Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de nccm, yo solo la comparto con todas ustedes.


Nunca Te Amaré

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Capítulo 12. Cosas, cosas.

Manipulador e intrigante era poco para lo que estaba haciendo mi padre, estaba logrando a través del control que tenía Charlie sobre Isabella para conseguir lo que deseaba de mí, empezando por las dichosas cenas familiares, como era posible que fuese tan… mejor ni lo pienso igual es mi padre aunque a veces no lo parezca. Tenía tantas cosas en la cabeza que por más que tratase de prestar atención mi mente viaja fuera de aquí buscando una escapatoria a todo esto pero no era tan fácil ahora también estaba mis ganas de demostrarle que yo no era un bueno para nada ni un sinvergüenza, muy fácil sería dejarlo todo pero ahora era personal y le haría comerse cada una de sus palabras y humillaciones, por dios yo soy su hijo no un cualquiera.

El resto de la mañana la pasé viendo maquina tras maquina para la impresión del periódico, algunas las conocía y otras eran más viejas o mejor dicho tradicionales. Visité toda el área de impresión y almacenes, hoy conocería todo en general y luego iba a participar en cada proceso por separado para conocerlo a fondo. El Sr. Newton era un tipo bastante educado o al menos trababa de serlo conmigo supongo que por mi condición. Los trabajadores se quedaban en dos piezas cuando escuchaban mi nombre y los que venían de la sede de mi padre asombrados por verme en esas labores.

Llegó la hora del almuerzo por lo que me dieron carta libre para regresar en hora y media así que lo primero que hice fue subir a la oficina de Isabella, llevaba puestas las botas de seguridad para entrar en el área de operaciones y rotativas. Toque la puerta para no molestarla en caso que estuviese con alguien u ocupada pero escuché como me daba acceso.

— Hola — Dije asomando mi solo mi cabeza ella estaba hablado por teléfono dando algunas indicaciones a alguien, me señaló que me sentara pero cerré la puerta con seguro para evitar nuevas interrupciones y me fui directo hasta su silla dándole pequeños besos en el cuello, se estremecía con cada uno de ellos.

— Sí requiero todos los informes para hoy al final de la tarde de manera que pueda el día de mañana dejar todo listo para presentarlo el jueves — Hizo una pausa para escuchar la respuesta mientras tapando la bocina se volteaba para besarme en los labios, me apoderé de su boca y luchaba para soltarse — Si aquí estoy… estaba pensando, bueno sé que es poco tiempo pero la solicitud se hizo hoy además es un resumen del software — Volvió a escuchar la respuesta y yo volví a besarla pero un poco más corto – Bueno gracias, entonces te espero más tarde por mi oficina. – Colgó el teléfono y se volteó a mi encuentro en un beso profundo.

— ¿Cómo pasaste el día? — Le pregunté cuando nos separamos.

— Bueno que te digo, primero Rosalie está lo que se puede decir, insoportable. Por primera vez tuve que obligarla a hacer lo que le indiqué y por el otro la presentación que debo hacer es enorme estaba hablando con el encargado de pagos para tener toda la información — Me gustaban todas sus facetas y esta la hacía verse uff sensual.

— Bueno que te parece si vamos a comer algo y te cuento como me fue a mí —Dije mostrándole mis botas de seguridad mientras una risa salió de su boca.

— Será que te llevas esas botas de vez en cuando a casa junto con el casco —Dijo mordiéndose el labio.

— ¿Qué estas tramando? Esa sonrisa tuya yo sé lo que busca — Se puso un poco roja pero luego sonrió un poco más.

— Mejor nos vamos o no respondo — Tomó su bolso y me extrañó.

— ¿No comes aquí? — Pregunté extrañado.

— No, estás loco cuando esto se vuelve una locura me voy a donde Harry y créeme que hoy no es la excepción ¿O prefieres quedarte aquí? — Preguntó un poco desilusionada.

— No vamos pero primero déjame cambiarme las botas, nos vemos en la salida— Asintió y fui al estante que me habían asignado para cambiarme.

Cuando llegué a la salida la encontré hablando con Emmet y me coloqué que manera que no me vieran para escuchar, no sé porque pero algo me impulso a eso, era una aptitud algo sospechosa.

— Yo te dije que te llamaba después porque estaba con Rose, no porque estuviese con Edward y él no me prohibe hablarte así que deja de poner fantasmas donde no existen.

— Bella desde que nos vimos en el aeropuerto he intentado hablar contigo pero no contestas o sale apagado y para cancelar la cena me llamó él ¿Qué diablos quieres que piense? ¿No quieres verme? Si es eso dilo de una vez y no te molesto — ¿Quién se creía este tipo para hablarle así?, estaba por acercarme pero quería saber que le diría Isabella.

— No te pongas con esas Emmet, he estado ocupada y no pude — Hizo una pausa— ¿Por qué te pones así?

— Porque quiero hablar contigo, desde que llegué es lo único que quiero pero tu maravilloso esposo no me deja — Seguro que se estaba buscando una buena, me estaba cansando pero no podía salir y decir si lo escuché todo ahora solo quiero matarte o ¿sí?

— Bueno termina de hablar — ¡Eso es amor! ponlo en su lugar.

— No puedo hablar en dos minutos son muchas cosas por decirte y aclararte ¿Te invito a almorzar? — Si claro y te deje irte con ella.

— No puedo,ya quedé con Edward y ya está por bajar así que mejor te vas, que no quiero que empieces con tus cosas hacia él.

— De verdad no puedo creer que estés defendiéndolo ¿No lo odiabas con todas la fuerzas? ¿No era repugnante y todo para ti? — Que duro era escuchar ahora la opinión que ella tenía de mí.

— De verdad mejor hablamos después porque ahora voy a salir con él y no quiero que te vea aquí — ¿Por qué? ¿Acaso tienen algo escondido?

— Vengo por ti esta tarde sí o sí, necesito que me escuches y no me aguanto más — ¿quién se creía para obligarla a algo? Mejor salía antes que acepte para joderle los planes el imbécil.

— No sé Emmet, tengo tra — Interrumpí su conversación antes que pudiera decidirse, sabía que debían hablar pero me comían los celos.

— Hola Emmet — me puse al lado de mi mujer pasando la mano por su cintura.

— Hola Edward — Definitivo. Se habían acabado las cortesías.

— ¿Qué te trae por aquí?

— Disculpa pero no es de tu incumbencia es solo entre tu esposa y yo, espero no te moleste.

— Por supuesto que no es cosa de amigos tranquilo — Dije enfatizando la palabra amigo pero la mano me ardía por destrozarle la cara. Isabella le hizo señas de su comportamiento y luego decidió hablar.

— Emmet, lamento que hayas perdido el viaje pero luego te llamo y hablamos — Se acercó a él dándole un beso y diciéndole te quiero mucho. Aquellas palabras me hicieron enfurecer pero no podía demostrarlo delante de él, tenía que comerme la rabia. Es que le decía a cualquiera así o había alguna diferencia entre como nos quería a los dos.

— Ya sabes te voy a llamar por favor atiéndeme — Lo que me falta si quieren me voy, no me gustaban esas confianzas entre ellos y mucho menos conociendo los sentimientos de Emmet.

— Bueno llama más tarde y veremos — Me tomó de la mano para indicarme que siguiéramos y me despedí con un movimiento de mi cara.

Empezamos a caminar hacia la cafetería de Harry tomados de la mano pero sin pronunciar palabra, yo iba tratando de entender su encuentro y la manera tan cómplice que hablaban entre ellos, no podía evitar llenarme de celos pero Isabella me había dejado bien claro que ella solo lo quería como amigo y de verdad ella no dijo nada que me demostrara lo contrario por eso no podía comportarme como cavernícola e exigirle explicaciones menos cuando no debí escuchar nada de lo que hablaban. Me decidí a dejar pasar todo por los momentos mientras seguía evaluando todo pero si Emmet seguía metiéndose me iba a escuchar o me iba a sentir golpear su cara. Al llegar a la cafetería nos sentamos en la misma mesa del día anterior a comer Isabella pidió una ensalada y yo una hamburguesa con patatas fritas. Seguíamos uno al lado del otro hablando de cualquier cosa pero ella seguía nerviosa así que me aventure a preguntar disimulando mi enojo.

— ¿Qué sucede? Estas algo rara — Ella bajo la mirada y respondió muy bajo no pude escuchar bien — Perdón no te escuché.

— Nada es que me pareció un poco grosera la forma en que te respondió Emmet y pensé que estabas molesto — lo sabía no tenía que desconfiar de ella. Tomé su mano entre las mías y la besé.

— Tú no hiciste nada ¿Por qué me iba a molestar contigo? pero si me pareció grosero tu amigo, no le respondí igual por ti — recordé la pelea en Grecia con Popeye y lo disgustada que estuvo por eso, más siendo su amigo se hubiese puesto mal.

— Me sorprendes ¿Sabes? estas tan cambiado a cuando te conocí — Me miró algo confundida y no sabía que más decirle, tenía que ser sincero.

— ¿Quieres la verdad? — Ella asintió — Lo hice por ti, no quería verte enfadada pero me estaba haciendo perder la paciencia.

— Lo siento, está algo extraño, tengo miedo de hablar con él y confirmar mis sospechas — ¿Sospechas? Eso es más claro que el agua, está enamorado de ti pero que ni sueñe o se arrepentirá porque de mí nadie te aleja.

— Tu no tienes nada que sentir — Dije dándole un beso.

— ¿Sabes algo? — Estaba tan sumisa y asustada que me dio ternura.

— Muchas cosas, pero tu no sé que sabes tú — Sonrió.

— Te quiero — Se escuchaba distinto a como se lo había dicho a él, era diferente aquí no era para nada fraternal ni mucho menos pero tampoco aprovecharía la oportunidad.

— ¿Cómo quieres a Emmet? — Si estaba abierto como flor pero que debía hacer necesitaba preguntarle. Una tímida sonrisa se formó en su rostro.

— ¿Estás celoso? — Hasta la muerte, celoso es poco, no te imaginas cuanto te quiero pequeña perfecta.

— ¿La verdad? — Volví a preguntar y ella asintió — Lo estoy un poco, le dijiste que lo querías mucho y a mí solo me quieres — Cada vez parecía más adolescente será que estaba en reversa o algo.

— Eres como un niño pero me encantas y a ti te quiero como hombre a él como amigo — Me dió un beso y alguien sonó su garganta tras de nosotros, era Harry que traía la comida y sonreía al vernos.

Comimos hablando de cómo nos había ido en el día, de verdad que a ella le había ido de patada pro segundo día consecutivo, no sabía que buscaban con ponernos en esa, que mi padre la agarrara conmigo era normal pero por qué la atormentaban a ella. Conversamos si asistir o no a las cenas pero ella me dijo que era lo mejor o nos volverían locos y eran capaces de aparecerse por casa hasta obligarnos. Cuando dijo casa sentí un apretón en el pecho, era nuestra casa, nuestro lugar y me encantaba compartirla con ella. Que idiota fui al principio reclamarle cosas y asegurarle que era una interesada, por el contrario siempre era un problema pagarle las cosas o se quejaba de los precios, era más bien algo ahorrativa. Este almuerzo después de tanto pelear le deje pagarlo para irnos lo más pronto no quería llegar tarde para evitar palabras con mi suegro o mi padre.

El resto de la tarde fue lo mismo de la mañana, creo que era la primera vez que ponía tanto esfuerzo de mi parte pero ahora tenía motivos para todo esto. La hora de salir de la oficina llegó pero cuando fui a buscar a Isabella no la encontré en su oficina y cuando pregunté a la secretaria de su padre tampoco estaba con él. La llamé pero escuché sonar su celular dentro de su oficina, tampoco lo cargaba encima.

Me senté a esperarla pero pasó una hora y nada así que decidí irme a casa para esperarla allá, estaba algo enojado al imaginarme que pudo haber salido con Emmet sin contármelo el quedo en venir por ella. Mi cabeza estaba formando demasiadas teorías mientras conducía a casa, tenía que confiar en ella y esperar que llegase para que me contase todo. Al llegar a casa me duché y cambié de ropa para esperarla pero ya pasaban las ocho y no llegaba. Traté de ubicarla en su teléfono de oficina pero nada, en el móvil nadie contestaba.

Ya me estaba preocupando o mejor dicho volviendo loco de los celos, tomé las llaves del coche para volver a las oficinas y su coche estaba allí aparcado. Me estacioné y subí pero ahora todas las áreas administrativas estaban a oscuras y su celular no sonaba al marcarle. Definitivo no estaba en su oficina pero tampoco llevaba su carro no tenía dudas se había ido con Emmet, al final estaba con él y no tuvo ni la delicadeza de decírmelo.

Me fui a casa bastante enojado hasta estuve tentado a irme a algún bar pero que solución tenía eso mejor la esperaba a ver a que horas se dignaba a aparecer y con que excusa, ¿Al final todas las mujeres eran iguales o podía confiar en ella?

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Un maravilloso almuerzo, un maravilloso esposo, un maravilloso amor, ahora para mí todo era maravilloso. Cada oportunidad que tenía por delante me aseguraba de repetirle a Edward cuanto lo quería y tragarme por miedo cuanto le amaba. Regresamos tomados de la mano y abrazándonos hasta el periódico para volver a la tortura, ¿Cómo se había dejado de agradarme mi trabajo si antes era mi mayo pasión? Muy fácil mi padre. Él siempre fue un hombre dedicado a los negocios un tanto frío pero al final de cada día al llegar a casa cambiaba de papel para ser una persona amorosa o al menos a sí recuerdo mi niñez. Siempre hablaba de su hija con el orgullo en sus ojos y no perdía oportunidad de alabarme, que tan distinto era todo.

Sin darnos cuenta fue convirtiéndose en un hombre de absoluta dedicación al trabajo, primero una o dos noches llegando tarde que fue transformándose en toda la semana y por ultimo toda la mañana de los fines de semana. Mi madre llegó a creer que tenía otra mujer pero se dio cuenta que no era más que la pura ambición que se apoderaba de él.

Me despedí de Edward con un beso antes de seguir a mi oficina para enfrentarme a una tarde de locura, primero empecé a revisar las cuentas de la empresa familiar y luego junto a la chica de finanzas de los Cullen a revisar sus estados de cuenta. No había sido tan difícil como pensaba llevaban todo bastante organizado y no tenían tanta cantidad de cuentas, por el contrario las mayores cantidades estaban en un solo banco con algunos respaldos en otras instituciones. Regresé a mi oficina para consolidar todo cuando el encargado de cuentas por pagar de la empresa me solicitó la ayuda con el sistema de facturación al parecer presentaba fallas. En ese mismo lugar ahora estaba ubicado el equipo de pagos de Cullen y entre varios de nosotros luchamos para obtener toda la información que requeríamos, fue un trabajo arduo pero al final de la tarde lo conseguimos.

— Gracias chicos excelente trabajo, por lo menos ya tengo la información más importante para definir el estado financiero que tenemos actualmente- miré el reloj y fue cuando me percaté que ya pasaban de las seis de la tarde, hacia una hora que acabaron las actividades administrativas — Oh chico cuanto lo siento los he puesto a hacer horas extras.

— No se preocupe Señora Cullen, fue una tarde interesante, nos ha ayudado a integrarnos como equipo— Esta chica era bastante genial y se veía muy sincera.

— Muchas gracias — Traté de mirar su carnet de identificación pero lo llevaba al revés, ella se dio cuenta.

— Ángela, mi nombre es Ángela Weber — Me tendió la mano y sonrió.

— Un placer Ángela, discúlpame por no saber todos los nombres ahora somos muchos más empleados — Ese era otro problema ahora debíamos revisar la estructura, redefinir todo para finalmente hacer el paso más fuerte prescindir de algunos empleados, aquel pensamiento me pegó pero hasta no seguir evaluando todo no sabía que tan grave sería todo.

Un chico se apareció con unos vasos de café y nos pidió celebrar la unión, de verdad que el grupo era muy ameno, nos conocimos un poco más conversando y revisando las funciones que hacía cada uno para ver como podían apoyarse por ahora. Todo esto me daba una ventaja, tener un equipo tan consolidado para presupuesto era algo con lo que no contaba. Aproveche la oportunidad para ir dándole unas indicaciones que consideraba necesarias para mejorar el trabajo y tomando notas de sus comentarios, los chicos que habían integrado eran bastante proactivos y llenos de energías, me recordaban a mí. Finalmente me fui a mi oficina pero ya no quedaba nadie en el área, revise algunos correos para no encontrarme con una sorpresa el día de mañana ya que había pasado prácticamente todo el día fuera de mi lugar. Vi que ya eran las siete de la noche, otra vez me había dejado absorber por el trabajo, tanto que me quejaba pero fielmente había aprendido aquello de mi padre.

Deseaba llegar a casa para darme una buena ducha antes de acostarme y fue en ese momento en que me recordé de Edward, maldición no le avise que me quedaría hasta tarde. Busqué mi móvil y tenía llamadas perdidas de él, de mi madre, de Alice y de Emmet. Como estaba tan olvidadiza con mi teléfono, en una semana mi mejor herramienta había pasado a otro plano. Suspiré antes de ponerme a buscar las llaves de mi coche en el bolso pero no las encontré, revisé las gavetas y nada, muy bien las tenían en recepción y esta hora no había nadie. Pues ni modo tomé lo necesario y salí por un taxi, gracias a dios pasaron varios al poco rato de estar en la calle y tomé uno de ellos.

Iba destruida, había perdido condiciones en tan sólo una semana o quizás me había relajado tanto que ahora pegaba, siendo así pediría a Edward una sesión de relajación al llegar a casa, sonreí tonta al imaginarme lo que deseaba creo que hasta me puse sonrojada, esta cabecilla tuya Isabella está obsesionada no hay duda. Decidí esperar a llegar a casa para hablar con Edward y aproveché para llamar a mi madre sólo para saludarla.

— Mamá ¿Cómo Estas? — Le dije cuando respondió.

— Bella pequeña tengo tres días llamando por fin te acuerdas de mí — No quería seguir culpándola de todo al final ella sólo fue un títere de mi padre, además ella era mi persona, aquella en la que te refugias cuando todo esta mal y te crees que vas a caer, pues mi madre me soportaba en sus brazos.

— Mami perdón de verdad no he podido hacerlo pero admito que me pasé contigo aunque cuando veas lo que te traje de Italia y Grecia seguro me perdonas — Zapatos italianos y artesanías de Grecia serían suficientes pero lo guardaría de sorpresa.

— ¿Qué me trajiste? — Listo todo olvidado.

— Lo siento pero hasta la cena familiar no las veras — Hablar de la cena, mi madre sabría de que se trataba y que intenciones tenía, como no lo había pensado.

— Hija, ya sabes idea de tu padre — Rió un poco – Pero no me cambies el tema dime que me trajiste – Su voz era suplicante.

— Madre, te los llevo a la cena sabes que no me vas a sacar nada.

— Esta bien, te quiero mucho, no vemos.

— Hasta luego, un beso.

El taxista me indicó al poco tiempo que habíamos llegado, pagué la carrera para luego subir a casa. Al pararme frente del departamento llame a la puerta varias veces y nada, esto no podía estar pasándome a mí con lo cansada que estaba y Edward no había llegado a casa y no tenía llaves, en momentos así extrañaba mi cama caliente en casa de mis padres o mi tranquilidad de vivir sola junto a Rosalie, por qué no podía entenderme.

Me dejé arrastrar por la pared hasta quedar sentada en el piso y quite mis zapatos de tacón, mis pies estaban enrojecidos y dolían horrores, tumbé mi cabeza sobre mis rodillas y me abracé a mis piernas hasta quedar en un estado de letargo por no sé que tiempo hasta sentir una presencia frente a mí. Era Edward, estaba sonriendo como aliviado o feliz por verme era algo extraño.

— Hola —Tendió su mano para ayudarme a parar — ¿Qué haces allí?

— Esperándote, llegué hace un rato y no tengo llave — Me miró algo descompuesto como pidiendo perdón.

— Lo siento — Dijo abriendo la puerta dándome paso, pasé directo al cuarto y me lancé de largo a largo sobre la cama aún con todo colgando de mis manos — ¿Cansada?

— Destruida sería más apropiado — Dije después de bostezar lo miré un poco y fue que caí en cuentas que llevaba otra ropa — ¿Te cambiaste? — Obvio estaba celosa, donde se había cambiado y porque no me había esperando o que sé yo.

Suspiró sentándose en su lado de la cama y mi cabeza quedo a la altura de sus rodillas sobre el colchón.

— Te esperé y fui por ti a tu oficina pero no te encontré, te llame al móvil y nada entonces vine a casa pero tampoco estabas así que volví a esperarte pero no llegaste — Habló algo de prisa tratando de no sonar molesto pero algo se sentía detrás de todo.

— Estaba en finanzas y olvidé el teléfono en la oficina, cuando volví miré tus llamadas pero decidí esperar para hablar aquí y fue cuando me di cuenta que no tenía las llaves del carro y no había quien me las entregara por lo que pedí un taxi y aproveché para llamar a mi madre en el camino — Ahora yo daba explicaciones pero el tampoco estaba cuando llegué — Te esperé fuera porque no tengo llaves de la puerta pero nada que llegabas así que del cansancio ni pensé solo me tumbe a esperarte – si él podía reclamar sutilmente yo también.

Yo lo miraba al revés desde mi posición se veía algo divertido

— Fui a buscarte porque me preocupe no aparecías por ningún lado — Cuando me dijo que se preocupó mi corazón bombeo más fuerte. Me coloqué boca abajo y apoyé mí cara entre mis manos viéndolo fijamente.

— Gracias por preocuparte — Sonreí revitalizada por sus palabras es realmente cierto que el amor da vida y te pone a mil por horas, aquellas palabras me habían revivido y apagado mi cansancio.

— Ven acá tonta — Me haló por los brazos y me colocó sobre su pecho que estaba recostado al respaldar de la cama, me acarició el cabello por un tiempo y luego me beso en la cabeza, era justo lo que necesitaba aquella sensación de seguridad donde nada malo podía pasar.

— Sí me vas a tratar así prometo llegar cansada todas las tardes — Estaba idiotizada por su trato, me enamoraba aún más, era la mezcla entre fuerza y delicadeza, entre ser rudo y tierno, era la mezcla perfecta para perderme por él.

— Sabes que puedo hacerlo mejor que esto — Sonrió pícaro y mi mente calenturienta volvió presentar imágenes bastante sugestivas.

— Claro que lo sé — Dije pasando la mano por debajo de su camiseta y acariciando sus músculos.

— Te Quiero Isabella, de verdad Te quiero — Volvió a besar mi cabeza pero se detuvo a aspirar el olor de mi cabello, si alguien recuerda al hombre de los cuatro fantástico pues así estaba ahora completamente maleable para él — Esta tarde descubrí muchas cosas.

— ¿Cómo cuales? — Pregunté con el poco aliento que me quedaba.

— Cosas, cosas.

Siguió mimándome y haciendo sentir completamente feliz, unos minutos más tarde cuando las fuerzas volvieron al tope del medidor preparé la cena y nos sentamos a comerla viendo el juego de baloncesto, mi equipo se coronó campeón de la liga y Edward a pesar de ello no se molestó tanto solo bromeó y me dijo que nos veíamos en la liga de béisbol donde por supuesto apoyábamos a equipos rivales. Me encantaba esta relación tan traviesa, llena de diferentes formas de pensar que encajaban perfectamente o al menos ahora todo era color rosado para mí, me sentía algo así como Isabella rosa casada con el hombre rosa y viviendo la vida rosa. ¿Cuánto tiempo duraría esta convivencia entonces? Me llenaba de mis preguntas de crucigramas, aquellas que solo conoce el que lo crea, ¿Cómo preguntarle en que cambiaban sus planes con respecto a nosotros al saber que me quería de verdad? ¿Qué cosas se había dado cuenta que no quería decirme? o ¿Por qué soy tan cobarde para no preguntar?

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Aunque de solo imaginar que estaba con Emmet me hervía la sangre decidí irme a casa siendo lógico, además ella me aseguró que no sentía por él algo más que amistad, ¿Debía creerle? Pensar que él intentase decirle que la amaba o que luchaba por estar con ella me provocaba esa sensación de miedo, miedo de perderla ahora que había aceptado que la quería, que ella se había convertido en alguien especial para mí. Estacioné el choche y subí hasta mi apartamento por las escaleras para disminuir la ansiedad que tenía, sentía una extraña presión en el pecho y una inquietud recorriéndome por dentro. Llegué a mi piso y al salir de las escaleras todo pasó, solo al verla allí esperándome mis peores temores se fueron y una divina tranquilidad me invadió por completo. Me coloqué frente a ella, sentía unas ganas imparables de abrazarla, de tomarla entre mis brazos, hacerla sentir que es mía y que la amo con todas mis fuerzas. Era eso, todo se resumía a eso, de verdad la amaba por más que me había intentado cegar ante los hechos.

— Hola ¿Qué haces allí? — Se veía tan indefensa que la ayude a levantarse.

— Esperándote, llegué hace un rato y no tengo llave – verdad que no tiene llaves sería conveniente o no dársela, claro que si deja de ser posesivo.

— Lo siento — Abrí la puerta dejándola pasar primero y se fue directo al cuarto mientras yo la seguía para verla tenderse sobre la cama con un suspiró — ¿Cansada?

— Destruida sería más apropiado — Así se veía pero me encantaba, me miró pro completo y se tensó — ¿Te cambiaste? — Preguntó con un dejo de molestia en su voz ¿Estaría celosa? Me senté a su lado y empecé a explicarle lo que pasó.

— Te esperé y fui por ti a tu oficina pero no te encontré, te llame al móvil y nada entonces vine a casa pero tampoco estabas así que volví a esperarte pero no llegaste — Intenté de todas las maneras posibles no demostrarle que estaba horriblemente celoso por pensar que estaba con Emmet, teniendo tanta historia juntos pues el me llevaba la ventaja.

— Estaba en finanzas y olvidé el teléfono en la oficina, cuando volví miré tus llamadas pero decidí esperar para hablar aquí y fue cuando me di cuenta que no tenía las llaves del carro y no había quien me las entregara por lo que pedí un taxi y aproveché para llamar a mi madre en el camino. Te espere fuera porque no tengo llaves de la puerta pero nada que llegabas así que del cansancio ni pensé solo me tumbe a esperarte — suspiré tratando de que no me escuchara agradeciendo que menos mal no la buscó pero que tanto tiempo iba a pasar para que volviera a aparecer y tratar de hablar con ella, ¿Cómo debía actuar ahora que lo sabía? Lo único que me quedaba era demostrarle lo que sentía antes del ataque de Emmet, demostrarle que estaba enamorado de ella y dispuesto a cambiar ¿Cómo lo hacía?

— Fuí a buscarte porque me preocupe no aparecías por ningún lado — Se colocó boca abajo y alzó su rostro para verme.

— Gracias por preocuparte — Sonreía por mis palabras.

— Ven acá tonta — Quise tomarla en mis brazos y volver a repetir dentro de ella pero se veía cansada, parecía necesitar otra cosa, quizás sentirse querida. La tomé por los brazos hasta colocarla sobre mi pecho y acariciar su cabello que se sentía suave entre mis manos.

— Sí me vas a tratar así prometo llegar cansada todas las tardes — Me sorprendí a mi mismo al saber que lo estaba haciendo bien, que en realidad le gustaba estar conmigo así, solo abrazados eso me demostraba que sentía algo por mí. No resistí y volví con la picardía.

— Sabes que puedo hacerlo mejor que esto.

— Claro que lo sé — Su mano fue traviesa hasta mis abdominales pero luego solo los acarició con dulzura y descubriéndome ante ella.

— Te Quiero Isabella, de verdad Te quiero — No soporte y besé su cabeza aspirando el divino olor de su cabello y las palabras me brotaron sin pensar

— Esta tarde descubrí muchas cosas.

— ¿Cómo cuales?

— Cosas, cosas — Cosas como que te amo, que te adoro pero tengo miedo de decirlo, tengo miedo que me rechaces y que voy a luchar por ti, que estoy decidido a conquistarte por completo y hacer que te enamores de mí.

Abrazados sin decirnos más, así nos quedamos por unos instantes. Nunca había sentido lo que pasaba junto a ella, la huella de calidez que dejaba en mi piel. No me importaba nada pero mi barriga era otra cosa y empezó a quejarse. Isabella se paró a preparar la cena, una buena pasta y refresco mientras yo veía el juego de baloncesto.

Cuando terminó me llamó para comer pero estaba en el mejor momento del juego que se cansó de esperar y trajo la comida hasta la sala y la disfrutamos viendo el partido. Perdí y lo acepté solo por su sonrisa y nuevamente los bailes de triunfo pero le aseguré que nos encontraríamos de nuevo durante la temporada de béisbol Cuando llegó el momento de acostarnos ya no me aguantaba más tiempo sin tocarla así que cuando entramos a la cama y las luces de cabecera se apagaron la atraje hacía mí. Solo llevaba puesta una de mis franelas y su ropa de interior, fue acariciándola por todo el cuerpo hasta que ella misma me pidió que la tomara, que la hiciera mía.

Quería que fuera especial para ella, que notase mis sentimientos pero esta vez no de posesión sino de entrega total, que tocara mi alma. En cada toqué de mi piel sobre la de ella abrí mis poros para dejar pasar lo que sentía y en cada envestida toque su corazón. Isabella solo repetía mi nombre entre gemidos y se aferraba a mi espalda con locura. No hubo parte de su cuerpo que no besara, hice algo totalmente diferente e inusual para mí, mantuve nuestros cuerpos especialmente nuestros pechos unidos el sudor me hacía la tarea difícil pero deseaba sincronizar mis latidos a los suyos y finalmente al alcanzar juntos el frenesí del placer la besé, la besé como nunca, la rodeé para ponerla sobre mi pecho y poder tomar con mis manos su rostro haciéndola verme y decirle cuanto la quería, aún no estaba preparado para confesarle que la amaba.

El día siguiente fue muy parecido al anterior, nos estabamos acostumbrando a la los cambios pero mientras nos preparábamos corríamos al otro para besarnos o abrazarnos. Salimos en mi coche pero paramos a por unos cafés y unos bocadillos para desayunar ya que nos retrasamos por arrumacos. Ahora no solo hablábamos trivialidades por el contrario llevaba unos días preguntando algunas cosas de ella pero ahora no las disfrazaba entre otras preguntas sino que era franco y ella lo hacía conmigo.

Llegamos al periódico y cuando entré al estacionamiento mis manos se apretaron al volante de la rabia.

— ¿Esto va ha ser todos lo días? — Le dije señalando hasta donde estaba Emmet y ella se sorprendió.

— Edward, no tenía ni idea seguro fue porque no lo llamé ayer como le prometí — Me estaba pareciendo el momento de aclararle algunas cosas a este tipo.

— Me parece algo abusivo esperarte a esta hora ¿Qué es tan importante?

— No lo sé pero creo que me tocará averiguarlo — Apreté más el volante y todos mi músculos de mi antebrazo se tensaron hasta dibujar mis venas, Isabella lo notó

— ¿Te molesta? — ¿Qué si me molesta? No para nada solo me encabrona y enfurece.

— Algo o mejor dicho mucho — Dije volteando mi cara hacia él.

— Por favor, no hagas nada, ¿Puedo salir un momento con él para aclarar esto?— No, eso fue lo primero que pensé pero no era conveniente decirlo.

— Sólo si prometes acabar con esto de una vez.

— Edward — Hizo una pausa algo asustada – Emmet es mi amigo, no pienso alejarlo de mi vida — Mantenía la cara gacha a pesar que hablaba con seguridad.

¡Sácalo de tu vida! Eran las únicas palabras que quería decir pero volví a respirar.

— Puedo entenderlo pero podrías terminar esta persecución me está incomodando — Dije con la voz de cordero pero con el lobo por dentro.

— Vamos y sabré que desea — Nos tomamos de la mano y caminamos hacia él, las miradas entre Emmet y yo chocaron durante todo el camino.

Cuando llegamos a él me despedía de Isabella con un beso profundo y le dije al oído que por favor me llamara al regresar y seguí a mi trabajo. La mañana fue terrible, me pasé todo el tiempo pensando en Isabella y mirando el teléfono.

Tenía que confiar en ella estaba siendo muy clara y hasta me pidió permiso para aclarar todo no podía tratarla como a cualquiera. Avisaron que era la hora del almuerzo no me quedó de otra que irme al cafetín y me senté a comer solo en una mesa, una figura se sentó frente a mí y cuando volteé la mirada me sorprendí, pensé en levantarme pero era tarde no podía comportarme así delante de todos aunque sabía que podía traerme problemas.

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Edward caminaba tenso a mi lado mientras nos acercábamos a Emmet sin dejar de mantener su mirada fija y algo agresiva sobre mi amigo. Conocía el carácter volátil de mi esposo no solo por comentarios sino por nuestros encontronazos y la pelea en Grecia. Sentía mi corazón acelerado temiendo que estos se comportaran como trogloditas armando un espectáculo justo frente al trabajo, sobre todo por lo que acarrearía para él esto ante mi padre y al suyo. Contraría a cualquier respuesta esperada Edward solo me beso lleno de todo haciendo volar pajaritos alrededor de mi cabeza y dejándome sin aire al susurrarme al oído.

— Llámame al regresar — Se fue sin ni siquiera cruzar palabra con Emmet mientras yo seguí su figura hasta que se perdió entre las puertas del edificio.

— Bella, estas allí — la cara de Emmet estaba al frente de la mía esperando respuesta.

— Claro, donde más — Volví a mirar pero no quedaba rastro de él en el ambiente a pesar que mi cuerpo estaba marcado de él.

— Bella, ¿Quién eres? — Me miraba extrañado

— Ya déjate de tonterías Emmet y dime de una vez a que se debe tu marcación hombre a hombre.

— Te molesto o ya no eres mi amiga — Respiré ante su frase porque se escuchaba dolido.

— Ninguna de las dos pero me extraña tu comportamiento estas no sé ¿Desesperado?

— Algo así, pero mejor larguémonos de aquí —Me dijo tomándome por el brazo y me solté a la fuerza.

— No me agarres así — Le dije molesta.

— Te agarro porque me vas a escuchar quieras o no. Bella llevo casi una semana detrás de ti y tú me ignoras ¿Qué te pasa?

— Nada Emmet, no entiendes que ahora estoy casada y no tengo todo mi tiempo libre.

— Por favor, no me vengas con esas tu detestas a ese tipo y ya sé cuales fueron las razones para que te casaras, he averiguado — Lo miré llena de furia.

— No tienes derecho a meterte y vigilar mi vida ¿Por qué lo hiciste?

— Porque tu no me hablas no me cuentas lo que pasó, maldita sea Bella ¿Qué significa todo esto? Acaso tú — No terminó la frase y yo baje mi cara por miedo a enfrentarlo — vamos a otro lado.

No me resistí y me monté a su coche sin decir nada. Trancó mi puerta y rodeó el vehiculo para montarse y encender el motor manteniéndose igual de mudo que yo hasta que se estacionó en nuestro parque, este era el sitio donde siempre podíamos saber que estaba el otro cuando algo andaba mal. Caminamos hacía un área de puro césped para sentarnos allí, no sabía que decirle ni lo que él quería decirme, tenía el cuerpo lleno de burbujas de los nervios y en un minuto nos miramos a los ojos y comenzamos a reír a carcajadas. Con todo lo que me conocía supo todo con solo mirarme y mucho más sabiendo que mi inocencia ya no estaba en ellos.

— Bella de verdad — Hizo una pausa — ¿Lo amas? — Mordí mi labio y suspiré.

Últimamente mis pulmones me hacían suspirar por todo.

— Emmet, yo — me daba pena aceptar delante de alguien más lo que sentía y mucho más cuando existe la posibilidad de herir a tu confidente pero el sonrió y algo dentro de mí entendió que seguía siendo el mismo de siempre, solo mi amigo.

— Mi pequeña te enamoraste del hombre que más odiabas, no lo puedo creer —Me tomó por el cuello y con su puño cerrado lo presiono por mi cabeza — La chica perfecta se enamoro del chico imperfecto — Completó su frase riendo.

— Emmet no te burles por favor que muero de miedo.

— Princesa ¿Miedo a qué?— Me preguntó ahora poniendo mi cabeza sobre sus piernas y jugando con mi cabello.

— De que no me ame, de que solo se aproveche de la situación para tener sexo asegurado en casa — Cuando dije eso de golpe me sonrojé, mi amigo sabía que yo era virgen y jamás habíamos hablado de sexo abiertamente.

— Ya no eres chiquita —Dijo haciendo un tono de sufrimiento y solo pude reírme— Por favor cuéntame todo — Y así empecé a decirle como fueron pasando las cosas desde el momento en que mi padre me había dado la gran noticia hasta como me sentí cuando me besó en la mañana y solo pronunció una palabra al terminar la frase.

— ¡Wow!

— ¿Eso es lo único que piensas decir? Tremendo apoyo — Le reclamé poniéndome sentada frente a él.

— Es que ni yo sé que decir, es que me has dejado fuera de mí — Le había dicho todo a excepción del cuento de la prima cuyo nombre prefiero no recordar —Bella es que me parece que él no solo te quiere — Cuando escuché sus palabras traté de no ilusionarme pero fue inútil ya estaba flotando cuando siguió — ¿No has pensado que quizás el sienta lo mismo que tú? — Ahora si a bajarme de las nubes que ya voy muy alto.

— ¿Tú crees? — Fue lo más que pude decir aunque por el brillo en mis ojos era muy evidente que quien deseaba creerlo era yo.

— Eso solo lo descubrirás tú y él — Me abrazó pero sabía porque lo estaba haciendo y yo de egoísta ni me acordé de preguntarle que había descubierto él aunque me lo sospechaba.

— ¿Tú?— Me detuve a pensar — ¿Qué decidiste? —Pregunté imaginando la respuesta pero aún con temor.

— Supongo que si te hubiera escuchado todo sería diferente y no me sintiera así— Su rostro cambió y su mirada estaba perdida.

— Emmet se sincero conmigo por favor — Necesitaba saber la verdad absoluta de todo esto.

— Bella, me confundí, tu y yo somos esto tan grande y temí perderte casándome—Me tomó con su manos mi rostro—Tú eres mi verdadera alma gemela pero somos tan iguales que nunca resultaría y existen otras cosas que ahora entiendo.

— Es que tu y yo somos más que todo, eres mi hermano nada podría separarnos— Le dije dándole un abrazo.

— ¿Cómo está ella? — Me preguntó y me dispuse a contarle todo eso que también lo había saltado.

— No lo sé, me odia porque lo sabe todo — Su cara se contrajo.

— Yo nunca le dije nada — No lo dejé terminar.

— Ella no es tonta Emmet — Le dije un poco enojada por no haberlo previsto— Cuando tuviste la brillante idea de decirle que estabas confundido pues ella sacó sus cuentas aunque se lo guardo hasta lo de Edward.

— ¿Lo de Edward?

— Sí, hay algo que tienes que saber — Le conté todo lo de Rosalie y Edward, que no era mucho pero que la entendía porque me ponía en su posición y sentía traicionada por mí, ahora estaba un poco agresiva y alejada hasta de Alice.

— No me digas más — Me interrumpió cuando una lagrima se derramó de sus ojos— Bella la destruí.

— No, no digas eso fue algo inesperado para todos, los tres nos estamos haciendo daño por una tontería, tienes que luchar por ella —Le dije preocupada por el rencor que llevaba mi amiga por dentro y sus ganas de vengarse pero que solo nos haría mas daño a todos.

— ¿Qué hago para acercarme a ella? —Pude sentir las suplicas en sus palabras y una idea se me ocurrió.

— Tengo una idea —Dije sonriendo porque sabía que ella le encantaría, aunque ahora estaba molesta conmigo la conocía al mucho.

La mañana se pasó entre nuestra larga conversación de todo el tiempo perdido, cuando nos dimos cuenta ya eran las dos de la tarde y yo tenía un montón de trabajo por hacer y sin contar que Edward me estaba esperando. Nos montamos en el carro y en el camino nos paramos para comprar algo de comer para llevar ya aproveché para comprarle a Edward un postre para compartirlo en mi oficina. Emmet me dejó en el periódico y quedamos pendientes en seguir hablando para llevar a cabo nuestros planes, era urgente comenzar pronto y debo admitir que sentía miedo que Rosalie hiciera algo para meterse con Edward y mucho más que él flaquera ante su hermosura.

Subí a mi oficina y me comí un emparedado de atún con un té helado. Al terminar de comer y antes de llamar a Edward revisé los correos y mandé a realizar unas graficas a Ángela, esa chica era bastante buena y acepto entusiasmada prometiendo tenerlas listas para el final de la tarde. Me fui al servició de café pero me encontré con Rosalie que me miró con despreció y gesticuló la palabra zorra dirigida a mí, aunque quise arrancarle la cabeza por infantil me controlé tratando de entenderla, seguí haciendo que no la había visto y serví dos tasas de café caliente para llevarlas a mi oficina junto con unos platos plásticos y unas servilletas.

Tomé mi móvil después de dejar las tasas sobre el escritorio.

— Hola Sr. Cullen.

— Él habla. — Me dijo algo seco.

— Le hablan de la oficina de su esposa.

— Sí, Dígame — Noté su picardía al final de su voz.

— Por favor se le requiere con urgencia en su oficina.

— Enseguida estoy allí.

— Lo esperan entonces — Cerré la conversación.

El día había sido difícil así que necesitaba sentirme un poco mejor, coloqué las tasas en el otro escritorio tras de mi silla, recogí los papeles que tenía de trabajo y quite algunas cosas haciendo espacio, cerré las persianas de madera para quitarme mis bragas dejando bajo mi falda solo mi piel preparada para amar. Me senté sobre el escritorio abriendo un botón de mi camisa y cruzando mis piernas. La puerta sonó para despertar aún más mi excitación que disimulé sin que fallara mi respiración al decir — Adelante — Mi esposo al entrar entendió el mensaje y trancó la cerradura acercándose a mí con una sonrisa en sus labios.

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Todo el resto del tiempo desde el almuerzo estaba más nervioso que nunca y aunque trataba de calmarme recordaba cada una de las palabras que había cruzado con Rosalie ¿Cómo podía odiar tanto a Isabella? La atacó y dijo las peores cosas que había escuchado de una mujer pero como se ve que ella no conocía a Tanya. Las tres de la tarde y de Isabella ni una sola noticia, tenía que dejar de martirizarme yo solo y asumir que Rosalie estaba totalmente despechada pero la conversación seguía dándome vueltas:

— Hola Edward ¿Comiendo solo? — Fue lo primero que pregunto al sentarse conmigo y recorriendo con la mirada todo el lugar.

— Hola Rosalie, si comiendo solo ¿Algún problema? — Le dije seco pero algo me decía que venía con otra intención.

— Ninguno si me dejas acompañarte — Sonrió sensualmente y ufff esta chica estaba de verdad buenísima.

— No tranquila — Trataba de ignorarla pero ella buscaba tema.

— La señora Cullen —Hizo una pausa tiendo con sarcasmo— ¿No tiene hambre?

— Tenía otros compromisos — Dije sin dar explicaciones.

— Sí me los imagino, considerando con la persona que fue en la mañana—¡Maldición! los había visto y ahora estaba brava o dolida no sé.

— Ellos son amigos Rosalie, corta tus insinuaciones.

— Claro, no hay problema en ser amigos — Sonrió tomando un poco de agua y una pequeña gota se deslizó entre sus pechos. Edward mira a otro lado ¿Por qué cuando estaba soltero no era tan fácil? — ¿Tu y yo también podemos ser esa clase de amigos? — Relamió sus labios y entendí que era el momento de aclarar ciertas cosas.

— Rosalie, escucha, lo de nosotros no llego a la cama ni a nada — Si ella era directa yo lo tajaba de una — Así que podías de dejar de insinuar y meterte con Isabella – Sus ojos azules centellaban de rabia – Además por favor nos vimos una sola vez ¿Qué pensabas? ¿Qué quería contigo para siempre? — No me gustaba tratarla así pero me molestaba como trataba a mi esposa, no podía entender como algún día se consideraron amigas — Y lo de Isabella y yo aunque no lo creas no ha sido nada fácil de llevar, al principio estábamos juntos por otras razones — Traté de explicarle a ver si dejaba de meterse con ella.

— Sí, el trato ¿No? — Preguntó con ironía

— Mejor dejémoslo así — No iba a explicarme mi vida ni mucho menos.

— ¿Sabes? creo que te va a pasar lo mismo que a mí — Su sonrisa fue amplia pero no sincera — Cuando eso te ocurra ven a buscarme, ya sabes donde vivo—Más insinuaciones no las podía aceptar.

— Rosalie, yo me cansé así que de verdad déjalo así y yo hago el que nunca escuchó nada.

— Te voy a decir unas cosas antes que te vayas para que no te tome de sorpresa porque duele mucho — Su voz fue sería y decidí oír por pura curiosidad o ¿Algo de celos? — No te dejes engañar Edward, yo me imagino las conversaciones entre ustedes porque fueron las mismas que pasé yo — Negué con la cabeza pero de masoquista me quedé — Mira al principio te harán creer que el celoso e infantil eres tú, Isabella se asegurará de decirte mil veces que entre ellos solo hay una gran amistad y que solo lo ve como eso mientras ti te ve como hombre pero algún día te empezarás a dar cuenta que entre ellos hay algo más, una comunidad secreta o algo así — No me iba a confundir, no lo logaría pero todo lo que decía me parecía familiar.

— Rosalie, fueron otras circunstancias, de verdad supéralo —Rió con dolor.

— Ya verás como duele y lo difícil que es superarlo —Dijo con sus ojos humedecidos — En tu caso no te dejaran plantado en el altar porque ya están casados pero quizás más adelante ¿Qué puede pasar? No sé quizás los encontraras en tu cama engañandote o tu hijo podría tener sus ojos, que sé yo —Aquellas palabras me dolían hondo sacando a colación mi pasado, aquel que quería olvidar pero que seguí allí torturándome.

— Como consejo, si quieres tómalo de amigo o mejor de compañero de trabajo, anda a un psicólogo, te va a ayudar — No la dejé responder y me fui a trabajar.

Debía borrarme esas palabras de la cabeza porque ella era distinta - por favor Edward era virgen – me decía a mi mismo para incrementar mi confianza en ella.

Isabella no había hecho nada que me hiciera pensar mal de ella y finalmente había aceptado que me quería así que enterré aquellas palabras antes que los celos volvieran a salir a superficie. Ya los tenía casi guardados pero cada avance en la aguja del reloj me ponía a pensar. Finalmente, mi teléfono personal sonó y cuando escuché su voz respira normal.

— Hola Sr. Cullen — Su voz tenía algo sexy.

— Él habla — Respondí un poco cabreado por la hora.

— Le hablan de la oficina de su esposa — El tonó cada vez era más sugestivo.

— Sí, Dígame — Mantuve entonces el juego, no iba mal para mí.

— Por favor se le requiere con urgencia en su oficina — Mi entrepierna al poder se sacudió ante esa frase, esperaba no equivocarme.

— Enseguida estoy allí.

— Lo esperan entonces.

Mi mente nunca fue nada infantil y para mí esa llamada había sido una invitación a otra cosa así que no me lo pensé dos veces y le dije al Sr. Newton que subiría con mi padre, no le quedó que sonreír y aceptar. Cuando iba por el pasillo de hacía la oficina de mi esposa tropecé con Rosalie en el camino que me miró con rabia pero siguió, supongo que le dolió mi consejo. Divisé la oficina de Isabella y las persianas estaban cerradas totalmente, eso corroboraba mis pensamientos así que aceleré el paso antes que se me parara en pleno pasillo y con esta tela de pantalón lo notarían todas. Toqué la puerta previniendo una sorpresa y se escuchó su voz para hacerme pasar, giré la manilla y allí estaba ella sentada en el escritorio de piernas cruzadas mostrándome más de sus finas piernas, entré con ansias y tranqué la puerta después de pasar y caminando hacía ella con deseo.

— Hola señora Cullen — Dije besándola en los labios con pasión y colocando mis manos en sus piernas que ahora estaban una al lado de la otra.

— Hola señor Cullen — Me acercó a ella tomándome por las nalgas y arrimando su cuerpo al borde del escritorio y su falda llegó a medio muslo.

— ¿Está es su urgencia? — Comenté mientras subía por su falda un poco más y ella afianzo el beso colocando sus manos sobre las mías. Empezó a desajustar mi cinturón y a desabrochar mi pantalón dejando por fuera mi ropa interior izada por el asta que estaba debajo.

— Esta en mi urgencia — Subió una de mis manos hasta su sexo que no tenía nada por encima de él y me sonrió llena de deseo. Me fui directo a su cuello para besarla pero de repente sentí un olor raro en ella, no olía a su perfume olía al perfume de un hombre. Maldición, mil veces maldición. De la rabia se me bajo todo lo que estaba en alto y ella que estaba tenía la cabeza echada hacía atrás se enderezó al dejar de sentir mis caricias.

— ¿Dónde carajo estuviste durante toda la mañana? — Pregunté sin rodeo.

— ¿Vamos a hablar de eso justo ahora? — Preguntaba confundida y aún roja de la excitación. Puso sus manos en mi pecho bajando hasta mi abdomen y la agarré con fuerza por sus muñecas.

— Suéltame y responde — Le dije abrochando mi pantalón y poniendo todo en su lugar.

— Se puede saber que coño te pasa, por qué reaccionas así — Me dijo parándose y empezando a poner sus tacones — De verdad no te comprendo, ¿eres bipolar o algo?

— Homosexual es lo que no soy, ningún hombre se mantiene excitado cuando la mujer con la que esta huele a hombre y menos cuando esa mujer es su esposa— Le dije alzando la voz y ella me decía por señas que la bajara que iban a escuchar. Me acerqué a ella y la tomé por la cintura manteniendo apretada con mi otra mano su quijada aplicando un poco de fuerza — Respóndeme, ¿Por qué hueles a hombre?

— Edward suéltame que me haces daño, tu sabes que andaba con Emmet — Cuando me dijo eso me molesté más porque lo aceptaba así como si nada y la apreté más.

— Conmigo no juegas Isabella Swan, así que dime donde estuviste — Se removía intentado zafarse de mi agarré.

— Tú sabías que estaba con él, que teníamos que hablar solo estuvimos en un parque cercano aquí — Su voz sonaba con molestia y miedo a la vez—Sí huelo a él es porque nos abrazamos— Lo decía tan normal-

— Ah se abrazaron, claro que tonto— Le dije soltándola antes de hacerle más daño —Te parece que vaya ahora mismo con Rosalie o Tanya, las abrace y luego llegué aquí oliendo a ellas.

— Edward amor no te pongas así, es diferente— Dijo acercándose con un tono bajo.

— ¿Diferente? —Pregunté ahora más molesto.

— Emmet es solo mi amigo tu lo sabes y tu eres —La interrumpí cuando recordé las palabras de Rosalie, el mismo maldito discurso.

— Sabes que déjalo así Isabella, no vemos después — Salí de su oficina. La puerta se cerró y muchos me vieron intentando disimular pero al parecer algo se había colado de nuestra conversación.

Me fui del periódico a pensar un poco estaba furioso y pasé por recepción para asegurarme que le entregaran las llaves del coche a Isabella para que pudiera irse a casa tranquila.

Salí picando caucho del estacionamiento y me fui a tomar algo para tranquilizarme pero después de dos cervezas seguía igual o peor, cambié por algo más fuerte y empecé a tomar tragos secos de ron, allí si la furia empezó a disminuir. Me recuerdo que bebí unos cuantos tragos más antes de peder el control de mi cuerpo como al sexto chute.

Cuando desperté estaba desorientado y agallonado por todos lados, me dolía la cabeza. Tiré la mano a mí alrededor buscando a Isabella pero no estaba así que decidí abrir bien mis ojos para buscarla pero me sorprendí al ver el lugar donde estaba, lo reconocí en el acto pero como había llegado aquí, ni lo entendía.

Tomé mi celular para ver la hora — lo que me faltaba — Bufé cuando vi que eran más de las doce del medio día — A la mierda el trabajo, mañana voy — Me dije antes de tratar de seguir durmiendo pero fue cuando reaccioné — Isabella, no llegué a casa. La puse con todo — Estaba molesto con ella pero no había llegado a dormir y no tenía ni idea que hacía donde estaba o si alguien le había avisado algo. Traté de llamarle al directo su oficina pero nadie contestaba y su móvil apagado — Excelente Edward, veinte puntos — Como pude llegué al baño pero tropecé con varias cosas haciendo un gran ruido, oriné y me lavé las manos y la cara, cuando sentí la voz que me llamó detrás de la puerta

— Edward, cariño despertaste.

Seguro que ahora si estaba en problemas serios.


¿Quién pone la pala? No sé ustedes, pero parece que a Edward se le fue la mano. Y no necesariamente para el lugar adecuando.

Gracias por los rewievs, me encanta saber que les pareció el capitulo.

Un Review es igual a un adelanto de próximo capitulo por Mensaje privado ;)

¡Saludos!

Iris.