La saga The Legend of Zelda y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Nintendo.


Capítulo 12:
El espíritu Lanayru y la última perla

Aquella mañana se levantaron temprano, antes de la salida del sol. Si querían llegar al lago Hylia antes de que anocheciera, debían salir al amanecer.

Impa fue la primera en levantarse y se apresuró en tenerlo todo listo para el viaje. Fue hasta la habitación de Zelda para despertarles. Entró despacio, intentando no hacer ruido. Pese a que su Majestad había dicho que confiaba en Link, en que él y Zelda no harían nada poco correcto, Impa no se fiaba. Con un pequeño candelabro en la mano, se acercó hasta la cama, donde Zelda dormía profundamente.

Suspiró aliviada al ver que Link no estaba con ella. Se giró hacia el otro extremo de la habitación y se sobresaltó al ver a Link, de pie en el centro de la estancia con su espada en la mano.

— ¿Qué haces? —preguntó Impa con recelo.

— Practicar con la espada —respondió él envainando la espada despacio, sin hacer ruido.

— ¿A estas horas? Deberías estar durmiendo.

— Nunca duermo las noches de luna nueva —susurró en respuesta—. Hasta que no me transformo en lobo no lo hago, he de aprovechar el poco tiempo que puedo conservar mi cuerpo real.

— Podrías encender una luz —dijo ella acercándose a él.

— No la necesito y tampoco quiero molestar a Zelda.

Impa lo miró fijamente a los ojos. Éstos reflejaban un gran abanico de emociones y cualidades. Había amabilidad en ellos, también había generosidad, honestidad, una pizca de inocencia, fuerza, determinación, incluso pudo ver dulzura el momento que se desviaron en dirección a donde dormía Zelda, pero lo que más destacaba, lo que prevalecía por encima de todo lo demás, era valor. Eran los ojos de alguien valiente, de alguien a quien no le daba miedo el futuro y todo lo que trajera con él.

Recordó el día anterior, el rey Gustav le había pedido que comprobara la destreza en combate de Link, quería saber si podía dejar la protección de Zelda en sus manos. Cabía decir que el chico había pasado la prueba con nota. Desde que había descubierto quién era, el rey había depositado en él una gran confianza. Impa no había estado segura de que estuviera bien tener tanta fe en aquel joven solo por ser hijo de quien era, pero, viendo todos aquellos rasgos en sus ojos, sabía que era digno de aquella confianza.

— Dime una cosa, Link —dijo Impa en voz baja—. ¿Cuál es el fragmento de la Trifuerza que posees?

Él la miró confuso, con el ceño fruncido, al parecer no tenía ni idea de cuál era.

— ¿Alguna vez te ha brillado la marca de la mano? —preguntó y él afirmó— ¿Alguna vez te ha brillado de tal manera que uno de los triángulos brillara más que los otros dos?

Link permaneció un momento pensativo, parecía intentar recordar algo. Finalmente afirmó con la cabeza y se remangó la manga izquierda, mostrándole la marca.

— Si no recuerdo mal, creo que fue éste —dijo señalando el triángulo—, el de la derecha.

Impa sonrió, no se había equivocado.

— La Trifuerza del Valor —concluyó ante la nueva confusión de él—. Supongo que sabrás que cada fragmento representa una cualidad —él afirmó con un gesto—. Zelda posee la Trifuerza de la Sabiduría, ésta ha pasado de generación en generación por la familia real y, puesto que la tuya es la del Valor, es lógico pensar que la de Ganondorf es la del Poder, cosa que es más que evidente cuando piensas en el gran poder que ha acumulado.

Oyeron un gemido y un roce de sábanas.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Zelda mientras se incorporaba y desperezaba—. ¿Qué hacéis ahí cuchicheando cuando ni siquiera ha salido el sol todavía?

— Partiremos en cuanto amanezca —informó Impa—. Ve preparándote.

Impa se giró dispuesta marcharse.

— Un momento, Impa —interrumpió Link, a lo que ella se giró hacia él—. ¿Crees que se puede vencer a alguien tan poderoso como Ganondorf solo con valor?

Impa frunció el ceño y se acercó de nuevo a él.

— ¿Es que pretendes enfrentarte cara a cara con él? —preguntó sorprendida.

— Así es —respondió Link con firmeza—. Llevo años esperando ese día y preparándome para ello.

— ¡No, Link! —exclamó Zelda corriendo hacia él—. Ganondorf es muy peligroso.

— Lo sé, yo mismo fui testigo de lo que es capaz de hacer —respondió con mucha seriedad—. Vi cómo atravesaba a mi padre con su espada, vi cómo mi madre caía sobre mí con una flecha clavada en su espalda, pero no le tengo miedo. Alguien tiene que hacerle pagar por todo el sufrimiento que ha causado, por todas las vidas que ha arrebatado.

Zelda posó su mano en la mejilla de él, mientras lo miraba con una mezcla de admiración y preocupación. Link cogió aquella mano entre la suya.

— Yo mismo acabaré con esta guerra —dijo con determinación—, por mis padres, por la gente de este reino y por ti, Zelda.

Link se llevó la mano de Zelda a los labios y los posó suavemente sobre los nudillos.

Impa estaba impresionada por sus palabras y la devoción por la princesa que mostraba. Cerró los ojos y suspiró. Allá donde estuviese, Líon podía estar muy orgulloso de su hijo.


Salieron del castillo poco después del amanecer, tuvieron que esperar a que Link se transformara en lobo antes de poder hacerlo. Tomaron un pasadizo secreto para poder marcharse sin ser descubiertos. Era un pasaje oscuro, húmedo y estrecho, con charcos por todo el camino. No era un lugar muy agradable, pero, si querían ser discretos, no les quedaba más remedio.

El pasadizo les condujo hasta el sistema de alcantarillado de la Ciudadela. Aquel sitio tampoco era agradable, un olor desagradable inundaba el lugar y las ratas campaban a sus anchas, aunque gracias a Link ninguna de ellas se atrevió a acercarse a ellos. Las alcantarillas formaban un laberinto muy complicado pero Impa se conocía bien el camino. En el pasado, antes de encargarse del cuidado de Zelda, había tenido que usarlas en múltiples ocasiones para sus misiones.

Cuando por fin llegaron a la salida, ésta estaba bloqueada por unos barrotes de hierro. Impa caminó hasta una pared cercana y presionó una de las piedras que la formaban. La piedra se hundió y oyeron un chirrido metálico. Los barrotes se alzaron, dejándoles paso.

Cuando se asomaron, vieron que estaban en la muralla exterior de la Ciudadela, justo sobre el foso que la rodeaba.

— ¿No pretenderás que crucemos a nado? —preguntó Zelda horrorizada—. Estamos en pleno invierno.

— ¡Por supuesto que no! —respondió Impa, indignada.

Presionó una de las rocas de la muralla y, al igual que anteriormente, ésta se hundió. Del agua, emergieron unas rocas, formando un paso.

— Qué práctico —dijo Zelda con admiración—. Si alguna vez necesito salir del castillo, ya sé qué camino tomar.

Impa la miró con suspicacia, a lo que la princesa rió.

— Era una broma.

— Más te vale —dijo Impa con una mirada feroz.

A diferencia de Zelda e Impa, Link se tiró al agua y nadó hasta la orilla. Una vez fuera, se sacudió el pelo con fuerza, eliminando toda el agua. A veces ser un lobo también tenía sus ventajas.

Continuaron la marcha en dirección a un pequeño rancho a las afueras de la Ciudadela. Allí alquilaron un par de caballos para llegar al lago Hylia.


Era ya bien entrada la tarde cuando llegaron al lago, apenas quedaba un par de horas para que el sol se pusiera. Impa sugirió levantar el campamento y dejar la visita a Lanayru para más tarde, pero Link parecía insistente por ir en aquel momento.

La fuente del espíritu Lanayru estaba dentro de una cueva, junto al lago. Había una roca por la cual se podía observar la laguna que formaba la fuente, varios metros más abajo. A ambos lados de la roca, había un par de caminos que bajaban hasta la fuente. Link se situó sobre la roca y ladró.

El agua de la fuente comenzó a brillar. De su superficie, surgió una esfera de luz. Justo debajo, un dragón también de luz emergió y la sostuvo entre sus fauces.

— Mi nombre es Lanayru. Soy uno de los cuatro espíritus que otorgan luz a estas tierras merced al mandato divino —dijo el espíritu con voz grave—. Venís a buscar la última perla del alma, ¿me equivoco?

Link volvió a ladrar. Cuando acabó, su cuerpo comenzó a retorcerse, a cambiar.

Impa ya lo había visto transformarse esa misma mañana y volvía a verlo en ese instante, pero aun así le costaba creer que tal cambio fuera posible. Cuando la transformación terminó, vio a Link de rodillas en el suelo, sosteniéndose con los brazos y la cabeza gacha. Aunque no había gritado ni una sola vez, sabía que aquella transformación era dolorosa para él, estaba todo cubierto de sudor y su espalda se movía de arriba abajo debido a la fuerte y rápida respiración. También vio como Zelda se acercó tímidamente hasta él y puso una capa sobre sus hombros, cubriéndolo.

— Gracias.

Link se levantó, agarrando bien la capa para que no se le cayera. Impa lo miró extrañada, pese a que hacía todo lo posible para taparse, no parecía realmente avergonzado.

— La última perla se haya en una cueva, al fondo de esta fuente —dijo el espíritu Lanayru—. Gran parte de la cueva está inundada, por lo que tendréis que bucear la mayor parte del tiempo.

— No creo que pueda aguantar tanto tiempo la respiración bajo el agua —protestó Link.

La esfera de luz comenzó a brillar con más intensidad. Link notó algo cálido sobre su pecho. Palpó aquella zona, pero solo se topó con la piedra que Zelda le había regalado. La sacó de debajo de la capa y vio como brillaba ligeramente.

— He hechizado la piedra para que os permita respirar bajo el agua —explicó el espíritu—. Ahora ya no tendréis problemas para encaminaros hasta la última prueba.

Lanayru comenzó a brillar y desapareció. Link fue hasta donde habían dejado el equipaje y cogió su espada y escudo. Volvió a la roca y se quitó la capa.

— ¡¿Qué haces?! —exclamó Zelda girándose, avergonzada—. ¿No piensas vestirte?

— ¿Para qué? Voy a estar la mayor parte del tiempo bajo el agua, sería solo una molestia.

— ¡¿Es que no te da vergüenza ir por ahí desnudo?! —volvió a exclamar sin siquiera girarse.

— No realmente —contestó él con total normalidad—. Llevo siete años viviendo como un lobo, en ese tiempo no me he preocupado mucho por la ropa, solo para protegerme del frío. Sabía que a ti te avergonzaba, por eso siempre me vestía cuando recuperaba esta forma ante ti.

A Impa, por su parte, le daba bastante igual. Había visto a muchos hombres desnudos antes, había sido parte de su entrenamiento, no dejarse desconcertar por la desnudez propia o ajena, y a sus ojos Link solo era un niño, nada que no hubiese visto antes. Por otra parte, la reacción de Zelda le pareció interesante, aquella forma de avergonzarse dejaba claro que no habían pasado los límites establecidos, cosa que le tranquilizó.

— ¡Impa! ¡Dile algo! —rogó la princesa muy sonrojada.

Impa lo miró con ojo crítico, centrando su mirada en el escudo y la espada.

— No te recomiendo que te ates la correa de la vaina al pecho —dijo en tono profesional—, te rozará en el cuello. El escudo tampoco es buena idea que lo lleves con los brazos desnudos.

— ¿Eso es lo único que tienes que decirle? —protestó Zelda.

Impa suspiró. Era cierto que para moverse por el agua, la ropa no era más que una molestia, un peso innecesario, pero también era cierto que no le gustaba que aquel chico estuviera como las diosas lo trajeron al mundo delante de la princesa.

— Ponte al menos unos pantalones —dijo finalmente Impa—. Por el bien de ella.

Ahora fue Link quien suspiró y se dirigió de nuevo hasta el equipaje. Zelda apartó la vista de nuevo al verlo pasar por delante de ella, aunque Impa vio con desaprobación que echaba un pequeño vistazo antes de volver a apartar la mirada, muy sonrojada.

— Ya está —dijo tras ponerse los pantalones.

Impa se acercó también al equipaje y sacó varias cosas de él.

— Usa esta correa para la espada —dijo entregándosela a Link—, así podrás colgártela de la cintura. Ponte también este otro cinturón —sugirió—, en él podrás enganchar el escudo y esto.

Impa sacó de una bolsa un extraño artilugio, tenía un mango en un extremo y una punta metálica en el otro.

— Es un gancho —dijo empuñándolo—, sirve para alcanzar objetos o lugares lejanos. Creo que te será útil bajo el agua.

Apuntó hacia un lado de la cueva y apretó un botón situado en el mango. Al hacerlo, la punta del gancho salió disparada a gran velocidad junto a la cadena que la mantenía unida. La punta chocó contra la pared de roca de la cueva, emitiendo un sonido metálico, y cayó al suelo. Impa soltó el botón, poniendo en marcha el mecanismo de recogida de la cadena, devolviendo al gancho a su estado original.

— Ve con cuidado con él —le advirtió mientras se lo entregaba—, tiene la suficiente fuerza como para arrastrarte si se queda fuertemente enganchado en algo.

Link lo examinó cuidadosamente y luego lo enganchó al cinturón. Por último, Impa le entregó unos brazales de cuero. Ahora que estaba listo y equipado, volvió otra vez a la roca. Zelda se acercó a él, cogiéndole débilmente por el brazo.

— Ten mucho cuidado —le rogó—. Me gustaría ir contigo, pero supongo que no puedo, ¿verdad?

Link esbozó una pequeña sonrisa y le dio un corto beso sobre la frente, al igual que había hecho frente a la fuente de Latoan.

— Enseguida vuelvo.

Cuando se disponía a apartarse de ella, Zelda lo sujetó por la cara y lo besó suavemente en los labios.

— Impa está mirando —susurró Link cuando se separaron unos milímetros.

— Me da igual —contestó ella volviendo a besarlo.

Se separaron y Link caminó hasta el borde de la roca. Saltó al agua, introduciéndose de cabeza en ella, y buceó hasta el fondo, donde vio la cueva que Lanayru le había indicado.

Zelda lo vio entrando en la cueva, desapareciendo de su vista. Dio un largo y profundo suspiro. Se giró y caminó hasta Impa, quien la miraba con desaprobación.

— Ya sé que no debería ir besando a un hombre que no es mi marido ni mi prometido —dijo Zelda antes de que su aya pudiera recriminarle nada.

— Si lo sabes, ¿por qué lo has hecho? —preguntó Impa cruzándose de brazos.

— Porque una cosa es saber y otra querer.

— Eres una princesa, Zelda, no debes dejar que tus sentimientos guíen tus acciones.

— ¡Lo sé! —exclamó Zelda—. Lo sé.

Bajó la cabeza, apenada. De nada servía descargar su frustración contra su aya. Ella misma sabía que aquello no estaba bien, que debía enterrar sus sentimientos. Había comenzado a caminar por un sendero que solo le acarrearía dolor y sufrimiento, y estaba arrastrando a Link con ella.


Estuvo varios minutos bajo el agua, buceando, cuando por fin llegó a la superficie. Gracias al lapislázuli, podía respirar bajo el agua, pero aun así agradeció poder respirar aire de verdad. Inspiró profundamente, llenado sus pulmones de oxígeno. Exhaló el aire y salió del agua, impulsándose con los brazos.

Había llegado a una caverna a través de una abertura en el suelo, pero no era la única, frente a él había varias más. La caverna estaba iluminada por pequeños orbes de luz azulada. A su espalda oyó un ruido, se giró y vio algo parecido a un par de insectos azules gigantes acercándose a él, tecktites. Avanzaban dando saltos y una iba bastante más adelantada que la otra. Empuñando su espada con la izquierda y sujetando el escudo con la derecha, esperó a que la primera estuviera lo suficientemente cerca para atacar.

La tecktite se abalanzó sobre él, pero consiguió apartarse haciéndose a un lado. Con una rápida estocada, Link clavó su espada en el costado de la tecktite, provocando que ésta emitiera un chillido de dolor. La tecktite volvió a abalanzarse sobre él, furiosa. Antes de que ésta pudiera volver a saltar, Link volvió a lanzar otra estocada, pero esta vez de frente, acabando con la criatura. Pero antes de que pudiera siquiera darse un respiro ya tenía a la otra tecktite encima. Empuñó la espada con ambas manos y, cuando la tecktite saltó por encima de su cabeza, hizo un gran tajo de atrás hacia delante, partiéndola por la mitad.

Con el dorso de la mano, se apartó el flequillo de la cara, el cual se había pegado a su frente por culpa de la sangre de la tecktite que le había caído encima. Estaba cubierto por la sangre pegajosa y maloliente de aquel bicho, lo cual no era muy agradable precisamente. La próxima vez debía tener más cuidado en cómo se enfrentaba a sus enemigos, suerte que el agua lo limpiaría de toda aquella sangre viscosa.

Examinó la sala, pero, aparte de las aberturas en el suelo y rocas, no había nada más. Alguna de aquellas aberturas le conduciría hasta la perla, así que se metió en la más cercana, sumergiéndose de nuevo en el agua.

El lugar era muy estrecho y oscuro, apenas iluminado por los pocos orbes de luz que había. Debía bucear con cuidado, pues las paredes eran de rocas puntiagudas. Mientras se adentraba en la cueva, vio movimiento frente a él. Lo que parecía una ostra gigante, se giró hacia él y comenzó a acercarse mientras abría y cerraba su concha con insistencia. Link también había visto a aquel monstruo en el libro que le había mostrado Zelda, era un shell blade. Su concha era dura como el acero, pero su interior blando y débil.

Desenvainó su espada y esperó a que estuviera lo suficientemente cerca y con la concha abierta para atacar. Dio un gran tajo horizontal, pero la resistencia del agua hizo que fuera más lento de lo que pretendía, dándole tiempo al shell blade para cerrarse y hacer que la espada chocara contra la concha. El choque echó a Link hacia atrás, dándole espacio para esquivar al molusco gigante.

En aquella situación, la espada era inútil, debía pensar en algo y rápido. Recordó el artilugio que Impa le había dado, el gancho. Se llevó la mano al cinturón, detrás, y lo cogió. Sosteniéndolo con la mano izquierda, apuntó al shell blade y esperó. Cuando éste estuvo lo bastante cerca y con la concha abierta, disparó. La punta del gancho salió a gran velocidad hacia el objetivo y se metió en las fauces del shell blade sin dificultad. Cuando se enganchó al músculo interior, Link soltó el botón, retrayendo la cadena y arrancando el músculo de la concha.


Impa y Zelda habían levantado el campamento en la misma cueva donde se hallaba la fuente de Lanayru. Aquel era un lugar cálido y resguardado del viento, por lo que no tenían que montar una tienda, y bien ventilado, pudiendo así encender una hoguera.

Mientras preparaba la cena, Impa observó a la princesa. Caminaba inquieta de un lado a otro, mirando constantemente en la dirección por la que Link se había marchado. Sabía muy bien cuan impaciente podía llegar a ser Zelda, era una joven inquieta y curiosa. Aquella espera se le estaba haciendo insoportable y había que añadirle la preocupación por lo que pudiera pasarle a Link.

Hacía cerca de una hora que el joven se había marchado en busca de esa perla, o lo que fuera aquello. Al parecer debía pasar antes una prueba para conseguirla, una prueba que requería su fuerza, destreza e inteligencia, según le había dicho la princesa. Impa no creía que debiera preocuparse tanto, el chico había demostrado ya que poseía aquellas cualidades, pero la princesa siempre había sido una persona que se preocupaba demasiado por los demás.

Impa continuó con su labor mientras observaba de reojo a su protegida. Zelda necesitaba aprender a ser más paciente y a esperar con calma, no siempre estaría en situaciones en las que pudiera actuar o saciar su curiosidad. Esperaba que aquello le ayudara en un futuro a calmar su impaciencia y a madurar.


Después de recorrer innumerables túneles estrechos bajo el agua, vencer a criaturas acuáticas y abrir puertas ocultas, Link llegó a un lugar mucho más abierto y espacioso. Nadó hasta la orilla, salió del agua y se sentó en el suelo de roca a descansar. Estaba agotado. No sabía cuánto tiempo llevaba en aquel lugar, nadando y buceando, solo sabía que aquella prueba estaba siendo muy dura físicamente. Para colmo tenía el brazo derecho dolorido, en el cual se había formado un gran cardenal amoratado.

Mientras buceaba por aquellos túneles subacuáticos, un shell blade lo había pillado de improviso, atrapando su brazo derecho entre su concha. Link había intentado sacar el brazo con todas sus fuerzas, incluso había intentado hacer fuerza con sus piernas, pero había sido inútil. Finalmente, aún con los pies sobre la criatura, Link había cogido el gancho, lo había introducido por el hueco que su brazo había dejado y lo había disparado. Una vez matado al shell blade, la concha se abrió y pudo por fin liberarse. Debido a eso, ahora tenía una mancha oscura cubriendo toda la extremidad.

Tras unos minutos de descanso, se levantó y exploró la cueva. Era muy amplia, con un techo muy alto e irregular. El techo y el suelo estaban llenos de estalactitas y estalagmitas, respectivamente, teniendo que andar con mucho cuidado, algunas de aquellas estalagmitas eran tan grandes que podía darse de cabeza con ellas. Al otro lado de la cueva, había una laguna de agua cristalina. Realmente aquel lugar era maravilloso y la luz azulada de los orbes acrecentaba aquella belleza.

Decidió seguir explorando el lugar, buscando alguna pista de cómo proceder, si no la encontraba, tendría que sumergirse otra vez. Tras dar un par de pasos, notó cómo algo se enrollaba alrededor de su tobillo y tiraba de él con fuerza. Fue arrastrado hasta el interior de la laguna y llevado hasta el fondo, era mucho más profunda de lo que había creído en un principio.

Frente a él, vio una extraña criatura en forma de campana con tentáculos. Era blanquecina y semitransparente y en su centro podía verse algo redondo y de color rojo brillante, probablemente era el núcleo. Link desenvainó su espada y, con dificultad, cortó el tentáculo que lo sujetaba, liberándose. Intentó bucear hasta la superficie, pero más tentáculos se dirigieron hacia él. Uno de los tentáculos consiguió apresar su brazo derecho, obligándolo a soltar un grito de dolor que fue apagado rápidamente por el agua. Cortó aquel tentáculo y se deshizo de los demás. Mientras luchaba contra los tentáculos, vio algo brillar en el fondo, pero pronto lo perdió de vista, debía darse prisa y salir.

Consiguió llegar a la superficie y salir del agua. Algunos tentáculos salieron con él, pero consiguió cortarlos con su espalda sin mucha dificultad. Miró su brazo, el cual estaba aún más oscuro que antes. Tenía que idear un plan con urgencia. Necesitaba sacar a aquel bicho del agua, pues ahí tenía mucha ventaja.

Más tentáculos salieron, atacándolo con fiereza, el monstruo parecía cada vez más furioso. Cortó los tentáculos y observó que el cuerpo del monstruo estaba cada vez más cerca de la superficie. Quizá si cortaba todos los tentáculos, saldría completamente del agua.

Siguió cortando todos los tentáculos que salían con cierta dificultad, pues solo podía usar su brazo izquierdo, el derecho había sido prácticamente inutilizado. Cortó el último tentáculo, esperando a que su plan surtiera efecto.

Vio un burbujeo en la superficie de la laguna y, finalmente, el monstruo saltó del agua, lanzándose sobre Link como si fuera un pulpo. Entre los tentáculos cortados, pudo ver un agujero que parecía una boca y, dentro, el núcleo rojo. Por la forma en la que se abalanzaba sobre él, parecía querer devorarlo, pero Link estaba preparado. Apoyándose con un pie en una roca frente a él, apuntó con el gancho a la boca del monstruo y disparó. La punta del gancho se introdujo en la boca y se clavó en el núcleo. Soltó el botón, retrayendo la cadena, e hizo fuerza con las piernas hacia atrás.

Con un sonido muy desagradable, consiguió arrancar el núcleo, el cual cayó y comenzó a dar pequeños saltos, aún seguía vivo. El resto del cuerpo cayó al suelo, sin vida. Desenvainando su espada, Link se acercó hasta el núcleo rojo y lo partió por la mitad, poniéndole fin.

Link cayó al suelo, sentado. Necesitaba descansar, pero aún no era el momento. Si su intuición era correcta, pronto estaría fuera de aquel lugar. Se levantó, envainó su espada y caminó hasta la laguna, introduciéndose de nuevo en ella. Buceó hasta el fondo, donde, tal y como había supuesto, estaba la perla del alma. La cogió y volvió a la superficie. Cuando salió del agua, vio que había un círculo de luz en el suelo.


Ante Zelda e Impa, apareció una columna de luz de la cual surgió Link. Zelda no perdió ni un segundo en ir hasta él, evitando que cayera de espaldas en cuanto sus pies tocaron el suelo. Parecía agotado y estaba todo cubierto de arañazos, por no hablar del enorme moratón que cubría su brazo derecho.

— Link, ¿qué te ha pasado en el brazo? —preguntó Zelda ayudándolo a sentarse.

— Un pequeño percance —respondió él con una leve risa.

Zelda frunció el ceño y lo miró con reproche, silenciándolo. Tocó ligeramente la zona amoratada, comprobando el daño, y vio la mueca de dolor de Link.

— Ayudadme a meterme en la fuente —pidió Link—, su agua me sanará las heridas.

Impa cogió el brazo izquierdo de él y lo puso sobre sus hombros. Lo ayudó a levantarse y caminar. Una vez en la orilla, Link se tiró al agua, sumergiéndose completamente. Sintió cómo sus heridas sanaban, cómo el dolor mitigaba y cómo su energía volvía. Cuando estuvo completamente recuperado, aún sumergido, apoyó sus manos sobre el borde y, con un gran impulso, salió. Apoyó una de las rodillas en el borde para ayudarse a salir completamente.

Zelda observó asombrada cómo salía completamente sanado, no había ni rastro de aquel cardenal. Cuando Link se puso de pie, frente a ella, se apartó con ambas manos los mechones del flequillo que caían sobre su cara, echando todo el pelo hacia atrás. Gotas de agua caían de sus mechones rubios hasta su cuello y bajaban por su torso. La princesa miraba como si estuviera en trance aquellas gotas que recorrían la piel de Link. Cuando se dio cuenta de lo que hacía, toda la sangre subió hasta su rostro. Avergonzada, se giró y caminó a toda prisa hasta donde tenían el campamento.

— ¿Qué le ocurre? —preguntó Link confuso.

— Cosas de la adolescencia —respondió Impa con una sonrisa divertida.

Una luz inundó el lugar y Lanayru volvió a aparecer ante ellos.

— Os felicito por conseguir las cuatro perlas, Link —dijo el espíritu—. Con esto vuestra alma podrá volver a estar completa.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó Link mientras se colocaba en la roca sobre la laguna, frente a Lanayru.

— Esas cuatro perlas son fragmentos de vuestra alma —informó—, Farone os las extrajo a la espera de que las reclamarais mediante estas pruebas a las que os hemos sometido. Era importante que las pasarais, necesitábamos que os hicierais fuerte para que podáis cumplir vuestro papel en lo que ha de ocurrir.

— ¿Qué papel?

— Nosotros, los cuatro espíritus de luz, os hemos estado protegiendo todo este tiempo para que podáis cumplir con vuestro destino. Habéis sido elegido para representar un rol muy importante que determinará el futuro de Hyrule. Cuando llegue el momento, vuestra apariencia de lobo ya no será necesaria, las perlas se unirán a vos y podréis reclamar lo que es vuestro.

Antes de que Link pudiera preguntar, el espíritu desapareció y él volvió a adoptar la forma de lobo.


Comentarios: Personalmente, este es un capítulo que disfruté mucho escribiendo. Pese a que no es muy larga, estoy bastante satisfecha en como ha quedado la batalla contra el jefe de la mazmorra, creo que le estoy cogiendo el gusto a esto de narrar combates ^^

Gracias a todos por seguir esta historia y/o por vuestros comentarios y a Alfax por su ayuda.

Bye!