Capítulo once:

-Cita-

Notó que su cuerpo revelaba su nerviosismo a través de aquel irremediable temblor que, inevitablemente, provocaba que en aquella nota comenzaran a asomarse pequeñas rugosidades debido al movimiento que emitían sus dedos.
Quiso guardar el papel pero se encontraba vestida con el uniforme de las porristas, el cual no disponía de ningún tipo de bolsillo. Sin pensarlo dos veces, dobló aquella nota en cuatro pliegues, y tras cerciorar que no se encontraban aquel par de ojos, que tanto la desarmaban, espiándola, decidió fondearlo en el ínfimo espacio que quedaba entre su piel y el impecable brasier.

Tomó el vestido que se encontraba protegido por una funda, y se dirigió, sin mirar a los laterales, hacia la impoluta habitación de la morena.

Sus pies parecían pesar más, su cuerpo asemejaba tener menos soltura y movilidad, y todo debido al nerviosismo que atacaba su cuerpo. No lograba entender la ansiedad que había invadido su ser si tan solo había visto a la morena hace un momento atrás, si había tenido el privilegio de tocar y acariciar su suave piel, el honor de deleitarse con la suave y abrumadora fragancia que emanaba la morena, y el placer de perderse y delirar ante las caricias que le regalaban los delicados, dulces y exquisitos labios de Rachel.

Intentó regular su respiración antes de llevar una de sus manos al pomo de la puerta. Dudó en el momento en que pasó por su mente la posibilidad que la diva se encontrara entre esas cuatro paredes, pero, al parecer, su cuerpo estaba desconectado de su mente porque en el instante en que se decidió a abrir, se percató que su cuerpo ya lo había hecho. Y fue en ese preciso segundo en que Rachel le golpeó de lleno.

No Rachel en cuerpo y alma, sino que todo lo que englobaba la descripción de la susodicha.

La fragancia que había envuelto y enamorado a Quinn hace unas horas atrás, le volvía a impactar de frente cuando el perfume de la morena, en su esplendor, ingresó por sus fosas nasales. La habitación de la morena irradiaba un olor indescriptiblemente surrealista y adictivo.

Ingresó lentamente al cuarto, forzando a sus pulmones para que puedan abarcar la mayor cantidad posible del aire que se fusionaba con aquel aroma que desprendía el lugar. Cerró la puerta inaudiblemente, y depositó la prenda sobre la espaciosa cama de la morena.

No se avergonzó cuando sus pasos la llevaron vertiginosamente a arropar con sus brazos uno de los almohadones, y posteriormente hundir su nariz en él.

Maldita sea. Si fuera por Quinn, ella podría vivir y morir en aquel lugar, en un instante, y sería feliz.

Se sentó en un lateral de la cama, y se permitió observar, con esmero y rapidez, las cosas que adornaban aquel lugar. No eran demasiadas, de hecho eran menos de lo que se esperaba, pero indiscutidamente eran totalmente novedosos para la rubia.

Se levantó del lugar, y movió sus pies hacia una pequeña repisa. Se sorprendió al ver unas cuantas fotografías que mostraban a una diminuta Rachel sosteniendo varias especies de trofeos, siempre acompañada de dos personajes masculinos.

Sonrió cuando rememoró la sonrisa que enseñaba la morena en aquellas fotos, cuando la rubia se dirigía a, lo que parecía, el lugar en que Rachel dejaba sus utensilios de peluquería y maquillaje.

Observó la manera en que sus dedos acariciaban, con delicadeza, cada pertenencia de la morena.

Sonrió por última vez, y se dirigió a desenvolver el vestido para posteriormente encajarlo con su esbelto cuerpo.

Definitivamente aquella prenda estaba hecha para ella. A pesar que el celeste no hacía resaltar sus ojos avellana, sí lo hacía con su inmaculada y pálida piel, y su resplandeciente y sedoso cabello. Eso es sin nombrar la forma en que aquel vestido destacaba cada atributo que poseía la rubia.

Plantó su cuerpo ante el espacioso espejo que mostraba una de las paredes de la habitación, y repasó su figura y maquillaje. Estuvo a sólo segundos de decidirse a salir de la habitación cuando pudo ver, a través del espejo, aquel cuadro que se encontraba en el velador que enseñaba uno de los laterales de la cama.

Llevó sus pasos hasta aquel lugar, y se sorprendió ante la imagen que revelaba aquella fotografía.

La morena se encontraba rodeada de unos cuantos amigos, sonreía más que nunca a la vez que sostenía por la cintura a una chica.

Aquello no le impactó, lo que la desconcertó fue la multitud que se encontraba detrás de aquellos jóvenes, retenida por unas especies de vallas que ponían cuando una persona de renombre se encontraba en un lugar, y unos cuantos personajes que, al parecer, eran una especie de guardias.

Frunció el ceño dejando aquel objeto en su lugar. En algún momento pensaba preguntarle a Rachel sobre ese pequeño cuadro.

Abandonó la habitación, y trató con insistencia tratar de controlar su respiración y nerviosismo para, así, no tener que demostrarle aquellas sensaciones a la morena a través de su voz.

-¡Rachel!- exclamó con dulzura, elevando levemente el tono, y fijando su mirada en la culminación de la escalera, esperando por la aparición de la morena -¡Ya está!, ¡Estoy lis…- se calló al descubrir a Rachel hacer acto de presencia, y bajar con un lujo y destreza infinita aquellos peldaños que emanaban tanta amenaza ante los tacones que llevaba puesto la diva, sin despegar su mirada de los atentos ojos de la rubia –Oh Dios mío…- susurró –estás…-

-Preciosa-

-Exacto- sonrió.

-No, Quinn. Quiero decir que tú estás preciosa- besó su mejilla –te encuentras totalmente infartante-

La rubia se sonrojó ante el cumplido, y sólo atinó a susurrarle un tímido "gracias".

-¿Has visto, ya, lo que he preparado?- preguntó con una sonrisa –Bueno, no sólo yo. La verdad es que sin Jesse esto no hubiese sido posible- tomó una de las manos de la rubia para así guiarla hacia el lugar.

-En realidad no… estaba tan nerviosa que lo único que hice fue meterme a tu habitación- rió nerviosa, causándole ternura a la morena.

-Bien, me alegra que no te hayas adelantado a la sorpresa- detuvo sus pasos antes de encontrarse con un marco en la pared que marcaba la división de un lugar a otro.

Fue en aquel instante en que la rubia se permitió inspeccionar el hogar de la morena.

Humilde y suntuoso.

No hallaba la forma de explicar cómo era posible definir el hogar de aquella manera, especialmente porque esas palabras funcionaban totalmente como antónimos cuando se refería a aquella casa.

El hogar de la morena a simple vista se veía modestamente impoluto, pero si lo mirabas con minuciosidad era capaz de demostrar que las cosas que poseía eran totalmente sofisticadas y lujosas.

A pesar de, al parecer, tener lo justo y necesario, el hogar entregaba una visión totalmente diferente.

Era una vivienda muy peculiar y hermosa para la rubia.

-Ven- susurró con una sonrisa al ver a Quinn inspeccionar el lugar –Si te soy sincera creo que he perdido el romanticismo…- informó – así que si esperas encontrarte con velas y un camino de pétalos, lamento informarte que no es algo que preparé- la miró gesticulando una disculpa con su rostro

Quinn le dio un suave apretón de manos, tranquilizándola –sorpréndeme-

La morena soltó un suspiro, y tras un asentimiento de cabeza se dispuso a encaminar a la rubia a través de la sala de estar.

-Aún queda bastante tiempo para que se esconda el sol, así que creo que esto- apagó la luz con el interruptor -No lo necesitaremos- le sonrió nuevamente a la rubia, y terminó por dar los últimos pasos, enfrentándose con una pequeña mesa redonda, ubicada al lado de un ventanal cubierto por una gruesa cortina –Toma asiento- murmuró a la vez que movía una de las dos sillas hacía atrás para ayudar a la rubia a sentarse –Si no te sientes cómoda con la poca luz, no te preocupes… ya arreglaré eso- le regaló un guiño -¿Me esperas?, traeré las cosas- recibió un asentimiento por parte de la rubia –Bien, ya vuelvo- y tras otra de sus sonrisas, se retiró.

Después de observar la esbelta figura de la morena desaparecer de allí, fijó su mirada a su al rededor.

Se encontraban en la sala de estar, rodeadas de aquellos cómodos inmobiliarios.

Definitivamente Rachel había acertado, esto no era lo que ella había imaginado.

-Hey… hola, nuevamente- espetó en un susurro al visualizar a la rubia –He traído todo en esta cosa- rió, mostrándole una especie de mesa metálica que poseía pequeñas ruedas –Vaya… estoy bastante nerviosa- exhaló caminando detrás de la rubia –Te confesaré el porqué de la ausencia de velas- sonrió para después mover las cortinas que cubrían aquel ventanal, y así dejándole libre paso a los rayos solares que batallaban contra las hojas de los árboles, que allí se encontraban, para poder entrar y, así, iluminar de una vez el lugar.

Quinn cerró los ojos debido a la encandilante luz que se abrió paso instantáneamente, y que, inevitablemente, le había provocado una fugaz ceguera. Cuando abrió sus ojos, la morena ya se encontraba sentándose frente a ella.

Rachel soltó un nuevo suspiro, y se dispuso a verter una reducida cantidad de vino blanco en las copas que previamente se encontraban en aquel inmobiliario. Posterior a eso, volvió a dejar el vino en una cubitera que poseía cierto porcentaje de hielo y agua helada.

-Si no tomas vino, dímelo, ¿Ok?- suspiró, nuevamente –Di algo, por favor. Estoy tan nerviosa que tu silencio me está matando- espetó con una forzada risa.

-Perdón- tomó su mano a través de la superficie de la mesa –Es sólo que… uhm… no sé qué decir- elevó ambos hombros, sonrojándose, y dándole la primera probada al líquido.

La morena perdió su mirada en el contacto que sus manos tenían -¿Te has dado cuenta del efecto que provoca la luz solar entrando de esa forma por el ventanal?- cuestionó sin despegar su mirada de la mano de la rubia –Es por eso que descarté las velas… La luz que entra de ese lado genera este maravilloso color que toma el lugar al invadirse con el brillo que provoca el sol en esta hora- miró a la rubia que en ese momento le entregaba una intensa mirada.

Era verdad. La rubia tras escuchar las palabras de la morena, pudo cerciorar aquello posteriormente a fijar su mirada en la morena.

Se veía hermosa.

El sol, como bien había dicho Rachel hace unos momentos, entraba con una tenue intensidad que lograba dar con uno de los laterales de los objetos que se encontraban a su paso. De aquella misma forma, el brillo, acariciaba una parte del cuerpo de la morena, dándole un contraste precioso e inimaginable ante los ojos color avellana.

El resplandor lograba exponer el espléndido tamaño de las pestañas, de la diva, la luz relucía aún más en el pómulo que recibía la calidez del sol, podía ver la manera en que su nariz se ensanchaba de un lado debido a la ilusión óptica que se producía, también el delicado relieve que se encontraba antes de dar forma a sus labios ligeramente abiertos, y finalmente la sonrisa que formó la morena, la cual parecía aún más brillante que todas las anteriores que había presenciado.

-¿Quinn?- preguntó con cautela tras beber de su vino.

-¿Sabes qué, Rachel?- le sonrió con los ojos –Yo… la verdad es que… sí era una chica de velas, música lenta y esas cosas que uno siempre ve en películas- se preocupó al visualizar la decepción en los ojos de la morena.

-Quinn, yo… yo supuse que…- espetó nerviosa.

Pero creo que eso era porque me estaba perdiendo de esto… lo magnífico que puede ser ver a una persona recibir aquella luz solar en su piel, lo hermoso que nos entrega la naturaleza, y muchas veces lo ignoramos… Te ves muy hermosa con esa radiante luz tocando aquel lado de tu piel- admitió sintiendo sus mejillas arder.

-Me habías preocupado- reconoció llevándose una mano al pecho –Tú también te ves preciosa en este mismo momento… es muy difícil para mí no quedarme embelesada mirándote- tragó con dificultad.

Rió brevemente -Ni lo digas… creo que me he quedado un buen tiempo mirándote-

-¡Oh!... casi me olvido. La verdad es que sí tengo preparada la música… ya sabes, me encanta, y difícilmente puedo estar sin ella- rió levantándose del lugar –Dame un segundo- se alejó unos pasos, sintiendo la mirada de la rubia siguiendo cada uno de los pasos –Sé que me moriré de vergüenza pero me es inevitable poner esto- espetó inclinada cerca del televisor –Por favor, no te rías- suplicó volviendo frente a la rubia, entregándole el mando de la televisión –Vamos, enciéndela- llevó ambas manos a su cara, tratando de esconder su vergüenza a través de ellas.

-¿Esa… eres… eres tú aquella pequeña?- sonrió, dándole una fugaz mirada a la morena para posteriormente volver a clavarla en el televisor –Vamos, aleja esas manos de ese bonito rostro-

-Quinn, no puedo…- murmuró, sintiendo como el volumen iba incrementando.

-¡Oh por Dios!, ¿tenías esa voz con sólo unos añitos de edad?- la miró sorprendida, descubriendo cómo la morena la miraba a través de una abertura que quedaba entre sus manos.

La morena asintió.

-Rachel, por favor, mírame- suplicó –que ternurita eras y sigues siendo- confesó al ver a la morena apartar sus manos del rostro, el cual se encontraba intensamente ruborizado.

-Bueno… mi idea no era que mi yo pequeña acaparara toda tu atención- refunfuñó.

-No lo está haciendo, es que… ¡Oh Dios mío!, ¿No puedo sacarla de la televisión, y comérmela?- rió ante el gesto de la morena –Rachel… ¿De qué van estos videos?-

La morena sonrió al notar que la rubia seguía interesada en la Rachel actual –Todos fueron grabados por mi padre, Leroy.- sonrió al pronunciarlo –Él quería inmortalizarlos para cuando yo fuera lo suficientemente grande y madura para guardarlos como una especie de reliquia- se sonrojó –Hiriam, mi otro padre guarda cada uno de los trofeos que recibí en esa época- se calló al ver el gesto de la rubia.

-¿Tienes dos padres...?- Preguntó sin saber qué gesto se había adueñado de su rostro.

La morena asintió orgullosa –Así es, creo que olvidé comentártelo… perdón por eso- levantó ambas cejas en señal de disculpa –es sólo que no lo vi como algo importante-

-Vaya… ¿Y qué esperas a contarme qué tal es?... Digo… tengo dos padres, cada uno de diferente sexo pero, no logro, aún, imaginarme cómo podría ser la vida con dos de éstos de un mismo sexo- Quiso golpearse internamente al espetar aquello. Sonaba tan ignorante, pero a ¿quién quería engañar?, era totalmente cierto que le costaba imaginar la forma en que eso se podía llevar a cabo, y su curiosidad era aún más grande como para no preguntarle aquello a la morena.

-Bueno, la verdad es que pienso que he tenido una suerte enorme al tener unos padres como Leroy e Hiriam… ellos al adoptar una hija, se esforzaron enormemente para estar totalmente aptos para criarme, y es por eso que siento que han sido los mejores del mundo. Siempre están buscando la manera en que yo pueda ser feliz y en que tome las mejores decisiones…- hizo una pausa -sé que aquello lo hacen la mayoría de los padres, pero estoy segura que los míos le llevan una ventaja enorme a los demás- concluyó para así recordar el problema de los padres de la rubia –Quinn… lo siento, yo no pretend…-

-No te preocupes, Rachel- le regaló una sonrisa –Me encanta escuchar eso. Además tú no tienes la culpa de lo que a mi familia le está pasando- le dio el último sorbo a su copa.

-¿Lista para probar lo que cocinó mí mejor amigo?- preguntó tratando de cambiar el tema de conversación.

La rubia no asintió hasta que comprendió que la morena se refería a Jesse.

-Lasaña a la boloñesa- espetó dejando a la vista la comida –vegana, por cierto- sirvió ambos platos, y volvió a tomar asiento –Sé que no eres vegana, pero me encantaría que probaras este plato. Se lo enseñé a Jesse hace un tiempo atrás, y se volvió el favorito de ambos- levanto ambos hombros –Por favor, no te quedes callada si no te gusta o apetece-

-Tranquila, Rachel- sonrió –Probaré la comida, y te diré lo que pienso, ¿Bueno?-

La morena asintió constantemente.

-¿Quieres más vino?- ofreció.

-Por favor, está delicioso- acercó su copa.

-¿Y qué tal?- cuestionó al ver a la rubia llevarse una porción de comida, a la boca.

La rubia asintió riendo, mientras limpiaba delicadamente su boca con una de las servilletas.

-Deleitable- comentó previamente a llevar otra porción de lasaña entre sus labios.

La morena sonrió gustosa, y se sumergieron en una leve conversación que se llevaba a cabo en los cortos lapsos de tiempo que la comida les dejaba producir.

-Al parecer también se ha convertido en mi comida favorita- comentó la rubia, una vez que la morena la encaminó al amplio sillón que se encontraba frente a la televisión.

-¿Es eso cierto?, Puedo cocinártela cuando quieras- aseguró.

-Me encantaría, la verdad.-

-Quinn, ya se ha oscurecido… creo que es momento de llevarte a casa- espetó con desilusión.

-No te preocupes, mis padres están en un viaje de negocios- comentó apoyando su cabeza en el regazo de la morena –Eres muy hermosa, ¿Lo sabes, verdad?-

-Quinn… debo decirte algo que me ha tenido un poco preocupada- informó mientras enredaba sus dedos en la cabellera rubia -¿Recuerdas las palabras que te dije después de que nos… ya sabes… por primera vez?- rememoró el momento –bueno… no quiero que te sientas presionada por eso, lo dije sin pensar, y la verdad es que me han ocurrido ciertas cosas antes de llegar aquí que me hacen actuar de una forma inesperada- clavó su vista en la rubia –así que si aquello te incomodo, lo siento, trataré de no volver a hacerlo- le entregó una sonrisa.

La rubia asintió –Todo bien, no te preocupes…- murmuró intentando no demostrar su decepción.

Aquel "Dime que eres mía, Dime que sólo tienes ojos para mí" que había apelado la morena, le había hecho sentir cosas totalmente nuevas para ella. Había sentido la forma en que su corazón se hinchaba con un calor agradable.

Y en aquel momento, Rachel diciéndole implícitamente que no lo había querido decir, le dolió. Le dolió porque lo que ella le había respondido en aquel instante era totalmente verdadero. Y lo peor es que ella no se arrepentía de haberlo dicho.

Permitió a su cuerpo relajarse ante las caricias de la morena, y alejar aquella angustia que se le había instalado en el pecho.

-Me gusta estar así… yo acostada con mi cabeza en tu regazo, tú acariciándome el cabello… Sólo falta una taza de café en tu mano, y un libro entre las mías- rió levemente, sentándose al lado de la morena –He soñado con esa escena unas cuantas veces este último tiempo- confesó ante la sonrisa de la morena.

-¿Quieres que nos prepare café, y a ti te traiga uno de mis tantos libros?- cuestionó con ternura.

La rubia negó –No realmente…-

-¿entonces?-

-Tengo muchas ganas de besarte…- espetó mirando intensamente los labios de la morena.

-¿Y qué esperas?- cuestionó con un hilo de voz, sintiendo la manera en que la necesidad golpeaba cada uno de sus sentidos.

Ninguna de las dos volvió a emitir algún otro sonido. Sin contar el que en aquel momento producían sus labios al explorarse.

Aquella situación se sentía un poco incómoda debido a la posición de ambas, pero Rachel no dejó que eso siguiera así cuando llevó a la rubia a sentarse en su regazo, dejando caer ambas piernas de un lado, sin separar sus labios en ningún momento.

La rubia sin aguantar un momento más, se aventuró a introducir tímidamente su lengua entre los labios de la morena, provocándole un leve hormigueo, a ambas, en su estómago cuando el par de lenguas se encontraron y fusionaron en una lenta y errática batalla. Se alejaba lentamente para volver a capturar los labios de la morena, y posteriormente sentir la necesidad de ir un poco más allá, nuevamente, ésta vez aferrándose del cuello y cabello de Rachel que levemente jalaba ante las sensaciones que ésta le provocaba.

-Creo… creo que deberíamos parar- suspiró ante lo dicho –Es un poco peligroso ponernos algo intensas… debes saber que mis necesidades abarcan un poco más que las tuyas, Quinn- La rubia se sonrojó ante lo referido.

-Lo sé- murmuró en una exhalación –No quiero ni puedo dejar de besarte, Rachel- espetó luego de apoyar su frente con la de la morena.

-Yo tampoco- sonrió previamente a rozar la nariz de la porrista con la suya -¿Quieres hablar sobre nosotras?- cuestionó nerviosa.

-Claro que sí, estaba muriendo por preguntarte lo mismo- rió ante la cara de la morena.

-Bien… ¿Qué… qué piensas?- murmuró sin saber muy bien cómo comenzar -¿Qué es exactamente lo que quieres?-

-Bueno… yo…- murmuró, regalándole suaves caricias en la nuca –me gustaría intentarlo, la verdad-

-A mí también… ¿qué te parece si nos damos el tiempo para conocernos?... creo que es lo mejor- espetó tratando de no desilusionar a la rubia.

-Me encantaría, yo pienso lo mismo… Lento pero seguro, ¿No?- miró los ojos de la morena.

-Exacto, sin apuros… yo, yo quiero hacer las cosas bien, ¿Sabes?, no soportaría fallar, y es por eso que quiero que hagamos las cosas de una buena manera- suspiró al recibir una caricia en la mejilla.

-Hay algo que me preocupa…-

-¿Qué cosa?- preguntó preocupada.

-No poder volver a hacer… esto- Le dejó un breve beso en los labios –Ni esto- comenzó a dejar pequeños besos en diferentes lados de la cara de la morena.

-Bueno, si lo pones así…- la abrazó por la cintura –Creo que será bastante difícil-

-Lo será, pero no me rendiré muy fácil- apoyó su cabeza entre el hombro y pecho de la morena –Tengo que acostumbrarme a que tal vez las cosas junto a ti no serán muy sencillas, ¿No?- murmuró en un extraño tono.

-Eso no lo sabemos…- suspiró, nuevamente, acariciando el cabello de la rubia, mientras apoyaba su cabeza en la de Quinn.

Se quedó pensando un largo instante hasta que sintió su móvil vibrar.

Quiso moverse pero cayó en cuenta que la rubia se había dormido en la misma posición. Sonrió ante aquello, y decidió ignorar el aparato mientras ella trataba de ponerse de pie con la rubia en sus brazos.

La llevó lentamente –debido al peso del cuerpo de la porrista- hasta unos de los muebles, y sacó una cobija con la cual cubrió el cuerpo de la rubia, y salió del hogar, buscando el vehículo, con anterioridad, alquilado.

Sentó a Quinn en el asiento de copiloto, el cual reclinó levemente, y la protegió con el cinturón de seguridad.

Consecutivamente emprendió marcha al hogar de la rubia, mirando cada cierto tiempo la forma angelical en que su cuerpo yacía dormido.

Una vez que estacionó frente a su casa, se sintió terrible por tener que despertar a la rubia pero era la única forma en que podía ingresarla a su hogar.

Y tras cerciorar que Quinn ingresó a su cama, adormilada, se retiró del lugar con una sonrisa.


Descargo de responsabilidad: Los personajes nombrados en esta historia no me pertenecen.


Mi paseo se alargó unos días, y no pude actualizar. Perdón por eso.

Hay algo que he querido decirles desde hace tiempo; me encantaría que cuando comenten escriban sus nombres o, al menos, su edad, de dónde son, qué es lo que piensan. Sería genial saber un poco más de ustedes.

Aquí voy yo:

Chilena, hace un mes cumplí diecisiete años. Y comparto algo con ustedes… el amor por Dianna Agron y Lea Michele. ;)

Saludos, y sean felices!