Disculpen la tardanza, nuevamente. Aquí va la penúltima parte de este capítulo especial.
Parte V
-¿Qué haces?
-¿Podrías quedarte quieta?
Lorelai recordó lo que estaba viviendo solo al sentir los tímidos labios de Luke acariciar los suyos. Recordaba haber sido solo un instante, unos segundos fugaces, pero en ese momento lo sintió eterno. Su corazón se agitaba, quizás tanto como la primera vez que lo había vivido, quizás más, no lo recordaba con exactitud, la memoria era una cosa muy frágil. Cuando el primer beso terminó, cuando tomaron distancia y se miraron, con esos ojos asustados pero felices, Lorelai no se pudo aguantar más y se acercó a repetirlo, porque quería besarlo por siempre. Pero Luke se alejó, como un perrito asustado, como si no estuviera creyendo lo que estaba pasando.
-¿Qué haces? -Le preguntó él, y ella recordaba a la perfección lo que seguía, y pronunciarlo se sintió como un manjar recorrer su boca y bajar por su garganta.
-¿Podrías quedarte quieto?
Ella lo besó a él, y de nuevo, aunque podía jurar que el beso real duró apenas un suspiro, esta vez se sintió largo, perpetuo, como si nunca fueran a ser separados. Sus brazos rodeando sus cuerpos, apretándolos, era todo lo que Lorelai necesitaba. No podía pensar en nada que la hiciera más inmensamente feliz en esos momentos que sentir su aroma en su nariz, sus dedos ásperos acariciando su cabello, su cuerpo abrazando el suyo, envolviéndolo, de la forma que solo Luke sabía hacer.
Al separarse Lorelai sabía lo que venía, y solo Dios sabía que nunca antes había aborrecido a Kirk de la forma que estaba a punto de hacer. Se quedó mirándolo, embriagándose con su mirada, deseando que el tiempo se detuviera, que ambos se congelaran y quedaran así por siempre. Pero no pasó, y cuando Luke tomó sus caderas entre sus dedos para besarla, Kirk bajó gritando desnudo por las escaleras de la posada y salió corriendo hacia el exterior.
Lorelai miró a Luke correr tras Kirk, y cuando la oscuridad absorbió su silueta, la oscuridad la absorbió a ella también. Todo su alrededor se volvió negro, y de un instante a otro, abrió los ojos de un solo golpe. Había despertado.
¿Había despertado?
En la oscuridad de la noche, la luna que se colaba por la ventanilla de la habitación iluminaba el rostro de Christopher. ¿Por qué estaba Christopher si había despertado?
El recuerdo de los pasados días volvió a su cabeza como un mazo golpeándole el cráneo. El recuerdo del primer beso con Luke afuera de la posada también la golpeó, pero de angustia, porque comenzaba a convencerse que aquello jamás fue real, que era todo parte de su imaginación.
Se levantó en silencio de la cama y abandonó la habitación a paso lento, procurando no despertar a nadie. Llegó hasta la cocina y se sentó en la mesa del centro, observando las paredes y los muebles, intentando recordar algo que se le hiciera familiar, algo que le hiciera sentir que no estaba viviendo una vida de mentira, que era todo parte de su enfermedad. Pero no podía. Al contrario. Las paredes y los muebles de su antigua cocina en Stars Hollow la invadieron. La imagen de Luke dando vueltas por la habitación, cocinando y regañándola por sus pésimos hábitos alimenticios; sus infructíferos intentos por reemplazar el café por descafeinado, sus quejas por tener que freír un filete para Paul Anka.
-Luke, ¿Qué haces?
Se vio a sí misma con vestido de novia, apoyada en el umbral de la cocina. Su cabello estaba desordenado y su maquillaje sacado de Halloween. Luke sacaba algunas ollas de sus compartimentos.
-Voy a cocinar nuestra primera cena de casados, ¿Qué quieres?
-¿Cocinar? -La Lorelai del recuerdo se largó a reír escandalosamente- Cielo, son las 5 de la mañana y comimos como unos cerdos en la fiesta.
-Ya sé…
-¿Te pasa algo? ¿Estás nervioso?
-No, no exactamente.
-Porque no hay nada aquí que no hayas visto y disfrutado por nueve años, lamento decepcionarte.
-¿Te gustaría que nos sentáramos un rato?
-Sobre la silla de la cocina no era exactamente lo que tenía en mente para nuestra noche de bodas, pero si quieres ser creativo… -Lorelai comenzó a desabrocharse el vestido y sentarse sobre las piernas de su marido, pero éste suavemente la alejó y la sentó en la silla de enfrente- ¿Qué pasa? Me estás asustando.
-Bebiste un montón de champagne en la fiesta.
-¿Es esto una intervención? Porque te juro, cariño, que no tengo problemas con el alcohol.
-Claro que no -Luke sonrió, acariciando una de sus piernas- Ya sé que Rory está embarazada.
-¿Ella te lo dijo?
-Sí, antes de que se acabara la fiesta.
-Ah.
-Creo que te hará bien conversar sobre esto.
-No, no realmente. Pero, ¿Sabes lo que me hará fantástico? Que me quites el vestido con los dientes. Es una escena que he imaginado desde la primera vez que te pedí que te casaras conmigo.
-Lorelai…
Lorelai se vio a sí misma bajando la mirada y negando con la cabeza repetidas veces. Recordaba ese momento con nitidez: el temor por lo que le esperaba a su hija afrontar, la decepción de que hubiera cometido el mismo error que ella, la incertidumbre de sobre cómo sería el futuro a partir de ahí. Luke acarició sus mejillas y la envolvió en sus brazos, haciendo que la Lorelai del recuerdo rompiera a llorar mientras la real, la del presente, hacía lo mismo. No era un recuerdo después de todo, era una alucinación. ¿Estaba condenada a vivir alucinaciones también?
-No tienes idea cuánto te amo, Luke -Lloró la Lorelai de la alucinación, sobándose la nariz y sonriendo tímidamente- De verdad, no tienes idea.
-No es ni cerca de lo que yo te amo a ti, Lorelai Gilmore-Dannes.
La alucinación desapareció justo antes de que ambos se unieran en ese beso tan cálido e intenso que Lorelai recordaba como si hubiera sido ayer. Pero…no lo había sido nunca. No era real, tal como todos sus recuerdos. Eran su enfermedad. ¿Lo eran?
Un llanto de bebé retumbó en las paredes de la gigantesca cocina. El llanto de Will, su Will. ¿Cómo es que podía oír los llantos de Will si él ya tenía 16 años? Si Will estaba ahí, en algún sitio, significaba que era un sueño después de todo, o más bien, una asquerosa pesadilla. Significaba que podía despertar. ¿Pero cómo?
No se dio cuenta cómo de un momento al otro, en la densa oscuridad de la cocina, apenas alumbrada por el reflejo de la luna, se encontró con un cuchillo en su mano derecha y su muñeca izquierda descubierta. Si quería despertar, debía tomar acciones radicales. Si era un sueño, apenas le hoja afilada perforara su piel se iba a despertar, porque eso pasaba en los sueños después de todo. Pero no pasó. Al contrario, apenas el cuchillo se introdujo en su cuerpo liberó un grito de dolor y la sangre comenzó a escapar como una manguera a toda potencia. Intentó de nuevo, clavando más profundo, pero solo consiguió aumentar más su dolor, no despertar.
Intentó de nuevo, de nuevo y de nuevo, y cuando lo iba a intentar una vez más, se desvaneció en el suelo y todo se volvió negro, escuchando los gritos de Christopher y Will a lo lejos.
Continuará.
