Disclaimer: Los personajes de Ruroni Kenshin no me pertenecen, son obra del maestro Nobuhiro Watsuki.
Capítulo 11
¡Béisbol!
Volver a la normalidad de la ciudad se le hizo muy raro a Sanosuke. Había vuelto a su casa y no tener a la Kitsune y a sus amigos cerca le creó una extraña sensación cuando dejó su macuto en el suelo de la tranquila habitación de su casa. Suspirando se quitó la gorra de la cabeza y la colgó en un lateral de su cama. Bajó a la cocina de su casa para tomarse algo fresco, la diferencia de temperatura del valle donde había estado pasando la anterior semana y la ciudad era increíble.
— ¡Cabeza de pollo has vuelto!— la voz de su hermano llamó la atención del castaño que tomó una botella de té frío y bebió directamente de ella.
— ¿Has aprovechado para ser el hombre de la casa en mi ausencia?— Sanosuke le tiró el tapón de la botella a la cabeza acertándole de lleno en la frente a su hermano pequeño.
— ¡EH!— Yahiko tomó el tapón y se lo lanzó de vuelta, pero los reflejos de Sano eran increíbles y tomó el tapón en el aire.
— ¡Mal!— dijo con una sonrisa. Tapó la botella de té y la guardó de nuevo en el frigorífico— ¡Estás hablando con la estrella del equipo de béisbol, enano!
— ¡No me llames enano!— gritó el joven de cabello negro y revuelto— ¡Y no te flipes tanto! La estrella de tu equipo es Soujiro Seta, no tú— Sano rio.
— ¡Más quisiera el enano de Sou tener mi cuerpo!— Sano flexionó su brazo sacando músculo.
— ¡Oh! ¿Ya has llegado?— Kamishi se internó en la sala con su pipa en la boca— Bienvenido hijo— Se sentó en una de las sillas de la cocina mientras abría el periódico que llevaba en la mano.
— Oye Papá— Sano se sentó en el sitio de enfrente— ¿Te dije que nos clasificamos para las interescolares de béisbol de la semana que viene?— informó con una enorme sonrisa. El hombre canoso separó su mirada del periódico y miró a su hijo mayor, estaba un poco más bronceado, su nariz estaba ligeramente hinchada, decorada por una tirita blanca y en su cara se dibujaba una enorme sonrisa.
— Algo de eso me comentó tu hermano— dijo mientras volvía a centrar su atención en el periódico y aspiraba de su pipa— Veo que has venido muy contento de esa excursión… ¿Ha pasado algo?— Sano se sonrojó.
— ¿Qué?— se puso en pie para acercarse a la alacena de la cocina y sacar el arroz que iba a hervir para la cena de aquella noche— ¡No ha ocurrido nada Papá! Ya que fui obligado a ir a la fuerza a esa maldita excursión… me he divertido… nada más— Yahiko miró frunciendo el ceño a su hermano, era verdad, estaba raro.
— Ya veo…— comentó sin más interés el progenitor de los hermanos Sagara— ¿Qué te ha pasado en la nariz? ¿Otra pelea?— Sano rio.
— Una pelea no… Pero tengo que llevar más cuidado, en el bosque los zorros son muy peligrosos— comentó sin más mientras se centraba en hacer la cena de aquella noche de verano. Kamishi sonrió y Yahiko miró a su padre y a su hermano sin entender absolutamente nada.
Sano no tuvo mucho tiempo de disfrutar de las vacaciones ganduleando en su casa como estaba acostumbrado. Al día siguiente de llegar de la excursión, Soujiro había citado a todo el equipo de béisbol para ponerse en serio con los entrenamientos de béisbol, ahora que la excursión había terminado, disponían de todo el tiempo del mundo para dedicarlo a la preparación del torneo. Misao los acompañaba y los animaba con una sonrisa en su rostro. Había preparado una carpeta con un montón de documentos sobre el equipo que sería su rival en aquella fase de las interescolares, la preparatoria Kunao, de la prefectura de Nagano. Justo antes de comenzar el entrenamiento ella y el propio Soujiro habían tenido una charla con todos los jugadores para comenzar a entrenar conociendo las características de su rival. Aquello era muy diferente de lo que estaba acostumbrado el castaño.
Miró como su bateo golpeaba la pelota y salió corriendo rumbo a la primera base, donde se tiró al suelo para tocar con su bota la base antes de que a Cho le diese tiempo a colocar la pelota sobre ella.
— ¡Dentro!— gritaron, Sano sonrió con superioridad.
Los entrenamientos eran intensos y el calor asfixiante y aquello les hacía exigirse al máximo. Cuando Sanosuke pensaba que iba a morir por culpa de la deshidratación Soujiro gritó la palabra que todos estaban deseando escuchar.
— ¡Descanso!— Katsu se dejó caer en el suelo derrotado mientras extendía sus manos hacia los lados.
— ¡Lo estáis haciendo genial chicos!— Dijo Misao mientras le daba una toalla a Cho Sawagejo.
— Creo que voy a derretirme— Daigoro se quitó las gafas y limpió el sudor de su frente con la manga de su uniforme.
— ¡Vamos reponed fuerzas que enseguida volvemos al entrenamiento!— Informó Seta mientras se dirigía a los banquillos.
Sano se quitó los guantes de bateador y el casco colocando su gorra de nuevo en la cabeza.
— Yo voy a refrescarme un momento a las fuentes— Informó mientras se alejaba de la pista de arena rojiza.
Caminó con las manos en los bolsillos y cuando llegó colocó su cabeza debajo del agua fresca que salía a borbotones de la fuente. Pensó que no había un mayor placer en la vida.
Sacudiendo su cabeza como un perro volvió a colocarse la gorra. Entonces una presencia llamó su atención, una joven lo miraba con una ceja alzada, Sano sonrió.
— Vaya… Así que mis sospechas eran ciertas, Kaichou, eres una amargada de verdad…— Sanosuke levantó la visera para mirar mejor a una Megumi ataviada con el uniforme de la escuela en pleno mes de agosto, sonrió al ver que no llevaba el chaleco de punto e iba solamente ataviada con la camisa y la corbata— ¿Qué le ha ocurrido a tu uniforme perfecto? ¿No dices siempre que el chaleco es obligatorio en verano?— El joven puso sus brazos en jarra sin dejar de mirarla, la joven ignoró olímpicamente el comentario y se dispuso a continuar su camino— ¿Tanto te aburres en tu casa que vienes al instituto hasta en verano?— A Megumi le tembló una ceja mientras paraba la marcha y se giró para mirar al cabeza de pollo.
— Por lo que veo no soy la única que no dedica las preciosas mañanas de agosto a gandulear en mi casa. Por la misma regla de tres que has mencionado antes, tú también entrarías en el club de los amargados— Sanosuke soltó una carcajada ante aquellas palabras.
— ¡Eres muy graciosa!— contestó como pudo entre risas, mientras se agarraba la barriga ¿Qué le resultaba tan gracioso a Zanza?— ¿De verdad piensas que yo estoy aquí por el mismo motivo que tú?— Sano suspiró mientras retomaba el aliento, aunque la sonrisa burlona tan característica de él no se había borrado de su rostro— Para empezar fíjate en mi uniforme, estamos en un entrenamiento de béisbol, dentro de dos días empieza el torneo interescolar y Sou quiere que estemos preparados. Segundo, yo nunca malgastaría mis vacaciones en hacer algo del Consejo Estudiantil. Ya tuve bastante con aquel viaje que te empeñaste en organizar— Megumi mantuvo la mirada con el castaño, aunque acto seguido soltó una carcajada cínica.
— ¡Es cierto! Olvidaba que eres un cabeza de chorlito ¿Qué ibas a hacer en el instituto si no? Resulta que te ha gustado eso del béisbol, porque supongo que para sacarte de tu casa o de las peleas tiene que ser algo realmente importante— Con la máxima elegancia que pudo, se dispuso a continuar su camino hasta la entrada del centro, pero no esperó que Zanza la sujetara por la muñeca evitando que continuara, su sonrisa sarcástica había desaparecido y su ceño estaba ligeramente fruncido mientras la miraba seriamente.
— Para tu información Takani… ya no peleo— Sus ojos castaños la miraban fijamente bajo sus gruesas cejas, no se había percatado hasta ahora, pero bajo la gorra no llevaba su característica cinta roja, varias gotas de agua decoraban su rostro— Así que no vuelvas a decirlo— Megumi quedó paralizada, su tono era de reproche pero tranquilo y no notó ni una pizca del sarcasmo que siempre acompañaban a sus palabras, no supo cómo reaccionar.
— Vale, ahora… ¿Puedes soltarme?— Sano no le hizo caso sin dejar de mirarla a los ojos, Megumi estaba a punto de forcejear, pero había algo en la mirada castaña de Zanza que hizo que se quedara dónde estaba— Me voy…— su boca habló, pero su cuerpo no reaccionó.
— Muy bien…— respondió Sanosuke que sentía la suave piel de la muñeca de la presidenta bajo su mano. Ya habían vivido aquella situación, era extraño, embriagador y atrayente… no podían dejar de mirarse, de ver más allá de lo que mostraban y cuando les ocurría eso… ninguno de los dos pensaba con claridad.
— Oh Kaichou ¡Que coincidencia!— Al igual que la primera vez fue Sayo, aquella fue Soujiro, que se acercaba a ellos a la vez que se quitaba el guante y se lo colocaba bajo la axila mientras abría una botella de agua fría. Otra de las cosas que se les había pasado desapercibidas fue el calor, era sofocante— ¿Qué hace en el instituto en pleno mes de agosto?— Megumi salió del extraño trance en el que había estado inmersa el último minuto y miró a su otro miembro forzoso del Consejo mientras se liberaba del agarre de Sanosuke.
— Seta-kun— carraspeó— Tengo que preparar algunas cosas para el nuevo trimestre, cuanto antes empiece más trabajo habremos adelantado— explicó volviendo a su papel de presidenta respetable.
— Vaya, es impresionante Takani-san, nunca había conocido a alguien tan trabajadora como usted— Sou sonrió mientras se quitaba la gorra y se echaba el agua en el pelo.
— Sou, no te lo creas, solo está amargada— Sanosuke resopló mientras se metía las manos en los bolsillos de los pantalones blancos de la equipación del equipo Hiko— Volvamos al entrenamiento si no quieres que los de Kunao nos peguen una paliza.
— Vosotros también sois muy trabajadores Seta-kun— Megumi continuó con su conversación ignorando a Sanosuke— Es admirable ver como un capitán lleva a su equipo a ganar las interescolares.
— ¡Oh! No es nada, simplemente ya que nos hemos conseguido clasificar, debemos de dar nuestro mayor esfuerzo por jugar un buen campeonato— Soujiro también ignoró a un Sanosuke que los miraba con una ceja alzada y con las manos aún en sus bolsillos— Por cierto, Kaichou, el primer partido lo jugaremos contra Kunao dentro de dos días. Somos los locales, por lo que se celebrará aquí, en el instituto. Sería un gran honor que nuestra presidenta viniese a apoyarnos— Soujiro miró de reojo a su amigo que lo observaba con los ojos como platos, sonrió— Si no está muy ocupada ¿Podría venir?— Megumi lo miró sorprendida, era la primera vez que la invitaban a un partido de béisbol.
— Yo… bueno… estaré aquí trabajando, de todas formas no tengo bastante tiempo…
— Vamos Kaichou ¡será divertido! No hace falta que trabaje ese día. Si viene, le prometo que yo mismo vendré a ayudar al Consejo Estudiantil una vez termine el torneo— Soujiro parecía entusiasmado con la idea, la pelinegra dirigió su mirada a Sano que había puesto una graciosa mueca en su rostro.
— Está bien, vendré a veros jugar—terminó diciendo con una sonrisa— No me vendría mal una ayuda la última semana de agosto— Sano miró sorprendido a Megumi.
— ¡Bien! ¡El apoyo moral es el que saca a un equipo hacia adelante! ¡Ya verá lo contentos que se van a poner los chicos cuando les diga que tendremos el apoyo de la mismísima presidenta del Consejo Estudiantil!— Sou cerró su puño con una sonrisa— Se van a enterar los de Kunao.
— Sou, no hace falta que te emociones tanto porque una Kitsune vaya a ver nuestro partido— Sano seguía en el mismo lugar y miró hacia las pistas donde estaban entrenando, no pudo evitar sonreír cuando escuchó un soplido de desaprobación que venía de Megumi.
— ¡Dígaselo también a Himura!— Soujiro seguía emocionado— Makimachi-san es la mánager del equipo y Kamiya-san vendrá a animarnos también.
— Está bien… iré a veros— La presidenta dijo aquellas palabras mirando a Sanosuke de reojo, el cual había vuelto a adquirir una actitud chulesca.
— Nos vemos en el partido pues— Soujiro le sonrió encantado— Vamos Sagara, aún no hemos terminado el entrenamiento— Por su parte, Sanosuke se quedó dónde estaba mirando como Megumi se daba la vuelta y se dirigía con paso ligero a la entrada del centro, alejándose de donde se encontraban ellos.
— ¡Eh Kitsune!— la pelinegra se giró al escuchar a Sano— ¡Si vas a venir al partido puedes atacar con tu veneno a los del equipo contrario! ¡Será una victoria segura!
— ¡Estúpido Tori-Atama! ¡El salvaje aquí eres tú! ¡Podrías atacarlos dándoles un mordisco o algo! — Enojada se dio la vuelta y se internó, por fin, en el instituto. Sanosuke por su parte, se quedó con una sonrisa triunfal en la cara.
— ¿Qué ha sido eso?— Aquella pregunta hizo que Sano desviara la mirada de las puertas del centro.
— ¿Qué?
— Todo, Takani-san y tú, esa aura que genera entre vosotros… la estabas cogiendo de la muñeca… tenía entendido que os odiabais a muerte.
— ¡Y nos odiamos a muerte! ¿Qué te hace pensar lo contrario?— Sanosuke miró a su capitán que le dedicaba una extraña sonrisa.
— Nada, nada… volvamos al entrenamiento. Makimachi-san se estará preguntado donde nos hemos metido— Y sin decir nada más, puso rumbo a las pistas deportivas.
Megumi salió de la estación mientras intentaba evitar que el sol le diese de lleno en la cara con su mano. Escudriñó los alrededores buscando la rojiza cabellera de su mejor amigo en balde. Suspiró y justo cuando iba a coger el teléfono de su bolso para preguntarle donde se encontraba, algo llamó su atención.
— ¡Megumi aquí!— La joven alzó la mirada y vio a su amigo ataviado con una camiseta blanca en la que podía leerse Hiko con letras cursivas y negras. Junto a él iba un serio Aoshi que llevaba las manos en los bolsillos y miraba aburrido hacia un lado. La pelinegra sonrió mientras se acercaba a ellos.
— ¡Vaya Aoshi no sabía que tú también venías!— comentó la morena mientras volvía a guardar su teléfono en el bolso.
— ¡Makimachi-san lo convenció ayer!— informó el pelirrojo con una sonrisa traviesa en el rostro. Aoshi suspiró al escuchar el tono que estaba empleando su amigo.
— He pasado con mucho tiempo durante la acampada con Makimachi, Seta y Sagara… verlos entrenar tan duro me ha dado curiosidad por ver como lo hacen, nada más— sentenció, Megumi sonrió.
— ¿Y tú Megumi?— Kenshin le preguntó interesado mientras comenzaban a dirigirse hacia el instituto— Creía que tenías demasiado trabajo y no podías encontrar el hueco para venir a verlos jugar…
— Seta-kun me invitó directamente— confesó— Dijo que mi asistencia animaría al equipo, y tiene razón. Como presidenta del Consejo Estudiantil he de estar presente en actos de este tipo, es la primera vez que el equipo de béisbol se clasifica para las interescolares desde hace 10 años— explicó con un tono de autosuficiencia— Es mi responsabilidad asistir en representación del centro.
— Vaya…— Kenshin sonrió ante la explicación— veo que tienes buenos argumentos— comentó como quien no quiere la cosa.
— ¿A qué se supone que te refieres Ken-san?— la ceja de Megumi tembló.
— No sé cómo lo hacéis… pero Sagara y tú siempre os las apañáis para terminar juntos en todos los eventos— Aquella observación realizada por Aoshi hizo que la joven enrojeciera.
— ¿Qué estáis insinuando vosotros dos?— Megumi echó su pelo hacia atrás elegantemente; apretó la marcha adelantándose a sus dos amigos, al girar la calle la ribera del rio les dio la bienvenida. A lo lejos ya se podía divisar el centro de educación secundaria superior Hiko.
Sanosuke caminaba con su macuto al hombro y una sonrisa en la cara, era verdad eso que le había dicho la Kitsune la última vez que la vio, le gustaba el béisbol y disfrutaba jugándolo. En el centro se respiraba un aire festivo, mucha gente había asistido al partido y sus contrincantes se encontraban ya en el terreno de juego haciendo estiramientos. Se internó en los vestuarios para encontrarse con el resto de compañeros que se encontraban muy nerviosos, con tranquilidad sacó su equipación del equipo y comenzó a vestirse.
— ¡Ha venido mucha gente a vernos!— Okubo habló con un deje de nervios en su voz mientras se ataba los botones de su camiseta.
— ¡Ni que lo digas!— comentó Cho a su lado— ¡Prácticamente todo el instituto! Ser la primera vez que nos clasificamos desde hace 10 años ha creado mucha expectación…
— ¡Eso nos obliga a esforzarnos al máximo!— Un sonriente Soujiro Seta apareció con su equipación pulcramente colocada y con la gorra negra decorada por la H blanca de Hiko en la cabeza— ¡Debemos de dar lo mejor de nosotros! ¡Ya que hemos llegado hasta aquí no podemos fallar!— Dijo mientras el resto del equipo comenzaba a hacer un corro a su alrededor— ¡VAMOS!— gritó— ¡HIKO!— todos sonrieron y colocaron sus puños en el centro del aquel círculo.
— ¡FIGHT!
— ¡HIKO!
— ¡FIGHT!
— ¡HIKO!
— ¡FIGHT! — Y todos levantaron sus puños al cielo.
— ¡Vamos a ganar!— Les prometió su capitán con una sonrisa acompañada de una mirada de determinación.
Cuando terminaron de cambiarse y de realizar los estiramientos aún quedaban unos minutos para que comenzara el partido, Sanosuke se paseó por las gradas junto con Misao para hacer que los nervios se calmaran un poco. Divisó a su hermano Yahiko acompañado de su padre y de la pequeña Tsubame. Los saludó con el brazo pues se habían colocado en las gradas de arriba y le era prácticamente imposible acercarse hasta ellos.
Quienes sí habían conseguido unos sitios privilegiados en primera fila habían sido sus amigos. Kaoru llevaba la gorra del equipo y estaba acompañada de Beshimi, Shikijou, Han'nya y Hyoutoko que habían confeccionado un enorme cartel en el que podía leerse ÁNIMO JEFE, junto a la frase aparecía dibujado un pollo cuya cabeza estaba adornada por una cinta roja. También estaban Sayo Amakusa y sus amigas de primero que llevaban carteles de apoyo a Okubo.
— ¡Vaya chicos es increíble!— Dijo Misao al ver el cartel. Sanosuke reprimió las ganas de pegarle una colleja a cada uno, en cambio sonrió.
— ¿De verdad pensáis que necesito un cartel para animarme?— Preguntó con una sonrisa engreída— Soy el mejor— Sacó músculo.
— ¡Hazlo lo mejor que puedas Sano! – le animó Kaoru mientras se apoyaba en la barandilla— Y Misao no dejes que se desanimen.
— Cuenta con ello— respondió la joven mientras cerraba un puño. Su mirada se desvió en aquel momento hacia las personas que se acercaban hasta ellos. La joven de la trenza no pudo evitar sonrojarse… al final había venido…
— ¡Buenos días!— Saludó Kenshin al llegar hasta donde se encontraban sus amigos— ¡Veo que llegamos a tiempo!
En la cara de Sanosuke se dibujó una sonrisa arrogante al ver que Megumi acompañaba al pelirrojo y al hombre de hielo. Se acercó hasta ella.
— ¿Qué Kitsune?— dijo mientras alzaba una mano— ¿No tienes ninguna encuesta de satisfacción que hacer hoy?— Megumi lo ignoró completamente mientras dirigía la mirada al cartel que habían diseñado el trío de idiotas y se llevó una mano a la boca intentando aguantar una carcajada al ver el dibujo del pollo.
— ¡Te han clavado!— dijo entre risas ignorando el comentario con el que había sido recibida.
— ¿Megumi-chan te gusta?— Preguntó emocionado Beshimi.
— Tenéis un talento natural para captar las esencias— confesó aún con la sonrisa en la cara. Sano bufó.
— Oye— dijo para llamar su atención— Himura lleva una camiseta del equipo… ¿Tú a quien has venido a animar?— preguntó al ver que Megumi vestía un sencillo conjunto de verano compuesto por una camiseta ancha y unos pantalones cortos.
— A vosotros, muy a mi pesar— dijo mientras se cruzaba de brazos y soltaba un suspiro— Soy la presidenta del Consejo, vengo en representación institucional— Aquella frase hizo que Sano soltara una carcajada.
— ¡Pues vaya una representación institucional!— dijo haciendo que Megumi frunciese el ceño. Iba a responderle muy malamente cuando el castaño hizo algo que no se esperaba. Se quitó la gorra de la cabeza y se la puso a la presidenta— Ahora sí que parece que has venido a animar al equipo, Kitsune— dijo con media sonrisa— Tranquila, tengo otra, esa te la puedes quedar— le guiñó un ojo de manera arrogante— Cuando ganemos el partido vendré a firmártela.
— ¡Sano!— Soujiro se acercó corriendo hacia ellos con un casco y unos guantes en la mano, rompiendo el contacto visual de los dos— ¡Bateas el primero!— informó mientras miraba con una sonrisa a todos sus amigos— ¡Hola chicos! ¡Gracias por venir!
Megumi bufó mientras se internaba en las gradas y se sentaba junto a Kenshin y Kaoru. Sanosuke aceptó la equipación de las manos de su capitán y se colocó los guantes y las coderas.
— ¡Animo seguro que lo conseguís!— Dijo Kenshin.
— Sois buenos— Aoshi miró a Soujiro y a Zanza con los brazos cruzados— No os dejéis achantar.
— Tranquilos— dijo Soujiro con una mirada de determinación en el rostro.
— Miradme bien— Esta vez habló Sano mientras su sonrisa se ampliaba al ver que Megumi no se había quitado la gorra negra con la H blanca, se colocó el casco negro de bateador. Megumi se sonrojó levemente y desvió su mirada de la de Sanosuke. Este sonrió mientras colocaba bien el casco sobre su cabeza— ¡Vamos Sou!
Sano, Soujiro y Misao se dirigieron al banquillo del equipo local. Los asistentes al partido observaron cómo Sanosuke tomando su bate, que se encontraba en el banquillo, se dirigía a la zona de bateo con paso seguro.
El castaño se colocó en posición mientras dirigía una mirada arrogante al pitcher de Kunao que iba ataviado de gris. Sonrió mientras balanceaba el bate esperando a que el árbitro diese la señal de comienzo del partido. El joven pensó que nada podría ser mejor en aquel momento.
— ¡Empezamos!— El árbitro dio la señal, y el joven de mirada castaña observó cómo su contrincante se preparaba para lanzarle la bola. Alzó un pie y se encogió antes de lanzar con velocidad la pelota.
Sano se concentró, observó la trayectoria y con todas sus fuerzas golpeó. Le dio y no le hizo falta soltar el bate; la pelota salió del campo. Un estruendo llenó el estadio de Hiko.
— ¡Un Home Run!— Sano miró a sus compañeros de equipo que se abrazaban entre ellos— ¡Sagara ha hecho un home run en el primer bateo! ¡Este partido promete!— el comentarista se escuchaba por los altavoces del estadio sobre el alboroto de la gente que poblaba las gradas.
Sano tras correr su carrera con una sonrisa en su rostro, se llevó el bate a su hombro y sin borrar la expresión de felicidad caminó hacia el banquillo donde sus compañeros lo abrazaron.
— ¡Sano ha sido increíble!
— ¡QUÉ GOLPE DE EFECTO!
— ¡Los hemos desestabilizado!— Dijo Sou— ¡Esto no se lo esperaban!
— ¡Venga!— Cho tomó su bate y se dio un golpe en la parte delantera de su casco— ¡Vamos a demostrarle a los de Kunao con quien se están metiendo!
En las gradas todos se habían quedado impresionados, Kaoru se abrazaba emocionada a Shikijou y Beshimi y los demás gritaban como locos. Megumi se quedó paralizada ante la actuación del castaño. Sabía perfectamente lo difícil que era hacer lo que había hecho Sanosuke.
— Guau— Dijo Kenshin— Son impresionantes.
— No tendrán dificultad para ganar— Opinó Aoshi mientras cruzaba sus brazos— Sagara ha desestabilizado por completo al equipo contrario. No se esperaban que entraran con tanta fuerza desde el principio.
— Ya lo creo…— respondió el pelirrojo con una sonrisa, mientras miraba de reojo a una Megumi que, aun con la gorra de Sano sobre su cabeza, miraba anonadada el terreno de juego.
El partido continuó y las entradas fueron pasando. Aunque Kunao había sido desestabilizado en la primera entrada, a mitad del partido demostró ser un rival duro de pelar. Pero las ganas que tenía el equipo de Seta por ganar superaban cualquier adversidad.
Era una delicia observar los bateos de Sanosuke, pero lo que más llamaba la atención de todos era la actuación del pitcher y capitán del equipo Hiko. Soujiro Seta demostró que era muy bueno en sus lanzamientos y confundía a todos y cada uno de los bateadores del equipo contrario.
Sanosuke no se quedaba atrás, tras su impresionante home run al comenzar el partido, realizó dos más a lo largo de las siguientes entradas. Hiko iba sumando carreras y luchando por la clasificación.
Durante la última entrada, le tocaba batear al equipo de Kunao. Tenían que defender y evitar que el equipo contrario realizara más carreras. Soujiro apretó la pelota entre sus manos mientras miraba de reojo a todos sus jugadores colocados a lo largo y ancho del campo de juego. Miró al bateador ataviado de gris, si conseguían eliminarlo podrían celebrar su pase a la semifinal. Si no, se complicarían mucho la vida.
Las gradas se quedaron en silencio a la espera de que el pitcher de Hiko lanzara. Alzó su pierna y con todas sus fuerzas realizó el lanzamiento. Se escuchó la madera del bate golpear la pelota y el bateador de Kunao salió corriendo hacia la primera base.
A Cho se le escapó la pelota al suelo, pero justo a tiempo logró tomarla entre sus manos, miró que el jugador ya había pasado la primera base y se dirigía hacia la segunda. Uno de los jugadores de Kunao ya había conseguido una carrera.
— ¡Sarujiro cógela!— gritó el rubio mientras le lanzaba la bola blanca con costura rojas a su joven y asustadizo compañero. El bateador corría hacia la segunda base donde el pequeño Sarujiro se encontraba temblando. Intentó controlar sus nervios mientras observaba al bateador correr hacia él. Tenía que coger la pelota.
Alzó su mano enguantada y sintió como la bola caía en él. Luchó por evitar que esta se le escapara y rápidamente la posó sobre la base.
— ¡FUERA!— gritó el árbitro— ¡Bateador eliminado! ¡Fin del partido!
Una ovación estalló.
— ¡Hiko se ha hecho con la victoria!—se escuchó por los altavoces.
Sarujiro continuaba agachado, con la pelota sobre la base, sin creerse lo que había conseguido. Entonces sintió como era levantado en el aire por sus compañeros de equipo.
Habían ganado. La clasificación para la semifinal era suya.
La victoria del equipo Hiko fue un soplo de energía positiva que inundó a todos durante las vacaciones. Sanosuke se encontraba pletórico e iba a los entrenamientos todos los días con una enorme sonrisa. Misao también se encontraba en una nube de felicidad que contagiaba a todo el mundo.
Aoshi se la encontraba en la biblioteca de vez en cuando, después de los entrenamientos de béisbol. Entraba con una sonrisa en la cara y con sus libros bajo el brazo. Lo saludaba y se sentaba a su lado tranquilamente a estudiar.
El joven hombre de hielo se sorprendió a sí mismo cuando se encontró desviando su atención hacia la joven de la trenza que, sin esperarlo, se había convertido en su inseparable compañera de estudios en la biblioteca. En cierto sentido era graciosa, llevaba la camisa del uniforme de verano por fuera de la falda y le venía bastante grande, no portaba la corbata y su larga trenza caía por uno de sus hombros. Su cara era de concentración mientras realizaba sus tareas, fruncía el ceño cuando no entendía alguna cosa y sacaba la lengua, como una niña pequeña, cuando estaba haciendo algo que requería mucha concentración.
Se fijó en que tenía una letra bastante bonita, subrayada los libros con montones de colores y llevaba en un viejo estuche infantil que tenía forma de comadreja, del que supuso que vendría el mote con el que Zanza la llamaba siempre. No entendió como una chica como ella se encontraba en una clase como la F…
— Es impresionante que el equipo se haya clasificado para las semifinales ¿Verdad?— Aoshi salió de su trance y volvió a la realidad.
— Si…— respondió mientras volvía a centrarse en sus libros reprochándose a sí mismo por desviar su atención.
— Mañana se conocerá el otro semifinalista y nos dirán el día del siguiente partido— Una sonrisa se dibujó en su rostro— ¿Volverá a venir para animarnos Shinomori-kun?— Aoshi volvió a mirar a la joven, una preciosa sonrisa se dibujaba en su rostro levemente coloreado de rojo. Tragó saliva.
— Si… por supuesto— respondió bajando la mirada— A nosotros también nos dirán la fecha de la final de Kendo— informó.
— ¡Lo sé! Kaoru está muy emocionada— Misao sonrió aún más— ¡Ojalá pudiese ir a veros! ¡Cómo el año pasado!
— Si…— respondió y dio por finalizada la conversación mientras volvía al estudio.
El día de la semifinal fue anunciado, y aquello desanimó un poco a Sanosuke pues cuando fue a casa de su mejor amiga para comunicárselo, esta se disculpó con él por no poder asistir. Aquello que estaban intentando evitar pasó, el partido de semifinales coincidía con la final de las interescolares del kendo y ella tenía que estar en Tokio con Kenshin y todo el club de kendo aquel día. Sano torció su morro al enterarse de la noticia. Pero cuando el padre de Kaoru apareció con una sandía recién partida e invitándolo a que se quedara a cenar, el joven se olvidó de todo.
— ¡Entonces tendremos que clasificarnos para que podáis venir a la final! — comentó con una enorme sonrisa sentado en el suelo del porche de madera de la casa de su mejor amiga con un enorme trozo de sandía en su mano.
— ¡Claro!— dijo Kaoru.
—Pero tendremos un problema, la Comadreja estuvo muy emocionada en el partido porque el cubito de hielo vino a vernos… se va a llevar un chasco cuando se entere de que va a la final de Kendo con vosotros— Reflexionó.
— Si… pero Misao es fuerte, seguro que eso la obliga a esforzarse el doble para animaros en el partido y así clasificaros para la final— explicó— así tendrá una nueva excusa para hablarle a Shinomori-kun en la biblioteca y terminará por invitarlo de nuevo— la morena soltó una pequeña risa al pensar en su mejor amiga— La vuestra también sería en Tokio ¿No?
— Si, Soujiro dice que jugaríamos en un campo de béisbol profesional ¿Puedes creértelo?— La mirada de Sanosuke reflejaba emoción, la pelinegra miró a su mejor amigo con una dulce sonrisa en su rostro.
—Oye Sano…— el castaño dejó de engullir sandía para mirar a su mejor amiga— Has madurado mucho— aquellas palabras hicieron que el joven se sonrojara.
— ¿De qué hablas Kao-chan?— se llevó una mano al cabello y comenzó a reír.
— No sabes lo que me alegro de que hayas cumplido tu promesa de no pelear— Sano dejó de reír y miró sorprendido a su amiga que tenía sus ojos cristalinos y lo miraba con una sonrisa sincera. El castaño dibujó una sonrisa triste en el rostro y pasó su mano por su pelo, acariciando ligeramente la cinta roja que decoraba su frente.
— Él…— Zanza bajó su mirada al suelo— él quería que fuese así también…— confesó; Kaoru lo miró sorprendida, hacía más de un año que su mejor amigo no lo mencionaba…— Yo… lo estoy haciendo por vosotros— una sonrisa volvió a decorar su rostro, quitando de un plumazo la tristeza que lo había envuelto durante una milésima de segundo— ¡Y no sabía que el deporte pudiese ser tan divertido!
— ¿Lo ves?— Ambos jóvenes comenzaron a reír mientras continuaban charlando en el porche de la morena como si volviesen a tener nueve años, mientras que el pequeño farol situado junto a la fuente de peces koi, de la que tanto presumía el señor Kamiya, iluminaba aquella agradable noche de verano.
Cada vez que visitaba Tokio, el pecho se le comprimía levemente al pasar por el Hospital General. La joven Megumi se quitó aquellos pensamientos de la cabeza mientras volvía a poner atención a sus amigos. Todos viajaban en el autobús que había fletado el instituto para llevar al equipo de kendo hasta el espectacular dojo Nippon Budokan, donde se celebraba el torneo interescolar de kendo. El sitio era realmente espectacular y su amigo Kenshin dibujó una enorme sonrisa en su rostro cuando bajó del autobús y miró el impresionante edificio, a pesar de ser los actuales campeones, todos se sentían nerviosos por ver si iban a ser capaces de revalidar el título.
Megumi iba acompañando al director y al profesor Yukyuuzan, en representación institucional del centro, cuando se adentraron en aquel impresionante lugar, se separaron de sus compañeros para dirigirse hasta las gradas a esperar a que el acontecimiento deportivo diera comienzo.
El torneo se separaba en combates por graduaciones, la mayoría de sus compañeros estaban en el 3-dan, por lo que participarían en ese torneo. Los más jóvenes del club o los que llevaban menos tiempo entrenando, se enfrentarían en las competiciones del 2-dan. Megumi se puso cómoda mientras tomaba entre sus manos un folleto explicativo sobre las graduaciones del kendo, historia, shinais, armaduras…
Los combates dieron inicio y todos los kendokas de la preparatoria Hiko realizaron combates soberbios. Kaoru Kamiya destacaba mucho, así como su capitán, Kenshin Himura. Iban ganado combates uno tras otro casi sin dejarles opción a sus contrincantes. Megumi no podía dejar de mirar la pista central donde se estaban celebrando todos los enfrentamientos. Sacó su teléfono móvil para hacer fotos, pues se le ocurrió la genial idea de proponer al director realizar un espacio en el hall del instituto dedicado a una pequeña exposición deportiva, se acordó también de los triunfos que el equipo de béisbol estaba cosechando y de que su miembro del Consejo, Soujiro Seta, estaría encantado con la idea. Sonrió satisfecha al ver como Aoshi ganaba el último combate, dándole la victoria a Hiko.
En ese momento, Megumi miró su teléfono al ver como parpadeaba la luz de las notificaciones. Tocó la pantalla y se fijó en que tenía un mensaje del Tori-Atama, alzando una ceja lo abrió y se encontró con una fotografía; la amplió para comprobar que se trataba de la tabla de clasificación del torneo de béisbol. La preparatoria Hiko estaba apuntada como equipo finalista.
La pelinegra no pudo evitar dibujar una sonrisa en su cara, observó como el castaño estaba escribiendo.
De Tori-Atama
Oh gran Megumi Takani-sama, le aviso ya de que tiene que asistir el día 24 de agosto al Jingu Stadium, Tokio
Es su responsabilidad como representante institucional del centro.
Megumi leyó la noticia con una sonrisa.
Para Tori-Atama
Supongo que podré hacer un hueco en mi agenda
De Tori-Atama
Si, puedes hacernos un hueco entre tu hora de amargarte y la hora de redactar encuestas inútiles.
La joven bufó y dejó de mirar el teléfono, para ver lo que acontecía en el dojo. Kenshin estaba a punto de levantar el trofeo interescolar por segunda vez y todo el club de Kendo estaba emocionado. El señor Hiko también se había bajado a celebrar el título con sus alumnos.
Volvió a mirar la pantalla de su móvil, Sanosuke le había mandado un montón de stickers de zorro ¿En qué momento se le ocurrió a darle su número de teléfono a aquel gorila descerebrado? Se acordó de la estúpida idea que tuvo cuando decidió organizar la prueba de valor durante la excursión… Se fijó en la foto de perfil del castaño, era el pollo que Beshimi y los demás habían dibujado en el cartel para darle ánimo en las interescolares. Los stickers de zorro no dejaban de aparecer en su pantalla, resopló ¿Es que acaso no estaba celebrando con sus compañeros su pase a la final? Volvió a mirar lo que acontecía en la pista central y decidió echarle una foto. Pulsó el botón enviar.
Para Tori-Atama:
Debéis de estar a la altura
De Tori-Atama:
Que no te quede duda de eso
Recibió una foto, esta estaba hecha con la cámara frontal del teléfono del castaño, en ella aparecía un sonriente Sanosuke en primer plano dentro los vestuarios, por la parte de atrás Soujiro con el pelo mojado estiraba sus brazos junto a una Misao que hacía el gesto de la victoria con ambas manos, tras ellos se encontraba el resto del equipo. También pudo distinguir la cresta de Beshimi y un hombro de Shikijou.
Aquello le confirmó que ciertamente estaban celebrándolo.
— Pues nada… habrá que programar la asistencia institucional— Susurró para sí misma mientras observaba como Kenshin le pasaba el trofeo a un Aoshi que lo tomó serio entre sus manos mientras miraba, sin cambiar su expresión, a una sonriente Kaoru que le estaba echando una foto. El equipo de kendo también y disfrutando del momento. Aquel año podía estar orgullosa, la preparatoria estaba cosechando triunfos deportivos allá por donde iba.
Megumi miró su reloj mientras esperaba en el andén principal de la estación de Odawara, el día estaba despejado y el sofocante calor les había dado un ligero respiro. Miró la pantalla del tren que provenía de la estación Matsuda, tan solo le quedaba dos minutos para entrar en el andén. Jugó con la gorra negra del equipo de béisbol entre sus manos mientras esperaba a que sus amigos llegaran para tomar el tren que los llevaría a Tokio.
— ¡Kaichou!— la joven alzó la mirada al ver a todos sus amigos acercarse hasta donde se encontraba ella. La mayoría iban ataviados con la camiseta blanca del equipo y portaban carteles de ánimo.
No pudo evitar alzar una ceja al ver aparecer a la pandilla de Zanza, todos llevaban una cinta roja en la frente y la parte de arriba de sendos kimonos de judo, en sus pechos se habían escrito una letra en negro y si se combinaban bien podía leerse HIKO en sus torsos. Megumi se llevó una mano a la cara ¿De verdad tenía que montarse en un tren rumbo a Tokio con esos cuatro?
— ¡Hola Megumi-san!— Kaoru se acercó a la presidenta con una sonrisa en su rostro. La pelinegra simplemente suspiró, incluso Kenshin llevaba puesta aquella ridícula cinta roja en la cabeza.
— ¿Estáis listos?— Dijo mientras se colocaba la gorra sobre su cabeza, se había trenzado el pelo y este le caía por uno de sus hombros. Sonrió.
Si no puedes con tus enemigos… únete a ellos.
El viaje en tren fue bastante bochornoso y la gente formal, que se notaba que viajaba a Tokio por negocios, les preguntaba a los acomodadores si podían cambiarse de vagón. Megumi viajaba con la mano tapando su rostro y lo ocultaba aún más tirando de la visera de la gorra hacia abajo muerta de la vergüenza.
Al final el acomodador terminó sonriendo al conocer la bonita historia que todos le contaron acerca del equipo de béisbol y de honor de llegar a la final de unas interescolares. Resulta que aquel viejo hombre también jugaba al béisbol en sus tiempos de juventud y se emocionó ante la proeza del equipo de Hiko y especialmente la de su capitán, Soujiro Seta que había conseguido cohesionar al equipo y enfrentarse directamente a equipos de institutos deportivos, que contaban con entrenadores profesionales.
Megumi estaba sentada junto a la ventana y observaba como el paisaje pasaba a toda velocidad. Junto a ella se encontraba Kenshin Himura y Kaoru Kamiya, que le hablaba emocionada. La presidenta se enteró de que el Tori-Atama y el resto de jugadores se habían ido a Tokio aquella misma mañana en la furgoneta del padre del castaño. A diferencia del equipo de kendo, que contaba con un gran presupuesto gracias a sus repetidas victorias en las distintas competiciones interescolares, el equipo de béisbol era bastante humilde y no podía permitirse un lujo como aquel. Por lo que Sanosuke le había preguntado a su padre si podía llevar al equipo en su furgoneta de reparto, que contaba con más de diez plazas si colocaba los asientos de pasajeros. El padre de Zanza no tardó ni dos segundos en pensárselo.
— El señor Sagara está muy orgulloso de su hijo— contaba Kaoru con una sonrisa.
— Mi padre también jugaba de pequeño, aunque era muy malo— Yahiko, el hermano de Sano también viajaba en tren con ellos y ocupaba el asiento que se encontraba junto a Kaoru. Era muy bajito en comparación con su hermano mayor, pero compartían el mismo tono de piel y el mismo pelo rebelde.
— Hacía muchos años que no veía sonreír a tu padre de esa manera— comentó Kaoru con una enorme sonrisa en su cara. Yahiko también sonrió y miró de reojo a Megumi Takani, el joven estudiante no pudo evitar sonrojarse ¡El estúpido de su hermano nunca le había dicho que la Kitsune fuese tan guapa!
No tardaron en empezar a aparecer edificios por las ventanas del vagón y el paisaje rural cambió a uno totalmente urbanizado. Llegaron a la estación de Shinjuku y el bullicio les dio la bienvenida, miles de personas transitaban la estación de trenes donde todos bajaron y pusieron rumbo al estadio donde se jugarían las interescolares que se encontraba a tan solo unas calles de la estación.
Soujiro miró el campo de béisbol que se habría ante él, lo había visto miles de veces en la televisión. No podía creerse que estuviese allí de verdad, las manos comenzaron a transpirarle y su corazón palpitaba a mil por hora. Haber llegado hasta la final de unas interescolares tan importantes como aquellas sobrepasaba su sueño mil veces. Sintió como una mano se le estrellaba en la espalda, no tuvo que girarse para saber de quien se trataba.
— ¿Nervioso?— Sanosuke también miraba el campo de juego, multiplicaba por cuatro o cinco la cancha en la que siempre solían jugar.
— No— respondió serio.
— ¿Tú tienes sangre en el cuerpo?— Sano rio— ¿Eres consciente de lo que nos ha enseñado Misao sobre los de Shinjuku-este? Son profesionales— el castaño rio nervioso.
— Lo sé
— ¿No tienes… miedo?
— No
— Ese es mi capitán— Sano sonrió mientras se colocaba la gorra— Vamos a demostrarles de lo que estamos hechos.
— Chicos…— ambos jóvenes se giraron y miraron a la chica que había llamado su atención. Misao se encontraba tras ellos, vestida con unos pantalones cortos de deporte y su camiseta del equipo con el número 19 a la espalda, la joven le estaba regalando una sonrisa sincera a los dos— ¿Estáis listos?— preguntó. Sano rio.
— Nunca me habían temblado tanto las piernas ¡Ni cuando me dedicaba a pelear!— el castaño volvió a dirigirse hacia los vestuarios, donde se encontraba el resto del equipo. Misao iba a seguirlo, pero se fijó que Soujiro continuaba con la mirada en el campo de juego, cambió de opinión.
Con paso lento y con ambas manos en su espalda, la joven de la trenza se acercó hacia el capitán del equipo Hiko y se colocó a su lado.
— Cuando era pequeña era una niña muy nerviosa— Soujiro quitó su mirada del campo de juego y la dirigió hacia su mánager— No nerviosa de revoltosa… sino que… siempre que tenía que hacer algo… los nervios me inundaban y acababa metiendo la pata— Misao sonrió mientras se llevaba la mano a la cabeza— Cuando empecé a trabajar en el restaurante, siempre estaba tan nerviosa por si lo hacía mal que terminaba tirando dos o tres bandejas de pedidos por noche— Ahogó una risa— O cuando tengo un examen… pienso que voy a suspender y antes era muy común que mi mente se quedara en blanco… pero… ¿Sabes una cosa?— La ojiverde continuaba mirando al campo de juego— Aprendí a controlar mis nervios, mi abuelo siempre me dice que no tengo que demostrar nada, que tan solo tengo que ser o misma y eso estará bien— Soujiro continuaba mirando a la pelinegra— Entonces… poco a poco… fui haciendo las cosas mejor, no se me caían las bandejas, podía memorizar los pedidos… conseguí sacar un sobresaliente en física…— Misao dibujó una enorme sonrisa en su rostro y volvió a mirar al capitán que tenía una mirada de sorpresa— ¡Sé que lo conseguiréis! ¡Tan solo tenéis que ser vosotros mismos y jugar como lo habéis hecho siempre! No tenéis que demostrar nada, tan solo jugar y divertíos. El resultado… bueno eso aún no lo sabes, así que no dejes que te afecten los nervios ¿Vale?— La joven dibujó una enorme y preciosa sonrisa en su rostro, Soujiro no pudo evitar sonrojarse pero su rostro cambió y aguantó una risa— ¿Qué?— Misao lo miró sorprendida, el joven ataviado con la equipación blanca comenzó a reír— ¿De verdad salgo yo aquí a darte ánimos para el partido, te abro mi corazón y… te ríes?
— Perdóname Makimachi— Soujiro seguía riéndose— No pretendía…— Misao se cruzó de brazos y bufó.
— Si lo llego a saber me quedo en el vestuario animando a los demás…
— Gracias Misao— la joven volvió a mirar a Sou, había dejado de reír y la miraba levemente sonrojado y con media sonrisa en el rostro— Me he reído porque no estoy nervioso, estoy ansioso.
— ¿Qué?— Misao lo señaló con él dedo— ¿Y me has hecho dar todo ese discurso sobre los nervios? ¿Por qué no me has parado?— el castaño volvió a reír.
— Porque eres muy graciosa— La joven se sonrojó— Estabas tan emocionada dándome ánimos que me sabía mal haberte cortado— Soujiro se llevó una mano a la nuca y se sonrojó— Gracias por ser nuestra mánager, no podríamos tener una mejor.
— Esto… yo…— Misao también se sonrojó y se llevó una mano a la cabeza— Bueno… solo quería darte ánimos, sé que vais a poner todo vuestro esfuerzo en este partido y… bueno, es una tontería, pero quería que supieras que estoy orgullosa de vosotros— la joven volvió a dibujar una preciosa sonrisa en su rostro— Tan solo salid ahí y demostrarles a todos lo que habéis conseguido. Que no os asusten un entrenador profesional ni un equipo técnico, nosotros tenemos al mejor pitcher de las interescolares— La pelinegra apretó su puño con determinación, Sou la miró con una sonrisa.
— ¿Recuerdas lo que dijo Sanosuke antes del primer partido?— preguntó el castaño, Misao lo miró interrogante.
— El cabeza de pollo dice muchas cosas— bromeó, pero la mirada seria de Soujiro hizo que su sonrisa desapareciera de su rostro.
— Mírame bien— el capitán se colocó bien la visera de la gorra y sin decir nada más se adelantó y salió al campo de juego dejando a una paralizada Misao en el pasillo de los vestuarios, sin saber muy bien a que se refería con aquellas palabras.
Al contrario que en otras ocasiones, el equipo no se acercó a las gradas a saludar a sus amigos. Bastante gente procedente de su instituto se encontraban ocupando una gran parte de las localidades, aunque Shinjuku-este contaba con mucha más afición. Los amigos de Sano habían desplegado el cartel de ÁNIMO JEFE y se encontraban animando con las letras negras pintadas en sus torsos. Muchos de sus compañeros estaban presentes en aquel partido, incluso habían asistido el director Seijuro Hiko y la señorita Okon a ver el encuentro.
A diferencia que su ansioso capitán, Sano estaba nervioso y sentía sus manos sudar bajos los guantes que usaba para batear, miró como Cho se colocaba el casco y tomaba su bate mientras que por los altavoces se escuchaba al comentarista dar la bienvenida a todos los asistentes al partido. La mano del rubio tembló e intentó controlarlo sujetándose la muñeca.
Ninguno hablaba, tan solo se miraban los unos a los otros sabiendo que aquello era lo más grande que habían conseguido nunca. Las finales de las interescolares solían estar reservadas para los mejores equipos que representaban preparatorias que estaban especializadas en el deporte. Los alumnos de aquellos equipos dedicaban mucho tiempo al día a entrenar con entrenadores profesionales y todo un equipo técnico y médico a su disposición. Había sido todo un milagro que un equipo tan modesto, que ni siquiera contaba con entrenador, llegara a la final de unas interescolares. Por eso ya debían de estar satisfechos y contentos, pero… ya que habían conseguido llegar hasta allí no querían fallar.
Cho salió del banquillo y con paso lento se dirigió a la zona del bateador. Misao le dedicó una sonrisa de ánimo a su compañero desde el banquillo, Sou llevaba su guante puesto y ocultaba su miraba bajo la visera de la gorra y Sanosuke tuvo que apretar los puños para evitar que estos temblaran.
Estaba más que acostumbrado a la expectación, cuando era Zanza no sabía cuándo podía aparecer alguien intentado hacerle daño… vivía en un mundo sin ley donde tenía que estar siempre alerta, pisar a los demás para hacerse valer y ganar respeto… era el más fuerte. Y ahora se encontraba allí, en el banquillo de un estadio de béisbol profesional junto con su equipo y amigos jugando la final de las interescolares de Béisbol.
Ni en sus más remotos sueños habría imaginado que algo así le ocurriese a él.
El partido, tal y como se esperaban, fue duro. En la primera entrada el equipo Hiko no pudo apuntarse ninguna carrera y durante las tres primeras partes del partido el equipo de Sou iba perdiendo. Los de Shinjuku-este eran muy buenos. Soujiro se esforzaba al máximo en sus tiros y fue gracias a su pericia por lo que el equipo de Tokio no había conseguido sacarles una gran diferencia de carreras.
Era increíble, Soujiro Seta realizaba lanzamientos con una rapidez pasmosa y una medida milimétrica, incluso el entrenador del equipo de Shinjuku-este se encontraba anonadado por los lanzamientos del pequeño pitcher del equipo de Hiko. Consiguieron mantener la compostura durante todo el partido y cuando tan solo quedaban tres entradas consiguieron acercarse en número de carreras. Al final, tan solo les quedaba una carrera para empatar el partido.
Entonces todo recayó en Sanosuke.
Se encontraban en la última entrada, llevaba el casco sobre la cabeza y el bate entre sus manos, lo apretaba con fuerzas. Un silencio expectante se había adueñado de todo el campo de béisbol. Okubo se encontraba en la segunda base, Cho en la tercera y Sano era el último bateador. Si conseguía realizar un buen tiro, Cho apuntaría la carrera que empataría el partido y si hacía un tiro aún mejor, la carrera de Okubo les daría la victoria. No podía fallar.
El pitcher del equipo contrario arrastró sus botas por el suelo de arena roja y giró la pelota en sus manos en repetidas ocasiones, intentando poner nervioso a Sanosuke que sentía como sus rodillas comenzaban a temblar ligeramente. Todo dependía de él.
Balanceó el bate y miró directamente a los ojos al pitcher, este sonrió con autosuficiencia, haciendo que todas y cada una de las células del cuerpo de Sanosuke comenzaran a arder. Tenía que aguantar. Apretó el bate entre sus manos.
El pitcher alzó su pierna y lanzó.
— ¡Strike uno!— el grito del árbitro trajo a Sanosuke de vuelta a la realidad ¿Qué le había pasado? Las dudas lo asaltaron ¿Y si no lo conseguía? ¿Y si los decepcionaba? Dirigió su mirada a las gradas, donde se encontraban todos sus amigos. Estos estaban expectantes, habían dejado de gritar para ver lo que acontecía en el campo de juego. Se fijó en los que antiguamente fueron la panda de Jine'i, los mismos a los que pegó una paliza cuando lo intentaron atacar aquella tarde de primavera… ahora iban ataviados de blanco, con cintas rojas en sus cabezas y llevaban pintada una ridícula y vergonzosa letra en el pecho. Ellos habían cambiado, ahora asistían al instituto y estaban terminando sus estudios, ya no se dedicaban al vandalismo que tanto habían marcado sus vidas y se limitaban a tener una juventud en paz…
Y a él le había ocurrido lo mismo. Paseó su mirada por el resto de la grada mientras el cátcher le volvía a lanzar la pelota al pitcher. Observó a su mejor amiga, sentada junto a Kenshin, le estaba dedicando una mirada de ánimo y una sonrisa… Lo estaba consiguiendo, estaba cambiando. No se había dado cuenta hasta aquel momento de lo que significaba dejar a Zanza atrás.
"Si alguna vez yo no estuviese… me gustaría que te alejaras de esto"
Aquella frase sonó nítida en su cabeza, cómo si la hubiesen pronunciado a su lado. El corazón se le comprimió y sintió como un nudo se instauraba en su garganta, sus manos volvieron a sudar mientras intentaba volver a tomar el bate y ponerse en posición. El pitcher lanzó.
— ¡Strike dos!
— ¿Qué le ocurre a Sagara?— Kenshin miró al joven castaño que no se había movido.
— ¿No… le está dando a posta?— Preguntó Beshimi que se había quedado estático ante lo que le estaba ocurriendo a Sanosuke en el montículo del bateador.
— Sano…— Kaoru miró preocupada a su mejor amigo.
— ¿Qué le pasa a Sagara?—Katsu estaba apoyado en el banquillo mientras intentaba entender.
— No lo sé…— Soujiro Seta miraba expectante a su amigo.
— ¡VAMOS SANO!— Misao gritó con todas sus fuerzas sacando medio cuerpo del banquillo— ¡DALE A LA PELOTA! ¡TÚ PUEDES HACERLO!— Aquellos gritos al parecer trajeron a la realidad al joven que había apoyado su bate en el suelo.
— ¡VAMOS JEFE!— La pandilla de Sanosuke se unió a los ánimos— ¡ERES EL MEJOR!
— ¡ÁNIMO SANO!— Kaoru también se puso en pie, en ese momento todos los hinchas del Hiko comenzaron a animar rompiendo aquel silencio que se había generado.
— ¡ESTÚPIDO TORI-ATAMA! ¿NO VES QUE SI NO ESPABILAS VAIS A PERDER?— Aquella voz le resultaba demasiado familiar, volvió a girarse a las gradas y se encontró con la presidenta del Consejo apoyada en la barandilla junto con su amiga Kaoru, tenía el entrecejo fruncido y llevaba la gorra sobre su pelo negro trenzado. No pudo evitar sonreír.
— Estúpida Kitsune…— El castaño seguía escuchando lo ánimos de todos desde el banquillo y de las gradas, incluso la señorita Okon se había puesto en pie y gritaba como una loca. Solo le quedaba una oportunidad. Suspiró y miró al cielo, sonrió— Va por ti amigo…
Se llevó una mano al casco colocándolo bien sobre su cabeza y tomó el bate con fuerza, sintió como todos los músculos de su espalda se contraían y miró desafiante al pitcher. Iba a demostrar a todos en quien se había convertido el nuevo Sanosuke Sagara.
El lanzador alzó la pierna y flexionó el brazo, estuvo en esa postura un poco más de lo normal y finalmente le lanzó la pelota. Sano recordó su primer día de entrenamiento, cuando comparó la bola con un puñetazo, sonrió.
El sonido del golpeo de la pelota con la madera del bate resonó en todo el campo y el castaño no esperó a ver a donde había ido a parar la bola, soltó el bate y corrió todo lo que le daban sus piernas. Observó que el jugador que cubría el campo central no pudo atrapar la pelota y se le había escapado del guante.
Bien.
Siguió corriendo, escuchó como la ovación iba creciendo hasta que llenó el estadio. Supuso que Cho acababa de hacer su carrera y había conseguido el empate, pero no levantó la vista, llegó a la primera base y continuó corriendo; ya habían conseguido coger la pelota y los de Shinjuku-este se la lanzaban desesperados antes de que Okubo llegara al final y anotase la carrera. Miró como el jugador de blanco corría directo hacia la zona de bateo, lo tenían. Iban a conseguirlo. Tetsuma Okubo se lanzó hasta la última base desesperado mientras la pelota volaba sobre su cabeza.
— ¡Carrera! ¡FINAL DEL PARTIDO!— gritó el árbitro— ¡Hiko gana el partido!
Escuchó cánticos, vio como sus amigos se lanzaban al terreno de juego y corrían hacia él junto al resto del equipo que había salido del banquillo en estampida. Lo único que recuerda Sano es sentir como un montón de gente lo abrazaba y lo levantaba en peso.
El equipo Hiko había ganado, por primera vez en su historia, las interescolares de béisbol.
*3-dan y 2-dan: Son las graduaciones en el Kendo, algo parecido al color de los cinturones en Kárate o Judo.
N.A.
¡Hola de nuevo! ¿Qué tal estáis? ¡Espero que bien! Bueno, como ya habéis podido leer las cosas marchan bien para todos ¡Al final se hacen con la victoria! Pero no sé si os habréis dado cuenta de los pequeños detalles que he dejado entrever en este capítulo… ¿No os habéis preguntado nunca por el pasado de Sanosuke? Lo malo es que os voy a dejar con la duda muchos capítulos más, perdonadme.
Pues ya ha terminado el verano en el fic, para mí la mejor época del año, por eso he querido darle tanto protagonismo a estos maravillosos y calurosos meses, que cuando tienes 16 años son los mejores de tu vida.
Como siempre, gracias por leer, por llegar hasta aquí y por los comentarios ¡Ya nos encontramos en el ecuador de la primera parte de la historia! En el próximo episodio volvemos al instituto.
¡Nos leemos pronto!
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Próximo capítulo:
Capítulo 12. Estúpida Kitsune
