STORIES OF TERROR

Intente fundir cada uno de mis sentidos en lo profundo de las notas musicales. Que tocaba Mozart. Uno de sus grandes éxitos. Pero no, estaba más allá que acá. Donde mis compañeros se la pasaban pregunto sobre mis gloriosos hermanos. Como se suponía que iba a responder, si no yo mismo sabia de que planeta venían. Posiblemente uno sin descubrir. Claro que tanto Alice como Rosalie pasaban más desapercibidas, y no precisamente por ser menos bonitas, simplemente por las imponentes figuras que siempre iban a lado de cada una.

Entonces quedaba Bella, la soltera del grupo. Con la que tal vez tuvieran una pequeña oportunidad. Y eso nunca pasaría, Bella no es como las otras, nunca lo será. Como que ha Rechazado numerosas invitaciones para el baile del fin de curso.

Gusta de estar sola, lo único que me agrada, es que si asistimos al dichoso baile, yo tendría que ser su pareja. Quizás podría lucirme al llevarla de mi brazo, y seriamos la pareja estrella. Un simple chico, con la artista principal de la película.

—Edward apúrate.

—Voy— respondí, tomando mi mochila y el libro de Geometría.

Baje a tropicones, y me encontré a Bella en su mercedes. Traía sus lentes de sol, no era precisamente un día soleado. Pero igual le iban bien, como siempre. Lance mi mochila a los asientos traseros, y me senté a un lado de Bella.

Últimamente me estaba yendo solo con Bella, y olvidamos todo detalle de la semana pasada. No pregunte sobre su rara actitud, y ella no me volvió a cuestionar sobre mi pequeño extravió. Supuse que ella estaba vigilando mis pasos, para no olvidarme de mi famoso castigo.

— ¿Qué?— le pregunte, una vez que Bella paro en un semáforo, y me miro de reojo por varios segundos. Me sonrió coquetamente, y negó con la cabeza.

—Hoy te vez especialmente bien— normalmente no me sonrojaba, pero Bella sacaba lo peor de mi. Por reflejo me mire en el espejo retrovisor, buscando indicios de lo que Bella había dicho. Pero yo me veía igual que otros días.

Zarrapastroso y desalineado.

—Supongo que gracias— me encogí en mi asiento, haciendo que en un mal movimiento tirara mi libro, dejando caer todas las hojas que traía dentro. Me patee mentalmente, no podía delatarme mas, porque era imposible. Bella comenzó a reírse bajito. Eso me molesto. — ¿Qué es tan gracioso?— espete.

Bella rió un poco más fuerte. —Tu. Eres muy tierno cuando estas nervioso— dijo ella, con una pequeña sonrisa. Su sonrisa natural, encantadora y adorable. Pero eso no justificaba el que cada vez que ella me galanteaba, perdiera los estribos.

Hay va la mía, — Tu eres adorable, cuando sonríes así— y ella sin perder concentración, simplemente sonrió tímidamente.

Bella era criatura adorable, sin proponérselo. Hermosa feliz, hermosa enojada, hermosa seria, hermosa tímida.

Cuando llegábamos al instituto como normalmente pasaba, todas las cabezas volteaban a vernos. Bella aun llevaba sus lentes de sol, y nadie la juzgaba por ello, tal vez si lo hacían, era mera envidia. Pero tratándose de hombres, todos la llenarían de flores.

El resto de mis hermanos llegaron un poco después, en el Jeep de Emmett. El antes nombrado, bajo de un brinco, seguido de Rosalie, y mis otros dos hermanos. Se reunieron con nosotros en la entrada. Y como siempre caminábamos en silencio uno atrás de otro, hasta repartirnos en nuestras distintas aulas.

—Nos vemos en el almuerzo— dijo Bella simplemente, antes de irse a su primer clase. Este era uno de los días, cuando no estaba en ninguna clase con mis hermanos.

Me senté entre los últimos lugares, y puse sobre la mesa mi libro de Geometría.

—Planeamos ir a la Push, mañana— comento Jessica en modo de invitación. Recordé el incidente. Era el lugar que me tenían prohibido.

— ¿Qué es la Push?— pregunte impaciente, había estado cerca pero no lo suficiente como para saber que de bueno tenia ese lugar.

—Una playa, iremos a surfear— contesto Mike.

—No creo por ir— dije recordando mi supuesto castigo.

—Oh vamos, piénsalo. Será divertido— dijo el para finalizar la conversación, súper que no presionarían mas en cuanto cambiaron de tema.

Entonces si lo pensaría, después de todo tal vez volvería a ver a Leah, esa chica era simpática. Y me habían quedado ganas de volver a verla. Además si mi familia me ocultaba cosas, yo no tenía porque seguir las reglas. No soy un niño para que manden sobre mí.

Esa noche Intente comportarme lo mas normal posible, sin tener remordimientos de conciencia. No haría nada que cualquier adolescente adulto no hiciera, solo iría a nadar, surfear.

Me desperté con brillo chispeante, que amenazaba entrar por el rabillo de mis ojos. Los abrí de golpe, para ver entrar los rayos del sol, por mis ventanales.

Poca cosa para emocionarse, pero vaya es como si por primera vez viera como es el famoso sol.

Baje para ver en penumbras la casa, y no veía por ningún lado a mis hermanos. Entonces recordé la salida grupal que había comentando en los últimos días para este fin de semana. Claro que yo no ira, no estando castigado. Me comenzaba a preguntar si el castigo les había servido como pretexto para que yo no fuera.

Encontré una notita pegada al refrigerador, hecha por Esme. Con su impecable letra, dejo algunas indicaciones, como donde esta la comida, y advertencias de no salgas, cuídate, y no fiestas.

Ir a la Push, seria más fácil que haberlo hecho con toda mi familia en casa. De ningún modo se enterarían. Hoy esta mas seguro que el día y la noche de ayer.

Tome lo que Esme preparo para mi, antes de salir.

Acordamos de vernos en la tienda de los padres de Mike. Fue ahí donde reconocí la suburban de Mike, y otro par de autos, con todos mis compañeros y a mi amiga Ángela. Cuando estacione mi auto en el aparcamiento, la primera en saludarme a lo lejos fue Angela.

—Hey Edward, pensé que no vendrías— comento mientras me abrazaba amistosamente, era de las pocas personas que le permitía tanto acercamiento. Lo nuestro no iba mas allá de una bonita amistad, eso era agradable.

Lauren y otro par de chicas que no reconocí, sonrieron en mi dirección, lo que supuse fue un intento de coqueteo, y las ignore regresando la atención a mi amiga.

—Solo esperamos a Erick, y nos iremos— me informo Ángela.

Una vez que Erick llego, nos pusimos de acuerdo para ir en el auto de quien, rápidamente tome como opción ir con Angela. Las demás chicas la miraron con desden, pero eso a ella pareció no importarle.

Entonces al ir con Ángela, también nos toco compartir con Erick y Ben. Aquellos eran más agradables que Mike, o Tayler.

Por suerte no íbamos tan amontonados, como los demás que optaron por ir en la minifurgoneta de alguno de los otros que iban.

Forks y la Push no estaban tan cercanos, así que fueron varios kilómetros de aire fresco, y color verde por todos lados.

Agradecí que el sol siguiera en su fuerte, por lo menos así nunca mas lo olvidaría. Nunca antes había estado en una playa, así que en todo el camino me me la pase sonriendo por todo. Conocería el mar, la arreen parecía un niño chiquito, pero que mas daba no era mi culpa que a mi familia les gustara andar por las sombras.

Conforme mas nos acercábamos, sentía el aire más fresco, y un olor salado. La playa era en forma de media luna, de algunos kilómetros. El agua era clara, y oleaba por el fuerte aire. Estaba bañada por los fuertes rayos del sol.

Se antojaba un chapuzón.

— ¿Nunca habías estado en la playa?— me pregunto Angela, una vez que bajamos de la suburban.

—En realidad no— respondí sinceramente, —mi familia no es amante del sol.

Angela se encogió hombros. Y le oí murmurar algo de se nota.

Nos acercamos a los demás, que estaban intentando armar una fogata, Mike frotaba unas ramas para el fuego y el resto estaban al rededor sentados en unos banquitos.

Jessica intento sentarse a mi lado, por suerte Mike le gano, así quedando el en medio de ambos, y a mi otro lado Angela. Quien platicaba animadamente con Ben, mientras yo observaba las azuladas olas.

Eran fascinantes a simple vista, incluso la sensación de la arena en mis pies.

Algunos decidieron dar una vuelta por playa, e ir por arrecifes, yo hubiera ido, pero entonces Angela se quedaría sola, ya que fue la única en negarse, así que decidí quedarme a hacerle compañía. Y por mera coincidencia después de que dije que me quedaría, algunas chicas como Jessica, Lauren,Lee y otra que no recordaba su nombre, dijeron que también se quedarían, con la excusa de no traer zapatos adecuados para una caminata. A mi no me pareció ya que traían tennis, nada que no pudieran soportar.

— ¿Edward?— oí que alguien gritaba, me gire para ver sobre mi hombro, a una morena venir corriendo hacia mi. Seguida de otro par de chicos, inclusos mas altos que yo.

La reconocí como Leah, aquello me alegro de sobre manera.

—Leah, ¿Qué haces aquí?— me levante para saludarla, Angela solo sonreía, mientras la otras chicas nos dedicaban miradas asesinas.

—Vivo aquí ¿Recuerdas?, invades mi reserva— bromeo.

—Cierto— acorde. Luego se dio vuelta para ver a los chicos que venia con ellos.

—Oh te presento a Sam— señalo al que me pareció mas mayor de los tres, me pareció ver un brillo extraño con deje de tristeza cuando lo señalo, —Jacob, Quil y Embry— señalo al resto de los chicos. Todos me sonrieron cortésmente, a excepción del que recuerdo como Sam. — Son parte de mi banda— siguió bromeando, y yo reí con ella.

—Eres nuevo por aquí ¿Verdad?— inquirió Sam.

—Si, acabamos de llegar— y le hubiera dicho quien era mi familia de no escuchar el relajo que traían los que se habían ido a caminar.

Leah se y sus amigos se unieron la fogata, y estuvimos entre risas, casi había olvidado que había desobedecido las reglas.

Hasta que Mike hizo un pésimo comentario, para mi sucia conciencia.

—Cullen. ¿Por qué tus hermanos no han venido?— pregunto.

— ¿Cullen? ¿Eres hijo del Dr Cullen?— inquirió Sam interrumpiendo lo que iba a contestar.

—Si ¿Por qué?— pregunte con el mismo tono mordaz. Leah me jalo, antes de que Sam continuara con lo que estaba diciendo.

Me propuso dar una caminata por la playa, y así lo hice, después de todo Angela ya no estaba sola, y había más chicos.

Leah tomo mi mano, y yo no la quite, estaba dispuesto a coquetear con ella, de manera que soltara la lengua. Algo me decía que ella sabía más de mi familia que yo, así que empecé con una pequeña conversación.

—Así que, ¿16 años?— pregunte. Ella negó sonriendo, y sobo un poco su mano con la mía.

—17, casi 18— respondió.

—Ah— busque como empezar las preguntas, — ¿Por qué les sorprende tanto que sea hijo del Dr Cullen?— pregunte.

—Sam tiene sus ideas, por así decirlo.

— ¿Cuáles?

Leah dudo antes de contestar, y se volteo para ver a lo lejos, si seguían en la fogata.

—Se supone que es un secreto.

Yo le sonreí, y creí ver un leve sonrojo en las mejillas de Leah.

—Cuéntame te prometo no decir absolutamente nada— Prometí.

Leah suspiro, —Bien, Se supone que tiene que ver con los fríos, y algo relacionando con lobos.

— ¿Fríos y lobos?

Me comencé a confundir más.

—Las leyendas quileutes afirman que descendemos de los lobos, es ahí donde nos relacionamos con los fríos, protegiendo la tierra de ellos. Pero la ley de la tribu prohíbe matarlos. Es donde vienen las historias de los fríos.

—¿Qué son los fríos?— pregunte, me estaba acercando a una buena verdad.

—Los fríos son los enemigos naturales de los lobos, en realidad de los hombres que se convierten en lobos, como quieras llamarlos, licántropos o metamorfos. Se supone que el tatarabuelo de Jacob tuvo un encuentro con ellos, el fue quien impuso el tratado para no dañarnos mutuamente.

— ¿Y que tiene que ver ahí mi familia?— inquirí.

Leah se sentó en una roca, y me invito a hacer lo mismo.

—Bueno, como ya te dije los fríos son enemigos naturales nuestros, pero en aquella época del tatarabuelo de Jacob, llego un grupo que era diferente a los otros, no suponían un peligro para la tribu. Por lo que se llego aun acuerdo con ellos, no los delataríamos, si se mantenían lejos de nuestras tierras— explico.

—¿Estas diciendo que mi familia son..?.

—Estoy diciendo que si, son ellos de quien te estoy hablando— me aclaro, y yo sentí como la sangre se me fue a los pies. Pero aun no me quedaba muy claro lo que eran., sabia que mi familia era diferente a los demás, pero no sabia que tanto.

Tal vez pensó que tenía miedo, por mi expresión, así que continúo después de dedicarme una calida sonrisa.

—Y ahora regresan con un nuevo miembro, es decir tu.

Ignore eso, como era posible, si me acaba de decir que aquello tiene demasiado tiempo, y mi familia era joven a simple vista. Tal vez también hablaba de los antepasados de mi familia.

—Aun no me queda claro, ¿Los fríos se supone que son..?.

—Bebedores de sangre—aclaro, debió verme confundido, porque entonces me hablo en el idioma que yo podía entender, —o como tu gente les llama… vampiros—dijo encogiéndose de hombros.

Unos chicos pasaron gritando y yo brinque.

— ¿Te has asustado?— pregunto burlonamente y me sobo el brazo, —Da igual, yo no creo en eso. Se escucha como de ficción.

—Me llevare el secreto a la tumba— jure, antes de que mi celular sonara. Le sonreí antes de retirarme para contestar mi celular.

Oh Edward gracias a Dios— reconocí esa voz, y la piel se me puso de gallina, no precisamente por la historia que me acababan de contar, si no por los malditos remordimientos de conciencia.

— ¿Bella?

Te veo a la salida de la Push— termino colgando, no estaba enojada, mas bien creí escucharla muy temerosa.

Y lo primero que hice fue pedirle a Ángela volver.