Dr. MAX:

Al estar sentada en uno de los cómodos asientos de los asientos de espera, uno creería que está en un ambiente de calma y confort, pero yo… parecía que me hubieran atrapado en el aeropuerto con kilos de droga en la maleta. Estaba nerviosísima.

No era de mi mayor agrado ir y contarle mis problemas emocionales a un completo desconocido, por más especialista que fuera, eran cosas mías, no quería estar compartiéndolas con todos.

Por el tiempo y, sobre todo, experiencias personales, me había transformado en alguien que se ocultaba en una coraza. Yo era como la chica del Diario de una princesa.

"Mi propósito en la vida es ser invisible, y soy buena en eso" Esa frase de esa película se me había quedado tan bien grabada en mi mente. Esa era mi frase, era exactamente como me sentía.

No quería contarle todas mis cosas a un tipo extraño. No quería, pero sabía que era mi última opción,…además le había prometido a Jessica que lo intentaría. Se lo debía.

-Señorita Isabella Swan.- levanté mecánicamente la cabeza ante la llamada de la secretaria del psicólogo.- El doctor Max la está esperando. Puede pasar.- solo asentí con la cabeza, más temerosa que de costumbre.

Entré al consultorio, estaba muy iluminado, era pequeño, pero muy ordenado. Tenía un asiento al lado de un sofá para recostarse. De solo verlo ya me daba escalofríos.

-Siéntate Isabella, ponte cómoda.- susurró con voz y sonrisa amable.

No confiaba mucho en los extraños y mucho menos en un curador de locos, yo no estaba loca, ni siquiera sabía que hacía en ese lugar. Quería salir corriendo.

-Mi nombre es Max Zignano, pero me puedes decir Max.- me sonreía, mientras apuntaba todo en una especie de carpeta. Ese acto solo conseguía ponerme más nerviosa.- ¿Tienes algún apodo? ¿Alguna forma en la que te gustaría que te llamen? ¿Quizás Isa?- "¡¿Isa?! ¡Qué asco de apodo! ¿No pudo pensar en nada mejor?" pensé para mis adentros, pero me mantuve callada.- Isabella si queremos que esto funcione, y de esa manera mejores, tienes que confiar en mí...así que dime, ¿Tienes algún apodo o sobrenombre que te guste?

Hablaba mientras escribía en esa maldita libreta que me estaba empezando a desesperar.

-Me gustan que me digan Bella…y honestamente, me estaba hartando con lo de su libretita.- gruñí mientras decía esto, mirando con odio al objeto.

-Bueno, al menos es un inicio…un gran avance, empiezas a ser honesta conmigo, es un avance.- su tono sarcástico me gustaba, me podía sentir identificada con él.- Dime Bella… ¿Qué es exactamente lo que no te gusta de mi libretita?

Su intensidad en la palabra libretita me hizo reír, trataba torpemente de imitarme y eso era graciosísimo.

-Es que el hecho de apuntar cada palabra que digo es…exasperante.- no sabía como expresar lo que sentía con palabras, no hallaba los términos exactos.

-¿Pero porque? ¿Qué te molesta exactamente Bella?- sus palabras, todo esto, que me hiciera tantas preguntas, todo me molestaba.

-No lo sé.- respondí secamente. No quería hablarle de mis problemas. Quizás esto no había sido tan buena idea como parecía.

-¡Vamos Bella! Debe molestarte algo, sino no te tomarías la molestia de restregármelo en la cara…- su tonito bromista también me estaba molestando, era increíble como este hombre podía mover tus emociones; al principio de la sesión adoraba…bueno, no adoraba, pero al menos me agradaba su sentido del humor y ahora lo detestaba.

-No le estoy restregando nada en la cara.- aclaré rápidamente, no tenía intención de pelear con este tipo, además tenía todas las de perder.

-Pero me lo estás diciendo, si me lo dices es porque te molesta, ¿o me equivoco?- su guiño y ceja arqueada eran cómicos pero a la vez realistas, era como si me pusieran en un farol donde tuviera, a la fuerza, que decir la verdad.

-Apunta cada cosa que digo, cada movimiento que hago…como si fuera una especie de loca o una psicópata de la cual cuidarse. Soy una persona normal, o al menos trato de hacerlo…tengo problemas de autoestima, y también alimenticios… pero ¡vamos! ...¿Quién no lo ha tenido? Hay gente que tiene problemas muchos más grandes, a comparación de ellos mis problemas no son nada…Pero volviendo al asunto de la libreta, la verdad me hace sentir como una loca, ¿Lo podría dejar de hacer?

El doctor me miraba anonado, y la verdad no entendía porque, él me pidió que sea honesta y eso es exactamente lo que intenté hacer, quizás no le gusto mi manera de ser sincera, entonces las inseguridades empezaron a llegar a mí.

" ¿Y si soy la peor paciente que ha tenido? ¿Y si no le ha gustado mi sinceridad? ¿Y si cree que no tengo solución? ¿Y si dice que me calle y que yo no se nada?"

Un montón de ideas irracionales empezaron a llegar a mi cabeza, unas más descarriadas que las otras, todas eran inseguridades, tenía un problema eso era obvio, hasta un ciego lo habría podido ver.

-Esto es genial.- empezó a reírse y a aplaudir de la nada. Incluso llegué a pensar que él que necesitaba ayuda psicológica era él.- ¿Ves? Puedes ser honesta si te lo propones, solo necesitas un empujoncito, que te presionen un poco, pero lo puedes hacer Bella, ese es un gran avance, tu caso no es tan grave como pensé. ¡Dios! Es un alivio.

No se como, pero en ese momento supe que ese hombre iba a significar todo entre la vida y la muerte para mí.