Hace unos días terminé este capítulo, pero no había tenido tiempo de postearlo. Espero les guste, ya nos acercamos al final ;)


Tras las puertas de Helheim, se decía, montaba vigilia una bestia de nombre Garm; un monstruo, un perro guardia de gran tamaño que con sus dientes había destazado a cualquier dios que hubiese llegado hasta allí, e intentará entrar en el corazón del mundo de los muertos. Loki conocía bien la leyenda, pero como muchas de las cosas que les decían a los niños en Asgard, el mito podía ser bastante distante a la realidad. Justo ahora, con las puertas de Helheim entreabiertas ante él, no sabía si prefería que la historia fuera cierta o no. Porque la verdad era que era capaz de imaginarse cosas mucho peores que un perro guardián, ¿debería entonces esperar algo peor?

Por supuesto.

Calder y los demás se habían acercado a la puerta, observaban con cierta estupefacción la estructura. Loki se quedó atrás, observándola por completo, esta era la entrada al mundo de los muertos. De pronto Loki, sin ninguna razón pensó en Frigga, pensó en que desde su última carta, enviada un poco antes de que la nave se estrellase, habían sido las últimas noticias que había recibido de él. ¿Se preocuparía ella de saber que estaba apunto de entrar a este lugar desconocido, corriendo el riesgo de quedar atrapado entre los muertos? ¿Moriría Loki aquí?

Solo esperemos que no.

Pensó, preguntándose si a pesar de todo, este miedo en el pecho era mejor que el aburrimiento en su celda. De pronto parecía como si no.

"Vamos a entrar" dijo Calder, mirando con ojos serios a sus compañeros de viaje. La mayoría de ellos no pudo formular una respuesta.

Con cuidado, uno por uno fueron pasando a través de la gran puerta. Loki fue el último en entrar. Las puertas se cerraron detrás de ellos. Quedaron atrapados ante una profunda oscuridad, ahora hacía incluso más frío que antes. Cuando sus ojos se enfocaron en la negrura, lo primero que notaron fue una segunda gran puerta a varios metros de la primera. Pero ninguno de ellos dio un solo paso para acercarse a ella. Estaban demasiado ocupados escuchando aquella honda respiración y ese cálido aliento, que solo podían pertenecer a un gran y peligroso animal.

Thor caminaba sobre el grisáceo cielo del vacío, apretando su martillo con su puño. Miraba hacía adelante, en donde, de haber estado en casa, hubiera visto el sol hundiéndose en el mar. Aquí solo podía ver oscuridad en el horizonte. Con el estaba Fandral y varios tripulantes del Capitán Niord, que se habían ofrecido a venir. Hacía un par de horas habían encontrado los restos de la sala de maquinas de la Marea. No habían encontrado a nada allí a excepción de pedazos de metal abollados. El Ether seguía perdido en algún lado, y al parecer por la falta de cadáveres, el grupo de Calder debía tenerlo. Y la dirección de sus huellas que aún yacían borrosas en la tierra solo apuntaban a un lugar: Helheim.

Thor resopló siguiendo caminando, ahora un poco más rápido, y sin importarle que empezaba a dejar a Fandral y a la tripulación atrás.

Frente a Loki y los demás, Garm dormitaba profundamente. Era, como en las historias asgardianas contaban, un perro enorme, mucho más grande de lo que Loki hubiera imaginado. (Debía tener una estura equivalente a tres soldados asgardianos, uno arriba del otro). Tras su hocico, cuando respiraba y abría su boca levemente, se podían ver sus afilados colmillos que como dagas, los destajarían cuando el animal despertase. Pero ahora sus ojos oscuros permanecían cerrados, en sueño profundo.

"Deberíamos rodearlo e intentar continuar," murmuró Calder de pronto, "no tenemos oportunidad contra algo de ese tamaño."

Sif que sostenía el Ether a su lado, pareció indignada ante la idea.

"¿Qué? ¿Estás loco?," siseó, "Es mejor que lo matemos ahora mientras está dormido. ¿Cómo haremos para salir después si lo dejamos con vida?"

"¿Y qué pasa si por accidente lo despertamos y nos devora?" respondió Calder, molesto. Al parecer su paciencia desaparecía fácilmente en momentos de mucha presión.

"Tenemos que intentarlo al menos."

Mientras ellos discutían, Beawolf se quedaba a un lado en silencio. Loki por su lado, solo se había quedado observando a Garm dormir, inquieto, lo observaba de arriba abajo. ¿Podía enfrentarse a algo con un tamaño parecido? Recordó de pronto lo que había pasado en Midgard, en la torre de Tony Stark, cuando había intentado enfrentarse al Dr. Banner. Había terminado aplastado en el suelo, sin poderse mover durante varios minutos por el dolor. Miró una vez más el tamaño del perro, comparando su tamaño con el de Hulk.

No, no puedo contra algo de este tamaño.

Más parece un lobo salvaje que un perro.

Y de pronto Loki lo vio, el hocico del perro moviéndose levemente, sus orejas levantadas en la base de su cráneo. Estaba empezando a despertar. Loki miró a su lado a Sif y a Calder, que seguían discutiendo. Sus murmullos habían alertado al perro.

"Oigan," murmuró los más bajo que pudo, "cállense, imbéciles."

Pero ninguno de los dos le hizo caso. Loki volvió a mirar al perro, sus ojos cerrados se fruncían levemente.

"Cállense," repitió, pero era muy tarde. Los ojos de Garm se abrieron. La bestia estaba despierta.

El desorden llegó más rápido de lo que Loki esperaba, la bestia se levantó de golpe y una de sus garras se elevó en el aire y cayó al suelo intentando aplastarlos. Hubo pánico, el grupo se separó corriendo de un lado al otro. Sif dejó la caja con el Ether a un lado. Beawolf solo corría de un lado al otro sin saber qué hacer. Calder solo se quedó quieto en su lugar, mirando a los ojos a la bestia. Y la bestia lo miraba de vuelta, su hocico torcido mostrando sus dientes y sus ojos rasgados hacía atrás por la ira. Ninguno de los dos hacía un primero intento por atacar al otro. Loki observaba la escena con sorpresa y a la vez pánico, como pensando que en cualquier momento Garm se impacientaría y levantaría su enorme pata de tres dedos para aplastar a Calder.

No fue así.

Calder caminó casi pacifico hacia la bestia infurecida, que lucía solo momentáneamente perturbada por la ausencia de miedo en los ojos de su contrincante. Entonces los ojos de Calder cayeron en Loki, que justo al otro lado de la habitación, detrás de Garm, comprendió que quería decirle algo. Calder no dijo nada, no le gritó por ayuda ni le hizo señas para que escapara, solo subió su mirada al lomo del perro, en donde había una gran cicatriz. Loki siguió su mirada casi de forma inconciente, para después volver sus ojos hacía Calder, que con un leve asentimiento de cabeza pareció pensar que su plan había sido entendido.

Loki no pudo evitar sentirse confundido.

¿Acaso quiere que yo…?

Loki volvió a mirar el lomo del perro, y entonces entendió. Al segundo siguiente Calder corría a toda velocidad alrededor del animal, distrayéndolo, haciéndolo girar la cabeza de un lado al otro. Y entonces Loki aprovechó su oportunidad, corrió y dio un salto cerrando los ojos. Lo siguiente que supo era que estaba aferrado al pelaje de Garm, escalando su pierna y montándose en su lomo.

El animal, demasiado ocupado en intentar atrapar a Calder, no parecía notarlo. Balanceándose en el pelaje y con miedo de caerse, Loki palpó su armadura buscando algo. Sonrió al sentir la empuñadura de su navaja en su cinturón: no se había caído en el puente. Lo siguiente ocurrió en cuestión de segundos, Loki encontró la cicatriz en el pelaje, una roncha oscura cuyo alrededor no tenía pelaje, la piel rosada en sus costados.

Aquí vamos.

Loki cerró sus ojos clavando la navaje en el pelaje del perro. La bestia de inmediato aulló de dolor, levantándose en sus patas traseras, al volver al piso, ansioso, mira a su alrededor y muerde lo primero que encuentra. Entonces, otro grito, uno de Calder que era elevado en el aire por los colmillos de Garm, agarrado por la pierna.

Maldición.

Loki se sujetó fuerte al pelaje del perro, intentando escalar más alto hacía su cuello. Sus ojos abiertos, casi aterrados, se movían de un lado al otro intentado ver a Calder y si estaba bien. Sif, abajo entre las patas del perro, intentaba golpearlo para que soltara la pierna del hombre, sin éxito alguno. Entonces Loki apretó fuerte su cuchillo, y al llegar entre las orejas del animal, se lo clavó en el ojo izquierdo. Un segundo aullido resonó fuerte. La bestia soltó a Calder haciéndolo caer al suelo. Y lentamente, balanceándose hacia atrás, cayó.

Loki no pudo medir el tiempo exacto en el que su cuerpo permaneció tirado en el piso, paralizado por un dolor punzante que atravesaba toda su espina dorsal. Pero durante esos instantes sintió una completa incapacidad de mover su cuerpo, y un leve pánico se apoderó de su mente, gritándole que abriera sus ojos.

Tranquilízate. Tranquilízate. Respira.

Cuando despertó y mirar a su alrededor lo primero que Loki vio fue un paisaje borroso. Se sintió extraño, pudo haber estado tirado en el piso solo un par de minutos o quizás media hora. De cualquier forma, al enfocar su visión y ver a Sif y a Beawolf rodeando a Calder, eso pasó a un segundo plano. Loki se puso de pie con más lentitud de la que hubiera esperado, y agarrándose de un costado caminó hacía ellos. Esa terrible sensación en su espalda todavía no había desaparecido, lo hacía sentir como si hubiera estado días enteros durmiendo en una misma posición.

Cuando Loki estuvo junto a Sif y Beawolf y miró a Calder, se sorprendió de cómo el hombre aún con una pierna herida, y sangre mojando su pantalón, se las manejaba para hacer la mueca más parecida a una sonrisa que tenía. Loki se balanceó entre la idea de si esto era porque era un gran imbécil o simplemente porque estaba completamente loco.

Podría ser un poco de las dos.

Llegó a concluir.

"¿Sabes?" dijo Calder al apenas verlo, "siempre me habían dicho que a pesar de estar demente tus planes particularmente brillantes." El hombre se acomodó ligeramente la pierna, apretando sus dientes por el dolor y volvió a mirar a Loki. Sonreía. "Pero creo que esa no fue la mejor demostración."

Loki comprendió que se trataba de una broma, pero con todo y eso, a penas consiguió sonreír levemente de costado (no supo porqué en primer lugar, tuvo la necesidad de responderle a Calder con una sonrisa), tal vez porque acababa de ser arrojado al suelo por una bestia de un par de metros de alto y su cuerpo ahora le dolía como nunca. Ladeando su cabeza, Loki observó al perro al que acababa de sacarle un ojo, el animal estaba en el suelo, retorciéndose de un lado al otro, jadeante.

Pero aún viéndolo así, Loki halló bastante probable que en unos minutos el perro volviese a levantarse, más furioso que antes y buscando asesinar a cualquier cosa que se moviera en su campo de visión. No era buena idea seguir allí para ese momento. Sif y Beawolf parecieron pensar lo mismo, pues cuando Loki volvió a mirarlos habían tomado a Calder por sus hombros y brazos.

"Deberíamos continuar," dijo Sif, su mirada particularmente seria, "no es buena idea quedarnos aquí."

Loki asintió, girando levemente su cabeza para ver a unos metros de él la caja que contenía el Ether. La tomó una vez más entre sus manos, y los cuatro se dirigieron a la segunda puerta. Para el momento y con Calder en ese estado, era lo único que podían hacer.