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Inuyasha
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Mientras espero a que Kagome salga de su dormitorio, no puedo evitar sentirme un poco avergonzado. No debería desear con tantas ganas pasar la tarde con ella.
Pero es lo que ocurre y no voy a negarlo.
¿Inuyasha? ― escucho que me llama Kagome y me giro hacia su dormitorio. Veo la puerta desde la salita. Se ha abierto lo justo como para que la oiga pero no la vea.
¿Qué?
Prométeme que si piensas que voy a avergonzarte con este vestido, irás sin mí. No me enfadaré. Te lo juro.
Kagome, no importa qué…
Prométemelo o no saldré.
¡Mira que es terca! Nunca lo hubiera supuesto. Pero lo cierto es que creo que me gusta.
Suelto una risa.
De acuerdo. Te prometo que si pienso que vas a avergonzarme, iré sin ti.
Se cierra la puerta y transcurre un buen rato antes de que se abra por completo. Lo que veo me hace contener el aliento.
Kikyo es algo más alta que Kagome y también un poco más delgada, pero Kagome tiene curvas; muchas curvas. Y cada una de ellas es exhibida a la perfección por el vestido que se ha puesto. Creo que es un modelo que ya le he visto usar a Kikyo y le quedaba muy bien… pero no así.
Está confeccionado en una de esas telas tan finas, de color rojo sangre. Veo la ondulación que hace el tejido con el aire que desplaza la puerta al cerrarse, hasta que se escucha un golpe amortiguado contra el marco. Kagome se detiene y me permite hacerme una idea del conjunto antes de comenzar a caminar hacia mí. Aprieto los dientes con fuerza para no quedarme boquiabierto mientras la observo. El tejido, etéreo, se pega a su cuerpo cuando avanza, dibujando sus formas a la perfección. Con tanta perfección que podría estar desnuda.
¡Santa madre de Dios, como quisiera que lo estuviera!
Aparto ese pensamiento sabiendo que no puedo permitir que esa noche acabe así.
¡Usa la cabeza, hombre! ¡La que tienes sobre los hombros!
Ella se desliza hasta detenerse frente a mí, toda elegancia y deliciosa piel. Sus hombros y el nacimiento de sus senos brillan bajo la tenue luz. Quiero tocarla, acariciarla, con tanta intensidad que tengo que cerrar los puños para reprimirme.
Estás muy guapa. ― Mi voz suena forzada.
Ella pone una expresión de desilusión.
Es demasiado apretado, ¿verdad? Me he puesto unos tacones muy altos para que me quede bien el largo, pero el resto no tiene remedio. ― Me doy cuenta de que ella está realmente preocupada, lo que provoca mi sonrisa, aunque no sonrío. Eso es lo último que se debe hacer ante una mujer alterada ― Kikyo es mucho más delgada que yo ― explica mientras mueve una mano en el aire ― Y no tengo ninguna cosa que…
Estiro el brazo y capturo los dedos que revolotean ante mí al tiempo que aprieto el pulgar de la otra mano contra sus labios.
Shhh… ― Se calla al instante. Si, habría podido conseguir que dejara de hablar de otra manera que no implicara tocarla, pero esto es más prudente que besarla, que es lo que realmente quiero hacer.
¡Oh, Dios mío! ¡Qué ganas tengo de besarla!.
Tardo unos segundos en concentrarme en algo que no sean los exuberantes labios algo entreabiertos. Sería muy fácil deslizar la punta del dedo entre ellos, sentir el calor, la humedad de su lengua. Me sorprende e irrita sentir cómo la bragueta del pantalón del esmoquin contiene mi erección. Tengo que tener mucho cuidado con esta chica. No recuerdo la última vez que una mujer puso tan al límite mi contención.
Bueno, si soy sincero conmigo mismo, sí puedo. Fue mi compañera de la escuela, vestida con un ceñido modelo de baile cuando regresábamos a casa después del baile de fin de curso. Me acuerdo de haber pensado que si se sentaba en mi regazo y contoneaba el culo una vez más yo explotaría como el volcán del monte Santa Helena. No lo hice, por supuesto, pero estuve muy cerca.
Y la tentación que supone Kagome ― una contradicción curvilínea y cautivadora que habla y camina ― supera a la que suponía mi antigua compañera por goleada, lo que es un dato muy elocuente dado que ahora tengo veinticinco años y no catorce. Me aclaro la voz.
Por favor no digas nada más. Estás preciosa. Kikyo no podría lucir ese vestido de la manera en que lo haces tú ni en sus sueños más salvajes. Seré la envidia de cada uno de los hombres presentes. ― Sonrío para reforzar mis palabras.
Aunque no deja de fruncir el ceño por completo, sé que se siente mejor porque me agarra la muñeca y separa mi mano. Es evidente que está conteniendo una sonrisa.
¿De verdad?
De verdad.
¿De verdad de verdad?
De verdad de verdad. Solo deberás recordar que esta noche eres mía. - Me sorprende cuánto me gusta decir eso. Pensarlo. La veo sonreír de oreja a oreja antes de soltarme la muñeca.
Señor, sí señor ― se burla. Me encanta que sea tan juguetona. Es un agradable contraste con Kikyo, que siempre es tan… Bueno, que no lo es.
Bien, a eso me refería ― comento aprobadoramente ― Una mujer que sabe que su sitio está debajo de mí. ¡Oh, lo siento! Eso no ha sonado demasiado bien ― bromeo.
Ella se ríe.
¡No estoy debajo de ningún hombre! ― me replica con seriedad antes de que sus labios formen un mohín travieso ― Al menos sin que me haya invitado a cenar y a tomar una copa.
¡Oh! ¿Lo dices en serio? Hay un McDonald's al otro lado de la calle.
Le ofrezco el brazo y ella apoya los dedos en mi codo. Aunque sé que es absolutamente ridículo, que me estoy comportando como un crío, tenso el bíceps esperando que ella lo note.
¿Es esto todo lo que se necesita para que tú… er… te pongas firme? ― me pregunta de manera sugerente al tiempo que me recorre con la mirada.
Soy un abogado joven y prometedor que trabaja de pasante en uno de los bufetes de abogados más influyentes de Atlanta. McDonald's no es una opción. ― Me detengo ante la puerta de salida y la abro antes de hacerle un gesto con la mano para que salga primero ― Aunque si vuelves a mirarme como acabas de hacerlo… Noto que se le encienden las mejillas hasta adquirir un delicado tono rosado y ella baja la vista con timidez. Me dan ganas de desgarrarle el vestido con los dientes.
¿Qué está insinuando, mi coronel?
¿Coronel? ¿Después de tanto esfuerzo solo llego a «coronel»?
No sé… ¿Has ganado suficientes premios para llegar a general?
Caminamos despacio hasta el coche.
Depende de cómo pienses que se ganan los premios. ― Los hoyuelos que aparecen de improviso en sus mejillas me indican que está tratando de contener una sonrisa.
Oh, supongo que como los suelen ganar el resto de los hombres ― replica ella, haciendo balancear el bolso que cuelga de su muñeca, en un logrado intento de parecer indiferente.
Kagome, si ese es el baremo, soy un general de cuatro estrellas. No puede contener una risa. Noto que no esperaba que le respondiera eso, pero me alegro de haberlo hecho. Escucharla reír es como disfrutar de la mejor sinfonía.
Me siento un poco desilusionado cuando llegamos al coche. Lo cierto es que podría seguir caminando, hablando y bromeando con ella durante el resto de la noche.
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Saludos especiales para :
Faby Sama ;3 lo se nena, lo se, se que esperas con ansias a Sexymaru xD por eso me estoy apurando a actualizar y que haga presencia n.n
A todos los que leen, muchas gracias
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Gothika
