Disclaimer: Todos los personajes de la saga Harry Potter por desgracia no me pertenecen a mí, sino a J.K. Rowling. Sin embargo, tanto la trama de esta historia como los personajes nuevos sí me pertenecen.

Summary: Los muggles no son tan inocentes como parecen…en las altas esferas se han enterado de la existencia de la magia y de Hogwarts y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Qué pasará?, ¿Qué planea Voldemort?, ¿Se acabará la benevolencia para con los muggles?

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Nuevo capítulo! :) Como he tenido un poquito más de tiempo he aprovechado para subirlo y no haceros esperar tanto como otras veces (A) Repito que en nada voy a empezar con los exámenes, así que no sé si encontraré mucho tiempo para escribir...pero que sepáis que no me olvido de la historia ni de sus lectores ;) Espero que os guste... Muchos besos a todos!

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CAPÍTULO 12:

Con un leve chasquido, cuatro figuras encapuchadas se aparecieron en las lindes del Bosque Prohibido provocando que las pequeñas criaturas nocturnas que habían salido en busca de alimento salieran corriendo a guarecerse.

- No veo una mierda aquí. Y eso que hay Luna Llena.

- ¿Para qué tienes la varita?

- No creo que sea buena idea encenderla…Podría vernos alguien.

- ¿De qué sirve que no nos vean si nosotros no vemos por dónde vamos? ¡Lumos!

La tenue luz de la varita fue suficiente para iluminar las caras de los cuatro reunidos. Todos hombres, en torno a los cuarenta y cada uno con alguna tara visible: uno tenía el ojo derecho cubierto con un parche negro, a otro cuando hablaba se veía que le faltaban la mayor parte de los dientes, el tercero cojeaba bastante de un pie y el que sostenía la varita con la mano derecha tenía un muñón en la izquierda.

Una fría voz susurrante que se dirigía a ellos proveniente de detrás de unos árboles causó un pequeño sobresalto en el grupo

- ¿Para esto sirve todo el entrenamiento que habéis recibido? Apaga la varita inmediatamente, idiota.

Aunque habían reconocido la voz al momento, por acto reflejo el que tenía la varita encendida dirigió la luz hacia donde salía la voz iluminando a su dueño. El rostro cetrino y de gran nariz todavía imponía más al estar envuelto por la negrura del bosque y sólo visible por la luz de la varita.

- ¡Señor!¡Qué susto nos ha dado!- Se sobresaltó el desdentado.- Apaga la luz, venga, Tom.

El susodicho pronunció el contrahechizo rápidamente murmurando también una torpe disculpa sintiéndose un poco torpe por su error.

- Seguidme.- Ordenó Snape autoritariamente mientras se ponía a la cabeza del grupo y los guiaba por el bosque.

Los cuatro lo siguieron a oscuras como pudieron, haciendo crujir las hojas y ramitas bajo sus pies, tropezándose continuamente con el que iba delante o con una raíz en el suelo, mascullando maldiciones por lo bajo.

Sin embargo, Snape avanzaba a buen ritmo esquivando con facilidad los obstáculos del camino y sin a penas hacer ruido, deslizándose con la gracilidad de un fantasma gracias al entrenamiento recibido cuando era mortífago.

Por Merlín…¿este atajo de patanes son las nuevas fuerzas de la Orden?, pensaba. No durarían contra los mortífagos ni diez minutos, espero que por lo menos sepan controlar a los muggles...

Después de unos minutos llegaron a la posición idónea desde donde podían observar el campamento y era muy difícil que los vieran a ellos. En un cuarto de hora ya les había explicado perfectamente las distintas partes del campamento, señalando las zonas que se podrían considerar más peligrosas, las débiles y las más fáciles de atacar. A pesar de la primera mala impresión que había recibido de ellos, le complació observar que seguían atentamente sus instrucciones y lo entendían todo a la primera; se notaba que tenían cierta experiencia en este tipo de actuaciones.

- Mmmm señor, perdone la pregunta.- Habló el cojo, pasándose la lengua por los resecos labios.- En el caso de que tuviéramos que actuar, una vez hecho el trabajo claro, ¿podríamos quedarnos con las cosas que encontráramos en las tiendas?

- La mayoría seguro que son cacharros muggles sin ninguna utilidad pero siempre te puedes encontrar alguna sorpresa agradable…- Colaboró el tuerto con una sonrisa avariciosa.

Mercenarios. Me lo suponía, pensó con disgusto Snape. Durante los años álgidos del Señor Oscuro tuvieron mucho trabajo poniéndose al servicio del mejor postor, ya fuera el Ministerio, particulares o incluso los mortífagos. Después de su desaparición, tuvieron que buscarse la vida de otra manera porque el trabajo escaseaba y parece que este grupo había pensado que podrían sacar algún beneficio si se unían a la Orden; razonó rápidamente Snape. ¿Tan desesperados estaban los encargados de reclutar nuevos miembros que aceptaban a gente así? Por suerte, Snape sabía tratar con gente como aquella.

- Cumplid con vuestra obligación. Luego seréis recompensados.- Contestó fríamente.

Pareció ser suficiente para los cuatros mercenarios que intercambiaron satisfechas miradas imaginando la recompensa que iban a obtener por un trabajo que en principio se presentaba tan sencillo.

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Cuando el despertador empezó a sonar y a dar brincos por la mesita, Sabrina abrió rápidamente los ojos sobresaltada y sabiendo qué día era, estiró rápidamente la mano para apagarlo. Se estiró perezosamente en la cama intentando alargar el momento de salir de las sábanas calentitas; sin embargo, su segundo despertador no tardó en lanzarse sobre ella para que no se quedara dormida.

- Vale, vale Eco, ya me levanto.- Bostezó mientras la colorida ave le picoteaba cariñosamente la cara.- Me doy una ducha rápida, desayunamos y nos ponemos en marcha, que hoy va a ser un día muuuuuy intenso.- Por fin salió de la cama y frotándose los ojos y arrastrando los pies se dirigió al baño.

Cómo se nota que se acerca el invierno…pensó mientras se envolvía bien en la toalla al salir de la ducha para espantar el frío que empezaba a notarse en el ambiente.

- ¿Qué te apetece hoy, Eco? ¿Galletas o cereales?- Le preguntó mientras sacaba los dos paquetes del armario.

El pájaro respondió con tres silbidos muy rápidos y Sabrina sonrió.

- Lo mismo pensaba yo. Hoy nos merecemos algo más elaborado. ¡Marchando una de tostadas!

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Unas horas más tarde, cuando el campamento ya se encontraba inmerso en plena rutina de trabajo, Ben y Dolores se encontraban revisando los primeros resultados de los análisis que habían realizado los primeros días, los que correspondían a los profesores. Las pruebas genéticas estaban dando buenos resultados ya que se habían encontrado una serie de genes desconocidos hasta entonces y que se hallaban presentes en la sangre de todos los magos examinados hasta ahora. A pesar de ser un trabajo agotador, resultaba muy estimulante por toda la información nueva que estaban recabando.

Sin embargo, un par de informes los tenían desconcertados y habían tenido que repetir un par de veces las pruebas para asegurarse de que no había ningún error ni contaminación. Cuando llegaron a la conclusión de que no había ningún error, se dieron cuenta de que estaban ante una encrucijada.

Decidieron llamar a Sabrina y a los demás para comentarles su descubrimiento antes de dar parte a los superiores.

- Entonces queréis decir que, ¿habéis descubierto una nueva especie?- Preguntó anonadada Anne-Lise revisando los datos.

- Yo no diría tanto…pero sí una mutación bastante peculiar.- Explicó Dolores.

- Pero todos los hemos visto y son como tú y como yo; bueno, uno es un poco más alto de lo normal pero…- Razonó Sabrina.

- Pues ya has leído los resultados y no mienten. ADN humano, sí, con el llamémoslo "gen mágico", también; pero el que dices tú que es "un poco más alto" tiene genes completamente diferentes al resto y el otro tiene ADN animal, ¡ADN típico de los cánidos!- Se tiró de los pelos Ben, ante lo extraño que todo resultaba después de haberle dado veinte mil vueltas al asunto.

- Tiene que haber algo lógico en todo esto…- Trató de consolarlo Dolores dándole unas palmaditas en la espalda.

- En este lugar nada tiene ni sentido ni lógica, se rompen todas las leyes que conocemos.- Terminó Anne-Lise.

Todos se quedaron momentáneamente en silencio, dándole vueltas al asunto hasta que una idea iluminó el cerebro de Sabrina.

- ¡Cuentos!- Dijo en voz alta sobresaltando al resto.- ¿No lo veis? Todo esto, todo lo que hemos visto aquí, aparece en los cuentos que nos leían de pequeños. Hechiceros, brujas, bosques oscuros, castillos, magia…¿por qué no iban a ser reales las demás cosas que salen? En el mundo real...o bueno, en lo que nosotros consideramos mundo real estos seres no tienen cabida ni lógica, pero sí que la tienen en el mundo de los cuentos y de la mitología.

Anne-Lise la miraba concentrada siguiendo su razonamiento a la par que asentía con la cabeza.

- Tienes razón…los soldados que hacen guardia en el Castillo comentaron que escuchaban conversaciones entre los alumnos y entre los profesores u oían las explicaciones en clase y que siempre les hacía mucha gracia porque mencionaban a sirenas, ogros, gnomos y cosas así. Se burlaban pensando que estaban completamente locos pero... ¿por qué no? ¿Por qué no iba a ser posible que en realidad no estén locos?

- Entonces siguiendo esta lógica, lo más factible es que estos dos señores sean...¿alguna de esas criaturas mágicas?- Se fue animando Ben.

- Y ¿qué crees que pueden ser? Yo ando un poco pez en lo referente a seres fantásticos…- Murmuró Dolores.

- Del grandullón lo que más destaca precisamente es su altura. ¿Humanos muy, muy grandes? ¿Gigantes tal vez?- Apuntó Ben.

- Sí, podría ser…¿Y el otro?- Preguntó Anne-Lise, recolocándose las gafas.

- Ummm…sangre de perro…- Murmuró por lo bajo Dolores esforzándose por recordar los cuentos que le leía su abuela de pequeña.

- Esperad. Los análisis no dicen "sangre de perro", sino de cánido. Y, ¿si fuera sangre de lobo?- Propuso Sabrina haciendo memoria entre los seres fantásticos que conocía.

- Entonces, estaríamos hablando de…- Empezó Ben atando cabos.

- Un hombre lobo.- Terminó Sabrina con voz grave.

Un silencio se instauró en el grupo.

- ¿No…no son un poco peligrosos?- Murmuró Dolores pensando en las películas que había visto.

- En los cuentos sí, pero aquí no lo sabemos. Tanto el supuesto gigante como el hombre lobo tienen que ser profesores del Colegio; por lo que si fueran peligrosos no trabajarían con niños, ¿no?- Razonó Sabrina rascándose la cabeza.

- Eso espero... Bueno,y ¿qué hacemos con ellos? Oficialmente tenemos la obligación de notificarlo, pero eso implicaría que los cogerían para llevarlos a Londres.

- Anda, ¿y eso?- Preguntó Sabrina sorprendida.

- Nuevas órdenes desde arriba.- Contestó Dolores.- Todo caso especial debe ser notificado y llevado al centro principal para ser estudiado. Sólo es el primer paso; estoy segura que al final terminarán llevando a los estudiantes y a los profesores para encerrarlos en jaulas y así poder estudiarlos tranquilamente.

- Bufff…Decírselo a los jefes es como si fuésemos nosotros los que les pusiéramos las esposas a estos dos pobres.- Dijo preocupado Ben.

- Aunque nosotros no dijéramos nada es muy fácil que los otros compañeros sí que lo hagan cuando les lleguen las copias de las pruebas.- Anunció preocupada Dolores.

- Pero por lo menos les podemos dar unos días de ventaja para que se escondan o algo.- Terció Sabrina.- Esta tarde tengo que ir al Castillo, dime los nombres de los dos y buscaré la manera de hablar con el Director sin levantar sospecha. Si estáis dispuestos a correr el riesgo, claro…

Todos se miraron un momento a los ojos antes de contestar y luego afirmaron sin duda.

- No comparto su manera de hacer las cosas desde el principio. Si nos descubren y nos echan, por lo menos nos iremos sabiendo que hicimos las cosas bien.- Dijo valientemente Ben, con lo que se ganó una mirada admirada de su pelirroja.- Tengo aquí los nombres…- Buscó unos segundos entre los papeles.- El grandullón se llama Rubeus Hagrid y el Hombre lobo Remus Lupin.

Al reconocer el segundo de los nombres, Sabrina sintió la presión de la preocupación en el estómago. Ella lo conocía y le había parecido una buena persona que no se merecía acabar en una jaula. No permitiría que le pasara eso, aunque fuera a ser en nombre de la ciencia.

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Mientras recorría los cada vez más fríos pasillos hacia el despacho del Profesor Snape, sentía con cada paso como aumentaban los nervios que se arremolinaban en su estómago. Sólo de pensar en su primera clase con él se ponía a temblar de los nervios, pero sabiendo que además tenía que convencerlo para que le transmitiera su aviso al Director se consideraba afortunada de poder seguir conservando la comida en el estómago.

Por fin había llegado a la puerta correcta. Respiró profundamente para relajarse y tras unos segundos golpeó un par de veces la madera.

Estaba tan concentrada esperando que la puerta se abriera que pegó un brinco cuando oyó una voz a sus espaldas:

- Veo que la impuntualidad es otra de sus virtudes.

Todavía con el corazón desbocado, se dio la vuelta rápidamente para hacer frente al recién llegado.

- Habíamos quedado a las 17.- Protestó molesta al alto hombre de negro que la observaba con rostro impasible.

- Por lo menos veo que no tiene problemas de memoria. En efecto, a las 17 horas, pero aún quedan cinco minutos para que sean en punto. ¿No sabía que llegar antes de la hora acordad es también de mala educación?- Susurró indiferente mientras se colocaba frente a la puerta y realizaba un par de fluidos movimientos de varita para que se abriera.- Pero ya que está aquí, adelante.- Le dijo burlonamente mientras sujetaba la puerta para permitirle el paso.

Vaya, parece que se ha levantado con el pie izquierdo; pensó amargamente Sabrina mientras entraba.

La sala parecía dividida en dos: una que parecía reservada para la lectura y las reuniones con una gran mesa con dos sillas y varias estanterías llenas de libros y otra en la que se encontraban un par de calderos, dos banquetas para sentarse y varias estanterías con muchos tarros de diferentes colores.

El ruido de la puerta al cerrarse a sus espaldas volvió a sobresaltarla.

- Bueno, empecemos de una vez.- Sentenció Snape dirigiéndose hacia una de las estanterías de libros haciendo flotar su negra capa tras él. Recorrió velozmente con el dedo los títulos hasta detenerse en el que buscaba.- Sí, para el primer día éste está bien.

Con él en la mano se dirigió a uno de los calderos y se sentó. Sabrina seguía de pie contemplándolo y hasta que el mago no le dirigió una peligrosa mirada no salió de su ensimismamiento y se sentó cuidadosamente casi con timidez frente al otro caldero.

- A pesar de que parece que se ha ganado las simpatías del Director, sigo teniendo serias dudas a cerca de que este…experimento salga bien. La mente de los muggles no está hecha para la magia, no suelen mostrarse compatibles, por eso suele haber tantos problemas de aceptación cuando un muggle descubre la magia, ¿entiende? Les educan en función de un mundo que relega la magia a un juego de niños, donde lo mágico no tiene cabida.- El tono empleado era duro, pero Sabrina se sorprendió de lo bien que se expresaba.

- ¿Qué puedo decir? Descubrir que la magia existe no ha supuesto ningún trauma para mí…es más, me ha encantado. Supongo que soy una…muggle poco corriente .- Intentó bromear tratando de romper la tensión que había en el ambiente.

Pero parece que no funcionó. Snape se limitó a clavarle todavía más su oscura mirada durante unos segundos. Sabrina tragó saliva y decidió mirarse los pies.

- Ya lo veremos…- Susurró mientras pasaba tranquilamente las hojas del libro con sus finos dedos.- Comenzaremos con esta sencilla poción que sirve para aliviar las molestias estomacales de prácticamente todo tipo. Primero- con un golpe de varita hizo aparecer una mesita de trabajo entre ambos con los ingredientes necesarios y dos pequeños cuchillos de plata, de manera que pudieran compartir la mesita y ver perfectamente todos los movimientos que el otro realizara.- Bien. Ahora vamos a encender el fuego para que el caldero se vaya calentando.- Con una pequeña sacudida de la varita, un pequeño fuego se encendió bajo su caldero.

Sabrina esperó a que hiciera lo mismo con su caldero. Snape se dio cuenta y componiendo una torcida sonrisa se burló.

- ¿No esperará que le encienda el caldero? La "gracia" de estas clases está en que aprenda sin usar la magia, solamente con sus habilidades de "muggle poco corriente" . Así que, tendrá que apañárselas usted sola para hacer fuego.

La joven notó como parte de los nervios se convertían en ira mientras pensaba a toda velocidad cómo hacer fuego intentando alejar los pensamientos de su mente en los que clavaba agujas en el hombre como si fuera un muñeco vudú. De repente, recordó que tenía un mechero en el bolso que llevaba siempre encima a pesar de que no fumaba. Con lo que en cinco segundos bajo su caldero también ardía un pequeño fuego.

- ¿Siguiente paso?- Preguntó con una pequeña sonrisa de triunfo.

Lo que restaba de las dos horas pasó sin mayores incidentes aunque sí con algún que otro comentario sarcástico por parte de ambas partes. Sabrina se sorprendió de lo relajante que resultaba aquella tarea una vez que entendió el proceso, era una mezcla curiosa entre una clase de cocina y una de química. Por su parte, a Severus le había sorprendido el interés y la habilidad de la muggle, innegablemente superior a la de muchos de sus alumnos del primer curso.

- El hecho de que torne en esta tonalidad azulada es indicativo de que está elaborada correctamente y está lista para ser ingerida.- Con una bonita floritura de varita la poción se había introducido en un bote que ahora el profesor ofrecía a su nueva alumna.- Es suya, hoy se la ha ganado.

- Gracias a usted, por enseñarme. Ha sido muy interesante y estimulante. Nunca imaginé que con productos tan cotidianos se pudiera hacer un remedio para los dolores.- Sonrió cansada y aceptando el botellín que guardó en su bolso.

El profesor asintió con una sacudida de cabeza y comenzó a recogerlo todo con varios movimientos de varita. Sabrina pensó que no habría mejor momento que ése, ahora que parecía algo más relajado para sacar el tema.

- Mmmm ¿Profesor Snape?- El hombre había insistido en que lo llamara profesor al menos durante sus clases.- Tengo que comentarle algo un tanto delicado…

Si con esas palabras había conseguido despertar la curiosidad del profesor, ningún gesto en su rostro o movimientos lo indicó, sólo consiguió que le lanzara una indiferente mirada.

- Espero que no sea que tiene miedo de volver sola al campamento y quiere que la acompañe.- Bufó.

Qué hombre más insufrible, pensó la rubia. Aún encima que vengo para prevenir a sus amigos…

- Perdone, pero esto es serio. – Le cortó y sin razón alguna, ya que estaban solos y con la puerta cerrada, la joven se inclinó hacia delante y bajó la voz fijando sus ojos en los del hombre sentado en frente de ella.- No voy a entrar en detalle, pero nos hemos enterado que entre los profesores del Colegio hay un gigante y un Hombre lobo. Estamos obligados a comentárselo a los jefes quienes darán orden de trasladarlos a Londres para analizarlos aunque sea contra la voluntad de los implicados. Mis colegas y yo…digamos que no estamos de acuerdo con esta política, ni con otras muchas cosas y queríamos avisarles con unos días de antelación para que puedan ponerlos a salvo.

Severus se la quedó mirando unos segundos más sin decir nada. Los ojos de la muggle se veían más verdosos con la luz que entraba por la ventana; no eran un verde esmeralda como los de Lilly o los del chico Potter, sino más parecidos al color del mar enfurecido y en esos momentos reflejaban todos los pensamientos de la muchacha, no hacía falta utilizar la Legeremancia para ver la sincera preocupación y el temor a que no la creyera en ellos.

- ¿Se refiere usted a Rubeus Hagrid y a Remus Lupin?- La joven asintió con la cabeza.

No estaría mal perder de vista al cabeza hueca de Hagrid y al chucho de Lupin, pero aún así no les deseaba aquello que seguro que los muggles tendrían preparado para ellos.

- ¿De cuánto tiempo disponemos antes de que vengan a por ellos?

Vio como sus ojos brillaron de alivio y se achicaban acompañando la sonrisa de su boca.

- No mucho, la verdad. Tal vez una semana, dos como máximo antes de que se enteren por otros medios. No hace falta que me diga cómo pero, ¿podrán ayudarlos?

El profesor no contestó inmediatamente sino que se levantó elegantemente de la banqueta y se dirigió a la puerta, señal inequívoca internacional de que ya era hora para Sabrina de irse. Cuando la joven llegó a su altura le contestó.

- Tenemos más recursos de lo que se pueda imaginar. Es más, si llegáramos a enfrentarnos, ¿está usted segura de estar en el bando vencedor?

Con esa pregunta tan inquietante la despidió de su despacho, dejando a Sabrina con varios sentimientos encontrados. Por una parte se alegraba de que la hubiese tomado en serio y que fueran a actuar, pero por otra le molestaba que a pesar de todo lo que ella y sus amigos habían hecho, los magos siguieran considerándolos y tratándolos como a los soldados, como si fueran todos iguales. Con un último suspiro de impotencia, volvió al campamento.

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Aquella noche, en una de las torres del Castillo Harry Potter caía dormido en su cama esperando soñar con una hermosa pelirroja. Pero en su lugar, se encontró en una fría y oscura sala.

Lord Voldemort se encontraba de pie contemplando el ventanal, dando la espalda al que sin duda era Colagusano.

- Entonces mi Lord, ¿es momento de…de dar la orden?

- Las nuevas que me has traído son muy, muy interesantes…Sin embargo, creo que podemos estirar la cuerda un poco más. Los errores de estos años me han enseñado a ser más cuidadoso, a ir más despacio, esperando el momento oportuno, y éste, aún no ha llegado. - La fría voz del Señor Oscuro denotaba cierta satisfacción.

- Señor, no…no pretendo poner en duda vuestra...vuestra inteligencia pero, ¿y si la segunda parte del plan no sale co…como esperamos?- La voz de su siervo tembló más de lo normal al expresarle sus pensamientos.

- ¿Vuelves a tener dudas a cerca de tu Señor, Colagusano?- La voz se tornó peligrosamente suave, parecía que la habitación se volvía incluso aún más fría y el interpelado comenzó a temblar.- Si no fuera porque requiero una vez más de tus servicios…

Colagusano soltó un quejido de alivio al creerse a salvo de la ira de su Amo. Pero fue un error.

- Sin embargo, nada me impide darte una pequeña lección para que tus dudas no vuelvan a repetirse.- Colagusano volvió a estremecerse y se encogió todo lo que pudo sabiendo lo que esperaba. Lord Voldemort, por primera vez en aquel rato, sonrió mostrando sus feos dientes puntiagudos apuntando con su varita a su siervo.- ¡Crucio!

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Andy Black Riddle:
Buenas Andy! Muchísimas gracias por tu comprensión :) Soy la primera a la que le sabe malo tardar en actualizar pero hay días en los que es imposible escribir nada de nada porque no hay tiempo para ello :S La verdad es que los muggles están jugando con fuego y creo que al final se quemarán...pero no adelanto acontecimientos ^^ ¿Qué te ha parecido la primera clase de Sabrina? Espero que te haya gustado el capítulo! Un beso gordo!

Paladium: Hola Paladium! Jajaja sísí, no estoy dejando muy bien en este fic ni a los muggles ni al Ejército ^^ pero ya veremos que no todo está perdido. Dumbledore la verdad que sí que es un poco Celestino jajaj pero tenemos que ver si la cosa funciona o no! Y ya sabemos que cuando le tocan las narices al director, las consecuencias pueden ser muy malas ;) Un beso!

jovas: Buenas jovas! Siento el retraso, pero como ya he escrito, tengo los exámenes a la vuelta de la esquina y me quitan mucho mucho tiempo... En verano tendré más tiempo :) Ayyy Snape...es uno de mis personajes favoritos, me da muchísima pena cómo lo ha tratado la vida...pero estoy seguro que si lo hubiera tenido de profe lo hubiera odiado jajaja. Un besito!

Muchas gracias por comentar y seguir la historia! :D

Lectores anónimos: ánimo, no seáis tímidos y dejad un comentario! ;D Podéis dar vuestra opinión y a mí me animan a seguir escribiendo!