Más que tú
Capitulo XII
''Le Blâme''
(La culpa)
-Así que…supongo que es terminal, verdad?. Pregunto una mujer, en suave y cortante voz mirando hacia arriba.
-Me temo que sí, mí señora. Estamos haciendo todo lo posible para que se prolongue por más tiempo. Dijo el sujeto a cual miraba, un doctor de unos 35 años de edad.
-John…Dijo la mujer, mirándolo suavemente.- Mírame…Ya no soy ninguna jovencita, por más que quiera no pienso dejarme someter a extrañas medicaciones ni nada de eso, ya simplemente no me interesan. Dijo la mujer, con su rostro demacrado pero sin ninguna arruga.
John, cerró los ojos un momento y bajó la mirada sintiendo húmedos sus ojos.-P-Pero…m-mí señora.
-Recuerdo cuando tu padre te presentó aquí. Dijo la mujer, colocando una mascara de oxigeno en sus labios.-Ni siquiera llegabas a mi cintura. –Soltó una sonrisa melancólica.-El tiempo pasó, y no pienso hacer nada en contra de ello.
El sujeto, hizo una suave reverencia.-Entiendo, mi señora. Dijo el joven médico, bajando la cabeza.
-Gracias a ti, John. Puedes retirarte.
Aquella mujer, se encontraba postrada en una gran y acolchonada cama de tal lujosa mansión. Su cabello, sujeto en un moño despeinado, hacía ver su cabellera blanca o gris clara como sus diminutas arrugas en su piel. Delgada en exceso, el camisón de finos breteles la hacían ver más delgada aun. El suero ingresando en su cuerpo y el oxigeno que le permitía vivir. Era inútil hacer más, estaba muerta lo sabía y lo aceptaba libremente. Todos los días, repasaba toda su vida una y otra vez. Los sueños de cuando niña, las locuras y joven y el sentar cabeza de mayor. Entrelazó sus dedos, después de levantarse un poco y mirar su cuarto. Sintió aquel anillo de oro que reposaba en su dedo anular, lo miró y se denotaba el tiempo que hacía lo tenía. Miró apenas arriba y superpuesto a ese encontraba otro más joven y muchísimo más brillante y lujoso. Sus dedos delgados y largos, uñas pintadas de rojo, las cuales una vez la hicieron sentir la más importante de las mujeres.
Sus ojos turquesas, miraron al techo mientras su mano izquierda reposó en su corazón. Recordaba casi cada instante de aquellos días ''felices'' que tuvo en su juventud. Quizás, si ella no hubiera sido tan tonta en ese momento, las cosas serían diferentes ahora. Pero debió hacerlo…no podía dejar que él sufriera, a pesar que terminó sufriendo el doble con tal acción.
Sintió pasos que provenían de la puerta, finos tacones negros entraron. Muchos decían que era idéntica a ella, pero que nunca llegaría a tener el estilo que una vez inundó teatros y salones. Delgada y vestida con un vestido verde oscuro, entró denotando la mirada de tristeza seguida de dos mucamas.
-M-mamá?. Llamó, casi en susurro mirando a la mujer.
-Dime. Dijo ella a través de la máscara de oxigeno, girando su vista, abriendo sus ojos turquesas, su voz era fría pero firme con un toque de dulzura olvidada.
-Estamos casi listos, ya puedes ir vistiéndote para ir a Londres. Anunció, sentándose junto a ella.
-Bien. Dijo ella, levantándose con ayuda de las mucamas.
Lo siguiente que hizo aquella joven de no más de 25 años fue irse. Las mucamas se encargarían del resto, procedieron a vigilar que la señora pudiera vestirse ya que no le gustaba que lo hicieran por ella. Con ayuda se sentó en su tocador y peinaron su cabello en un moño con algunos mechones sueltos. Sus labios rojos y delineado, la hacían sentir con vida de nuevo, mientras que aquella falda ajustada a hasta su cintura le hacía tomar forma y su camisa blanca de mangas cortas con volados le daban un toque de elegancia que ella siempre solía dar. Se sentía débil pero no quería demostrarlo más de lo habitual.
Los zapatos de tacón aguja se colocaron en su lugar, mientras un mayordomo entró con una silla de ruedas.
-Señora Montserrat, está usted lista?. Preguntó mirándola.
Aquella mujer había perdido la mirada en su propio rostro. El hecho de que ya no era joven…el hecho del saber que estaba muriéndose en cierto modo la abrumaba, pero aun tenía cuentas que saldar antes de morir.
-Sí… Dijo casi en susurro, perdiéndose en su propio reflejo.
-Amo Matthew. Dijo el mayordomo un poco sorprendido al ver entrar a un joven de unos 35 años vestido con un traje negro.
-Toma un descanso, Alfred yo llevaré a la señora. Anunció mirándolo, y palmeando su hombro suavemente.
Aquel joven, cada vez que lo veía no podía evitar pensar en él. Eran iguales, su cabello sujeto en una coleta negra pero con sus mismos ojos, turquesas como los de ella.
-Mamá, estás lista?. Preguntó, mirándola y agachándose un poco, sonriendo.
-Sí. Dijo ella, fría y cerrando sus ojos.
El joven procedió a cargarla en brazos, mientras las mucamas llevaban la silla de ruedas detrás de ellos. Ella, solo pudo ''esconder'' su rostro en el hombro de su hijo, tal cual hacía cuando su padre la cargaba a ella.
Supongo que todo tiene su final…
Y este es el mío
No quiero hacer nada para prolongarlo
Pero tampoco voy a irme sin tener todo saldado
No sería digno de nadie
Tal atrocidad
-Por qué tienes esa insistencia en ir, mamá?. Preguntó Jeniffer, mirando a su madre mientras Matthew abrochaba su cinturón en el avión de los Montserrat.
-Tengo un compromiso. Respondió la mujer seca y fríamente, entrelazando sus dedos.
-Pero, su majestad no entiende que estás enferma y que necesitas descansar?. Siguió insistiendo la joven, preocupada por la salud de su madre.
La mujer no respondió, sino que cruzó sus piernas y apoyó su espalda contra el asiento. Matthew por su parte, le hizo una rápida seña a Jeniffer para que no dijera más nada que pudiera perturbar a su madre.
El tiempo pasaba lentamente, donde la mujer simplemente podía ver por la ventanilla, mientras su hija iba y venía según ella para estirar las piernas. Jeniffer Angelique Montserrat, única y legitima. Se sentó impaciente, cruzando sus piernas frente a Matthew, quién en la misma pose leía un libro plácidamente.
Ya hacía 5 largos años que aquella mujer a la cual admiraba en todo sentido, comenzó a decaer después de la muerte de su padre. Un hombre, pacifico y de buen humor hasta donde ella llegó a conocer. La lucha contra su cáncer, cada vez era más y más difícil, pocas veces la escuchó tararear de nuevo una canción de navidad o levantarse en la mañana a regar las flores de su jardín. Los ojos de ella, se pronto se abrieron lentamente, cómo maravillada y al mismo tiempo sorprendida. Tocó el vidrio de la ventanilla, con sus dedos largos con uñas rojas haciendo decoración de elegancia.
-Cada vez…parece más sombría. Dijo entrecerrando los ojos, sosteniendo una mirada melancolica.
-Madre, ya llegaremos será mejor que nos vayamos preparando. Después de todo fueron horas largas. Anunció Matthew, levantándose y caminando hacia la silla de ruedas.
-Iré caminando por mi cuenta. Dijo la señora mirando fijamente a su hijo, mientras se levantaba. Simplemente sus cambios rápidos de humor, eran cosa de terror.
-Mamá, estás débil, no voy a dejar que vayas así. Dijo su hijo, desafiándola con una voz gruesa y firme, tomándola de su brazo.
-No tienes ningún derecho de decidir qué quiero o que no quiero hacer, Walter!. Gritó molesta, asimismo abriendo sus ojos sorprendiéndose a sí misma, entregándose a un viejo recuerdo.
Matthew la miró igual de sorprendido, por lo cual soltó el brazo de su madre quién acomodó un mechón blanco de su cabello, caminando lentamente hacia la puerta del avión que antes ya había aterrizado. Jenniffer esperaba al final de la escalera.
-Descuida, no creo que lo veas esta vez. Dijo Matthew, mirando a la nada de su madre. La mujer con los ojos opacos y sin vida, no respondió. Su nariz goteaba sangre y en un golpe, había caído en brazos de su hijo mayor.
¿Mamá?
J.-Dime algo
Este es nuestro último vals
Cuando vas a regresar?
Perdona mi falta
Pero ya no puedo aguantar más
No tengo nada claro
Acaso te crees que voy a dejarte así?
M:-Dime acaso si vas a subirte a este barco
A dejar esta vida por completo
Te guste o no
Dime si alguna vez lo que sentiste fue de verdad
No te creo eso de una sola vez
Tampoco voy a luchar por un hombre que ni siquiera la hora da
M:/J:-La maldad está en nuestro alrededor
Lo demás es secundario
Asi que quieres que te diga?
Que voy a extrañarte y amarte por siempre?
Vaya tontería
J:-No es necesario pero sin embargo necesito que me digas
Como puedes ser tan miope?
Y no darte cuenta de las miles de oportunidades
M:-Te invito a ver detrás de escena
Para que sepas que no todo es color de rosa
Se lucha y se araña
Irse no es solución
M:J:-La maldad está a nuestro alrededor
No importa lo que me digas
No te creeré
Asi que por favor vete
M:-Llevate tus trajes
Y no me busques corazón
Estamos de acuerdo, corazón?
M:-Pero sin embargo
En las noches frias
Que puedo hacer?
Cuando semejante oportunidad aparece?
Debo tragarme mi orgullo?
O debo ceder
Cada vez que lo pienso
Debe estar bien
Pero sin embargo
Mi corazón se nubla
Es un sentimiento horrible
No se lo deseo a nadie…
*Sonido del último reflector*
Se volvieron a encender, donde se veía gente de pie aplaudiendo con una sonrisa en los labios. Los reflectores dieron a luz, a una joven de 18 años ya, vestida con un vestido blanco y roto, maquillaje desarreglado, lo mismo con su peinado. Junto a ella y de la mano, un joven de cabello castaño y ojos verdes, vistiendo un uniforme gastado militar.
La joven, se separó y agradeció al público quién la ovacionó mientras llamaban al director, otorgándole un ramo de flores. Este fue cedido a la joven, quién gustosa dio junto a los demás actores una reverencia.
-Esperamos que la función haya sido de su gusto, los que deseen retirarse, podrán hacerlo por la puerta principal. Se oyó una voz gruesa masculina, hablando por un micrófono.
El telón se cerró, dejando al detrás de escena las luces suficientes para que todos se dispersasen.
-Lady Van Hellsing, se ha lucido esta vez, más que nunca. Se oyó una voz detrás de la joven, una mujer que parecía ser la productora.
-Muchas gracias, señora. Agradeció Madeleine Van Hellsing, mirándola con una sonrisa.
-Admito que con su prometido, hacen un dúo particularmente estupendo. Dijo mirando al joven que la acompañaba.
-Muchas gracias. Dijo Justin (N/A: Si hubiera sabido, que pronto aparecería Justin Bieber, le hubiera puesto Rodoclasteticasteto de María Pocha de los Andes, en lugar de Justin), dando una suave sonrisa.
Se dio una grata conversación entre los jóvenes y la productora, hasta que detrás de ella se vió a un robusto hombre rubio entrar tranquilamente. Madeleine se despidió y entró a un pequeño cuarto con él.
-Lamento haber llegado tarde. Dijo Arthur sentándose en un sillón cercano.
-No te preocupes, haz visto las demás funciones de igual modo. Dijo Madeleine, parándose detrás de un biombo.-Pero, tranquilamente Justin podría haberme llevado a casa.
-Sí, lo sé pero pensé que llegaría por lo menos en la ultima parte. Donde, el soldado se va dejando a la novia sola.
-A propósito, que estabas haciendo?. Una reunión?.
-Sí, y mucho papeleo. Desde que Walter se fue, he tenido que hacer todo yo, y sinceramente es…denso, demasiado. Dijo él, cerrando sus ojos y apoyándose en el respaldar.
Madeleine, abrochaba su sostén detrás del biombo y con su mano bajando a aquella cicatriz en su espalda, entrecerrando sus ojos, dejándolos opacos. Bajó su sostén, dejándolo en un taburete, acariciando aquella cicatriz de años atrás.
-Sí…fue una verdadera lástima que se haya ido. Declaró, sonriendo melancólicamente, volviendo a vestirse.
-Te falta mucho?. Preguntó el Sir, frotándose los ojos en señal de cansancio.
La joven lady, salió detrás del bimbo, ya sin maquillaje, usando una falda de tiro alto acampanada azul con lunares blancos y una camisa blanca de mangas cortas. Sus zapatos de tacón, no se hicieron esperar, cuando ambos salieron del cuarto que vendría a ser un camarín de la señorita.
Sir Montserrat, la esperaba con un traje negro. Saludó con un apretón de manos a Arthur, anunciando que él se encargaría de la joven, sino era mucha molestia. Vió la cara de desaprobación del Sir, pero al ver el anillo de compromiso en el dedo de su hermana, tuvo que desistir. Ambos, salieron cual pareja casada del teatro. Bajando las escaleras eran observados atentamente, ya que el joven aparentaba más edad de los jóvenes 20 años que tenía. Susurró algo al oído de la joven, ella sonrió suavemente y se aferró a él con ternura.
Es malo fingir cariño?
O simplemente es obligación?
Por más los errores que cometí en mi vida
Me equivoqué en el tiempo
Y me fui engañando a mí misma
Que amaba a Justin
Pero nunca en mí vida podré olvidar
Aquel cabello enmarañado
Que más de una vez puse las manos al fuego por él
Aquel joven, besó la espalda de Madeleine con delicadeza y dulzura. Sujetó su fina cintura, elevando una de sus manos hacia sus atributos.
*Trum Trum Trum*
Se podía escuchar el sonar de la madera de mesa, chocar contra la pared, en un leve pero pasional vaivén. La joven, podía gemir con suavidad mientras sus brazos se extendían a lo ancho y largo de la mesa, clavando sus uñas en los libretos de teatros. La dio vuelta de un solo golpe, comenzando a besar su vientre subiendo por sus pechos hasta llegar a su rostro. Sus ojos estaban lagrimosos enrojecidos, su rostro sudado y acalorado. Extendió sus finos brazos, hacía su cuello abrazandolo, besándolo con suavidad.
-No debemos hacer mucho ruido, se molestarán. Recordó la joven, mirando los ojos verdes de él.
-No te preocupes, dudo que puedan decirnos algo. Respondió él, tomando su muñeca y besando su mano, sonriendo.
Se escuchó un fuerte sonido, que fue el grito de una mujer y que poco a poco se iba apagando. Él, colocó un debo suavemente sobre sus labios, pero aún así no bajó la velocidad de ese ''vaivén''.
A la mañana siguiente, ambos jóvenes se encontraban en una terraza, de muebles de mimbre blancos al igual que el resto de las cosas. La joven, usaba un vestido blanco y sombrero, que la hacía aparentar más edad. Mientras que el joven, usaba un traje negro. Un simple desayuno, había solo dos tazas de té junto con unas tostadas.
-Iré en unos momentos a terminar el papeleo de nuestras inscripciones Oxford. Comentó Sir Montserrat, tomando un sorbo de té.
-Me alegro. Comento la joven, levantándose suavemente.-Debo ir volviendo, si vas a terminar de hacer eso, mejor termino también de empacar en mi casa.
El joven sonrió suavemente, mirándola y obteniendo la sonrisa de la joven. Esta, caminó haciendo sonar suavemente sus tacones blancos, mientras los mechones de su cabello negro semi recogido se movían al compás del viento.
En qué me estoy convirtiendo?
Me guste o no
Eso debo ser
Cada vez que lo pienso
Me doy asco a mí misma
Sea como sea debo soportar
Bajó las escaleras, donde una joven de cabello rubio y ojos verdes subía. Usaba una falda azul roja junto con una camisa blanca. De rizos algo enmarañados, miró fijamente a la joven lady.
-Al final, era obvio que te darían el papel a ti. Comentó, estando 6 escalones arriba.
Madeleine, estando 6 escalones abajo, se detuvo a mirarla. No tenía intenciones ni mucho menos animos para pelear con ella.
-Por algo me lo dieron. Dijo, sin expresión.-Por lo menos, yo no me quise acostar con un director de 54 años.
Brittany, endureció la mirada.-Oh, claro ahora te quieres hacer la superior, por que en todos estos años haz tenido el estelar!. Dijo molesta.
-Tú no sabes ni siquiera lo que he sacrificado para poder destacar, en donde tú quieres tener el camino fácil. Nunca haz entrenado, más de 9 horas seguidas, pararte de puntas de pies, dejando las manchas de sangre y aun así dan saltos triples. No haz saltado hasta que se te quebrasen los huesos y tu alma se partiera en mil pedazos. Cuando sepas cómo es sacrificar eso, tendrás el estelar. Dijo sin mirarle, marchandose.
La joven rubia, la miró y miró su mano donde sonrió con malicia.-Quizás no entrené tanto, pero tengo algo mil veces mejor.
Madeleine no respondió.
-A ti Walter ni siquiera te dio un mísero regalo. Dijo, extendiendo su mano mostrando un anillo de oro con un rubí en él.
La joven Van Hellsing, abrió sus ojos turquesas de par en par, girando molesta.
-Así que te molesta, que ni siquiera te haya saludado cuando te fue?. Es porque no te quería. Continuó la rubia, mirándola desde arriba.
No, Madeleine
Ahora más que nunca
No te atrevas a derramar una lágrima por él
No, más.
Eres Lady Madeleine DE Montserrat
Tú no conoces a ningún
Walter Dornez.
-Brittany!. Se escuchó la voz firme y gruesa de un hombre algo mayor.-Otra vez molestando, niña?.
La rubia, miró sorprendida y terminó de subir las escaleras mientras Madeleine tenía la mirada opaca y en blanco.
-Nada, tío Marcus. Saludó la joven, sonriendo suavemente, haciéndose la mosca muerta.
Sir Marcus Montserrat, miró a Madeleine.-Señorita Van Hellsing, está bien?. Preguntó, bajando los escalones hasta ella.
Ella no reaccionó hasta que el Sir, tocó su hombro haciéndola dar un pequeño salto.-S-sí, Sir Montserrat, estoy bien.
-Llámame, Marcus. No le prestes atención a Britanny, sigue enojada por no tener el estelar de la obra pasada. Comentó el sujeto.
-Bien, Marcus. Estoy bien, solo estaba yendo a mi casa, tengo que encontrarme con mi hermano.
-Ah!Sir Hellsing, envíele saludos de mi parte.
-No habrá ningún problema. Dijo la joven, despidiéndose y volviendo a su camino.
No fuiste ni siquiera capaz de despedirte de mí
Era necesario ser tan cruel?
Fue y siempre será mi mea culpa
Ya no vale un lo siento de mi parte
Qué daría por verte de nuevo
Por lo menos para poder preguntarte el por qué
El viaje en auto, era cada vez más tranquilizante para la joven. El poder cantar suavemente una canción la relajaba aun más, y según su chofer también a él. Recorrian los terrenos de la mansión Montserrat, entrando al corazón de Londres.
-Buenos días, Madeleine. Saludó Arthur, sosteniendo las mejillas de la joven, besando su frente.
-Buenos días, Arthur. Estás listo?. Tenemos que estar en el parpamento en unos momentos. Dijo la joven, sosteniendo sus manos, neutral.
-Sí. Te sucede algo?. Preguntó el Sir, mirando el rostro de la joven.
-No, estoy bien, solo que acabo de levantarme. Excusó la joven, sonriendo lentamente.
El Sir sonrió pacíficamente, abriendo la puerta para que la joven entre al auto primero. Seguido subió él. El camino fue silencioso, Arthur miraba el vacío de los ojos de su hermana, tan joven y a punto de casarse. No sabía que deparaba el futuro….
Pero aun así, dejé que todo esto pasara. Esos cortos 6 meses, pude ver el rostro de Madeleine demacrarse poco a poco, permitiéndome a mí también ingresar en mi ira y despecho, por simple orgullo. Me arrepiento hasta el día hoy. Solo quería que fuera feliz y plena, aquella sonrisa que me daba era suficiente pensaba yo, ya que no era tan demostrativa ni cariñosa.
Lo que sucedió con Walter…creo que nunca ninguno de los dos llegó a perdonármelo. Hoy, después de tantos años, he completado parte de mis propias ambiciones personales. Pero esa culpa…solo ella puede quitármela, la lástima es que ya no estará entre nosotros. Qué daría por que ella estuviera bien, para cuidar de Integra. Aunque ni siquiera tengo rostro para pedírselo sabiendo quién es su madre. Me pregunto que más habría pasado si tan solo no le hubiera dicho nada a Madeleine. Matthew y Jeniffer, estarían por lo menos juntos…y no hubieran tenido una niñez tan horrible como las que tuvieron. Y pensar que fue por mi mera culpa…algo que me llevaré a tumba, sin poder tener el valor de contárselo a alguien.
-Simplemente…he fallado otra vez, solo espero que Integra pueda ser feliz sin mí, y que no pase lo mismo con Madeleine…
Aquella joven de 16 años, cerró la pequeña libreta con cuidado. De cabello rubio y tez apenas bronceada, delgada usando un uniforme escolar. Musitó aquellas últimas frases, abrazando la libreta contra sí misma, y mirando al techo.
-Papá…porqué, no me dijiste quién era Madeleine?. Musitó en voz baja, suspirando.-Las cosas hubieran cambiado tanto…
Cerró sus ojos, y se estiró en la esponjosa gran cama de su cuarto. Tocaron la puerta. La joven se apresuró a esconder la libreta bajo su almohada.
-Adelante. Dijo, tomando otro libro cualquiera.
-Buenos días, señorita. Saludó un hombre de avanzada edad, sonriendo levemente, la joven devolvió la sonrisa.-Está lista?Sino se le hará tarde para el colegio.
-Sí, estoy lista, Walter. Anunció la joven, tomando un pequeño portafolio junto a ella y bajando de la cama.-A pesar que no me agrada mucho tener que ir a este instituto.
-No se preocupe, señorita. Dijo el mayordomo, mientras caminaban juntos hacia la salida.-Toda su familia estudió allí, y es algo como una tradición.
La joven, miró al piso frunciendo el seño pero igualmente recordando algo de golpe.-Tú, no habías estudiado allí también?.
El mayordomo abrió los ojos sorprendido.-De donde lo averiguó? Preguntó, curioso y sonriendo levemente mientras bajaban las escaleras. Integra, abrió sus ojos de par en par, tratando de formular alguna que otra frase que la ayudara a escapar del asunto.
-Este…me comentó Alucard, hace unos días.
Walter, sonrió levemente.-Sí, yo estudié allí. Comentó, y al mismo tiempo recordando.- Aunque era difícil estudiar en Londres a causa de la guerra.
-Estudiaste con alguien de aquí?.Pregunto integra curiosa.
El mayordomo, oscureció un poco su mirada, abriendo la puerta principal.-No, tenía compañeros y amigos, pero nadie de aquí.
-Oh, entiendo. Dijo integra, mirando a su mayordomo mientras salian.
Ambos subieron al elegante vehículo de los Hellsing, integra estaba algo nerviosa por asistir a aquel nuevo instituto de tal aristocracia. Pronto Integra divisó una especie de gran castillo antiguo, lleno de arboles y edificios muy antiguos. Miró con asombro, y al mismo con una leve sonrisa al saber que estudiaría allí. No le interesó saber si haría amigos o no, pero a pesar de todo, tenía un ''punto a favor''.
-Matthew. Dijo Walter a lo bajo, mirando a un joven que aparentaba unos 25 años, a pesar de no tener esa edad.
-Donde?.Preguntó integra de pronto, mirando a su alrededor.
-Está allá, vamos señorita. Dijo Walter, comenzando a caminar.
El joven de cabello negro, alto y de ojos increíblemente turquesas, volteó la vista y se dibujó una leve sonrisa en su rostro, saludando con su mano. Al encontrarse se saludaron, y el joven miró a integra detenidamente.
-Estás lista?. Te aseguro que no será tan malo. Dijo guiñándole un ojo, a lo que integra sonrió levemente. Buscó en su portafolio unos papeles, dándoselos a Integra, quien los observó con asombro arqueando sus cejas.
-Son muchas materias. Comentó a lo bajo, analizando los nombres de los libros que tendría que comprar.
-No te preocupes, solo parece difícil pero no lo es en sí.
-Tú lo dices porque te graduaste con honores. Dijo Integra, frunciendo el seño.
El joven rió junto al mayordomo.-Integra, creo que es hora de que entres si llegas tarde a tu primera clase, creo que no se verá bien de un Hellsing.
-Por qué de un Hellsing?.
-Ya lo verás después. Mientras, podrías ir reuniéndote con tus compañeros. No te preocupes, no son mala gente después de todo. Comentó el joven de cabello negro, sonriendo ligeramente.
Integra, tomó su portafolio y suspiró levemente. Miró el uniforme de los demás alumnos que entraban a la institución. Falta azul marino, por encima de las rodillas las mujeres, saco del mismo color y una camisa blanca. Ella vestía de la misma manera, y hasta pensó que se podría confundir entre tantas personas vestidas igual.
-Está bien. Dijo suspirando.-Hasta luego, Walter. Dio un beso en la mejilla al mayordomo, marchándose.
-Creo que le irá bien. Dijo Matthew, sonriendo sin mostrar los dientes.
-Tú me recomendaste hasta el cansancio que de enviarla aquí.
-Sí, después de todos estudiamos aquí. Bueno todos menos Jennifer. Comentó, mirando a su padre.
-Lo sé, pero eso me está preocupando un poco…
-No te preocupes, padre. Dijo Matthew, sonriendo y palmeando su espalda.
-Por eso, como toda nuestra historia a cuestas, esperamos que ustedes el futuro de esta academia, sea un orgullo para todos nosotros.
Integra, escuchaba casi aburrida, las palabras de la directora. Hacía ya 35 minutos que estaba hablando, repitiendo como un loro, lo cual aburría a la joven. Se encontraba sentada atrás y al fondo del auditorio, ya que así pensó que llegaría a irse más rápido.
-Cuantas idioteces, que dicen los humanos. Se escuchó una voz, junto a ella.
Sus ojos azules se abrieron de par en par, girando bruscamente.-Alucard!.Dijo, en voz baja en forma de regaño.
-No te aburres de estas cosas?. Pregunto el nosferatu, mirándola.-No te gustaría ver algo más interesante?.
-Cómo, qué?. –Rodó de ojos, aburrida.-
-Cómo la triste historia que leíste hoy en la mañana.
La curiosidad pudo más que ella. Se levantó lentamente de su asiento tan esponjado, pidiendo permiso y perdón a quienes llegó a patear para cruzar.
No pasó mucho tiempo hasta que integra junto con alucard, rondaban los pasillos de la institución. Miraban la elegante decoración, los jardines amplios. El vampiro, le indicó un lugar alejado…talvez demasiado al cual a Integra le hubiera gustado. El iluminado pasillo, se convirtió uno de luz suave y decoración muy antigua. Ella, divisó a lo lejos un escaparate, muy bien decorado, lleno de trofeos y medallas. Muchísimos diplomas, con varias insignias y fotografías. Lo más raro del asunto..es que todos ellos eran trofeos viejos, del a segunda guerra. Más extraño aún, el nombre que llevaban todos.
Lady Madeleine Anneleise Van Hellsing
En ese momento me pregunté
Que hago aquí?
Y por qué Alucard quería mostrarme todo esto?
No sabía si formaba parte de mi ''iniciación''
Pero me dolió
Me dolió conocer tantas historias sobre tan pocos conocidos personajes
Walter que siempre parecías tan tranquilo y tan sereno
Por dentro la culpa te carcomía
Y aun así
Me pregunto, qué se te cruzó por la cabeza
En ese triste y cruel momento
Cuando viste a Madeleine alejarse en la nieve…
El fic es idea mía y la historia Hellsing, propiedad de Kotha Hirano Espero que lo hayan disfrutado, y que perdonen la tardanza :P Los quiero chicos, y espero poder aprobar este año, asi que deséenme suerte que tengo que rendir!. Mis Gracias a Aletse, por animarme a seguir la historia ;) Y perdonen si parece medio complicada, por que en sí son 3 situaciones diferentes, pero apuntando a la misma cosa 8P el prox cap espero que no sea tan complicado :B Besos! xoxo
SIRCJ
