"Todos lo bueno en la vida nace de un salto al vacío…"

Aún estaban compitiendo. Podía oír el alboroto que había en las gradas de la piscina, pero el ruido se iba acallando a medida que avanzaba por el túnel. Esperaba por fin poder encontrarlo ahí. Rin debía estar allá todavía así que si Makoto pasó por ahí, él debió haberlo visto. Aun así, sus pasos se apresuraron en llegar. Tenía una urgencia fatal por estrecharse en sus brazos para que todo su mundo volviera a tener sentido.

Sintió un murmulló justo antes de llegar a la puerta de los camarines. Reconoció con facilidad la voz de Rin. Sonaba alterado, enfadado por algo. Quiso abrir la puerta para saber que sucedía, pero antes de empujarla pudo divisar a Makoto cerca de Rin, además su voz lo embargo cuando le contesto algo que Rin había dicho. No le tomó enseguida asunto a lo que sucedía, solo lo hizo cuando escucho la voz de Makoto. Esta sonaba triste.

No tardo mucho más en darse cuenta que él era el centro de su conversación, sin embargo, nada de lo que decían tenía ningún tipo de sentido para él.

—Él te eligió a ti. Esta desesperado por verte. — la voz de Rin parecía rugir en su interior. Sonaba tan alterado —De hecho, deberías estar con él en estos momentos y no aquí conmigo. — le recriminó —Yo me iré a Estados Unidos, gané así que me iré y sin importar lo que sienta Haru estará contigo. — Haru bajó la cabeza en cuanto lo escuchó, ¿Acaso sentía algo por él? Lo iba a dejar incluso si sentía algo.

Se dio la vuelta para irse. No quería escucharlos más, pero se detuvo cuando escucho a Rin.

—Yo lo quiero, Makoto. —

—Aún así te metiste con Haru mientras lo tenías. — le recordó —Y no es un reproche, pero ¿no crees que tal vez no lo amas tanto como crees? —

—No es así, tú no lo entiendes. —

Éramos amigos… pensó Haru, éramos amigos y lo arruinamos todo. Ahora simplemente intentaban recomponer la situación, pero estaba demasiado jodida y tal vez no tenían la entereza para hacerlo realmente.

Sintió el resoplido de Makoto antes de volver a girarse hacia la puerta —Y eso es justamente lo que intento hacer, necesito comprender. — dijo con notable desesperación. Haru se mordió el labio por sus palabras. Dolían —Necesito entender porque Haru habría de elegirme a mí si te tiene a ti. —

— ¿Por qué dices eso? ¿Estás celoso? —

—No. — dijo Makoto. Haru tenía un ángulo perfecto para ver la cara de sufrimiento que tenía Makoto. Se sentía mal, pero al mismo tiempo le molestaba que estuvieran hablando sobre él sin siquiera estar presente, tal vez no se había ganado ese privilegio —Pero puedo verlos a ustedes. Tienen una relación que él y yo jamás tendremos. — le explicó —A veces tengo la impresión que él está conmigo solo porque estábamos juntos desde antes que te conociera, como si no tuviera el valor de dejarme para estar contigo. Y a veces creo que es exactamente lo que te pasa con Sousuke. —

— ¿Crees que está contigo por compromiso? — preguntó indignado. Aquella indignación también embargo a Haru. Había sido un golpe más duro de lo que hubiese esperado. La verdad era que jamás espero escuchar a Makoto decir algo semejante, dudar de su amor de esa manera. Pero junto todo el coraje y terminó por abrir la puerta que debió haber abierto hace mucho.

Makoto no le respondió. Guardó silencio para contestar seguro de sus palabras.

—Sí Makoto, nos gustaría saber tu respuesta. — la voz de Haru los sobresaltó a ambos desde la puerta de los camarines. Sus ojos estaban brillantes, vidriosos producto de todo lo que probablemente había tenido que escuchar.

—Haru… — el rostro de Makoto cambio drásticamente.

Rin lo miró sosegado, pero sabía que los dos lo habían estropeado.

— ¿Cuánto oíste? — intervino Rin.

Haru solo le dio una mirada antes de volver su vista hacia Makoto —Lo suficiente. — su voz se quebró por un momento — ¿De verdad crees que quiero estar contigo solo porque no tengo las agallas para decirte que ya no te quiero? —

—No sonó del todo bien eso… — quiso explicarse —Haru… yo… —

— ¡Nanase! — el entrenador de Haru y Rin entro desenfrenado a los camarines —Al fin te encuentro. — dijo agitado por haber corrido —Te vi entre la multitud y pensé que te habías ido. Ven conmigo. — lo tomó por un brazo y lo sacó de ahí sin siquiera fijarse en Rin o en Makoto.

Rin suspiró —Si no nos vuelve hablar va ser tu jodida culpa. — frunció el ceño. Tomó su bolso y dejo a Makoto solo en el lugar, lleno con su remordimiento.

Tres meses después…

— ¿Estás seguro que estas bien? — dijo angustiada la mujer.

—Mamá, viví cinco años solo aquí y ahora es cuando te preocupa mi seguridad. — le recordó Haru antes de poner los ojos en blanco —Voy a estar bien. — le dio un último abrazo.

—Cualquier cosa, no dudes en llamarnos. — le dijo su padre y le tendió la mano antes de atraparlo en un abrazo —Espero que nos visites en casa algún día. —

Haru asintió —Lo haré, lo prometo. —

Su madre frunció el ceño —Lo mismo habías dicho cuando saliste de la Universidad, prometiste ir a pasar las vacaciones con nosotros. —

Haru hizo una mueca —De todas formas la pasamos juntos. — les recordó.

—Sí, pero en un país distinto. — ironizó.

—Ya, déjalo. Venir a Australia no estuvo tan mal. — le defendió su padre.

Hicieron el anuncio de embarque de su vuelo a Japón, así que tomaron sus cosas y se despidieron una última vez de Haru.

—Demuéstrales quien es el mejor. — le pidió su madre mientras se alejaban de él.

Haru se quedó viendo el panel de vuelo. Los arribos y los vuelos que partían. No le apetecía volver a su nuevo apartamento. Ahora sí que se iba a quedar solo en esa gran ciudad.

Había vivido la mayor parte de su vida solo y la verdad es que nunca le importo realmente, porque en el fondo sabía que nunca estuvo del todo solo. Siempre tuvo un brazo amigo y un hombro en el cual apoyarse cuando había dificultades y una buena compañía cuando ya no le apetecía estar solo. Tuvo incluso una familia nueva. Nunca reprochó la vida de sus padres, porque siempre tuvo otra madre y otro padre, incluso tenía hermano en esta familia. Y él simplemente entregaba todo su ser, todo lo que era a ellos. No tenía más que ofrecer y ellos tampoco le pedían nada más. Solo querían que fuera feliz y a su modo lo fue.

Llegó a su departamento y tiró las llaves sobre una mesita que había en la entrada. Se recostó sobre uno de los sillones que había y se quedó mirando por la puerta de cristal que daba a su pequeño balcón y también a un hermoso atardecer en Sidney.

Hace tres meses su vida tomo un vuelco del que realmente no estaba seguro. Nunca supo con total honestidad si deseaba quedarse en ese lugar. Nunca estuvo realmente de ninguna de sus decisiones. Él solo quería tener un lugar donde nadar y si hubiera sido posible, no haber cambiado nada de su vida de juventud. Pero ya ven, la vida cambia e inevitablemente todos tenemos que crecer y tomar decisiones que a veces no nos agradan. Haru tomó la suya. Decidió quedarse después de todo. Ahí iba a poder seguir nadando mientras continuara siendo bueno, aunque el precio que tenía que pagar era la soledad.

Él acepto aquel precio el día que decidió no abrir la puerta de ese camerino y eligió escuchar la conversación de Rin con Makoto. Ya no hubo más vueltas que darle. Todo había muerto en ese momento o al menos de forma temporal. Haru y los demás entendieron algo muy importante esa tarde.

Haru… — dijo Makoto desde el fondo de los camerinos.

Éste se dio vuelta, pero no se sorprendió realmente de verlo ahí —Hola, Makoto. — abrió su taquilla y sacó sus cosas — ¿Rin ya se fue? —

Makoto asintió —Hace un rato. Supongo que no quiso que nos encontraras peleando otra vez. — se acercó del fondo para dejar que la luz lo iluminara. Lucía arrepentido.

Gracias por haber venido. — le sonrió de lado —Significó mucho para mí verte entre la multitud cuando salí de la piscina. —

Quería que fuera una sorpresa. — le explicó.

Y vaya sorpresa que resulto. — dijo con aire melancólico.

Haru… —

Haru negó —No Makoto, no lo hagas. — le pidió. Lo observó con angustia —Ambos nos hemos hecho mucho daño estos últimos años. Ha sido una mala decisión tras otra durante demasiado tiempo. — agregó —Y creo que ambos nos merecemos algo mejor que el simple hecho de estar desesperados por estar con el otro. —

Makoto se quedó atento a sus palabras.

Necesito que entiendas esto. — se acercó a él y lo observó —Yo te quiero, te quiero mucho. Y cuando te pedí que vinieras conmigo hasta aquí era porque quería compartir todo mi mundo contigo, un mundo al que tú me empujaste y del cual nunca te he agradecido. —

¿Eres feliz aquí? —

No sé si en Tokio contigo lo hubiera sido más. Ya no tengo la posibilidad de vivir esa vida a tu lado, pero sí soy feliz aquí, aunque siempre me hiciste falta. Y es justamente por eso que deseaba que vinieras. — tomó el rostro de Makoto entre sus manos —pero si tu tienes dudas sobre mis sentimientos no hay nada que yo pueda hacer al respecto. Tal vez necesitamos tiempo. —

¿Más? —

Haru asintió —Esta vez sería diferente, porque los dos estamos tomando esta decisión. —

Makoto suspiró —Lo siento, Haru. — Juntó su frente con la de él —De verdad siento tanto que todo se haya estropeado. —

Ahora solo miremos al futuro y tal vez un día estemos listos para estar juntos otra vez. Tal vez necesitamos sanar nuestras heridas tal y como lo necesita Sousuke. —

Pero quiero que me prometas algo. — Le pidió Makoto —Quiero que este tiempo seas sincero contigo mismo. —

¿Te refieres a Rin? — frunció el ceño — ¿De nuevo con eso? —

Escúchame. — Rogó —Quiero que este seguro que me amas. Porque yo estoy completamente seguro que te amo con todo mi corazón. Simplemente quiero que cuando estemos juntos otra vez ya no existan dudas entre nosotros. — le sonrió —Y yo sé que él es especial para ti y también se lo importante que es para Sousuke. —

Ellos dos se merecen estar juntos. — admitió.

Pero Rin tiene que estar seguro si la persona que él ama está del otro lado del océano o justo aquí a su lado. —

Haru se quedó pensativo un momento —Que yo sea a quien él quiere, no significa que yo tenga que corresponderle. — le recordó.

Makoto volvió a sonreír —Yo vi como se miraron en ese pasillo antes que salieras a mi encuentro. Si vamos a estar juntos en un futuro, debes comenzar a ser sincero con todo el mundo, sobre todo contigo mismo. —

Makoto… —

Makoto lo besó antes que Haru pudiera seguir hablando. Éste se aferró a su chaqueta y lo apretó contra él mientras Haru lo tomaba por la cara para continuar besándolo —Te voy a extrañar mucho. — le susurró con los labios pegados a los de Haru. Sintió una lágrima en su mejilla, pero no era de él, era de Haru.

Yo también. — susurró antes de besarlo de nuevo.

Makoto se fue ese mismo día de regreso a Japón. Rin no supo de aquella conversación hasta entrada la noche. Pero Rin tampoco podría quedarse.

Haru golpeó con timidez la puerta del cuarto de Rin. Este tardó un poco en abrir. Tenía una toalla enredada en la cintura y otra más pequeña que le cubría el cabello.

Me imagine que vendrías. — se volvió hacia el cuarto, junto a su cama.

Haru se quedo junto a la puerta viendo el bolso que había sobre la cama — ¿Te vas mañana? —

Rin negó —Dentro de unos días. Aun debo arreglar algunas cosas referentes a la Universidad, pero ya soy libre. — le sonrió.

¿Estados Unidos? — preguntó sin estar seguro de querer saber la respuesta.

Así es. — dijo en un soplo de voz —La verdad es que fue todo muy irónico, porque cuando el entrenador me llamo ya habían decidido mi destino y me sorprendió bastante que fuera allá. — hablaba sin parar, como si estuviera nervioso.

Me alegra que lograras tu objetivo. —

Gracias. — dijo metiendo unas cosas en el bolso.

Buscaras a Sousuke. — preguntó de nuevo sin querer saber la respuesta.

Haru se giró hacia él —Estados Unidos es un país terriblemente grande. Es difícil que nos encontremos. —

Competencias nacionales. —

Rin asintió —Es probable, pero no creo que estemos en la misma ciudad. Ni siquiera creo que estemos en el mismo Estado. — le explicó. Haru lo escuchó en silencio — ¿Y tú? ¿Te quedas? — Haru solo asintió — ¿Hablaste con Makoto? —

Se fue. — dijo en un hilo de voz.

Rin dejo de hacer lo que hacía y se levantó para mirar mejor a Haru —Lo siento mucho. —

Haru le sonrió —Yo también lo siento mucho. — se encogió de hombros —Fue lo mejor. —

¿Terminaron? — su voz se bañó de curiosidad — ¿O solo es… un tiempo? —

Supongo que es un tiempo. — admitió —No lo sé. Se supone que aclaremos nuestros sentimientos. —

Rin arqueó una ceja — ¿Están confundidos? —

Haru le sonrió de lado —Él supone que yo lo estoy. —

¿Y lo estás? — dio un paso hacia él.

No estoy seguro. — admitió.

¿Te molesta que vaya por Sousuke? —

Rin… — siseó.

Rin sonrió —Esta bien, no respondas. Se la respuesta. — se quedó viéndolo con una mirada extraña —Anoche no pude dormir nada después de todo y no porque no tuviera sueño o porque no pudiera dormirme. Me quede despierto toda la noche viéndote. — le contó de pronto —No soportaba la idea que no te volvería a ver. —

Me estás viendo. — bromeó para cambiar el ambiente —No importa lo que digas, Rin. Debes irte. Es tu destino. — le sonrió con pena —Debes irte y aclarar tu cabeza. —

Rin asintió —Lo sé. — suspiró.

Espero que ambos elijamos caminos que no hagan sufrir al otro. — admitió con pesar —Después de todo eres un gran amigo y digan lo que digan, siempre serás un gran amigo para mí. —

¡Que diablos! — dijo Rin y acortó la distancia que los separaba. Tomó a Haru entre sus brazos y lo apretó con fuerza —Yo también espero que nos volvamos a ver. —

Haru se sorprendió al principio, pero rodeo a Rin por la cintura y lo abrazo con fuerza. Era tan cálido. Tal y como lo recordaba de hace años. Deseo que el tiempo se detuviera por un momento, pero debía dejarlo ir. Tenía que irse igual como Makoto. Necesitaban una oportunidad de ser felices lejos de él.

Unos cuantos días después, Rin también se subió a un avión y se fue terriblemente lejos. A veces todavía sentía su ausencia. Al menos sabía que Makoto estaba solo a unas horas de viaje, pero Rin estaba demasiado lejos para su gusto.

Todos necesitaban sanar sus heridas después de todo. Sus relaciones fueron cayendo como un maldito efecto dominó después que Makoto hubiera tomado la decisión de enviar a Haru lejos. Todas las decisiones que se tomaron después de eso no hicieron más que contribuir en destruir a cada uno de los que se encontraran demasiado cerca como para huir de semejante explosión.

Era probable que Makoto se fuera a arrepentir toda su vida por haber enviado lejos a Haru. Así como Rin se iba a arrepentir por siempre el haber engañado a Sousuke y haberlo hecho infeliz, al igual como Haru por haber provocado aquella ruptura.

Siempre iba haber algo de lo que no iban a sentirse orgullosos, pero tendrían que aprender a vivir con ello y a tomar acciones para no volver a repetir sus errores.

Tal vez sea muy pronto como para asegurar nada. Pero todo lo que había pasado en los últimos años simplemente había contribuido para que dos almas pudieran encontrarse de forma total y sincera. Algo que no había podido hacer antes incluso a pesar de la cercanía y del cariño que se tenían.

Haru solo llevaba tres meses solo en Australia, pero ya estaba completamente seguro de lo que necesitaba y de lo que quería a su lado. Solo tenía que tomar el teléfono y tener el valor de decirlo. Pero no lo hacía, porque necesitaba que del otro lado de la línea también estuviera seguro que era eso exactamente lo que quería.

Él al fin comprendía que ser feliz no era tener una vida perfecta, sino que era reconocer que valía la pena vivirla a pesar de las dificultades. Y estos últimos meses, junto a su familia había aprendido aquellas cosas tan valiosas. Sabía que podría tener decepciones, pero que solo eran parte de su vida. Su alma estaba en paz, y sabía que la de Makoto también la estaba, al igual que la de Rin. Sin importar que les deparara el futuro. Los tres se habían perdonado.

Solo era Sousuke de quien no sabía absolutamente nada, pero lo poco y nada que alcanzó a conocerlo, sabía perfectamente que no era un sujeto rencoroso y probablemente ya está en paz con sus propios fantasmas. Algún día lo podría saber, si él se volvía un atleta de alto rendimiento y se encontraban en competencias internacionales.

Haru despertó cuando su departamento estaba completamente a oscuras. Se había quedado dormido viendo el atardecer. Se levantó y fue tanteando el camino hasta las luces. Se estiró un poco y se fue directo a la cocina para prepararse la cena.

Cuando cerró el refrigerador con todo lo que iba a preparar, el timbre del departamento sonó.

Sabía que sus papás no se había devuelto y nadie más conocía su nuevo hogar. Dejo todo sobre la encimera y fue hasta la puerta. No quiso asomarse a ver quien era, simplemente abrió y se quedó sin palabras con el chico que estaba del otro lado. Traía un pequeño bolso colgando de su hombro.

—Hola, Haru. — Sonrió.

—Hola. — sonrió de regreso.