Rápidamente la gente del Kadingir se movilizó para salvaguardar sus víveres para poder resistir todo el tiempo en que durara la batalla contra los invasores. Miku, siendo como era, se encargaba de los niños mientras que Hibiki motivaba a aquellos que sentían que todo era pérdida de tiempo. Chris las observaba a la distancia escuchando atentamente las instrucciones de Serena acerca de su importancia dentro de los arqueros, pues si bien no lo demostrara, era un excelente arquero. Su arco, Ichaival, no fallaba jamás un solo tiro.
—Eso es todo por parte de los arqueros—habló Serena en voz alta, a su lado, Kira Tsubasa le respaldaba ya que Kanade salió en compañía de Hoshizora para unir todavía más gente a su batallón contra los invasores mientras que Ayase y Nishikino, alistaban sus clanes a moverse lo más rápido posible, no podían tardar más de tres días y la gente de Kadingir debía dejarlo ese mismo día. El palacio les ofrecía refugio mientras tanto. —Chris-kun…—Llamó—…Ocupó hablar contigo unos momentos más, a solas.
—Claro—Aceptó un poco extrañado, acercándose a su amiga y esperando a que la gente se disolviera— ¿Qué sucede?
Ante su pregunta Serena le otorgó tres frascos diminutos que eran fácilmente capaces de guardarse junto al morral en el que estaban sus flechas.
—Hibiki dijo que te ayudaría—Comentó.
— ¡¿Qué?! Es una locura, esa idiota…—Saltó de inmediato.
—Como sabrás, Miku no pudo dejarla sola—El albino ya sospechaba a dónde quería llegar—No me quedó más que aceptar, pero las dejé estrictamente bajo tu cuidado porque se lo mucho que las quieres a ambas. En esto frascos Maria-neesan está una bebida que curará cualquier herida en cuestión de horas, confío en que no serán necesarias, pero tómalas de todos modos.
—Confiarse no es de guerreros, Serena.
—Eso lo sé, pero tengo fe en que la suerte está de nuestro lado.
—Yo particularmente no confío del todo en los Kazanari, estuvieron por matar a Maria y asesinaron a su maestra. ¿Quién dice que no intentarán terminar el trabajo?
—Yo confío en Amou Kanade y Kazanari Tsubasa, nada más—Comentó Serena. —Además, aun no nos dan motivo para desconfiar.
Chris se mantuvo callado.
—Mejor ve con Miku, que se ve demasiado preocupada por ti en estos momentos. Aprovecha.
— ¡D-Deja eso! —El albino se sonrojó por esa indirecta.
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La paz del palacio se vio interrumpida por una tropa del clan Darahim a cargo de su líder, Leiur Darahim bajo órdenes directas de Akatsuki Kirika, el fiel siervo de la emperatriz Oukyo Shagana y el príncipe Shul Shagana.
— ¿Qué sucede aquí? —Salieron Phael Suyuf— ¿Akatsuki a que has…? —Sus palabras se detuvieron al reparar en Shirabe, quien era rodeada por sus brazos en el mencionado en el caballo frente a la pequeña tropa. —Oukyo Shagana-sama, está con vida… me alegro tanto.
—Seguro que sí—Comentó Shirabe, Kirika miró a Leiur y este movilizó a sus hombres, quienes sometieron al consejero de inmediato. Ante esta reacción, los soldados agredieron a los Darahim sin importarle que la familia real estuviera en esa tropa, con Shul siendo protegido por Leiur.
—Revisen todos los escritos de su propia mano—Ordenó Kirika. Phara, en defensa de su padre, salió del castillo demandando una explicación a que su padre se encontrara sometido de esa forma sin una justificación justa.
—Akatsuki Kirika-san, impero que me explique la razón de esta violencia contra mi padre y la alianza con los traidores.
—Eres su hija, ¿no? Phara Suyuf—Cuestionó Shirabe, la castaña asintió—Tsubasa-san pidió misericordia por ti y tu padre. Lamentablemente, tu padre no merece tal derecho e intuyo que no conoces la situación.
— ¿De qué hablas?
—Cuando su majestad tenía doce años, cuando Shul-sama apenas cumpliría el año de vida, fue secuestrada—Comenzó Kirika—Siendo uno de los responsables su padre, quien le condujo con quien le haría perder la memoria que acaba de recuperar, y no solo eso, sino que también se ha aliado con las fuerzas invasoras para mantener así un control totalitario sobre el país. Bajo el pretexto de una deuda para permanecer dentro del palacio, deuda de la que el emperador se dio cuenta y condujo a su muerte con las píldoras rojas con las que se incriminó a mi maestro, Kazanari Tsubasa.
Phara quedó sorprendida, pues nunca pensó que su padre pudiera llegar a ser de esas personas que atentaban contra el palacio únicamente para conseguir poder.
—No creas esas cosas, Phara, esto es un malentendido. —Alegó Phael.
— ¡Su majestad! —Llamó uno de los soldados saliendo del recinto del consejero con un pergamino en mano que Leiur indicó se otorgara a Phara y que esta lo leyera en voz alta, era un documento en donde pretendía hacerse el heredero al trono a causa de no haber más descendencia del antiguo emperador dejando a Phara como su sucesora.
—Entonces mi tarea no era proteger a Shul, sino simplemente alejarlo por siempre del palacio—Comentó Kirika molesto por haber sido usado de esa manera, pero en parte sabiendo que de no ser por eso, Shul posiblemente no seguiría vivo.
Phael permaneció en silencio mientras que Phara procesaba como su amado padre la utilizó como ficha de cambio. Ya que al casarse ella con Tsubasa solo estaba agilizando el trámite y anexando las regiones de los Kazanari que no eran propiedad del palacio.
—Solo fallaste al no asegurarte que muriera y recobrara todos mis recuerdos sobre cómo en un simple paseo me entregó con quienes se encargarían de mí—Acusó Shirabe molesta. Phael comenzó a reír sin motivo aparente. — ¿Qué es tan gracioso?
—Que tú también fallaste en algo primordial, tu seguridad. —Comentó Phael, en ese momento una flecha se clavó en el hombro del rubio. Decenas de arqueros se dejaron ver en los alrededores de aquella entrada, Kirika, resistiendo el dolor, sacó la flecha de su hombro y, junto con Leiur, hizo correr los caballos hacia el interior, tomando el joven Darahim también a Phara bajo su custodia.
—La carta—Exclamó Leiur una vez dentro de las paredes seguras del castillo mientras que sus demás soldados se movilizaban y acaban con más arqueros al tiempo que soldados de tierra invadían el palacio, algunos con el uniforme que utilizaban en la región del noroeste perteneciente a los Kazanari y otros con los del palacio—Seguramente fue interferida, dejando únicamente a los soldados traidores aquí y mandando a los leales con Maria-san.
— ¡Es una emboscada dess! —Reaccionó Kirika— Los están preparando para morir dess. El traidor está en las filas Kazanari, en la región del noroeste dess.
—Shul-sama, escuché—Habló al niño en sus brazos que se encontraba llorando asustado y ya abajo del caballo mientras que Kirika bajaba a Shirabe—Lo dejaré a cargo de Akatsuki-san, el lo protegerá como hizo antes, ¿entendido?
— ¿Y tú que harás? —preguntó Kirika alarmado.
—Debo dirigir a mi gente, ustedes deben ir a los pasillos subterráneos y no salir de allí hasta que todo esté en orden de nuevo. Confío en que sus majestades estarán seguras en sus manos.
— ¿De verdad merezco igualmente protección? Llevó en mis venas la sangre de un traidor—habló Phara.
—No estabas involucrada—Comentó Shirabe—La sangre de los progenitores no los ata a ellos.
Dicho esto, Shirabe se vio cautiva dentro de su propio castillo mientras que Kirika eliminaba uno a uno los soldados que habían logrado infiltrarse e iban hacia ellos. Una persecución bastante curiosa, pues Shul iba sobre la espalda de Kirika para avanzar más rápido. Una vez llegados a la antigua habitación de Shirabe terminaron rodeados por unos cuantos que lograron descifrar su recorrido. El Akatsuki rápidamente comenzó a batallar con ellos para que los demás pudieran entrar y sellar la puerta; Shul, fue el primero en entrar en los refugios junto con Phara, pero justo cuando Shirabe estaba por igualmente hacerlo, terminó siendo golpeada con el cuerpo de Kirika.
—Tienes talento y perseverancia, es una lástima que tenga que matarte—Comentó uno de ellos alzando su espada, Shirabe lo reconoció como uno de los que "le cuidaban" tiempo atrás un poco tarde, cuando este se fue hacia ella— ¡Pero primero acabaré contigo maldita mocosa!
En cámara lenta, el cuerpo de Kirika se alzó para protegerle en un abrazo, tomando el Igalima, que misteriosamente fue rodeado por un aura verdosa, y acabando con la vida del hombre de un solo tajo.
—Parece que este es mi límite—Dijo Kirika débil.
— ¡Kiri-kun!
—El pasaje aún no está cerrado, entra y espera a que Leiur-san se haga cargo de todo lo demás.
— ¡Kiri-kun! ¡Kiri-kun! —Fueron los gritos de la emperatriz que abrazaba el cuerpo del guarda espaldas de su hermano menor, el príncipe Shul Shagana.
—Vaya, vaya… Al parecer ese mocoso sí que era importante para ti—Sonrío otro de los soldados fieles al doctor y a Phael, el mismo que tiempo atrás robó su inocencia sin rastro alguno de compasión. —Me sorprende que resistiera tanto del veneno que insertamos en las flechas y en nuestras espadas.
Shirabe le miró con rabia, molesta de que su amado terminara en esa situación gracias a ese desgraciado.
— ¡Woah! ¡Qué mirada más fiera! Anda continúa—Alentó el castaño temerario, sintiendo como su piel se helaba cuando esa mirada le devolvió la mirada más sangrienta de todas, brillando ahora en amarillo con sus pupilas rasgadas como gato.
Shirabe no dijo nada mientras que su cuerpo era rodeado por un aura rosa, la prueba innegable de que había heredado los poderes de su verdadera madre. Ahora demostraría que tanto los sentimientos influían en la magia de una maga y porque dañar a su persona más amada era la peor de las ideas. Si no podía salvarlo, al menos derramaría la sangre necesaria para aliviar su dolor.
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—Maria-neesan, las tropas invasoras se acercan cada vez más, llegarán en cosa de dos horas y no hay señal de nuestras tropas—Se acercó Serena rápidamente a Maria en su caballo.
Maria miró interrogante a su hermana, viendo a los alrededores y notando que era cierto.
— ¡Doncella de Jade! —Fue el grito de uno de sus hombres que corría hacia ella a caballo, cayéndose antes de siquiera poder llegar al batallón de sesenta hombres con el que contaba, diez arqueros estratégicamente posicionados escondidos a los alrededores. Maria y Serena rápidamente se acercaron a el, dándose cuenta de que utilizó sus últimos momentos de vida en ir hacia ellas, pues en cuanto lo tocaron notaron como dejó de respirar. Maria alzó la mirada, era uno de los que esperarían a las tropas en el fuerte.
—El fuerte está en peligro.
—Maria-neesan, debes regresar—Pidió Serena.
—No puedo dejarte sola con esta amenaza y con tan pocos hombres. —Rebatió Maria preocupada por su hermana menor.
—Puedo apañármelas, ya he crecido y no estaré sola; y tú tampoco. —Maria vio a sus compañeros de batalla, recordando a sus aliado que prometieron llegar, confiaría en su palabra y confiaría en Serena.
—Cuídate mucho, por favor. —Pidió acariciando sus cabellos, como recordaba que sus padres hacían antes de que durmieran.
—Claro que lo hare—Al decir esas palabras, un cuervo voló sobre ellas.
Tsubasa entró dirigiendo las tropas que anteriormente habían sido de su padre y que temporalmente residían con el doctor a Kadingir. Calmos, les esperaban Ogawa y Genjuuro junto con la mitad de los hombres del fuerte, sesenta hombres. El doctor entró despues de Tsubasa una vez el puente abajo, con trescientos hombres más detrás de él, los cuales, una vez adentro rodearon todo el fuerte desde adentro, quedándose totalmente quietos.
—Genjuuro, veo que sigues como siempre, tan fuerte e imponente. —Comentó el Ver bajándose de su caballo.
—Tú… te ves bastante cambiado desde la última vez…—Dijo Genjuuro.
—Doctor. Estamos atrasados, el tiempo realmente apremia en esta situación. Si tardamos más la nación caerá.
—Tienes razón, Tsubasa-san—Dijo Ver, saltando hacia Genjuuro, cortando su brazo con una daga envenenada. — ¡Sometan Kadingir y no dejen prisioneros!
De inmediato las tropas del noroeste atacaron a los soldados del fuerte, con Tsubasa uniéndose a esa batalla sorpresa, con Ogawa ayudando a Tsubasa a defender a la gente de Maria mientras que Genjuuro tenía asuntos pendientes que resolver con Genjuuro.
—No puedo creer que realmente esperaras que trabajara contigo nuevamente ahora que Yatsuhiro no está conmigo para contenerme—Dijo Ver mirándole con desprecio.
—Todo lo de Ryoko acabó muchos años atrás. —Dijo Genjuuro, un poco titubeante, para él nunca había terminado.
—Para mí no, Genjuuro—Comentó Ver—Ryoko siempre permanecerá viva para mí, porque tú, ni su nombre mereces pronunciar. Te lo dije, siempre viviría lo que hiciste, siempre lo recordaré y jamás seré capaz de perdonarte.
Tsubasa intentó atrapar al doctor por sorpresa, pero quien se sorprendió fue él, al notar que sabía cómo luchar con espadas, pues llevaba una escondida en su bata. Ver desvió su espada y con una coordinada coreografía lograba atacar y defenderse de ambos Kazanari que le atacaban al mismo tiempo, logrando deshacerse parcialmente de Genjuuro con su potencializado veneno que inyectó por medio de los diferentes cortes. Ogawa se unió a la lucha, sacando sus mejores técnicas de ninja, pero la avasallante cantidad de hombres en su contra los hacían separarse cada cierto tiempo y actuar el doble de lo que lo hacía Ver, cansándolos después de media hora bajo el mismo patrón. Sabiendo que el veneno afectaba la movilidad y la fuerza de su tío, Tsubasa comenzó a tratarlo de alejar mientras que reducía su combate contra ver a uno contra uno en técnica de espadas. Una batalla de movimientos bastante rápidos y de golpes bastante fuertes, pues cada choque entre sus hojas resonaba por todo el fuerte.
Ver supo que tuvo ventaja cuando logró hacer dos cortes al menor de los Kazanari al mismo tiempo que este y no sintió ningún ardor. Tsubasa era tan honorable que nunca recurría al veneno, que lástima. Los que jugaban limpio nunca ganaban, por eso Ryoko estaba muerta.
—Tu esgrima es igual que tu ataque a caballo—Comentó Tsubasa una vez ambos se miraron detenidamente—Y el ardor de este veneno solo es causado por la alquimia de los invasores. Estás aliado con la armada Ying.
Ver sólo sonrió con descaro afirmando todo sin necesidad de hacer más.
—Maria solo hirió a mi padre, pero fuiste tú quien lo mató para hacerte con sus tropas y ahora conquistas Kadingir para las fuerzas de Ying—Le miró con cólera, Ver se lanzó hacia él en un rápido movimiento, encajando su espada contra una de sus piernas, haciendo que Tsubasa cayera rápidamente. Era verdad, pidió ayuda para rescatar la vida de Yatsuhiro, pero lo hizo cuando era imposible hacerlo, aprovechando la agresión de Maria a Yatsuhiro al haber utilizado su nombre en todas las negociaciones fallidas contra Kadingir.
—Dime, ¿te aliarías con la gente que destruyó a lo que más amabas? ¿Soportarías que incluso su recuerdo sea tratado como escoria? —Tsubasa intentó atacarle una vez más, pero traspilló en un momento crucial y Ver le sometió contra uno de los pilares del fuerte, encajando su espada en su hombro en un punto no vital. Que el veneno lo matara, no su hoja. —Por respeto a Kazanari Yatsuhiro no te mataré por mi hoja.
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Cuando Maria llegó a aquel hogar que su maestra le brindó, apenas retuvo las lágrimas al ver los cuerpos mutilados sobre el suelo y otros tantos colgados de los pies, deshonrándolos completamente. En el centro, en donde ella siempre habló a su gente, se encontraba rodeado por los soldados y otros cuantos cuerpos apilados con Tsubasa encadenado encima de ellos. Sus ojos estaban cerrados, no podría ser posible que…
— ¡Tsubasa! —Su amado reaccionó de inmediato al escuchar su voz.
—Maria, vete de aquí—Fueron sus palabras— ¡Que te vayas! —ordenó.
—Doncella de jade—Habló Ver a unos cuantos metros detrás de ella—te esperaba, última creación de mi hermosa Ryoko. Entrégate a mí ahora, y no perecerás, como los Kazanari harán.
— ¿Qué buscas? —Preguntó en un reclamo, Ver rió.
—Vengar las malas acciones que llevaron este país a su destrucción, eliminar a la escoria de los Kazanari, y sobre todo… acabar con la magia para siempre—Confesó— ¡Atrápenla!
— ¡Si señor! —Esa fue la contestación de todos los soldados restantes que no dudaron en ir hacia ella, una batalla bastante injusta en cualquier ángulo que se viera. Maria tomó ventaja rápidamente gracias a sus poderes, potencializando sus golpes y defendiéndose al mismo tiempo; pero desde su lugar, Tsubasa notó algo inusual en ella, sus movimientos eran fantasmas y sus ojos ya no brillaban como si estuviesen derritiéndose, sino que parecía más bien que se rompiera en fragmentos, como rocas y no como gemas. Un campo le rodeó inmediatamente y todos los ataques comenzaron a rebotar; Tsubasa solo se preguntó cuándo Maria aprendió esa habilidad, no le daba buena espina. De un momento a otro, Maria estaba de su lado, dejándolo caer, liberándolo de su suspensión pero no de su atadura, pues en ese momento Ver supo que debía interferir, alejando a Maria de Tsubasa y tomando a éste como rehén, quien sentía cada vez más los efectos del veneno al que Genjuuro se sometió hace una hora apenas.
El pie de Ver ejerció fuerza sobre una de las heridas más grandes de Tsubasa causando que soltara un alarido y que Maria rápidamente se lanzara hacia él, pero alzando su cuerpo hizo que Maria bajara su ataque y permaneciera cerca de doctor, quien no dudó en atacarla. Pateando el cuerpo de Tsubasa lejos de él, encerró a Maria, y halando de su cuerda, de nuevo detuvo el ataque de Maria quien no quería lastimar más a Tsubasa de lo que ya estaba, ocasionando que Ver enterrara su espada en ella en dos ocasiones, y que cuando ésta por fin pudiera alejarse, tomar a Tsubasa por el cuello y amenazar su vida con un solo tajo sin realizar. Maria lo miró temerosa, incrédula de que el aliado al padre de su amado amenazara así con su vida, sin más; ella estaba inconsciente al hecho de que frente a ella se encontraba el asesino de Yatsuhiro y que llevó la tifoidea a Kadingir.
El filo apenas rozó su piel, y cuando la primera gota cayó de su cuello, Maria dejó caer su espada.
— ¡No Maria! —Tsubasa perdió el control. Ver soltó su agarre y Tsubasa cayó de rodillas ya incapaz de sostener su propio peso—Déjame aquí y huye. —Maria no respondió y dio un par de pasos hacia él. — ¡Maria! —Suplicó.
Maria se arrodilló ante Tsubasa y acarició su rostro, los soldados de Ver le rodearon y le sometieron quitándole su reliquia y atándole como a Tsubasa.
—Llévenlos a las prisiones subterráneas—Ordenó Ver—Una vez que terminemos con este lugar, también lo haremos con ellos.
Sé lo que piensan: ¿3k?
Perdon, perdón, pero es que quería dejarlo todo para el capítulo siguiente ¡Por fin llegamos al capítulo final de gemas! (no lloren) El siguiente es definitivamente ya el último capítulo y seguimos con el epílogo.
Lo avisé en mi página de FB, pero a quienes no me siguen (les recomiendo que lo hagan, el link está en mi perfil), dejaré en pausa en "Producto" por un par de semanas por cuestiones personales, pero solo con esa, no se angustien, no me quedo en hiatus.
En fin, nos leemos en dos semanas con el capítulo final de Gemas cían y topacio azul dess~~~
