Disclaimer y Créditos: Rozen Maiden, así como los personajes de dicha historia, no nos pertenecen. Las 6 Partes de Alice (Wousisho, Sophie, Atashika, Ceyra, Ayra y Lio-Yang) son OCs propiedad de Nanis4816/Lio83261 (Misma autora, ¡nueva cuenta!) A quien agradezco personalmente por acceder a hacer este fic conmigo.

Notas de Autores:

- Lio83261: Por fin hemos terminado. Lamentamos la tardanza y espero que les guste el capítulo tanto como a nosotros. nwn

- VVDSelmasongs: ¡Y aquí, la doceava parte de esta historia! Espero que sea de su disfrute ^^ Todo el amor para ustedes, de parte de nosotros :D


Tale XII

La sexta Rozen Maiden desgarró las prendas de la Krieger con sus enredaderas, que se rompieron inmediatamente luego de que el cuerpo de Illumina se cubriera de púas de luz, haciéndola asemejarse a un puercoespín. Hinaichigo no se quedó inmóvil, sino que usó sus poderes para dar vida temporalmente a unos peluches de oso los cuales se abalanzaron sobre su enemiga. Eran dos, uno era de oso pardo y se encontraba en perfecto estado y el otro era blanco y sus extremidades eran de color púrpura, al igual que su nariz, y carecía de un ojo. Los osos golpearon a Illumina cuales boxeadores a un saco de arena, y la muñeca permanecía plácida, absorbiendo cada impacto que recibía.

—¡Vamos, Hina! —Exclamó Tomoe con entusiasmo, apoyando a su Maiden y llenando de potencia el anillo de rosa que portaba, que en ese momento brillaba con luz fucsia.

Sophie aprovechó el momento para incorporarse, hizo puños con ambas manos que comenzaron a cargarse eléctricamente hasta el punto de lanzar chispas y pequeños rayos en las cercanías. Jun, mientras tanto, se acercó a Shinku y se percató de que estaba inconsciente.

—¡No dejaré que tomes otra rosa mística! —Dijo la pequeña muñeca fresa, con el entrecejo fruncido y tono de determinación en su voz.

Sin embargo, la primera guerrera del prisma se incorporó entre los golpes incesantes de los osos y uno de sus brazos se vio envuelto en luz blanca y se convirtió en una espada. Luego, cortó de un sablazo al oso pardo justo por la mitad.

—No creo que tú seas capaz de detenerme. —Dijo, esbozando una sonrisa sádica en la cara.

Sophie, herida aunque con más energía que nunca, comenzó a caminar hacia Illumina mirándola fijamente a los ojos. —¡No sabes de lo que las Maiden son capaces! ¡No sabes de lo que las Partes son capaces! ¡No sabes de lo que yo soy capaz!

Acto seguido, la segunda parte de Alice despareció en un destello como lo haría un rayo, y en fracciones de segundo estuvo al lado de Illumina, a quien seguidamente le dio un puñetazo cargado de electricidad que la estrelló contra la pared. Seguidamente, se trasladó hasta donde había caído su contrincante y comenzó a abofetearla sin piedad con las manos aún cargadas. Todos miraban atónitos la forma en que Sophie estaba luchando ya que jamás la habían visto actuar de esa manera, y se sorprendían con la expresión que la Parte de Alice tenía dibujada en el rostro: una que les hacía recordar a la más pequeña y peligrosa de ellas, Lio-Yang.

Así que éste es el verdadero poder de Sophie… —Dijo Jun para sí.

Illumina repentinamente pateó a la Parte de Alice en el rostro, lo cual la tomó por sorpresa y la hizo caer al suelo. La Krieger se incorporó y luego la pisó en la herida que tenía en un brazo con una de sus botas blancas.

—Me sorprende que hayan podido darme tanta pelea. —Sonrió, con una extraña tranquilidad.

El oso de peluche que quedaba corrió hacia la intrusa para golpearla pero antes de que pudiera asestar siquiera el primer impacto fue cortado de un sablazo en el brazo con que amenazaba a su objetivo. Seguidamente, el oso cayó al piso, inanimado.

—Admito que son más fuertes de lo que pensé. —prosiguió, sin cambiar la expresión en su rostro— Y admiro el vigor de sus espíritus luchadores. Sería todo un placer para mí albergar en mi prisma tales virtudes. ¿Quién quiere ser la primera?

—¿Por qué haces esto? —Gritó Jun de repente, quien cargaba a una desmayada Shinku entre sus brazos y con los ojos acuosos por lágrimas que se asomaban en ellos.

Hinaichigo se desmayó y velozmente la joven Kashiwaba la tomó en sus brazos, abrazándola cual madre a su bebé para protegerlo del peligro.

Illumina quedó paralizada y su sonrisa se esfumó. Abrió la boca para decir algo pero de ella no se escuchó ni una palabra. Suspiró, luego cerró los ojos y los abrió nuevamente, dirigiéndolos de Jun a Shinku, luego a Hinaichigo, de ahí a Tomoe, y otra vez a Jun. La espada volvió a convertirse en brazo y finalmente se llevó ambos manos a la cara, expresión que se asemejaba a la que solía hacer Kirakishou cuando había perdido la cordura.

—¿Era esto de lo que hablaba Madre, Illumina? ¿Acaso mis ojos están presenciando un repugnante Sinneswandel? —Dijo una voz desagradablemente familiar que todos reconocieron de inmediato: Darcel. Había hecho su aparición y se encontraba sentado en una ventana, con una pierna sobre la rodilla, observando a todos en la habitación.

—¡Cállate, Darcel! —Gritó Illumina, lanzándole una mirada llena de ira.

—Qué vergüenza. Pensar que nuestra Madre haya puesto tanto empeño en tu creación, que te haya dado la vida y un propósito y que ahora, al igual que la zarrapastrosa de Wella, le das la espalda a ese propósito.

—¡No tienes idea de lo que estás hablando! ¿Qué puede saber un inútil como tú de nuestra Madre? ¡No le estoy dando la espalda a mi propósito, y no se te ocurra repetir eso! No soy como Wella, ¡Yo soy mucho más poderosa, soy mejor!

—Sé lo que digo. —Darcel comenzó a morder una pluma negra con una media sonrisa en el rostro—Reconozco el Sinneswandel cuando lo veo, y tú, hermana mayor, estás manifestando un claro ejemplo de uno. En cuyo caso, tendré que acabar contigo cuanto antes. No podemos cumplir con nuestra misión mientras Krieger como Wella y tú sigan con vida.

—¡Cállate! —Illumina creó una daga de luz y se colocó en posición de pelea.

LaPlace apareció y dos portales al Campo N se abrieron.

—Tienes suerte. Acabaré contigo después. —Sonrió Darcel, y se fue por el portal que había tras él.

Illumina no respondió y se fue por el portal que había más cerca de ella. Ambos portales se cerraron al unísono y LaPlace miró a los humanos, a las Maiden y a la Parte de Alice que yacía inconsciente en el suelo.

—Abran este paquete antes de que la rosa de espíritu rojo despierte. —Dijo el conejo, dejando en el suelo una caja envuelta en papel de regalo y con un listón rojo salmón decorándolo en la tapa. Acto seguido, desapareció en una cortina de humo rosácea.

—¿Qué acaba de pasar? —Preguntó Tomoe, desconcertada.

—No lo sé… —Respondió Jun— Tengo muchas dudas sobre la expresión que vi en los ojos de Illumina, sobre lo que dijo Darcel y sobre la repentina intervención de LaPlace… Y ese paquete —Señaló la caja— ¿Qué contendrá? ¿Por qué debemos abrirlo antes de que Sophie despierte?

Todo era oscuridad, hacía calor, el sonido de un cuerpo de agua fluyendo rompía el silencio y le quitaba la sensación de perpetuidad a la penumbra. Kanaria intentó incorporarse, no podía ver nada y se desesperaba al no distinguir si sus ojos estaban abiertos o no.

—¿Hola? —Preguntó, intentando disipar cualquier nervio que amenazara con asomarse— ¿Hay alguien? —Añadió, después de no recibir respuesta inmediata.

Pensó inmediatamente en llamar a su espíritu artificial, de manera que pudiera alumbrar las cercanías y pudiera sentirse al menos levemente acompañada. Susurró «Pizzicato» y el pequeño lucero amarillo revoloteó efusivamente a su alrededor. Fue entonces cuando Kanaria pudo ver que junto a ella se hallaba un inconsciente Advor, junto a una roca voluminosa. Probablemente se golpeó, ¡Es mi oportunidad para escapar! Pensó y se dio media vuelta, seguido de lo cual comenzó a correr en la oscuridad con Pizzicato por delante, iluminándole el camino.

Kanaria tenía la esperanza de encontrarse con las gemelas, Suiseiseki y Souseiseki, quienes seguramente los habían seguido cuando cruzaron el portal. La Maiden se preguntaba en dónde podrían encontrarse.

Pero en medio de sus pensamientos, de sus deseos por salir de ese lugar, algo le hizo detenerse abruptamente. Miró la infinita oscuridad que tenía detrás, misma que le provocó escalofríos en un instante. Se asustó enseguida de ella y por esto le pareció ridículamente estúpido haber devuelto la vista; ¿por qué lo había hecho entonces?: porque recordó a Advor, a quien dejó abandonado a su suerte.

Un sentimiento de culpa y preocupación la invadió.

—¿Qué dices, Kanaria? ¡Se trata de él, tu secuestrador! ¡Por supuesto que estará bien!… Tal vez.

Completamente dudosa, continuó su camino hacia adelante, como si no hubiera parado en seco de repente. Prefirió olvidarlo. Quizá se sentiría tranquila si olvidaba que dejó a alguien tirado por ahí, puede que herido e incluso en sus últimos momentos.

¡No! De nuevo esa presión en su pecho. Necesitaba ir a arreglar el error que cometió. ¿Sería demasiado tarde? ¿Él ya no estaría ahí, sino que también se encontraba huyendo? ¿Fue culpa de ella que terminara lastimado? ¿Debía regresar? ¿Recordaba aún el camino?

"Tal vez. Tal vez. Tal vez. Tal vez. Tal vez" ¡No, demonios! ¿Por qué la única respuesta a sus interrogantes no disipaba ninguna duda realmente? No pudo elegir otra situación para ser indecisa ¡en serio que no pudo!

Así fue. No fue consciente de cuándo divisó la salida, mas ya estaba cerca de un río, en medio de un bosque o una selva; no le importó mucho saber cuál de los dos, sólo levantó su cabeza para tratar de averiguar qué hora era. Le costó trabajo distinguir la Luna, pues ésta era cubierta por grandes árboles verdes, luego contempló el cielo bañado en un azul opaco. Tal vez pasaba de la media noche. Aunque el amanecer no tardaría en llegar, unos rayos de luz más radiante colándose entre las hojas se lo dijeron. Eso de "pronto amanecerá" fue en lo único que estuvo segura.

El suave viento chocó contra su espalda, el agua frío chocó contra las rocas, y Pizzicato chocó contra su rostro en un vano intento de devolverla a la realidad. Todo se movía a su alrededor, sin embargo Kanaria no apartaba la vista de donde salió minutos atrás. Muy a su pesar, de nuevo se hallaba entre dos opciones: correr, buscar, correr más rápido, gritar, hacer lo que fuese necesario para reunirse con sus otras hermanas; o adentrarse de nueva cuenta a su reciente pesadilla, correr, buscar, correr más rápido, gritar, hacer lo que fuera necesario para reunirse con el Krieger.

Estas decisiones terminarían matándola.

No sabía cómo empero, pudo tener la suficiente determinación para comenzar un siguiente recorrido. No solamente sus pies tocaban el suelo con exaltación y agitación, sino que su corazón también brincaba enardecido, tanto que podría competir con un gimnasta olímpico.

Después de entrar en la cueva, su impavidez logró hacer de su búsqueda una simple competencia contra su propio miedo; una que no tardó en ganar. Se movía entre los lóbregos pasillos como si de su casa se trataran, como si ya hubiera pasado por ellos y supiera hacia dónde tenía que ir, al contrario de la forma en que actuó hace apenas unos minutos.

La mirada en su rostro. Esas cejas color verde grisáceo se fruncían, creando la única arruga en su empalidecido rostro; unas ligeras líneas rosadas bajo sus ojos, que expresaban firmeza y seguridad; sus labios estaban rígidos, no se movían ni un poco. Su expresión difícilmente se suavizaría, a menos de que alcanzase su objetivo.

Sentía una satisfacción consigo misma. Era agradable, realmente agradable atravesar las paredes sin mirar atrás, sin querer regresar afuera. Y esto no era precisamente debido a que le devolvería el favor a ese odioso muñeco, librándose así de lo pesado que era la obligación con los demás. Podría ser aquello, pero no. Era debido a su elección porque, tal cual mostraba su imponente faceta, no la perseguía un terror o un titubeo. No vaciló en cuanto emprendió la carrera.

Negro. En un instante todo se ennegreció. Había juntado los párpados cuando se tropezó con un bulto. Se dispuso a abrirlos y al hacerlo, no estuvo más que aliviada, esbozando por inercia una sonrisa.

Reconoció la roca gigante a su lado y por ende, al caballero de elegante traje. Anteriormente no se percató de su atrayente cabello: se veía sedoso, delicado, alborotado y repartido por su frente esquelética. Ya no traía el gorro para esconderlo.

Quería acariciarlo. Advor dormía a causa de un golpe —al que no se molestaba en explicar—. ¿Qué motivo tenía para detenerse?

Ah, claro. Su orgullo.

—Parece que te gusta —un susurro ajeno la sacó de su trance.

—¡U-uh!

Kanaria se arrastró a sentones hasta quedar a una distancia considerable. Por otra parte, Advor se levantó, masajeándose lenta y suavemente las sienes, dándole a entender que el golpe le dolía aún.

—¿Y bien? ¿Por qué te quedaste junto a mí?

No era por arruinar el momento de valentía que tuvo, mas ya se arrepentía de haber vuelto.

—No es por esperanzarme pero, tu silencio me dice la respuesta.

El Krieger le resultaba tan inoportuno. Y esa sonrisa cautivadora y sincera que se cargaba. ¡Micchan, era mejor que la ayudaras a tranquilizar esa latiente sensación!

Espera, ¿latiente?

Efectivamente. Un ardor y una corriente eléctrica la escalaron desde la punta de sus pies, ascendiendo por su espalda, hasta que se concentraron en sus pómulos, tornándolos rojos. De igual modo, un presentimiento inundó su mente; y es que su pecho de porcelana iba a romperse ya que algo empujaba contra él, un órgano para ser detallar más.

Sagrada fue la poca iluminación. Sagrado fue que Pizzicato revoloteara encima del muñeco y no de ella. Sagrado fue que estuvieran dentro de una gruta o lo que se acercara.

—Sabes que los Krieger vemos bien en la oscuridad, ¿verdad?

—¡¿Qué?!

—Ja, ja. Bromeaba.

Ambos rieron. La Maiden por nerviosismo y el otro porque disfrutaba de la situación.

Sein Geliebte war zart.

CONTINUARÁ...