Chicas! Con este capítulo llegamos, oficialmente, al ecuador del fanfic! Dios, que rápido se me ha pasado... :O Por cierto, me habéis preguntado que es "cachondeito"! Muchas veces se me olvida que, si uso palabras muy coloquiales, no todos las entendemos! :) Pues, para las que no sean de España, significa algo así como chanza, burla, broma, algo así... :) Todas las dudas semejantes que tengáis no dudéis nunca en preguntármelas, eh?
Por cierto, os he dicho alguna vez que me encantan las propuestas musicales (no las matrimoniales o romanticas, que no sé que le parecerían a mi Regina XD) que hacéis sobre las canciones que escucháis mientras leéis os capis. Canciones preciosas y muchas pegan totalmente! :) No dejéis de recomendar canciones! ^^ A todo esto, ánimo a Love Girl por intentar registrarse en fanfiction, que es un total desastre de página...
Sobre el capi anterior, deciros que, efectivamente, Snow no está muy contenta! XD Yo creo que en la historia anterior me caía mejor en la serie y por eso fui más buena. Pero en estos momentos le tengo tal asco por la serie, que creo me estoy desahogando con esta Snow... Y sobre Gold, yo si soy Emma también le arreo pero bien con el extintor peeeeeeero... si yo fuera Gold y me encuentro a mi novia después de años encerrada en un manicomio sabiendo todo lo que ha pasado, también voy a cargarme a la culpable, ahí le entiendo un poco :P (sobre todo ahora que los Rumbelle están pasando por un momento tan triste :()
Pero lo importante de todo esto es... que nuestras chicas al fin se besaron, espabilaron y, aunque sea poco a poco, van cediendo... :P
En cuanto a este capítulo recién publicado... qué decir de él! :P Que creo que os va a encantar... creo, jejejeje Y que es de los más largos, casi tanto como los de Tú, Yo, Nunca Jamás, así que disfrutaaaaarlo :P Además se resolverán algunas dudas de las más importantes que queríais saber, creo yo! Preparar vuestros feels y... ¡a leer! :)
(En la cámara) 1 de enero
Emma cumple religiosamente su promesa. Y aunque nunca admitiría que se ha peinado con más esmero del que acostumbra, que ha usado un pelín de perfume y que se ha echado cacao, lo ha hecho. Todo. Y se ha mirado al espejo más de siete veces.
Pero Regina no, porque ella en la celda no tiene ni un buen cepillo ni perfume ni cacao. Y los 20 minutos que tiene para usar la ducha y el baño no dan para demasiado. Pero ha ensayado un poco la postura con la que recibirla. Bueno, ensayar no es la palabra. Solo ha probado un par de ellas antes de decidirse por una. Y ha meditado sobre unas ocho más para asegurarse de que esa era la mejor, la más sugerente sin resultar forzada, la más Hola Swan, ¿qué haces tú por aquí?
Y aunque tampoco lo admitiría jamás, se siente un poco imbécil porque cada vez que escucha un ruido corre al camastro y adopta esa postura tan natural, esperando que sea Emma. Pero por ahora se ha colocado ya seis veces y todas ha sido el viento. Para la séptima casi ha perdido la esperanza, pero se coloca igualmente. Y esta vez sí es ella. Se le seca un poco la boca, pero no deja de sonreír.
Emma también es todo sonrisa al entrar. "Ey"
"Ey" repite Regina con un curioso dejá vu de la primera vez que la vio.
"¿Qué tal tu cuello?" indaga caminando hacia su celda.
Regina está tan pendiente de la recién llegada, de sus andares y de su sonrisa, que no termina de seguir su pregunta. "¿Perdón?"
Emma eleva ambas cejas. "Gold, sus instintos asesinos, tu cuello"
Ese mismo cuello del que habla la salvadora se tiñe de rojo hasta las mejillas, aunque el color oliváceo de su piel ayuda a disimularlo. Se avergüenza por haber sido capaz de olvidarse de algo así. De tardar tanto en caer. De haber estado tan ocupada en Emma como para borrar de su mente la agresión. Y sale al paso a trompicones.
"Mucho mejor, apenas lo noto…"
"Genial…" susurra Emma realmente aliviada. Lo cierto es que, mientras camina hacia la celda, distingue que las marcas rojas son ahora de un levísimo color rosa y pasan prácticamente desapercibidas.
"¿Qué tienes ahí?" indaga Regina señalando sus manos, que van medio ocultas tras su cuerpo.
"La segunda parte de tu tratamiento médico... "
"Me preocupa doctora Swan" responde agarrándose a los barrotes tranquila. Frente a ella, Emma destapa sus manos y lo que sostienen. Una botella de sidra y dos vasos. La mirada de Regina se ilumina y observa la botella detenidamente, golosa, casi relamiéndose. "Pero creo que podría acostumbrarme a ese medicamento"
¡Bingo!, celebra Emma para sí. No disimula la sonrisa orgullosa. "Supongo que no has tenido acceso a nada más que agua desde que entraste aquí"
"Supones bien…"
"¿Qué es una Navidad sin brindis ni alcohol?" pregunta señalando los vasos.
"¿Una Navidad en prisión?"
"Touche…" reconoce chasqueando la lengua y sirviendo ambas bebidas. El líquido ámbar resbala hasta llenar cada copa y Emma se los muestra. "¿Entonces no quieres tu vaso?"
"Trae eso aquí" ladra posesiva. "Ya."
La sheriff sonríe victoriosa y se la acerca. Cuando cae en manos de Regina, la prisionera se la bebe de un trago y vuelve a tendérsela, pidiendo que se la rellene. Emma cae rendida a dos pensamientos, el primero, que quizás tendría que haber traído dos botellas. El segundo, que esos labios, ahora con sabor a manzana, se vuelven aún más irresistibles.
Parece que hiciese años que no probara una gota de ese delicioso manjar. La alcaldesa se recrea en el conocido sabor y solo cuando su copa vuelve a estar llena se decide a hablar. "¿Qué sabemos de Gold?"
"Pasé por su tienda casualmente…" Da un trago corto y toma asiento sobre la mesa. "Tiene un fuerte dolor de cabeza que achaca a la resaca. Y dijo que quería interponer una denuncia contra ti por secuestro".
Regina enseña sus dientes, irónica. "Que lo añada a la lista del juicio"
Da un segundo trago y remueve su vaso. "Me ha contado los detalles y le he convencido de que no habría suficientes pruebas…"
Regina deja su copa a medio camino antes de beber. "¿Por qué has hecho eso?"
"Bueno... No es que él sea un santo precisamente…" responde bajo el escrutinio de la mirada de la ex alcaldesa. "Y si a él no podemos juzgarle por los delitos previos a Storybrooke, tampoco lo haremos contigo…"
"¿Y eso es todo?" No la cree, por supuesto.
"Sí" No… "¿Qué más podría haber?" ¿Protegerte acaso?
Regina sonríe de lado, degustando su copa al fin. "Mientes mucho, Swan" Pero le gustan sus mentiras y no tiene mucho interés en indagar más.
"Las salvadoras no mentimos, alcaldesa"
"Mentirosa…" Y sonríe un poco más. Ese aire inocente le puede. "¿Por qué estás aquí Emma?"
"Para brindar" bromea levantando su vaso. Pero Regina no quiere brindis, quizás sí un poco más de sidra, pero no brindis. Quiere la verdad. "Es difícil de explicar. ¿Por qué estabas tú cada noche en el hospital?"
"Por el aire acondicionado" Ahora es Emma la que la mira fijamente, reclamando más sinceridad. Regina toma aire y termina su vaso. "Es difícil de explicar" La carcajada de la salvadora se escapa sin remedio y estira su brazo para brindar con ella a través de las rejas. Regina sonríe a su vez y choca el vaso, pero algunas dudas siguen dando vueltas por su cabeza. Y el alcohol le suelta la lengua. "¿Por qué me mentiste?"
"Yo no..." titubea.
"Me dijiste que no oías nada." Interrumpe tajante. Eso, para ella y para todo el mundo, es mentir.
"Oh, eso"
"Sí, eso…"
"Yo…" tartamudea dando vueltas a su vaso, aunque esté casi vacío. "¿Con sinceridad?"
"Por favor..." pide seria, pero acercando su vaso para que lo rellene. Quizás necesite un poco más de esa bebida para tragar su contestación.
Emma da vueltas a la respuesta. Tiene bastante claro lo que contestar, pero no tanto cómo hacerlo para que no suene fatal. "Creo que quería hacerte daño"
Regina chasquea la lengua y se sienta en su camastro. "Quizás demasiada sinceridad" Está acostumbrada a que quieran dañarla. No es algo nuevo, es lo que ocurre cuando eres tan odiada. Pero no es tan fácil de asumir si se trata de alguien que realmente no deseas que te odie.
"Lo siento…" murmura Emma. Y está arrepentida. De verdad. Por haberla engañado, por estar haciéndole daño en este mismo momento, por verla retroceder y alejarse de ella. "No es algo de lo que este muy orgullosa y me arrepiento… Pero te pregunté y tus respuestas me dolieron, me cabrearon. Y sentí…" Toma aire y fuerzas para seguir. "Sentí que era como devolvértela de alguna forma. Lo siento"
La prisionera se observa ahí dentro, arrinconada contra esa incómoda verdad. Pero reconoce que un poco de sinceridad se aprecia. Aunque duele. "Gracias… Creo" Y, por qué no, ella también puede ser un poco más sincera. Tose y agarra el borde del camastro con las manos, antes de alzar los ojos hasta la salvadora. "Y ahora que jugamos a ser francas, yo tampoco lo fui del todo contigo"
"¿A qué te refieres?"
Regina quiere ser sincera, de verdad que sí. Pero la costumbre, su desconfianza natural, todo, le impide simplemente abrirse. No sin garantías. Quiere hablar, quiere sincerarse. Pero antes necesita más respuestas. "Respóndeme a esto primero: ¿qué oías?"
"Todo" admite con simpleza, rellenando su propio vaso. Regina permanece en silencio paladeando lo que ya era un hecho. Emma escuchó todo, ya es oficial y definitivo. Le gusta y al mismo tiempo le asusta. Nada de lo que dijo calló en saco roto, todo lo que confesó llegó a sus oídos. Claro que al hablar con ella deseaba que estuviera al otro lado de la conversación, pero es mucho más turbador enfrentar lo que dijo ahora que Emma ha pasado del coma a estar frente a ella. Pero Emma sigue sin ser consciente del vértigo que enfrenta Regina en ese momento. "Las primeras semanas escuchaba menos, pero unas semanas después no se me escapaba nada"
Regina entrecierra los ojos. "En ese caso no te dije ninguna mentira que no supieras que lo era"
"Estás siendo muy críptica para las horas que son y para llevar un par de sidras…" reclama la sheriff pidiendo cierta clemencia.
"Me refiero a cuando dije que lo disfrute como una niña pequeña..." resume estoica. Emma se sitúa y la escucha con toda su atención. Ahora sí sabe por dónde se están moviendo y la morena es dueña de toda su atención. "Realmente no te estaba mintiendo. Me preguntaste si lo disfruté. Pero nunca si me arrepentí" Emma arruga la nariz, pasmada, y ella se limita a encogerse de hombros, soltando de carrerilla el resto de su confesión. "Esa chispa de felicidad fue apenas unos segundos en comparación a los días y las noches que viví arrepintiéndome"
La cara de Emma se desencaja con su repentina indignación "¿Y por qué no me lo dijiste?" espeta. "¿Era más importante mantener tu fachada de reina malvada dura y cabrona?"
"No te lo dije porque estaba cabreada y si sigues por ahí volveré a estarlo" responde cruzándose de brazos y frenando de golpe a Emma.
"Perdona..." retrocede. No son las formas, ni es precisamente quien para echar en cara las mentiras. Pero hay algo que no termina de entender, que no encaja. "¿Cabreada por qué? ¿Conmigo?"
Tarda en contestar, midiendo lo que va a compartir. "Sí" Y eso es todo lo que deja caer. Una simple afirmación.
"¿Por tu detención...?"
"No, Emma" sonríe magnánima y apurando su sidra "Eso fueron tus padres y mis actos, no tú"
Se rasca la cabeza, dando vueltas a otras alternativas. "¿Entonces?"
Regina suspira cansada, sin muchas ganas de continuar por ahí. "Entonces creo que no me apetece hablar de esto" Emma sostiene la botella en alto, bailándola frente a ella y no puede evitar media sonrisa. "Eso podría ayudar. Pero no prometo nada"
Mientras Emma se acerca a rellenar el vaso de su prisionera y el suyo propio, guardan un ceremonioso silencio. Unos segundos después ambas recuperan su sitio en la mesa y el camastro, respectivamente.
Emma paladea la sidra antes de retomar su interrogatorio. "¿Es porque no vine a verte?"
"Puede que en parte..." contesta en esa misma línea críptica y amilanada.
"Yo…" tartamudea Emma. No se ha sincerado sobre sus recuerdos, sus pesadillas ni sobre la terapia con Archie. No ha hablado sobre su yo desmemoriado ni ha dado explicaciones sobre las últimas semanas. Y todo ello, lo que antes parecía tan lógico, tan irrefutable, de repente suena hueco, nimio. Se explica, pero sin tanta convicción como desearía. "No podía visitarte… No hasta que recuperara los recuerdos"
A pesar de su titubeo, de su rara justificación, Regina está lo suficiente sorprendida para permitirle continuar. "Te escucho"
Emma se pregunta cómo han llegado a ese punto, y resopla sin escapatoria. "¿Cómo hemos pasado de hablar tú y contarme los motivos de tu enfado a hablar yo y contarte mis problemas?"
Pero Regina no quiere preámbulos, sino respuestas. "Sigue" murmura ignorando sus dudas.
La salvadora acata la orden velada y deja el vaso sobre la mesa, que una vez más, no sabe cómo, está vacío. "He estado yendo a sesiones con Archie para trabajar con mi memoria. Cuando desperté perdí todos los recuerdos de la maldición, todos" comienza. "Reconozco que algo tiraba de mí hacia la comisaria y de alguna forma me moría por venir. Pero no entendía nada porque al principio todos esos meses fueron un folio en blanco en mi cabeza..."
Regina baila entre el desconcierto y la perplejidad. "Eso no había ocurrido antes…"
"Lo sé…" asiente tranquila. "Pero no se debió exactamente a la maldición"
"¿Entonces?"
"Archie sostiene que fue un mecanismo de autodefensa de mi cabeza. Que no se trataba solo de haber escapado de la maldición sino de descubrir y asumir de golpe que todo era cierto, que mis padres eran los Charming y yo la salvadora"
Regina se toma un segundo para digerirlo. Al fin tiene las explicaciones que esperaba, pero no son lo que sospechaba, precisamente. "¿Y qué sostienes tú?" indaga interesada.
Emma muestra media sonrisa, asumiendo que Regina puede leerla como un libro abierto. Que sabe que hay algo más detrás de la teoría de Archie y que no merece la pena tratar de adornarlo ni ocultarle nada. "No huía de los recuerdos, huía de ti" murmura buscando sus ojos, midiendo su respuesta. Pero Regina permanece inmutable. "Era demasiado para asimilar… Al abrir los ojos todo era claridad, tú estabas ahí, acababas de despertarme y entendía el porqué de todo. Pero de golpe la realidad me sobrepasó. Los cuentos, una maldición, ser la salvadora… sentir algo por la Reina Malvada"
Regina se encuentra ante un dilema. Está en un punto en el que le gusta y odia a la vez lo que escucha, en un momento en el que querría besar a Emma y darle una patada en el culo.
"Fue instintivo" resume Emma cruzando los dedos de sus manos. "Bloqueé todo lo que había vivido esos meses"
Regina sólo tiene una cosa que decir. "¿Y ahora?"
"Ahora lo recuerdo todo…" Y trata de decirlo como si fuera una buena noticia, un avance. Pero se le fuga un retintín final con un toque culpable.
"Pero tampoco viniste entonces" farfulla poniéndose en pie. Trata de disfrazar el recuerdo de la sensación de abandono por el tono de reproche, que resulta mucho más digno para una reina malvada segura e independiente como ella. "A no ser que contemos la mañana que apareciste aquí como una loca desquiciada a pedirme explicaciones y estamparme un beso…" remata con una sonrisita gélida.
El rostro de Emma se tiñe de rojo vergüenza, como si le hubiese lanzado un hechizo cromático. "Sí, precisamente esa fue la noche que recupere la memoria" reconoce tragando saliva y buscando una salida. "Esa noche no parecías tan enfadada"
"Fue el shock" replica cruzada de brazos. La ceja de Emma se eleva divertida, como un detector de mentiras que pita impaciente gritando: ¡falso, falso! Regina mira a cualquier otro punto de la habitación a excepción de la salvadora al añadir: "Y supongo que además llevaba tanto tiempo aquí que me pudieron las ganas de verte más que las de matarte…"
Emma toma aire, termina mordiéndose el labio, y piensa en por qué esos irresistibles ojos marrones no la están mirando y desarmando como suelen hacer. Por primera vez en esta noche repara en la verja que las separa y por un instante desearía tener esos poderes de Salvadora de los que todos hablan para fundir el metal, tirarse sobre ella y exigirla que vuelva a repetir esa dulce confesión pero lentamente, sin apartar sus ojos de los de ella. La sola visión de esa posibilidad calienta su vientre y revoluciona sus entrañas.
Pero es consciente de por qué no la mira. Regina no sabe dar esos pasos, ese tipo de admisión, sin sentirse expuesta, vulnerable, fuera de su elemento. Abrirse para ella es lo contrario a la seguridad y la calma. Y mirarla directamente sólo empeoraría las cosas para Regina. Pero Emma espera que, igualando la balanza, Regina se sienta más cómoda, menos vulnerable. O al menos tanto como ella.
"¿Quieres saber por qué no vine? Creo que porque no sabía cómo llevarlo… Reconozco que fui muy estúpida, muy cobarde" musita caminando hasta los barrotes y colgándose de ellos, algo más cerca de Regina. "Y sigo sin saber del todo cómo hacerlo, como llevarlo… Pero tengo claro que no sería capaz de faltar ni una sola noche" cuando termina de murmurar busca los ojos de la prisionera y no continúa hasta que no le devuelve la mirada. Hasta que no están rostro con rostro, observándose, midiéndose y, por qué no, odiando por igual esas malditas rejas. "¿Entonces me perdonas?" pregunta sonriendo tímidamente de lado, vencida por la curiosidad.
Es la primera vez que Regina distingue esa ternura, esa ridícula dulzura que convierte las ganas de querer gritarla en querer abrazarla. Y es una sensación rara, pegajosa, inédita en su impertérrito corazón. Pero hasta ella tiene que ceder ante esos ojos de cordero degollado con un toque claro irresistible. No es justo. Emma juega con ventaja, gruñe para sí cayendo irremediablemente en su encantador hechizo. Esto es lo que ocurre cuando juegas con un Charming... farfulla mentalmente.
Sin embargo, la que es una chica dura, es una chica dura hasta el final. Así que conserva su pose de brazos cruzados y voz retadora pero, aunque no todo esté resuelto, se le escapa una sonrisita. "¿En serio, Swan?"
Emma cae presa de esa sonrisa auténtica, incontenible y bebe de su vaso, más embriagada de Regina que de la sidra. Pero al tragar, siente que algo no va del todo bien. Hay una pequeña sombra en los ojos marrones, como un suave rastro de dudas que no ha terminado de desaparecer, ni siquiera aunque esté sonriendo.
"¿Eso no es todo, verdad?"
"¿Por qué lo dices?" pregunta Regina esquiva, dando un último trago a su copa.
"Por tus ojos…" Basta decirlo para que precisamente esos ojos se claven en ella, escépticos, burlones. Como tratando de decir Anda ya… Pero cuesta disimular cuando Emma está en lo cierto. "Y por lo que dijiste de los que me apartan de ti" añade confiada y Regina termina mirando al suelo. Va por buen camino. "Es eso lo que te cabreó…" susurra y no lo está preguntando, lo afirma. Y la prisionera, junto a su camastro, al fondo de su celda, de repente parece estar más lejos que nunca. "Esta no es forma de mantener esta conversación" masculla Emma, enfurruñada consigo misma. Regina continúa en silencio, confundida, sin saber por dónde irán los tiros, calibrando qué decir a continuación y dedicada a observar a la salvadora para descubrir qué se trae entre manos. Emma se mueve por la comisaría y termina por encontrar las llaves de la celda antes de volver a su lado. "No escaparás, ¿no?"
Emma va a abrir al fin la puerta y de repente Regina solo piensa en las ganas locas que tiene de estar más cerca de ella. Pero guarda las formas como toda una profesional. "Quién sabe…"
"No, ayer lo prometiste y esa promesa es extensible a todos los días"
"Lo que tú digas…" bromea traviesa.
La puerta rechina al abrirse y según pasan los segundos Regina se pregunta por qué no están comiéndose a besos en lugar de tener que mantener esta espantosa conversación. No le gusta hablar de sentimientos, odia hablar de sentimientos, no sabe cómo hablar de sentimientos. Y sí, sigue un poco enfadada, es cierto, pero nada que no pueda dejarse de lado un rato a base de besos… Porque se volverán a besar, ¿verdad?
Sigue a Emma con la vista. La salvadora ha rellenado su propio vaso, Regina no sabe cuándo, y toma asiento en su camastro, copa en mano.
"Hola…" Y sonríe tranquila, adorable, como si estuviera en el salón de su casa. Regina sonríe con ella, por inercia, y se sienta a su lado, a un par de centímetros.
"Hola" responde. "Ahora podría noquearte y salir huyendo"
"Si, y dedicarte a la vida de ermitaña en el bosque, cierto…" suspira divertida. El calor que desprende el cuerpo de Regina es una realidad con esa distancia de separación y dan ganas de perderse en su piel. Pero espera. Porque si no lo hace dará pie a algo que aún no debe empezar. Algo que merece aclarar todo antes, para poder entregarse tranquila y disfrutar. "Tengo una pequeña laguna de mi despertar. Una que creo que es importante…" susurra. "Ayúdame a resolverla…"
La morena se cuestiona si alguien en el mundo podría resistirse a ese ayúdame. Pero mantiene la compostura. Aunque con mucho esfuerzo. "¿Qué quieres que te cuente?" pregunta sin demasiado afán.
"¿Qué pasó? ¿Qué ocurrió al abrir los ojos?"
Regina suelta aire, desganada, y apoya la cabeza en el muro de la celda. "Que despertarse" recalca "Tus padres entraron como locos y se abalanzaron sobre mi mientras Henry corría a tu lado para abrazarte y protegerte de la alcaldesa malvada. Y ya está"
Chasquea la lengua, disconforme con esa respuesta. "No quiero que me lo resumas" Le tiende su copa para compartirla. "Esa versión ya la he oído, incluso recuerdo retazos... Lo que necesito es tu versión"
"Es esa misma, ¿qué esperas, Swan?" suena molesta, pero igualmente acepta la copa y le da un trago.
"¿Volvemos a mi apellido?" pregunta divertida. "Eso es que me voy acercando"
"No lo haces…"
"Por favor…" suplica y su mano se escapa hasta la mejilla de Regina. Se tensa súbita, pero al mismo tiempo no se aparta. Casi imperceptiblemente, se apoya en la mano de Emma, buscando su caricia y cerrando los ojos un breve momento. El contacto, su calor, es suficiente para electrificar su piel. "Regina…" Emma tiene esa maldita forma de decir su nombre, de paladearlo y dejar que salga de sus labios como un canto de sirena. Esa forma que le hace cantar como un canario, porque calienta todo su cuerpo, con especial hincapié en sus chivatas cuerdas vocales.
"Acababas de despertar, por fin…" carraspea, comenzando con los ojos en el suelo antes de sacar valor para mirarla. "Durante un breve instante fui la persona más feliz del mundo… Estabas de vuelta, había funcionado, y no ibas a irte. Hubiera podido echar a volar. Figuradamente. Volviste a besarme y todo era de repente perfecto, todo era bueno y posible y maravilloso" Y medio sonríe, del mismo modo en que lo hizo aquel seis de diciembre cargado de contrastes. "Pero entonces entraron tus padres y me devolvieron a la realidad con la fuerza de un ariete. Antes de darme cuenta Henry gritaba tu nombre interponiéndose entre nosotras para protegerte y tu padre me estampaba contra la cama para reducirme y esposarme con un estetoscopio alrededor de mis manos. Estabas ahí, despierta y recuperada, todo lo que soñé. Y de repente me arrancaban de tu lado como una criminal" En este punto del relato, están separadas por apenas diez centímetros, midiendo de unos labios a otros. Pero no son conscientes. Emma sólo puede pensar en la voz de Regina, en los matices húmedos que reverberan en cada frase. Regina únicamente es capaz de centrarse en no venirse abajo. Si creía que los recuerdos ya eran dolorosos de por sí, darles cuerpo y voz está siendo como clavar miles de pequeños cristales en su pecho. "No les culpo, eso es lo que soy, una criminal, pero no era como me sentía a tu lado y fue un jarro de agua fría. Y por un momento pensé que solo era un mal sueño, que alguien gritaría Ella la ha salvado. Que me soltarían, que me dejarían volver a tu lado en lugar de alejarme" murmura casi sin voz, a toda velocidad. "Pero no ocurrió. Y fue como si todos esos meses a tu lado, todo lo que te había dicho, todo lo que sentía, no hubiera significado nada excepto para mí" Vuelve a dejar caer su mirada al suelo y ni siquiera la mano de Emma es capaz de elevar su barbilla. "Me rompí de tantas maneras que no puedo explicarlo. Y para terminar de arreglarlo, James me saco de allí a la fuerza, pataleando, tratando de quedarme, pero no sirvió de nada y mientras me sacaban te vi desvanecerte. Se me paró el corazón y estuve un día entero encerrada con un ataque de pánico y sin saber qué había ocurrido contigo"
"Dios…" gimotea Emma con la respiración estrangulada. Sube ambas manos a las mejillas de Regina y busca sus ojos sin descanso. La prisionera se deja hacer, como un pelele. Uno calmado, triste, con ojos húmedos. "No puedo ni imaginar lo que tuviste que pasar"
"No fue divertido. No" Se reclina contra su mano. Permite que el tacto de Emma actúe como un bálsamo. "Pero este era el lugar de la malvada alcaldesa…"
"No, no lo era. Era a mi lado, joder..." exclama furiosa, pero furiosa con ella misma, con todos. Por alejarla de Regina, por no haber sido capaz de reaccionar y oponerse. Y tras la chispa, se enciende una luz. "Cuando has dicho que esperabas que alguien gritara… te referías a mí, ¿verdad?" Regina no dice nada, no tiene nada que contestar. Solo mira al suelo, coge aire con fuerza, aún duele. "A que esperabas que yo hubiera reaccionado. Que hubiese hablado y no les hubiese permitido tratarse así ni alejarte de mí. Alejarnos." Eso es lo que empaña su mirada, la última pieza que no encaja. No podía pedir ni esperar que Regina confiase en los demás, en ese pueblo donde no encuentra más que enemigos. Pero sí confiaba en ella. Desde que despertó, de alguna forma, esperaba que fueran una, que no hubiera estado sola todos esos meses. "Pero no respondí…" descifra en voz alta. "Me quede parada sin ser capaz de reaccionar…" El puzle se termina, cada pieza tiene su sitio y al ver el dibujo que desvela siente una culpabilidad renovada. "No tengo excusa" murmura acercándose a ella, convirtiendo los diez centímetros de separación en cinco. "Dicen que tú eres la reina malvada pero si alguien me hubiese alejado así de ti no habría dejado títere con cabeza" confiesa, cada vez más cerca. La acaricia, ronda su cuello y Regina se va dejando caer en sus palabras. Cerrando los ojos, permitiendo que la acaricie y que sus palabras la liberen de su soledad, de ese pequeño encierro que aún coleaba dentro de ella. "Este es tu sitio, a mi lado, hoy y aquel día" murmura junto a su oído, separadas por medio centímetro. "Y no habrá un solo día en el que no me arrepienta de no haber dado la cara y haber luchado por ti" El susurro de Emma provoca que Regina muerda sus propios labios y que cierre los ojos, completamente entregada a ella. "No volverás a sentirte sola. Ni te arrancaran de mi lado, ni a mí del tuyo"
Cuando Regina entreabre los ojos, brillantes, luce más esperanzada que en siglos. Pero aun así se resiste, le tiembla la voz y habla sin tomar aire, repitiendo esa súplica a la que siempre recurre:
"No prometas cosas que no pue..."
"Puedo y lo hago" gruñe, la interrumpe de nuevo y se abalanza sobre ella zanjando sus dudas, haciendo una promesa silenciosa, devorando su boca con ese beso que han pospuesto demasiado. La salvadora es una experta besadora, tanto que es capaz de gritar No estás sola, estamos juntas en esto, perdóname… en silencio, solo con sus labios.
Y Regina, muda también, responde al beso y responde a sus palabras repitiendo Vale, vale, vale… y sonriendo. Su mano se sumerge en los tirabuzones de Emma y se aferra a su nuca, atrayéndola, obligándola a alargar el beso, profundizarlo, a pegarse la una a la otra y, con un último tirón, a tumbarse sobre ella. Cuando el camastro cruje con el peso de ambas, el beso deja de ser un simple beso. Ya no son sus labios y alguna caricia tránsfuga, ya es un cuerpo a cuerpo donde las manos se pierden de vista y desaparecen y donde la ropa va sobrando prenda a prenda.
Snow espera un minuto, veinte besos y cinco gemidos antes de pasar la grabación. Antes de convencerse de que frente a sus ojos Regina y Emma están llegando mucho más lejos de lo que es tolerable. De que han superado el límite de lo que se considera traición. El bramido que profiere es más animal que humano. Nace de sus entrañas y estalla por todo el despacho.
Acelera la cinta fuera de sí y de la pantalla desaparecen los besos y las caricias. Y hace bien. Porque a pesar de cada sórdida y apasionada imagen que urga su mente, que se clava en su imaginación aunque trate de impedirlo, nada se acerca a lo que realmente ocurre. Sus cavilaciones nunca podrían recrear el hambre de Emma al morder el cuello de Regina. Ni siquiera la fuerza con la que la prisionera clava sus uñas en la espalda de la salvadora. Y los ruidos que ambas gimen… Eso es simplemente inimaginable.
Ni siquiera Emma, ahí, frente a Regina, es capaz de asimilarlo. La prisionera serpentea bajo su cuerpo y ella se derrite en esos labios que la besan sin compasión. Cae completamente bajo el dominio de Regina. Puede que la reina malvada posea mil muros y murallas para protegerse. Pero es precisamente por ese sufrimiento que ha vivido, por todos los golpes recibidos, por los que Regina se agarra como nadie a los pequeños instantes de felicidad. Los exprime y saca todo el jugo de ellos, porque tiene aprendido que no suelen durar. No para ella. Y ahora saca todo el jugo a Emma, disfruta de la salvadora como si mañana se acabara el mundo. Confía en ella, en sus promesas. Por una vez presagia que, quizás, sólo quizás, la vida no vaya a arrebatarle esto.
Pero la costumbre se suma a sus miedos más profundos. Y el resultado es un hambre voraz que saca fuera esa ansiedad que ha reprimido durante meses, esa necesidad de Emma, de fundirse con ella. Hasta que nada las pueda separar.
Por eso la ropa le sobra. Desviste a Emma más cerca de romper su camisa que de quitársela y araña su espalda sin compasión. Necesita degustarla. Con los cinco sentidos. Necesita saborear su boca, enredarse con ella, percibir el olor de Emma mezclándose con el suyo, verla cuando muerde su cuello y su tórax, escuchar su forma de gemir cuando la araña. Sólo entonces todo se vuelve real y Regina se llena de vida. Está ocurriendo. Emma está con ella. Y se muere por exprimirla.
La abraza contra su cuerpo y de un giro cambia su lugar con Emma. La salvadora se ve sorprendida por esta jugada y la carcajada que profiere se contagia a Regina. Se remueve contra ella, su respiración se acelera, Regina la está desafiando. Trata de escaparse, de recuperar la posición dominante sobre ella. Pero la prisionera no está dispuesta. Ahora ella tiene el control. Intenta rodar sobre la cama, pero Regina deja caer todo su peso sobre ella y el estrecho colchón le impide hacer ningún otro movimiento. Tira de la camisa de Regina, atrayéndola, y enfrenta su boca con una sonrisa candente.
"¿Crees que quedaría muy sospechoso si encargara una cama más grande para tu celda?"
Esta vez es Regina la que cede a las carcajadas, pero no afloja su agarre. "Creo que un poco…" sonríe. La pierna de Emma navega entre las suyas y se dobla para presionar en el punto más apetecible. Cierra los ojos, echa la cabeza para atrás, gime sin medida. "Pero joder si no merecería la pena…" jadea abriendo despacio los ojos, tragando saliva. Se echa hacia delante dejando caer un beso húmedo y rápido. Cuando el contacto se hace más sólido, el calor entre ellas se vuelve tangible y a Emma le cuesta respirar.
Lame los labios de Regina, busca el sabor de la sidra en ellos y suspira. "Este no es precisamente el lugar más romántico sobre la faz de la tierra para una primera vez…"
Regina suelta una tierna carcajada, apoyando su frente sobre la barbilla de Emma. "No, se me ocurren algunos mejores…" murmura ladeando la cabeza para recibir otro beso. Lo siguiente que advierte es una corriente de aire frío cuando Emma levanta su camisa sobre su cabeza y el calor de su vientre pegado al de ella. Jadea con voz ronca y los ojos nublados. "¿Es que acaso has pensado mucho en esta primera vez?"
"Algunas veces…" gruñe Emma trasteando con el botón del pantalón. "Más de las que se consideraría enfermizo…" confiesa mordiendo el labio inferior de Regina. Los ojos marrones se tornan en un color negro, oscuro, excitado.
Tiene la garganta seca, las pulsaciones encabritadas. "¿Sabes qué? Incluso aunque tenga que ser aquí…" suspira cuando las manos de Emma se libran de sus pantalones al fin. "…me alegra el simple hecho de que vaya a haber una primera vez" gime de carrerilla volcándose en un nuevo beso. Enreda los dedos en el pelo de Emma y fuerza más cercanía. La salvadora quiere contestar, pero su raciocinio salta por la ventana con el agarre de Regina. Pierde definitivamente el control y con ella la prisionera. Emma desabrocha el enganche del sujetador, Regina desciende por su tórax con mordiscos nada piadosos y la celda se llena de ruidos inconexos y carnales. Se recrea en su vientre, y sus manos descienden hasta el pantalón de Emma. Se lleva por delante el vaquero y su ropa interior. Emma ha escogido durante dos horas un conjunto que no le dura ni dos segundos y al que Regina no presta atención.
Solo le interesa la salvadora. Y nunca tiene suficiente de ella.
Caen las últimas prendas al suelo, sin ningún cuidado, y batallan sobre el colchón forzando al límite su resistencia. La mano de Emma se despliega sobre las costillas de Regina, presintiendo como se expanden con cada bocanada. Sube hasta su pecho y la prisionera baila contra su dedos gimiendo cuando juega con un pezón endurecido.
Sus piernas se entrelazan con un juego peligroso, igual que enredaderas, y el contacto entre ambas invita a perderse y dejarse llevar. A gemir y no detenerse, pero Regina quiere más. Quiere todo. Quiere aprovechar cada momento de felicidad.
Sostiene las muñecas de Emma, aunque cueste un mundo renunciar a sus caricias. Los ojos claros se detienen, inyectados en calor, en pasión, en un delirio que roza la locura, y se preguntan por qué la ha parado. Las entrañas de Regina arden y la imagen frente a ella no ayuda, pero no se echa atrás.
"Quieta" murmura con su mejor voz de reina malvada.
Emma traga hondo superada por la situación. "¿Qué?" boquea sin saliva en la boca, pero humedeciendo la pierna que Regina mantiene entre las suyas.
"Que te estés quieta" repite sosteniendo sus muñecas. Las mueve hasta el cabecero de la cama y la obliga a agarrar la base metálica. "¿Lo has entendido?" Emma asiente con la cabeza varias veces, no confía en su voz para responder. "Bien…" responde satisfecha cuando los dedos de Emma se cierran alrededor del metal del somier. Y lo acata sin dudar. El estómago de la prisionera se contrae al ver la confianza ciega con la que responde la salvadora. Cubre su boca con un beso crudo e intenso y sus manos arañan el cuello de Emma. Las caderas de la salvadora se arquean por impulso. Se pegan a las de Regina, se balancean buscando cualquier roce que la calme. "Quieta" ladra Regina sin aliento mordiendo el lóbulo de su oreja.
Emma lo intenta. Con todas sus fuerzas. Se obliga a quedarse inmóvil contra el colchón, pero su cuerpo está cerca de convulsionar. Y no ayuda tener a Regina descendiendo por él, desnuda, hambrienta, recorriendo cada rincón de su piel con lengua y dientes. La cama rechina como un motor roto cuando Regina muerde su pecho sin compasión y Emma se sacude y agarra a la cama hasta dejar los nudillos blancos.
"Entenderé que te gusta…" masculla rodando hasta el otro pecho, dejando tras de sí un caminito de marcas rojas, producto de sus mordiscos.
Emma clava los dientes en sus labios y cierra los ojos. "Te equivocas totalmente" Intenta jugar pero su voz suena tan ronca, tan excitada, que desmonta toda su fachada. Y Regina sonríe satisfecha. La salvadora es un banquete más suculento de lo que nunca pudo soñar. Está deleitándose con cada centímetro que devora, que toca. Y le encanta saber que Emma no es inmune a sus atenciones.
"¿Quizás querrías que me detuviera…?" inquiere recorriendo sus costillas, sus riñones, su cadera, con las uñas.
"¡Oh dios…!" exclama Emma con un gemido tan grave que retumba en sus oídos y en cada centímetro del cuerpo de Regina. La reina malvada intenta resistirse, continuar lamiendo esa suave y deliciosa piel, pero Emma no puede más. Sus caderas están danzando contra las de Regina y el roce resulta demasiado certero. Con una de las oleadas de placer, la rodilla de la salvadora se dobla con un acto reflejo y Regina se restriega contra ella con una respuesta casi animal. Está perdiendo el control y los papeles. Y sólo le queda dejarse llevar por completo.
Sube hasta el rostro de Emma, tirándose sobre ella. Sus piernas atrapan la rodilla de la salvadora, su boca se pierde en la de ella y su mano desciende por los músculos de su vientre, firme y tenso, antes de hundirse en el rincón más íntimo de Emma. Los dedos de Regina juegan en su centro y la salvadora no aguanta más.
Se acabó la quietud.
Sus manos se sueltan y vuelan directas al cuello y el trasero de Regina. Una exige más cercanía y recrudece el beso. La otra se clava en su trasero. La aprieta contra sí, marcando el ritmo de las embestidas de Regina contra su pierna.
"Esto no es estarse quieta, Swan" gime Regina mordiendo su labio inferior sin dejar de moverse. Sus dedos tantean la entrada de Emma, y la indescriptible sensación le obliga a cerrar los ojos. Escucha la risa traviesa y burlona de Regina y le dedica una mirada ofendida.
Le devuelve el mordisco y su burla lamiendo su boca. El exquisito calor de Regina pringa su pierna y decide devolvérsela. "¿De verdad quieres que me esté quieta?" pregunta con un gruñido gutural. Eleva aún más su pierna, aumenta la fuerza de la fricción y el cuerpo de
Regina se derrumba con un gemido que suena a grito.
"Emma, sí…" Incrusta su centro contra ella y sus caderas se encabritan. Está, literalmente montando a Emma, y le importa una mierda todo lo demás.
"Tomaré eso como que te gusta…"
"Harías bien…" murmura fuera de sí. Clava los ojos marrones en ella y Emma adivina sus intenciones demasiado tarde. Dos dedos la atraviesan sin piedad y Emma siente que se divide por la mitad. Gime y sus brazos se cierran en torno al cuerpo de la prisionera, tirando de ella, pegándose hasta lo humanamente posible. Trata de mover su pierna contra el centro de Regina, pero las certeras embestidas de la malvada reina matan su raciocinio y dejan en pie sólo el placer y la excitación. Tan cerca del orgasmo que puede tocarlo con la punta de los dedos. Es como si cada movimiento, cada caricia, cada beso de Regina cayera exactamente en el lugar adecuado, con la intensidad perfecta. Las primeras veces, y más en un estrecho camastro de una celda, pueden ser incómodas, raras. Pero esto es abrumadoramente perfecto. Perfecto y tan correcto, que no puede más.
Acelera el ritmo de sus embestidas contra la mano de Regina y de su propia pierna contra el centro húmedo que se desliza en ella. Regina, con los ojos cerrados, acepta su maravillosa idea y sus caderas se agitan sin control, al igual que sus dedos. Entra y sale de Emma sin piedad, ayudada por la humedad que no deja de calar su mano. Y apenas digiere lo que está pasando, lo que están haciendo. Es tan maravilloso que parece mentira, que parece un sueño. Pero está ocurriendo, Emma está ahí con ella, están juntas. Y es tan feliz y está tan increíblemente excitada que no lo soporta más.
Va por el golpe de gracia. Cruza sus ojos con Emma, sonríe y la salvadora con ella. Están pensando lo mismo. Sintiendo lo mismo. Y necesita devorar esa sonrisa. Ese es su último movimiento. Cae en picado sobre su boca, Emma le devuelve el ataque con la misma intensidad. Regina clava sus dedos contra ella y los tuerce buscando ese punto que la desmontará. Emma dobla su rodilla y Regina se empala gimiendo en su boca. Y después nada.
Solo placer, dos cuerpos retorciéndose hasta alcanzar el orgasmo, un beso que no se rompe ni cuando falta el aire. Una oleada tras otra de placer hasta derrumbarse una sobre otra.
Las extremidades de la salvadora pesan como sacos muertos, pero la sonrisa de su boca es alivio suficiente. Sobre ella advierte el peso de Regina y sus pulmones aspirando aire y volviendo a funcionar.
Emma dedica las primeras energías que recupera en acariciar la suave espalda sobre ella con una adoración casi reverencial. Regina ronronea como un gatito satisfecho y se remueve colocándose cómodamente sobre ella. Un gesto tan tierno que derrite a Emma. Deja un beso sobre su cabello y Regina mueve el rostro perezosa, hasta cruzarse con los ojos claros. Una primera mirada de reconocimiento, de dulce calma, que le arranca un suspiro a Emma.
"Lo sabía…"
Regina abre los ojos y eleva las cejas, confundida. "¿El qué?"
"Que este era mi sitio…" musita y sus dedos apartan delicados un mechón de la frente de Regina.
La prisionera trata por todos los medios no sonreír. No. Ni de broma. No puede ceder. Pero cede. Un poquito nada más. Una mini sonrisa. Y añade gruñona: "Cursi…"
Emma se ríe. Encantada. Esa es su dura e impasible Regina. Lástima que el brillo de sus ojos desvele lo que siente realmente. Eleva su barbilla con dos dedos, le roba un beso suave que acaba desencadenando una profunda exploración. Para cuando rompen el contacto, Regina vuelve a temblar y Emma nota sus pulsaciones, encabritadas, palpitando por todo su cuerpo. "Esto…" masculla la salvadora con la boca seca. "…ha superado sin duda todas mis pervertidas fantasías"
Regina deja escapar una sugerente carcajada. "Esto…" Acaricia la boca de Emma con el pulgar. "…no ha sido nada" Cierra la frase retomando el beso, invadiendo la boca de Emma y su espacio personal. Regina no ha terminado de disfrutar de ese momento de felicidad. Y a la salvadora le parece simplemente perfecto.
Solo tiene una objeción.
Retiene entre sus brazos a la prisionera y rueda hasta quedar sobre ella.
"Esta vez tú te estarás quieta" susurra contra su oído.
"Oh, sí…"
Esto es lo que Snow no ve. Lo que Snow ni siquiera llega a imaginar. Pero aun así está furiosa, muy furiosa, fuera de sí. Y quizás, lo peor que puede hacer es seguir viendo esas malditas cintas. Pero no por ello se detiene. Y vuelve a darle al Play.
Continuará…
Como diría Snow... "IT'S PORN!" XD
Si os ha gustado el capítulo, ya sabéis, HA GRITARLO BIEN FUERTE A TRAVÉS DE LOS REVIEWS ;P (Sino pensaré que sois como Snow y que estos capítulos no os gustan :P
