Capitulo 11

Pvo Edward

-Te aviso cuando llegue- me dijo Jane revisando el papeleo para el viaje sin dirigirme ni la mirada.

-Por favor- me limite a contestarle.

-Piénsatelo Edward- me dijo esta vez mirando profundamente, de esa manera que antes me ponía los nervios de punta y ahora… ahora no causaba ningún efecto.

-No hay nada que pensar por mi parte Jane-.

-Da igual. Te darás cuenta tu solito. Me voy-.

-Buen viaje-.

-Adiós Edward- me dijo dándome un beso en la mejilla y entrando al aeropuerto. Desde hacía meses esa era todo nuestro contacto físico.

"Que me lo pensase" masculle en todo el trayecto en coche hasta el trabajo. El divorcio… ¿Cómo nos íbamos a divorciar? Era mi mujer y entre nosotros solo un bache que estaba seguro podíamos superar… pero ella no pensaba lo mismo. Afloje el nudo de la corbata intentando que el aire entrase mejor a mis pulmones.

Maldije el momento en que todo aquello empezó a irse por la basura. Ese momento donde Emmet tuvo que decir en una cena que Isabella volvió. Bella…

Suspire frustrado sabiendo que no podía controlar mis nervios cada vez que estaba con ella, ni siquiera cuando pensaba o alguien la mencionada, por lo que sabía que la comida iba a ser una situación complicada. Mucho.

Había tardado tanto en asumir que ella ya no era nada mío, que en mi vida no existía nadie con ese nombre y que nunca existió, que cuando apareció de nuevo, solo con una simple mirada derrumbo los cimientos de mi nueva vida quedando en escombros todo lo que pensaba hasta ese momento.

Y Jane lo supo desde que Emmet dio la noticia. Lo vio en mí, vio en mi mirada ese dolor que vio el mismo día de nuestra boda cuando ella solo debía notar felicidad pura, que es lo que se merecía. Pero ella decidió no aparecer ese día, ni ningún otro y me dejo solo, tan solo que ni Jane pudo llenar ese espacio que dejo la que un día fue una medio hermana para mí. Dolió tanto enterarse de que nos dejaba y no por boca suya, que ni yo mismo me entere de cuando mi cariño pasó a odio, si eso fue lo que sentí alguna vez. Jane estuvo allí en todo momento, giraba la cabeza para que yo llorase la marcha de una parte de mi cuando no quería mostrar esos sentimientos. Me calmo, me ayudo… Y no se merecía aquella situación, mucho menos el divorcio. Yo me encargaría de volver a quererla como ella se merecía.

Pensar en la situación me ponía de muy mal humor, asique cuando llegue a mi oficina ordene no pasar ninguna llamada ni ninguna visita. Me tumbe en el sofá y cerre los ojos para despejarme. Pero parecía que Bella tenía que estar donde yo estaba, donde yo pensaba. Había comprobado que era imposible olvidarla. No había manera de odiarla, olvidarla… había sido tan importante para mi… Y volver a verla, volver a verla había sido mi perdición. Jamás la había visto como la veía ahora, tan… mujer. Bella, mi pequeña, era una mujer que ya quisiesen muchos hombres a su lado. O quizá siempre había sido así, solo que mi percepción de amigo me cegaba. Aquella confusión me llevaba siempre a aquella noche en la discoteca donde la bebida y el dolor de su lejanía me habían hecho hacer cosas que en circunstancias normales no hubiese hecho… Estuvimos tan cerca de besarnos. Esa fue la última vez donde la vi sonreírme. Me acuerdo de esa sonrisa como su la viese todos los días y fuese dirigida para mí.

Asique estaba dispuesto a terminar con todo aquello. Olvidar el pasado y volver a incorporarla en mi vida como una amiga, la amiga que siempre tuve y tanto aprecie. Pero antes necesitaba respuestas, necesitaba saber porque se había ido sin decirme nada, sin tenerme en cuenta. Yo había cometido errores, y era consciente de ellos gracias a ella. Pero lo suyo… Creo que ni siquiera yo sé hasta qué punto lo pase mal.

Me di cuenta de que con aquel dolor de cabeza y tantas ideas en ella me iba ser imposible concentrarme en nada, ni en trabajar y dudaba que siquiera pudiese caminar en línea recta, asique dormir fue la mejor solución que encontré.

La alarma sonó 20 minutos antes de mi cita con Bella. Alise mi traje antes de salir de la oficina y baje al parking. Vi que conducía por encima del límite de velocidad. Aunque me encantaba la velocidad, era una norma que solía respetar, pero debía estar realmente ansioso por aquello para que se me olvidase que había unas normas que no cambiaban por mucho que yo estuviese nervioso.

Menos diez marcaba el reloj. Gire mi cabeza para ver que estaba sentada en los escalones de la entrada de su casa y ya se dirigía al coche. No lo podía evitar, era mi Bella. Habían pasado 4 años y había crecido, pero su esencia era única, imposible cambiarla. Sus converses, su sudadera, sus vaqueros. Sonreí sin querer reconociendo a mi amiga en aquella persona que se acercaba a mi coche. Pero faltaba su sonrisa, esa que iluminaba cada rincón de mi vida cuando me la dedicaba. Y eso hizo que la mía decayese inmediatamente.

-Hola- dijo mientras entraba.

-Hola- la respondí arrancando el coche sin mirarla. "Estas demasiado ansioso" me repetí mentalmente. Y si, tenía demasiadas ganas de llegar a la comida. Muchas.

Ni una palabra en todo el trayecto. La miraba de reojo de vez en cuando viendo como se abstraía con el paisaje que pasaba ante ella. En menos de diez minutos estábamos en el lugar. Vi como su cara lo reconocía y no pude evitar alegrarme por ello.

-¿En serio?- me pregunto.

-¿No te gusta?- la respondía sabiendo la respuesta. Había pasado mucho tiempo pero sus expresiones seguían siendo las mismas para mi, era como un libro abierto.

-Sabes que si-.

-Me lo imaginaba- reconocí. –Vamos- la dije invitando a salir del coche. -Ha cambiado de dueños, pero no la esencia- le comente mientras nos sentábamos en la mesa que había pedido reservar. "Nuestra mesa" pensaba inconscientemente. -¿Lo de siempre?- la pregunte cuando vi que cogía el menú.

-Si-.

-Dos platos de raviolis con setas y una botella de vino por favor- le pedí al camarero. La mire intentando creerme el momento, ese que por fin había llegado. Y no pude más. –No me creo estar aquí contigo después de tanto tiempo- le dije sin poder contenerme.

-Ya, yo tampoco- me respondió sin saber muy bien que contestar, y sin querer hacerlo. Juntaba los dedos de las manos de forma incoherente. La conocía tan bien después de tanto tiempo… no quería estar allí conmigo, o por lo menos no estaba totalmente a gusto.

-Estoy…- empecé intentando encontrar las palabras más adecuadas a mis sentimiento en ese momento, -intentando ser todo lo agradable que puedo contigo Bella. Hagámonos un esfuerzo y llevémonos… simplemente bien-.

-Lo has puesto todo un poco complicado desde que llegue Edward-.

-Lo sé, pero te pedí disculpas- dije mordiéndome la lengua, sabiendo que lo que de verdad pensaba la ofendería algo más de lo que ya estaba.

-No, me dijiste que te disculpase por lo de ayer. El resto no- contestó arisca.

-¿Podrías perdonarme?- pregunte sabiendo que la respuesta de esa pregunta cambiaria mis planes o… simplemente dejaría todo igual.

-Lo dudo-.

-Genial- dije confirmando que aquello era el fin. Pero ya que había llegado hasta ahí no me iba a quedar con las dudas si eso podía remediarlo yo de alguna manera. -¿Se puede saber entonces por qué accediste a comer hoy?-.

-Me dijiste que tenías algo que decirme. Quiero saber el que, y no tenía nada que hacer hoy. Agradece que te dé explicaciones cuando ni siquiera debería hacerlo- dijo de manera cortante. Odiaba que me tratase así, pero más odiaba que lo hiciera cuando tenía que ser yo la que la tratase de una manera similar, aunque quizá ya lo hice antes…

-Quiero… Necesito saber porque te fuiste. Créeme me dolió- dije sincerándome por primera vez con ella viendo que ese era el único camino que me quedaba por explorar.

-No quiero hablar de eso-.

-¿Cuando vas a querer?-.

-Si quieres que te sea sincera, contigo, probablemente nunca-.

-¿Por qué?-.

-Edward, para. No quiero terminar mal la comida-.

-Es que sigues sin entender nada- dije viendo que jamás entendería el daño que me causo que se fuese.

-Lo que no entiendo es que haces sin probar la comida. Antes no lo hubieses permitido-.

-Te acuerdas. Eso formaba parte del pasado- dije cogiendo los cubiertos y empezando a comer viendo que todavía quedaba un mínimo resquicio de esperanza.

-Hay algunas cosas que aunque quieras olvidar, no es posible-.

-Lo sé- asegure sin que ella supiese hasta que punto tenía sentido lo que estaba diciendo.

-Disculpa- me dijo mientras cogía su móvil y leía lo que debía de ser un mensaje mientras yo seguía comiendo. Vi su reacción al leerlo, esa sonrisa que una vez fue para mi… pero que desde que llego solo la vi con una persona, dos a decir verdad.

-¿Tu novio?-pregunté sin levantar la vista del plato.

-No tengo novio, ya te lo dije-.

-Pero yo no te creo- la contesté sin poder evitarlo.

-Tú puedes hacer lo que te dé la gana- me contesto tirando un billete y su servilleta encima de la mesa y salía por la puerta del restaurante.

Lo sabía, la había vuelto a cagar con ella. Era un caso. Deje otro billete y salí del restaurante corriendo esperando que no estuviese demasiado lejos de allí, o que no le hubiese dado por coger un taxi… la localice rápidamente.

-¡Bella, espera!- la grite para llamar su atención mientras corría hacia ella. –Espera por favor- dije poniéndome delante suya para intentar hablar con ella… de nuevo.

-Déjame pasar- dijo intentando esquivarme, algo que con su torpeza y mi buena suerte era casi imposible.

-No, escúchame-.

-Ya te he escuchado bastante por hoy- dijo intentándolo de nuevo con el mismo resultado.

-¿A dónde vas a ir?-.

-No te interesa…- y a la tercera fue la vencida, solo que estoy seguro que no con el resultado que ella quería, pero si el esperado. Un pequeño gritito de dolor salió de su boca cuando su tobillo se torció y ella acabo en el suelo.

-Te ayudo- le dije sabiendo que necesitaba ayuda. Aquella situación fue en si momento mi día a día…

-No-.

-Bella, necesitas un antiinflamatorio. Te llevo a tu casa-.

-Puedo ir yo sola en…-.

-¡Por el amor de dios Bella! No seas tan cabezota, no puedes ni ponerte de pie- dije intentando minar su orgullo, ese que a veces conseguía sacarme de mis casillas con una facilidad asombrosa.

-Date prisa- me dijo cuando la cogí para ayudarla a entrar en el coche. Y ese acercamiento, tocarla de nuevo fue como volver a sentirse en casa. Algo tan inocente significo tanto que hasta me asusto.

Y no pude articular de nuevo ni una sola palabra, aunque me costó aguantar la risa por las constantes maldiciones que escapaban de la boca de Bella por el dolor que le causaba la torcedura. La ayude a entrar en su casa y a acomodara. Ese pie no podría apoyarlo con normalidad en unos días.

-Donde siempre- me dijo cuando adivino que buscaba los medicamentos. Fui a dárselos pero al parecer ella tenía otros planes. –Gracias, ya se yo- me dijo quitándomelo de las manos.

-Siento… siento como te hable antes- le dije de manera sincera.

-No deberías de sentir nada, si es lo que piensas-.

-Últimamente hablo mucho son pensar-.

-Déjalo Edward. Ha quedado muy claro que es lo que piensas de mi, asique puedes irte, tu educación te ha hecho quedar sobradamente bien hoy-.

-¿Puedes entender que aunque quiera sentir cosas horrorosas hacia ti, simplemente no puedo Bella? Diré mil barbaridades, pero eso no significa que te odie-.

-A mi me vale lo que escucho y lo que veo Edward. Si no me demuestras otra cosa, yo no lo puedo ver-.

-Me da igual el trabajo. Quiero saber porque te fuiste, y se que si no me lo dices hoy no lo sabré nunca. Todos lo saben, lo veo, creo que me merezco saberlo yo también-.

-Soy yo quien decide a quien le cuento las cosas Edward. No me presiones- dijo levantándose y cojeando. Debía de estar muy enfadada, cabreada o lo que fuera que estuviera para no sentir un dolor agudo en ese pie, o para distraerle de él. Pero yo, a esas alturas de conversación ya estaba harto, frustrado. Simplemente no podía más y no pude controlarme.

-¿Por qué?- chille como si elevar la voz fuera la solución para que me entendiese. -¿Por qué no me lo merezco? Me dejaste destrozado Bella-.

-Ni siquiera preguntaste por mi cuando lo supiste Edward-.

-Porque me dolía pensar que te marchaste sin darme ninguna explicación-.

-Cuando me fui éramos casi unos completos extraños. Yo no te debía nada-.

-Claro que sí. Necesito saberlo Bella. Dímelo por favor- la grite agarrándola del antebrazo y zarandeándola levemente. Rápidamente me di cuenta de que aquello se me estaba yendo de las manos y era un error.

-Suéltame Edward- me dijo medio sollozando. Pero yo no era yo, hasta yo estaría asustado si me viese desde fuera, estaba seguro.

-¡Dímelo joder Bella!-.

-¡Por ti!- me grito llorando. No… no entiendo nada. ¿Por mi? -¡Fue por ti maldita sea!- dijo zafándose de mi agarre, mis fuerzas habían desaparecido justo en el momento en que salieron esas palabras de su boca. Me fui porque llevaba enamorada de ti desde que te conocí Edward. Porque no aguantaba ni un segundo más estar a tu lado y que me ignoraras, ver como querías a Jane pero yo seguía siendo solo una amiga que cada día estaba más lejos. Me fui para olvidarte. Sé que me fui de mala manera, que no me merecía que me acogiesen como lo han vuelto a hacer, que merecían una larga explicación, pero tú no, tu no porque yo no la tuve. ¿Te gusta la historia Edward? ¿Quieres saber toda la mierda que queda o ya estas satisfecho?-.

-¿Tú sigues… todavía…?- sabía que era una pregunta equivocada, que una conversación de ese calibre en esas circunstancias no podía comenzar así, pero yo me había quedado en la primera parte de la conversación y mi cabeza se negaba a reaccionar.

-¡Lárgate de aquí Edward!- me chillo con toda la fuerza que tenia, estaba seguro de ello.

-Hasta pronto Be…-.

-Hasta nunca- me grito cerrando la puerta a mis espaldas. Segundo más tarde un grito desgarrador llego desde la otra parte de la puerta, y supe que quizá los dos fuimos dañados por el mismo mal.

Me dirigí hasta mi coche como un robot y conduje hasta mi casa. Me daba tan igual el trabajo, que tenía que estar en el oficina preparando la reunión de mañana de la cual dependían gran parte de los presupuestos del próximo año. Pero me parecía tan insignificante…

Me senté en el sofá y me di cuenta de que lloraba cuando las lágrimas cayeron sobre mis manos. Las limpiaba de mi cara pero no paraban, lloraba y no tenía ni idea de por qué. Era una situación para estar consternado, pero yo no lloraba por eso. ¿Tristeza? ¿Alegría?

-Ahhhh- ahora fui yo el que grite con todas mis fuerzas, quizá eso ayudase a aclararme las ideas, pero no funciono, estaba claro que no.

¿Por qué Bella? ¿Por qué justo ella? A la persona que confesé cada segundo de mi vida, mis emociones, mis sentimientos. Era sin duda la persona que mejor me concia del mundo, y creía estar seguro de que yo a ella… pero hubo ciertos detalles que se me habían pasado por alto, eso estaba bastante claro.

Cogí las llaves del coche y lo volví a poner en marcha. Quería respuestas, las necesitaba, y si no las podía conseguir de un lado lo tendría que intentar por otro. Intentar, intentar… Siempre yo. Yo necesitaba apero nadie parecía estar dispuesto a ayudarme.

Tuve que llamar dos veces al timbre antes de que me abriese la puerta. Había dejado de llorar hace rato, pero mi cara no debía de tener buena pinta a juzgar por su reacción que iba mas allá de la sorpresa.

-Edward, ¿estás bien? Pasa- dijo echándose a un lado.

-¿Tienes algún paciente?- le pregunte.

-No, solo estaba terminando unos informes- contesto sentándose en el sofá que tenía en su despacho. -¿Te encuentras bien?- me volvió a preguntar mientras yo solo podía pasear por ese cuarto hasta que me pare frente a el haciéndole la pregunta, era absurdo demorar la situación más.

-Jasper, ¿tu sabias que Bella estaba enamorada de mi verdad?-.

-¿Qué dices?- contesto como si hablase en chino.

-Eres buen psicólogo, ya lo has demostrado, ahora contesta-.

-No tengo ni idea de que me estás hablando… dijo poniéndose de pie.

-¡Basta ya de mentirme! Me lo ha dicho ella, ¿contento? Lo sé porque ha sido ella quien me lo ha dicho-.

-Eso es imposible… Ni siquiera se lo pudo decir a los demás cuando se fue, mucho menos a ti-.

-Entonces lo sabías-.

-Claro que lo sabia Edward, mucho antes de que ella me dijese nada-.

-¿Por qué no me lo dijiste?-.

-Porque no soy quién para decir algo así. Esto es entre tú y ella. Solucionadlo vosotros-.

-No quiere ni verme-.

-No me extraña. No quiero saber el tipo de conversación que tenéis que haber tenido para que termine diciéndolo-.

-Necesito hablar con ella y que me lo explique. No puede estar enamorada de mi Jasper, está equivocada y…-.

-Para Edward, para porque estas cogiendo un camino equivocado. Bella, y todos, sabemos muy bien lo que ella siente por ti, lo que ha sentido siempre Edward, que no te enteras. Que tú hayas querido ver en eso una amistad, y ella haya querido hacértelo ver, no significa que realmente sea otra cosa. Hacías cosas que no hacen los amigos, os mirabais diferente a como se miran los amigos. Acéptalo-.

-Era mi mejor amiga Jasper. Se perfectamente lo que hacíamos, y eran cosas de amigos-.

-Créeme, tengo muchas amigas, y muy buenas, Bella o Rosalie por ejemplo, las considero mis hermanas Edward, y sé que ninguna relación es idéntica, ni siquiera parecida, pero teníais que veros desde fuera… ¿Cuántas veces os confundieron con ser novios?-.

-La gente tiene las miras muy cortas, deberías saberlo-.

-Sois los dos igual de cabezotas, pero por lo menos ella lo admitió aunque lo escondiese. Tu no eso-.

-¿Me estás diciendo que yo también la quería como algo más que amiga?-.

-Erais la mitad del otro, casi literalmente. Ninguno de los dos sois iguales desde que so separasteis-.

-Me haces sentir como si tuviese yo la culpa-.

-No, jamás haría algo así, tú no tuviste culpa de nada. Y Bella sabe que lo hizo mal, que hizo las cosas de una manera equivocada y se merece cierto desprecio por tu parte, no le gusta pero lo acepta, pero yo soy su amigo, y la apoye y lo seguiré haciendo siempre que lo necesite, aunque sepa que sus decisiones no son lo más acertadas-.

-Estaba dispuesto a perdonarla Jasper. A olvidar todo lo que izo y volver a ser amigos, a ser lo de antes, pero estaba tan esquiva, tan…-.

-No Edward- dijo negando con la cabeza. –Ella no quiere volver a lo de antes. No quiere ser solo tu amiga. Quiere ser todo o nada, y está dispuesta a aceptar las dos cosas. Un término medio… se fue porque no soportaba más esa posición-.

-¿Todo esto te lo ha dicho ella?-.

-No, pero es totalmente innecesario. Yo lo sé, el grupo lo sabe, cualquiera que la conozca lo sabe. Estoy seguro que hasta Jane lo sabe. ¿Hasta qué punto ha tenido que soportar Jane la ausencia de Bella?-.

-Al principio fue duro para mí, luego termine ignorando su ausencia, pero cuando ha vuelto… todo se ha complicado. No sé porque te estoy contando esto… yo venía por otro tema-.

-Porque necesitas sacarlo, que alguien te ayude a darte cuenta de la situación en la que estas, no es la que tu creías estar-.

-Jane quiere el divorcio- le dije de golpe, algo que no pareció sorprenderle mucho, ya que simplemente se dio la vuelta y empezó a recoger sus cosas metiéndolas en el maletín.

-¿Qué piensas hacer?-.

-Es mi mujer, y la quiero. Podemos arreglarlo, estoy seguro. No se lo daré… por ahora-.

-Ninguno de los dos merecéis estar atados a algo donde no queréis estar. Pero es tu decisión, por algo la habrás tomado y por algo pensaras eso. Pero por amor, no Edward, tu no mantienes tu matrimonio por amor. Si vieses la enorme diferencia que hay entre vosotros, pensarías como el resto-.

-¿Qué pensáis el resto?-.

-Que es insalvable-.

-¿Eres así de directo con todos tus pacientes?-.

-No- dijo cogiendo el maletín y mirándome de nuevo, -porque a ti no te considero un paciente. Eres mi amigo, tanto como lo es Bella, y mereces mi ayuda y ser escuchado tanto como ella. Mis consejos, hoy, son gratis- dijo palmeándome la espalda. –Y ahora vamos a tomarnos unas cervezas, nos ayudaran-.

-¿Por qué no me dijiste nada cuando Bella te hablo de marcharse?- le pregunte estando ya delante de un par de cervezas en un bar.

-Porque me lo dijo a mí, me lo confió solo a mí. Era un secreto. Si tú me lo hubieses pedido tampoco lo hubiese hecho-.

-¿Qué cosas veías vosotros para pensar que éramos algo… más?-.

-¿Cuándo tú estabas un beso a Rosalie o a Alice y se lo dabas a Bella, sentías lo mismo?-.

-No- dije rápidamente de manera inconsciente. –Estas cerca de Bella siempre me ha hecho sentir bien, especial, a gusto. Pero eso no significa nada-.

-Si tú lo dices, no- dijo sonriendo de lado.

-¿Por qué crees que no quiero a mi mujer?-.

-Yo nunca he dicho eso, pero no la quieres como quieres a Bella-.

-Porque una es una amiga, y la otra mi mujer- explique como si no fuese obvio ya.

-No- me corrigió otra vez. –Necesitas reflexionar mucho sobre esto Edward. Nunca lo has hecho y te vendría de perlas. Jane a soportado tanto porque realmente estaba enamorada de ti, pero el amor se agoto Edward, te ve como un amigo, un amigo al que le gustaría romper la cara por no darse cuenta de ciertas cosas-.

-Nunca me lo ha dicho- dije mirando lo poco que quedaba de la cerveza esperando que es aquella superficie se aclarara mi futuro, pero esperaba demasiado.

-Hay veces, que la miradas o simplemente el fondo de otras palabras dicen mucho mas que una conversación sobre cualquier cosa-.

-¿Cómo puedo hacer para hablar con Bella?-.

-Hazlo cuando tengas claras las cosas. Y si tu decisión es ser amigos, no lo hagas- me dijo serio.

-Pero…-.

-Por ella, por ti y por todos. La respuesta amigos no es válida. Ella movió ficha hace cuatro años dejándote dos posibilidades. Hasta ahora no tenias más posibilidad que una, ahora te da otra. Aprovecha la que tu quieras, pero la elección esta entre esas dos-.

-¿Y su novio? ¿Me quiere pero se tira a otro?-.

-¿Qué novio Edward?-.

-Su jefe-.

-¡Es solo un amigo! ¡Un muy buen amigo, si, pero un amigo! Si viéndoles piensas que son algo mas, que pensarías si se comportase con el igual que lo hacía contigo-.

-No me lo creo-.

-Tu puedes hacer lo que te de la gana-.

-Me has contestado lo mismo que ella-.

-¿Le has dicho a ella esto?- pregunto abriendo los ojos.

-Prácticamente de la misma manera, si-.

-Joder Edward. ¿Las has dejado hecha una mierda, no?-.

-Eso empiezo a creer después de esta conversación-.

-Me tengo que ir- dijo mirando el reloj. –He quedado con Alice para salir a cenar. Con cualquier cosa, me llamas- me dijo mientras pagábamos y salíamos a la calle, donde ya empezaba a oscurecer.

-Te acerco- le dije señalando el coche.

-Es solo una calle, voy andando- dijo despidiéndose con la mano.

-Jasper- le llame antes de que estuviese demasiado lejos. –Gracias- le dije cuando se giro. El solo hizo una graciosa reverencia y giro la esquina.

Nada mas llegar a casa me tire en la cama y decidí seguir el consejo de Jasper, reflexionar, pensar, sentir, ver que es lo que estaba pasando. Y rápidamente quedo todo claro, tanto que asusto. Jane no estaba y yo no me sentía solo, o quizá sí, pero desde mucho antes de que ella se fuera. No la necesitaba como el aire, podía vivir sin ella, es más, no la había dedicado un solo minuto desde que ella se fue, ni había mirado el móvil viendo si había llegado bien. Nada. Si me preguntasen a quien necesitaba en aquel momento, y en todos los demás, el nombre hubiese volado a mi boca con asombrosa facilidad. Bella. El nombre era Bella. Me incorpore frotándome la cabeza. Jasper no podía tener razón, me había comido la cabeza de tal manera que todo me hacía pensar que tenia razón, pero no… o quizá sí, y solo me ayudo a darme cuenta.

Necesitaba a Bella, claro, pero solo como una amiga, mi mejor amiga. ¡Maldita sea! ¿Por qué las cosas no se pueden quedar tal cual están cuando son buenas?

Pero luego estaba ella, y si todo había sido como Jasper me lo había contado, realmente para Bella fue de todo, menos bueno. Porque probablemente significaría que el tiempo vivido con ella no fue ni la mitad de bueno que fue para mí, fue un suplicio escucharme, aguantarme, estar a mi lado, cuando eso para mí era lo más importante de mi vida. Si, pasar tiempo con Bella llego a convertirse en mi vida en la prioridad número uno.

Y si una todo aquello llegaba a la conclusión de que Jasper tenía razón y yo amaba a Bella, estaba enamorado de mi amiga, de la persona perfecta para mí, porque para mi Bella era perfecta. La conocía tan bien que hasta sus defectos me parecían tonterías que sabia torear.

Y mientras el resultado me rondaba la cabeza caí dormido en mi cama sin importar las responsabilidades de ese día que había dejado pasar porque era una completa insignificancia al lado de que Bella me quería, o me quiso, pero yo todavía sentía algo por ella, y me daba un miedo terrible ponerle un nombre.

Hola!Bueno, aquí teneis el esperado capitulo desde el punto de vista de Edward, y creo que no será el ultimo, aunque el siguiente tendrá que esperar unos capítulos mas todavía. Lo he hecho lo mejor que he podido porque en ninguna de mis otras historias Edward cuenta la historia, solo desde el de Bella y desde alguien externo a ella, asique espero que me haya salido a vuestro gusto jajaja

Disfrutad mucho del capitulo y nos vemos pronto