El inventor

Observa, maravillada, como Hipo martillea constantemente el hierro candente, buscando moldearlo. Las chispas saltan por doquier, iluminando la estancia, pero Hipo, protegido por el cuero de sus guantes y de su mandil, ni se inmuta.

Aunque le ha permitido permanecer en su taller, sabe que no le hace ninguna gracia; y eso que está sentada bien alejada de la mesa de trabajo. Era lo que tenía tener un novio ingeniero industrial. La mitad de su trabajo consistía en diseñar y la otra en ejecutar los planos que había imaginado. Es su estudio no había problema, pero tener la oportunidad de ver la puesta en marcha en el estudio...

Ella sabe que le pone nervioso tenerla allí porque se tensa y trabaja con muchísimo más cuidado del usual. Pero Astrid no puede evitarlo. El espectáculo que desarrolla Hipo cada vez que se pone manos a la obra fue lo primero que llamó su atención sobre él, mucho antes de conocerlo, antes de conocer siquiera su nombre. Su primer recuerdo de él consiste en su espalda, totalmente envarada al alzar el martillo bien en alto, antes de hacerlo impactar contra el acero. Una y otra vez. Igual que ahora. Ver cómo las chispas volaban por los aires mientras él se mantenía impávido, demasiado centrado en lo que hacía como para poder percatarse de cualquier otra cosa, era fascinante. Para Astrid, Hipo emite un aura única y especial, algo que solo había encontrado en él, cada vez que creaba algo. Como si pusiera todo su corazón en ello y le otorgara alma en el proceso.

Con el paso del tiempo, de la cercanía y el progreso torpe y lento de su relación, ha ido descubriendo nuevas cosas de él. Ya no se sabe únicamente de memoria la forma en que su espalda se yergue al martillear con fuerza, sino como su frente se perla de sudor por el esfuerzo, la manera en que su respiración se agita y sus brazos se tensan al usar las herramientas. Pero, de todos los momentos que puede apreciar aguardando ahí, semiescondida y en silencio, su favorito es cuando Hipo da por terminado su trabajo, se quita las gafas protectoras y observa el resultado con entusiasmo. De todo, se ha enamorado de la forma dulce e inocente en que brillan sus ojos en ese preciso momento y de cómo corresponde a sus besos cuando se acerca a él para felicitarle por el trabajo bien hecho.


¡Hola a todos, lindas flores!

Os traigo un relato corto que se me ocurrió en un momento de aburrimiento. Quería reflejar una de esas pequeñas historias cotidianas y perdidas entre ellos dos.

Sakura Yellow, ¡muchas gracias! Me alegro de que lo hayas disfrutado :3

Dark-hime7, no sé qué tiene el pianista que os vuelve a todos locos 7u7... ¿Debería hacer otro que vaya por el mismo raíl? No sé, no sé...

MySombre, me alegra haber logrado ese efecto, puesto que es justo lo que buscaba. La magia de toda la historia, al fin y al cabo, era esa.

DragoViking, si yo sé que escondes un corazoncito dulce bajo todo tu deseo personajicida xD. Admito que el guiño me salió solo. Quizás influenciada por todo el revuelo que se montó xD.

En fin, eso ha sido todo por ahora. Con esto y un bizcocho (de vainilla para hacer feliz a DragoViking, que se quedó con las ganas xD), ¡nos leemos pronto!