Disclaimers: La historia me pertenece… en casi su totalidad, los personajes son propiedad de J.K. Rowling y son utilizados sin intención de lucro alguno. Las personalidades de algunos de los personajes así como su edad no corresponden a lo que la magnífica Rowling estipuló dentro de la saga de Harry Potter.
¡Hola de nuevo! Bueno, no tengo que decir que es martes y que por lo tanto, hay capítulo ¿cierto? Pero me gusta decirlo, lo siento, bueno, pues no tengo mucho que decir, todo se los he dicho ya, muchas gracias por sus reviews, significan mucho, así que... sin nada por el momento, les dejo el capítulo y nos leemos el jueves.
Regresó hasta el lugar donde la había dejado, la observó, sabía que no estaba dormida, y lo sabía porque la había visto dormir un par de veces, sus labios no estaban separados y su respiración no era regular, se quitó su chaqueta, estaba haciendo frío y sabía lo delicada que era, así que se acuclilló frente a ella y la cobijo, sin importarle saber que estaba despierta.
Se alejó lo suficiente, y cerró los ojos, a diferencia de ella, él estaba acostumbrado a dormir en ese tipo de condiciones, a decir verdad, en el campamento dormían en el suelo, sobre un par de mantas, después de algún tiempo, la mayoría de las personas se acostumbraban, frunció el ceño enfadado, porque sabía que ella no era como la mayoría de las personas, y no sabía qué cosa le preocupaba más, el hecho de que no pudiese acostumbrarse a ese estilo de vida, o la amenaza a irse del campamento después de que hablara con la profesora McGonagall.
Despertó cuando escuchó un pequeño crujido, Ginevra estaba a un par de pasos lejos de él, tenía su chaqueta en sus pequeñas manos, bajó la vista apenada, cosa que lo divirtió.
—Pensaba regresarla, sólo eso –murmuró.
—Cuando volví estabas dormida –contestó –estaba haciendo un poco de frío, así que por eso te la puse, no por otra cosa.
—Lo sé –admitió –es sólo que… desperté hace poco y… bueno, conociéndome, no iba a poder dormir de nuevo.
—No has dormido nada ¿cierto? –frunció el ceño.
—Claro que he dormido, no tan bien como usted, claro está, pero lo he hecho.
—Es que no estás acostumbrada a dormir en el suelo, estás muy acostumbrada a tus colchones suaves, a tus almohadas cómodas, a tus sábanas de seda y todas las comodidades ¿cierto?
—Toda mi vida ha sido así –se encogió de hombros –tampoco es para que haga ese tipo de comentarios.
— ¿Qué clase de comentarios? –frunció el ceño.
—Como si fuera mi culpa las pocas comodidades que ustedes tienen, y bueno, yo no los orille a eso y… -se quedó callada –duerma un poco más, es temprano aún.
Le entregó la chaqueta y se alejó, siempre se alejaba cuando Draco hacía comentarios que le molestaran, siempre lo hacía, la mayor parte del tiempo evitaba confrontaciones, y el rubio sospechaba la razón, tal vez estaba evitando que él la dejara ahí, a mitad de la nada, sin saber exactamente hacia donde correr o como defenderse.
Se puso su chaqueta y se estiró, para que sus músculos se estiraran, volteó de un lado a otro, cuando un aroma dulce y delicada le llegó a la nariz, y frunció el ceño cuando no supo de qué provenía, jamás había olido nada parecido, y le agradaba el aroma, era discreto y aun así, te creaba un poco de obsesión, sujetó su propia chaqueta contra su nariz, descubriendo el origen de aquella bonita aroma, y recordó que era el perfume que había olido en el cuarto de Ginevra aquella vez, pero ahora mezclado con el propio olor corporal de la pelirroja.
Caminó hasta donde estaba sentada, traía un pequeño aparato en las manos, y lo escondió cuando él le habló.
—Dime que no estás avisando a La Orden nuestra posición –gruñó.
—Por supuesto que no, puede creer que soy una idiota, pero no lo soy, bueno, no en todos los aspectos.
—Estás admitiendo que eres una idiota en algunos aspectos –sonrió.
—Todos lo somos –lo observó –había un científico muy famoso en la primera era –sonrió –su nombre era Albert Einstein, él decía que todos somos ignorantes, salvo que no todos ignoramos las mismas cosas –se puso de pie –creo que de igual manera, todos somos torpes, pero no en las mismas cosas, o idiotas, pero no con las mismas cosas.
—Tengo que admitir que tienes razón, soy un idiota y un inútil, si me pusieras a hacer todo lo que sabes hacer en el laboratorio.
—Posiblemente no, se sorprendería –sonrió.
Draco se tensó cuando se acercó a él y llevó su mano hasta su rostro.
—Lo siento –se disculpó cuando acomodó el cuello de la chaqueta.
—Sólo con decir que estaba doblado, hubiese sido suficiente –musitó.
—Cierto, no volverá a ocurrir, lo prometo –levantó la mano derecha.
—Eso espero, será incómodo y a menos que quieras que mi novia te golpee, sugiero que no te acerques tanto a mí.
—No lo haré, mantendré mi distancia.
—Me agrada esa idea, no me agradaría que los nudillos de Pansy se lastimen después de que te golpee.
—Sin duda es una chica muy capaz, podrá patearme el trasero sin sufrir daño alguno, así que bueno, no se preocupe por ella.
—Es imposible, siempre me preocupo por ella, aunque sepa que no está en riesgo inminente, pero es normal, porque la amo, entonces, me preocupo por ella.
—Las personas siempre nos preocupamos por aquellos a quienes amamos, y sí, es un poco idiota que le diga que no se preocupe, así que no lo volveré a mencionar, aunque lo decía de forma que…
—Lo comprendí, gracias.
—Bien, estoy nerviosa.
— ¿Nerviosa por qué? –inclinó la cabeza curioso.
—Me imagino que así debió sentirse usted cuando se unió a los soldados.
—No estaba nervioso, sabía que podría infiltrarme muy bien.
—Aun así, el señor Nott se infiltró mejor que usted –sonrió.
—No lo creo…
—Lo descubrí en dos ocasiones en el laboratorio, cuando se supone no tendría que estar ahí.
—Nunca me lo dijo –frunció el ceño.
—Bueno, no consiguió nada, así que digamos que para que no se burlara de él, posiblemente omitió la información.
—Es un inútil –gruñó el rubio.
—Por el contrario, creo que es una persona bastante capaz.
—Por supuesto que no –se enfadó Draco.
—Pudo mentir aun cuando tomó la píldora y usted no –le recordó encogiéndose de hombros con un semblante angelical.
—No creo que pudiese ser del todo…
—No lo fue, esa píldora sólo tiene un margen de error, con él no funcionó.
— ¿Por qué razón no funcionó? –La observó sorprendido.
—Porque yo no quise que funcionara con él, así de sencillo –se encogió de hombros y sonrió, ante el ceño fruncido de Draco –bien, no era una píldora la que le di a su amigo Theodore Nott, era un caramelo.
—Pero… si las cosas…
—Ellos no iban a saber, además, es cierto, el Gran Canciller tenía una curiosidad extraña en esa píldora, él mismo la probó para asegurarse de que funcionara.
—Ya veo, lo elegiste a él.
—Él es atractivo –se encogió de hombros y caminó balanceando sus hombros, como si fuese una niña pequeña.
—Te gusta Theodore –la observó atento.
—Es atractivo, amable y caballeroso, a algunas mujeres, aún nos gustan los hombres con esas características, Sr. Malfoy –admitió.
—Bueno, creo que esa noticia le agradará a él.
—Por favor, no vaya a comentarle eso, me sentiría un poco incómoda sabiendo que él lo sabe.
—Le apena que un hombre conozca sus sentimientos –se burló.
—Es un poco más complicado que eso, para ser honestos, pero preferiría que no se lo dijera, si las cosas, por el contrario, se dieran de otra manera, me gustaría ser yo quien se lo dijera a él.
—Bien –dio por zanjado el tema.
—Se lo agradezco –finalizó ella.
Avanzaron hasta medio día, callados, sin decir mucho, y lo poco que él decía era para dar indicaciones, y lo poco que ella musitaba, era para hacerle saber que había entendido las órdenes.
—Ven –la sujetó –quédate detrás de mí –si no han cambiado las cosas, si te quedas detrás de mí, pensarán que vengo solo, así que me enfrentará de inmediato.
—Bien –asintió.
Draco la sujetó así que ella se pegó todo lo que pudo a él, colocando sus pequeñas manos en los músculos anchos y formados del rubio, cerró los ojos ante el contacto y contuvo el aliento, se sentía un poco incómoda ante el contacto, no de esa clase de incomodidad que le provocaba el contacto con Barty, sino de esa clase de incomodidad que provocaba que sus mejillas ardieran y su corazón se agitara un poco en su pecho.
—Vaya, vaya –dijo la voz de un chico –Draco Malfoy, el maldito traidor ha vuelto a nosotros ¿sabes que ha sido una mala elección, no? –se burló el chico.
—No, no ha sido una mala elección, volvería una y mil veces con los míos.
—Luna nos ha dicho que te diste de alta en La Orden, tu nombre apareció en el Alistamiento hace como seis meses.
—Lo sé, era eso o terminar colgado en el puente.
— ¡Todos hubiésemos preferido quedar colgados en el puente! –chilló indignado el chico.
—Lo sé, pero cuando nos atraparon a Theo y a mí, nos dijeron que sabían que íbamos, no era posible, porque el plan era idéntico que el de Surrey, y sabes lo que pasó en Surrey ¿no?
—Sí, lo sé, yo fui a Surrey.
—Bien, eso es lo que pasó, pero cuando vuelva por Theo…
—No creo –el chico levantó la vista –avisa a Remus que su hijo pródigo ha regresado a casa, para recibir su castigo, por traidor.
Ginny escuchó como alguien se alejaba, las manos de Draco la sujetaron con más fuerza, pegándola un poco más a su cuerpo.
—Estás armado ¿Qué es lo que escondes? –indagó el muchacho.
—No estoy armado –mintió el chico y levantó las manos.
—Bien, esperaremos a Remus, si te has molestado en llegar hasta aquí, me atrevo a pensar que no huirás ¿cierto?
—No pienso huir, no más.
—Bien, morirás con honor, es lo único bueno.
—Hay más cosas buenas –rebatió Draco, volviendo a colocar las manos en ella.
Ginny se estremeció cuando escuchó los pasos regresar, quiso asomarse, ya que sólo escuchó un par de pisadas, pero no era posible que la persona que fuera a dar el aviso, volviera solo.
—Draco, Malfoy –dijo la voz de un hombre, pero sonaba más madura y calmada.
—Remus –contestó Draco con un poco de alegría en la voz.
—Jamás pensé que te atreverías a volver –contestó, con un poco de furia esta vez.
—Remus…
—Debería matarte aquí mismo, por la traición que…
—Hice lo necesario para sobrevivir, eso me lo enseñaste, ¿no te acuerdas?
—Vayan a sus puestos –ordenó el hombre –quiero hablar con él a solas.
—Sí señor –dijeron las otras personas y se alejaron.
—Tengo que admitir que a pesar de todo, el cariño que te tengo hace que esté feliz de volver a verte, aunque tu atuendo… hace que quiera vomitar en tu cadáver –se burló.
—Theo y yo estuvimos buscando formas de comunicarnos con ustedes, pero…
—No pudieron al menos espero que obtuvieran… ¿dónde está Theo?
—No lo sé, atacaron el complejo y… ¿no lo sabes? –frunció el ceño.
—No estaríamos tan locos para atacar el complejo más resguardado de La Orden, Draco, pensé que sabías que tengo un poco de sentido común.
—Por supuesto que lo sé, es sólo que… han estado atacando a La Orden, dejando nuestra firma en esos ataques.
—Bastardos, tienen que estar atacándose a sí mismos, culpándonos como saben hacer, debemos acabar con cada uno de ellos.
—Lo sé, sé quién es el que nos acusa, su nombre es Antonin Dolohov.
—Un lame botas del Gran Canciller, lo supuse.
—Tienen un protocolo que los ayudará a encontrarnos.
—Eso es un mito, no existe…
—Existe, Remus, lo vi con mis propios ojos, los ubicó en menos de un maldito minuto, claro que la persona que los encontró dijo que era un error.
—Espera –susurró Remus –eso quiere decir que el protocolo existe, que pueden dar con nosotros sin importar donde nos escondamos.
—Así es –admitió.
—Dijeron que no funcionaba –murmuró de nuevo.
—La chica que lo diseñó…
—Es una mujer ¿la conoces?
—Sí, la conozco –asintió.
—Bien, tenemos que matarla en ese caso, no podemos dejar que nos encuentre, Draco dime que antes de escapar, la mataste.
—No –levantó la vista hasta Remus –hice algo más estúpido.
— ¿Qué es eso más estúpido?
—Le traje conmigo –contestó y se hizo a un lado, para que Remus pudiese verla.
—Me estás diciendo que esto –la señaló –hizo un protocolo para dar con nosotros.
—Esto –dijo enfadado Draco –es la persona más inteligente que he visto en toda mi maldita vida, Remus –dio un paso hasta el hombre –incluso más lista de lo que jamás te he visto ser a ti.
—Y la uniste a tu regreso.
—Ella me pidió que la trajera.
— ¡Y sólo porque te lo pidió la trajiste aquí! –chilló indignado.
—Puedo explicarlo –habló suavemente Ginevra.
—No quiero que hables –la señaló Remus –debiste matarla, eso es lo que un verdadero rebelde hubiese hecho, en cuanto descubrió que era inteligente, al menos lo suficiente para dar con nosotros.
—No dejó que La Orden viera ese protocolo, Remus.
— ¡Eso es lo que te hizo creer! –Soltó enfurecido, fue hasta Draco y lo sujetó del hombro –ves un par de… -se contuvo a sí mismo –bonitos ojos –y olvidas todo lo que te he enseñado en todos estos años.
—Si la dejaras hablar, quiere hablar contigo y la profesora…
— ¿En serio crees que Minerva la va a recibir? ¿Cuándo hay órdenes de que sea asesinada sin más? –negó.
—No vengo aquí a asesinar a nadie –habló decidida Ginevra –él sólo me unió a su regreso por lástima, no por otra cosa.
—Puedo imaginar su lástima –se burló –tú eres un peligro inminente para todos los míos ¿no?
—No, no lo soy, no estoy armada, no sé usar un arma, sólo quiero hablar, se lo dije al Sr. Malfoy, vine a hablar con ustedes, y sí, pienso acatar las consecuencias de mis actos, no soy una amenaza.
—Y si la consecuencia a esos actos te dictan la muerte ¿Qué harás?
—La aceptaré –asintió.
—Te responsabilizaré de todo lo malo que ella pueda ocasionar ¿aun así la dejaras bajar? –preguntó Remus y Draco asintió, sujetando a la pelirroja de la muñeca.
—Deberías soltarla, no creo que a Pansy… le agrade verte sujetándola.
—Ella…
—Ha luchado hasta el cansancio con cada uno de nosotros, diciendo que tú no nos has traicionado, y que jamás lo harías –el rubio sonrió al escuchar eso.
—Bien –la soltó sin más.
Ginny se sujetó un brazo ante la mirada fija del hombre mayor, tal vez en su juventud hubiese sido atractivo, pero ahora, estaba demacrado, con varias cicatrices por la cara, pero intentó no fijarse mucho, no quería incomodarlo, pero es que… se le hacía tan familiar.
Remus la sujetó para ayudarle a bajar, como no conocía el lugar, iba tropezando constantemente, observó como Draco los vigilaba sobre su hombro, pero no hizo ninguna clase de comentario, la pelirroja iba observando el suelo, para no tropezar pero le fallaba, así que eso le hizo darse cuenta que a pesar de ser brillante, como lo había dicho Draco, sus habilidades eran… bastante malas.
— ¡Draco! –chilló alguien, Ginny levantó la vista para toparse con una hermosa rubia platinada de bonitos ojos azules saltarle encima al rubio, que la recibió con los brazos abiertos –por los líderes –chilló y se separó y acarició sus mejillas y él le limpió las lágrimas –estás bien, estás vivo y aquí, pensé que… pensé lo peor –se volvió a arrojar a sus brazos.
—Tranquila, Luna –la estrujó fuertemente –estoy bien, no podrás deshacerte de mí tan fácilmente, lo sabes hermanita.
Ginny desvió la mirada cuando la rubia la observó, la alegría de ver a Draco había parecido esfumarse y fue hasta ella, que retrocedió cada que ella se acercaba.
— ¿Qué hace esta perra de La Orden aquí? –la sujetó del cabello en cuanto la alcanzó.
—Tranquila, Luna –la sujetó del brazo –ella es Ginevra, ha estado ayudándome durante todo este tiempo lejos.
—Es de La Orden, Draco ¿cómo puedes confiar en una de su clase?
—Porque ella confío en mí, por eso.
—Voy a mantenerte vigilada y si das un paso en falso, te juro que…
—Basta –ordenó Remus.
—Sí, señor –asintió Luna y se alejó.
Draco giró cuando los pasos se detuvieron, sonrió al ver a la chica de pelo negro y de hermosos ojos verdes, fue hasta ella en grandes zancadas y la abrazó, alzándola y dándole un profundo beso.
Ginny observó a otro lado, muchas veces le había dicho que su novia era la mujer más hermosa y que nadie podía compararse con ella, pero… era muy diferente idealizar a una persona cuando no se le conoce, siempre pensó que el amor le hacía verla de esa forma, pero… tenía que admitir que Pansy era una mujer demasiado guapa, y Draco siempre había tenido razón, Ginevra, no podía compararse con ella, Pansy era incluso más alta que ella, de cuerpo delgado y bien formado, se le veía la seguridad en cada poro, era una chica valiente y fuerte, de esa clase que es muy difícil de intimidar, esa clase de chicas, que hacían que un hombre se volviera loco.
Remus observó a la pelirroja, había estado evitando ver la escena que todos parecían disfrutar, Draco y Pansy siempre habían sido de las personas más queridas dentro del campamento, y que Draco volviera, sólo hacía que los rebeldes ahí, confiaran más en él y su lealtad para con ellos, si bien no estaban de acuerdo con que hubiese llevado a una chica de La Orden, iban a justificarlo, diciendo que ella sería una prisionera de guerra.
—Estás más hermosa –gruñó el hombre cuando se separó de su novia.
—Y tú más atractivo, veo que has estado haciendo algo de ejercicio –sonrió.
—Todos los días, no tenerte es frustrante, y las ganas de no venir hasta aquí y buscarte no son fáciles de controlar ¿lo sabes? Nadie va a poder separarnos, Pansy, nadie hará que deje de amarte.
—Y nadie va a arrancarte de mí, Draco –volvió a besarlo.
La gente comenzó a alejarse después de que felicitaran a Draco y le dieran la bienvenida, los ojos de Pansy se posaron por primera vez en la pelirroja junto a Remus, que observaba el piso.
— ¿Quién es ella? –Indagó Pansy.
—Ginevra –contestó Remus –una pasante de La Orden.
— ¿Y qué hace aquí? –Elaboró la pregunta ya que no comprendía –la encontraron en el bosque merodeando ¿o qué hace aquí?
—Vino con Draco, él la trajo de La Orden –se encogió de hombros Lupin.
—Draco –el rubio se encogió de hombros para no darle mucha importancia.
—Admito que me dio lástima dejarla, pero… con la idea de volver a verte en la cabeza… no pensé bien las cosas, dejarla en el complejo hubiese sido la mejor solución –argumentó, fue la primera vez desde que Pansy llegó, que la pelirroja levantó la mirada hasta el rubio.
El choque de gris contra café fue intenso, Draco se rascó el cuello al verla, impasible, como la mayoría del tiempo Ginevra estaba.
—Nadie le ha dicho nada a la profesora McGonagall sobre ella ¿cierto? –observó a los hombres.
—Vamos, cuñada –la abrazó Luna –ninguno de los dos tiene pantalones para enfrentar la ira de la profesora –se burló la rubia.
—Cierto, Luna –admitió Pansy –pero es mejor que alguno se lo informe, antes de que el chisme llegue a sus oídos.
—Iré a informarla yo –anuncio Remus y la morena y la rubia sonrieron.
—Está muy simplona ¿no? –la observó críticamente Luna.
—Me imagino que todas las de La Orden, carecen de personalidad y chiste.
Draco rodeó el cuello de su novia y besó su mejilla, sin prestar mucha atención a las otras dos mujeres que había.
—Deberíamos desaparecer un rato –gruñó audiblemente.
—Oh vamos, Draco, sólo espero que ahora que volviste, seas más discreto, a algunas personas nos agrada dormir sin sus gemidos en el aire –se quejó Luna.
—He estado célibe todo este tiempo, Luna, no prometo nada –se burló y se colocó entre las dos chicas, rodeando el cuello de la rubia, ignorando por completo a la pelirroja frente a ellos, y besó la sien de Luna.
—Sólo porque soy feliz de tenerte aquí –admitió ella.
—Bien, me desapareceré un rato con mi mujer.
Sujetó la cintura de Pansy e hizo que rodeara sus caderas con sus piernas y la besó, ella se alejó y soltó una risita divertida, para volver a besarlo.
Ginevra se quedó ahí de pie, cuando las tres personas que habían estado frente a ella desaparecieron sin tomarla en cuenta, como si fuese un fantasma, suspiró y tuvo que morderse la lengua para no ponerse a llorar ahí. ¿En qué momento había comenzado a tener esa clase de sentimientos por Draco Malfoy?
Remus la observó un momento, había tardado una hora con Minerva, y pensó que al menos Draco la hubiese llevado a dar un recorrido por el lugar, pero no, estaba en el mismo lugar en la que él la había dejado, y… sentía que no se había movido ni un centímetro.
—Veo que se atrevieron a dejarte sola –habló.
—Es normal –sonrió apenada.
—No, no es normal, significa que tienen que tenerte un poco de confianza…
—Creo que saben que no soy amenaza, no represento peligro para nadie aquí.
—Puede que sea así –le sonrió incómodo al notar su semblante –ven, te diré donde puedes descansar un poco, conociendo a Draco, no tuvo la más mínima consideración contigo en el viaje, además, te ves cansada.
—Estoy bien –sonrió.
—Entonces ese semblante es por otra cosa ¿no?
—Ahm… no, tal vez estoy cansada y no sé qué estoy cansada –se encogió de hombros –todo puede suceder.
—No te preocupes –la sujetó del hombro y la guió.
Remus la llevó a una parte alejada, había varias tiendas de campaña vacías, así que eso significaba que la quería lo más lejos posible de todos, posiblemente planeaban matarla mientras dormía, no podía descartar esa posibilidad.
oOo
Draco acarició la espalda desnuda de Pansy, suspiró, tenía que admitir que extrañaba estar de esa forma con Pansy, estar tanto tiempo lejos de ella y de ese estilo de vida había sido difícil, pero sabía que todos allí habían seguido sus vidas, y él lo había hecho muchas veces, antes de ese plan fallido, lo único que lo mantenía intranquilo era si Nott también había logrado salir del complejo sin problema alguno y estaba en camino.
—Draco –escuchó la voz de Remus, así que se levantó, se puso los pantalones y coloco la cobija sobre Pansy.
—Remus –salió, observó al cielo, estaba por amanecer.
—Alejémonos un poco ¿te parece bien?
—Claro, Pansy está dormida.
Caminó junto a Remus, hacía ya algunos meses que no lo veía, pero una relación y un vínculo como el de ellos era muy difícil de romperse, después de todo, Remus Lupin había sido un padre para él desde hacía 16 años.
—Minerva y yo estuvimos hablando sobre tu situación actual –se detuvo y lo sujetó del hombro –y tu mala decisión de traer a alguien de La Orden a nuestro campamento.
—Ella es un misterio, Remus, tenía que llevarla a un lugar seguro, con gente en la cual yo pudiese confiar...
—Estás tomando muy malas decisiones Draco, no me mal entiendas, estoy feliz de que pudieses evitar terminar colgado, pero... Unirte a la Orden como soldado, y... Hacerte de esa chica, traerla aquí, cuando conociéndote como lo hago, ni siquiera tú mismo terminas de confiar.
—La Orden está tratando de matarla –confesó, bajó la voz y se acercó a Remus –y cuando recién llegué, un tipo de Londres que se auto nombro rebelde también estaba queriendo matarla –hizo una pausa y lo siguiente fue un susurro –ella es un completo misterio, Remus, para que ambos quieran matarla ¿quién es ella? ¿En qué afecta a la Orden y a la Resistencia?
—No hay forma de que la resistencia quiera matarla –negó Remus, llevándose la mano a la barbilla –lo sabríamos, en el momento en que los que están en Londres supo que vendría a Wiltshire, nosotros la hubiésemos buscado y créeme, la hubiésemos matado.
—No tiene sentido, Remus, y no tengo duda de que no hubieses fallado en matarla, pero...
—Minerva me pidió que hablara contigo, estas a prueba, has sido perdonado de alta traición, pero estarás tú y Nott si vuelve, siendo vigilados constantemente, confío en ti, después de todo... Creo conocerte como nadie, eres como un hijo, Draco... Pero... Te lo diré y espero que comprendas, que todos confiemos en ti, no hará ni por un momento que confiemos en ella, y si no la han apresado ahora... No significa que no lo harán en un futuro.
No discutió, no podría hacerlo, la profesora y Remus tenían razón, no podía obligarlos a que confiaran en Ginevra, pero esperaba que con el tiempo lo hicieran.
Caminó hasta la fogata, sonrío al verla, estaba de pie, frotándose los brazos, todo su uniforme estaba sucio y roto, se agachó cuando una niña pequeña llamada Kristin se acercó a ella, intercambiaron un par de palabras y Ginevra le sonrió, se llevó la mano a la cabeza y el cabello pelirrojo cayó sobre su rostro. Se acercó cuando la niña salió corriendo cuando ella le dio una de sus horquillas, la resistencia carecía de lujos tontos como de horquillas aparatosas.
—No piensas dormir ¿o qué? No creo que seas capaz de soportar muchos días sin dormir.
—De hecho ya desperté –musitó sin observarlo.
—Lo dudo.
—Está por amanecer –levantó el rostro hasta él –no soy tan holgazana.
—Bueno, yo pensé que como no era una cama suave y almohada cómoda.
—Digamos que también afectó eso, Sr. Malfoy, nunca he dormido en el suelo, con una sola cobija –sonrío sin ánimo, cosa que no pasó desapercibido.
—Bueno, entonces… tengo que suponer que dormiste bien.
—Sí, ahm… Remus ¿no cree que le incomode que lo llame así? –preguntó.
—Así se llama –se burló Draco –no veo por qué tendría que molestarle.
—Bueno –bajó la mirada –sólo… simple curiosidad.
—Ven –le indicó con un movimiento de cabeza que lo siguiera –vamos por algo de desayunar, antes de que despierten los demás y nos dejen al último.
—No tengo hambre –se detuvo –Remus me llevó un poco de cenar anoche, creo que para que no incomodara a nadie.
—Es un caballero –Draco se rascó el abdomen y estiró la mano para colocarla en su cuello.
La mirada de Ginevra se desvió, no había pasado desapercibido en ningún momento para ella que Draco sólo llevaba puestos los pantalones, dejando a la vista su abdomen marcado y sus anchos pectorales.
—Draco, cariño –habló Pansy y lo abrazó, para después besarlo –no es nada caballeroso de tu parte, desperté desnuda y sin ti –frunció el ceño Pansy.
—Oh, lo siento mi amor, Remus fue a hablarme, por eso –se disculpó.
—Por supuesto que estás disculpado, acabas de volver, es normal que todo mundo quiera hablarte –volvió a besarlo.
—No podré detenerme si continúas así –se quejó el rubio con una sonrisa traviesa.
—Nadie te está pidiendo que te detengas –mordió el labio del rubio.
—Tengo hambre, he extrañado la comida de aquí, por extraño que parezca, no es que te presuma, pero Parvati cocina delicioso, Gin… -se quedó callado cuando no encontró a la pelirroja a su alrededor, haciéndolo fruncir el ceño.
—No te preocupes por ella, es mejor que no se aparezca en la fogata cuando la gente se congregue, sabes cómo podrían agredirla, y no creo que te agrade.
Draco se sentó junto a Luna y Pansy a desayunar, cuando las dos mujeres se fueron a hacer sus respectivos trabajos, él fue por un poco más de desayuno, Parvati negó y le sirvió más, con una sonrisa.
Caminó con el plato en la mano, hasta donde sabía que Remus le había indicado que podía quedarse, suspiró y observó la tienda.
—Ginevra –la llamó, pero no contestó, así que se introdujo en el lugar –Ginevra te…
Sonrió, estaba recostada sobre ambas cobijas, usando sus brazos como almohadas, sus labios estaban ligeramente abiertos, y su respiración era tranquila, ahora sí estaba dormida.
—Ginevra –la llamó, pero ni siquiera se movió –Ginevra, despierta, debes comer un poco y…
Hizo el cabello pelirrojo hacia atrás, sintiendo demasiado calor cuando el dorso de su mano acarició la mejilla de la chica, distrayéndose un poco en las pecas de su nariz, sonriendo de nuevo.
Dejó las cosas ahí, salió de la pequeña tienda y regresó hasta la fogata, Remus estaba dando instrucciones a los demás.
— ¿Dónde estabas? –preguntó el hombre.
—Le llevé un poco de desayuno a Ginevra.
—Ni siquiera le llevas el desayuno a Pansy –le recordó.
—Pansy no es una chica frágil y torpe, como lo es Ginevra, además… Pansy dijo que era mejor que no la vieran rondando por aquí.
—Por el contrario, es mejor que la vean rondando por aquí, así se acostumbrarán rápido a ella y… bueno, podremos asignarle un trabajo.
—Quiero ir a buscar a Nott –habló Draco y Remus asintió –y llevarla conmigo.
