LEYENDA PENDRAGON

LIBRO I: LA PROFECÍA

Capítulo 11: El brillo de Excálibur

Reino de Camelot. Campamento de Lady Gawain.

El jinete iba montado en su corcel blanco, con crines de un gris casi plateado, cabalgando entre los campamentos en que hondeaban los pendones de las casa nobles de las diversas regiones de Albión. Usaba una capucha café, ocultando su identidad y paseaba en silencio entre la gente, con el gato de las nieves a su lado. Tanto jinete como felino, atraviesan los campamentos, escuchando los comentarios de gente y soldados de las diferentes armadas, que acudían al torneo por la regencia. Pero esa noche, todas las voces de los soldados y la gente de la ciudad, se centraban en el asombro que causaba el alboroto que se notaba en la parte Sur de los campamentos.

El jinete de capucha café, dedicó una sonrisa burlona y nada agradable, a la gente que comentaba con asombro sobre la música extraña y desconocida que resonaba en el campamento de Lady Lancelot de Benwick, así como los sonidos de cantos, tambores y risas acompañando la hoguera, que dejaba ver sus flamas rojas a lo lejos. Para todos, era evidente que en el campamento de la más famosa y alabada de las guerreras de Albión, había una fiesta. El jinete en el caballo café, dejó atrás a la gente y enfiló su montura hacia el campamento de tiendas blancas, que estaba más al Norte donde hondeaban las banderas del guepardo de las nieves, propias del ducado de Gawain.

Un soldado de armadura plateada, se puso en guardia con su lanza al ver al jinete, que se aproximaba a esas horas de la noche a su campamento.

-¡Alto allí!... en nombre de nuestra señora, Lady Ami Gawain, identifíquese. -dijo el guardia. La mujer se quitó la capucha y dejó ver ante los guardias, su rostro. Al reconocerla y ver al gato blanco a su lado, el soldado puso una rodilla en tierra y la rubia desmontó de su caballo.

-¡Lady Tristán! -dice el nombre de la encapuchada, el asombrado guardia.

-¿Se encuentra tu ama? Me mandó llamar hace un momento con Quíone. -dijo la melodiosa voz femenina de la bella guerrera de Cornualles, mientras acaricia la cabeza del gato de las nieves.

-Claro que estoy aquí o no te hubiera mandado llamar. -dijo otra voz al lado de ella y ante los guardias, apareció la joven de corto cabello azul, enfundada en un abrigo blanco, cuando el imponente felino de piel blanca con manchas negras, corre a su encuentro.

-¡Ami! ¿Qué haces levantada? ¿Cómo van tus heridas? -se alarma la rubia, llegando al lado de su amiga, que también se inclina a acariciar al gato.

-Estoy bien, no moriré. Ya me he puesto algunas infusiones de raíces negras de las montañas para acelerar la cicatrización y estoy bien vendada. Sabes que yo misma me atiendo. -comenta la peliazul. Ambas jóvenes caminan juntas por el ordenado e impecable campamento de Gawain.

-Tu gato me llevó el mensaje hace algunas horas y vine en cuanto pude. ¿Saliste del campamento? -pregunta Mina al ver a su amiga con botas y espuelas, con señales de haber montado.

-Sí, fui a quejarme por el ruido de esos bárbaros del campamento Lancelot, a la tienda de Lord Nimue. -confiesa Ami. La rubia sonríe.

-Sí, parece que todo mundo en Camelot está sombrado por ese festejo desenfrenado. -comenta la rubia, justo cuando las dos llegan a la entrada de la tienda de campaña de Ami, quien abre la puerta de tela, para pasar dentro con su amiga.

-Francamente, esa Lady Lancelot está trasgrediendo, a propósito, demasiadas leyes del código. Le gusta provocar a los ancianos del concejo y eso ya lo notaron ellos. -comenta Ami y camina hacia la mesa de madera del centro de su habitación, donde retira unos papeles en que escribía con tinta y toma un cuerno de metal que estaba sobre una base dorada, sirviendo el contenido en dos pequeños vasos de madera e invitando a la rubia a sentarse, le ofrece el líquido amarillo que Mina, acepta gustosa. El gato de las nieves ronronea entre las piernas de la heredera de cabello azul y luego se tira en el tapete a sus pies.

-El hidromiel de Uppsala siempre cae bien al cuerpo cansado. Salud. -brinda la rubia.

-Salud… pero tú no estás cansada. Venciste a Lady Sagramore con mucha facilidad y sin un solo rasguño. -indica Ami.

-No creas que sin rasguños, que la caída del caballo fue horrible y me dejó la piel morada; además, mi armadura quedó inservible del tajo de su hacha, que la partió. -responde la rubia.

-Como sea, Mina, demostraste delante de todo Camelot que eres una de las herederas más fuertes y diestras en combate. -asegura Ami. -tu triunfo no dejó lugar a dudas. Y justo ese es el motivo por el que te pedí venir. -inicia la peliazul bebiendo su hidromiel. Su amiga la mira dudosa. -antes de que Lord Nimue me recibiera en su tienda, estuve hablando con los nobles concejeros de Camelot, los ancianos por cuya iniciativa se realizó este torneo por la regencia…

-¿Y eso tiene algo que ver conmigo? –dudosa, la heredera Tristán se sirve más licor de miel del cuerno dorado de su amiga.

-Mucho. Luego de una charla diplomática muy interesante, me di cuenta de que hay una marcada preferencia de los ancianos concejeros porque tú seas la ganadora del torneo y la nueva regente de Albión. -explica Ami y alarga su mano para servirse también más licor, con algo de dolor al estirarla por sus recientes heridas y curaciones. La rubia deja de beber y tose un poco, atragantada por el licor. Luego de aclararse la garganta, mira a la heredera Gawain.

-¿Yo? ¿Los ancianos de Camelot quieren que sea yo la regente? -se preocupa ella.

-No veo por qué te asombras. Eres una heredera noble de la muy honorable casa de Cornualles, una excelente y fuerte guerrera a quien la gente adora porque ha combatido al Reino Oscuro de frente con valor…

-Eso no me hace diferente a Lady Lancelot, a Lady Bors, o a ti, por ejemplo. -responde la rubia.

-Te equivocas. Si te hace diferente a todas ellas y a mí, porque además de todo eso, eres una guerrera responsable y sabia, que ha sido educada desde pequeña, por una reina en toda la extensión de la palabra, tu tía Catherine. Los ancianos de Camelot están enterados del creciente bienestar del reino de Cornualles y de cómo tu tía, sin bajar la cabeza ante el Reino Oscuro, ha defendido sus intromisiones en su tierra y a la vez ha respetado el tratado con ellos, en bien del pueblo, evitando luchas innecesarias.

Actualmente ningún feudo o reino de Albión tiene la prosperidad de Cornualles. Y tú eres muy responsable de ello, Mina. Has sabido alzarte en defensa de los inocentes en su momento y también has tenido la sabiduría de obedecer a tu tía cuando te ha pedido detenerte. A los ojos de los ancianos de Camelot, no hay quien encarne mejor los ideales que defendía el rey Uther Pendragon, que tú. -explica la sabia e inteligente Lady Gawain. Mina se queda en silencio. -Es por eso que todos ellos votaron para que tu combate siguiente sea con los caballeros ya vencidos, y así puedas llegar a la final.

-¿Qué dices? -se levanta de su silla, furiosa, la rubia, golpeando el vaso de madera contra la mesa. -¿Quieres acaso insinuar que el concejo me favoreció deliberadamente?

-Mina… cálmate… nada más te estoy informando lo que la conversación con ellos me reveló. Parece que así fue, y que de verdad te quieren en la regencia. -indica Ami.

-¡Me niego! ¿Qué acaso esos ancianos no creen que pueda ganar este torneo por mi misma? ¡Una heredera de Cornualles no necesita de sus favores! -altiva la rubia.

-Amiga, tranquilízate. No tomes esta información como una ofensa a tu honor de guerrera, sino como una gran alegría para ti y para la casa de Tristán. De entre todas las herederas eres la que los nobles de Camelot elegirían para ser la regente de Albión. No eligen a esas alborotadoras exhibicionistas del Sur como Lady Lancelot o Lady Bors, que todo lo solucionan con violencia, te eligen a ti. -pide Ami y camina al lado de su amiga, poniendo sus manos en sus hombros. -imagina todo lo que una gran mujer y guerrera como tú podría hacer por este reino siendo su regente absoluta…

-Ami… no estoy en contra de que se me considere digna de este cargo y este honor. Lo sabía al aceptar venir y lo agradezco. De lo que estoy en contra es que ellos crean que necesito que allanen mi camino. ¡Eso jamás!.. .además, creo que una cosa es la voluntad del concejo y otra la del pueblo. -Mina se sienta de nuevo al lado de Ami. -la gente de Camelot y de todo Albión adoran con locura a Lady Lancelot…

-El pueblo es voluble y siempre apoyará a quien sea más exhibicionista y los divierta, pero sinceramente, Mina, no veo a una forajida con espíritu de rebelde y tan propensa a hacer lo que le da la gana como Lady Lancelot, conduciendo los destinos de un reino. -con cierto tono de molestia, confirma la heredera Gawain.

-Tienes que admitir que es muy valiente y que su técnica es difícil de definir o de reconocer. Por lo que veo en tus notas, lo estás intentando. -replica la rubia al ver los pergaminos que su amiga había retirado al servir el licor de miel, en donde se reproducían bosquejos de una mujer con una espada de acero curvada, como la que usaba la heredera del Sur.

-Voy a pelear en su contra en dos días, y sí… te confieso que por el lado de técnica y fuerza, es muy difícil de vencer. El combate que tuvo con Sir Bagdemagus fue casi un espectáculo, no mostró siquiera como lucha, es más, no desenvainó su legendaria espada. Todo indica que lo que cantaban los juglares sobre ella, nunca fue exagerado. Es una guerrera excepcional. -insiste Ami.

-¿Crees ganar? -pregunta Mina con seriedad. La peliazul la mira a los ojos.

-No. -asegura Ami con mucha seguridad y honestidad. -ella me supera en todo, he hecho los cálculos matemáticos dando un valor numérico a cada habilidad necesaria para una pelea en torneo, y ella tiene posibilidades de vencerme de 4 a 1. Lo único que me queda es pelear con todas mis fuerzas y no ser un rival fácil para que ella gane. -inquiere la peliazul. -pero aunque yo no tenga posibilidades, tú debes vencer a quien sea que te corresponda de oponente y llegar a la final del torneo, Mina. Por ti, por mí, por tus antepasados que murieron por este sueño, por esta tierra y porque debes estar convencida de que no hay nadie mejor para Albión que tú. -pide Ami, tomando la mano de la rubia.

-Te doy mi palabra de que pelearé con honor y con valor, Ami, pero no de que me aprovecharé de las circunstancias. Si llego a la final, y tal como parece será contra Lady Lancelot, voy a pelear con toda mi fuerza y toda mi técnica. Si ella me vence, Ami, entonces seré la primera en reconocerla como la regente que necesita Albión, así tú y el concejo digan lo contrario. -con seguridad Mina.

-Pensé que Lady Rei Lancelot no era de tu agrado. -inquiere la peliazul.

-Su forma de ser no lo es. No comparto esa alegría suya por trasgredir normas, me parece que quien lucha por su honor y por su patria no necesita burlarse así de sus enemigos y le basta con vencerles, pero de ella, de ella como persona, no puedo decir que la deteste. -reafirma la rubia.

-Ya veo. Entonces si te vence, tú…

-Sí, Ami. Si me vence, si puede ganarme en el combate final y muestra que es más fuerte que yo, la serviré como regente y reconoceré su superioridad y autoridad. -seria la rubia. Ami mira a su amiga.

-No comparto tu idea, pero la respeto. Solo que ahora, para evitar que le regales la regencia a esa exhibicionista, deberé ganarle, para después cederte yo misma a ti ese honor. -afirma Ami. Mina sonríe.

-¡Salud por eso entonces! Ami, porque las dos tenemos nuestra forma de defender nuestros ideales pero somos amigas justo por respetar a la otra. -choca Mina su copa con la heredera Gawain.

-Salud por eso, Minako. -asiente la peliazul y ambas beben su licor de miel. -creo que me quedaré contigo a que me expliques lo que has observado sobre las formas de combate de las herederas, porque el festejo en el campamento de Lancelot va para largo. -bromea la rubia ante la mirada molesta de la peliazul, que solo rola las ojos mientras acaricia la cabeza de Quíone.

Campamento Lancelot.

La música de los instrumentos musicales de los guerreros del Sur, llena todo el campamento a esas horas de la noche. La adolescente castaña y Usagi, danzaban alrededor de la hoguera, sonando panderos mientras el licor de arroz y los trozos de sabrosa carne del estofado, rotaban entre la gente. La hermosa chica de cabello negro y ojos amatista, sentada sobre un cojín rojo, aplaudía y bebía, brindando con sus hombres, aquella noche, plenamente satisfecha. De repente, una nube de humo blanco en medio del campamento hace que la música cese y todos los ojos de claven en la figura del mago de cabello blanco y mirada severa, que aparece en medio. Usagi, asustada, se oculta tras el enorme hombre calvo, que toca los tambores, reconociendo asombrada al imponente personaje que, caminando apoyado en su bastón, atraviesa el campamento hacia la joven Lancelot.

-Lord Artemis Nimue… -balbucea Usagi al mirar como todos los "Demonios del Sur" se hacen a un lado, respetuosos al paso del mago. Este se detiene frente al cojín en que está sentada la pelinegra, y ella se levanta y se hinca delante del mago, con su cabeza baja en señal inequívoca de respeto.

-Padre, me alegra que hayas venido a compartir este festejo con nosotros. -dice ella.

-No vine a eso y lo sabes. Está prohibido por el código, cualquier festejo que no sea organizado por el concejo o por el rey. En este caso no hemos dado ninguna orden sobre una fiesta. -serio el mago. La chica pelinegra sonríe de lado y se pone de pie.

-Es una ley demasiado obsoleta, padre, no se condena una fiesta. Tú nunca lo haces y en el Santuario nos permites festejar lo que queramos. -comenta Rei.

-No estamos en el santuario. -severo Artemis. -estás haciendo esto a propósito, te conozco. -incisivo el mago. Usagi nota los ojos del hechicero, sumamente molestos, fijos en los de su heroína y piensa que ella en el lugar de Lady Lancelot, ya hubiera corrido o soltado el llanto ante semejante mirada.

-No fue a propósito, conoces nuestras costumbres. Festejamos un triunfo, aunque sí me advirtieron que era prohibido, pensé que nadie se molestaría. -insiste ella.

-Debes terminarlo ya, o los demás nobles murmurarán que al ser mi hija te permito cosas que al resto no. -severo Artemis Nimue. -debiste pensar en que al hacer tantas locuras pones en entredicho el honor que me conceden los ancianos de Camelot como líder del concejo, porque puede haber murmuraciones de que te concedo privilegios que a ellos no… ¿Qué no te das cuenta? -grita molesto Artemis. El rostro imperturbable de la chica tiene una transformación y hace algo que jamás podría jactarse de mirar en ella nadie: baja la mirada. Usagi, aún oculta tras el gigante del tambor, lo nota asombrada.

-No pensé eso, Padre… disculpa…

-Pues piénsalo desde ahora y cuida muy bien tus actos. Medita, y se sabía antes de hacer imprudencias… -ella levanta una ceja. -Sí, claro que sé que tú no querías venir y me advertiste que si aceptabas, no me iba a gustar, pero Rei… hija… -pone una mano en la mejilla de la joven guerrera. -sé que si quieres puedes tomar las cosas en serio. ¿Querrás? -inquiere el mago de cabello blanco.

-Lo haré, Padre. -cede ella ganando una sonrisa del hechicero. -pero no seré regente. Antes me corto una mano. -dice al fin y Artemis niega con la cabeza. Usagi se cubre la boca para no gritar de espanto… ¿Escuchó bien? ¿Lady Lancelot no quiere ser regente de Camelot? ¿La mejor guerrera de Albión no quiere gobernar el reino? Entonces ¿Qué hace en el torneo?

-Termina tu festejo y ve a dormir. No quiero más dificultades. -indica con tono de mando, el único ser sobre la faz de Albión, que podía jactarse de ser obedecido por Lady Lancelot. La chica asiente con docilidad.

-¡Ya escucharon todos! ¡Se acabó por hoy! -aplaudió ella y sus compatriotas, en total silencio, comenzaron a quitarse los instrumentos musicales y a levantar la comida y el licor de arroz que había sobrado. Artemis sonrió y palmeó la espalda de su hija adoptiva.

-Haces lo correcto, Rei. Ahora espero que también hagas lo correcto en combate y Albión tenga a la mejor regente. -indica el mago. Una sonrisa irónica de la chica.

-¿La flamante Lady Minako Tristán de Cornualles? -inquiere con tono de burla.

-Muy seguramente… ya que tú no quieres serlo. -insinúa el mago con toda intensión.

-Sin trucos mentales, Padre. Ya no soy una niña. -Severa la heredera Lancelot.

-Entonces demuéstralo. -incisivo el mago, quien camina con la chica pelinegra por su campamento, hasta que puede sentir una extraña presencia y mira hacia la dirección del alto guerrero calvo, a una figura pequeña que se oculta. -¿Quién es esa chica? -pregunta al ver que por esconderse de él, la rubia cae al suelo de espaldas, con un chillido de dolor, mientras Ursus la levanta entre risas.

-Una amiga del campamento de Antor. La estoy ayudando. -indica Rei y el mago niega con la cabeza.

-Interesante… cuando todo acabe llévala a mi tienda para conocerla más. -declara con naturalidad Artemis, no queriendo manifestar más allá de lo necesario el interés que la jovencita había despertado en él… esa aura… ¿dónde la había sentido antes?...

-Lo haré. Usagi es una excelente chica y tiene mucho potencial. Potencial para algo grande. -comenta Rei. Artemis mira a su hija, benevolente.

-Sigues siendo una rebelde… pero con un buen corazón, hija. Ten cuidado en los combates y pórtate adecuadamente. -Instruye el hombre, palmeando la mejilla de la chica pelinegra y después, se pone su manto sobre la cabeza, desapareciendo.

-¡Ejo jue mafavillofo! -habla alguien al lado de Rei y cuando mira, ve a la rubia chica con la boca llena de un enorme trozo de carne.

-¡Ya, ya, Usa!... te vas a atragantar. -dice Rei quitándole el pedazo de carne de la boca.

-Ej que ejtá delijojo… -una tos acomete a la rubia, que se golpea el pecho y bebe un sorbo de licor de arroz, hasta que se recupera entre la risa de Rei. -ya… al fin puedo hablar bien. ¡Esto es delicioso! Nunca comí nada tan rico. -indica Usagi. -Ursus me lo dio para el susto por la caída, dice "Comida y bebida quitan todo dolor en la vida". -una nueva tos. -¡Artemis Nimue es maravilloso! Aunque nos quitó la fiesta y me estaba divirtiendo.

-Me alegra que te estuvieras divirtiendo. -explica Rei, divertida de los gestos de la adolescente rubia.

-Más que nunca… de verdad, no sé cómo agradecerle, Lady Lancelot. -indica la rubia; la chica de cabello negro, sonríe de lado.

-Ya hablaremos de eso después. A mi se me ocurren varias maneras, pero la principal es hablando de tu ama, Lady Kakyuu de Antor. Escucha… si fuiste escudero de ella la habrás visto entrenar o pelear más de alguna vez. -indica la pelinegra. Usagi, al oír aquello, mira a Rei preocupada un momento y luego se aleja, dando dos pasos atrás.

-¡Gracias por todo, Lady Lancelot! ¡Debo regresar al campamento de Antor! -se apresura la rubia en clara evasiva a la pregunta de la guerrera de Benwick. Rei sonríe, conmovida de lo sencilla y honesta que era la jovencita rubia… definitivo, había algo raro con Lady Kakyuu… y decidida a alcanzarla, corre tras ella.

Campamento de Lady Percival.

Dos figuras encapuchadas, avanzan entre las tiendas de campaña aquella noche, conducidas por un guardia de armadura aguamarina, hasta detenerse a las afueras de una de aquellas tiendas, afuera de la cual hondea el estandarte del tiburón feroz del condado de Carbonek.

-Aquí es… mis señoras. -indica el guardia. Una de las figuras no espera más, y con impetuosidad, entra en la tienda, abriendo de golpe la puerta de tela. La segunda figura espera y se despide del guardia con amabilidad.

-Gracias, soldado. -dice y entra tras la figura que va delante. Dentro de la tienda de campaña, al fondo, en un camastro sencillo, entre almohadones, se encuentra una joven hermosa de cabello aguamarina, con su torso vendado y una bata blanca abierta, recargada en estos, con una manta cubriendo sus pies. Una doncella la atendía, dándole sopa caliente cuando las dos encapuchadas hicieron su aparición. La que entra primero se había descubierto la cabeza, mostrando su corto cabello rubio y ahora estaba hincada junto a la cama de la herida, con sus manos entre las suyas, mirándola con evidente preocupación. La segunda en entrar después, sonríe al ver la actitud de ambas mujeres, e intercambia una mirada comprensiva con la doncella que atendía a Lady Michiru Percival.

-Elora… puedes retirarte. -dice la herida de cabello aguamarina a la joven de su guardia personal, que asiente con una reverencia y se aleja con lo que quedaba de la sopa, en silencio, haciendo otra reverencia al pasar al lado de la mujer de largo cabello negro con tonos verdosos.

-Lady Badevire… -dice y se aleja. La chica de cabello negro se acerca a la cama de la doliente, que tiene una sonrisa de felicidad evidente mientras Lady Haruka Bors besa sus manos.

-Lady Percival… ¿Cómo evoluciona su herida? -pregunta la prudente heredera de Valaquia.

-Mejorando, Lady Badevire… muchas gracias. -sonríe la siempre correcta y hermosa guerrera de las islas y le señala un banco de metal que estaba a su lado, en donde la joven heredera de los bosques se sienta. -me alegra su visita, Lady Setsuna… Le había dicho a Ruka que deseaba aprovechar el torneo para conocerla, aunque creo que las circunstancias no han sido las mejores.

-También deseaba conocer a la bella Sirena que ha robado el corazón de nuestra mutua amiga. -indica la de ojos rojizos. -no deja de hablar de vos. -la líder de los "Leones del Desierto" se sonroja un poco y la herida ríe divertida, pero después hace un gesto de dolor, tocando su costado vendado.

-¿Sirena? ¿Te duele mucho? -angustiada como pocas veces, la fiera guerrea rubia.

-Aún está sanando. La herida fue hecha para sacarme de combate, no para lastimarme y debo agradecer eso a Lady Gawain. -indica Michiru. -aunque no sé si mañana pueda enfrentarme a Sir Bagdemagus. -dice ella.

-Podrás… Setsuna vino a curarte. -dice la rubia. Los ojos aguamarina de la hermosa dama de los mares, se clavan en los rojizos de la chica de los bosques y esta asiente.

-En las lejanas regiones de Valaquia, de donde vengo yo, hay un musgo que crece en los robles de las montañas más altas. Los antiguos pobladores dicen que ese musgo sobre las heridas, acelera la cicatrización. Es sabiduría ancestral de los pastores de mi reino. -comenta la doncella.

-¿Es esa la razón por la que Usted viene caminando por su propio pie, a pesar de la herida de su muslo? -pregunta Michiru en referencia a la forma como Haruka derrotó a la joven heredera Badevire. La de ojos rojos asiente.

-Sirena… deja que Setsuna te ponga ese musgo en la herida. De verdad funciona. Me ha dado alguno para las heridas de mis guerreros del desierto y alguna vez la he aplicado en mí misma. Te ayudará a sanar. -pide la rubia, a lo que la chica de cabello aguamarina asiente.

-Toda la ayuda es bienvenida… Lady Badevire. -cede al fin. Haruka besa los dorsos de las manos de su amada y se aleja para que la pelinegra se siente en el borde de su camastro y comience a deshacer los vendajes, cuidadosamente puestos por sus doncellas.

-Usted pelea mañana contra Lady Makoto Sagramore… ¿Cierto? -inquiere Michiru y la pelinegra asiente. -y yo contra Sir Bagdemagus… si ambas ganamos… -deja en el aire Michiru la cuestión.

-Así es, Lady Percival. Si ambas ganamos nos enfrentaremos una a la otra para decidir quién pelea contra Lady Minako Tristán. -completa la chica de los bosques, al retirar por completo las vendas y mirar la herida del costado, hecha con la exactitud de una herida médica para no dañar ni uno solo de los órganos vitales ni los huesos de las costillas. Los ojos rojos se cruzan con las pupilas azules de la rubia. -Lady Ami Gawain es muy hábil… ahora veo por qué el concejo le dio el triunfo. -comenta Setsuna. Haruka frunce el ceño.

-No estoy del todo de acuerdo… Michiru fue más valiente y sus heridas igualmente exactas. -ofendida la rubia.

-Ella tiene razón, Ruka. Ami Gawain merecía ganar. -cede la del cabello aguamarina mientras Setsuna Badevire, saca de su bolsa de tela, un pañuelo con algo dentro que desenvuelve a la vista de la joven herida.

-De igual modo ella va a pelear contra mi prima y Rei la va a hacer papilla. -Todavía molesta Haruka Bors. Setsuna toma en sus manos una especie de polvos, parecidos a ceniza gris y los pone en la herida del costado de la joven de las islas, que contiene un gesto de dolor mientras al contacto con la sangre y la carne viva, la ceniza hace efervescencia y un vapor blanco sale de la piel. -Tranquila… Sirena… vas a estar bien… así actúa esa cosa… -dice Haruka tomando la mano de Michiru, que la presiona con fuerza. La joven de ojos rojos limpia con un pedazo de tela, los restos de aquel remedio de la piel de la chica y esta se da cuenta de que en efecto, ha cicatrizado considerablemente.

-¡Asombroso!… -dice Michiru.

-No cerró por completo pero adelantamos lo que en proceso natural debía haber sanado en varios días. -indica la joven heredera de Valaquia. -podrá enfrentarse a ese guerrero de los principados sin problema.

-Gracias Setsu. -dice Haruka, poniendo su mano en el hombro de su amiga.

-Mil gracias Lady Badevire. -insiste la peliazul.

-De igual modo vuelva a poner los vendajes y protéjase el costado. A veces, esta cicatrización rápida no es del todo completa. -instruye la de ojos rojos, a lo que la aguamarina asiente.

-De verdad tenía muchas ganas de conocerla, Lady Badevire. He de admitir que a veces me daban celos de que Ruka pasara tanto tiempo de viaje en su castillo de Valaquia y hablara tanto de Usted. -indica la bella joven, mientras la rubia se sonroja y su compañera sonríe, ayudándola a volver a colocarse las vendas y su camisola.

-No hay nada de que tener celos, Lady Percival. Yo aprecio y respeto a Haruka como la valiente guerrera y líder que es y me alegra que me permita ayudar en su lucha con los pocos medios de mi lejano feudo. Pero de ninguna manera, es el sentimiento intenso y poderoso que tienen ustedes dos. -indica Setsuna.

-Gracias por entenderlo así y no condenarnos… a veces es difícil. -comenta con un dejo de pena la de cabello aguamarina.

-Setsu es inteligente y sabia. Nunca haría eso. -apoya la heredera Bors a su amiga.

-Bien. Mi labor termina aquí. Fue un gusto ayudarla y conocerla en persona, Lady Michiru Percival. Aunque mañana en la arena, si me corresponde enfrentarla, voy a luchar con todas mis fuerzas. -indica la joven, estrechando la mano de la de cabello aguamarina.

-Lo mismo yo. Hay que luchar con todas nuestras fuerzas porque Albión tenga la mejor regente, mientras regresa la princesa. -Setsuna asiente.

-Así sea. Haruka… -saluda luego a la rubia guerrera del desierto. -Gana pasado mañana a esa desconocida de Antor y sé la regente que merece Albión.

-Gracias Setsu. -concede la rubia. -esperemos que así sea.

-No se molesten en acompañarme, sé el camino y dejé afuera mi caballo. Buenas noches. -se despide la de ojos rojos, dejando solas a las dos chicas. En cuanto se ha ido, Haruka se sienta en el borde de la cama y Michiru se abraza a ella, recargando su cabeza en el pecho de la guerrera del desierto.

-Es agradable… y su medicina muy buena, pero mi mejor medicina siempre serás tú. -dice con tono de felicidad Lady Michiru Percival, entrelazando sus dedos con los de la rubia, que sonríe. -también quiero que ganes… como Setsuna pienso que no habrá mejor regente para Albión que tú.

-Voy a ganarle a esa desconocida de Antor y a ser la regente, aunque deba vencer a mi prima y a la favorita del concejo. -advierte la rubia en referencia a Lady Tristán. Michiru sonríe y mira a Haruka, acariciando su mejilla. -¿sabes qué será lo primero que haga en cuanto gane? -le pregunta Lady Bors a su amada, que niega con la cabeza.

-Pedirle a tu madre que me conceda tu mano. ¿Crees que siendo regente de Albión, ella lo considere? -pregunta la rubia. Michiru sonríe con algo de pena y besa en los labios a la joven.

-Puede que si… pero el resto del reino seguramente no lo vería bien. -Haruka baja la vista, apenada. -no te sientas triste, Ruka, mientras pueda tenerte de este modo, no necesito que el resto del mundo sepa o entienda. -Haruka sonríe y la besa igual.

-Te amo. -dice la rubia heredera Bors.

-Y yo a ti, Ruka. -termina la de cabello aguamarina, pensando qué, en efecto, no necesitaba más medicina que Haruka para poder combatir contra todo lo que deba enfrentarse al día siguiente.

Campamento de Lady Lancelot.

La guerrera de cabello negro, corre y alcanza a la rubia tomándola del brazo.

-Espera Usagi… esta hora no puedes volver sola, es noche y el campamento de Antor está muy lejos. Te llevaré. -camina Lady Lancelot a su lado.

-¡¿En "Belcebú"?! -emocionada Usagi palmeando. La pelinegra asiente y camina con la rubia hacia un lado del campamento, donde se encuentran los caballos ensillados de todos los "Demonios del Sur", dirigiéndose hacia el brioso unicornio negro, que al sentir la presencia de su dueña, se encabrita y bufa. Rei lo acaricia.

-Que tal amigo… vamos a llevar a Usagi a su campamento. -le habla Rei al unicornio que relincha y la rubia pone su mano también, en la cara del animal.

-Hola Belcebú… soy tu admiradora ¿Sabes? Eres mucho más lindo a cómo te había imaginado, y no lanzas fuego por la nariz. -ríe la rubia. Rei la mira extrañada.

-¿Eso dicen los trovadores? -pregunta incrédula la heredera Lancelot, montando a Belcebú mientras le alarga la mano a Usagi para que monte tras ella y emprenden el camino.

-Aja, todo eso decían los cánticos sobre usted y los "Demonios del Sur", aún lo recuerdo "…y montada en Belcebú, potro de los infiernos, que escupe fuego y lava por su…". -comienza a cantar la rubia.

-Ya, ya… me di una idea. Vaya que son exagerados los trovadores, ya has visto que no tenemos nada de particular, somos personas comunes. -indica Rei y dejando atrás el bullicio del campamento Lancelot, conduce el unicornio negro entre las tiendas de campaña, que a esas horas de la noche, aún tienen algo de movimiento y apresurando el paso del animal, avanza por la muralla hacia la lejana colina en que estaba el campamento de Antor.

-¿Tienes mucho tiempo como escudero de Lady de Antor? -retoma el tema la terca chica de ojos morados. La rubia, contrario a su hábito de hablar mucho, tarda en responder.

-Si mucho… en verdad yo no nací en Antor, dice el Señor Alan que él y su hija Molly me encontraron en el camino cuando huían de aquí, de Camelot, en tiempos de la invasión en que murió el rey Pendragon. Yo estaba sola con mi gata, Luna, y era una bebé. Ellos me recogieron y me llevaron a Antor. Cuando fui pequeña, Lord Héctor de Antor el padre de Lady Kakyuu me llevó como escudero a palacio y me enseñó algunas cosas: A leer, escribir, historia de Albión, administración y un poco de pelea básica…

-Si lo noté cuando te enfrentaste a ese hombre en el bosque; al menos tienen equilibrio y algo de reflejos. -indica la joven de cabello negro. Usagi se queda callada, una parte de ella le dice que su nueva amiga y héroe es de confianza pero también le dan miedo las consecuencias, recordando a Molly encerrada en el calabozo de Antor y prefiere omitir detalles, sin hablar de que el caballero la había adoptado.

-Cuando sir Héctor murió yo me quedé como parte de la armada de Lady Kakyuu, esa es toda mi historia. En Antor llegaban algunos trovadores y juglares cantando sus hazañas y las de Lady Tristán, ambas eran las grandes campeonas de Albión, y allí fue que comencé a tener estos sueños, a desear ser como Ustedes. -confiesa Usagi mientras se acercan al campamento.

-Muy interesante tu historia. Siendo sinceras, en tu estado actual de entrenamiento, no sobrevivirías mucho como guerrera. -confiesa la pelinegra. Usagi, que iba detrás del caballo, solo bajó la vista, descorazonada. -lo que no significa que con entrenamiento adecuado y esfuerzo, no lo consigas. -añade Lady Lancelot. -Dime, Usa… ¿te gusta mucho tu vida en Antor? -pregunta Rei.

-Siendo sinceras, no. Por eso cuando me ayudó, estaba buscando una manera de conseguir una armadura y poder irme a buscar mi sueño.

-Bien, entonces lo que debo proponerte es muy pertinente. Quería saber si tenías algún tipo de lazo que te atara a Antor, pero si no es así, dime… ¿Te gustaría venir conmigo cuando el Torneo y tus deberes con tu señora terminen? -propone la de ojos morados. Usagi, que iba detrás, abre mucho los ojos.

-¿Habla en serio, Lady Lancelot? ¿Yo ir a Benwick con Usted y los "Demonios del Sur"? -emocionada la rubia.

-No exactamente a Benwick, sabes que mi ciudad aún está ocupada por el Reino Oscuro, pero sí a los desfiladeros del Sur, no habrá mejor lugar para entrenarte y volverte buena guerrera que con nosotros, Usa. -responde Rei.

-¡Pero Usted va a ganar el torneo! ¡Lady Lancelot será la regente de Albión, yo estoy muy segura de eso! ¿Cómo puede proponerme ir a Benwick si Usted va a vivir aquí en Camelot? -duda la rubia. La joven heredera Lancelot solo sonríe de forma enigmática.

-No te preocupes por eso, Usa. Yo sé lo que hago. Piensa mi propuesta… ¿Quieres? Y si aceptas, ve mañana al campamento, los chicos ya te conocen y puedes buscarme a la hora que sea antes de que inicien los combates. -pide la joven de ojos amatista mientras el unicornio negro llega al final campamento lejano, en donde hondean los estandartes del zorro rojo de Antor. Un guardia, al ver el caballo y reconocer a su famosa jinete, se cuadra.

-¡Lady Lancelot!... -murmura el joven y mira asombradísimo como la gran campeona de Albión baja del unicornio negro, pero el mismo guardia se sorprende más al ver como la joven guerrera da la mano para que baje de su montura a… -¡Usagi! -grita el guardia sin poder creer lo que ven sus ojos.

-Farés… ya regresé. -responde con naturalidad Usagi al guardia, que sigue sin encontrar una explicación para que la escudero de su señora, estuviera al lado de la guerrera más poderosa de Albión.

-Usagi… Lady Kaolinet tiene a cinco guardias buscándote por todo el campamento, y está muy molesta por tu ausencia. -habla al fin el jovencito. La rubia tiene un gesto de fastidio que a Rei no pasa desapercibido. -te espera un buen regaño y quizá, al regresa a Antor, una semana en calabozo… está muy molesta.

-No se preocupe Usted, Farés, yo entraré con Usa y hablaré con su ama para que no haya problema alguno. -responde la joven de cabello negro y ojos morados, con una sonrisa. El pobre joven solo atina a cuadrarse, mientras ve como se acercan a la tienda principal la jovencita rubia y la heredera Lancelot, charlando como dos amigas.

Usagi entra moviendo la tela que cubría la entrada de la tienda, alumbrada por antorchas, y al momento, la mujer pelirroja que iba y venía por la estancia, clavó sus ojos furiosos en los de la jovencita.

-¡¿Se puede saber en dónde demonios te habías metido, estúpida campesina?! -estalla Kaolinet de Antor y se acerca a la rubia de coletas, sujetándola del brazo con fuerza.

-¡Lady Kaolinet! ¡Déjeme explicarle… -se intenta defender la jovencita.

-¡No hay nada que explicar! ¡Te das cuenta de tu irresponsabilidad! ¡Mañana tendrás que combatir y si no estás en el campamento a tiempo para acordar todo con mi hija soy capaz de…! -la sacude la mujer pelirroja con ira mal contenida.

-¡Suelte a Usagi ahora mismo! -se escucha una voz firme que desconcierta a la mujer y la hace mirar atrás, para encontrarse, con el mismo o mayor asombro que su guardia, con la mirada severa y molesta de la guerrera del Sur.

-¿Lady Lancelot? -inquiere la esposa de Lord de Antor al ver dentro de su tienda a la conocida y famosa guerrera.

-Ya que me conoce sabe que hablo en serio cuando le digo que suelte a mi amiga ahora mismo. –expresa, con los ojos amatistas centellantes de furia, la joven guerrera, y Lady Kaolinet de Antor sabe lo que representa una mirada así de Rei Lancelot Du Lac, así que, a su pesar, suelta el brazo de la chica rubia y mira como la guerrera de Benwick se acerca a la rubia.

-Usa… ¿Estás bien? ¿No te lastimó? -le pregunta Rei a la chica, que niega con la cabeza. -Lady de Antor… Porque supongo es Usted madre de Lady Kakyuu. -sigue implacable Rei, parada al lado de la chica rubia. Furiosa y a la vez asustada, la mujer pelirroja solo asiente con la cabeza. -quiero que le quede claro que Usa no tuvo la culpa por tardar en regresar a su campamento. Ignoro que reglas tenga su hija con sus escuderos y soldados para las horas de llegada, pero puedo excusar a Usagi porque la he invitado a un festejo a mi campamento ya que ella me prestó un importante servicio que quiero recompensar. -termina la joven de cabello negro. Kaolinet levanta una ceja, mirando a la rubia con desprecio.

-¿A Usted? ¿Usagi le prestó un servicio a la mejor guerrera de Albión? -duda la mujer pelirroja. Los ojos amatistas de Rei la miran con furia al sentir la ironía de sus palabras.

-Quiero ver a su hija para explicarle todo y evitar que reprenda a Usagi. -insiste la heredera Lancelot. Kaolinet se pone en guardia, ante la insistencia de la guerrera.

-Lo siento mucho, Lady Lancelot, pero me parece que mi hija no podrá…

-Ya estoy aquí, madre. -se oye la voz de la joven pelirroja en la entrada de la tienda. Un instante se cruzan las miradas de Lady de Antor y Lady Lancelot. -me dijo Farés que había vuelto Usagi y que venía en compañía de Usted. Gusto en conocerla. -saluda la joven, alargando su mano a Rei, quien la toma y la presiona.

-El gusto es mío, Lady de Antor. No había tenido el placer de hablar con Usted antes ni de conocer a la guerrera que venció a Sir Lyonel Karados, uno de los guerreros más fuertes de Galahad. -comenta Rei y nota el desconcierto de la pelirroja. Usagi mira todo en silencio y Kaolinet, con ojos atentos y ansiosos; preocupados y aprehensivos por aquella cercanía de su hija con la campeona de Albión.

-No sabía que conocía a mí… escudero. -dice Kakyuu.

-Hoy por la tarde la conocí, me ayudó a librarme de unos hombres que me atacaron y en agradecimiento la invité al campamento de Benwick a celebrar con nosotros, pero el tiempo pasa volando y no nos dimos cuenta de qué tan tarde era. Me gustaría saber si puedo hacer algo para interceder por Usagi y evitar el castigo que sé que como jefe militar de este campamento, seguramente le impondrá. -dice Rei sin dejar de mirar a la joven pelirroja, que le sonríe.

-No se preocupe, Usagi es en Antor mucho más que un escudero, es mi amiga y una muy querida desde la infancia, nuestra preocupación por ella era por su integridad, solo eso, no habrá castigo alguno. -habla Kakyuu.

-Me alegra, Lady de Antor, porque yo igual soy ya amiga de Usa. Sabiendo que estará bien, ahora puedo quizá charlar con Usted antes de irme, tengo especial interés en hablar sobre su pelea. -indica Rei.

-Muy bien… entonces me llevaré a Usagi para que coma algo y así puedan charlar. -toma de los hombros Lady Kaolinet a la chica. Usagi la mira extrañada de su tono amable, pero acaba por salir con ella en la tienda, mirando de vez en vez a Rei, que le sonríe calmada mientras la rubia termina por irse con la mujer pelirroja, quien la conduce por el campamento hasta la tienda de armas en donde tenía su camastro. Al momento de entrar, la empuja sobre la cama y la mira amenazante, cambiando su fingida actitud de cordialidad.

-¡Escúchame bien, campesina idiota! ¡Si me entero que le has dicho algo, lo que sea a Lady Lancelot sobre el secreto de mi hija, no sabes de lo que soy capaz! ¡Ordeno que maten a tu maldita hermana ahora mismo! -ruge Kaolinet de Antor, colocando su mano de uñas largas en el cuello de la jovencita rubia, que la mira airada y la empuja lejos, estrellándola contra unas armaduras.

-¡No me vuelva a lastimar así! ¡Jamás diría nada a nadie sobre ese secreto! ¡Y le advierto que si se atreve a lastimar a Molly entonces sí le diré a Lady Lancelot la verdad y me alegrará mucho que las denuncien en el concejo de Camelot! -furiosa como pocas veces la chica rubia. Tanto Usagi como Kaolinet de Antor, se miran amenazantes un momento dentro de la tienda, hasta que entra en esta, la joven Kakyuu.

-¡Hija! Qué bueno que llegas, la salvaje de la campesina me…

-Madre, por favor, que no se vuelva a repetir la escena de hace un momento. Usagi no es una prisionera, puede entrar y salir del campamento como decida, yo confío en ella y en que cumplirá con su palabra. -insiste la joven. La mujer pelirroja se da cuenta de que sea lo que sea que su hija habló con Lady Rei Lancelot, cambió mucho su idea sobre el papel de la joven rubia en su plan. -Usagi… disculpa a mi madre por su actitud y siéntete libre para hacer de tu vida y tus amistades lo que sea que desees. -la rubia mira a ambas pelirrojas, molesta.

-Solo déjenme dormir y descansar. Pasado mañana son los combates y seguro querrán que gane. -exige la jovencita rubia. Kaolinet, furiosa, intenta responder, pero su hija la detiene del brazo.

-Descansa, Usagi, ya nos retiramos. -dice la más joven y jalando a su madre, la hace salir de la tienda de armamento en que dormía la jovencita, hasta salir a la intemperie.

-¡Pero Kakyuu! ¿Qué te pasa? ¡Esa insolente campesina huérfana no puede sublevarse así! ¡Salir del campamento, amistar con Lady Lancelot y ahora darnos órdenes…! -se escandaliza Lady de Antor, pero su hija le hace señal de que guarde silencio, mientras entran en su tienda de campaña.

-Madre, por favor, guarda silencio. Entiende que esta situación de su cercanía con la guerrera más poderosa de Albión, cambia todo. Si nos negamos a sus deseos y la contrariamos, puede denunciarnos y sabes lo que significa para nosotras, así que hay que ceder. -opina más prudente la joven heredera. Mal de su agrado, Kaolinet de Antor cruza los brazos y debe reconocer que la idea de su hija es la mejor para las dos.

-No entiendo de qué hechizo se valió alguien tan insignificante como ella para ser amiga de Lady Rei Lancelot Du Lac. -insiste molesta Kaolinet.

-De lo que haya sido, madre, ahora hay que estar más alerta que nunca e ir pensando en liberar a su hermana adoptiva. -propone la más joven de las dos pelirrojas y su madre solo bufa, molesta.

-Siempre le dije a tu padre que algo no estaba bien con esa niña… es un imán de problemas. -comenta Kaolinet, recordando lo que dijo cuándo su esposo adoptó a Usagi, pero Kakyuu se queda callada a su pesar, con miedo de que alguien como Lady Lancelot llamara "amiga" a quien, como Usagi, era una persona tan simple.

Dentro de la tienda de campaña del armamento, sentada en el borde de su camastro, la rubia cepilla su cabello, recordando todo lo que había pasado en solo una noche y de qué forma ese encuentro en el bosque con su heroína había cambiado su vida. Justo en ese momento, el gato negro salta de entre las cajas de madera con armas y cae en su camastro.

-Usagi… ¿Es verdad lo que escuché de esa bruja? ¿Estuviste todo este tiempo con Lady Lancelot?

-Es cierto, Luna. El tipo de la taberna era un maldito y solo quería aprovecharse de mí. Me atacaron y ¡No sabes qué maravilla! Lady Lancelot… ¡Lady Lancelot me defendió! Los atacó a todos y en unos momentos los acabó. -narra emocionada Usagi, mientras se quita su ropa para ponerse el camisón blanco de dormir.

-Estaba muy asustada por ti. Entré a buscarte a la taberna y después por muchos lugares del campamento, pero no te encontré. -habla el gato.

-Pues no, Luna, me fui a su campamento. Dice que soy su amiga ¡Puedes creerlo! Yo, amiga de Lady Rei Lancelot Du Lac. -palmea la jovencita y se sienta en el camastro. -conocí a los "Demonios del Sur", a las chicas cuervo, a su caballo "Belcebú". -continúa Usagi.

-Ya, tranquila, no es la gran cosa. Te juro que si todos esos tipos y la tal Lady Lancelot supieran quién eres, ellos rogarían por tu amistad y no tú por la suya. -con evidente molestia la gata negra.

-No seas enojona, Luna. ¿Si supieran quién soy? Ya lo saben, una pobre huérfana escudero de Lady de Antor, y aun así me aceptan. ¿Te digo algo? Lady Lancelot no cree que mis sueños sean imposibles, de hecho, quiere que acabando este torneo me vaya con ella a Benwick para entrenarme. -presume con orgullo la rubia, besando a su gato. -¿Qué te parece? Ahora podré empezar una vida nueva cuando esto acabe al lado de mi gran heroína.

-Es una locura, ya te dije que tus miras deben ser más altas. -insiste el gato.

-Mis miras están bien ahora y por primera vez tengo una amiga que cree en mí. Ahora todo es diferente, Luna, estoy muy segura de que luego de este torneo, todo va a cambiar para mí. -dice la joven rubia de coletas y se recuesta en el camastro, cubriéndose con su sábana.

El gato negro se echa a su lado y opta por guardar silencio, pero definitivo, no le agrada esa amistad de su protegida con la guerrera más valiente, pero también más impertinente de todo Albión. Usagi acaricia a su gato en la cabeza.

-No te alarmes, Luna, sé que no te agrada Lady Lancelot, pero cuando la conozcas, verás que es mucho más que la campeona de Albión, es una gran persona, sencilla, amable y muy agradable. Me trajo aquí y me defendió de Lady de Antor. ¡Es Genial! Mañana van a pelear los nobles eliminados y saldrá de entre ellos el oponente de Lady Tristán, y finalmente, pasado mañana, es mi turno. -suspira Usagi. -¿Crees que le gane a Lady Bors?

-Creo que… muchas cosas pueden pasar de aquí al día de la pelea, Usagi, y quizá ya no sea necesario pelear tanto para encontrar a la gobernante de Albión. -enigmático el gato, que ronronea ante las caricias de la joven, quien sopla la vela que daba luz a su habitación y cierra los ojos, durmiendo con una gran sonrisa en su rostro.

Campamento Lancelot, día siguiente por la tarde.

Luego de terminados los combates de los nobles vencidos en la primera fase del torneo, todo el pueblo y la gente que acompañaba a los combatientes, se habían retirado a sus casas o a sus campamentos respectivos, aunque los comentarios entre las calles, los lugares de venta de comida y el mercado de Camelot, eran sobre la victoria de Lady Michiru Percival de Carbonek, quien pelearía, luego de vencer a todos sus oponentes, contra Lady Minako Tristán de Cornualles al día siguiente.

Usagi, luego de ver los combates con interés al lado de Lady Kakyuu de Antor, había recibido un mensaje discreto en la tribuna de la jovencita castaña de los "Demonios del Sur", en que Lady Lancelot le pedía ir a verla al final del día a su campamento, y aprovechando que nadie la notaba y que Luna no estaba por los alrededores, se había escabullido para llegar al campamento de tiendas rojas con la ondeante bandera del águila rampante, en donde las dos chicas cuervo la esperaban para conducirla a la tienda principal.

-Mi señora… la joven Usagi está aquí. -anuncia la única de las gemelas cuervo que hablaba, pidiéndole que entre al recorrer las cortinas de la tienda de campaña.

-¡Usa! -escucha la jovencita de coletas la voz de la pelinegra, quien se acerca y la abraza cariñosamente, como si la conociera desde siempre. Usagi responde al abrazo. -viniste… me alegra.

-Tardé porque no podía irme así de fácil del campamento. -se excusa la chica.

-Pero estás aquí y eso es lo importante. Pasa. Deimos, algo de licor de arroz y golosinas. -pide Rei Lancelot mientras se acerca con su brazo en el hombro de la chica, hacia una mesa, donde las espera un hombre maduro y fuerte, de cabello blanco sujeto con una banda, que lee unos viejos pergaminos.

-Señorita Usagi. -saluda con respeto el guerrero. La rubia le sonríe.

-Buenas tardes.

-Ven, siéntate. Él es Volke, uno de mis hombres de más confianza. Cuando Benwick era un reino próspero, él era Canciller de mi Padre y sabía todo sobre política y leyes, aún lo sabe. -dice Rei al llegar junto al hombre maduro.

-Que asombroso. -responde la jovencita rubia, mirando al guerrero.

-Lo hice venir porque lo que hablaremos tú y yo, él será muy importante. -indica la pelinegra y se sienta en la mesa, tomando la vasija con licor de arroz que le acerca una de las gemelas. -Volke, por favor, lee a Usagi el inciso XVIII del código de caballería. -pide mientras bebe la heredera Lancelot.

-Inciso XVIII del capítulo XXII del código de caballería aprobado en Albión, título 4° sobre sanciones por suplantación de personalidad:

"En el reino de Albión, queda estrictamente prohibido que alguien no noble de nacimiento o armado caballero por su señor, participe en torneos de caballería. Si aun así, alguna persona no noble llega a suplantar a un caballero en torneo, se considerará como alta traición del señor y del siervo, siendo ambos juzgados por el concejo y sometidos al castigo que se determine, en caso del señor, supresión de sus derechos de nobleza y en el del siervo…"

..Lee el hombre de cabello blanco y se queda en silencio. Usagi, que escuchaba todo en silencio nervioso, sin beber el licor, levanta los ojos asombrados hacia el guerrero. Rei Lancelot mira atenta las reacciones de la chica rubia.

-¿Quieres saber qué castigo le espera al siervo, Usa? -pregunta la joven de ojos amatista a su amiga. -cárcel a perpetuidad o muerte en la horca, como ves, es por mucho peor que para el noble, que es quien ordena la suplantación y a mi juicio, totalmente injusto. -dice la heredera de Benwick.

-Lady Lancelot… ¿Por qué… por qué me dice eso? -con los ojos llorosos la chica. Rei le sonríe y pone su mano en el hombro de la adolescente rubia.

-No te asustes, si le dije a Volke que buscara ese inciso y lo leyera es porque quiero ayudarte. Lo sé todo, Usa. -dice la pelinegra, mirando atenta a la rubia. -Todo... ahora si estoy segura de que tu ama, Lady Kakyuu de Antor, no peleó en la batalla contra Sir Lyone Karados. Me bastó una sola pregunta sobre su defensa lateral para darme cuenta de que no tiene idea de lo que pasó en esa pelea y es porque no era ella quien combatía. -dice con seguridad Lady Lancelot.

-Pero… Usted… Usted como… -asombrada Usagi.

-Solo lo sé, ya tenía sospechas y hace días simulando una batalla, usé una armadura que me quedaba grande para comprobar mi teoría y fue fácil. Ese tajo fue un golpe de suerte al no poder sujetar la espada, pero de igual modo sirvió, incluso, aunque no tengo la certeza, al verte pelear en el bosque, recordé como desvió la persona que luchaba con la armadura de Antor, un ataque. Usagi… queremos ayudarte, solo dime con qué te están obligando a pelear… ¿Por qué lo haces? -pregunta Rei.

-Ellas… bueno… Lady Kaolinet tiene en prisión a mi hermana Molly. La encerró allí y si me negaba a pelear suplantando a Kakyuu, ellas la enviarían como tributo al Reino Oscuro. Si peleo la liberarán. -habla Usagi al fin y de modo impulsivo, se lanza en brazos de la joven de ojos amatista, llorosa. Rei sonríe y la abraza calmándola. -¡yo no quería transgredir así la ley! ¡Se lo juro! -llorosa Usagi.

-Cálmate. Lo sé, sé que eres una buena persona y que no harías nada malo, solo quería saber hasta dónde había llegado tu patética ama y su horrible madre y también quiero ayudarte a salir de esto. -Rei Lancelot.

-No puede ayudarme, Lady Lancelot. Mi única opción es seguir peleando en el lugar de Lady Kakyuu y muy seguramente morir mañana bajo el arma poderosa de Lady Bors, porque sé que no se repetirá mi golpe de suerte como con Sir Lyonel.

-No se repetirá, eso es seguro, y conociendo a Haruka, con facilidad te va a rebanar la cabeza. -sincera la joven heredera de Tierra de Fuego, logrando un sobresalto de la rubia adolescente, que se toca el cuello. -de igual modo sales perdiendo, Usa, así que Volke y yo hemos intentado buscar una solución, y creemos haberla encontrado, pero necesitamos que cooperes. -pide la joven de cabello negro.

-¿Es que de verdad hay una manera?... yo no creo. Tienen a Molly en prisión y yo le prometí al señor Alan, su padre, que iba a hacer todo para liberarla. -angustiada la rubia. Rei asiente y aplaude dos veces. En ese momento las gemelas cuervo se acercan a ella, con una rodilla en tierra.

-Usa, escucha, si puedo asegurarte que tu hermana Molly va a estar bien y a salvo, si te lo garantizo por completo… ¿Nos escucharías a Volke y a mí y cooperarías para descubrir delante de todos a las Antor? -pregunta la joven de cabello negro. Usagi limpia sus lágrimas y mira los profundos ojos amatista de Lady Lancelot, sintiendo por primera vez en años que puede confiar por completo en alguien.

-Si… lo haría… pero es imposible… aunque Usted la quiera rescatar, nadie puede llegar a Antor y salvarla antes de mañana. Son seis días de camino desde Camelot. -dice desesperanzada Usagi.

-Para alguien que camina o va en caballo, pero no para quienes vuelan. -señala el hombre de cabello blanco a las dos chicas, que siguen de rodillas a los lados de Lady Lancelot. Usagi mira a ambas jóvenes de extraños rasgos afilados y ojos totalmente negros.

-Si haces un plano de la torre de Antor para que les sirva de guía, Phobos y Deimos volando pueden llegar allí por la mañana y liberar a tu hermana. Una de ella regresaría a avisarnos que está a salvo y entonces te sentirás libre de hacer lo correcto. Dime… ¿Confías en mí? ¿Confías que puedo poner a salvo a tu hermana? -inquiere Rei.

-Sí. -responde segura la rubia. Lady Lancelot asiente y toma la mano de Usagi.

-Todo saldrá bien, haremos justicia y vamos a liberarte de ese par de arpías. Escucha lo que tiene que decir Volke. -pide la joven de cabello negro y el guerrero toma otro pergamino, acercándose a la rubia.

-Mire Usted, señorita Usagi. Revisando el mismo documento sobre el código de caballería, me topé con una cláusula en que se especifica una forma de que el siervo se salve del castigo de suplantación, parece que si este hace un juramento sobre su espada con sangre sobre su vida, tiene derecho a elegir a un noble para enfrentarse a él y jugarse la vida, que seguro perdería en la ejecución por suplantación. -señala con su dedo el ex canciller de Benwick, las líneas del pergamino que la chica toma con su mano y lee.

-Volke encontró una solución. Una vez que tu hermana esté a salvo, antes de la pelea con Haruka de Bors, tú misma te descubrirás delante de todos y harás ese juramento con sangre y tu espada, deberás referirte con exactitud al artículo del código que te ampara y pedir pelear con uno de los nobles, me elegirás a mí y así te salvarás de todo… Supongo que tienes espada, porque debe ser una tuya, no la de tu ama, la de Lady Kakyuu no tiene valor, porque debes mostrar al concejo de ancianos que tienes honor suficiente como para tener tú propia arma. ¿Tienes una espada propia? -pregunta Lady Lancelot. Usagi se queda en silencio, pensando que en efecto, no tiene una espada ni dinero bastante para comprar una buena… pero de pronto recuerda un lugar en donde vio una espada, una que al parecer nadie reclamaría.

-¡Sí, sí!… tengo una espada… una muy buena… y es mía… -dice ella con vehemencia.

-Entonces debes llevar esa espada mañana al combate, y antes de que sea tu turno, porque serás la segunda en pelear, acércate a Volke y él te dirá que hacer. ¿Entendido? -inquiere la pelinegra. La jovencita asiente.

-Lady Lancelot… gracias por todo de verdad no sé cómo pagarle… pero ya me debo ir porque notarán mi falta en Antor…

-No olvides lo que te dije. La espada a Volke antes de tu combate, memorizas la cláusula y me eliges a mí para la batalla. -instruye Rei, saliendo con ella afuera de la tienda, seguida de las chicas cuervo; una de ellas, a una señal de la mano de Rei, se vuelve cuervo entre una nube de humo. -Cuando tengas listo el mapa de la torre se lo darás a Phobos. Ella volará y se mantendrá cerca de ti, la encontrarás con facilidad.

-¡Asombroso! -aplaude Usagi. -bueno… Lady Lancelot, gracias por todo de nuevo… espero poderme librar de que me encarcelen o maten y ahora si me retiro. -se inclina respetuosa la rubia y se aleja corriendo, seguida por el cuervo negro mientras Rei y Deimos regresan charlando sobre el próximo viaje de las chicas cuervo a tierras de Antor.

Día siguiente por la mañana.

Los gritos de júbilo de la gente de Camelot, que se amotinaba en la zona de graderío de la arena del torneo, acompañan el sonido de las trompetas y tambores de la guardia, en acompañamiento de la entrada de los seis guerreros finalistas de aquel torneo por la regencia, cuyos estandartes hondean conducidos por sus escoltas, mientras entran en la arena en sus monturas y se detienen en el estrado, al frente de los ancianos del consejo. Artemis levanta los brazos para que la gente guardara silencio.

-¡Pueblo de Camelot! ¡Ven aquí a las mejores guerreras, que en justa batalla, han vencido a sus oponentes y lucharán para demostrar quién de ellas es la mejor para regir el reino hasta el regreso de nuestra princesa Pendragon! -exclamó el mago. -Ante Ustedes, Lady Michiru Percival, ganadora de los combates de ayer. -presentó el mago.

La chica de cabello aguamarina levanta el brazo y hondea el estandarte del tiburón rugiente, acompañada de una ola de aplausos a los que, desde el palco de los nobles, se une Makoto Sagramore y Setsuna Bavedire, así como el viejo Sir Bagdemagus, quienes habían sido vencidos por ella.

-¡A su lado! ¡Lady Minako Tristán de Cournalles! -presenta Artemis a la guerrera rubia, que se limita a sonreír mientras una ola de aplausos y vivas llena la arena, y todos los ancianos del concejo se levantan a aplaudir entusiasmados.

-Es solo impresión mía… o el concejo de Camelot ya tiene favorita. -comenta la castaña herida de su brazo desde la tribuna de nobles, a lo que la sabia y prudente Setsuna Badevire solo sonríe de lado.

-¡Lady Haruka Bors de Falias! -sigue Artemis presentando a las finalistas y la guerrera de armadura dorada y casco de león rugiente, alza su puño ante la ovación del pueblo. -¡Lady Kakyuu de Antor! -presenta Artemis a la joven de armadura gris, totalmente cubierta por un casco, que el pueblo ovaciona y se limita a controlar su montura, que parece muy nerviosa. -¡Lady Lancelot de Benwick! -sigue el mago la presentación, arrancando un grito jubiloso del pueblo, mientras la joven de ojos amatista hace que su unicornio negro gire en varias vueltas, mientras saluda a sus admiradores- ¡Y Lady Ami Gawain de Uppsala! -presenta el mago a la última finalista, quien se limita a sonreír de lado. -¡Estas valientes guerreras combatirán entre sí hasta que solo las tres más fuertes se enfrenten en la batalla final por la regencia! ¡Nobles de Albión, pelead con honor! -levanta la mano Artemis y de nuevo suenan las trompetas. Lady Bors, Lady Antor, Lady Tristán y Lady Percival, abandonan la arena quedando, solo en ésta la joven de cabello negro, con una sencillísima armadura de medio peto y la joven peliazul de armadura plateada.

El estandarte del águila y el del gato de las nieves fueron hondeados en alto, mientras la trompetas anuncian el inicio del primer combate del día entre Lady Lancelot de Benwick y Lady Gawain de Uppsala. El resto de las nobles se encaminan al palco a esperar el resultado y mirar la pelea, pero curiosamente, Lady Kakyuu de Antor, sin quietarse el casco, no se dirigió allí, sino que condujo su caballo en dirección a su tienda de campaña de armas, que como todas las guerreas, estaba instalada alrededor de la arena, para facilitar su armamento.

-¿A dónde va Lady Antor? -duda Haruka al verla alejarse. -¿No verá el combate?

-Quizá algo en su armadura no está en orden y se dirige a su tienda de armas a hacer ajustes. -comenta Setsuna Badevire y Haruka se conforma con esa explicación, dirigiendo su vista a la arena donde el torneo está por comenzar. Un sonido de tambores acompaña al joven escudero, que camina con una bandera negra en alto, la cual indicará que los caballos de ambas guerreras pueden atacarse.

Dentro de la tienda de armas de Antor, la guerrera de armadura gris entra y se quita el casco, el cual lanza al suelo con desesperación, para después retirarse los amarres del peto con velocidad.

-¡Usagi! ¡Qué haces! -sale de entre las cajas de armas el gato negro al ver a la joven tirar la armadura y ahora deshacerse de los soportes de la cintura.

-No me preguntes nada, Luna, que no tengo mucho tiempo… -comenta Usagi. -tengo que correr para volver a tiempo de mi pelea… soy la última. -indica ella y ahora se quita las protecciones de los brazos.

-¿Volver a tiempo? ¿Vas a salir? ¡Que va a pasar si Lady Kaolinet se entera! ¡De seguro está mirando todo desde el público ya que Lady Kakyuu se quedó en el campamento! -alarmado el gato, pero la chica no le presta la menor atención y termina de quitarse la armadura, dejándola tirada por toda la tienda, quedando solo con su pantalón café y su blusón blanco atado con una cinta roja. Toma su manto café y se lo pone en la espalda, sin ponerse la capucha.

-No se enterará, estaré de vuelta pronto… ¿Vienes o no? -llama Usagi a su gato antes de salir y Luna termina por correr y subir al caballo en el regazo de la chica rubia, que arranca su caballo entre las tiendas de campaña en dirección a las ruinas del Palacio Dorado de Camelot, arriba de la colina.

Mientras cabalga a toda velocidad, espoleando su montura, Usagi puede oír las exclamaciones y gritos de la gente en la cada vez más lejana arena.

-¡Diablos! ¡Me estoy perdiendo la pelea de Lady Lancelot! -se queja la chica mientras va llegando al fin, al puente levadizo de madera enmohecida, lleno de musgo, el cual atraviesa con su caballo.

-¿Ya me dirás para qué vienes aquí con tanta premura? -pregunta en su regazo el gato negro.

-Sí te lo diré… Lady Lancelot y yo tenemos un plan para liberarme de las Antor y salvar a Molly sin que me ahorquen. -sonriente la rubia salta del caballo en el derruido patio de armas del viejo castillo y se quita la capa café, dejándola sobre la silla del caballo. El gato salta con ella al suelo.

-¡¿Qué dices?! ¡Usagi, eso es peligroso! -se queja el gato mientras la chica salta entre lianas y piedras derruidas, hasta pasar al pequeño mausoleo del patio en que se haya la espada clavada en la roca, toda cubierta de enredaderas. Una sonrisa acompaña el rostro de la rubia cuando ve aquella espada.

-Lo es pero voy a hacerlo, aunque para eso necesito una espada y esta parece perfecta, no creo que nadie la haya reclamado en años. -comenta la rubia, caminando directo al bloque de roca.

-¡Usagi! -la voz de Luna se corta en su garganta, de pronto el gato negro se queda en silencio del reproche que iba a hacer a la jovencita, meditando en su interior si no era esa quizá una señal del destino, y en lugar de impedirle que se acerque, se queda sobre una de las columnas derrumbadas del lugar, observando todo. -Lady Danna… ¿Será que así debe ser? ¿Será que esta lista al fin? -ora el gato negro, mirando todo con atención.

Usagi camina con cuidado hasta acercarse lo suficiente a la espada enterrada en la roca, con sus ojos azules fijos en esta, sin explicarse el cúmulo de emociones que la invaden, conforme se va acercando y alargando su mano a la empuñadura de la espada que toca. Una luz fuerte sale de la espada, una luz brillante, que curiosamente no encandila a la rubia, solo se va extendiendo en forma de haz de luz alrededor de ella. Asustada, Usagi quita su mano de la espada.

-¡¿Qué pasa?! -da dos pasos atrás la jovencita rubia. El gato mira todo asombrada.

-¡Era cierto! ¡Está lista! ¡Diosa de la Luna, Gracias! -conmovido el felino negro. Usagi pasa saliva y mira como la luz va desapareciendo luego de que ella soltó la espada y tiene muchas ganas de salir corriendo de ese lugar, pero luego recuerda su situación.

-¡No me importan las luces! ¡Necesito esa espada! -dice y decidida toma con ambas manos la empuñadura de la espada y la jala con fuerza hacia arriba. Al momento, las luces se hacen más intensas, llenando toda aquella parte del derruido palacio y la joven rubia logra sacar con facilidad la espada de la piedra, empuñándola con ambas manos y alzándola. Usagi no se ha dado cuenta de que al hacer esto, su cabello ha adquirido un tono plateado por unos segundos ni que en su frente brilla el emblema de la media luna y solo mira atenta la espada enmohecida que tiene en sus manos.

Luna sigue paralizada sobre la columna derruida, mirando asombrada aquel milagro. La jovencita rubia respira agitada y camina lejos de la roca con la espada en su mano y conforme las luces desaparecen, su cabello vuelve a su color rubio y la marca en su frente se borra.

-¡Vámonos de aquí, Luna! -grita Usagi y corre de regreso a donde ha dejado su montura, jalando un manto café para envolver la espada y subir en el caballo, pero, aunque mira en todos lados, no encuentra al gato. -¡Luna! ¡Luna date prisa porque debo regresar al torneo! ¡Luna! -la llama Usagi pero como no logra ver al gato y su miedo por no llegar a tiempo es mucho, termina por espolear su caballo para regresar a todo galope al lugar del torneo, corriendo por el puente levadizo y dirigiendo su montura hacia la zona de la arena a toda velocidad.

Usagi cabalga por la zona de las tiendas de armas de los nobles y deja su caballo afuera de la tienda de Antor, para luego saltar al suelo, con la espada envuelta en su manto café, y regresar a la zona del torneo, donde la gente aclama emocionada por la batalla que se desarrolla. Usagi se abre paso con dificultad entre la gente, hasta acercarse a los "Demonios del Sur", que miraban emocionados la pelea de su líder, quien luchaba con su espada contra la lanza de una ya muy agotada y herida Lady Ami Gawain. La rubia mira al gigante calvo, a las chicas cuervo y a los guerreros gritar felices, porque Lady Lancelot ha derribado al suelo a Lady Gawain, pero esta vez Usagi no se une al júbilo por la evidente victoria de su heroína y protectora, porque con ojos ansiosos busca al canoso guerrero de Benwick, hasta que lo descubre parado con sus brazos cruzados al final de la fila de los guerreros del Sur, y se dirige a él, jalando su ropa.

-¡Señor Volke! ¡Señor Volke! -dice la chica logrando la atención del ex canciller de Benwick, que la mira al fin.

-Señorita Usagi… -dice éste quitando la atención de la pelea de su señora.

-Tengo la espada… ¿Puede verla y decirme si está bien para el juramento? -inquiere ella. El canoso caballero asiente y toma el envoltorio de tela café que la adolescente rubia le alarga, abriéndola con cuidado y tomando en su fuerte mano el mango de la espada, que sostiene en alto. Usagi mira todo, atenta y con el corazón golpeando su pecho, esperando el veredicto del guerrero. -Está algo vieja y oxidada… pero creo que bastará…

-¡Gracias a la Diosa! Tenía miedo de que no fuera buena… -aliviada Usagi.

-Parece una espada muy especial, quizá si la limpiamos un poco… -comenta Volke y usando la misma tela café de la capa de Usagi, la pasa con fuerza por el filo de la espada, restregándola un momento, aunque ante sus asombrados ojos puede ver que en vez de metal, aparece un extraño material casi transparente como si fuera… cristal… asombrado por lo que ve, limpia con más fuerza y en el filo de la espada puede ver perfectamente unas letras en dorado: -"Esta es la inscripción de la Esperanza: Quien esta espada sacare…" -Volke detiene su lectura y mira aterrado a Usagi, quien abre los ojos, asustada de la reacción que adivina en el guerrero. Éste la toma del brazo. -¿De dónde sacaste esta espada? -pregunta incisivo.

-Yo… es que yo… -duda aterrada la adolescente rubia.

-¡Niña! ¡De dónde la sacaste! -insiste Volke.

-¡Le juro que no fue un robo! ¡Estaba en el castillo en ruinas clavada en una roca! ¡No pensé que fuera malo ni que tuviera dueño! -gimotea Usagi espantadísima y con los ojos cristalinos.

-¿Del Palacio Dorado? ¿La espada de la roca? ¡Tú! -duda Volke. -¡Imposible! ¡Imposible! -grita el guerrero con una sonrisa que Usagi no comprende y con la chica, casi jalando, llega a donde está el gigante calvo. -Ursus… ¡Ursus! -lo llama y este de mal talante escucha a su compañero, perdiendo atención en la pelea.

-¿Qué demonios quieres? ¿No ves que nuestra señora va a pedir la rendición de Lady Gawain? -se queja el gigante. Volke, sin responderle nada, le muestra la inscripción de la espada y el gigante abre desmesurados ojos. -¿Quién?

-La señorita Usagi. -dice Volke. La rubia mira a uno y otro hombre sin entender por qué la conmoción. -ayúdame a llegar con ella al estrado, Lord Nimue tiene que saber… todos deben saber…

-¡No señor Volke, se lo suplico! -gime la rubia. -¡No le diga a nadie! ¡Le juro que no quería robarla! -con lágrimas en los ojos la adolescente rubia, pero ninguno de los dos hombres la oye y el gigante casi la carga por los hombros, caminando tras Volke, que se abre paso hacia el estrado del concejo de Camelot. En la arena, la joven de cabello azul mira a su contrincante con altivez, pero demasiado herida y se detiene de su lanza para no volver a caer, pero la sangre sale de diferentes puntos de su armadura.

-Acabemos esto, Lady Gawain, no lo haga más difícil y ríndase. -pide la pelinegra. -ha peleado con honor y habilidad… incluso hirió mi hombro… pero esto ya se terminó. -dice Lady Lancelot.

-¡Nunca! ¡No me rendiré! -con valor la chica de corto cabello azul. El guerrero canoso y el gigante que carga a la rubia, llegan al estrado y suben en éste, llegando junto a Artemis que observa la pelea. Volke se hinca delante del mago y con él, Ursus.

-¡Que significa esta intromisión! -se alarma uno de los ancianos.

-¡Lord Nimue! ¡Señor! ¡Perdone la interrupción, pero debe detener el torneo! -pide el canoso guerrero del Sur y Artemis lo mira asombrado.

-Volke… ¿A qué viene semejante petición? -pregunta el hechicero mirando al gigante calvo y a la rubia a quien su hija ayudaba.

-Señor… mire Usted mismo. -dice Volke y presenta delante de Artemis la espada. El mago, incrédulo, se levanta del trono y se acerca al guerrero tocando la espada.

-¡Imposible! ¡Inaudito! -asombradísimo el mago. Usagi sigue aterrada, cada detalle de aquella escena sin poder deshacerse del férreo agarre de Ursus en sus brazos. -"Esta es la inscripción de la Esperanza: Quien esta espada sacare, será por derecho soberano de Albión, heredero del legado Pendragon y Digno descendiente de la Diosa". -lee Artemis aquellas palabras. Los ancianos del concejo comienzan a murmurar y a balbucear y algunos caen de rodillas, llorando. El mago, con sus ojos llenos de lágrimas y emoción evidente, mira al guerrero canoso y luego a Usagi. -¿Es ella? -pregunta el mago. Volke asiente.

-Así es señor… es ella. -dice al fin. Los ojos de verde profundo del mago se clavan en los de la llorosa jovencita.

-¡No quise robarla! ¡Le juro que no sabía! -gime Usagi, pero el mago, lleno de emoción, camina delante y ordena que toquen las trompetas. Todo el estrado guarda silencio y las guerreras detienen su batalla. Todo mundo en la arena cree que el mago va a detener el combate ante el lamentable estado de Lady Gawain. Rei guarda su espada y espera el veredicto.

-¡Pueblo de Camelot! ¡Se suspende el torneo por la regencia! -grita Artemis y un murmullo de extrañeza se oye por toda la arena.

-¿Lord Nimue está bien de la cabeza? -duda en el estrado Haruka Bors, mirando a Setsuna y a Michiru, que se encogen de hombros.

-¡Pueblo de Camelot! ¡Hoy es el día de tu liberación! ¡La Diosa ha escuchado el clamor de su gente y ha enviado a la salvadora de Albión! ¡No hace falta seguir este torneo porque la legítima heredera de Camelot ha regresado a Ustedes! ¡Gente de Camelot! ¡Nobles de Albión! ¡Contemplad aquí a su legítima princesa! ¡La heredera Pendragon ha sacado a Excálibur de la piedra! -Artemis quita la tela que cubría la espada y la sujeta del mango, mostrándola al pueblo, que miraba todo aquello asombradísimo. Usagi, que no lograba entender ni una palabra, contempla todo, asustada. Artemis hace una seña a Ursus de que se acerque con la rubia al estrado. Para ese momento, las demás guerreras del estrado de nobles y mucha gente ya habían comenzado a invadir la arena y se amotinaban cerca del estrado, pero la guardia de Camelot había formado una valla para impedir el paso.

Ursus llegó con la rubia, sujeta de los hombros y a una señal de Artemis, la suelta. Usagi mira al hechicero asustadísima y sin saber qué hacer.

-¡Por favor Lord Nimue! ¡Tenga piedad! -llora Usagi y se lanza de rodillas a los pies del mago, sujetando su manto, pero para su sorpresa, éste se hinca junto a ella y la levanta de los hombros, negando con la cabeza y mirándola sonriente.

-No haga eso, su majestad, por favor… quien debe arrodillarse soy yo… -Usagi lo mira desconcertada de que la llame de esa manera. -por favor… sujete la espada… -pide el mago, ofreciéndole esta. La chica no sabe qué hacer, hasta que el mago mismo toma la mano temblorosa de la jovencita y la coloca, él mismo, sobre la espada.

De nuevo las luces en forma de haz que salieron cuando sacó la espada de la roca, escapan de ésta y van envolviendo a la rubia ante las exclamaciones de asombro de toda la multitud.

-¡Increíble! ¡Es la heredera! -dice la gente asombrada de aquel prodigio. La luz que sale de la espada que ahora Usagi sujeta en alto, ha hecho que de nuevo el cabello de la adolescente rubia se torne plateado y la inconfundible marca en su frente aparece, al mismo tiempo, se presenta del otro lado de Usagi, en una nube de humo morado, una hermosa mujer de largo y ondulado cabello azul, vestida de amarillo, con la misma marca de la diosa en su frente.

-¡Pueblo de Camelot! ¡Reverencia a tu Reina! -grita la mujer hincándose; Artemis y los ancianos del concejo se ponen de rodillas, y en ese momento, Usagi puede ver asombrada, como el resto del pueblo los imita y la multitud cae de rodillas delante de ella, así como todas y cada una de las herederas que ella admiraba.

-¡Viva nuestra Reina Serena Pendragon de Igraine! -grita Lady Setsuna Bádevide y el pueblo entero se une al clamor, gritando fuertes y poderosos: "VIVA". Usagi siente que su corazón late con fuerza y aun no logra entender qué es lo que pasa, hasta que sus asustados ojos se clavan en Lady Rei Lancelot, que de rodillas, la mira con una sonrisa y asiente con la cabeza.

-Yo sabía que estabas destinada a algo grande, Usa… -dice feliz, la joven de cabello negro, aplaudiendo como todo el pueblo que aclama a su nueva soberana…

NOTAS FINALES: Listo el siguiente y ahora sí, al fin, la profecía sagrada se hace realidad. De esta parte de la historia original sí hay muchas versiones, las cuales he leído, pero quise hacer la propia para comenzar ahora sí con un cambio radical en la narrativa. Ya no habrá más Usagi sino reina Serena Pendragon de Igraine y advierto que me daré el lujo de mostrar cómo es que se transforma en la maravillosa reina al igual que Arturo paso a paso.

Gracias a todos por seguir la historia y darse una vueltita por mi imaginación. Agradezco a mi editora Susy Genbu a quien curiosamente en este fic le encanta Mina Tristán y como mega fan del caballero del arpa está satisfecha con el papel de Minako lo cual me alegra mucho. Es una pena que se acabe el torneo pero vienen cosas mejores, conociéndome saben que batallas y acción no van a faltar…así que…¡Nos vemos en dos semanas!

ATTE: LEONOR DE EBOLI.