XII

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—Eh.

Los dedos que se deslizan por la espalda de Rin, trazando lo que si fuesen pinceles sería un dibujo, se detienen al sonido de su voz adormilada. Haruka los retira, pese a que hace horas que no están fríos; no tenía intención de arrastrar a Rin en su insomnio.

—¿Qué?

Rin se gira y tira de Haruka hasta atraparlo entre sus brazos, cálido y con ese algo que atrae inevitablemente al joven. Lejos de quejarse, Haruka enreda sus piernas y se acomoda en la proximidad de Rin, sonriendo por cada centímetro de contacto entre ellos. No tiene más sueño que antes, pero la inquietud de las horas en vela se disuelve entre las caricias de Rin.

—¿Cómo están todos? Makoto y los demás.

La mente de Haruka está considerablemente lejos de sus amigos en ese momento, pero aun así hace un esfuerzo.

—Makoto tiene novia. Nagisa y Gou rompieron. No se hablarían si no fuese por Rei.

El abrazo de Rin se refuerza, y extrañamente no hace ningún comentario acerca de la vida sentimental de su hermana. Ni siquiera para alegrarse.

Haruka sabe que no se alegra.

—Todos cambian, ¿eh?

Haruka se pregunta si Rin se está dando cuenta ahora. No está seguro de cómo se siente al respecto, pero su proceso de adaptación comenzó hace tiempo. El miedo a que todo lo que quiere se le escape por ser demasiado lento en acostumbrarse a los cambios, sin embargo, sigue ahí, tan presente como el día que vio a Makoto instruir a los niños en el club de natación y comprendió que su mejor amigo había encontrado algo cuya existencia él ignoraba entonces.

—Nosotros no —asegura con un hilo de voz. Nota el ligero asentimiento de Rin.

Y ambos saben que es mentira porque ambos han visto al otro cambiar, crecer. Pero ese acuerdo tácito no busca la inmovilidad, sino la certeza de que no se alejarán en su dinamismo.