Le observó llevarse el dedo a la boca para saborear su lágrima trémula, sus ojos negros y sensuales, sus labios perfectos alarmantemente tentadores. Tragó convulsivamente, temiendo que podría precipitarse en sus brazos solo para saborear esa boca de nuevo y perderse para siempre en la ardiente intensidad de sus ojos.

- ¿Qué oscuridad, Shaoran ¿De qué estás hablando?

- No he sentido nada en estos últimos largos siglos. Después de un cierto punto, evidentemente un hombre de los Cárpatos pierde sus emociones y está en peligro de convertirse en vampiro. Debido a que hay otros que dependen de mí, luché con la bestia interior. Pero durante años hasta ahora no he visto colores, ni sentido alegría, ni deseo por una mujer, ni risa, y tampoco amor. Ni siquiera he sentido culpa por las muertes necesarias. Sólo mi hambre habitaba en mi. Fuerte y terrible y siempre en mi.

La bestia interior creció hasta que estuvo siempre luchando por liberarse, rabiando en busca de alivio. Entonces, en medio de esa oscuridad, llegaste tú, trayéndome a los colores, la luz y la vida. - Shaoran lo dijo suavemente, honestamente, sintiendo cada palabra. Su mano subió para capturar la masa de pelo Castaño rojizo, para apoyarla en su cara y así poder inhalar su fragancia. - Tengo más necesidad de ti que ningún otro en este mundo. Mi cuerpo reclama el tuyo como propio. Mi corazón reconoce al tuyo. Mi alma clama por la tuya, y mi mente busca el toque de tu mente. Eres la única mujer que puede domar a la bestia y mantenerme en esta tierra, en el camino de la bondad y la luz. La única que puede evitar que destruya a mortales e inmortales por igual.

Sakura se mordió otra vez el labio inferior. Las cosas que decía él eran casi más de lo que podía comprender. La ponían nerviosa, incluso mientras la hacía ser más consciente de si misma como una mujer deseable de lo que hubiera hecho nadie antes.

- No perdamos el control, Shaoran. Estoy de acuerdo en viajar con la banda por ahora, pero salvar tu mente está un poco más allá de mis posibilidades. Puedo esgrimir una llave inglesa y todo eso, pero las relaciones me eluden totalmente.

Podía ser frívola en sus respuestas, pero su corazón se había derretido con cada una de las palabras de él. Su elegancia del Viejo Mundo y su encanto en cierta forma parecían proporcionar un equilibrio frente al peligro que se pegaba a él como una segunda piel. El magnetismo sexual era también una segunda naturaleza para Shaoran, y Sakura no trataba de engañarse pensando que era inmune.

- Sería mejor para todos los implicados que permanezcas libre de cualquier otra relación. - Dijo él suavemente.

Los ojos esmeralda centellearon con un verde brillante antes de que se volviera alejándose de nuevo de él, demasiado tentada por su boca perfecta para continuar mirándola.

- Paseemos, Shaoran. Creo que es más seguro que quedarnos aquí sobre un tronco que parece un acantilado. Mucho más seguro.

Él brazo de él le rodeó la cintura, y se inclinó hacia adelante, su cálido aliento le acarició la nuca.

- Corre si debes hacerlo, pequeña, pero no hay a dónde ir excepto de vuelta a mí.

Ella se apartó firmemente la gruesa banda de su brazo de alrededor de la cintura, orgullosa de su decisión. Si el cuerpo de él continuaba en contacto con el suyo, ambos iban a arder en llamar. La única cosa que se podía hacer era poner un océano o un glaciar entre ellos. Quizás un casquete polar entero.

Su risa indignante la siguió mientras saltaba del tronco y empezaba a alejarse.

- Leer tu mente se está convirtiendo en algo muy interesante, cielo. Siempre podemos establecernos en un iglú.

- Ni lo pienses. Fundirías la maldita cosa. ¿Entonces dónde estaríamos? Te lo dije, nada de esa cosa de hipnotizar con los ojos. Y quizás deberías intentar llevar una máscara. - Su risa sexy tenía que acabar también. Definitivamente tenía que acabar. Hacía estragos en su corriente sanguínea. Calentándolo, derritiéndolo, tan espeso y pesado que iba a tirarse sobre él y suplicarle si él no la detenía. Entonces sí que iba a lamentarlo él. Si. Se volvió a mirarle. - De acuerdo. Haz esa cosa de lagartos.

Él estudió su cara.

- ¿Esa cosa de lagartos? - Repitió él. Entonces una sonrisa malvada tocó su boca sensual. - ¿Lamerte la piel? Encantado. Sólo tienes que decirme dónde. -

Deliberadamente se inclinó cerca del pulso que latía en la garganta de Sakura, sus ojos enseguida ardientes, la risa decaía.

Sakura le empujó, con fuerza. Si el áspero terciopelo de esa lengua tocaba su piel, estaría perdida.

- Aléjate de mí. - Dio dos pasos huidizos con creciente alarma. - Lo digo en serio, Shaoran. O tendremos que conseguir una carabina.

- Dijiste que querías que hiciera esa cosa de lagartos. – Su mano engrilletó la muñeca de ella, encadenándola a su lado.

- Quise decir escamas. Necesitas escamas. Si fuera una lagartija no sentiría que arriesgo mi honor paseando por los bosques contigo. - Se reía a pesar de sí misma.

- Si cambiara a la forma de un lagarto, correrías gritando de vuelta al campamento. - Shaoran sabía que Eriol y Tomoyo ya habían partido en el autobús con los felinos. Touya, Chiharu y Takashi estaba en ese mismo momento apretujándose en el pequeño y rápido coche que Takashi tanto adoraba. Podía oír a Takashi suplicando a Chiharu que le dirigiera la palabra, intentando convencerla de que no era en realidad una rata.

Shaoran aprovechó la ventaja de la pausa temporal de Sakura para ganar posesión de su mano. Sus dedos se enlazaron firmemente con los de ella y tiró para colocarla bajo la protección de su hombro.

- Si cambiara, querría entonces pavonearme y hacer de dragón Komodo para ti.

Sakura permitió que pasaran varios latidos de corazón mientras su imaginación digería esa.

- ¿No teníamos que ir a algún sitio esta noche? Pensaba que teníamos un apretado calendario que mantener. Dejemos los dragones de Komodo fuera de escena. Ya eres suficientemente espeluznante en tu forma humana.

Estaban volviendo hacia el campamento, paseando a través de los retazos de niebla que se espesaban a lo largo del suelo del bosque. Era extraño y hermoso, convirtiendo los bosques en un lugar mágico y místico. A Sakura le gustaba la sensación de fuerza en la mano de Shaoran, el calor de su cuerpo calentando el suyo, la fácil y fluida forma en que se movía con la sugerencia de poder contenido. Pero por encima de todo adoraba la forma en que sus ojos ardían posesivamente sobre ella, la forma en que su cincelada y perfecta boca la tentaba.

Shaoran se detuvo bruscamente, ella tropezó contra él. Se había vuelto para encararla, sus rasgos eran oscuros y sensuales a la luz de la luz que se abría paso a través de la copa de los árboles. Parecía lo que era, un señor con poder, un hechicero sin comparación. Sakura solo podía levantar la mirada hacia su masculina belleza, perdida en el hambre de sus ojos.

No podía respirar cuando estaba tan cerca de ella. Sus ojos se oscurecieron hasta que quedaron implacables por el deseo, con una cruda necesidad. Sus manos se deslizaron hacia abajo por los brazos de Sakura para descansar en sus caderas, urgiendo a su cuerpo a que se acercara incluso más al de él. El azul del aire de la medianoche se mezclaba con el brillo plateado de la luna y junto con el blanco de los bancos de niebla, los rodeaban, separándolos del resto del mundo.

Shaoran inclinó la cabeza lentamente hacia ella, empujado por algún poder que no era el suyo propio, más allá incluso de su comprensión. Todo lo que importaba era ese

momento en el que sentía la satinada y suave boca bajo la de él. En el que saboreó la salvaje miel de ella. En el que tomó el control y terminó con su mutua miseria. Tenía que hacer esto. Era tan necesario para ambos como respirar.

Los labios de él eran firmes aunque suave terciopelo, moviéndose sobre los de ella, persuadiendo gentilmente para que ella respondiera. La sintió moverse bajo sus manos, deslizarse justo en su interior, apretarse firmemente alrededor de su corazón. Sus dientes tirotearon gentilmente, insistentemente, hasta que Sakura tuvo que acceder a su muda demanda y abrió la boca para él. La tierra bajo sus pies se estremeció alarmantemente, pero su boca se apresuró sobre la de ella, transportándole a través del tiempo y el espacio a algún lugar en el que nunca había estado.

Sin pensarlo conscientemente, sin querer, Shaoran encontró la mente de ella con la suya y se fundió, compartiendo sus fantasías eróticas, su alegría ante la existencia de ella.

Compartir la forma en que su cuerpo volvía a la vida y rabiaba por ella, como la necesitaba. Hambriento por ella.

Puro sentimiento. Estaba volando alto sin alas, una caída libre a través del espacio, y todo el tiempo las llamas saltaban más y más alto. Estaba perdido en ella, siempre estaría perdido en ella. Su piel era tan suave, su pelo tan sedoso. Era el milagro de la vida misma. Estaba todo allí, barriendo a Sakura hasta el vórtice de su pasión, captando el deseo de ella y magnificándolo hasta que ella ya no supo donde terminaba ella y empezaba él. Hasta que fueron un sólo ser consumido por un hambre feroz. No había lugar para la autoconservación, no había lugar para la modestia, su necesidad era igual de grande que la de él.

Sus brazos se apretaron posesivamente, arrastrándola hasta la protección de su dura y masculina forma. En las profundidades de su cuerpo, su sangre se espesaba como lava fundida, una tormenta de fuera barría a través de todo su sistema, hasta que supo que iba a arder en llamas.

Tenemos que parar. Las palabras le rozaron como alas de mariposas en su mente, sin aliento, eróticas, llenas del mismo hambre y necesidad que amenazaba con consumirlos a ambos, que amenazaba a su mismo control. Aunque había algo más. Algo nuevo. Debido a que sus mentes estaban unidas, lo reconoció como lo que era; miedo, tan elemental como el tiempo mismo.

Shaoran se empujó de vuelta a la realidad, lejos de las urgentes demandas que su cuerpo hacía y retroceder a una semejanza de cordura.

Sakura estaba ardiendo, ya no era ella misma sino una parte de Shaoran. Eran una sola y completa entidad. Se aferró a él, la única ancla segura en una salvaje tormenta de magia. Shaoran alzó la cabeza para que su boca revoloteara a centímetros de la de ella. Se miraron el uno al otro, ahogándose en los ojos del otro, impresionados de que pudieran producir semejante conflagración sólo con un beso.

Sakura retrocedió, una sutil retirada femenina, intentando encontrarse a sí misma y enfriar el terrible calor que chamuscaba su cuerpo. Se tocó la boca con la punta de los dedos, incapaz de creer que ella hubiera ayudado a generar tales llamas.

- No lo digas, cielo. Sé exactamente lo que vas a decir. - Esa enfurecedora diversión masculina matizaba su voz ronca.

Sakura sacudió la cabeza.

- No creo que pueda hablar. Honestamente, Shaoran, eres letal. Simplemente no podemos hacer esto. Es demasiado peligroso. Casi espero que un relámpago empiece a arquearse entre nosotros.

Él se pasó una mano a través de su oscura melena.

- Juraría que he sido golpeado por un rayo. Ardiente y desgarrador, rasgando directamente a través de mí.

La sonrisa de ella fue tentadora pero allí estaba a pesar de todo.

- Así que estamos de acuerdo. No más de esto.

Shaoran enredó un brazo alrededor del cuerpo de ella y notó que estaba temblando.

- Creo que bastante más de esto es la respuesta, Sakura. Tenemos que aprender a controlarlo. Cuanto más practiquemos mejor será.

- ¿Mejor? - Sakura presionó una mano sobre la boca, con los ojos enormes. - No nos atreveremos a hacerlo mejor que eso, Shaoran, o podríamos conseguir que ardiera el mundo. No sé tú, pero yo no me siento tan bien ahora mismo. - Su cuerpo estaba pesado y dolorido, sensible ante el más leve toque. Cada vez que Shaoran se rosaba contra ella, dardos de fuego corrían en su interior. Le necesitaba, necesitaba su cuerpo. - Si tuviéramos algo de sentido común, pondríamos medio mundo entre nosotros.

Shaoran se llevó los nudillos de ella a la calidez de su boca y quedó intrigado por las dos pequeñas cicatrices en ellos. Su lengua examinó las débiles marcas, un lento y áspero calor aterciopelado. Sakura cerró los ojos contra el puro deseo en los ojos de él, contra su patente sensualidad. Esta vez supo que la instantánea conflagración no había sido causada sólo por ella. Ella no hacía cosas como esa, no buscaba la intimidad instantánea. Nunca. ¿Quién habría pensado que un toque tan pequeño, una mirada, podría reducirla a calor líquido y un dolor que nunca se detendría?

- Shaoran, tenemos que parar. - Estaba medio riendo pero muy cerca de las lágrimas. - No tengo ni idea de que hacer. Es decir, eres un vampiro.

Él sacudió la cabeza.

- Un vampiro no, cielo. Que Dios nos ayude, eso nunca. Te he explicado que el vampiro ha elegido la oscuridad eterna, ha elegido perder su alma. Tú eres mi alma, mi fuerza, la luz de mi oscuridad. Soy un Cárpato, incluso aunque no haya crecido entre nuestra gente y mis costumbres sean de algún modo diferentes. No conozco al Príncipe de nuestra gente, al que ha tratado de evitar la extinción de nuestra especie. Ni siquiera sabía que existía o que mi hermano mayor todavía vivía hasta hace unas pocas semanas.

Sakura empezó a reír.

- ¿No hay alguna cosa normal sobre la que podamos conversar? ¿Cómo el tiempo? Inusual el tiempo que estamos teniendo. - Si continuaba hablándole de cosas que su cerebro se negaba a comprender, temía que perdería la cabeza. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido.

La sonrisa de él fue burlona.

- ¿Te gustaría que creara una tormenta? Podríamos hacer el amor bajo la lluvia.

- Podemos buscar a los otros y fingir que hay seguridad en el número. - Sugirió Sakura firmemente, ignorando la forma en que su cuerpo se fundía ante la ultrajante sugerencia. - Puedo ver cuál de nosotros es la persona práctica, y no eres tú. - Tiró de su mano, conduciéndole de vuelta hacia el campamento.

Él la siguió durante unos pocos minutos en un silencio perplejo. Finalmente, curioso, se aclaró la garganta.

- ¿Sakura? ¿Adónde vamos exactamente? No es que me importe... te seguiré a dondequiera que quieras que vayamos... pero por lo que puedo recordar, este sendero conduce hasta un barranco rocoso. Es arriesgado.

Ella pudo sentir el color elevarse bajo su piel y avanzar hacia arriba hasta su cuello. Cuando trató de desenredar sus dedos de los de él, él se pegó como con pegamento. Se sintió tentada a darle una patada en la espinilla. Ya era lo suficientemente malo que hiciera arder su cuerpo, pero ahora estaba completamente azorada, mientras el parecía al mismo tiempo tranquilo, implacable, completamente invencible.

- ¿Entonces dónde está el campamento? - Exigió a través de los dientes apretados.

Durante un momento Shaoran la miró fijamente. Entonces parpadeó, apartando la burlona diversión que estaba segura había estado arremolinándose en las profundidades de sus ojos. La evaluó con una expresión perfectamente sobria que la hizo desear realmente patearle la espinilla. Le llevó gran cantidad de autocontrol evitar hacerlo.

- No me sermonees. Normalmente tengo algún sentido de la dirección. - Protestó. - Debes haber lanzado un hechizo sobre mí o algo así. Simplemente indica el camino. Y borra esa expresión de tu cara mientras lo haces.

Él caminó en silencio, su cuerpo inconscientemente inclinándose protectoramente hacia el de ella.

- ¿Qué clase de hechizo he lanzado sobre ti? – Preguntó gentilmente, su voz era una pura y hipnotizadora cadencia que no parecía poder resistir.

- ¿Cómo podría saberlo? - Preguntó ella petulantemente. - Por lo que sé, puedes haber estudiado con Merlin. – Le evaluó suspicazmente. - No lo hiciste, ¿verdad?

- En realidad, cielo, él fue mi aprendiz. - Dijo él.

Ella se puso ambas manos sobre los oídos, sus dedos todavía enlazados con los de él.

- No quiero oír esto. Ni siquiera si estás bromeando. No quiero oír esto.

Alcanzaron el claro, y Sakura se detuvo para mirar el terreno vacío. Sólo quedaba el camión. Ni un trozo de papel o envoltorio indicaba que alguien hubiera estado nunca allí. Estaba destinada a estar sola con Shaoran lo quisiera o no.

- Esto no es una conspiración, ¿verdad?

Shaoran rió suavemente y abrió la puerta del camión.

- Mi familia probablemente piensa que he perdido la cabeza, pero nunca conspirarían contra ti.

- Pero conspirarían para ti. - Dijo Sakura con una inspiración repentina. Levantó la cabeza hacia él. - ¿Qué harían si al Príncipe de vuestra gente no le gustara algo que hicieras?

Shaoran se encogió casualmente de hombros con su arrogancia natural.

- No querría que mi familia hiciera otra cosa que mantenerse al margen. Llevo mucho tiempo cuidando de mi mismo y de mis asuntos. No respondo ante nadie. Nunca lo he hecho, y sería incapaz de hacerlo después de tanto tiempo. - Sus mano se enredaron a lo largo de la cintura de ella, y la levantaron sin esfuerzo, depositándola sobre el asiento del camión. - Abróchate el cinturón de seguridad, cielo. No querría que saltaras fuera a la primera señal de problemas.

Ella estaba murmurando por lo bajo mientras él se deslizaba tras el volante. En los cerrados confines del camión, parecía más poderoso que nunca. La amplitud de sus hombros, las fuertes columnas de sus muslos, el calor de su cuerpo. Sakura se tragó el gemido que estaba atascado en su garganta. Su esencia masculina tentaba a alguna cosa salvaje e indomable en ella. Las puntas de sus dedos tamborilearon un ritmo nervioso sobre el salpicadero.

- Sabes, Shaoran, quizás debería simplemente tomar el autobús.

Él oyó la sombra de desesperación en su voz y decidió ignorarla. Después encendió el motor, extendió la mano para tocar su suave piel sólo una vez más, la punta de sus dedos recorrieron hacia abajo la mejilla de ella.

El leve toque hizo correr su corazón. Sabía que él lo oía, sabía que era consciente de que su sangre se apresuraba a través de sus venas, que era consciente de que su cuerpo estaba preparado y necesitaba al de él. Con un pequeño suspiro se hundió en el asiento y apoyó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos.


N.A: bien se que no actualice en la semana pero en recompensa pienso subir doble el día de hoy así que tenganme un poco de paciencia. De nuevo grcias por sus comentarios y por haber agregado la historia a favoritos o ponerla en alerta.