CAPÍTULO 12

Stiles no tuvo ninguna duda de que Kate decía la verdad cuando le dijo que había avisado a Derek.

Otra cosa era que estaba segurísimo de que Derek no vendría.

Por muchos motivos.

El primero de ellos, el más lógico, era que sería una auténtica estupidez. Sería caer de lleno en la trampa. Algo que nunca había salido bien en el pasado, con lo que no tenía sentido esperar que funcionara ahora, siendo un jaguar el que vigilaba la guarida.

En el segundo motivo intentaba no pensar mucho, pese a que seguía estando ahí: Y era que Derek no iría a buscarle porque no tenía ningún motivo para hacerlo… Si ya era absurdo presentarse en bandeja ante alguien como Kate, quien lo tenía todo controlado; menos sentido tendría hacerlo para no recibir nada a cambio.

Puede que sí lo fuera en el caso de que Scott estuviera en su lugar. Porque Scott era otro hombre lobo y además el Alpha de Beacon Hills. Por estúpido y arriesgado que fuera, Derek jamás permitiría que algo malo le ocurriera al "Alpha verdadero". Aunque tuviera que pagar con su propia vida para conseguirlo.

Pero Stiles no era Scott. No era ningún hombre lobo, y ya ni siquiera era un humano de su confianza. Y aunque parte de él seguía creyendo que lo que Derek le dijo era más fruto de la rabia y de haberse visto traicionado… otra vez; otra pequeña parte le recordaba que esa posibilidad siempre estaría ahí. Que aunque Derek era una persona cabal, inteligente y que no se dejaba llevar por la sed venganza, como muchos creían; ya había pasado por aquello.

Ya había vivido muchas veces, demasiadas, cómo la gente que le rodeaba eran los primeros que se ponían en su contra. Muchos por no ser quienes creía que eran, como le ocurrió con Kate y con Jennifer, pero el resto por ser miembros de su propia familia que demostraron que, a la hora de la verdad, siempre pensarían en ellos primero.

Era normal que Derek se hubiera cansado de tener que ser él quien pusiera siempre la otra mejilla. Quien se hubiera hartado de la panda de humanos adolescentes que puede que sólo intentaran ayudar, pero que al final sólo acababan haciendo más mal que bien…

Y donde, cuando todo terminaba, Derek siempre acababa perdiendo: La primera vez fue con Peter, el único familiar que creía tener entonces, y al que tuvo que matar para acabar con el monstruo que asolaba Beacon Hills. Luego perdió a sus Betas, que fueron cayendo uno a uno a manos de la manada de Deucalión, pese a que ello consiguió que por primera vez todos se pusieran de acuerdo. Y finalmente tuvo que dejar su propio poder de Alpha, lo único que le quedaba, cuando lo sacrificó sin dudarlo sólo para salvar a su hermana… Y ahora Cora no sólo se había marchado, sino que desde la distancia le recordaba lo que Derek jamás podría olvidar. Le odiaba por algo que pasó hace demasiado tiempo, y que Derek siempre tendría presente.

Y todo por culpa de Stiles.

Por mucho que le doliera admitirlo, reconocía que Derek tenía más motivos para dejarle pudrirse allí, a manos de Kate; que intentar una misión suicida de rescate.

A medida que las horas pasaban, aquellas dudas no desaparecieron. Stiles no tenía manera de saber qué hora era o siquiera si era de día o de noche, pero sabía que había pasado mucho tiempo. Demasiado para esperar que alguien viniera a rescatarle… Para que su rey particular apareciera montado en un Camaro negro.

Esta vez no sería así.

Kate no había vuelto a presentarse, lo que dejó a Stiles a solas con sus pensamientos… Y eso nunca era bueno. Menos aún cuando éstos le recordaban que tal vez no volvería a ver la luz del sol, o donde el miedo constante a morir allí, solo y sin poder despedirse de su padre, conseguían que cada vez le costara más respirar. Que el olor a humedad fuera cada vez más desagradable, y las ganas de echarse a llorar fueran cada vez mayores.

Pero Stiles se obligó a calmarse. Puede que muriera allí, y puede que no tuviera un final digno. Pero jamás iba a permitir que Kate le viera asustado. Y puede que ella ya supiera que lo estaba con sólo oír su corazón. Pero una cosa era estar asustado por saber que tenía todas las de perder, y otra muy distinta echarse a llorar delante de una asesina que sólo se reiría ante semejante espectáculo.

Por ello, cada vez que Stiles sentía que un nuevo ataque de pánico estaba a punto de llegar, se recordaba que él fue el último terror de Beacon Hills. Y que si entonces fue capaz de engañar a sus amigos y de clavarle la espada al que era un hermano para él y sin pestañear; muy bien podía mantener esa sangre fría ahora.

Pasara lo que pasase.

Daba igual cuál fuera el final que el destino le tenía reservado.

Stiles acababa de cambiar de posición otra vez, intentando que así le doliera menos la espalda, cuando la puerta principal del sótano se abrió.

Convencido de que llegaba su hora final, se puso en pie y apretó los puños con fuerza. No tenía nada que hacer contra ella, pero eso no significaba ni mucho menos que no fuera a intentarlo. Que no moriría luchando.

Sin embargo, no fue Kate la que cruzó la puerta.

Ver a Derek allí, consiguió que las piernas le temblaran.

¿Había ido a rescatarle?

"Por supuesto que sí", se dijo a sí mismo, sonriendo de alivio por primera vez desde que despertó. Por muchas estupideces que hiciera, y por razones más que de sobra que tuviera Derek para dejarle pudrirse allí; jamás lo haría.

Derek no sería Derek si permitiera que los malos se salieran con la suya, y a cambio gente inocente muriera… Y puede que Stiles no fuera del todo un inocente, pero seguía estando en manos de Kate. Algo que Derek Hale jamás permitiría que ocurriera.

El Beta cruzó la puerta con gesto serio. De negro de pies a cabeza, con la misma ropa con que le vio por primera vez, tenía los puños cerrados y una mirada desafiante. No estaba transformado, y ni siquiera sus ojos tenían ese brillo sobrenatural.

Las ganas de Stiles de echarse a llorar, esta vez de alegría, fueron inmensas.

Y desaparecieron tan pronto como llegaron.

En cuanto vio cómo Derek terminaba de cruzar la puerta, y tras él aparecía Kate completamente transformada: Con la piel azul y veteada de las manchas del jaguar, y con esos ojos verdes que cada vez se le antojaban más antinaturales.

Stiles aguantó la respiración, esperando el momento en que Derek se diera media vuelta y la atacara. A que clavara sus garras en su cuerpo, o incluso usara su propia arma contra ella: aquella porra eléctrica que tanto le gustaba usar.

No pasó nada de eso.

- Ya tienes lo que querías – Derek ladeó el cuello en dirección a Stiles, a quien no había mirado una sola vez desde que entró en el sótano - Ahora suéltale.

Kate Argent sonrió al recién llegado, e incluso se permitió hacer una reverencia.

- Como desees.

Accionó el mando a distancia que llevaba, y al instante la puerta de su celda se abrió.

Aun así, el chico no fue capaz de mover un solo músculo.

¿Qué significaba aquello?

Sin entender nada, miró a la mujer y luego a Derek, pero ninguno de los dos le estaba prestando atención. Estaban demasiado concentrados el uno en el otro, y Stiles no tenía ni la más remota idea de lo que estaba pasando o lo que se suponía que debía hacer ahora.

- A qué esperas, cielo – comentó Kate con un toque de molestia, al tiempo que dejaba abierta la puerta principal por la que acababan de entrar – Tu querido rey ha venido a rescatarte.

Stiles tragó con dificultad y salió lentamente de su celda. Una vez estuvo fuera, pese a estar a menos de tres metros de distancia de una asesina, el alivio que sintió fue increíble: Puede que Kate estuviera allí y que hacía dos minutos había pensado que iba a matarle… Pero a su lado estaba Derek, y eso siempre era bueno.

Hacia él se dirigió, mostrando una tímida sonrisa de agradecimiento. No tenía ni la más remota idea de lo que había hecho para convencerla de que le soltara, pero le estaría eternamente agradecido por ello.

Sin embargo, apenas dio un paso en dirección al Beta, Kate se colocó a su lado y le agarró de la muñeca, impidiéndole seguir.

- ¿Qué estás haciendo? – preguntó a la mujer – Pensé que me habías soltado…

- Y así es – torció ligeramente el cuello - Pero el lobo sexy se queda.

Stiles se sintió repentinamente mareado.

¿Cómo podía haber sido tan idiota, como para creer que le dejaría marchar sin más? Que no pediría nada a cambio.

Y siendo Kate de la que estaban hablando, que la única manera que se le ocurrió para anunciar que seguía viva había sido haciéndole creer a Derek que había soñado con ella; estaba más que claro que él sería lo único que pediría a cambio… Que siempre lo sería.

Buscó la mirada de Derek para que terminara de confirmarle que eso era lo que había ocurrido: Que después de todo lo que había hecho y que Derek le dijera que no confiaba en él; se había presentado para cambiarse por él y quedar a manos de una sanguinaria. Sólo para que Stiles fuera libre.

Pero Derek no le miró. Seguía con la mirada fija en el rostro de Kate, los labios apretados y una mirada de odio que jamás había visto en él.

- Derek – le llamó con la voz rota.

Rota porque no podía creer que hubiera aceptado el intercambio por él, y rota porque no quería que se quedara allí. No quería que la historia acabara de ese modo.

Pero Derek no respondió.

Ni siquiera dio muestras de que le hubiera oído.

La que sí que le oyó, y la que no dejó dudas de que se estaba cansando de perder el tiempo, fue Kate Argent.

Soltando un bufido, tiró de la muñeca de Stiles y le empujó hacia la puerta. Trastabilló y cuando consiguió recuperar el equilibrio ya estaba al otro lado. De las celdas y del propio Derek.

- ¡Derek!

- Lo siento, cielo – dijo ella desde el umbral - El juego se acabó para ti, y es hora de que los pequeños se vayan a casa – anunció antes de cerrar la puerta.