Siento muchisimo este gran gran atraso y espero que este capítulo valga la pena, lo tenía comenzado pero no lo había podido terminar, ahora sí. Muchas gracias por los comentarios y por leer mi fic, espero lo disfruteis.

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es mía.

Nos leemos bajo. Besos


Capítulo 11: Protegida en tus brazos

Bella

Las lágrimas recorren y mojan todo mi rostro, estoy asustada por todo lo que ha pasado, nos han disparado y Edward está herido. Solo quiero verle y estar con él pero me encierra aquí y me siento impotente. Solo puedo llorar y esperar verle pronto.

No sé cuánto tiempo llevo detrás de esta puerta llorando, pero estoy sin fuerzas. Llorar siempre me ha agotado y los ojos rojos e hinchados me empiezan a pesar. Necesito dormir.

Me levanto torpemente del suelo y como puedo me subo a la enorme cama. Está helada y solitaria, ahora mismo necesitaría unos brazos que me abrazaran fuerte y me hicieran sentirme protegida. Lo que más me asusta es que sé que brazos quiero a mi alrededor y sé que nunca los voy a tener. Él es demasiado hombre para una chica tonta como yo. Pero soñar cuesta tan poco, aunque debo soñar con cuidado pues los últimos sueños que recuerdo eran pesadillas.

Me dejo caer en la cama y me abrazo a mí misma intentando no sentirme sola. La soledad me aterra, y saber que cerca está la persona que ansío abrazar y que no puedo salir de estas cuatro paredes porque él así lo ha querido me rompe el corazón. Creí que hoy sería un gran día, uno de esos que jamás olvidas aunque pasen muchos años. Y al final, ha sido un día de los que no olvidas por ser horrible. Cierro los ojos y me dejo llevar al lugar donde viven los sueños.

Otro día lluvioso en Forks, aquí nunca sale el sol y cuando lo hace ni siquiera te da tiempo a disfrutarlo. Nací aquí y puedo contar los días de sol con una sola mano.

La clase de biología es más de lo mismo, todos los años hacemos las mismas prácticas de laboratorio y excepto por la novedad de que cada año cambiamos de compañero de laboratorio, el resto es igual. Prefiero la clase de literatura, me encanta leer y puedo devorar un libro entero en apenas unas horas. Seguramente por eso no soy popular y no me importa, eso me da más tiempo para dedicarme a adentrarme en el mundo de las novelas y los romances, de los dramas y las comedias. De los clásicos que sin duda son mis favoritos. Adoro obras maestras como Romeo y Julieta o Cumbres borrascosas.

En lugar de escuchar al maestro de biología, me dedico a mirar por la ventana y ver las gotas de lluvia resbalando por el cristal. Con un día así solo me apetece ir a casa y acostarme en la cama con uno de mis libros.

Me pongo mi cazadora verde y salgo del instituto a buscar mi furgoneta, podría correr pero seguramente alguien terminaría llevándome al hospital y esa idea no me entusiasma. Me siento en el asiento del conductor y espero a mi hermano Seth, como siempre él siempre sale el último de clase. Es un año menor que yo así que todavía no puede conducir y aunque pudiera dudo que nos podamos permitir dos vehículos aparte del de mi padre. Por fin veo su cazadora amarilla, es fácil de identificar porque es única. Sonrío al verle correr sabiendo que él ha heredado la buena coordinación y yo la pésima.

Cuando entra dentro del coche me dedica su sonrisa genuina que me derrite el corazón, así es Seth, un oso amoroso de tamaño reducido, por suerte de los dos soy la más alta y eso contando que soy bastante pequeña. Pongo en marcha la camioneta y entonces me acuerdo que he dejado mi libro de Romeo y Julieta en la taquilla, lo necesito para un trabajo de literatura y aunque me sé el libro de memoria tengo que volver a por él.

-Tengo que ir a mi taquilla, espera aquí Seth- digo intentando que me haga caso, cosa que pocas veces sucede.

-No Bella, yo iré. Así luego nos ahorramos el atasco- dice mientras sale de la camioneta y se encamina hacia el instituto. Mi hermano sabe perfectamente la combinación de mi taquilla se puede decir que no tenemos secretos. Somos confidentes el uno del otro y siempre será así. Estoy muy agradecida con la vida por haberme regalado a Seth ya que mis padres no tenían intención de tener más hijos. Por suerte para mí eso no se cumplió.

Miro mi reloj y creo que Seth tarda demasiado, espero que no se haya puesto a hablar con uno de sus amigos y me haya hecho esperarle. Me bajo del coche y me encamino hacía la entrada del instituto y cuando estoy a nada de mi taquilla, oigo a mi hermano hablar.

-Tío, yo no diré nada, lo prometo enserio por favor, mi hermana se preocupará- ¿con quién está hablando Seth? Por la esquina asomo mi cabeza y veo a un chico moreno de espaldas a mí, no me suena y va todo vestido de negro. Es mucho más alto que Seth y muchísimo más alto que yo. Me fijo en que hay algo en el suelo justo en frente de este chico tan extraño y se me corta la respiración cuando me doy cuenta que lo que está en el suelo es Newton, con sangre a su alrededor. Mi corazón bombea tan rápido que creo que todo el pueblo lo podrá escuchar. ¿Qué ha sucedido? Seth debe largarse de aquí, mi hermano está pálido y sujeta contra él mi libro, maldito libro. Y maldito mi cuerpo que no responde, no se mueve.

-Has visto demasiado, como comprenderás no puedo dejar que te vayas- dice el chico de negro mientras se dirige hacia Seth, entonces lo veo, lleva un arma. Me tiemblan las piernas pero no me puedo mover, estoy anclada en este rincón del pasillo mirando como ese hombre se dirige hacia mi hermano. Quiero gritar, necesito salvarle.

Apunta a Seth con la pistola y sin parpadear aprieta el gatillo.

Un disparo, otra vez no, por favor que alguien me ayude, por favor, mi hermano. Mi pobre Seth, está lleno de sangre a su alrededor, necesita ayuda pero mis piernas siguen sin moverse. Solo puedo observarle y ver como despacio deja de respirar, me mira y una pequeña sonrisa curva sus labios, no puedes morir Seth. Todavía lleva en sus manos mi libro, ese libro que ahora está empapado de sangre. Su asesino pasa por delante de mí pero no me ve aunque su cara jamás se borrara de mi mente.

Cuando puedo moverme voy hacia mi hermano pero es tarde, está frío y mis mejillas empapadas en lágrimas que siento que jamás podré detener.

-Nooooooo- grito con todas mis fuerzas sentándome de golpe en la cama y sintiendo como el corazón intenta salirse de mi pecho y las lágrimas mojan mi cara.

Mis ojos que se han abierto de repente, intentan enfocarse en la realidad pero sé que mis pesadillas han vuelto, no puedo dejar de llorar aunque apenas soy consciente de que lo hago. No sé donde estoy, aún me veo en ese pasillo donde perdí a la persona más importante de mi vida. La puerta se abre y veo a Edward que entra cauteloso. Sin poder soportar más esta distancia que nos separa, me lanzo a sus brazos, un lugar donde me siento segura. No quiero estar sola y ahora sé que es a Edward a quién quiero y necesito a mi lado, calma mis miedos, me siento bien y solo me siento protegida en sus brazos. Sé que debo hacer frente a mis miedos pero ahora mismo tengo que reconocer que entre sus brazos, ninguna pesadilla es tan aterradora como parece.

Cuando empiezo a calmarme Edward quiere saber qué ha pasado, así que decidida a abrirle mi corazón se lo cuento, le cuento que hace tiempo murió mi hermano y que esta tarde he tenido miedo por él. Prefiero ahorrarle la angustia de saber que fue mi culpa, yo debería estar muerta porque era mi libro y debería haber ido a por él. De este modo Seth seguiría con vida y yo no me sentiría tan culpable, mi madre tenía razón, sino fuera por mi causa Seth seguiría vivo.

Edward me aprieta contra su pecho y decido olvidarme de todo esta noche. Quiero y necesito sentir a Edward, saber que estará aquí cuando despierte.

Los parpados me empiezan a pesar y consciente de que antes le he dicho que le quiero beso la base de su cuello y le siento estremecerse.

-Duerme pequeña, yo cuidaré tus sueños- besa mi frente y estando casi inconsciente por el sueño oigo que susurra esas palabras que tanto he ansiado escuchar.

-También te quiero mi pequeño ángel.

No estoy segura de sí lo ha dicho o lo he soñado, pero esas palabras han reconfortado mi pobre corazón.

Oigo unas voces y me siento en la cama rápidamente. Estoy desorientada y Edward no está conmigo aunque la almohada huele a él. Sé que no lo he soñado y que ha estado toda la noche conmigo. Eso me hace sonreír pero las voces detrás de la puerta elevan su volumen y curiosa me levanto para acercarme a la puerta y oírlas mejor. Puedo distinguir la voz de Edward que está hablando con una mujer, alguien que no había escuchado antes. Eso me enfada un poco, ¿quién será esa mujer?

-Edward, debes deshacerte de ella, nuestra vida ya es bastante complicada como para tener que cargar con esa niñita de papa- la mujer parece que no está a gusto con mi presencia en esta casa pero si la casa es de Edward ¿ a ella qué más le da?

-Mira Rosalie, esta es mi casa y traigo aquí a quién quiero, y no vuelvas a decir que Bella es una niñita de papa o la que se largará de aquí serás tú- Edward parece muy enfadado y necesito verle el rostro así que lentamente abro la puerta y veo a la despampanante rubia que me ve y sus ojos se llenan de rabia.

-Yo siento si molesto, no es mi intención- digo sinceramente, en ese preciso momento Edward se voltea y me mira. Su ceño fruncido desaparece dejando paso a una enorme sonrisa que derrite mi corazón.

-Lo perderías todo por esta mujer, espero que te arrepientas después cuando todo lo que hemos conseguido se vaya al diablo- la rubia se da la vuelta después de soltar todo su veneno pero no me importa. Siento los brazos de Edward a mi alrededor y para mí el mundo ha dejado de girar en este preciso momento.


¿Qué os ha parecido? Espero os haya gustado y estéis con ganas de más. Porque aquí os dejo un pequeño adelanto que seguramente será un capítulo desde los dos puntos de vista. Nos leemos pronto, besos.

Es una fotografía preciosa, es un Edward unos años más joven con una mujer de cabello cobrizo y increíbles ojos verdes. Son casi idénticos, eso me hace pensar que seguramente será su madre. No sabía que él tubiera una, nunca habla de su família.

Un golpe al abrirse la puerta me sobresalta y veo a Edward mirando fijamente la fotografía que sujeto en mi mano, su mirada es fría como el hielo y no sonríe. Su rostro da miedo.

-¿Quién te ha dado permiso para entrar aquí?- grita mientras me arrebata la fotografía

-¿Es tu madre?- pregunto temiendo su reacción

-Yo no tengo familia y ¡deja de tocar mis cosas!- cuando grita así me da miedo, pero creo que no me hará daño así que sacando valor de algún lado respondo a sus gritos.

-No puedes ser un sin familia, tienes que tener un pasado- digo queriendo saber más de él

-Hazte a la idea que soy un hombre sin pasado- mete la fotografía en un cajón que cierra con llave dejando claro que esta conversación ha terminado aunque no para mí.