DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.

La historia en la que se utilizan, es de mi autoría, y no permitir el uso indebido de ella...

ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)

O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O

Esta vez la posion de Koyama había funcionado en Naraku, de cierto modo.

Su fuerza había aumentado, aunque no del todo, pues no había podido comunicarse con el espíritu Magatsuhi, dentro de la perla, pero si había podido crear alguno esbirros, que le ayudarían a cazar a otros youkais, para alimentarse y aumentar su fuerza, pues su siguiente punto en el plan, era apoderarse del Este o del Clan Ookami, pues necesitaba acceso a las fronteras de Sesshomaru, y ni el Norte, ni el Sur, eran los caminos más viables para luchar.

Tenían en su mano, el veneno de Ikki Koyama, para el que no necesitaría desperdiciar su precaria salud, y ese sería un punto que obrará en su favor.

No dejaba de pensar en el terrible sueño que había tenido, con la bruja de Rakuen no ippen, Himiko el Oráculo.

No quería tener miedo, pero no dejaba de admitir, que los Bushi no Yoru, eran guerreros fuertes, y que si no hubiera sido por las pócimas de Ikki Koyama y el veneno que de cierto modo anulaba sus fuerzas, él no hubiera podido hacer mucho.

El viejo Shogun había estado a punto de paralizarlo, el hijo de este también, hiriendolo en el intento, al igual que el viejo guerrero que lo había tomado por sorpresa.

Kagome y su compañera de armas, también estuvieron a un paso de derrotarlo, su única ventaja había sido el factor sorpresa y su alianza con el bastardo Traidor de Koyama.

Lo odiaba.

Odiaba estar en sus manos, contar con él para su salud, haber contado con él para su rescate.

Sabía que lo traicionaria, si él fuera Ikki, lo haría… entre ratas se conocen las colas.

Deseaba contar de nuevo con la ayuda de Kanna y su espejo, pero aunque era con la que más había contado, al final había sido traicionado por ella, pues jamás le perdonó haber acabado con Kagura.

Byakuya, hasta ese momento había sido un fiel sirviente, pero algo lo inquietaba.

No sabía que era.

*OO*O*O*O*O*O*O*O*O*O*

En el Palacio del Oeste, todos dormían con tranquilidad, después de las vicisitudes del día.

Sango y Miroku en su habitación, sé habían estado acariciando, mientras platicaban y hacían planes para proteger a Kagome de ahí en adelante, pues aunque su fuerza estaba en su máximo nivel, corría el riesgo de ser atrapada por Naraku.

_ Ya Sango, deja de preocuparte… la ventaja que tenemos en este momento, es que probablemente Naraku este débil y escondido, a lo que nos contó la señorita Kagome, bueno, Lady Kagome, es que su reiki intentara corromperlo, así como el poder de Bakusaiga, ya sabes, la tecnica que aprendio, inspirada en el poder de Sesshomaru sama.

_ Es que es como mi hermana…

Y Miroku la abrazo, pues eran pocas, las veces que su amada Sango se mostraba tan vulnerable.

_ Es como mi hermana también. No te preocupes, yo entiendo…

*O*O*

Yumeko no había podido dormir, y en silencio había salido al balcón a contemplar la noche.

"¿Cómo sería la madre de Inuyasha?"

Desde que le había dicho que su madre tocaba el Koto, no había dejado de pensar en ello, pues tampoco había dejado de pensar en la suya, o en su padre o su hermana.

Suspiraba triste, recargada en la baranda de piedra y madera, totalmente confiada, sin darse cuenta de que estaba siendo vigilada en ese momento por Inuyasha.

_ Si sigues suspirando, sé te va a escapar la felicidad… o al menos eso dice siempre Kagome…

_ Yasha kun, me haz sorprendido…

_ ¡Keh!¡no sabía que sé podía sorprender a una Onna Senshi no Yoru

Yumeko lo miró sonriendo con malicia.

_ No te creas mucho, Yasha kun, ha quedado demostrado que te puedo vencer en cualquier momento…

Inuyasha sé recargo con los brazos cruzados en su cabeza, y sonrió también, de esa manera prepotente que solo él sabía.

Yumeko volteo de manera rápida, lanzado un puñetazo a su rostro, que él esquivo de manera rápida, saltando hacia atrás, soltando una suave carcajada burlándose de ella, mientras Yumeko también reía persiguiendolo, saltando tras él.

Cuando estuvo a punto de atraparlo, Inuyasha salto, dando una voltereta sobre ella apoyándose con suavidad sobre su cabeza, tomando entre sus dedos un suave mechón rubio de su largo cabello, sin jalarlo, incluso sin que se diera cuenta.

Yumeko se anticipó a sus movimientos, y lo tomó de sus ropas, abrazándose a su cuello.

_ ¿Te rindes?...

_ ¡Jamas…!

Su interior se removía, y algo oscuro en su mente, se divertía con ella, pero pidiéndole que la sometiera al mismo.

La jalo de su brazo, y con fuerza, la hizo ponerse frente a él, arrinconando contra la baranda.

El rostro de Yumeko estaba sonrojado y el verde de sus ojos brillaban a pesar de lucir oscuros en la noche.

El rostro de Inuyasha estaba serio, borrando de él cualquier rastro infantil que siempre lo caracterizaba.

Sus ojos dorados, digno heredero de su sangre, no podían apartar la mirada de ella.

Los pequeños labios de ella, como un pequeño capullo de rosa, temblaban ligeramente, expectantes, mientras que él no podía quitarles la vista de encima, acercándose poco a poco a ellos, cerrando los Yumeko, rendida a los fuertes latidos de su corazón.

Inuyasha solo sentía el aroma a lavanda, y sin siquiera pensarlo demasiado, se abrazó a su cuerpo uniendo sus labios a los de ella.

Y ambos por primera vez, en mucho tiempo, no sintieron el peso en el corazón, que sus antiguos amores habían marcado con dolor y fuego en sus almas.

Kikyo y Yuuki sempai, podían descansar en paz, al fin el hilo rojo del destino, se había desenredado y había seguido el curso que debía de seguir, pues al fin ellos dos se habían encontrado.

_ Yumeko san, y-yo…

Yumeko lo miraba preocupada, pues temía que a ella también la rechazara cómo hizo alguna vez con Kagome, por el recuerdo de su difunto amor.

Pero, ¿y ella?... al fin había dejado atrás, el dolor por la pérdida de Yuuki sempai, al fin podía seguir adelante.

Ella bajó la mirada, esperando las palabras que no quería escuchar.

_ Yumeko… tu me gustas… me gustas mucho Yumeko sanOnegai, permíteme el honor de cortejarte…

La Onna estaba roja de la sorpresa y con los abiertos de la impresión, Inuyasha Taisho, la quería cortejar.

Yasha kun, estaba enamorado de ella.

_ Tu también me gustas, Yasha kun. Acepto ser tu cortejada…

Tres balcones más alejados, Irasue escuchaba la plática entre los dos…

_ Touga san, ahora tus hijos están haciendo sus vidas… ¿me gustarias saber si eres feliz también en el más allá?... Izayoi, ojala tu también lo seas…

*O*O*O*

El alba, pintaba todo de un tenue color rosado.

El agua del mar, quieta como un espejo, refleja los tonos del amanecer.

Sesshomaru se había quedado dormido, después de observarla descansar durante un tiempo, comprobando antes, que el flujo de energía de Kagome mantuviera la barrera que los cubría a ambos.

Cuando el cielo, se empezó a teñir de los colores del amanecer, Kagome despertó suavemente, sintiendo el brazo de Sesshomaru cruzar por su cintura, respirando suave y profundamente, dormido al lado de ella.

Abrió los ojos con suavidad, admirada del rostro lleno de paz de su amado Sesshomaru.

No había arrogancia en sus gestos, ni pasión, ni furia, solo la paz de quien se duerme sin temor a nada.

Su cabello brillaba con los reflejos de la mañana y su piel pálida, apetitosa y pálida, dispuesta para ella.

No podía creer que estuviera unida a él, que fuera conocida en su mundo cómo su esposa, no podía evitar pensar en su abuelo Taiga y en cómo este intentaría purificarlo si no se casaban también por las leyes humanas

Le emocionaba saber que pronto vería a su madre, y le presentaria al hombre que amaba, bueno al youkai.

Sé acurrucaba al cuerpo tibio de él, sonriendo emocionada, imaginando mil escenarios, pues también estaba contenta de al fin poder llevar a sus amigos al futuros y presentarles a su madre, que siempre había tenido muchísimas ganas de conocerlos.

Pensó en su padre, y de repente recordó que él estaba vivo al lado de su familia, y sonrió con ternura, tenía muchas ganas de abrazarlo y pedirle perdón por haber dejado que Naraku se cruzara en sus vidas.

Miro a Sesshomaru y se preguntó si podría llevarse bien con su padre, con su familia.

Acarició su largo cabello de plata, acomodando un mechón que cruzaba su hermoso rostro, y sin poderlo evitar acarició las líneas de su rostro, las formas de sus ojos, su nariz, sus labios, que en ese instante, sorprendiendola, atrapó el pequeño dedo travieso que lo había despertado.

_ Buenos días, mi Señor…

¡Sé escuchaban tan bien sus palabras saliendo de los rosados labios de ella!...

_ Buenos días, esposa…

Y se abrazaron fuertemente, besándose con amor, emocionados por sus primeras palabras de casados.

_ Me muero por tomarte de nuevo, y hacerte mia otra vez, pero debemos regresar al Palacio, continuar con esta farsa y fingir que salimos en busca de Naraku para poder completar nuestra unión.

_ Pero si tenemos que salir en busca de Naraku…

_ No creo que haya necesidad de eso, él vendrá a buscarnos… ahorita lo que importa, es que vayamos con tu familia, te reunas con tu padre y lo pongamos al tanto de todo, pues lo más probable es que quiera venir con nosotros…

Sesshomaru de repente se detuvo en sus caricias, mirándola fijamente a los ojos, con un leve destello de sorpresa en su mirada.

_ ¿Qué pasa? ¿sentiste algo?...

_ Tu cuerpo… tu cicatriz…

Ambos observaron, y donde antes hubiera piel maltratada y cicatrices de batallas, ahora se encontraba piel nívea e impoluta, del mismo tono de alabastro que el resto.

_ Creo que al fin se ha roto el sello de mí alma… definitivamente, necesitamos ver a mi padre cuanto antes…

Sesshomaru continuaba acariciando con sus garras la suave piel, dispuesta para él.

_ ¿Te gusto más así?...

El rostro de Kagome estaba rojo de vergüenza, mientras le hacía esa pregunta.

_ No, me sigues gustando igual, y te sigo deseando de la misma manera. Tus cicatrices solo contaban una historia de tu vida. ¿Yo te gusto más con dos brazos?...

_ De hecho, llamabas mi atención antes de recuperarlo, cuando comencé a notar ese cambio en tu persona. El que tengas tus dos brazos solo demuestra la grandeza de tu alma.

Se besaron de nuevo, tratando de dejar malos recuerdos atrás, no querían recordar esos tiempos, en que él parecía odiarla a ella, y en el que ella, pensaba amar a otro.

Ahora ambos estaban juntos y eso era lo importante.

Sesshomaru no pudo evitar bajar por sus mejillas hasta su cuello, donde estaba esa marca que la noche anterior le había hecho, y la lamió hambriento, limpiando y sanando cualquier indicio de herida.

Ella se repego a su cuerpo, buscando más contacto más calor de su cuerpo, abrazándose al cuello, buscando con sus labios su piel, que ansiaba saborear también.

_ Sesshomaru… y-yo… yo te deseo…

Él la miró a los ojos, con esa mirada profunda y cálida, que era solo para ella, y sonrió, levemente, tiernamente.

_ Yo también te deseo, koi…

Y se recostó sobre su cuerpo, aprisionando en sus brazos, lamiendo cada breve espacio de su cuerpo…

Las pequeñas y cálidas manos de ella, volaban por su cuerpo, ávidas y deseosas de conocerlo a él también.

La humedad entre sus piernas era apremiante, y la respiración entrecortada le indicaba lo mucho que lo deseaba dentro de ella.

Sesshomaru sentía su piel transpirar de calor abrazador que sentía en su cuerpo, la quería tomar ya, quería volver a hundirse en su cuerpo, y sin embargo era consciente, de que una segunda vez también era dolorosa.

Bajo entre sus pechos, bajando por la línea de su vientre, hasta su zona íntima y probó su esencia, perdiéndose en su cuerpo, orgulloso de su aroma en ella, atacando con su lengua el cúmulo de terminaciones nerviosas que hacían suspirar y gemir ruidosamente a la Miko entre sus brazos.

_ ¡Sesshomaruuu aaahhh!

Y arqueaba su espalda, buscando desesperada que su lengua atacará con más fuerza, casi devorandola.

Estaba a punto de un orgasmo, pero no sé quería quedar atrás, y con fuerza y rapidez, lo derribó sobre el lecho que había proveído para su primera noche juntos.

Sesshomaru sabía lo que venía, lo había disfrutado mucho la madrugada anterior, y se dejó amar, viendo a su hembra saborearlo de arriba a abajo, besando sus fuertes músculos, siguiendo el camino que sus marcas de nacimientos indicaban, paseandose por todo su cuerpo, haciéndolo gemir, suspirar, erizarse, conocer nuevos lugares donde los labios de su amada Kagome, despertaban sensaciones desconocidas, hasta entonces para él.

Sin avisarle, tomó el miembro inflamado, a punto de explotar, y lo introdujo en su húmeda y caliente boca, saboreandolo, sintiendo el salado sabor que su intimidad había dejado marcado en él, la noche anterior.

Lo lamió de arriba a abajo, saboreandolo, haciéndolo sufrir, elevandolo al cielo del que no quería bajar jamás.

Un gruñido gutural salió de su garganta, antes de tomarla de la cintura y alzarla para sentarla sobre él, penetrándola lentamente, siseando ambos de placer, sintiendo sus corazones palpitar dentro de ellos con fuerza, gritando el nombre de ambos, mientras él le enseñaba la manera de montarlo, guiándose ella por el instinto, gozando ambos, mirando sus rostros sonrojados y sudorosos, extasiados con las hermosas imágenes de cuerpos entregados al placer de ambos.

Kagome sentía que iba a explotar, pero antes de que esto sucediera, él la acomodó en posición de cuatro, en la posición del instinto, alzando sus caderas, guiandola para que descansara su peso en sus hombros y quedará expuesta por completo para él.

Ella sentía la sangre hervir dentro de su cuerpo, queriendo gritar que la tomara de una maldita vez y la llevara a ese lugar que solo había conocido con él.

Sesshomaru se sostuvo de sus redondas caderas, acariciando sus piernas, besando su espalda, mientras la volvía a tomar poco a poco, mientras Kagome gemía desesperada con una terrible desazón entre sus piernas.

El ritmo iba aumentando frenéticamente, ambos gimiendo, gritando, pidiendo mas…

Sintió su vientre tensarse, las paredes de su interior contraerse, la humedad en un punto máximo y una sensación aumentar en su cuerpo a punto de llegar al clímax.

Sesshomaru sentía su miembro más apretado dentro de ella, entrando y saliendo de su cuerpo, sintiendo una leve succión que lo volvía loco, sus manos ancladas en sus caderas, casi dañando su nueva piel con sus garras, pero al parecer sin que ambos se percataran, por la pasión sentida.

Sintió el cuerpo de ella reaccionar ante el clímax que ambos estaban alcanzando, gimiendo con fuerza, inclinándose contra su espalda, sosteniendo entre sus colmillos la anterior herida de su cuello, mordiendo de nuevo, mientras ambos se abandonaron a las sensaciones que los golpean con fuerza, sintiendo cómo un orgamo atronador los recorria de celula en celula.

Kagome se deja caer sobre su vientre, mientras él lamía con infinita ternura, la herida de su cuello, sanando la piel con las propiedades de su saliva, limpiando cualquier rastro de sangre, incluyendo los de su cadera, de donde se había sujetado con pasión.

_ Fue… uufff… fue genial, mi amor…

Él beso la punta de la nariz mientras la levantaba en brazos y se dirigía con ella, al riachuelo de agua dulce que desembocaba en el mar, pues además de beber agua, necesitaban ambos tomar un baño y alimentarse con algo.

Ella sentía sus piernas temblar, en cuanto la dejo en el suelo, pero Sesshomaru no la soltaba, mirando a sus ojos en silencio, disfrutando de la familiaridad que iba creciendo poco a poco entre ellos.

"Familia".

Ahora ella era su familia, ya no estaría solo a través de los años, acompañado solo de sus sirvientes, ahora estaría ella con él.

Kagome se abrazó a él, no podía creer que su esposo fuera Sesshomaru Taisho, Lord Sesshomaru.

¿Cómo serían el resto de sus hijos? ¿tendrían su cabello o el de él? ¿se parecerían a Inuyasha?...

Lo veía cortar frutas, solo con con su hakama cayendo por sus desnudas caderas, mientras ella continuaba dentro de la fresca agua, lavando su cuerpo, soñando con ambos.

Ella quería que Shippo y Rin fueran considerados su hijos, no solo sus protegidos.

_ ¿Qué piensas?...

_ En nuestros hijos, en Rin y Shippo y en los que vendrán. Quisiera que los adoptaramos y tuvieran los mismo derechos que los propios.

Sesshomaru la miraba en silencio a los ojos, mientras una leve preocupacion crecia dentro de ella, ¿acaso no estaba de acuerdo?.

_ Shippo kun, fue un gran chico mientras estuvo a mi lado. Obedecía sin chistar cada orden, entrenaba con ahínco, entretenía a Rin y la cuidaba. Ambos avanzaron en sus aprendizajes, y aunque a Rin le hacías falta, jamás se quejo, estudiando y esperando con paciencia tu regreso…

Él se sentó viendo hacía el mar, con una mirada de satisfacción en el rostro, recordando los delicados bordados de su pequeña Rin, o los entrenamientos del pequeño Shippo, cuando se burlaba jurando que había soportado más cosas en su búsqueda de Naraku.

_ Me siento orgulloso de ellos, y era algo que tenía pensado desde hacía un buen tiempo, solo podía nombrarlo a él mi sucesor por ser youkai sin emparejamiento, pero le pediría, como condición, cuidar a Rin todo el tiempo, pero ahora, por estar unido a una humana, también podemos adoptar a Rin.

Kagome sintió su alma hincharse de alegría, y así desnuda como estaba, lo abrazo contenta de que sus hijos fueran de ella legalmente.

Kagome se vistió con su armadura, sobre la que puso su kimono, para ocultarla, así disimularia el aroma de su unión, quedando solo el de ella superficialmente.

Ah-Un había llegado justo en ese momento, buscandolo a ambos, pues seguramente Irasue sama, había pensado que era mejor así.

Ambos se habían besado una vez más antes de partir.

EL SUEÑO DE RIN

Un hermoso prado de flores, se extendía infinito sobre el horizonte, el sol brillaba a los alto, sin ser molesto.

Rin, con un hermoso kimono blanco, de escudos morados, escuchaba los suaves de los trinos de las aves, y se sentía feliz, pensando en hacer muchos collares de flores para todo mundo.

Estaba contenta del regreso de Kagome, la quería mucho y era feliz de que ella y Sesshomaru sama, sé quisieran y estuvieran juntos…

Un fuerte viento comenzó a arrasar con los pétalos, y ella se preguntaba con preocupación, si la seguiría amando después de todo, después de que tuvieran sus propios hijitos.

Y se abrazó a sus piernitas, mientras su cielo se nublaba y volvía a usar ese kimono viejo, y pensó de nuevo en sus padres y sus hermanos mayores, y cómo estos habían sido asesinados por ladrones.

Otra vez estaría sola, otra vez vagaba sola por el bosque, sin nadie que la amara o la protegiera.

_ ¿Rin? ¿Rin chan? hijita…

_ Mami…

_ Rin, ¿porque lloras?... pense que eras feliz…

_ Si mami, pero tengo miedo de estar sola de nuevo…

_ Kagome sama, Sesshomaru sama te protegerán… no debes temer…

_ Pero…

_ No Rin… no debes de temer…

_ Oka-san, te extraño…

_ Yo también Rin chan… no tengas miedo, yo sabré estar a tu lado… Kamisama te ha dado una gran familia.

El sol volvió a brillar con fuerza, mientras ellas estaban bajo un árbol, rodeadas de flores.

Su madre la tenía sobre su regazo, y comenzó a entonar un arrullo, acariciando su cabellos, mientras Rin sentía el cálido aroma de su seno, escuchando el vivo latido de su corazón.

_ Yo siempre estaré contigo…

Y aunque sentía el calor de su madre, la voz ahora era la de Kagome…

**O*O*O*O*O***

En el futuro, la madre de Kagome se movía por todo su hogar, haciendo espacio para las nuevas visitas, arreglando la pequeña casa de huéspedes, cerca del Templo, para poder recibir por primera vez a los amigos de su hija.

Raiko sé preguntaba, sin entender cómo su pequeña Sonomi de dulce rostro había logrado poner a Ryutaro sensei a su exclusivo servicio, moviendo, cargando y subiendo cosas, junto con el Abuelo Taiga, mientras él entrenaba con Souta sus poderes espirituales.

Pero comprendía su entusiasmo, tenía casi tres años sin ver a Kagome, pues él mismo había pasado más de una década sin ella, y sin Souta.

_ Ya pronto estará aquí, Raiko, mí hija y su familia estaran aqui…

EL SUEÑO DE SHIPPO

Esa noche había comenzado a llover, y sin saberlo Shippo, empezó a sentir, mientras dormía, el suave y fresco aroma de la tierra mojada, transportandolo en sus sueños, a través de nítidos recuerdos de tiempo atrás, cuando aún vivían sus padres…

_ Shippo kun, vayan tu y tu padre a recolectar bellotas, ese será el postre del día de hoy…

Shippo salió corriendo, fuera de la gran cueva de roca labrada, que era su hogar buscando a su padre, que hablaba con algunos miembros de la manada.

_ ¡Oto-san! ¡Oto-san!...

Corría llamándolo con una enorme alegría, que no alcanzaba a entender, cómo si no lo hubiera visto en muchísimo tiempo, sin recordar que estaba dentro de un sueño.

Su padre lo recibió en brazos, poniéndolo en brazos como antaño, y juntos se dirigieron al cercanos bosquecillo, a recolectar el pequeño antojo de su madre.

Pero mientras recolectaba las bellotas, el cielo comenzó a relampaguear, y los recuerdos de la pérdida, volvieron a su mente.

_ ¿Estas llorando Shippo?...

_ ¡Papaaa! ¡no me dejes otra vez!

_ Shippo, ¿Alguna vez te conté la historia de Sesshomaru, el Señor del Oeste?...

Y entre sueños, escuchaba aquel relato que antaño le contara, recordando cómo el hijo de Inu no Taisho, había sabido salir adelante solo, ser el Señor de sus tierras y de su gente.

Pero Shippo solo se embebió de la imagen de su padre, atesorando cada gesto, cómo no lo había hecho antes, orgulloso de él, pues durante su estancia en la Casa de la Luna, se había enterado de que su padre, además de un Jefe noble, había sido un grande y poderoso guerrero.

No supo cuándo se levantó su padre, y puso su mano en sus cabellos, rascando su cabeza cariñosamente.

_ Vamos con tu madre…

Volvió a aspirar, el olor del viento y de la tierra mojada, mientras se veía durmiendo hecho un ovillo entre sus padres, que lo protegían como antes, cuando era feliz al lado de ellos.

Sé repego más a su madre, a su padre, y en silencio rezo, para que lo cuidaran desde donde ellos estuvieran.

*O*O*O*O*

Sesshomaru y Kagome habían llegado juntos al Palacio del Oeste, aunque separados y con un semblante serio.

Y de inmediato se dirigieron a sus aposentos, pues necesitaban estar presentables para el almuerzo de despedida.

Sango, Ayame y Yumeko, de inmediato se reunieron con su amiga, preocupadas de lo que hubiera podido pasar, pero en cuanto las tres vieron el rostro sonrojado de Kagome y una pequeña sonrisa feliz, corriendo a abrazarla pues sabían sin necesidad de palabras, que ambos habían culminado su amor.

De prisa ayudaron a vestirla, después de que tomara un rápido baño. pues Yumeko tenía que ayudarle a ajustar bien su armadura de Onna senshi no Yoru, Sango a elegir un kimono apropiado y Ayame, con su olfato, lograr que oliera a ella, pero sin que el aroma de Sesshomaru en su cuerpo fuera evidente.

_ Miko sama, Okaeri nasai

Lady Irasue entró a sus aposentos, abrazándola con creible ternura.

_ Bienvenida a mi familia… tu armadura ha logrado el efecto esperado, no huelo a mí hijo en ti, aunque sugiero un par de abrazos y besos, solo para que quede impregnado superficialmente… así como el aroma de Inuyasha kun en Yumeko san…¡ jojojojo!

Todas voltearon a ver de inmediato a Yumeko, pues aunque Ayame había notado el aroma de Inuyasha en ella, pensó que había sido por la convivencia en manada.

El rostro de su amiga era un poema, bajando la vista avergonzada, después de mirarla brevemente, pensando, tal vez, que ella pudiera estar enojada por ese asunto.

_ ¡Yumeko chan!, sabía que te gustaba Inuyasha… felicidades amiga, ambos merecen ser felices juntos…

Y Kagome la abrazo, seguida de Sango que también había notado esa atracción entre ellos, y de Ayame, que al fin dejaría de escuchar pleitos tontos de Kouga con él, por Kagome.

_ Inuyasha, se parece mucho a Inu no Taisho, Touga sama, la misma sangre impulsiva y apasionada, serás muy feliz a su lado…

Kagome se quedó sorprendida escuchándola hablar así de su amigo y del padre de este, pues jamas hubiera creido que lo hiciera con esa naturalidad.

_ ¿Que te sorprende Kagome sama?... no tengo nada en contra de ellos, mi pareja fue feliz al poder encontrar a su pareja destinada, lo nuestro solo había sido una unión política, eran muchos siglos sin sentar cabeza, y le estaban exigiendo descendencia.

Izayoi era una buena mujer, algo tonta, pero buena mujer y al final sé que me pude considerar amiga de ella.

_ Irasue sama…

_ Bueno, no digas más… ve por ese par de cachorros, que al parecer debo comenzar a considerar mis nietos…

Sonrió a Kagome, enigmática como siempre, y ella contenta solo pudo responder con una reverencia, agradecida de que al menos en ese aspecto no pusiera ninguna trabas.

**O**

_ Lord Sesshomaru, ha sido una lástima el que tengan que primero seguir las tradiciones de tu raza… pero cuando la marca sea hecha, seria un honor venir a atestiguar de ello.

_ Arigato Lord Subaru… sería un honor contar con tan honorable testigo de mí union.

_ Sesshomaru sama, espere pronto nuestros presentes por la nueva Lady del Oeste…

En cuanto la comitiva avanzó, Sesshomaru ordenó a Jaken, cargar a Kirara, con la dote que llevaría a la familia de Kagome, su madre lo había arreglado para ella, pero obviamente con su supervisión final.

Valiosas piezas de oro, joyas, perlas de mar, jade, bellos kimonos masculinos y femeninos, además de porcelana y una Katana para Souta.

Esperaba que fuera lo suficiente, por el momento, ya que no podían llevar algo más grande, debido al viaje.

_ Shippo, Rin, ¿están listos? hoy los llevaré a conocer a mí madre…

Rin sé espanto cuando con su espada, Kagome abrió la Jikan geto (puerta del tiempo), pero ella la sostuvo en brazos, entonando con su garganta un suave arrullo, visto alguna vez en una película en el futuro.

La pequeña abrió los ojos, sorprendida mientras cruzaban el túnel de luz, mirando fijamente a los azules ojos de Kagome.

_ Okasan…

Dijo en un pequeño murmullo, mientras Kagome sonreía.

_ Si Rin chan, yo soy tu mamá de aquí en adelante y para siempre…

Shippo veía la escena enternecido, siguiendolas de cerca, sintiendo el aguijón de la nostalgia, recordando su sueño y la calidez de sus padres.

Y para sorpresa de todos, que eran testigo de las más inusual escena, Lord Sesshomaru, posó su mano en la pequeña cabeza del pelirrojo, revolviendo sus cabellos, rascando con sus garras suavemente.

Shippo sintió su corazón latir con alegría y su rostro enrojecer recordando también su sueño, y algo abochornado, volteo hacia arriba, esperando ver tal vez la imagen de su padre, pero con la misma admiración y respeto, y quizás hasta cariño, solo vio el rostro de Sesshomaru sama, que asentía levemente con la mirada seria, pero cargada de significado.

Shippo miró hacía el frente, viendo a su madre y a su imoto chan, su padre tenía razón en su sueño, de ahí en adelante ya no estaría solo, pues pertenecía a una muy singular y cálida familia.

Sango abrazaba a Kohaku y tomaba la mano de Miroku, feliz de ver que sus amiga y esos dos niños que tanto amaba, ahora eran su familia oficialmente.

Inuyasha miraba a su hermano, sonriendo burlonamente, pero con respeto en su mirada, pues aunque seguía siendo el mismo Culo sama, era difícil no notar el gran cambio que había estado dando desde años atrás.

"Viejo, espero que estes orgulloso de nosotros"

Pensaba Inuyasha, y tomaba la mano de Yumeko, que se sonrojaba aceptandolo.

La luz de la Jikan geto cedió, y ellos estaban en la explanada del Templo, en otro tiempo, muy diferente, los ruidos, los olores, las cosas a su alrededor.

Inuyasha ya estaba acostumbrado, pero aun así, no dejaba de admirar todo de nuevo, a través de los ojos de sus amigos y familia.

_ ¿Así que de aquí eres Miko?...

_ Si mi Lord. Bienvenido a mí tiempo…

Todos voltearon de inmediato, pues se escuchaban los gritos de una mujer acercándose con alegría…

_ ¡KAGOMEEEE!

Ella volteo también, feliz, reconociendo la voz de su madre y de su hermano, viendo cómo veían hacía ella corriendo, seguidos de su padre y de su Abuelito Taiga, y mucho más atrás Ryutaro sensei.

Sesshomaru vio a Kagome, su rostro resplandeciente de felicidad, sus ojos llenos de gruesas lágrimas y sus labios temblando en una sonrisa de incredulidad.

Ella era feliz, y Él se sintió emocionado al ver su felicidad reflejada en el rostro.

Y le dio un leve empujoncito, pues al parecer había quedado congelada en su lugar.

_ ¡MAMAAA, PAPAAAA!

Llegó junto a ellos, y los abarcó a todos en un fuerte abrazo, fundiéndose en el amor de la espera, al fin estaba Kagome con ellos.

_ Tadaima…

Decía Kagome entre lágrimas, feliz de estar junto con Souta, entre los brazos de sus padres y su abuelito…

_ Okaeri nasai, nee chan…

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Dedicado a mi familia…

Espero que les haya gustado este capitulo, algo emotivo, pero no por eso, menos especial…

Gracias por todos sus comentarios… y espero que se animen a leer mis otras historias, además de una nueva, que está en proceso de elaboración y publicare un primer capítulo muy pronto…

Ya saben mis costumbre es actualizar una vez por semana o maximo quince días…

Y bueno, aunque no sea gramaticalmente correcto (y realmente no me importa), un "Hola" en muchos idiomas y además…

Un abrazo supercalifragilisticuespialidoso, hasta donde estén…

Gracias por continuar leyendo…

YOI MINO ;)