Marinette continuaba yendo al supermercado, le gustaba mucho acompañar a su madre a ese lugar. La verdad era que sentía que el supermercado era su segunda cada, las personas que trabajan en ese lugar eran increíbles, eran muy buenas y era agradable conversar con ellas.
Antes la azabache adoraba pasar tiempo con Adrien. A pesar de ser un chico un tanto molesto (debido a sus piquetes), era una buena persona. Solo que desde que no se veían, Marinette había formado una gran amistad con Luka, el cajero. Cada vez que acompañaba a su madre, Marinette en secreto pedía que Sabine fuese a la caja de Luka, para poder conversar aunque sea solo por un rato con él.
Eso había sucedido el miércoles. Ambas mujeres fueron al supermercado, realizaron las compras correspondientes y luego, como por arte de magia Sabine eligió la caja de Luka.
—¡Hola, tú! —Luka saludó a Marinette de un modo bastante animado, eso hizo feliz a la chica —. ¿Cómo has estado?
—Mejor, gracias. ¿Y tú?
Marinette había tenido un esguince. Su eterna torpeza le había jugado en contra y su mano fue la víctima de las circunstancias, todo eso sucedió en el colegio, en deportes. Al menos ya estaba mejor, después de una larga y muy aburrida semana de reposo.
—Te mejoras tú y me enfermo yo. Estoy resfriado —se notaba algo distinto en su voz, solo que Marinette no se había percatado hasta ahora.
—Es cierto, tienes voz de locutor —opinó Sabine —. ¿No tomas nada para el resfriado?
Luka respondió algo, realmente no era tan importante. En un momento, le avisó a Sabine que no había pesado bien los tomates, por lo que Sabine fue corriendo a pesar bien los tomates, y ellos se quedaron solos.
—¿Entonces tengo voz de locutor? —preguntó Luka a modo de juego.
—Sí, suena lindo —su voz sonaba seductora, pero Marinette no le diría eso en voz alta, sonaría mal —. Claro que ahora no me puedes cantar la canción de Pokémon —se burló ella.
Luka rió. Abrió un paquete de papas fritas y le ofreció un poco a Marinette. Marinette lo observó, él se dio cuenta y le dedicó una sonrisa. Pero ella se dio cuenta de que tenía cara de resfriado, se veía decaído, estornudaba y sus manos podían estar pegajosas o algo similar. Sería una tontería comer una papa frita de ese paquete.
—No, muchas gracias. Comí helado —Luka la miró con sorpresa. No era normal que una persona rechazara papas fritas, todos las amaban, eso era obvio —. ¡Hablando de Pokémon, mira! —cambió de tema rápidamente, tenía que actuar.
Hace poco había comprado una tarjeta de Pikachu. La sacó de su cartera y se la mostró a Luka. Él la miró y sus ojos se abrieron bastante.
—¡Es muy bonita! —exclamó.
—Gracias —sonrió ella y la guardó. No quería que Luka la tocará con sus manos pegajosas.
—Hoy me quedó hasta el cierre, más o menos hasta las once. Sería genial que te quedarás conmigo, me aburro solo —comentó Luka.
—Si pudiera lo haría, pero me aburro parada —bromeó ella. La verdad es que no esperaba un comentario así, eso fue una total sorpresa.
—Te prestaría una silla.
Sabine apareció. Marinette bromeó: —¡Pensé que no volverías!
Sabine pagó y comenzó a organizar las cosas en el carro. Marinette se había quedado parada ahí. Un guardia apareció y le obstruyó el paso a la adolescente.
—Pero... ¡me tengo que ir! —le dijo ella al guardia, lo conocía, sabía que era bromista.
—No te vas, te quedas aquí —le respondió él.
—¡Bien! —celebró Luka.
Marinette se iba a cruzar de brazos, hasta que notó que el guardia dejó descuidada su radio. Ella aprovechó la situación y la tomó entre sus manos.
—Bueno, si me quedó, me quedó con su radio —dijo ella. La hizo girar, estaba tratando de ver cómo diablos funcionaba esa cosa. Pero no lo supo —. Disculpe, ¿cómo funciona? —preguntó.
—Solo tienes que apretar esto —apretó un botón que era bastante pequeño —. Y luego hablas. Si quieres habla —le restó importancia.
—Mm... podría meterme en problemas, mejor no —y gracias a que el guardia se descuidó, ella se fue dando saltos. Se despidió de su amigo Luka y también del guardia.
Definitivamente, ese miércoles había sido muy divertido para ella.
