impotente, sin darse cuenta como la rabia provocaba que sus poderes se alteraran, arrancando grandes pedazos de tierra del suelo y elevándolos enloquecidamente en el aire— No pude protegerla, otra vez dejé que se la llevaran… él me prometió que si cumplía sus órdenes él no atentaría contra ella, pero… ¡MALDITA SEA! ¡HARUNAAA!
— ¡Tranquilízate, Kidou! —Someoka lo sacudía por los hombros, intentando que el caído entrara en sí. Éste pareció reaccionar y miró al moreno con unos ojos tan llenos de culpa y arrepentimiento, que Someoka sintió que se le partía el corazón al verlo destruido. Al mismo tiempo, los trozos de suelo y piedra que volaban peligrosamente por los aires perdieron la vida y cayeron al suelo inertes, como si nada hubiera pasado.
— Caído, ¿dónde se los llevó? ¿Dónde se realizará la ceremonia? —Kudou no era el único que demandaba esa respuesta. Los arcángeles, que sabían las consecuencias que traería a la Tierra, el cielo y al purgatorio si ese ritual se concluía con éxito, mantenían posturas firmes y demandantes, exigiendo tácitamente la respuesta.
Kidou guardó silencio. Él realmente se encargaba de traer a los sacrificios y Kageyama era bastante reservado en cuanto a sus planes. Sin embargo, intentó hacer memoria y buscar algo que pudiese indicarle lo que necesitaban; no por nada él era considerado un genio cuando estaba vivo. Repasó su mente varias veces, revivió sus conversaciones y cuando iba a darse por vencido, una memoria acudió fugaz a su mente, dándole la respuesta que necesitaba.
Había sido de las primeras veces que había entablado contacto con el antidemonio. Ambos estaban en las profundidades del abismo y él comenzaba recién a concretar sus planes gracias a la ayuda de Kidou. Una frase, una simple frase fue lo que recordó el de ojos rojos para darse cuenta de a dónde se realizaría el ritual y fue tan lógico que se sintió un estúpido por no haber pensado en ese recuerdo aparentemente insignificante. Decidió recitar las palabras del antidemonio, dándoles a entender a los que lo rodeaban a dónde debían dirigirse ahora si planeaban salvar a los sacrificios.
— Volveremos al inicio… a los orígenes, donde el hijo de Cronos, Júpiter, dominó una vez el cielo —recitó él, viendo a los arcángeles.
¿El inicio? ¿Los orígenes? ¿Cronos? ¿Júpiter? Si mal no estaban, esos nombres le sonaban a mitos y divinidades, ¿pero qué relación tenían con el antidemonio? A diferencia de ellos, esos dioses no existían, sino que eran una mera creencia humana. Sin embargo, Max y Touko eran buenos en historia (especialmente en la historia universal) y comenzaron a hilar sus ideas hasta que llegaron a la respuesta.
— Volver al inicio… —dijo ella, siendo seguida por él, como si estuvieran de acuerdo y lo hubiesen ensayado.
— Regresar a los orígenes… —había comprensión en sus ojos, una que los hacía sonreír por la sincronía que sus pensamientos tenían.
— ¿Qué tiene que ver eso? ¡Es sólo un mito! —exclamó Kazemaru, que realmente no le encontraba mucho sentido a la única pista que Kidou les había dado.
— ¿No lo ves, Kazemaru? —preguntó ansioso Max, viéndolo tan obvio— ¡El dios Júpiter! Hay que volver al inicio, regresar al origen de todo... no se refiere al Dios en sí, sino al lugar. Tenemos que ir a… —pero el arcángel Sain comprendió la idea y completó la oración del pelirrojo.
— Italia.
Continuará~
(1) La esclerótica es la parte blanca del ojo.
(2) Yuuichiro Raimon, director del instituto y padre de Natsumi (Encontré el nombre hace poco).
(3) Los conejos de polvo son un monstruo inventado por los bebés de "Rugrats" que se supone que son monstruos que aparecen donde no se ha limpiado y que se ha acumulado polvo y basura, y que te atacan malvadamente (?) D: ¿Alguien vio ese capítulo?
Si leíste hasta aquí, muchas gracias~
N/A: Bueno... otro capítulo más. ¿Les confieso algo? Lo terminé de escribir en menos de un día porque para mantenernos ocupadas y no pensando en mi gatita mi mamá nos ha sacado a todos lados estos días, pero empezando como a las 22:00 y terminando a las 04:00... extraño tanto a mi niña, que se dormía conmigo, que me cuesta dormir sin ella a mi lado. Pero eso es mejor para mis fics, ¿no? :) Además salió bien largo el capítulo, toda la primera parte se me ocurrió en ese momento agregarla, no estaba planificada, pero estoy muy satisfecha de haberla agregado. No quería dejar eso inconcluso.
Sinceramente, nunca creí llegar a este capítulo. Para la historia es esencial este capítulo, porque ya intuyen qué se viene, ¿nooo~? :3 Tardamos 11 capítulos en llegar... pero llegamos y es lo importante xD ¿Alguien adivinaba que el antidemonio era Kageyama? Igual no era tan difícil, es como el Voldemort de IN11. Y Tenma... en mi mente es tan shota y tierno, pero me encantó ponerlo en esta parte ;w; En mi mente es tan cute su breve interacción con Max~ .w.
Agradezco realmente de todo corazón a judy-andersen, MizuKi-chan-18, TTaacchhii, Starbell Cat, Claire Beacons, Miria-chan Whitediamond y La dama azul de Konoha por sus RR's. Muchísimas gracias por su apoyo y su cariño, sus comentarios me animaron mucho y me permitieron seguir la historia sin faltar a la fecha normal de actualización. En serio, gracias :) *abrazo grupal* {L}
Y para mi querida Damita: Tranquila que yo feliz cuando comentas y no seas tan ilegal que luego te castigan más xD Y no ves que te leo la mente para saber qué personajes te gustan más para hacerlos sufrir más (?) /shot'd. Ok, no xDD ¿Por qué todos tratan de idiota a Nagumo? Es decir, sí, lo es, pero no ven que igual se preocupó por Suzuno ;w; por algo nada que ver, pero igual lo hizo! Denle algo de crédito uwu ¡Sí quiero ver ese capítulo de Tsurugi con su hermano! Se me hace tan cute *se derrite* Y Mido... es todo un héroe, deberíamos darle una medalla ;D (creo que todas me querían matar cuando maté a Suzuno :3) Y... me he dado cuenta que cada vez que intentan adivinar, están mejor encaminados que antes~ no diré en qué para no dar pistas, pero lo están haciendo bien xD
Bueno, nuevamente muchas gracias y espero que les haya gustado este capítulo. Como siempre, nos vemos el próximo domingo~ :)
