XII

Tal como lo esperaban, llegaron al lago cuando el sol era un gran círculo naranja en el horizonte y aquella enorme masa de agua reflejaba la belleza del atardecer. El lago era tan extenso que uno podría pensar que no tenía final.

Estaba rodeado por un bosque espeso, pero cuyo tamaño se había reducido sustancialmente a través de los años gracias a la intervención humana. Hyung-Soo no hizo comentario alguno pese a su naturaleza elfa, en su pueblo, la pérdida de un simple árbol era motivo de luto, los elfos nunca habían usado más de lo necesario, con una vida tan larga habían aprendido a conservar la belleza de su tierra. Hyung-Soo pensaba que el único precio que han tenido que pagar es volverse aburridos, como estatuas de marmol cuya exquisitez deslumbra a los una, dos, tres veces, pero cuando pasa el tiempo aquella gracia que poseía se vuelve monótona y cansina.

Así eran los de su raza para Hyung-Soo, estatuas de mármol hermosas que se llenaban de polvo en los bosques del norte, perdiéndose de lo impresionante que era el mundo allá afuera. Él lo estaba disfrutando, había abandonado toda costumbre élfica y aunque no podía abandonarse así mismo y a su cuerpo, había usado la hermosura de las estatuas de mármol vivientes como un arma para sus jugarretas, así si algún día en el futuro se hablaba de él, no sería como en los cantares que tocan los juglares a petición de mujeres y hombres ociosos que tienen curiosidad por los misteriosos elfos de los bosques y sus hermosas figuras que no se corrompian con el tiempo.

A él lo recordarían como una belleza fea, capaz de crear mal exactamente como los humanos.

El lago era tan extenso que las personas preferían atravesarlo que rodearlo, para lo cual habían construido barcas lo suficientemente grandes para que los caballos y mercancías de las personas pudieran atravesar. el grupo esperaba uno de esos transportes, el cual acabarían por abordar cuando los últimos rayos de sol abandonaban el cielo y este tomaba una tonalidad morada mientras algunas estrellas comenzaban a adornar junto con una luna que se asomaba tímidamente, estaba exactamente a la mitad de su plenitud.

Fueron los únicos en abordar, Iván pagó una buena cantidad, que salió de los bolsillos de Hyung-Soo sin que este lo notara hasta que fue muy tarde, al capitán y a su tripulación para apresuraran el paso de la nave, mientras esperaban avistar la ciudad disfrutaron de la quietud del agua.

-¿Porqué se mueve tanto esta cosa?-chilló Patrick mientras se aferraba a una de las orillas de la barca.

-¿Se marrea en los barrcos?- Constantin estaba muy aliviado de que hasta ese momento Alfred hubiera mantenido su promesa, los caballeros eran admirables.

-Ya lo había olvidado, Patrick podría marearse hasta en una bañera- respondió Arthur cansinamente.

-¿Es un sanadorr, no?

-Eso se supone.

-Es irronico, pensé que erras el único torrpe de tu familia -Constantin pegó un gritito cuando Arthur le pellizcó en el brazo.

-¡No me conoces, no me juzguez! La magia no lo es todo.

-Mentirra, la magia puede serrlo todo.

Arthur bufó y le dio la espalda antes de apartarse a grandes zancadas y murmurando que él tenía la culpa por traerlo consigo, Constantin decidió ir tras él, pero antes de hacerlo, Alfred ya estaba a su lado poniendo su mano sobre su hombro.

-Si lo tratas así no vas a lograr agradarle, Constan. Los asuntos de la magia son un asunto sensible.

-No comprrendo.

-¿Cómo te sentirías si estuvieras en una familia tan poderosa como la de Arthur y no cumplieras sus expectativas?

-Averrgonzado-Constantin buscó con la mirada al rubio de cejas pobladas, estaba al lado de su hermano menor palmeando su espalda, Patrick echaba la culpa a Arthur de su sufrimiento y no tardó mucho en que ambos empezaran a discutir.

-Arthy tiene muchos talentos, aunque la magia y la cocina no sean lo suyo. No siempre somos lo que otros quieren, pero eso no significa que no te puedas convertir en algo grande.

-Me imprresionas, caballerro.

-Dime Alfred.

-Alfrred, es interresante lo que dices.

-No lo dije yo, me lo dijo Arthy -el caballero llevó sus gentiles ojos azules hacia Arthur, los hermanos seguían peleando-me lo dijo cuando entre a la Orden, creo que el también se lo decía a si mismo, quiere ser mejor de lo que espera su familia.

Hyung-Soo y Lord Iván se acercaron a ellos, venían conversando.

-Me debes veinte monedas de oro, Iván.

-Tú me debes más que eso, ¿recuerdas cuando me abandonaste a mi suerte en el castillo de esa viuda amargada?

-¿La que era tan vieja como el mismo Yao y quería casarse contigo?

-Si.

-Hmmm, mis recuerdos son muy vagos-Hyung-Soo sonrió con sus libertinos labios.

-Siempre que te conviene es así, pero jamás olvidas la supuesta traición que te hice con mi matrimonio.

-¡Si lo recuerdas tanto es porque sientes culpa!

-Tienen una larrga historria-intervino Constantin mientras Alfred le dirigía mala cara a Hyung-Soo, el cual le respondió con una sonrisa cínica.

-Más tortuosa que larga, ustedes dos tienen prohibido empezar a pelear nuevamente -amenazó Lord Iván a Alfred y Hyung-Soo y antes de que empezaran a repelar volvió a hablar- no me interesa quien empieza esto, no quiero que continue a media ciudad.

-Y hablando eso, ¿cual es el plan?

-Te veo muy interesado, hechicero, ¿acaso hay algo que quieras robar?

-Eso lo esperarría de ti, Hyung-Soo, yo no rrobo barratijas.

-Si, si, sólo cosas mágicas, que aburrido.

-Tengo un amigo en la ciudad, es el hermano de mi mujer-retomó la palabra Lord Iván.

-Ya no me gustó este plan.

-Hyung-Soo, cállate. Como iba diciendo, podremos quedarnos en su casa y a él no le molestará, mientras tanto Hyung-Soo puede comenzar a mover sus contactos y averiguar si los secuestradores han pasado por la ciudad y que rumbo han llevado, dependiendo de eso elegiremos hacía donde ir, nuestros caballos estarán descansados y nosotros también, además podremos enterarnos si ha habido noticias con su majestad, mi cuñado esta bien informado y es un hombre respetado.

-El respeto esta sobrevalorado, a tu famoso cuñado le ha de llegar la información que solo quieren que le llegue, la verdadera información se obtiene en las calles de personas cuya reputación esta llena de malas historias, aquellas que hacen que la supuesta gente de bien gire el rostro-dijo Hyung-Soo mientras se acercaba a la orilla de la barca y miraba hacia el horizonte, muy a lo lejos se veían las luces de la ciudad.

-Confiar en obtener la verdad de mentirosos, es justo de lo que nos advirtió la historia de Alek y Mardduk.

-Si crees que vas a conseguir información de gente buena, hagamos una apuesta -se volvió hacia Alfred y caminó hacia él hasta queda frente a frente, había varios centímetros de diferencia en su altura, así que el elfo tenía que levantar la cabeza para mirarle-cuando lleguemos a la ciudad, yo buscaré información por mis medios y tu por los tuyos, quien consiga información de utilidad será el ganador y si yo gano...-su mano blanca se acercó a la cintura de Alfred, a su lado estaba su espada colgando, antes de que pudiera alcanzarla, el caballero atrapó su muñeca- me quedo con tu espada.

-¿Y si tu perdieras?

-No pasará.

-¿Y si pasara?-insistió Alfred.

Hyung-Soo sentía el calor de la mano alrededor de su muñeca que le hizo notar su propia frialdad, no sólo la temperatura era distinta, la diferencia entre las texturas de sus pieles, la de Alfred era áspera y callosa, seguro por tanto tiempo de sostener una espada; Alfred ya hasta había olvidado que había besado esa mano con fascinación, solo le parecía demasiado frágil para un tipo que constante deseaba moler a golpes.

Era injusto, como eso bastara para prohibirle golpearlo.

Hyung-Soo lo miró de arriba a abajo antes de que se le ocurriera responder.

-Haré lo que tú quieras.

Se miraron fijamente en silencio, se detestaban , sin embargo, parecía una buena oportunidad para la venganza.

-Agradece que tenga prohibido apostar-el caballero soltó bruscamente su muñeca y se alejo-pero te acompañaré, no confío en ti.

-¡Tu hojalata brillante ahuyentará a todos mis contactos!

-No la usaré, traigo una muda extra.

-De campesino, supongo.

-Persona honesta.

-¡Oh basta ya, ustedes dos! -exclamó Lord Iván- irán juntos y más les vale no meterse en problemas serios o les romperé la cabeza.

-¿Quien te nombró el líder, Iván?

-Sin ofender, Lord Iván, pero dado a que usted no ha organizado esta expedición no veo la razón de que nos de órdenes-secundó Alfred a Hyung-Soo.

-¡Es cosa de la nobleza, se creen dueños y jefes de todo y todos! -Hyung-Soo usó un tono exageradamente dramático.

Constantin empezó a reír y ya que parecía un hombre peculiarmente serio que llamó la atención de los otro tres.

-Es la prrimerra vez que se ponen de acuerrdo.

Hyung-Soo y Alfred se vieron muy ofendidos por aquella observación.