Hola, ¿Cómo están? Aquí les traigo el capitulo 12, espero que les guste y me dejen saber que les pareció. Quiero agradecerles a todos por sus comentarios y sus mensajes :) me alegro mucho de que les este gustando.

Quiero avisarles que la próxima semana no habrá capitulo, tengo algunas cosas que hacer y por falta de tiempo no lo podre tener, pero la que viene arriba les prometo traerles el capitulo 13, bueno disfruten del cap espero les guste y me dejen sus comentarios

Antes que nada quiero darle las gracias a Claudia Gazziero mi beta :D

Disclaimer: los personajes le pertenecen a la escritora E. L James yo solo los utilizo con el fin de entretener :) la historia me pertenece :D

Capítulo 12:

Mis nervios estaban al límite, no tenía idea de cómo seguir parada allí aparentando tranquilidad sin que se dieran cuenta de que era una farsa. Tres pares de ojos me observaban con curiosidad y el silencio reinaba en el ambiente, nadie se atrevía a decir nada. Mi subconsciente me repetía una y otra vez que mantuviera la calma y que esbozara una sonrisa, pero estaba tan nerviosa que no podía, temía que si lo intentaba esta resultara fingida y asustadiza. Finalmente, mi marido fue el encargado de romper el silencio.

—Familia, les presento a mi esposa, Anastasia Grey. Ana, esta es mi familia: mi Madre, la Doctora Grace Trevelyan-Grey…

La Doctora Trevelyan-Grey se acercó a mí con una dulce sonrisa y me besó en ambas mejillas, era una mujer hermosa, su cabello rubio estaba perfectamente peinado y sus ojos castaños reflejan dulzura, llevaba un vestido marrón, unos zapatos altos y era dueña de una elegancia envidiable.

—Es un placer conocerte por fin, Anastasia.

—El placer es mío, Doctora Trevelyan-Grey. Por favor, llámeme Ana.

—Soy tu suegra, tutéame por favor. —Yo asentí con una pequeña sonrisa, que ella me devolvió sinceramente. Había empezado bien.

—Carrick Grey, mi padre –continuó Christian con voz suave.

El hombre rubio que se encontraba al lado de Grace me tendió su mano con gesto sencillo y sus ojos azules se llenaron de arrugas al sonreír cariñosamente, aunque eso no le quitó lo atractivo.

—Me alegra conocerte, Ana.

—Igual a mí, Señor Grey —Le correspondí la sonrisa mientras le estrechaba la mano.

Un chillido de emoción se escuchó de repente, sobresaltándome. La joven de corto cabello negro me observaba emocionada, miré nerviosa a Christian, él puso los ojos en blanco y suspiró.

—Esta es Mía, mi hermana pequeña…

Mi marido trató de sonar cansado e irritado al referirse a la chica, pero su actitud no logró aminorar el brillo en sus ojos, era obvio que la adoraba. Mía salió de atrás de sus padres y con entusiasmo me envolvió en un fuerte abrazo.

—No sabes cuánto me alegra conocerte.

—Gracias, también a mí.

Mía era de mi edad, tal como me había dicho Christian, pero era muy diferente a mí, probablemente en más aspectos de los que yo imaginaba. El vestido rosa pálido se pegaba a sus curvas completamente y ella lo lucía con elegancia y sofisticación. Era obvio que nunca había trabajado ni visto lo duro de la vida y me alegraba por eso, aunque no pude evitar sentir un poco de envida por ella. Sus ojos oscuros brillaban con emoción y entusiasmo típico de una adolescente normal, características que yo nunca pude ni podría experimentar. Me había tocado madurar demasiado rápido al ritmo de una vida arruinada.

—Mi hermano nunca se había tomado enserio a una mujer, ¡no tienes idea la sorpresa que nos dio cuando nos enteramos de que estaba casado!

—Creo que Mía aún no supera que su hermano favorito no se lo haya comentado… —comentó Elliot, quien había estado al margen de las presentaciones de su familia. Mía hizo una mueca de disgusto validando sus palabras, era muy infantil.

—Recuerdas a mi hermano, ¿cierto?

Elliot se acercó a mí y me aferró en un efusivo abrazo, alzándome al instante, no pude evitar reír. Él tenía un carácter y una forma de ser increíble y eso me agradaba realmente, estaba segura de que él podría convertirse en el hermano mayor que siempre había deseado.

—Es un placer volver a verte, cuñadita.

—Yo también me alegro de verte, Elliot. –Sonreí.

Si Gail no me hubiera dicho que Christian era adoptado, lo habría intuido de todas maneras. Los tres hermanos no se parecían en nada, y tampoco a sus padres. A pesar de eso, juntos tenían la armonía y confianza de una familia de verdad.

Un fuerte nudo en la garganta se apoderó de mi cuerpo y recordé a mi familia, Teddy. Él era el único familiar que me quedaba y estaba muy lejos de mí. Deseé que las cosas fueran diferentes, incluso lo hubiera dado todo por vivir una vida distinta. Añoraba a mis padres, quería que estuviesen vivos para nosotros y que Teddy y yo hubiéramos crecido felices con ellos, sin nunca conocer a Jack. Soñaba también con que ese fuera un matrimonio de verdad y con qué Christian me amara como parecía que me amaba en ese momento.

Lamentablemente, la realidad era muy distinta a mis ensoñaciones. Había tenido que cuidar de mi papá y de mi hermanito desde que era una niña, y sobrevivir a los maltratos y acosos de un hombre perverso. Además de eso había accedido a casarme por conveniencia. Definitivamente era diferente a ellos.

—Bueno, pasemos a la mesa… Gail servirá la cena. —La voz de Christian me sacó de mis pensamientos y me recordó que no era momento para mis cavilaciones.

La familia Grey se encamino hasta el comedor con un gran desplante por la casa. Christian le dejó la cabecera a su padre y Grace se sentó a su derecha, Mía a su lado y Elliot junto a ella. Christian ocupó el puesto de la izquierda y yo me largué a la cocina a ayudar a Gail, quien estaba terminando de servir la entrada: Chorizo y Vieiras con pimientos rojos asados y chalotas, salpicado de perejil.

—No te preocupes, Ana. Ya puedo llevarlo yo…

—No me molesta ayudarte, Gail.

Ella sonrió y aceptó el gesto. Taylor también ayudó a repartir los platos, saludando cortésmente a los presentes. Christian acomodó las copas para servir un vino rosé.

Luego de que estuvo todo sobre la mesa, Gail y Taylor nos desearon buen provecho y se fueron a la cocina, imaginé que prepararían el plato principal. Traté de parecer tranquila mientras él servía las cosas, pero estaba segura de que en cualquier momento la conversación se centraría en mí, algo que no quería. ¿Qué le habría dicho Christian a su familia sobre nosotros? ¿Les habría armado un hermoso cuento de amor? ¿Qué le había dicho sobre la adopción de Teddy?

—Ana, ¿es cierto que Christian casi te atropella? —preguntó Mía curiosa. ¡Oh dios, comenzaba el interrogatorio!

—Mmm… sí –reí-. Conocí a Christian cuando su auto casi me atropella por error.

—Bueno, técnicamente no la habría arrollado yo, Taylor era el que conducía —comentó Christian bebiendo un poco de vino—. Era la primera vez que tomábamos ese camino y me alegro mucho de haber cambiado la ruta.

Él esbozó una sonrisa genuina y yo agradecí secretamente que hubiera escogido ese camino ese día, de otra forma, yo no habría estado en esa mesa. De hecho, lo más probable era que aún estuviera tratando de sobrevivir a Jack, me estremecí ante el crudo recuerdo.

— ¿Entonces fue algo así como amor a primera vista? —Volvió a preguntar Mía y Elliot soltó una risa—. No seas grosero, Elliot.

—Lo siento, es que es tan difícil imaginarse a Christian en plan romántico.

—Deberías seguir el ejemplo de tu hermano y casarte también. Nosotros queremos tener nietos pronto… -regañó el señor Grey.

—Lo bueno es que ustedes dos nos harán abuelos, ¿verdad? —comentó Grace entre risas.

Me atraganté con el vino ante sus palabras, consiguiendo un vergonzoso ataque de tos. Christian me dio unos golpecitos en la espalda para que me calmara. ¿Cómo que iban a ser abuelos pronto? ¡Oh, Dios! ¿Pensaban que estaba embarazada? Claro, era una excelente explicación para un matrimonio improvisado. Esperaba que Christian lo hubiera desmentido.

— ¿Perdón? —pregunté casi en un susurro.

—Christian nos comentó sobre la adopción de tu hermanito.

— ¡Que emoción, seré tía!

Respiré un poco más tranquila al ver su emoción ante Teddy, pero no me sorprendí. Era muy lógico que una familia que había adoptado a todos sus hijos estuviera dispuesta a integrar a Teddy de la mejor manera.

Teddy sería un Grey dentro de poco, como yo lo era ese día. No quería que se olvidara de nuestro padre, pero sabía que Christian llenaría ese espacio tan necesario en su vida, como yo había llenado el espacio que nuestra madre había dejado vacío.

Luego de un rato, Taylor y Gail llegaron juntos para servirnos el plato principal: Ternera con boniatos asados, zanahoria, calabacín y judías verdes. La cena transcurrió en total normalidad, Christian, Elliot y Carrick hacían uno que otro comentario sobre el béisbol, mientras Mía me contaba sobre su estancia en París. Grace comentaba de uno que otro caso que llegaba a la clínica y Elliot sobre las obras en las cuales estaba trabajando. Christian estaba relajado, disfrutaba de la compañía de su familia, lucía muy diferente al imponente Señor Grey de siempre.

A pesar de que yo era el motivo de la cena, la conversación nunca se centró en mí, aunque podía notar que todos sentían curiosidad por mi pasado y el de mi hermanito. Sospeché que Christian tenía mucho que ver con la ausencia del interrogatorio. Ellos eran muy amables, siempre trataban de incluirme en la conversación y repetían lo hermosa que era; nunca había disfrutado de una comida familiar tan amena, era tan agradable que no pude evitar compararlos con mi antigua familia, Jack.

Cuando sirvieron los postres me sentí orgullosa de la apariencia de mi Cheescake de fresas, y rogué a todos los cielos que su sabor fuera tan bueno como su diseño. A pesar de que no lo expresaron verbalmente, sus expresiones me confirmaron que lo habían disfrutado mucho.

—Gail, querida. La cena ha estado deliciosa… y el postre estupendo -comento Grace.

—Muchas Gracias, señora Grey, pero el postre lo hizo Ana.

Los cinco pares de ojos se clavaron en mí, haciéndome sonrojar al instante. Christian tomó mi mano y besó mis nudillos, mi cuerpo reacciono al instante y vi sus ojos grises brillar; recordé lo que nos esperaba después de la cena y deseé que todos ellos se fueran ya. Los Grey se deshacían en elogios hacia mí, haciéndome sentir extraña, no estaba acostumbrada a tener tanta atención ni a que me felicitaran, pero se sentía reconfortante.

—Por cierto, cariño… hemos pensado en hacer una fiesta para todos nuestros amigos y tus empleados de la empresa… para que presentes a tu esposa.

¡¿Qué?! ¿Estaba hablando enserio? El corazón comenzó a latirme a mil por hora cuando pensé en lo que me esperaba. Si había estado tan nerviosa por conocer a tres personas, iba a morirme ante la expectativa de conocer miles.

—Obviamente yo me encargaré de todo, así que no te preocupes, hermanito.

—Estoy de acuerdo con la fiesta, pero me gustaría esperar hasta que Theodore esté con nosotros.

— ¿Has hablado con tus abogados? ¿Cómo va el papeleo? —preguntó el señor Grey terminando su Cheescake.

—Hablé con ellos esta mañana, me dijeron que en un par de días podremos tenerlo con nosotros.

Mi corazón se aceleró de emoción al escucharlo, ¡solo un par de días y tendría de nuevo a mi niño conmigo! La emoción fue tanta que no me di cuenta de que un par de lágrimas se me habían escapado. Christian limpió todo rastro de tristeza con su pulgar diligentemente sin decir nada, y cuando lo miré me dio un dulce beso en los labios.

—Ya lo tendrás contigo, Ana.

—Es cierto… y todos nosotros los vamos a querer mucho —me dijo Grace con una sonrisa, aumentando mis ganas de lanzarme a llorar de alivio.

Los Grey me observaban con dulzura y compasión, en ese momento supe que Christian les había dicho la verdad sobre mi vida. Sonreí de alivio al no tener que preocuparme por equivocarme en una historia inventada, y porque ellos evidentemente parecían aceptarme sin prejuicios.

—Por cierto… —dijo Mía llamando nuestra atención—. Hoy voy a quedarme aquí y Ana dormirá conmigo.

— ¿Qué?

Preguntamos Christian y yo al mismo tiempo, exaltados. Elliot soltó una carcajada y los señores Grey trataron de reprimir la risa.

Christian se pasó la mano por el cabello y pude ver su alianza brillar. Jamás me cansaría de verla, tal vez porque pensaba que no la usaría y me sorprendía que no se la quitara jamás. Me gustaba que todos supieran que tenía dueña y que esa dueña era yo.

—No me mires así, Grey —le dijo Mía sin ningún reparo, a pesar de que la mirada de Christian podía helar a cualquiera—. Sé que están recién casados y todo eso, pero quiero compartir un poco más con Ana.

— ¿No puedes hacerlo otro día? —preguntó Christian irritado—. Tú misma lo has dicho, estamos recién casados. Quiero estar a solas con mi esposa.

—La tendrás más días, yo en cambio no sé cada cuanto la veré… necesitamos forjar lazos de hermanas.

—Puedes forjarlos otro día.

—Mía, creo que Christian tiene razón.

— ¡Ah no, mamá! Es solo por una noche, ¡no seas así, Christian! Te advierto que no cambiaré de opinión, si quieres que me vaya tendrá que sacarme Taylor a patadas.

Christian se bebió el resto de su copa de vino, obviamente resignado ante la dolorosa petición de su hermana. Mía chilló y aplaudió de alegría al haberse salido con la suya, yo no sabía si reír o molestarme porque acababan de arruinar mi primera noche.

Los Grey se despidieron después de dos copas más y una amena conversación. Grace se despidió de mí con un fuerte abrazo y besándome en ambas mejillas, el señor Grey con un apretón de manos y Elliot con un rápido abrazo. Taylor bajó con ellos para acompañarlos.

Solo después de que se fueron pude respirar un poco más tranquila. Todo había salido bien, eran una familia estupenda y me había dado mucho gusto conocerlos y sentirme parte de ellos. Christian me besó en la cabeza y Mía aplaudió de nuevo, dando pequeños saltitos.

— ¡Me encanta verte feliz, Christian!

—Hubiera sido más feliz si nos dejaras a solas.

— ¡Qué malo eres! Es solo por hoy… —replicó Mía ofendida.

Taylor volvió con la pequeña maleta que Mía había empacado, ella le agradeció y la llevó hasta mi habitación, por orden de Christian. Por un momento quedamos solos y él suspiró frustrado.

—Bueno, parece que tendremos que posponer nuestros planes.

—Tu hermana es adorable.

—Es un dolor de cabeza cuando quiere serlo… —dijo tratando de parecer irritado, aunque no lo lograba. Estaba segura de que la adoraba tanto como yo a Teddy—. Sé que se está vengando por no haberle dicho nada sobre la boda.

— ¿Lo crees?

—Mi pequeña hermanita puede ser bastante rencorosa.

—Despídete de tu esposa, Christian —ordenó Mía llegando hasta nosotros. Christian rodó los ojos.

—Muy bien, no se desvelen. Hay helado en la nevera por si gustan, y Mía… espero que formes los lazos que quieres. —Un toque de sarcasmo adornó su última frase.

Ella le dio una gran y brillante sonrisa como respuesta, provocando que Christian le diera un tierno beso en la frente; luego se acercó a mí para darme un casto beso en los labios. Mía tomó mi mano y me llevó hasta la habitación que ocuparíamos, interrumpiendo nuestro abrazo.

Nos cambiamos rápidamente y la pelinegra fue por el helado inmediatamente, cuando regresó traía una serie de galletas y golosinas. Me sentía un poco rara a su lado, no sabía si era correcto reforzar los lazos con Mía sabiendo que mi estancia ahí era limitada. Luego me di cuenta de que aunque yo podía irme cuando fuera necesario, Teddy seguiría siendo hijo de Christian Grey, y eso no me parecía tan malo. Ellos serian la familia adoptiva de mi hermanito y si podía llevar una buena relación con ellos no habría problemas para Teddy, él merecía una familia como esa.

Era extraño para mí sentirme entusiasmada. A pesar de que estaba decepcionada por no pasar la noche con Christian, tener mi primera pijamada me parecía encantador. De hecho, había miles de cosas que no había experimentado en la adolescencia y esa era una, quedarte a dormir y conversar con amigas de cosas triviales.

Mía se sentó en la cama y yo la imité, destapó el helado de vainilla tendiéndome una cuchara y tomó un bocado antes de mirarme y brindarme una sonrisa. Le correspondí tomando un poco de helado, el dulce y frío sabor invadió mi boca y sentí un escalofrió cuando bajó por mi garganta. Mía soltó una pequeña risita.

—Está bastante frio, amo el helado —comentó despreocupada. No podía creer que teníamos la misma edad, yo parecía tan vieja a su lado.

—Tiene muchas calorías.

—No estoy obsesionada con mi peso, además hago ejercicios —habló tomando otra cucharada—. Lamento haberles arruinado la noche.

Me sonrojé al recordar los planes que teníamos y me pregunté si era mejor de esa forma. Quizás era bueno limitarme hacia algunas cosas para que doliera menos cuando me tuviera que ir. ¿Era correcto que me acostara con él sabiendo que era una mentira? Probablemente no.

—No te preocupes, no teníamos ningún plan en particular… —mentí.

Mía soltó una carcajada. — ¡Qué mala mentirosa, Ana! Bastó con ver la cara de mi hermano cuando le dije que me quedaría; hasta mis padres y Elliot se dieron cuenta… —Mi sonrojo creció ante su afirmación—. Aunque no lo creas, no lo hago por vengarme de Christian. —La miré un momento—. Bueno, algo hay de eso, pero no es lo único.

— ¿De verdad quieres formar lazos conmigo?

—Sí, ¿sabes? Amo a mis hermanos, pero no fue fácil crecer con ellos solamente, siempre quise una hermana… y ahora que eres la esposa de mi hermano es como si se hubiera vuelto realidad.

Me sentí alagada al saber que me considerara como a una hermana. Yo nunca había tenido más que a mi hermanito, pero Mía había sido muy afortunada al ser adoptada por una familia como los Grey. Me pregunte si Ted y yo hubiéramos corrido con la misma suerte si no hubiera aparecido Jack.

—Tuviste mucha suerte de ser adoptada por los Grey.

—Lo sé, son maravillosos, los tres tuvimos mucha suerte. Nunca he tenido curiosidad por mi verdadera familia, me adoptaron cuando solo tenía seis meses… Christian y Elliot ya estaban con ellos.

Quise preguntar por Christian. ¿A qué edad lo habían adoptado? ¿Qué había pasado con su familia? ¿Lo habían abandonado? Preferí no preguntar nada, ella probablemente pensaba que ya sabía todo acerca de Christian, después de todo era su esposa.

La noche fue bastante divertida, Mía me contó sobre sus viajes, haciendo bromas sobre sus hermanos. Me pidió que le hablara de Teddy y accedí gustosa. Sabía que tenía curiosidad por mi pasado, pero se mostró respetuosa en cuanto a ese tema. El resto de la noche transcurrió entre risas y chocolates.

Fui una adolescente por primera vez.

XX

—Ya es tarde, señoritas. Levántense…

La voz de Christian nos sobresaltó, despertándonos en seguida. Mía se removió a mi lado y se tapó con la sabana para no sentir la Luz del Sol. Christian se acercó a la cama y la destapó sin piedad, ganándose un quejido por parte de ella.

—Vamos, Mía… es hora de desayunar.

—No tengo hambre, déjame dormir.

—Por supuesto que no, te quedaste en mi casa y obedecerás mis reglas. Levántate que tienes que desayunar.

Mía se dio por vencida y se encamino al baño con su maleta, Christian se acercó a mí y me dio un beso de buenos días, no uno casto y suave, si no uno largo y pasional, como el de nuestro encuentro en el pasillo, esos que me dejaban con ganas de más. Era su forma de recordarme que aún no había olvidado nuestros planes, que aún estaban en pie, haciéndome apartar cualquier duda de mi mente. Lo deseaba, y en ese momento no quería pensar en las consecuencias.

Mía entró al cuarto ya lista y me apresuro a cambiarme. Una vez listas nos sentamos en la barra para comer el delicioso desayuno que había preparado Gail.

—Ana, hoy nos iremos de compra todo el día —planificó Mía entusiasmada.

— ¿Compras? ¿Para qué? Tengo mucha ropa ya.

— ¡Que linda es Ana! —Exclamó con una sonrisa a su hermano—. Nunca se tiene mucha ropa, cuñadita. Además, como Teddy llegará en dos días la fiesta se hará pronto. Voy a elegirte el vestido perfecto y también le buscaremos el traje a Teddy.

Al mirar a Christian supe que no había otra salida; antes de irse me dejó una tarjeta de crédito ilimitada, traté de devolvérsela y rechazarla, pero insistió en que debía tomarla. Al final me quedé con ella, aunque tenía la duda sobre si usarla o no. Me pidió que me comprara un teléfono, así podríamos evitarnos disgustos como el de la vez anterior.

También nos dejó uno de sus autos. Mía estaba feliz, al parecer muy pocas veces su hermano le prestaba uno. Visitamos las boutiques más prestigiosas y caras de Seattle. Me medí miles de vestidos pero a todos Mía les encontraba un defecto. Al rato me di cuenta que ir de compras era algo que no disfrutaría ni aunque hubiese tenido dinero toda mi vida; quizás me equivocaba, pero en ese momento podría afirmar que no era mi actividad favorita.

Compramos otra BlackBerry y Mía se encargó de todo el papeleo. Ese fue el único momento en que pude descansar, después de eso seguí midiéndome vestidos. Casi pego un grito de alegría cuando Mía dijo que había encontrado el vestido perfecto: era plateado, de strapless, largo y se amoldaba a mi cuerpo perfectamente, realzando mis delicadas curvas.

Solo bastó que saliera del probador para que Mía le diera el visto bueno, me alegré de que a ella le gustara, porque a mí me había encantado. Después de pagar nos dedicamos a buscar el traje de Teddy, no pude evitar pensar en su carita arrugada cuando viera lo que debía usar.

Aún no podía creer cuánto habían cambiado las cosas para mí, hacía unas semanas tenía la certeza de que nunca escaparía de Jack, luego estaba en ese lugar, de compras con mi cuñada para una gran fiesta en la que sería presentada a miles de personas que no conocía. Seguirle el paso a Mía era difícil, se detenía en cada tienda por la mínima cosa, y yo sin poder creer aún que estaba de compras por Seattle.

De repente, un escalofrió recorrió mi espalda mientras estábamos viendo las vitrinas. El corazón comenzó a palpitar rápidamente en mi pecho y los vellos se me erizaron por completo. Estaba siendo observada, mi cuerpo estaba en alerta máxima, como lo había estado esos malditos cuatro años. Miré alrededor del centro comercial, buscando por todas partes a la única persona que podía ponerme en ese estado. Rostros desconocidos y ocupados en sus asuntos era lo único que percibía.

Cuando logré convencerme de que estaba exagerando y de que solo había sido mi imaginación, me topé de frente con el responsable de mi reacción, sus fríos ojos azules estaban clavados en mí, dispuestos a lanzarse encima de mío y reclamarme como suya.

Era Jack.

CONTINUARÁ