Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Silvia García Ruiz, Amor con fecha de entrega. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta maravillosa pareja que se robó mi corazón desde que la descubrí.
Advertencia: este libro contiende contenido sexual y palabras vulgares. Quien avisa no es traidor. Disfruten de la lectura.
CAPÍTULO 12
CELOS
El miércoles cuando llegué al trabajo, Kiba me estaba esperando sentado sobre mi mesa.
—Llevo desde la seis de la mañana esperándote —dijo como si fuese cierto.
—Sabes que entro a las ocho —después del caos emocional que me tenía caminando sobre el abismo, no estaba de humor para una de sus charlas graciosas y enigmáticas.
Mis compañeras de trabajo siempre llegaban más tarde de las ocho y media y por eso, sabía que Kiba no se iba a cortar a la hora de decirme lo que fuese.
—¿Por qué tienes los ojos tan hinchados?, ¿has estado llorando? —Su preocupación parecía real.
—No —negué aunque no podía ocultarlo. —Bueno... un poco.
—¿Tengo que matar al novio de Barbie?, si quieres que le parta las piernas sólo tienes que decírmelo. Tengo un amigo que por un módico precio hace unos trabajos impecables —dijo como si fuese todo un mafioso.
—¿Has hablado con Ino?
—No, ¿por?
—Porque ella es la única que llama a Sasuke así.
—Bueno, ¿me vas a contar qué te ha hecho? —Kiba repelía el tema de Ino, casi tanto como el agua al aceite.
—Nada, Sasuke es incluso más perfecto que Ken.
—¿Entonces?
—Menma quiere que le dé una oportunidad —dije con gran desánimo.
—Así que vamos a tener pelea de gallos —pronunció emocionado.
—No digas eso. —No me gustaba que se mostrase tan contento cuando se mascaba la tragedia. —Aquí no se va a pelear nadie, pero estoy hecha un lío.
—¿Qué te dice el corazón?
—Necesito que Sasuke esté en mi vida, pero no quiero lastimar a Menma. —Eso era lo único que tenía claro, pero cómo afrontarlo sin hacerle daño a nuestras respectivas parejas.
—¿Y tu vagina? —preguntó con gracia para intentar animarme.
—Afortunadamente, mi corazón y mi vagina están en perfecta sintonía. —Menos mal que por fin dos partes de mi cuerpo se ponían de acuerdo.
—Me alegro, entonces ya tenemos la solución al problema. Borramos a Menma de la ecuación y tenemos como resultado, amor infinito —dijo teatral.
—¿Tú qué eres? ¿Un poeta científico? —Al final siempre conseguía hacerme reír. —Por cierto, ¿has estado esperándome para someterme a un tercer grado y dar luz a mi existencia?
—No, la verdad es que no. ¿Recuerdas la nota en la que te decía que te compensaría por haber sido un capullo?
—Por supuesto. —¿Cómo no recordarlo?
—Pues este sábado es el día.
—¿Cómo?
—Sí, este sábado te recogeré en tu casa a las nueve y te llevaré a vivir una experiencia tan extrema que te costará olvidarla.
—Tendré que consultar mi agenda.
—A menos que me digas que has quedado con tu amante, no hay posibilidad de anulación.
—No, mi amante estará compitiendo en elegancia con los milaneses.
—Pues, lo siento, no tienes opción —dijo justo en cuanto Kurotsuchi apareció bostezando por la puerta.
De Kiba podía esperarme cualquier cosa, era demasiado excéntrico y salvaje, pero lejos de sentir temor, me invadió la emoción porque si en aquel momento, necesitaba algo de verdad, era vivir una experiencia extrema que me hiciese liberar toneladas de adrenalina. Quería que aumentase mi frecuencia cardíaca, que se acelerase mi respiración, que mis pupilas se dilatasen y deseaba llevar al límite mi presión sanguínea. Seguro que de ese modo, me sentiría más relajada y me costaría menos deshacer el embrollo en el que se estaba convirtiendo mi vida.
—Hola —Sasuke no tardó en responder a mi llamada. Llevaba todo el día deseando hablar con él, pero como sabía que estaría ultimando su viaje a Milán, me contuve.
—¿Dónde estás? Oigo mucho barullo.
—Estoy en el aeropuerto. Embarco en veinte minutos.
—¿Cómo estás? —Quería saber si él estaba más centrado que yo.
—No me quiero ir a Milán. Necesito estar contigo —dijo como un gatito mimoso y amoroso.
—Y yo no quiero que te vayas. Pero debes hacerlo. No quiero tener un jefe que no cumple con sus obligaciones. —Llevaba varias horas dándole vueltas a la idea y por fin, había tomado una determinación. Probablemente, fuese una locura aceptar trabajar para el hombre con el que había comenzado a tener una aventura prohibida. Pero si debía empezar a asumir riesgos, estaba dispuesta a arriesgarme por Sasuke.
—Perdona, hay mucho ruido y creo que no te he oído bien. ¿Qué has dicho?
—Que he decidido aceptar tu propuesta. —Sólo al decirlo abiertamente me sentí extremadamente feliz.
—¿Sí?
—Sí —pronuncié eufórica.
—Gracias. —Sasuke parecía tan feliz como yo.
—No, gracias a ti.
—Me encantaría poder celebrarlo contigo, es una gran noticia. Vamos a hacer un gran equipo. Nos compenetramos muy bien —terminó su frase entre risas llenas de picardía.
—Pero yo no mezclo el amor con el trabajo, tenemos que mantenernos alejados —fingí seriedad.
—No hablas en serio, ¿verdad? En ese caso prefiero no contratarte.
—No, no hablo en serio, pero tenemos que diferenciar los dos terrenos. Una cosa es nuestra vida personal y otra, la profesional; así nos evitaremos problemas y malentendidos.
—De acuerdo, pero tengo que informarme sobre si sería legal incluir una cláusula en la que tengas que satisfacer todas las necesidades sexuales de tu jefe. —Sólo de escuchar la palabra sexual en su boca, mi sangre comenzó a hervir.
—Sí, suena muy legal, creo que es innecesario que le preguntes a un abogado. —Estaba dispuesta a cumplir cualquier tipo de cláusula.
—El domingo, cuando regrese, discutiremos los aspectos del contrato. Pero debes saber que soy un gran negociador —dijo engatusador.
—Me parece bien, pero el sábado Kiba va a llevarme a vivir no sé qué experiencia extrema, así que espero volver con vida, con él nunca se sabe —le conté sin ninguna mala intención.
—¿Qué vas a hacer qué? —Algo de lo que dije pareció molestarle.
—No estoy segura. Kiba me ha preparado una sorpresa.
—¿Una sorpresa con Kiba?, ¿qué diablos significa eso? —preguntó molesto.
—No entiendo por qué te pones así.
—¿Te has preguntado qué es lo que pretende Kiba quedando contigo el sábado?
—¿Por qué tiene que pretender algo? Somos amigos —no entendía por qué se enfadaba. —Sasuke, hombres y mujeres también pueden ser amigos o si no fíjate en nosotros —me equivoqué en la justificación.
—Ya. Me dejas más tranquilo —pronunció irónico. —Tú y yo somos los mejores amigos.
—Bueno, ya sabes a lo que me refiero. —Esa conversación se me había ido de las manos.
—Hinata, no te engañes. La mayor parte de los hombres cuando se hacen amigos de una mujer es porque quieren llevársela a la cama. —Sasuke seguía enfadado.
—Vale, ¿entonces tú sólo te acercaste a mí porque querías acostarte conmigo?
—No estamos hablando de mí. Además, salta a la vista que Kiba es un ligón empedernido. Parece mentira que estés tan ciega.
—Tengo la sensación de que todo el mundo sabe qué ocurre en mi vida menos yo y ya empiezo a estar un poco harta de que me subestiméis de ese modo. —No soporté que Sasuke se enfadase conmigo y le respondí en el mismo tono. En el fondo, sabía por qué se ponía así, pero yo estaba segura de que no había nada de malo en querer pasar tiempo con Kiba.
—No te estoy subestimando, sólo quiero que tengas cuidado por si las intenciones de Kiba no son tan honestas como piensas.
—No te preocupes, tendré los ojos bien abiertos, pero Kiba me gusta, me encanta su vitalidad, su energía, su modo de hacer frente al trabajo y a la vida, tan relajado, tan despreocupado y sensato. Gente como él o como Ino me alegran la vida. —Cada vez que intentaba arreglarlo, Sasuke se enfadaba más.
—Veo que te está conquistando. Siento no ser capaz de aportarte la misma alegría.
—Tú eres diferente. —A su lado me sentía plena y feliz.
—Ya —dijo sin creerse mi afirmación.
—Tú ya no eres mi amigo, ahora serás el capullo de mi jefe —intenté ser divertida.
—¡Qué graciosa! —No le había hecho ni la más mínima gracia mi comentario.
—Estás celoso, ¿verdad? —Aquella conversación iba a acabar mal si no la afrontábamos como dos adultos.
—Sí y mucho —reconoció abiertamente. —Ahora mismo estoy a punto de darle una patada o un puñetazo a algo.
—Sasuke, no te preocupes. Kiba nunca será un problema entre nosotros.
—Me dejas más tranquilo —se quedó en silencio unos segundos y supe que aquellas no eran las palabras que quería escuchar. —Soluciona rápido tu renuncia en la empresa para empezar a trabajar conmigo lo antes posible.
—Por mí, me iría ya mismo. Seguro que Kiba me ayuda a agilizar mi salida.
—A ver si por lo menos vuestra amistad te sirve para algo positivo —dijo con sarcasmo.
—Vas a conseguir que le coja manía a mi jefe antes de comenzar a trabajar con él. —Me gustaban sus celos, pero no que la tomase con Kiba.
—Ten cuidado, me han dicho que tu nuevo jefe es un tirano.
—Pues me he dejado engañar por las apariencias. Habría jurado que era adorable.
—Será mejor que no le cuente lo que piensas de él, porque para sacarte de tu error es capaz de castigarte obligándote a hacer horas extras.
—El domingo te contaré al oído lo que pienso hacer en las horas extras. Incluso, si el jefe me lo permite, puedo hacerte una demostración. —Era inevitable. Ya estaba en plena ebullición.
—Bueno, aún quedan muchos días para el domingo —dijo desanimado.
—Llegará antes de lo que esperas. Te mandaré algún mensaje para que veas lo pesada que puede llegar a ser tu nueva empleada.
—Me encantan las trabajadoras que hacen cualquier cosa por agradar a su jefe. —Se volvió a quedar en silencio, aunque en esta ocasión fue más largo. —Diviértete el sábado. —Estaba claro que no le hacía ninguna gracia que quedara con Kiba. Jamás pensé que Sasuke fuese tan inseguro.
—Lo haré. —Eché mal leña al fuego porque pensaba compensarle con creces.
Conscientemente, estaba siendo cruel. No dijo nada, aunque yo no lo esperaba. Sus celos lo habían dejado mudo.
—Sasuke —dije nerviosa porque sabía lo que venía después. Había planeado horas antes lo que estaba a punto de decir.
—¿Qué?
—Es una locura pero...—me quedé unos segundos en silencio para reunir el arrojo necesario y poder hablarle abiertamente de mis sentimientos —me estoy enamorando de ti —le confesé con el corazón latiéndome tan fuerte que estaba a punto de salírseme del pecho.
—Pues ya somos dos locos —respondió feliz.
Estaba segura de que aquellas palabras habían conseguido tranquilizarlo, pero no lo había hecho con el objetivo de darle la calma que tanto necesitaba, sino porque quería decirle lo que me hacía sentir. Y me alegraba mucho creer que él sentía lo mismo por mí.
El resto de la semana, Menma siguió comportándose como el novio perfecto, aunque ya no insistió en tener un acercamiento físico. Me abrazaba y me daba besos en la mejilla, pero no intentó ir más allá porque prometió que esperaría a que yo estuviese preparada.
El viernes por la noche, le conté que el sábado había quedado con Kiba y su reacción fue mucho peor de lo que esperaba. Pensé que se iba a sentir aliviado por poder quitarse el disfraz de príncipe encantado, pero nada más lejos de la realidad.
—¿Tienes una aventura con él? —me espetó por sorpresa.
—No —negué al instante.
—Por favor, Hinata, no me mientas. Prefiero saber la verdad aunque me duela. —Jamás lo había visto tan alterado.
—No tengo una aventura con Kiba —respondí fingiendo una calma que no sentía. Era muy probable que Menma hubiese llegado a pensar que mi distanciamiento se debía a que me estaba viendo con alguien.
—¿Te gusta? —Quiso seguir indagando porque no le convencían mis respuestas.
—No, sólo somos amigos.
—Pues si sólo sois amigos, cancela vuestro plan y pasemos el sábado juntos, hagamos algo especial. —Menma pasó del enfado a la desesperación.
—No, Menma, le he dado mi palabra y no lo voy a anular.
—Ya veo cuáles son tus prioridades. —Volvió el enfado elevado al cuadrado.
—Por favor, no me vengas tú hablando de prioridades. —Le dije irónica.
—Lo siento, Hinata, lo siento. —El enfado, en esta ocasión, dio paso al arrepentimiento.
—Me estoy volviendo loco. Necesito estar contigo, necesito que me quieras. —No soportaba ver a Menma tan suplicante. Me partía el corazón.
—Y yo necesito tiempo para saber lo que quiero. —Quizá hubiese sido el momento adecuado para contarle la verdad, pero su fragilidad me impedía confesarle que me había enamorado de otro hombre.
—Por favor, no tardes porque esta situación me está matando —pronunció con la misma desesperación que inundó mi corazón.
No podía seguir con esa farsa más tiempo, sin embargo, la debilidad de Menma me hacía flaquear.
