Hola, hola. ¿Cómo os va la vida¿Habéis comprado muchas cosillas en las rebajas¿Os quedó dinero para el séptimo libro de Harry Potter?
Bueno, pues para las que lo han leído, no quiero leer el menor comentario fuera del Msn. Hay que respetar a los que prefieren leerlo traducido y en libro.
Y para las que no lo han leído, que se queden tranquilas que no va a haber Spoilers. Principalmente, porque hay cosas que dejaron de tener solución desde el sexto... ¿para que intentar reencauzarlas a estas alturas? Si así están muy monas...
En fin, los RR están contestados en un RR firmado por mi misma. Aquí tenéis el nuevo capítulo. ¡Disfrutadlo!
Prácticamente arte 12.
Reparando los daños.
Para cuando Evy salió de la ducha caliente que Pomfrey le recomendó para que su temperatura remontara del todo, se encontró con que la casa estaba aparentemente vacía. Aunque casi era una suerte: no habría soportado que nadie (y por "nadie", léase Giselle, Hestia o Sirius) la vieran con las pintas que llevaba en esos momentos...
Puck se había autoculpado, pero el pobre no era responsable, después de todo, bastante había hecho con guardar durante años la ropa que Evy se dejo allí durante las Navidades de su último año en Hogwarts.
El problema residía en que no se llevó dicha ropa a Hogwarts por una razón muy concreta: se trataba de un conjunto de camisetas requete–escotadas, faldas tamaño cinturón–ancho y bikinis de corte brasileño a modo de ropa interior que le hubieran valido un par de detenciones por vestuario indecente. Eso sin entrar en las ataques de celos de cierto novio que ella tenía por aquel entonces...
Para colmo, en aquellos tres años el cuerpo de Evy había sufrido ciertos cambios: curvas que antes no tenía, un par de centímetros más de altura y ciertas heridas de guerra que ella quería ocultar a toda costa...
Obviamente, con aquella ropa no se podía, decidió conteniendo una mueca al pasar frente a un espejo.
¡Estaba realmente horrible! Con aquella falda tan corta que dejaba ver los cordones del bikini, la camiseta de tirantes que a duras penas le cubría los pechos y los horribles cardenales en su cuello parecía una prostituta que regresaba a su casa después de una noche de duro trabajo.
Al menos la trenza que se hizo en el pelo servía para tapar la cicatriz de su espalda. Recordó la expresión de Puck al ver como corría zigzagueando sobre su columna vertebral antes de internarse recta en las lumbares para deformar la marca de los Worstblood. Susto y luego curiosidad.
Obviamente se moría por preguntarle qué le pasó y a Evy le sorprendió mucho que no lo hiciera. La Onza llevaba demasiado tiempo rodeada de elfos indisciplinados que no se mordían demasiado la lengua...
Cuando llegó a la cocina y se encontró con un joven sentado de espaldas a ella, su primera impresión fue que se trataba de Remus, impaciente por tener sus cuatro palabras con ella. Luego recordó que Remus estaba en la enfermería de Hogwarts, restañándose las heridas y reviviendo los viejos tiempos.
- ¿Cómo es que no has ido a Hogwarts con ellos, Jesse? –preguntó como si nada la Onza, entrando decidida en la cocina.
- Pomfrey te ha dejado una poción para calmar las heridas del cuello. La tienes ahí –en lugar de contestar a la pregunta, el mentado joven señaló una especie de tetera situada cerca de la lumbre–. Es asquerosa, pero te vendrá también bien para la hipotermia...
- Y probablemente tenga Veritaserum –pese al acerado comentario, Evy se sirvió una taza, tomó una cuchara y olisqueó mientras removía la poción.
- Cosa que no podrás saber por mucho que la huelas. Tendrás que confiar en mí, dado que es inodora, insípida e incolora –con un movimiento de varita, Jesse le ofreció una silla para sentarse.
La Onza sonrió mientras obedecía, y es que su amigo ignoraba un pequeño detalle: que la Veritaserum fuese inodora, insípida e incolora no la convertía del todo en indetectable. Resulta que no era inaudible.
Al removerla con una cucharilla (como estaba haciendo Evy en ese momento) producía un sonido muy leve, indescriptible, dado que no se parecía a nada que uno escuchara en su vida normal, e inconfundible una vez que se ha escuchado antes.
En cualquier caso, tampoco es que importara demasiado si la tenía o no: todos los Worstblood habían procurado inmunizarse contra esa poción tomando un vasito todos los días junto al desayuno. Para que la poción hiciese algún efecto en Evy tendrían que darle una dosis tamaño Bola de Fuego Chino por lo menos... y en esa cantidad además de audible era visible.
- Y bien... ¿Cómo es que no estás con ellos en Hogwarts?
- Bonito conjunto –de nuevo Jesse ignoró la pregunta–. Es una suerte que Michael haya rescatado tu maleta de los restos de tu Jaguar –el joven omitió el extraño sonido involuntario que produjo la garganta de la Onza–, entre todas esas cosas encontrarás algo para ponerte que no hiera mi sentido de la estética.
- ¿Por qué? –tres segundos antes hubiera besado con lengua los restos putrefactos de la Quimera si ésta le hubiera proporcionado otra ropa. Pero ahora que Jesse se metía con ella se sentía reacia a quitársela–. Yo creo que está chula...
- Eso se lo deberías regalar a Jack... aunque lo mejor para la humanidad sería que la quemaras –insistió el joven sin dar la menor muestra de piedad.
- Como quieras –Evy se encogió de hombros, se acercó a la maleta y tras rebuscar en ella sacó ropa interior, unos vaqueros y una camiseta negra.
No tardó muchos segundos en estar cambiada (no era la primera vez que se desnudaba delante de Jesse) aunque la camiseta se la puso encima de la de tirantes para no mostrarle la espalda desnuda.
- ¿Me vas a contar porqué no has ido a Hogwarts con los demás?
- Alguien tenía que quedarse a vigilarte –Jesse se encogió de hombros–. Además, me aburren los gabinetes de crisis...
- ¿Por qué? –quiso saber Evy mientras volvía a sentarse después de lanzar la otra ropa a la basura.
- Porque son deprimentes. Y cansinos. Y sólo sirven para que nos echemos la culpa unos a otros y eso me aburre... –explicó Jesse sonando por primera vez como el joven encantador que Evy conoció en Hogwarts.
- No preguntaba eso –cortó la Onza–. Quería saber porqué habían montado un gabinete de crisis.
Las cejas de Jesse se alzaron incrédulamente, como si no pudiera creer que una valorada estratega como la joven que estaba frente a él no entendiera algo tan sencillo.
- Me sorprende que tú hagas esa pregunta, teniendo en cuenta que has estado presente en la paliza que nos ha pegado el Moscorrofio Tenebroso ese en nuestro mismo cuartel general –los ojos del miembro de la Orden del Fénix se clavaron en las marcas del cuello de la chica.
- Vale, sí, nos ha dado un repaso del quince. Pero técnicamente, el que ha huido ha sido él. Y el enemigo que huye de una batalla, pierde la susodicha batalla. Dado que técnicamente hemos vencido durante una batalla a Voldemort, no veo por qué hay que formar un gabinete de crisis –concluyó Evy.
- Desconocía esa tendencia tuya a ver el vaso medio lleno –Jesse arqueó las cejas, de nuevo sorprendido.
- Como dijo uno de los más grandes filósofos de nuestra generación: "no es cuestión de analizar si el vaso está medio lleno o medio vacío, si no de lo que haces para conseguir que te lo rellenen de nuevo".
- Sí, ya. Tengo entendido que a Edmund Worstblood le iría mejor si pensara un poquito menos en el alcohol.
- Eso es verdad –concedió Evy–. Aunque la frase esa me la soltó Will antes, cuando estábamos vomitando... Deduzco que está bien o tú no estarías aquí manteniendo una batalla de ingenio conmigo.
- ¿Te casarás con él? –Jesse pasó por alto la última puya de su amiga.
- ¿Con Will? .¡No! No soy de esas que se casa con un hombre sólo porque acaba de vomitar junto a él.
- Hablaba de Edmund. Todos dan por sentada esa boda.
- ¿Te ha pedido Michael o Lizbell que me lo preguntes? –desconfió Evy.
- No, ellos no –el nombre no pronunciado del líder de los Mahutam pendió entre ellos el tiempo suficiente como para enfurecer a la castaña. Aunque no sabía por qué le sentaba tan mal, después de todo, era muy de su "padre" saber de la vida de sus hijas por intermediarios.
- Seguramente me case con él. Es un buen partido: atractivo, inteligente, sexy, bueno besando, con un sentido del humor parecido al mío... Y al menos nuestros hijos saldrían guapos y con un culo escultural.
- Y con derechos sucesorios por parte de ambos padres siempre y cuando el clan os acoja de nuevo –completó el metamorfomago con tono astuto.
- Sí, eso también –el tono de la Onza contenía un matiz que nunca había tenido en Hogwart: ambición. Eso impactó a Jesse ya que ese nunca estuvo entre los defectos de su amiga.
- Será mejor que vaya al gabinete de crisis –el miembro de la Orden del Fénix se levantó cansinamente, como si el nuevo rasgo de su amiga le hubiera hecho envejecer de golpe.
- Decías que te... –de pronto Evy notó una extraña pesadez en sus miembros y lo comprendió–. No era Veritaserum...
- No, era Valium en concentración suficiente para tumbar a alguien del tamaño de Crabbe –confirmó Jesse–, me sorprende que no notaras el sabor...
- ¡Claro que no lo notó! Estaba demasiado ocupada buscando pociones como para detectar una pastillita muggle...
- Entiéndelo, James y yo queremos que te quedes por aquí una temporada. Sirius no está bien y tú tampoco, sí, a eso vamos, o ni se te pasaría por la cabeza un matrimonio por poderes –se justifico el metamorfomago, algo arrepentido por aquella jugada malévola–. Sé que con el tiempo me lo agradecerás...
Pero sería con mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho pero que mucho tiempo, pensó el joven Mahutam al ver como Evy se las apañaba para dedicarle una mirada de odio puro antes de deslizarse hacia la inconsciencia.
&·&·&
Tal como había dicho Jesse, por regla general los Gabinetes de Crisis de la Orden del Fénix eran un rollo. Sin embargo, la que se celebró esa madrugada de mayo en la enfermería de Hogwarts fue la excepción que confirmó la regla.
Normalmente se reducían a una serie de acusaciones de quién tuvo la culpa y quién lo habría hecho mejor de estar allí, pero en aquel caso la cosa se trataba más bien de dar gracias por no haber estado allí y verse libres en esos momentos de la tutela de Pomfrey, al contrario que sus camaradas menos afortunados...
Técnicamente, no estaban en la enfermería sino en las dependencias personales de la enfermera (que Dumbledore conocía sospechosamente bien) desde donde podría tiranizar mejor a sus pacientes.
La reunión se celebraba allí para que los susodichos pacientes pudieran participar, aunque con Pomfrey poniéndoles el termómetro, repartiendo pociones y tal les era difícil seguir el hilo.
- Esto, Poppy, una preguntita –Sirius rehuyó la poción que trataba de darle su esposa (la misma que a Evy pero sin Valium) y se fijó en la enfermera, que se acercó presta a atenderle–. ¿Por qué Remus se está tomando un helado y yo tengo que tomarme este mejunje asqueroso?
- ¿Es qué no has tenido ya suficiente hielo? –refunfuñó Lily, mientras le daba otra cucharada de helado de fresa al mentado licántropo, que tenía puestos paños con poción calmante en los lugares de su piel que fueron tocados por la plata. (Es decir, por casi todo su cuerpo.)
La pelirroja tampoco se había salvado del escrutinio de Pomfrey, lo que la tenía de muy mal humor. Después de todo, ella sólo había recibido un empujoncito de nada contra el sofá mientras que James unos veinte balazos... ¿Es que no estaba claro quién debía ser encadenado a la camilla de la enfermería?
Pues por lo visto, no, dado que no dejaron que Lily se levantara de la cama hasta que no comprobaron que ella estaba bien y el bebé también. Sólo entonces James, cabezón como pocos, había permitido que Pomfrey revisara la sanación que habían realizado Hestia y Jesse.
La periodista estaba sentada junto a la cama de James, sin que (por el momento) eso hubiera desatado las alarmas de su celosa esposa. Por su parte, Will recibía las atenciones de Bell mientras Pomfrey iba de un enfermo a otro, gruñendo sobre la irresponsabilidad de los jóvenes.
A la enfermera le preocupaba especialmente la herida que Voldemort le había hecho a Will con la varita antes de largarse. Tal vez resultara extraño, teniendo en cuenta que casi le había abierto en canal, pero todos habían reconocido la maldición empleada para ello mientras que esa última era totalmente desconocida...
- También debería mirar a Benjy –intervino de repente Hestia, apiadándose de la incomodidad de sus compañeros.
- ¿Por qué? –salto el aludido a la defensiva.
- ¡Tío, que te ha mordido Voldemort! –le espetó Remus, asomando los ojos por debajo de una venda empapada en poción calma-quemaduras.
- Cierto, debería ponerle la antirrábica. Y la antitetánica. Bueno, todas las vacunas conocidas por el ser humano para asegurarse –azuzó Lily a la enfermera.
- No sabía que te importara tanto la salud de Benjy –los ojos castaños de James se deslizaron de su esposa hacia el mencionado auror con un brillo claramente homicida.
- Lily tiene razón –la apoyó Sirius. Hubiera sido divertido ver a su amigo tratando de matar a Fenwick pero no era el momento–. Igual le ha hecho como en esa película de terror ("Los ladrones de cuerpos" creo que se llamaba) y le ha metido alguna Imperius rara que hace que le hable o le obedezca...
- Lo que os pasa es que sois unos sádicos y queréis que me una a vuestro sufrimiento –les acusó Benjy mientras la enfermera se hacía cargo de la situación y examinaba el mordisco del muchacho (que, la verdad, tenía un aspecto demasiado raro)
- También, también –confirmaron los demás a coro.
- Hablando en serio –cortó Marlene–, habrá que buscar un nuevo lugar de reunión...
- No acaban de salir de una y ya quieren meterse en otra –gruñó la enfermera por lo bajo.
- ¿Qué tal Hogwarts? –propuso Frank.
- Terminaríamos llamando demasiado la atención y se nos echarían encima los del Ministerio y el Consejo Escolar –negó Lily–. ¿De verdad es necesario cambiar de casa?
A la pelirroja le preocupaba que, a medida que avanzara su embarazo, terminara descolgándose de las reuniones (como Alice Longbottom). Si se seguían realizando en su casa, al menos no perdería el hilo...
- Lily, él conoce ahora la distribución de la casa y seguramente como encontrarla... No sólo hay que quitar la base de allí, si no que, además, sería altamente recomendable que lo convirtierais en inmarcable o algo por el estilo –sugirió Moody.
- Lo mejor será usar mi casa –ofreció Dumbledore. Algunas bocas se abrieron para protestar ante esa decisión, pero el anciano mago las acalló con un gesto–. Es la mejor opción después del valle de Godric.
Como no había forma de rebatir eso, todos permanecieron en silencio durante un rato.
- No puedo creer que ninguno lo notáramos –repitió por enésima vez Fabian Prewett.
- No te tortures... ¡Hasta yo lo tuve delante y no lo vi! –Marlene habló con serenidad, sólo alguien que observara la manera en que jugaba con una de sus sortijas captaría su ansiedad.
- Tendréis que reforzar la seguridad en torno a vuestra familia, ahora que sabemos seguro que sois los siguientes –le aconsejó Moody a la bruja.
Marlene esbozó una sonrisa de "ya lo sé", pero no dijo nada. Reservaba sus fuerzas para convencer al resto del clan de que lo mejor sería una huida a tiempo.
- ¿Qué paso con el Bestiario? –recordó de pronto James. En parte porque tal vez una buena noticia subiría los ánimos.
- Se lo llevó Michael Murtagh –contestó Gideon–, mientras nosotros escoltábamos a Travers al Ministerio. Tengo la impresión de que le dejaran salir está noche, ya que no había demasiadas pruebas consistentes contra él.
- Es una pena que se escapara Alecto, a ella sí podrían haberla encausado por mortífaga. Hasta llevaba el uniforme... –suspiró Giselle.
- ¡Y dale! –bufó Bell saltando como si fuera una bala y alguien acabara de apretar el gatillo de una pistola–. ¿Qué se supone que tenía que haber hecho? .¿Seguir persiguiendo a la petarda esa mientras Jack se estampaba el cráneo contra el suelo?
- Nadie te está criticando, Bell –trató de calmarla Gideon con tono conciliador.
Remus asomó los ojos por debajo de la venda, señal de que iba a apuntar algo, pero antes de que lo hiciera, Lily le golpeó en un hombro y le alzó un dedo, en señal de advertencia. El licántropo volvió a taparse con la venda.
- Aunque tan mal no debe de estar Jack, dado que no anda por aquí –agregó Giselle, demostrando que sí que estaba criticando a su prima.
- Eso es cierto. Poppy, .¿por qué ella, Ryan y Evy no están aquí? –pinchó Sirius a la enfermera.
La aludida gruñó algo sobre "semihumanos cabezotas" antes de lanzarle una mirada a Remus, cómo si por estar demasiado débil para haberse resistido a sus cuidados debiera pagar por la insolencia de sus compañeros de raza.
- No están aquí porque tu has insistido en que sólo podrían estar presentes miembros de la orden, Giselle –señaló Lily, fulminando a la castaña clara con la mirada.
- Es que aquí no pintaban nada. Hasta ellas lo han entendido... –la defendió Gideon.
- No se trata de que no pinten nada. Es más bien que Jack pasa de estas cosas y a Evy esto le ha venido de fábula. Para ella las cosas fluyen en dos sentidos: mientras nosotros no le dejemos nuestra pelota ella no nos dejará saltar en su comba –explicó Remus sin molestarse en quitarse la venda de los ojos.
- Pues vaya nochecita –musitó Will con tono deprimido.
- Un poco de optimismo, por favor –pidió Dumbledore.
- Complicado, después de las palizas que nos han metido está noche –constató Peter que hasta ese momento había permanecido en silencio, sentado en un rincón y asintiendo de vez en cuando.
- Tampoco está tan mal. Nos hemos cargado una quimera y hemos recuperado el Bestiario –enumeró James, tratando de sonar entusiasmado. Cosa difícil, cuando estás vendado hasta casi las cejas.
- Y es una ocasión ideal para que cambiemos las cortinas –agregó Lily sólo que su entusiasmo sí fue auténtico.
- ¿Pero que os pasa a las mujeres con las cortinas? –gimió Will con tono desesperado. Jesse, que acababa de entrar, lo miró con curiosidad.
- ¿Ha hecho esa chica todo lo que le dije que hiciera? –preguntó la enfermera nada más verle.
- Ajá. Se ha duchado con agua caliente, se ha tomado la poción que le recetó y ahora va a dormir un par de horas –Jesse cruzó una breve mirada con James, que asintió complacido mientras Pomfrey hacía lo mismo.
- Bien, parece que alguien sí ha aprendido algo de disciplina durante estos años. Pasaré un momento a comprobar como está Ryan.
- ¿No quieres quedarte? –la invitó Marlene con tono cortés.
- Paso, pero gracias –rechazó la enfermera antes de salir, seguida por la mirada curiosa de Lily.
A ella siempre le había resultado muy curioso que la mayoría de las mujeres que conocía prefiriesen mantenerse al margen de la guerra (de hecho, tanto en la Orden como entre los mortífagos las mujeres eran minoría). ¿Por qué permitirían que los hombres acapararan toda la diversión?
- ¿Habéis decidido algo en mi ausencia? –preguntó Jesse con un tono cansino que evidenciaba que no creía que eso fuera posible.
- Pues sí, vamos a trasladar la base a mi casa –tras la explicación de Dumbledore se sucedieron varias discusiones breves sobre todo lo que tendrían que hacer en todas las casas de los miembros de la orden para blindarlas.
Ya casi amanecía cuando el director de Hogwarts dio por terminada la reunión.
- Estos próximos días nos espera mucho trabajo. Id a casa y procurad descansar. Remus y Will, será mejor que os quedéis aquí un par de días, hasta que Poppy decida daros el alta. Ya sabéis como se pone ella con estas cosas...
Los dos jóvenes asintieron con la cabeza en actitud resignada. Los dos eran demasiado cabezotas para reconocer la gravedad de sus heridas.
- Sirius también debería quedarse –intervino Giselle.
- ¿Por qué? –como era de esperar, el aludido no tardó en desconfiar de la actitud protectora de su esposa.
- Oh, vamos. Sólo es por seguridad... No te cuesta nada esperar hasta el mediodía y que Poppy te confirme que no hay ningún hechizo secundario que pueda provocarte una muerte instantánea en cuanto salgas de aquí –por supuesto, todo eso no era más que una desesperada estratagema para procurar que su marido estuviese alejado de su rival un par de horas más.
- Está bien –aceptó Sirius encogiéndose de hombros. Estaría lejos de Evy, pero al menos cuando saliera de allí estaría seguro de que Remus y Will estaban fuera de peligro.
- Bueno, nosotros nos vamos. ¿Podemos usar la chimenea de su despacho? –le preguntaron los Prewett a Dumbledore.
James se levantó más despacio y empezó a vestirse. Lily iba a protestar, pero en el último segundo se dio cuenta que su actitud se habría parecido a la de Giselle, y como no quería parecerse a ella en nada, se acercó y ayudó a su marido a ponerse la chaqueta.
- ¿Usaréis mi chimenea? –preguntó Dumbledore a las cinco personas que habían quedado allí.
- No, creo que a James le vendrá bien un paseo –aseguró Bell–. Iremos hasta la puerta y nos apareceremos desde allí.
- Me parece buena idea. Me apunto –se acopló Hestia que (como Lily acababa de notar) no había apartado los ojos de James desde que se levantó de la cama.
- Vamos –dijo Jesse después de evaluar lo conveniente que sería que la amante de Sirius escuchara la conversación que estaban a punto de mantener.
Nadie dijo nada más hasta llegar al lago, cuando Bell se dirigió a Jesse.
- ¿De verdad que no detectó el Valium?
- Sip, le hice creer que le había puesto Veritaserum y se volvió loca tratando de detectarla –el metamorfomago esbozó una sonrisa de orgullo. Lo bueno de haberse inmiscuido en los asuntos del Clan Mahutam es que se había vuelto tan hábil como para engañar a un Worstblood. Saber eso te alegra un poco el día.
- ¿No habréis drogado a Evy? –preguntó Lily, colgada del brazo de James.
- Fue idea de él –se apresuraron a hacer constar Bell y Jesse, señalando al moreno de pelo revuelto.
- ¿Te has vuelto loco? Esa no os la va a perdonar...
- Pensaba que estabas enfadada con ella –James la miró de soslayo con actitud astuta.
- Es difícil seguir enfadada con alguien después de gritarle durante horas y que luego no te deje colgada cuando descubres que hay un asesino en serie en tu casa –Lily se encogió de hombros–. No entiendo a qué viene lo de drogarla...
- Si no lo hubiéramos hecho en estos momentos estaría en la otra punta del mundo preparando su matrimonio por poderes –señaló Jesse.
- Si es allí donde quiere estar... –otra vez la pelirroja se encogió de hombros. Que no estuviera enfadada con Evy no significaba que hubiera dejado de molestarle que ella les hubiera ignorado por años.
- ¿No quieres que nos libremos de Giselle? –intervino entonces Hestia, sorprendiendo a todos.
- Me alegra de que hayas tomado partido por nosotros –James le dedicó a la periodista una mirada de aprobación que, sumado al brillo en los ojos de la joven, logró desatar las iras de Lily.
- ¿Os dejamos a solas? –saltó la pelirroja sin poder contenerse.
- ¿Perdón? –la expresión en la cara de James fue de confusión, sin saber qué había hecho que había logrado cabrearla.
- ¡Oh, vamos! .¡Estáis coqueteando descaradamente! –les acusó furiosa.
- ¿Ah, sí? –se sorprendió Jesse, que solía ser bueno captando esos flirteos.
- Pero si a mí Hestia no me gusta. No en ese sentido... –se apresuró a aclarar James antes de poner a otra mujer en su contra.
- Ni a mí James... –aseguró Hestia.
- Pues para no gustarte en ese sentido no le has quitado ojo cuando se ha levantado medio desnudo de la cama –acusó de nuevo Lily.
- Pero eso es porque la chica tiene ojos –la defendió, para sorpresa de todos, Bell–. hasta Marlene ha mirado a James en ese momento...
- ¿Cómo? –Lily hizo ademán de volver atrás en busca de Marlene (de sus ojos, concretamente) pero decidió terminar primero con Hestia, que para algo le quedaba más cerca–. Pero te diste mucha prisa por cuidarle en la enfermería...
- También cuando cayó por las escaleras. Y no te pareció mal entonces...
- ¿Te van los merodeadores casados, verdad? –siguió la pelirroja ignorando el último comentario.
- Ya, vale, Lyls –cortó James y antes de que ella pudiera acusarle de alguna babosada más, la agarró por la cintura la volteó hacia él y la besó.
- Me sorprende que me hayas defendido –comentó Hestia mientras ella, Bell y Jesse reanudaban la marcha para dejar intimidad a los tortolitos.
- Estamos del mismo lado, .¿no? Además, Lily últimamente se está pasando –agregó alzando la voz para que la aludida lo escuchara.
- Sí, ya. lo siento... Pero es que no me puedo controlar. De verdad que yo lo intento... –aseguró la pelirroja arrepentida.
- Pasando que no tenemos tiempo –les recordó James al notar que estaban llegando al final de los terrenos de Hogwarts.
- ¿Y eso qué más da? Podemos seguir hablando en vuestra casa... –descartó Jesse, acelerando un poco el paso.
- No, porque no queremos que Evy se entere de nuestra jugada y, de igual manera que nadie puede aparecerse en Hogwarts, ella tampoco puede proyectarse aquí –le explicó Bell con tono paciente.
- No os preocupéis por eso: Evy ya sabe que queremos que se quede por Sirius. Yo se lo dije... –Jesse tuvo que detenerse al notar que sus amigos se habían quedado paralizados por la sorpresa.
- ¿Qué hiciste qué? –le regañó Lily, reaccionando la primera.
- Le dije la verdad –repitió el metamorfomafo tranquilamente–. Ya tenté mucho a la suerte mintiéndole respecto a la poción. De esta manera, sólo habrá que empujar a Evy un poquito en la dirección correcta y eso no será complicado...
- ¿Qué no será complicado? –dijo incrédulamente Bell.
- No, porque Sirius se cargó su Jaguar. Sólo hay que recordárselo a Evy de vez en cuando para incentivarla a que se quede por aquí un tiempo –explicó Jesse.
- Mmm. Yo a ese plan le veo muchos flecos. Para empezar, está claro que aún se quieren –para mérito de Hestia, pronunció esa frase sin la menor nota aparente de celos y/o derrota–. ¿Por qué ella iba a necesitar esa excusa tan infantil para quedarse cerca de él?
- Cómo se nota que a ella la has tratado poco... –se burló Lily.
- Lo suficiente –la periodista recordó que en el tiempo que trató a Evy en Hogwarts, ésta la convirtió parcialmente en cabra. Y eso que entonces seguía las reglas de Dumbledore... ¡a saber que no haría ahora que se encomendaba a las normas menos estrictas de los Worstblood!
- Te aseguro que ella sólo necesita una excusa para rondar por aquí. Y lo del Jaguar es perfecto. Buen plan, Jesse, buen plan –le felicitó James.
El aludido hizo una reverencia mientras una sonrisa complacida bailaba en su cara. Era un gran piropo viniendo de uno de los cerebros pensantes de los merodeadores.
Fue una verdadera lástima que el gran plan de Jesse en realidad no sirviera de nada y al día siguiente (o mejor dicho, ese mismo día a media tarde) James tuviera que tirar de su maquiavélico plan B.
El heredero de Gryffindor se levantó hambriento, ya que Lily no le había dejado dormir demasiado... Parecía que la pelirroja había sufrido un nuevo cambio hormonal que, combinado con la adrenalina liberada durante el enfrentamiento con Voldemort, le había despertado la líbido a lo bestia.
Cuando llegó a la cocina, seguro de que le tocaría prepararse algo, se encontró con un pequeño banquete. Iba a llamar a Puck para preguntarle por el origen de todas esos caprichos culinarios, pero no hizo falta, el origen habló por sí solo.
- ¿A que tiene buena pinta? –le llegó la voz de Evy desde su espalda–. Y lo que es mejor: puedes comértela tranquilo porque yo no añado Valium ni nada por el estilo a modo de especias...
La Onza acababa de ponerse frente a él y le observaba de arriba abajo con una expresión calculadora en la mirada.
- ¿Qué miras con tanto interés? –quiso saber James, algo nervioso por el escrutinio.
- Tienes una mancha aquí –Evy se apuntó a la clavícula. Luego frunció las cejas y se aproximó un poco más a la "mancha" en cuestión–. Ah, no. Es un chupetón, perdona. ¿Sabes? Teniendo en cuenta el estado de Lily, no deberías pasearte luciendo pectorales, podrías provocar la muerte de varias mironas inocentes...
- Gracias por el consejo... ¿Vas a alguna parte? –el moreno acababa de reparar en las maletas junto a la puerta.
- No es que no me haya gustado volver a veros, de hecho, ha sido bastante entretenido, pero mis negocios me reclaman. Tengo que inaugurar un Pub en Ámsterdam este fin de semana y si no estoy allí mis hermanos lo convertirán en una cagada del estilo del "Bela Lugosi"...
- Si quieres algo bien hecho... –James hizo un gesto de "los dos sabemos como termina esa frase".
- Exacto –los ojos de la Onza se entornaron mostrando cautela: tanta sensatez por parte de James Potter era para ponerse en guardia.
- Aunque me sorprende que vayas a dejar que Sirius se vaya de rositas después de haberte destrozado el coche –comentó despreocupadamente el merodeador de pelo revuelto.
- Me conmueve tu preocupación por mis asuntos. Tranquilo, iba a dejar eso en manos de mis abogados...
- Entonces, va en serio. Te vas.
- Sí.
- ¿Y cómo vas a hacerlo? –la curiosidad de James fue tan genuina que con ella desquebrajó la seguridad de la onza.
- Pues... yéndome –vaciló Evy.
- Repasemos tus opciones: no puedes aparecerte, no tienes varita para montarte un trasladador ilegal, no tienes acceso a la red Flu, tampoco lo tienes a las salas de espejos de los Mahutam puesto que eres una Worstblood... Por consiguiente, tendrás que usar métodos Muggles: avión o ferry. Y... –James hizo un movimiento con su varita y una cartera abultada se materializó en la mesa junto a él–, para eso necesitarás tu pasaporte.
- No tienes ningún derecho a retener eso –le advirtió gélidamente la Onza.
- O mejor dicho pasaportes, porque vaya cantidad de identidades que tienes –el moreno de pelo revuelto ignoró la advertencia y empezó a enumerar los diferentes alias–. Cavernet Sauvignon (como el vino), Granny Smith, Ginger Gold, Honey Crisp (como la variedad de manzana), Ellen Dale (una variedad de mandarina) y (mi favorito) Pipper Mint… ¿De verdad que con esos alias no llamas la atención?
- Basta del jueguito este. Dame uno de los pasaportes –Evy tendió la mano hacia James, que no hizo el menor gesto por cumplir la orden–. Sabes que hay otras vías de escape...
- Pero para cuando cruzaras a nado el Canal de la Mancha Remus y/o yo estaríamos esperándote en la orilla francesa –completó el ex merodeador.
- De verdad quieres que le dé guerra a tu amigo¿no? Es eso... –mientras la Onza apoyaba las palmas de las manos en la mesa y clavaba los ojos en los suyos, James no dijo nada, se limitó a sonreír satisfecho de que ella entendiera que no tenía más opciones que pasar por el aro–. Pues vale, tú lo has querido –dicho eso, agarró con furia la maleta y casi atropelló a Lily con ella en su prisa por volver arriba.
- No ha funcionado lo del coche –dedujo la pelirroja al ver que su amiga no había accedido de buenas a quedarse.
- No, tuve que hacerme con sus pasaportes –James le pasó la billetera y le sirvió un zumo de naranja mientras ella le daba un vistazo.
- ¿Pipper Mint¿De verdad que no llamaba la atención con ese alias? –Lily alzó una ceja con incredulidad–. Aunque también el de Honey Crisp tiene tela... ¿No es una variedad de manzana?
- Hay que admitir que imaginación no le falta –James le tendió el zumo y aproximó su silla a la de ella, para achucharla un poco durante el desayuno.
Lily dejó el vaso en la mesa y se volvió hacia él, más deseosa de beber de sus labios que del zumo.
- Desayuna un poco –al separarse, James rozó la nariz con la suya–, antes de que los demás invadan la casa.
- Vale –suspiró Lily al dar un vistazo al reloj y calcular que les quedaban unos quince minutos de paz.
O menos, ya que entre los mimitos que intercambiaban junto a la comida, escucharon a Evy llamando a Puck a gritos.
- ¡Puck! .¿Recuerdas los bikinis que te dije que tiraras a la basura esta mañana? .¡Pues olvídalo! Los necesito...
- ¡Pero si le dijiste a Puck que eran minúsculos y te sentías desnuda con ellos!
- Ya lo sé. ¿Ves lo que el estúpido de tu amo me obliga a hacer?
- Joder –se asustó de pronto Lily–. ¿Evy con un bikini tan minúsculo que ella se siente desnuda? Sirius ha sufrido mucho... ¿Eso no va a ser demasiado?
- A ese juego pueden jugar dos. A lo mejor no es él quien termina chamuscado –James le dedicó un guiño tranquilizador.
Antes de que Lily pudiera añadir algo más, llamaron a la puerta y los dos rodaron los ojos.
- Empieza la diversión... –gruñó James.
- Pobres, encima de que vienen a ayudar –les defendió su esposa.
- ¿Sabes? Me gustaba casi más tu vena borde y desagradable –comentó el moreno mientras iba a abrir la puerta–. Frank, Alice...
- He venido en cuanto me he enterado –la mencionada bruja no necesitó oír más para considerarse invitada a la casa y entrar a contemplar el desastre–. ¡Oh, Merlín¡El salón está terrible! Esas manchas de sangre no van a salir de la tapicería... Y las cortinas...
- Bueno, ahí casi nos hizo un favor –reconoció Lily a la que nunca le gustaron los visillos escogidos por su madre.
- Debió de ser una experiencia traumática –Alice se aproximó a la pelirroja y le tomó las manos.
- Bueno, no. No más que las otras dos veces... –Lily se encogió de hombros algo confusa puesto que la misma Alice se las había visto con Voldemort unas cuantas veces.
- Ya, pero esto es diferente: ha sido en tu misma casa. Supongo que no te habías parado a pensarlo... ¡Oh, no! Ahora por mi culpa te has dado cuenta y será cuando te asustes de verdad. Lo siento mucho. ¡Muchísimo! –sollozó con el mismo tono que cuando se cargó la mitad de la vajilla de su suegra.
- Tranquila, si no pasa nada –aunque sí pasaba. Era tal y como la propia Alice dijo: la pelirroja acababa de darse cuenta que las gotas de sangre que había por toda la casa pertenecían a sus amigos. Fue eso lo que realmente la asustó y no el haber tenido a Voldemort en su casa.
- Habrá que ponerse manos a la obra –le sugirió Frank a James–. Lo primero los hechizos de seguridad luego las reparaciones físicas...
- Empecemos por la piscina –intervino Lily.
- Lyls, cariño, hemos dicho que primero la seguridad y luego lo físico –señaló James.
- Pero lo de la piscina entra en la seguridad: no es demasiado seguro tener la piscina con una capa de hielo decapitante –razonó la pelirroja.
- Está bien, drenaremos la piscina... –suspiro el moreno de pelo revuelto, que por una vez no tenía ganas de discutir–. Es una pena que Remus no esté, a él se le dan muy bien esas cosas...
- Procura no decir eso delante de Bell –Evy bajó de su habitación en esos momentos. Lucía un vestido corto de tirantes, sandalias de dedo, gafas de sol y un bolso de playa... en resumen, tenía el aspecto de quien se va a tomar el sol en vez de ayudar con las reparaciones.
- Esa ropa no te va a resultar muy cómoda para trabajar –apuntó cautelosamente Frank. No conocía bastante a la chica como para probar un ataque directo.
- Oh, me gustaría ayudar pero no puedo. Por desgracia, estoy convaleciente. No me conviene hacer esfuerzos físicos –explicó la Onza con un tono apenado tan auténtico como un Knut de chocolate.
- Convaleciente, ya –repitió James con cara de "vaya morro que tienes".
- ¿Qué? Es verdad y si no me crees llamamos a Pomfrey y lo debatimos con ella...
- Tranquila, no hace falta –se apresuraron a decir las dos embarazadas obviamente sin ganas de que la enfermera las sermoneara.
- Pues nada. Como no quiero molestar, me buscaré un claro del bosquecillo para tomar el sol. Chao...Vamos, Puck ayúdame con la tumbona...
- Puck ya se encarga –el elfo apareció raudo y veloz para agarrar una tumbona y seguirla por el bosque.
- Evy, hazme el favor de...
- Lo siento, James, pero ahora mismo estoy ocupada con el último favor que me pediste –la Onza alzó la mano en un gesto de despedida antes de internarse en el bosque.
¡Pero vaya morro! Podía hacer las dos cosas a la vez, lo que pasaba es que esa Onza ingrata era única escaqueándose, pensó James malhumoradamente.
De todas formas, el moreno de pelo revuelto tuvo que admitir que faltos de ayuda no estaban precisamente.
Apenas Evy desapareció entre los árboles, se presentaron en la casa Bell, Peter, los Prewett; Hestia, Jesse y Sirius recién dado de alta por la enfermera Pomfrey.
- ¿Y Will y Remus? –le preguntó ansiosamente Bell nada más verle.
Lily prestó mucha atención a la respuesta del moreno ya que nadie había sabido drenar la piscina hasta el momento...
- Will viene junto a Jack y sus cachorros. Remus tardará un poco más. Se supone que para media tarde estará por aquí... –Sirius apenas la miraba ya que estaba muy ocupado buscando a James. Cuando le localizó fue hacia él–. Prongs, tío, tienes que darme algo que hacer.
- Escoge tú mismo –James hizo un gesto con los brazos para abarcar el desastre que era su casa.
- Algo que hacer que no esté a la vista –como el heredero de Gryffindor le miró inquisitivamente, Sirius se explicó–: Giselle está a punto de llegar.
- Ah. ¿Y qué?
- ¡Pues que no tengo ganas de aguantarla!
- ¿Y la novedad es...? –insistió James sin mostrar un ápice de piedad.
- Prongsy, no me seas cabrón, mira que estoy convaleciente y aún así he venido a ayudarte a reparar tu casa.
- En realidad, has venido aquí a ocultarte de tu esposa –matizó James–. Bueno, vale, vete por el bosque y revisa que los hechizos protectores estén como deben estar. ¿Podrás hacerlo sólo?
- ¿Por qué no iba a poder hacerlo sólo? –se picó Sirius ya casi con un pie en el bosque.
- No, como estás convaleciente y tal...
- Jajaja, risas mil. Procura que no se enteren los Prewett de dónde estoy porque se lo chivarán a mi "adorada" esposa –le advirtió el moreno de ojos grises.
- Puck –llamó James en cuanto su amigo se había perdido de vista. Por una vez, el elfo se materializó a su lado sin poner demasiadas pegas–. Procura que Sirius llegue hasta ella...
- Puck ya se había puesto a ello –admitió el elfo con una reverencia.
- Bien, porque también te vas a tener que encargar de ella –James señaló a Giselle que tras intercambiar unas palabras con los Prewett fue hacia ellos.
- Puck tendrá un gran placer –¿eran imaginaciones suyas o la voz de su elfo rezumaba satisfacción antes de desaparecerse?
- James –entre tanto la castaña clara estaba en frente de él–¿sabes dónde está Sirius?
- ¿Sirius? –repitió el moreno revuelto como si en su vida hubiese escuchado ese nombre.
- Sí, tu mejor amigo. Ese Sirius –se irritó Giselle. Personalmente, no entendía porque la gente consideraba a James una persona graciosa.
- Ah, pues creo que se ha ido para casa. Como el pobre está aún convaleciente... No quería, pero le obligué...
- Cierto –se sorprendió Giselle contestando–. Pensaba que te pondrías tan burro como él y le dejarías hacer lo que le diera la gana.
- Supongo que vas para allá.
- Claro.
- Trata de dejarle tranquilo. Seguramente esté descansando en su habitación...
- No le molestaré –cortó Giselle con evidente disgusto por la insinuación de que sí lo haría.
- Oh, claro, ya sé que no –por el tono de James, él dudaba de la capacidad de Giselle para no incordiar a su amigo, pero decidió hacer una excepción y usar sus pocas diplomáticas–. Sólo te lo comento por si llamas a la puerta y él no te contesta.
Giselle le dedicó una mirada de desconfianza antes de voltear y tomar el sendero que conducía a la salida de la finca de James.
- ¡Giselle¿No te quedas a ayudar? –le llamó Hestia con cierta satisfacción en la voz. La castaña clara pareció estar tentada de hacer un corte de mangas pero en el último segundo se contuvo.
- Es que es pesada hasta para eso –comentó maliciosamente Lily, cerca de la oreja de James.
El moreno dejó escapar una suave carcajada antes de pasar el brazo por encima del hombro de su esposa y besar su pelirroja melena.
&·&·&
En principio, el paseo de Sirius por el bosque resultó bastante aburrido: árboles y más árboles, conjuros protectores diversos con algunos daños fácilmente reparables, alguna ardilla saltando de árbol en árbol...
Hasta que en un claro del bosque se encontró algo que no debería estar ahí: su queridísima ex presuntamente muerta tomando el sol en una tumbona con un bikini minúsculo y un teléfono rojo de juguete al lado.
- ¿Qué haces aquí? –le preguntó alzando un poco las gafas de sol para verle bien.
- James me ha mandado a revisar los hechizos protectores. ¿Y tú? .¿Escaqueándote de trabajar? –atacó Sirius.
- Estoy convaleciente –le recordó ella.
- Yo también.
- Pero tú sólo estuviste a punto de ahogarte y congelarte. A mí, además, casi me ahorcan... –la Onza se señaló las marcas de ligaduras en el cuello que para esos momentos eran casi inexistentes. Sirius enarcó las cejas–. Me curo rápido...
- Sí, ya –el moreno rodeó cuidadosamente la tumbona procurando no mirarla, cosa que podría resultar bastante más peligrosa que la noche anterior, con Voldemort de por medio.
Evy observó el movimiento con expresión pensativa, calculando cuál debía ser el siguiente movimiento. Bueno, en realidad tenía claro cual debía ser dicho movimiento pero...
¡No podía ser! Tres días junto a sus antiguos amigos y ya le volvían los malditos escrúpulos. ¡Con lo feliz que estaba ella sin ellos!
Además, y eso fue lo que la decidió, era lo que James quería¿no?
Antes de que los escrúpulos pudieran hacer flaquear su decisión, Evy estiró sus manos y desató el nudo que ataba la parte superior de su bikini a su espalda...
- ¡¿Pero qué haces?! –le gritó Sirius al ver que estaba a punto de hacer topless.
- Es que no me gusta que me queden marcas –Evy tomó un bote de crema solar y lo balanceó malévolamente ante el joven mago–. ¿Quieres ponerme cremita?
- Vale –Sirius se encogió de hombros y se inclinó hacia la tumbona.
- ¿Cómo que vale? –a la vez que ella se ponía de pie de un salto dejando el sujetador del bikini perdido por el camino–. ¡Se suponía que no debías decir vale!
- ¿Ah, sí? Pues el que haya supuesto eso, no me conoce demasiado bien –el merodeador se estiró en la tumbona acomodándose.
Bien pensado, a lo mejor la vocecita esa que no paraba de repetir en su cabeza "mejor, no lo hagas" no era de su conciencia sino de su instinto de supervivencia meditó la Onza mientras se tapaba como podía con las manos.
- En el museo dijiste que no querías jugar a esto –los ojos grises de Sirius la taladraron mientras trataba de ponerse el vestido sin enseñarle los pechos.
- Y no quiero...
- No lo parecía hace unos segundos...
- Pensé que sería divertido, pero tu tenías que tomártelo en serio y fastidiarlo –la Onza asomó la cabeza por el cuello del vestido y le sacó la lengua.
- Sí, pero ya te advertí ayer en el museo que yo no estaba jugando. Para mi esto va en serio...
- Para los casados, estos jueguitos extraconyugales no son serios.
- Te lo vuelvo a repetir: no estoy jugando. Contigo no –repitió Sirius con un tono que iba perdiendo paciencia por segundos.
- O a lo mejor necesitas una sustituta para Hestia. Conociéndola, seguro que ha sido verme y salir corriendo.
- Vale, como quieras, tú sigue. Ya te cansarás de delirar –como para demostrar la poca credibilidad que tenían esas acusaciones, Sirius se puso un brazo bajo la nuca y empezó a ojear una de las revistas de la chica.
- O a lo mejor ni siquiera es eso: después de todo, donde cabe uno caben tres –siguió aventurando la Onza.
- Eso igual valdrá entre tus amiguitos Worstblood, no para mí. Y mucho menos, estando tú de por medio –el merodeador no se molestó en alzar la vista de la página que leía. Al menos, no hasta que no escuchó el sonido del teléfono...
Sorprendido miró el objeto que él había considerado un juguete y que en aquel momento funcionaba como si fuera de verdad y a pesar de toda la magia que había en el aire.
- Lynn Worstblood, dígame –Evy se precipitó a coger el auricular antes de que su ex reaccionara.
- Evy, tengo que decírtelo: tu primo Edmund es un nazi –contestó sin molestarse en saludar una voz de niña mimada.
- Hola, Joy –Evy le dio un manotazo a los pies de Sirius para que encogiera las piernas y se hizo un sitio en la tumbona, sin notar lo peligroso que podría ser eso–. ¿Qué te ha hecho?
- ¡No preguntes "qué me ha hecho" como si tuviera un berrinche! Me ha tenido dos días encerrada en una habitación, dándome una comida horrible y unas bebidas asquerosas, todo rico en ajo...
- Es el procedimiento estándar para desintoxicar a los adictos a la sangre de vampiro... –al menos eso tenía entendido Evy, no es que se hubiera puesto en práctica antes.
Por su parte, Sirius, además de aguzar el oído para enterarse de todo, se había incorporado y se dedicaba a sembrar de besos la nuca de la Onza. Y bajando... ella le dio un manotazo y trató de apartarse sin lograr el resultado deseado.
- Sí, ya. ¿Y sabes lo duro que es ese procedimiento estándar? No me deja hacer nada de nada: ni pasear, ni beber alcohol, ni trabajar en mis novelas... ¡Nada de nada! Lo odio, es un nazi. Y ese elfo canijo de Ariel es aún peor... ¡Al menos Edmund está bueno!
"No, Joy, no," pensó Evy "por favor no vayas por ese camino. Ahora no..."
- ¡Con ese culo tan escultural! –¡Maldita sea, Joy! Justo en ese momento, Sirius se paralizó cuando estaba a punto de bajarle uno de los tirantes del vestido, súbitamente atento a la respuesta de la Onza–. Tenías razón al describirlo así...
- ¿Sí? Mira que ahora no caigo en cuándo usé esa expresión –la Onza aprovechó ese segundo de respiro para devolver el tirante a su sitio.
- ¿Pero a ti qué te pasa? Estás muy rara... Espera –comprendió de pronto Joy, dejando caer el mechón de pelo negro con el que había estado jugando–. Hola, Sirius.
- ¿Qué pasa Joy? –el aludido trató de tomar al auricular, pero Evy se lo impidió con otro de sus manotazos.
- Te aseguro que no es lo que piensas... –se apresuró a hacer constar la Onza.
- ¿Y que piensas que está pensando? –quiso saber por su parte Sirius con una sonrisa pervertida.
- Oh, no. No lo es... –replicó Joy con tono de "vete a contarles ese cuento a los hermanos Grimm"–. Evy, te voy a decir una cosilla: tú también tienes ciertas adicciones que deberías tratar de superar. A lo mejor no te vendría mal pasar un par de días encerrada en una celda y meditar sobre ello... ¿Sabes qué? Lo voy a hablar con Edmund, para que vaya pensando en ello.
- No, Joy, por favor no... –un clic indicó que habían cortado la comunicación–. Mierda –gruñó la Onza golpeándose en la frente con el auricular.
- Deja eso o te harás daño –Sirius se lo quitó, colgó y apartó el teléfono del regazo de la castaña–. ¿Por dónde íbamos?
- Por ningún sitio... ¡¿Cómo te lo puedes tomar con tanta calma después de la que acabas de liarme?! –para subrayar su enfado, Evy echó mano de lo primero que pilló (el bote de crema solar) y trató de golpearle con él.
- ¿Qué acabo de liarte? –Sirius le arrebató el arma con un movimiento de varita–. ¿Tanto te importa que Edmund y su culo escultural se enteren de que estás conmigo?
- ¡No lo pronuncies así! –esta vez, el arma elegida fue la revista enrollada.
- ¿Cómo lo he pronunciado? –dicha arma siguió el mismo camino que la otra.
- ¡Como si hubiera algo físico entre nosotros! –dado que el lanzamiento de objetos no funcionaba, Evy decidió optar por un ataque más directo y trató de darle un puñetazo.
- Pues me parece que, de hecho, sí que lo hay –Sirius atrapó la mano que iba hacia su cara y sonrió irónicamente.
La Onza trato de borrarle esa sonrisa con un nuevo puñetazo, pero el atrapó la mano y la hizo girar, quedando inmovilizada con él a sus espaldas.
- Prueba otra vez, nena –y ya estaba. Lo había hecho. Acababa de pronunciar las palabras mágicas, de susurrárselas en su misma oreja.
De repente, Evy sufrió una especie de retroceso en el tiempo. Ya no estaba en los bosques que circundaban la casa de James, sino en un patio de armas del castillo Ekstar, no vestía un sencillo vestido si no una especie de pesadísima cota de malla y cargaba con no menos pesadas cadenas en muñecas y tobillos, llevaba tres semanas comiendo unas tortillas de color raro, apenas dormía y cuando lo hacía perdía el control de su cuerpo astral y se aparecía en la cama de su ex para ver cómo hacía el amor con su esposa y (para colmo) Evander volvía a humillarla y a burlarse de ella...
Sólo que ahora sabía como contraatacar.
Antes de que pudiera entender lo que había provocado, Sirius se encontró reteniendo entre sus brazos el cuerpo de un jaguar furioso. Instintivamente lo soltó y se transformó en perro justo en el momento en que el enorme gato se lanzaba en busca de su yugular.
No era una lucha demasiado igualada y no sólo porque donde el perro sólo tenía colmillos para atacar el jaguar también tenía garras. Además de eso, el perro estaba más preocupado por contener el ataque que por defenderse de él.
De alguna manera, Padfoot logró colocarse encima de ella y recuperar la forma humana.
- ¡Evy¡Cálmate! –le gritó mientras sujetaba sus brazos por encima de su cabeza.
- Estoy tranquila –jadeó ella volviendo a ser humana. Una humana que se revolvía incómoda por su situación...– ¿Y si te quitas de encima?
- Pues no sé... Es una posición que llevo años extrañando –una sonrisa seductora cruzó los rasgos del merodeador.
Evy soltó un bufido, aunque lo cierto es que ella misma sabía como terminaría eso... ¡Maldita sea!
- ¿Sabes cómo llaman en tenis a lo que te acaba de pasar? –preguntó Sirius con tono coloquial. O al menos lo habría sido de no haberlo susurrado en su mismo oído.
- No. Es más, desconocía que te gustara el tenis.
- El año pasado se corrió el rumor de que Voldemort iba a atacar Wimbledon. Al final quedó en nada, pero con la tontería vi todos los partidos de las chicas...
- Típico –Evy rodó los ojos–. En fin¿cómo se llama lo que me acaba de pasar?
- "Cometer un error no forzado" –recitó Sirius, inclinándose para besarla.
- Esto... –vaciló una nueva voz hacia la que los dos se volvieron.
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Jaajajajaja... Digo, bueno¿qué os pareció el capi? Sí, ya sé: el final es una p... puñalada trapera, pero había que cerrar con intriga. Se admiten apuestas de quién es la persona que ha interrumpido a la parejita feliz justo cuando la cosa se puso interesante... Bueno, y si alguien ve la necesidad de enviarle una maldición pues tampoco es la primera que encaja el personajillo este, así que si os hace felices pos nada.
Bueno, aclaraciones sobre el capítulo:
"Los ladrones de cuerpos", película mencionada por Sirius en la enfermería, está basada en una novela de Jack Finney. Basándose en ella se han hecho tres películas, una de ellas en 1956 y otra en 1978.
En cuanto a los alias de Evy, es más o menos lo que dice James:
El Cabernet Sauvignon (aunque en el alias es con Cavernet) es una variedad de uva originaria de Francia, más concretamente de la zona bordelesa. El vino que produce es de un rojo intenso con olor a ciruela, matices violáceos, de cuerpo, alcohólico, aromático y provisto de un leve y característico sabor herbáceo. Ideal para acompañar carne roja.
Granny Smith, Ginger Gold, Honey Crisp... ¿No es curioso la cantidad de variedades de manzana que tienen nombre de mujer?
Ellendale (junto y no separado como en el alias) es una variedad de mandarina. Se caracteriza por sus frutos grandes que se recoge a partir de febrero.
Pippermint, es un licor de menta bastante picante. Pero sabe muy rico con chocolate caliente... Como a After Eight.
Y eso es todo amiguitas/os. Nos volveremos a ver a finales de agosto... Sí, porque a mi me toca quedarme aquí todo el verano trabajando, no sé si os lo he comentado alguna vez. Que perra de vida esta...
Muchos besos de Magnun Temptation para las niñas y de la mujer desesperada que lo anuncia para los niños. (Que me temo que a vosotros os doy menos alegrías que a ellas.)
Carla Grey.
Orgullosa Lupina. MOS. Hermana de Mya, Paula & Maru Malfoy. Tía de Azi Black y Mai. Paciente de Serenity. Hija política de Veronika. Emperatriz consorte de Alonning. Ahijada del hada madrina Noriko. Prima de Miss Molko e Inna. Miembro de las 15 de Mey. Amiga por correspondencia de una miembro de LODF. Pariente de Anvy Snape. Casi pariente de Libertad, la amiga de Mafalda. Chica del espejo de lujuria de Dreaming. Hermana Escorpio de Moony Lunática. Musa de MikaGranger. Ganadora de dos premios anuales de HA. Luz al final del túnel de Deathkisse. Creadora del amor platónico de Liesl Von Kaulitz. Alumna de la Casa de Ravenclaw en HA. Autora de la versión de Sirius favorita de Elarhy y Karen Black.
