CAPÍTULO 12 Discordia.


La emoción que embargaba a Serena la hizo levantarse de su asiento iniciando con fervor lo que sería un aplauso ensordecedor por parte del público presente hacia el chico y su magnífica interpretación.

Las palmas de sus manos encomiaban su sentir henchido de agitación. Sin saberlo, ahí, a escasas filas detrás de ella y sus amigas una azul mirada estaba clavada en su dorso como una lanza.

—Se-re-na.

Los ojos de Darién se desorbitaron al distinguir la blanca espalda adornada por dos bellos rizos dorados cayendo suavemente sobre ella. Parecía que el cielo le estaba haciendo un regalo.

En vano había intentado obtener información a través de Ami, y sus constantes desfogues nocturnos evocándola lo estaban casi volviendo loco. Y ahora la tenía justo frente a él.

Si aquello era una ofrenda divina, él la aprovecharía sin pensarlo.

Zafiro aplaudía igualmente de pie como el resto del público, y Darién se sintió apenado por haber desviado la atención de su hermano. Rápidamente se colocó al lado haciendo resonar con fuerza sus ánimos hacia el concursante que desde el banquillo observaba atónito la respuesta de los presentes.

—¡Estuvo fenomenal! ¡Va a ganar! ¿verdad, Darién? ¡Tiene que ganar!

Parecía que el menor de los Kouba no había advertido la presencia de su ángel dorado.

—¡Por supuesto! —contestó prontamente el pelinegro sin apartar la mirada de la quinta fila.

Era el momento de la verdad, se había anunciado al tercer y cuarto lugar respectivamente quedando como últimos participantes Mina Aino de 19 años y Seiya Kou de 21.

Las porras y vitoreas de ambos retumbaban en el estudio, mientras el presentador caldeaba los ánimos azuzando el resultado dentro de un sobre dorado.

Serena sentía el corazón dividido, pero cualquiera que fuese el resultado le daba la impresión de que ambos lo tomarían muy bien. Estaban unidos de las manos viéndose fijamente uno en el otro como intentando apaciguar sus nervios en la mirada de su rival.

Al fin el presentador abrió el sobre. Su rostro asombrado tenía a todos al filo del asiento.

—Ha sido la final más reñida en todas las ediciones que hemos tenido de este concurso —dijo alzando el sobre por lo alto—. Con un 49% de los votos versus un 51% el ganador de la quinta edición de "Buscando a una estrella" es…

Zafiro oprimió con fuerza el brazo de Darién.

—¡Suerte, Mina!

—¡Suerte, Seiya!

Se susurraron con sinceridad.

—El ganador… o ganadora es…

Mina cerró los ojos con nervio, de no ser porque estaba tomada fuertemente de las manos de Seiya ya se habría desvanecido.

—Quien obtuvo el mayor número de votos es… ¡Mina Aino!

Una explosión de pirotecnia adornó el escenario principal, la rubia seguía con los ojos cerrados como intentando procesar los fonemas de su nombre de la boca del presentador. Seiya le sacudió las manos y la alzó en vilo sin que ella hubiese reaccionado del todo.

—¡Mina, ganaste!

—¿Eh? ¿Gané? ¡Oh, por Dios, gané! —comenzó a gritar emocionada mientras los demás compañeros se arremolinaban junto a ellos expresándoles su alegría.

Un atisbo de decepción se pudo percibir durante una milésima de segundo en la mirada zafiro, pero eso no era más que una pequeña fracción comparado con la satisfacción que le producía el haber llegado hasta la final y sobre todo el haber cantado para ella. De nueva cuenta buscó entre el público a su bombón y el contacto visual fue inevitable.

Una perlada sonrisa cubrió su rostro, mientras le miraba de fijo, ella era su premio.

Después del respectivo protocolo de premiación, y las fotos de rigor, era momento de desalojar el lugar, y encontrarse afuera con sus respectivos. Darién tomó con prontitud su chaqueta excusándose con el pretexto de ir al baño antes de partir.

—Zafiro te veo por los pasillos principales, debemos esperar a Seiya o la prensa nuevamente lo va a interceptar.

—Sí hermano, te espero.

El chico se dirigió hacia la salida, y Darién contra corriente avanzó filas más abajo hasta llegar a donde estaba ella todavía tomando sus cosas.

—¡Ami!

La jovencita alzó la mirada en cuanto escuchó aquella voz grave y profunda.

—Da-darién —atinó a responder apenada.

Serena rápidamente notó la masculina presencia. Era evidente que él estuviese ahí, después de todo eran hermanos, por lo que únicamente deseó internamente que él no se acordase de ella.

—Veo que vinieron a ver el concurso. A pesar de que sus palabras eran dirigidas a Ami, su pupila y becaria; la mirada era reservada únicamente para Serena.

—Eh, sí, sí. Mina Aino, la ganadora es amiga nuestra —respondió Ami arrugando el programa que tenía entre las manos con franca vergüenza.

—Ya veo, pues felicidades para ella. Y bien —intensificó la mirada hacia su rubia obsesión—. ¿No piensas saludarme? ¿O es que acaso no me recuerdas?

La peli azul sintió de pronto la incomodidad de estar entre los dos, apartándose un poco. Ni tardo ni perezoso Darién aprovechó el nuevo hueco para acercarse a ella y tomar con galantería la nívea mano que en ese momento se tensaba al contacto.

—¿Me recuerdas, Serena? —le dijo mientras se llevaba el dorso a los labios.

—Sí, te recuerdo, buenas noches…

La apenas apreciable humedad de sus labios sobre su piel fue una sensación que no le agradó en lo absoluto.

—Disculpa, debo ir… al baño.

Darién sintió como la manecita resbalaba de la presión ejercida por sus dedos, con inquietud.

—Serena…

Ami no entendía el porqué de la reacción de su amiga, pero el ceño hosco de su jefe hacia el perceptible rechazo de ella la hicieron hipotetizar lo que estaba pasando. Seguramente el encuentro casual que Serena medianamente le había contado tenía algo más oculto, algo que no había querido decir.

Antes de que la rubia emprendiese la huida, y en un intento desesperado por mantenerla en cercanía, Darién masculló el ofrecimiento más pretencioso y falso que se le pudo ocurrir. Después de todo, él jamás había sido un habilidoso del flirteo, pero sabía muy bien cómo salir a flote de la mayor parte de las situaciones a las que se enfrentaba.

—¡¿Tan pronto se marchan?! Tengo reservado un espacio en el mejor restaurante de Tokio para festejar a Seiya mi hermano, y me encantaría que nos acompañaran.

Las jovencitas se voltearon a ver, para después girar hacia la Señora Aino que parecía no haber escuchado la conversación.

—Gracias Darién, eres muy amable, pero festejaremos con Mina, ¿verdad, Señora Aino?

Serena buscaba con desesperación el escape a través de la madre de su amiga, aunque podría significar estar cerca de Seiya y sobre todo una oportunidad para hablar con él, había algo que le indicaba que no era prudente.

—Perdón, no estaba prestando atención a la plática —señaló la mamá de Mina revolviendo la cabeza.

El pelinegro notó que había ignorado a la dama presente, por lo que atentamente se disculpó por no haberla saludado, incluyéndola al instante en la invitación.

—¡Qué caballero, muchas gracias!

La Señora Aino parecía maravillada con el apuesto joven que tenía enfrente, tal vez pudiese ser un buen partido para su querida Mina.

—Niñas, yo estoy muy cansada, pasaré a felicitar a mi hija y me retiro, pero ¡vamos! ustedes son jóvenes y estoy segura que ella querrá festejar, vayan con este guapo muchacho ¡Anden! Las va a cuidar ¿no es cierto, jovencito?

—Por supuesto —respondió Darién con prontitud.

—Pe-ro. Tartamudeó Serena, más, un pellizco por parte de Ami la hizo desistir en su oposición.

—Bueno, voy a reunirme con mi hermano y enseguida vuelvo con ustedes.

—Gracias, nosotras iremos por Mina y mejor nos vemos todos en el estacionamiento, ¿si te parece? —agregó la peli azul que todavía tomaba del brazo a su amiga para evitar cualquier escapada.

—Excelente, las espero afuera entonces.

Darién caminó a velocidad hacia la salida, no tenía idea de cómo conseguiría las reservaciones, que tan dadivosamente acababa de ofrecer, y maquinalmente llamó a Setsuna.

Las chicas se quedaron un momento más.

—Ami, yo no quiero…

—Lo sé Serena, pero no es el momento de ser groseras, por favor es mi jefe.

—Está bien —murmuró derrotada.

CELOS DE SANGRE

—Bueno, ¿Setsuna? Gracias por contestarme necesito un favor urgente.

La morena se levantó exaltada de su cama al sonar de su celular, por un momento creyó que esa llamada semi nocturna tenía otro propósito.

—Claro, Darién. Lo que ocupes.

—Necesito que me reserves en el mejor restaurante de Tokio, es una mesa para no sé… diez personas, pero tiene que ser el más exclusivo y para ¡ya!

—Darién, pero yo…

—¿Puedes?

—Sí, claro.

Aunque no lo dijo Setsuna sintió algo herido el orgullo, la estaba tratando como a una secretaria cualquiera, y no como su colega y mano derecha.

—Pero Darién, ¡esos restaurantes cuestan una fortuna!

—¡¿Y?! Soy un Kouba, puedo pagar eso y más.

—Lo siento, tienes razón.

Si alguien sabía de la política de austeridad con que se manejaba era ella, por lo que supuso que su comentario no sería mal recibido, pero Darién tenía la boca llena de razón, él era un Kouba y ella no era más que una simple empleada.

—Enseguida veo qué puedo hacer y te regreso la llamada.

—Gracias.

El pelinegro estaba ávido, al fin tendría entre sus manos a su ansiada pretensión.

Zafiro seguía esperando a Darién en la entrada y al verlo doblar por el pasillo lo alcanzó.

—Hermano, ¿pasa algo? Te estaba esperando y no llegabas.

—Ah, Zafiro. Ve a buscar a Seiya mientras hago unas llamadas, dile que iremos todos a cenar. Los veo en el estacionamiento.

El brillo inusual en su mirada llenó de júbilo al menor de los Kouba, al parecer festejarían el logro de Seiya, que, aunque no hubiese ganado, para ellos era motivo suficiente para celebrar en familia.

Después de unos cuantos minutos de ir y venir, al fin estaban los tres reunidos en el estacionamiento.

—¿Por qué no nos vamos? Tengo hambre.

—Espera un poco Seiya, invité a unas amigas.

Darién volteaba ansioso hacia la salida trasera de la televisora por donde seguramente saldría ella en compañía de sus dos amigas.

—¿Unas… ¡amigas!? Pero ¿qué es esto? ¡¿Quién secuestró a mi hermano?!

Seiya veía con diversión a Darién mientras simulaba ser un médico auscultando al raro espécimen que se presentaba como un renovado y casanova hermano mayor.

—¡Basta, quiero celebrar con ustedes! y resulta que Ami mi becaria es amiga de Mina la chica que ganó. Consideré caballeroso invitarlas a la celebración, espero que no les importe.

—Bombón…

El pulso de Seiya comenzó a acelerarse cuantiosamente al advertir que era altamente probable que Serena estuviera entre los invitados. El único que permanecía apacible, aunque no por mucho tiempo era Zafiro que desconocía la triangulación que estaba por suscitarse.

La risa armoniosa, pero a altos decibeles de Mina les anunció que ya venían. Como un bólido visual, la figura deseada apareció en escena. Los tres hermanos posaron su contemplación en la rubia de coletas que caminaba al lado de la otra blonda ganadora; tragando saliva cada quien, sin darse cuenta del otro al costado en igualdad de condiciones.

Serena pudo sentir la presión de los tres demandando atención, y optó por agachar la vista.

—¡Serena!

Zafiro fue el primero en acercarse a ella.

—¿La… la conoces?

Darién parecía confundido ante la familiaridad con que su hermano había saludado.

—Pues claro, ella es…

—Nuestra vecina —completó Seiya agregando una de sus sonrisas de impacto.

Los pómulos de la chica se tornaron ligeramente rojizos, siendo Darién quien lo percibió al instante; tratando de analizar con celeridad la situación del encuentro y las posiciones de cada uno de los presentes.

—¿Vecina?

Todo este tiempo fantaseando con ella, teniendo que exagerar su amabilidad para con su amiga e ideando formas de contactarla, para nada. Para que la hubiese tenido frente a sus narices sin saberlo. Y muy probablemente alguno de sus hermanos, por no decir que Seiya ya le hubiesen puesto los ojos encima, sino es que hasta las manos. El enfado propio de los celos comenzó a calentarle las venas.

—¡Así que tú eres Darién Kouba!

Mina tenía un poco nublada la cabeza pues había bebido algunas copas del champagne que ofrecieron en la producción.

—Sí, muchas felicidades señorita Aino.

—¡Ay, llámame Mina! *hip* —el hipo irrumpió en su intento de coquetería.

—Mina, ¿estás bien? Si quieres podemos irnos ya, y…

—No, Serena, ¡cómo crees que nos vamos a ir si esto hay que celebrarlo! Además, Seiya está aquí.

Serena arqueó las dos cejas agrandando su mirada. Imprudencia era la palabra que podía definir a la perfección a su mejor amiga.

—¿Traen auto? —el tono de Darién había cambiado por uno un tanto más adusto, mientras no supiera cómo estaban las cosas y qué tanta interacción había existido entre ellos no estaría en paz.

—Sí, claro. Mi mamá me dejó las llaves y se fue en taxi.

—Mina, no creo que debas manejar, estás algo mareada —Serena volteó a ver el auto semi compacto y con falsa decepción indicó: —Pero… ¡Qué lástima, no cabemos!

Seguía intentado zafarse del compromiso, aunque no le sería tan fácil.

—Puedo manejar su auto, si no te importa. Seiya, llévate tú el mío.

Ahora Darién hablaba con su característico tono mandón, lo que él quería era ir en el auto con Serena de copiloto, pretextando que Mina debía ir atrás por aquello del mareo.

—Sabes que no me gusta manejar tu auto, mejor yo las llevo.

—No, es un auto ajeno ¿y si le pasa algo? ¡No, de ninguna manera! Yo me haré responsable, si no quieres manejar que lo haga Zafiro.

—En fin, cómo sea. Bombón ¿te vienes con nosotros?

—¡¿Bombón?! —gritaron mentalmente ambos hermanos.

Zafiro que hasta el momento permanecía en silencio absorto en la belleza y en las sacudidas que le producían tenerla muy cerca, apenas y había prestado atención al lío de los autos hasta que las palabras cariñosas de Seiya para con su ángel dorado lo alertaron.

—¡Maldición! —se recriminó el de coleta azabache.

Seiya no había querido nombrarla así frente a Zafiro, pero, realmente se le había escapado con total naturalidad.

El menor carraspeó mientras entrecerraba los ojos, molesto en dirección a Seiya que parecía querer explicar sus palabras.

Mientras el silencio incómodo crecía, un repentino flash back inundó los pensamientos de Darién aclarándole la jugada.

—Sucede que… a Zafiro le gusta alguien. El problema es que ese alguien, pues… me gusta también a mí y creo que soy correspondido.

—Entiendo.

—Darién, sé que siempre has pensado que soy un Don Juan, pero de verdad que no. Y está chica es especial, bueno era especial.

—¿Por qué hablas en pasado?

—Porque estamos hablando de Zafiro. Deberías verlo, habla de ella con tanto entusiasmo que en cuanto me di cuenta que era la misma persona, no pude decirle nada.

—¿Y no crees que es peor que se entere a la mala? Si dices que esa muchacha te corresponde, entonces ¿qué harás cuando los vea juntos?

—Cosa altamente probable, es nuestra vecina.

¡Seiya…!

Darién apretó con violencia los dientes a la par del puño derecho, mientras el odio, y la envidia comenzaban a carcomerle la piel.

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¡Hola! Espero que todos se encuentren de maravilla.

Ahora sí ya se armó. Espero, en los siguientes capítulos desarrollar este conflicto; intensificando la sosa personalidad de Darién (saben que es verdad), y ahora sí con nuestro Seiya por delante como debe ser.

Espero que les agrade este nuevo capítulo, prometo que el lemon se acerca ;)

Un saludo especial a mis amigas Gabiusa y Elenmar que jamás me dejan morir y ellas sí colaboran con los reviews, jajaja. *carita triste*

A Ana Cristina, muchas gracias por tus comentarios, y sí, te prometo ya voy a terminar mi otro fic, al parecer me emocioné de más con este AU, pero no me olvido ¡lo juro! y Sioux, muchas gracias por tus lindos comentarios en FB :)

Que tengan un excelente finde, y estén al pendiente porque estaré subiendo en estos días mi FIC participante en el reto Octubre de Ladies Kou, para que me apoyen ¡Arriba esos pulgares!

Besos y abrazos estelares.