Los exámenes previos a la navidad, no fueron de mucha dificultad para los cuatro amigos. Lo importante era, ahora, que tendrían tres semanas para ir con sus familias.

Michelle llegó al gran salón, en donde no había llegado ninguno de sus tres mejores amigos. Y decidió esperarlos ahí. Después de todo, los cuatro habían decidido visitar a sus respectivas familias para navidad. Además de concordar en juntarse un día como niños normales, fuera de lo que es Hogwarts.

Mientras esperaba en el gran salón, tres niños y una niña de Slytherin se acercaron a la joven.

—Miren —dijo la niña en tono sarcástico—, es la gran ganadora del concurso de magia. Basura de sangre sucia.

Lucas apareció del otro lado del salón y observó la situación.

"¿Debo intervenir?"

Michelle quedó anonadada por la agresividad de la joven y tardó en responder.

—Miren —agregó uno de los jóvenes—. No se ve tan fuerte ahora que no está con su amiga. Supongo que una ridícula muggle no podría haber ganado por su cuenta.

—¡Basta imbéciles! —gritó Michelle con efusividad.

Los cuatro rodearon a la joven Mercier.

Uno de los niños le enrolló su varita en el pelo y ella se soltó con fuerza.

"No debo llorar".

Se repetía en su mente.

Otro la acosaba con la varita en la cara y Michelle sacó la suya, pero los cuatro la apuntaban.

—Vamos —manifestó con tono de desprecio otro de los niños—, roñosa muggle.

—Defiéndete —volvió a hablar la niña de Slytherin—, a ver si sirves para algo más que para peinarte ese pelo asqueroso. Y le tomó el cabello con dureza.

Michelle gritó y trató de zafarse.

—¡Expelliarmus!

La varita de uno de los niños voló por el aire.

—Tú eres de sangre limpia —exclamó el niño al que le habían volado la varita de las manos—. ¿Por qué defiendes a esta …?

—Petrificus totalus —manifestó Lucas antes de que el joven termine su insulto, dejándolo petrificado. —Lávate la boca antes de insultar—.

A todo esto, Michelle aprovechó la distracción de los dos varones de Slytherin y se soltó con fuerza de la niña.

—Expelliarmus —dijo Michelle—. Y la varita de la joven Slytherin salió despedida.

Los otros dos se quedaron perplejos.

—Ya nos la van a pagar —dijo uno de ellos sin mucha convicción.

—Uhhh —respondió Lucas de manera irónica y sonriendo—. Y supongo que debemos de estar asustados, de cuatro cobardes que necesitan ese número para molestar a una sola persona.

Los Slytherin tomaron a su compañero petrificado y huyeron del lugar.

—¿Estás bien? —consultó Lucas a Michelle.

—Sí, gracias.

—Ven —dijo Lucas con aprecio en su voz—, te invito un té, que te hará sentir mejor.

Michelle tenía los ojos un poco llorosos, pero manifestando cierta alegría.

—Creo que el té te lo voy a ofrecer yo.

Lucas miró extrañado.

—Un té "agradezco" —manifestó la joven y ambos se abrazaron por unos segundos.

Esto parecía poner fin por siempre al tema "muggles" que los había tenido ocupados algunas veces.

Diez minutos después llegaron Bruno y Alexandra y se enteraron de lo sucedido.

Pero ya era pasado. Partían hacia sus hogares y todos estaban muy contentos.

Luego de subir al hermoso tren, consiguieron un compartimiento para los cuatro. Y conversaron hasta más no poder.

Todos coincidían en que los compañeros de sus respectivas casas, no entendían como eran tan amigos siendo de diferentes equipos.

—Creo que somos un grupo de inadaptados en Hogwarts —comentó Bruno.

—Me gusta como suena eso —agregó Alexandra.

Todos rieron. Pronto estarían en casa.