N/A: Espero que todos estén muy bien :)

Mil gracias por sus palabras e apoyo incondicional a través de los reviews. De verdad me hace muy feliz saber cuánto disfrutan de los personajes y el fic en general. Y le doy la bienvenida a los nuevos lectores (no creo que hayan hombres, pero nunca está de mal prevenir antes de lamentar).

Como bien dijo Scorpius al final del primer capítulo, "ellos habían comenzado a trazar su propio círculo". A partir de este capítulo comenzarán a aparecer simbolismos (unos muy textuales y otros no tanto) que representan la figura de la que habló el rubio. ¡Estoy muy emocionada! Por fin hemos llegado al punto donde ocurre mucho, todo es importante. Es decir, hay una explosión de todas las cosas que nuestro protagonista ha querido evitar afrontar.

Acerca de la última escena, y el capítulo en general, debo decir que sería bueno que mantuvieran en mente que todo está escrito desde el punto de vista de Scorpius. Como muy bien dice el chico en alguna parte: las palabras son complicadas porque pueden ser malinterpretadas. O en este caso, cambian de significado según cuál sea el personaje que mejor conoce el narrador. Así que les aconsejo que si pueden, lean la última escena nuevamente luego de leer el capítulo. Con el siguiente capítulo, entenderán por qué.

Por cierto, el capítulo es de 22 páginas de longitud (escribo con letra Verdana, número 9), así que… es bastante largo.

¡Saludos y disfruten esta entrega!


XII: Desactivación

Nadie le había dicho que estar trabajar con Leighton McConkey sería un dolor de cabeza. El profesor Longbottom los había emparejado para una pequeña actividad que sólo demoraba tres horas, pero por culpa de la chica, la planta que cultivaban comenzó a contaminar la tierra en la que estaba plantada y prácticamente mató el resto de plantas que crecían a su alrededor. Las otras cinco parejas habían alcanzado a extraer las hojas de sus cultivos, por lo que los únicos que debían volver a repetir el crecimiento eran ellos dos.

-Es sábado –musitó bostezando la chica. Miraba ansiosamente el reloj de su muñeca-. Tengo mejores cosas que hacer, como dormir, que esperar a que des hojas.

Scorpius ni siquiera se molestó en voltear los ojos. Sería un gasto de energía innecesario. Si ella creía que amenazando a la planta, ésta crecería… era su problema.

Había pensado en que aquel sábado podría descansar y avanzar un poco en sus estudios para los ÉXTASIS, pero se vio atrapado en el invernadero número dos con la mejor amiga de Carrow. Es decir, con la segunda chica más molesta de su casa. Ciertamente su sábado no podría haber empezado peor.

Después de dos horas, la maldita planta dio sus primeras hojas y ansiosos, ambos comenzaron a cortarlas.

-Está muy bien –dijo el profesor Longbottom, viendo las hojas recolectadas en el mortero. Estaba vestido con ropas muggles. Seguramente había venido especialmente a la escuela esa mañana para poder supervisarlos. Scorpius se preguntó cómo podía mostrarse tan feliz cuando podría estar en su casa, descansando-. Es una cantidad suficiente para el trabajo de la semana siguiente.

-Si no fuera porque esas hojas las usaremos en la evaluación de los ÉXTASIS, créame que no me habría levantado de mi cama –comentó altivamente la chica.

Si Scorpius fuera el profesor, le restaría como mínimo cien puntos a su casa por aquella actitud tan pedante. Sin embargo, Longbottom le dirigió una mirada divertida y esperó a que terminaran la recolección para enviarlos a disfrutar de su sábado. A veces no entendía cómo el hombre podía ser tan paciente. Por su personalidad tan amable, era considerado uno de los profesores favoritos incluso de los estudiantes que no cursaban Herbología después rendir los TIMOS.

Cuando hubieron finalizado, Leighton estiró los brazos hacia adelante:

-¡Por fin! –empezó a colocarse su chaqueta y la bufanda. Scorpius tomó el mortero y se lo llevó al profesor, que estaba al otro lado del lugar alimentando a los geranios con colmillos.

-Gracias, señor Malfoy –recibió el aparato con las hojas-. Muy buena suerte en el partido contra Hufflepuff –añadió, mientras ambos se iban.

A modo de respuesta, la chica se giró y le sonrió. Scorpius simplemente siguió caminando, dejando atrás el invernadero.

Febrero había traído mucha lluvia. La semana anterior hubo un aluvión, y ahora hacía un frío que congelaba los huesos. Había agradecido que el profesor Longbottom los citara a la diez. No quería volver a caer resfriado porque tuvo que atravesar todos los jardines en la mañana. Más que los síntomas, era la poción para recuperarse lo que le molestaba. Aquel líquido pegajoso tenía un sabor desagradable.

Quería llegar tan rápido al castillo, que no vio una poza de lodo y hundió el pie izquierdo en ella.

-¿Por qué no miras por donde pisas, Malfoy? –preguntó melodiosamente Leighton apareciendo tras de él y la escuchó reírse mientras seguía su camino.

Reprimiendo una maldición, sacó el pie de la poza. No había alcanzado a hundirlo hasta los tobillos, pero su zapato estaba arruinado.

¡Lo que le faltaba! A una mañana completa, un sábado, en el invernadero y con la compañía de una idiota, debía añadirle barro en el pie. Al parecer el día no iba mejorando en absoluto.

Se dispuso a sacar su varita para limpiarse cuando escuchó a alguien llamarlo:

-Malfoy –todo el cuerpo se le tensó y se quedó inmóvil. Mi día no puede ser tan malo. Olvidando por completo el zapato sucio, comenzó a caminar-. ¡Malfoy!

Tom Zabini lo había alcanzado y estaba en frente de él, bloqueándole el paso. Respiraba agitadamente, como si hubiera corrido. A pesar de su notorio cansancio, el joven le ofreció una tímida sonrisa y le tendió la mano.

-¿Qué quieres? –inquirió el rubio, observando con burla el gesto.

-Eh… -al notar que no le estrecharía la mano, ésta se la llevó al pelo y se lo desordenó-. ¿Cómo estás?

-No muy bien –respondió honestamente. Si creía que estar con Leighton McConkey toda la mañana de un sábado era horrible, entonces no sabía cómo describir lo que era tener que verle la cara a Zabini-. ¿Qué? Verte la cara no es necesariamente lo que hace un sábado ideal… O cualquier día de la semana –agregó, dando un paso hacia el lado y rodeándolo para retomar su camino.
-Scorpius, espera.

Sus pasos comenzaron a disminuir de velocidad hasta que finalmente se quedó quieto. Scorpius cerró los puños, preguntándose por qué se quedaba. ¿Qué podría decirle Zabini que no le hubiera dicho antes? Las disculpas, excusas, y demás explicaciones habían sido repetidas innumerables veces; y ninguna de ellas marcaría una diferencia.

El chico lo volvió a alcanzar, esta vez deteniéndose a su lado.

-Quedan casi tres meses para terminar la escuela y… -dio una larga exhalación que parecía un suspiro. Se notaba nervioso-. ¿Recuerdas cuán ansiosos esperábamos largarnos de este lugar?

El tema lo tomó desprevenido. Era extraño que no empezara con un "de verdad lamento mucho todo lo que ocurrió".

Los deseos de largarse de Hogwarts habían empezado en su primera semana de clases. Los comentarios y miradas despectivas de los estudiantes le habían confirmado que su estadía sería difícil; y aunque estaba preparado para ignorar todos los insultos y opiniones negativas que tuvieran sobre él (su familia, realmente), la verdad es que no quería vivir así por siempre. Serían siete largos años de soportar a personas que le odiaran por un pasado que ellos mismos ni siquiera habían vivido. Zabini le preguntó el primer viernes en la escuela si le emocionaba estar en el lugar. "Lo único que quiero es aprender, rendir los exámenes, y largarme de aquí" respondió, ganándose bromas de su amigo por ser tan estirado y amargado. "Igual te entiendo. Estar encerrados siete años, con las mismas personas, va a ser eventualmente aburrido" dijo después.

Scorpius frunció el ceño y preguntó:

-¿A qué viene tu repentino sentimentalismo?

-No quiero estemos así –se señaló a cada uno-. No quiero graduarme sabiendo que ya no somos amigos.

-¿Y qué harás al respecto? –inquirió con voz sorna. Obviamente había cambiado el modo, pero el discurso seguía siendo el mismo de siempre-. ¿Me pedirás disculpas nuevamente y haremos una promesa enlazando nuestros dedos meñiques, así…? –juntó sus propios dedos meñiques, ejemplificando el gesto que solían hacer los niños pequeños para hacer honor a sus promesas.

-Sería capaz de hacer un juramento inquebrantable con tal de arreglar el daño hecho, Scorpius.

Su cabello y ojos oscuros siempre le habían otorgado facciones duras. Si no sonreía, Zabini siempre parecía estar serio o enojado. Pero su mejor amigo lo conocía desde que eran niños y podía diferenciar sus expresiones a diferencia del resto de las personas. Al rubio le sorprendió notar que las palabras que habían salido de su boca no eran una broma. Desde su mandíbula apretada a sus ojos estaban sumamente abiertos, expectantes a la reacción del chico, decían que había hablado desde el corazón.

Un Juramento Inquebrantable… Su padre le había comentado que su anterior profesor de Pociones y jefe de casa, había hecho uno con la abuela Narcissa para protegerlo. Gracias a él, Draco Malfoy comenzó a cuestionarse si lo que los mortífagos hacían era correcto. También el hombre evitó que Lord Voldemort lo matara por no cumplir la orden de asesinar a Albus Dumbledore, tomando toda la culpa por no ser mejor profesor para el chico. De haber ocurrido lo contrario, de no haberlo protegido, Snape habría muerto de un modo mucho menos heroico: su corazón habría dejado de latir por la promesa rota.

La idea que encerraba aquel juramento lo hizo temblar.

-No seas imbécil –lo retó, enojado porque hubiera ocupado un algo tan grave como un juramento inquebrantable como medio para resolver el problema. De seguro moriría al día siguiente porque no sabía cumplir sus promesas-. Me traicionaste, Zabini. Punto final.

-Terminé con ella –saltó, como si aquella noticia nada nueva fuera su carta bajo la manga-. No podía seguir viviendo con la culpa y… Scorpius-

-Malfoy –corrigió, apretando las manos-. Soy Malfoy para ti.

-N-no sé qué me pasó –explicó tropezándose con sus propias palabras-. No entiendo cómo pu-pude hacerte algo tan horrible. Es por eso que decidí terminar con Lily. Lo nuestro era… tóxico –hizo una pausa para recuperar el aliento-. Inició mal y siguió peor.

¿Y qué importaba si se había dado cuenta de ello? Él todavía fue engañado por su novia y su mejor amigo… Ya no había amistad entre ellos. ¿De qué servían esas explicaciones?

Ofreciéndole una mirada cansina, Scorpius volvió a retomar la caminata. No quería seguir perdiendo el tiempo en cosas inútiles.

Sin embargo, no sería fácil deshacerse de Zabini. El joven lo detuvo:

-¡Scorpius!

-No llames por mi nombre –fijó su mirada la mano del chico que agarraba su brazo-. Quítame las manos de encima –dijo, apretando los dientes.

-¿Cuántas veces tengo que disculparme? –Zabini bajó la voz al notar que una pareja aparecía en el lugar, caminando cerca de ellos-. ¿Qué tengo que hacer para que todo vuelva a ser como antes?

-Déjame, o te obligaré a que me sueltes –insistió, levantando levemente su brazo.

Evidentemente desesperado por la falta de una respuesta satisfactoria, el joven gritó:

-¿QUÉ MIERDA QUIERES QUE HAGA?

¿Qué podía hacer? No podía manejar el tiempo y así retrocederlo. E incluso en posesión de un giratiempo, Scorpius no olvidaría lo ocurrido. ¿Cómo sería posible volver a fingir que todo estaba bien entre ellos, cuando siempre sabría que su amistad no valía nada? Cada vez que estuvieran juntos pensaría que era una mentira, una actuación de su parte. Quién sabía desde cuándo había empezado a ver a Lily más que como la novia de su mejor amigo. Durante meses lo escucho y dio consejos sobre su relación. Por un lado era el carismático y paciente confidente, mientras que después lo apuñalaba por la espalda y se encontraba con Lily a escondidas. Los "todo mejorará", "ten paciencia", "ustedes se quieren, superarán este problema" no eran más que una farsa. No cabía duda que su amistad fue real, pero terminó convirtiéndose en una gran mentira.

Nada. No había nada que pudieran hacer para regresar todo a lo que llamaban antes normalidad.

Enfurecido, Scorpius lo empujó con todas sus fuerzas.

Una pareja caminaba cerca de ellos. Al escuchar el escándalo, sus cabezas voltearon hacia ellos y los miraron desde la distancia.

Zabini dio trompicones hacia atrás, pero se mantuvo en pie.

-¡No te tenías que meter con la que era mi novia! –Scorpius explicó la única verdad tras todo lo sucedido.

-¡Scorpius!

De todas las personas sobre la faz de la tierra, el que menos tenía derecho de llamarle por su nombre de pila era él. ¡Qué desfachatez!

Sin poder soportar más sus súplicas, el rubio acortó la distancia que los separaba de una zancada y le pegó un puñetazo en la mejilla.

¿Qué rayos había hecho? ¿De verdad le había pegado a Zabini? ¿Acaso era una bestia o qué?

El moreno giró el rostro y se lo tocó. Lo miró por unos segundos con profundo odio y corrió así él, abrazándolo por el pecho y haciendo que chocara con el costado derecho del cuerpo contra el tronco de un grueso árbol.

-Eres un maldito traidor –gimió el rubio, sintiendo que no podía respirar. Lo empujó y una vez que Zabini retrocedió un paso, volvió a pegarle en la cara-. ¿Tanto querías revolcarte con ella que tuviste que traicionarme?

Lo agarró por el cuello de la camisa. Zabini envolvió las manos en sus muñecas y comenzó a presionar, impidiéndole hacer un movimiento más brusco.

-Nunca quise que esto terminara así…

-Hay un millón de chicas en el mundo –escupió Scorpius, al borde de las lágrimas. ¡Mierda! No podía llorar. No puedo llorar ahora-. ¿Por qué debías fijarte en ella y romper nuestra amistad?
-¡No lo sé! –soltó con la voz ahogada-. ¡No sé por qué hice tan estúpido! –movió la cabeza de un lado a otro-. ¡Fui un imbécil!

Su puño chocó contra su rostro una y otra vez. Perdió la cuenta después de seis.

¿Por qué rayos tenía que venir así, tan demandante, como si debiera darle otra oportunidad? ¿Y de qué servía cuando nada volvería a ser igual? Aquella noche que vio a su mejor amigo besándose con su ex novia, supo que él había tomado la decisión de abandonarlo. Ya no había vuelta atrás: Zabini escogió a Lily por sobre él. ¿Cómo mierda creía que podrían volver a ser amigos después de eso?

Lo peor era que una parte de él quería decir que sí. "Sí, quiero que todo sea como antes". Si tan sólo existiera la posibilidad que aquella idea fuera cierta… aceptaría sus malditas disculpas y trataría de vivir como antes. Se harían bromas, conversarían entre clases, se quejarían sin cesar sobre nimiedades, y jugarían snap explosivo hasta que uno se rindiera y aceptara ser llamado un perdedor con tal de no seguir jugando. Su vida volvería a ser tan simple y agradable como antaño.

Las rodillas del chico se doblaron y Scorpius lo soltó, dejando que cayera al suelo.

-Sí que lo eres –dijo entre bocanadas de aire. Tenía una de las comisuras de los labios sangrando, y uno de los ojos lo tenía hinchadísimo-. Espero que te vayas a la mierda, Zabini.

Sin siquiera ofrecerle otra mirada de desprecio, el rubio se dio media vuelta y lo dejó acostado sobre el pasto.

Por suerte Zabini no lo volvió a llamar ni intentó detenerlo de algún modo. No sabía si era por lógica o porque no podía hablar (los nudillos de dolían, así que debió haberle dado un puñetazo en la mandíbula). Si lo hubiera hecho, estaba seguro que haría algo muchísimo peor que simplemente pegarle… Nunca había tenido tantas ganas de usar una maldición imperdonable. Tenía la varita en el bolsillo de su túnica. ¿Por qué no lo había hecho?

Porque el imbécil no lo vale. Él no lo vale.

Exactamente. No valía ni un segundo de su tiempo, y sin embargo, se había dejado descontrolar así. No tenía idea de la razón por la cual permaneció en el lugar cuando Zabini lo llamó. El encuentro terminaría mal sin lugar a dudas… Qué estúpido por engañarse así. Quería creer en él, deseaba volver al pasado. O simplemente quería escucharlo una vez más para verlo humillarse y rogar por una amistad perdida. Así Scorpius recordaría que no podrían volver a ser como antes.

La pareja que momentos antes había aparecido en los jardines pasó por su lado corriendo. Scorpius creyó escuchar a la chica decir "¡Por Merlín, está sangrando!"… Había olvidado que había personas que podían verlos. Esbozó una sonrisa y hasta le dieron ganas de reír. ¡Todo el mundo corría a ayudar al imbécil de Zabini, mientras que nadie se tomaba la molestia de preguntarle si estaba bien! La víctima en todo esto era él, pero a nadie le importaba. La vida era realmente muy cruel.

Es su culpa si termina en la enfermería. Le advertí que me dejara en paz.

Miró su mano mientras entraba al castillo. Los nudillos los tenía rojos y le dolían. Tendría que preparar una pomada y untársela para prevenir que se inflamarán.

No ése era el único dolor, sino que también la cabeza le estaba comenzando a molestarle. Zabini le había arruinado un día aparentemente ordinario y tranquilo. Quizás hasta la semana o el mes, porque pronto los testigos que vieron la pelea comenzarían a esparcir la noticia (si es que no lo estaba haciendo en ese momento) y la escuela volvería a tener otro capítulo en la historia del triángulo amoroso favorito de todos. De seguro la directora les escribiría a sus padres o de algún modo ellos se enterarían del enfrentamiento, y la sola idea de recibir un vociferador de su parte le hacía palpitar dolorosamente las sienes.

Exhaló profundamente para tratar de tranquilizar sus pensamientos, pero fue una peor idea: sintió una punzada en el pecho. Se llevó una mano a la zona y reprimió un gemido. Parecía que su antes mejor amigo le había roto una costilla cuando lo empujó contra el árbol.

Imbécil. Espero que la cara le quede deformada de por vida.

Cuando estaba llegando a la entrada de las mazmorras, vio a un grupo de sus compañeros de casa vestidos con ropa muggle. Evidentemente eran los que comprarían la comida y alcohol para la fiesta que Slytherin organizaría después del partido de quidditch contra Hufflepuff, ya que no había otra razón para estuvieran tan atentos a las personas a su alrededor y tuvieran que ocupar aquel vestuario para pasar lo más desapercibidos posibles en Hogmeade.

No lo había pensado antes: Zabini era el capitán del equipo de quidditch. ¡El muy idiota le había buscado pelea el mismo día del partido!

Apretando las monedas que tenía en el bolsillo, se apresuró hacia ellos.

-¡Hey, ustedes! –los llamó.

-¿Malfoy? –preguntó el chico con cabello rizado. Debía ser de tercer o cuarto año.

Mientras todos intercambiaban miradas confusas para luego observarlo a él como si fuera un bicho raro, él sacó la mano derecha del bolsillo y se la extendió al niño que le había hablado:

-¿Puedes comprarme lo mejor que encuentres?

-¿S-sí? –tartamudeó, abriendo los ojos enormemente al ver los ocho galeones en su mano. El resto de chicos estaban igual de sorprendidos-. ¿Qué quieres? –preguntó, aceptando las monedas.

-Lo que sea, pero no cerveza de mantequilla. Quiero algo fuerte y bueno –dijo muy serio-. Y me lo traes a mí, ¿está bien? No importa si con el cambio compras algo para ti y tus amigos, o para la fiesta, o qué sé yo –entrecerró los ojos y sonrió. El chico se encorvó, aparentemente miedoso por su repentino cambio de actitud-. Si no recibo lo mejor y si veo que tomaron aunque sea un sorbo, me enojaré bastante. ¿Y ya sabes lo que ocurre cuando me enojo, no? –todo Slytherin sabía que había hecho a Carrow llorar hacía unas semanas atrás. El grupo entero asintió rápidamente-. Bien. Gracias, chicos.

No esperó alguna respuesta y siguió caminando, adentrándose en las mazmorras. Prefería usar una de las pociones del profesor Slughorn parea sanar su costilla rota antes que encontrarse con Zabini en la enfermería.

Ése día continuaría siendo una locura y realmente no podía afrontarlo estando sobrio. Si la vida se estaba riendo de él, entonces haría lo mismo. Esto era una guerra.


-Scorpius Malfoy…

El aludido movió la cabeza y miró (para su desgracia) a la dueña de aquella dulzona voz: Carrow estaba frente a él, con una mano sobre las caderas y otra moviendo en círculos una botella de cerveza de mantequilla.

Al ver la bebida de la chica, la garganta se le secó y se llevó a los labios el whiskey de fuego que había dejado a su lado hacía un par de segundos. El líquido le quemó lentamente y cerró los ojos, disfrutando de la extraña sensación en su boca.

-Malfoy –¡Había olvidado a Carrow! Le dedicó una mueca a modo de respuesta. La rubia no lucía satisfecha, pero al menos había conseguido llamar su atención-. Así que, dime, guapo… -dio un paso y puso una de sus manos sobre la rodilla izquierda del joven. Scorpius casi se atragantó con el nuevo sorbo que le daba al whiskey. Bajó la botella y enarcó las cejas, descolocado por el extraño movimiento de su compañera-. ¿Cómo lo estás pasando?

-Mi noche estaba siendo genial hasta que te acercaste a mí, Carrow –contestó con completa honestidad. Sintió las uñas de la chica hundirse momentáneamente sobre su piel, pero pronto la mano comenzó a subir por sobre su muslo-. ¿Qué mierda crees que estás haciendo?

-¿Llamando tu atención? –preguntó inocentemente. Parpadeó varias veces, como para dar la apariencia de una niña inocente. El rubio lanzó una carcajada-. Vamos, eres un hombre. No puedes negar que te gusta…

-Los rumores son ciertos, ¿no? Eres la prostituta de Slytherin –la mención de su fama en la casa la hizo detenerse. El chico sonrió al notar que su expresión se tornaba seria y herida. Se inclinó, hasta que sus ojos estuvieron a la misma altura-. Sé que todavía quieres estar con mi amigo. Eres patética, ¿lo sabes? –la escuchó tragar saliva sonoramente-. Pero lo eres aún más cuando estás tan… cariñosa conmigo y Bulstrode está observándonos.

Giró lentamente la cabeza hacia el lugar que el rubio miraba y luego de unos segundos su blanquecina piel se hizo más pálida y con el fuerte color rojo de su lápiz labial, la chica adquirió la imagen de un vampiro. Bulstrode estaba al otro lado de la sala común, junto a la mesa de la comida, rodeado de algunos compañeros de curso. El joven los estaba mirando fijamente. Scorpius reconoció que estaba más curioso por verlo con Carrow que preocupado por sus ganas de pillarse una borrachera, lo cual era un alivio. Ya no quería volver a escuchar las palabras "inmaduro" ni "idiota" nuevamente de su parte.

El rubio volvió a prestarle atención a Carrow y bufó, hastiado de tener que presenciar otra de sus escenas. Tenía la expresión de alguien que hubiera cometido un tremendo crimen y fuera a ser sentenciada a Azkaban de por vida. ¡Cómo si Bulstrode realmente se fuera a sentir dañado porque ella estuviera encima de él!

-Ahora que ya sabes que no caeré en tus jueguitos –quitó la mano de la chica de su muslo y con el brusco movimiento, la obligó a retroceder un paso-, sería lo lógico que me dijeras con palabras qué mierda quieres.

-Eres un imbécil de primera –murmuró, fulminándolo con la mirada. Respiró un par de veces antes de continuar:-. Todavía nadie sabe quién dejó a Zabini en la enfermería… O mejor dicho –le ofreció una gran sonrisa-, nadie de nuestra casa todavía sabe que fuiste tú.

Volteando los ojos, Scorpius volvió a beber de su botella. Obviamente la reina de los chismes debía estar enterada de todo. Y se notaba tan orgullosa por estar al tanto del último acontecimiento de su vida.

-Cualquiera diría que estás enamorada de mí con cuanta atención le prestas a mi vida, Carrow.

-Oh, vamos, no te hagas el desentendido –dio una mirada hacia la sala común, deteniéndose especialmente donde el equipo de quidditch celebraba la victoria-. ¿Sabes que todos te harán la vida imposible cuando sepan que por tu culpa nuestro capitán no pudo jugar el partido, verdad? Toda eso de "soy tan genial, soy mejor que todos en esta casa" se acabará cuando tus compañeros comiencen a maldecirte y a acorralarte en los pasillos para cobrar venganza por amenazar la victoria de la Copa de las Casas.

No había que ser un genio para captar el subtexto de sus palabras. El mensaje era claro: estaba en sus manos la posibilidad de arruinar su imagen pública. La gran mayoría de estudiantes de Slytherin estaban enojados y tristes por haber perdido la oportunidad de ganar la Copa de las Casas. Pronto llegarían simplemente a resignarse ante la realidad. Sin embargo, si llegaban a saber que el mejor jugador del equipo no pudo jugar por su culpa… La historia sería muy distinta. Aquellas personas que se alimentaban del triunfo de unos pocos, que gozaban de ver un deporte insignificante, y que se jactaban de ser partícipes de los partidos; encontrarían alguien a quien dirigir la rabia de la derrota. Lo mejor de todo sería que por fin podrían desquitarse por los comentarios y miradas sarcásticas que les había dirigido durante todos los años de escuela. Sería la venganza de Slytherin contra Scorpius Malfoy, el primogénito de la familia más cobarde de mortífagos. Los Malfoy no sólo traicionaron al Señor Oscuro y a sus seguidores, sino que el más joven de ellos se había asegurado de hacerles ver a todos sus compañeros que eran irrelevantes y una escoria del mundo mágico. La deslealtad de sus abuelos y padre, y sus constantes aires de superioridad se verían enfrentados al resentimiento de los muchos hijos de ex mortífagos, de adherentes y retractores fervientes al régimen del Señor Oscuro.

Scorpius evitó lanzar una sonora carcajada y optó por beber un poco más de whiskey para mantener su boca ocupada. ¿Quién diría que se sería víctima de un chantaje por parte de la persona más inútil de toda la escuela?

Fingiendo nerviosismo, el chico preguntó:

-¿Y cuál sería el precio que debería pagar por tu silencio?

Carrow se irguió, claramente feliz por haber logrado su cometido. Una sonrisa se extendió en sus labios rojos. Era cómico que creyera que tenía la ventaja cuando ni siquiera sabía que su chantaje era ridículo. Se preguntó cómo alguien con tan poca percepción y lógica podía haber sido seleccionada para estar en Slytherin. La chica no tenía ni una gota de astucia.

Se llevó uno de sus rizos rubios tras la oreja y luego se cruzó de brazos, para decir en un tono condescendiente:

-Ya sabes que me gusta Bulstrode. Está claro que me encantaría que su mejor amigo le hablara bien de mí –hizo una pausa para mirarlo de pies a cabeza-. Y también… me gustaría una disculpa pública.

-¿Sí? –preguntó, tratando de no reírse-. ¿Por qué?

-¿Preguntas por qué? -frunció el ceño y lo miró con odio. No había sido hasta ese momento que el rubio notó que la etiqueta de la botella de cerveza de mantequilla estaba prácticamente hecha pedazos, gracias a las uñas de Carrow-. ¿No recuerdas que me humillaste públicamente hace semanas? –miró hacia ambos lados, antes de añadir en voz baja:-. Me dijiste que seguía a Bulstrode como una imbécil y que me creía con el derecho de preguntarte cosas personales.

-Eres más idiota de lo que pensaba –sonrió. La rubia abrió la boca temblorosa, sorprendida por su respuesta-. Realmente eres imbécil y patética, así que no puedo disculparme por eso. Y si Bulstrode ni siquiera te mira, es porque él también sabe qué tipo de chica eres –dijo resueltamente-. Y respecto a lo de Zabini… La verdad no me importa lo que piense el resto. Queda poco para no ver más a estos perdedores, así que lo que opinen de mí me tiene sin cuidado.

-¿Estás hablando en serio? –preguntó con incredulidad.

Por primera vez en su vida estaba siendo tan honesto. Claramente faltaba añadir que en algún momento de su vida debería afrontar las consecuencias del pasado de su familia y que si este incidente era la catálisis, pues simplemente aceptaría todos los comentarios, miradas, golpes, puñetazos, y maldiciones que les enviaran a su familia y a él. No negaría nada ni tampoco se sentiría mal al respecto. Desde que supo de la existencia del Señor Oscuro y los mortífagos, Scorpius supo que este momento llegaría. La verdad le sorprendía que durante casi siete años no hubiera ocurrido aún. Pero no se lo diría a Carrow. Su inteligencia era demasiado limitada como para siquiera perder el tiempo en hacerle comprender su inminente destino.

Las personas que estaban cerca de la ventana dejaron de fingir que no estaban prestando atención a la conversación, voltearon las cabezas descaradamente al darse cuenta del rumbo que estaba tomando la conversación.

-Por supuesto –juntó las manos casi aplaudiendo. Se sentía entusiasmado de estar por fin dejar de actuar como si nada ocurriera y todo estuviera increíblemente bien-. Hubo más personas que vieron la pelea. Estoy seguro que algún Ravenclaw o Gryffindor en esta fiesta ya le está diciendo a nuestros queridos compañeritos lo que ocurrió en la mañana… Así que el precio que debería pagar por tu silencio, sería una estupidez porque no serviría de nada –se alzó de hombros, tratando de mostrarse apenado por haberle arruinado los planes-. Al final de la noche todos sabrán que le molí la cara a puñetes a Zabini, los Slytherin por fin podrán desatar su desagrado hacia mi persona, y tú todavía seguirás siendo tan imbécil como siempre.

Después de unos largos segundos donde parecía que iba a gritarle, la rubia se giró rápidamente y con sus rizos rebotando con cada paso, se alejó del lugar.

Dentro de unos minutos todos los presentes en la fiesta estarían al tanto de la pelea, gentileza de Carrow. Si pudiera apostar toda la fortuna de los Malfoy a que terminaría la noche ensangrentado, y con el rostro desfigurado por los golpes y maldiciones de sus compañeros de casa; entonces su familia sería eternamente millonaria. No necesitarían preocuparse de comprar empresas y pelear por más porcentajes de las ganancias de sus actuales negocios. Más de diez generaciones de Malfoy podrían vivir lujosamente sin problema alguno.

Sonrió mientras el whiskey le quemaba la garganta. Menos mal el alcohol estaba surtiendo efecto en su cuerpo y ya se sentía un poco mareado. Realmente no creía que podría soportar otro minuto más sobrio.

A pesar de haber perdido, la sala común de Slytherin estaba atiborrada de personas. Muchas eran novios o novias de algún compañero, que venía con sus amigos a dar muestras de ánimo. Era bastante estúpido, ya que su presencia no cambiaría el resultado del partido. Tal vez más que apoyo, venían a disfrutar del alcohol y comida gratis. Y de la fiesta en general, por supuesto. El centro de la sala había sido acomodado como pista de baile y prácticamente nadie más cabía dentro del lugar. Si no fuera por los semblantes sombríos de sus compañeros, la fiesta parecería una celebración de victoria.

Rodeando la pista de baile, Bulstrode se aproximó hacia él.

Scorpius rodó los ojos y exhaló pesadamente. ¿Acaso no podía disfrutar un momento a solas?

-Si vienes a decirme que debo ser una persona madura y solucionar los problemas con palabras, entonces… - movió su dedo índice en círculos-, date la media vuelta y déjame solo.

-Creo que el whiskey es el que dice eso, Malfoy.

-Bueno, él tiene la razón –le mostró la botella antes de beber su contenido.

Su amigo frunció el ceño e hizo un ademán de quitarle la botella, pero el rubio la dejó tras su espalda. Sin siquiera intentar tomarla, Bulstrode negó con la cabeza y se llevó una mano a la nuca. Parecía estar perdiendo la eterna actitud despreocupada y llena de calma que lo caracterizaba.

-¿Acaso quieres hacer un espectáculo? –preguntó, acercándose un poco más. Señaló con el mentón a las personas que los observaban-. Sé que no te importa, pero de todos modos no te gusta ser el tema de conversación.

-Bueno, tienen más drama del triángulo Scorpius-Potter-Zabini. No sólo les di otro tema de conversación además del quidditch, sino que ahora también pueden ver cómo ahogo mis penas con el señor Whiskey de Fuego –lanzó una carcajada y llamó al grupo de chicas que estaban en el sillón, mirándolo como si estuviera loco-. ¿No es cierto, guapas? Vamos, sigan hablando de mí. Saben que les encanta chismear sobre la vida de los demás.

Bulstrode dio un paso, bloqueando la vista hacia el grupo de chicas y le tomó fuertemente el brazo, convirtiendo sus risas en quejidos de dolor.

-Estás comportándote como un imbécil.

-Bueno, tengo diecisiete años… Casi dieciocho. Tengo derecho a comportarme como uno, ¿no? –inquirió, abriendo exageradamente los ojos y parpadeó varias veces. Rose siempre hacía el mismo gesto para aparentar ser inocente-. Esta fiesta podría ser una despedida a los diecisiete y una bienvenida a la adultez.

-¿Qué? –el joven lo miró a los ojos, como tomando nota de su estado de ebriedad. Y era bastante avanzado, puesto le estaba comenzando a ser difícil enfocar la mirada-. No dices nada coherente.

-Y tú no dices nada divertido.

Se soltó de su amigo y se abalanzó hacia adelante, dejando que sus pies tocaran el suelo. Antes que su amigo pudiera hacer o decir algo, Scorpius terminó de beber lo que quedaba de whiskey de fuego.

Le dio la botella vacía y comenzó a caminar.

-¡Scorpius!

-Ándate a la mierda, Nathaniel –dijo por sobre su hombro, muy seguro que lo había oído.

Ya tenía suficiente con Zabini, y Carrow como para tener que seguir soportando al latero de Bulstrode. Y no era tan sólo aquel día. Durante semanas estuvo sumergido en la más profunda tristeza por sus problemas amorosos cuando perfectamente debería haber hecho esto: emborracharse y darle rienda suelta a sus emociones. Nunca antes se había sentido tan libre como ahora. No tenía que pensar en lo moralmente correcto, en las formalidades, e inclusive en lo que él mismo diría más tarde cuando sintiera el peso de la resaca y del arrepentimiento de sus acciones sobre sus hombros.

Mientras trataba de no acercarse a las bestias que saltaban en medio de la sala común, chocó con alguien que llevaba dos copas llenas de un líquido que no reconoció. El contenido de las copas terminó en el suelo.

-¿Qué mierda, Malfoy? –escuchó a la persona preguntar. No supo quién era, ya que Scorpius simplemente siguió caminando. No le apetecía disculparse-. ¡Hey, Malfoy, vuelve aquí!

El accidente quedó en el olvido. Al menos para él, ya que entre el gentío, seguramente le fue imposible a la persona alcanzarlo para exigirle una disculpa.

De pronto, el aire se hizo pesado y comenzó a sentir calor. Había demasiadas personas en un lugar tan pequeño. Se desabrochó algunos botones de la camisa.

-¿Scorpius?

Entre la masa de personas, apareció Albus Potter cargando apenas cuatro botellas de cerveza de mantequilla. Tenía una en cada mano y dos abrazadas a su pecho, por lo que se movió con cuidado para acercarse a él.

-Oh, ¡Albus! –le dio una palmada en la espalda a modo de saludo.

-¡No esperaba verte celebrando!

-Creo que ahora entiendo por qué la gente va a fiestas –asintió, sintiendo la boca seca. Ver lo que cargaba Albus le había abierto nuevamente la sed. O tal vez se trataba del hecho que no tuviera ánimos para ser simpático con el hermano de Lily. Le caía bien y por eso había preferido mantener la amabilidad entre ellos, pero muchas veces había querido preguntarle si Zabini era mejor cuñado que él, o por qué lo habían aceptado tan fácilmente cuando no había pasado ni dos meses de que Lily y él terminaran. Y justamente en esta noche estaba seguro que lo haría. Si lo hacía, el arrepentimiento del día siguiente sería aún peor-. Veo que tú también celebras el triunfo de las serpientes…

-Eh, sí –movió la cabeza y le sonrió a un chico que Scorpius reconoció como su amigo. El joven se aproximó y le quitó las cervezas de los brazos-. Me quedaré un rato aquí, así que llévalas… Vale, gracias -se despidió de su amigo-. Fue un muy buen partido –le ofreció una de las cervezas y Scorpius la aceptó. Las destaparon-. Es una pena que hayan perdido.

-Oh, vamos, ni que yo fuera uno de los jugadores –la voz en su cabeza que le repetía que se fuera del lugar inmediatamente comenzó a hacerse más inaudible a medida que el amargo sabor del lúpulo llenaba sus papilas gustativas-. Al que deberías decirle eso es a Bulstrode… si es que hubiera jugado.

Los ojos verdes de Albus se agrandaron levemente al captar el sarcasmo en su voz. Con una sonrisa incómoda y quizás nerviosa, dio un sorbo a su botella y dijo:

-Eres de Slytherin. Por supuesto que debo decírtelo.

-¿Sabes, Albus? –entrecerró los ojos y lo señaló con el dedo índice de la mano con la que sostenía la cerveza-. Eso se aplicaría a mí si realmente perteneciera a esta casa. La verdad es que más allá de la astucia, nunca he sentido que comparto algo con… -miró a su alrededor, deteniéndose momentáneamente en la figura de Carrow. La chica hablaba rápidamente mientras gesticulaba a sus amigas. Scorpius sonrió, sabiendo que la noticia se estaba comenzando a esparcir-, ellos.

-Nunca te había visto borracho –comentó, divertido-. Es… muy extraño.

-¿En serio? Yo me siento genial –enarcó las cejas y dio tomó más cerveza-. ¿Y estás contento que por suma y resta de puntos, Gryffindor todavía puede ganar la Copa de las Casas?

-Te mentiría si dijera que no –admitió sonriendo.

-¿No es malo que te alegres de la desgracia de tu cuñado?

Siempre había sabido que en alguna ocasión le restregaría en la cara a Albus que su hermana era una zorra sin corazón. Lo dejó sin su mejor amigo, y ahora estaba fraternizando con el hermano de ésta. Cuán irónico era la vida. Si Albus resultaba tan parecida a Lily, entonces su amistad no era más que basura. Tal vez era mejor deshacerse de ella antes que se contaminara con ella. Después de todo, los padres no sólo heredaban su pasado, sino también la personalidad a sus hijos.

Albus tragó saliva y bajó la cabeza, evidentemente sorprendido por sus palabras tan directas y llenas de odio.

-Es decir, él está en la enfermería y tú estás celebrando –sonrió, sintiendo que su visión se volvía borrosa por unos momentos. Parpadeó un par de veces y cuando la patética imagen del joven apareció nítida ante él, levantó el brazo y chocó su botella contra la de él-. Hey, no te culpo. También lo estoy pasando bien a costillas de Zabini… ¡Un brindis por ello!

-¡Scorpius!

Bulstrode lo tomó del hombro y lo obligó a girarse hacia él. Se veía cansado y tenía la ropa muy arrugada. Seguramente no pensaba en volver a buscarlo, pero al notar hablaba con Albus se apresuró entre el mar de gente para detenerlo de hacer una locura. Su intento fue fútil, ya que el daño estaba hecho. Y aunque hubiera llegado a tiempo, dudaba que pudiera haber hecho algo para que no dijera nada.

Compartieron una larga mirada, en la que Scorpius vio la súplica de su amigo para que se detuviera. Por un segundo dudó si debía seguir. Podría ser simple: se iría a dormir, y luego al día siguiente culparía al alcohol por su actitud. Pero… eso no sería suficiente, ya que sus compañeros lo odiarían por enviar al capitán del equipo de quidditch a la enfermería (aunque realmente sería una excusa para vengarse por su actitud), y le seguiría doliendo el hecho que su mejor amigo optó por estar con una chica que por él.

Ya no había vuelta atrás. El tiempo para arrepentirse había quedado atrás y esa noche liberaría todos sus demonios.

-Albus, te presento a la persona más aburrida, fría y calculadora del mundo –pasando un brazo por los hombros de Bulstrode, lo giró hacia el Gryffindor. Ambos estaban en silencio, el primero por preocupación y el otro por consternación-. Bulstrode, te presento a mi casi amigo, y hermano de mi encantadora ex –soltó a su amigo y dio un paso hacia atrás-. Conózcanse, conversen, beban juntos y sean felices –movió la mano-. Yo me voy.

Se hizo paso entre las personas, ignorando los reclamos de a quienes empujaba para poder seguir adelante. Creyó escuchar a Bulstrode llamarlo un imbécil, lo cual podía ser verdad, pero estaba demasiado borracho como para estar seguro. Lo único que le preocupaba era escapar de aquel lugar. Estaba repleto de voces y risas que le hacían doler los oídos, y cuerpos sudorosos que se pegaban a él. Eso sumado a la alta temperatura y las fijas miradas cada vez más frecuentes de los presentes, lo asfixiaban. Un poco de aire le haría mejor.

Le costó llegar a la salida de la sala común, pero el esfuerzo valió la pena cuando sintió el frío de las mazmorras envolver su cuerpo. Cerró los ojos y disfrutó del cambio de ambiente.

En menos de veinticuatro horas había molido a goles a Zabini, puesto en su lugar a Carrow, y había dejado de dar una forzada simpatía a Albus Potter… Y se sentía liberado. Ya no tenía que fingir que el pasado no le importaba. ¿A quién engañaba? El pasado siempre lo seguiría, y acosaría su presente y futuro. Cada día le era más complicado convencerse a sí mismo que estaba bien y que el tiempo curaría las heridas. Estaba cansado de mentir, de fingir, de callar cuando tan sólo deseaba gritar.

Borracho de felicidad, Scorpius comenzó a reír. ¡Era libre!

Las pocas personas que estaban en el pasillo, mayoritariamente parejas, le dirigieron miradas extrañas. Sin mostrar un ápice de preocupación por esto, la gente empezó a entrar a la sala común.

-¿Qué le pasa a Malfoy? –susurró una chica-. ¿Está loco o qué?

-Loco de libertad –respondió el rubio, llevándose la botella a los labios y tomando un largo trago de cerveza de mantequilla.

-Yo diría que estás borracho.

Los pelos de sus brazos se erizaron al darse cuenta a quién pertenecía la voz. Casi se ahogó con el líquido en su garganta, pero afortunadamente tragó todo antes de comenzar a toser.

-¿Qué haces aquí? –preguntó entre tosidos.

Rose estaba junto a la entrada de la sala común. Le pareció extraño verla rodeada de las múltiples serpientes que decoraban la puerta circular, no sólo porque estuviera en un sector del castillo en el que nunca hubiera imaginado verla, sino que la expresión seria de su rostro calzaba perfectamente con el ambiente frío y hasta sombrío de la casa de Slytherin. La astucia nacía de la inteligencia, y quizás viceversa. No podía existir una sin la otra. Quizás Rose la pelirroja tenía una parte de serpiente que nadie más había notado.

-Mis amigos me animaron a venir y… El resto no importa –lo miró de pies a cabeza, deteniéndose en su camisa desabrochada y en su temblorosa mano aferrándose a la cerveza de mantequilla-. Albus me dijo que estabas borracho.

-¿Quieres? –apuntó la boca de la botella hacia ella-. Está buena.

-No.

Seguía borracho, de eso estaba seguro. Su visión no era completamente nítida y sentía que todo se balanceaba, como si estuviera en un barco que navegaba en una marea tranquila. Pero los deseos de descontrolarse, sin importar las consecuencias, comenzaron a mitigarse. Sus latidos se hicieron cada vez más lentos y la necesidad de llenar rápidamente sus pulmones de aire desapareció, así regularizando su respiración. Con cada paso que Rose daba hacia él, el rubio empezó a recuperar la calma y sus cinco sentidos.

Cuando la chica llegó a su lado, se cruzó de brazos y apoyó el hombro derecho en la pared. Scorpius notó que llevaba un delgado suéter y se preguntó si no tendría frío, pero optó por guardar silencio porque sabía que aquel comentario no la haría regresar a buscar algo más para abrigarse. No tenía idea de cuánto estaba al tanto, pero era evidente que estaba aquí para llamarle la atención. Y era patético, ya que en vez de irse como lo había hecho con Bulstrode, quería quedarse en aquel lugar porque deseaba estar con ella. No importaba si le repetía mil veces que era un imbécil e inmaduro. Después de todo el caos de aquel día y del resto que vendría en el futuro, necesitaba estar con Rose para sentir que todo podría estar bien.

-Qué raro que no quieras –comentó con una sonrisa. Ella alzó una ceja-. No digo que seas alcohólica ni nada, pero te he visto ahogarte en whiskey como una experta.

-Gracias por el cumplido –su tono dulce contrastaba con su semblante preocupado-. ¿Puedo saber por qué estás bebiendo? Porque por lo que sé, no te gusta el alcohol.

-Siempre hay razones –apoyó la espalda en la pared y giró un poco el cuerpo, quedando muy cerca de la chica-. Tú también las tienes.

-Es cierto, pero yo no voy riéndome sola en medio del pasillo o peleando con mi mejor amigo. ¿Qué ocurre, Scorpius?

¿Acaso era eso todo lo que sabía? Dentro de las acciones del día, las peores eran dejar a Zabini en la enfermería y lanzar comentarios nada amables hacia su primo. Rose podía ser evasiva, pero nunca al grado de no abordar los verdaderos problemas que la afectaban directa o indirectamente. Si no lo había mencionado, entonces no estaba al tanto de lo demás que había hecho.

Y con la recuperación de sus sentidos, la voz en su cabeza volvió a hacerme más audible y clara. Scorpius respiró profundamente, sintiendo que todo a su alrededor comenzaba a moverse más rápido.

Las consecuencias serán terribles.

-Vale, estoy en un momento de honestidad. Te lo diré –parpadeó, enfocando su mirada en el rostro de Rose. Cuando por fin lo hizo, notó que sus ojos estaban brillantes y el iris café de éstos tenía pequeños matices de color más claro, casi celeste-. Todo el mundo me tiene hastiado –el crepitar de las llamas lo desconcentró. Levantó la cabeza y vio que el fuego de la antorcha tras Rose peleaba para no apagarse-. Odio a mi familia, a los que alguna vez llamé amigos y a prácticamente toda esta maldita escuela –volvió a mirarla a ella y no pudo evitar sonreír-. Bueno, a excepción de ti.

De la única persona que no quería huir ni hacer daño, era ella. Sus pensamientos debían ser infantiles y poco lógicos. Sabía que cuando estuviera sobrio, se arrepentiría de todo lo dicho y hecho. O más bien, del modo en que ocurrió. No obstante, nunca lo estaría de lo que le estaba diciendo a Rose. Se podían contar con los dedos de una mano las veces que habían hablado sin sarcasmos ni dobles sentidos. Quería ser honesto con ella y no había mejor ocasión que ésta para serlo. Más tarde, sin el alcohol haciendo efectos en su mente, no se creía capaz de hacerle saber cuán importante era ella en su vida.

Haciendo una mueca, Rose se enderezó y le tomó el brazo por el codo:

-Estás borracho. Demasiado –hizo el ademán de caminar, pero él se quedó en su sitio. No le apetecía ir a ningún otro lugar. Al notar que sería inútil, la chica se contentó con dar un paso y quedar a una distancia que fácilmente se acortaría con un beso-. Creo que necesitas tomar aire fresco.

-¿De verdad el aire fresco mejoraría todo?

La mirada de Rose se suavizó al notar la resignación en su voz.

-No lo sé, pero te sentirás bien –respondió, tirando de su brazo-. Con la mente despejada, vas a poder pensar y-

-Quiero todo menos pensar, Rose. Por algo me emborraché... –estaba tan sumergido en la conversación, en sus emociones y en ella; que le tomó la mano que tenía sobre su codo y la acarició sin realmente pensar en que alguien los pudiera ver-. No sirve de nada salir a los jardines, respirar aire fresco, estar sobrio… Sería inútil porque de todos modos nada desaparecerá –Rose cedió ante sus caricias y volteó la mano, dejando que su palma abrazara la de él mientras sus dedos se enredaban. La respiración se le hizo más difícil, causando que su voz se tornara quebradiza-. Zabini sigue en la enfermería, mis compañeros me odian, soy el tema de conversación de la escuela, y no quiero ni imaginar en lo que harán mis padres cuando sepan que molí a golpes al hijo de uno de los mayores inversionistas y amigos de la familia…

Todo será peor. Fue, es, y seguirá siendo horrible.

Los ojos se le llenaron de lágrimas y los cerró, sintiéndose un imbécil. Había hecho lo que hacía tanto tiempo deseaba: encarar al pasado. En un principio se sintió liberado por no tener tapujos y hablar con la verdad, pero ahora… Ahora lo que era un en principio un desorden, se había transformado en un completo caos. Y con la magnitud de sus acciones, realmente sería imposible reparar el daño hecho.

Sintió la otra mano de Rose deslizarse por su quijada e inhaló con furia. No podía llorar. Ella no podía verlo así.

-Scorpius, mírame.

La obedeció y no supo qué había en la mirada de la chica. Tuvo la sensación de ser transportado en el tiempo, y estaba a mediados de octubre. Ambos estaban en la Torre de Astronomía y él le preguntaba si estaba segura; si no tenía miedo de repetir lo de la otra noche. Estaba inquieto por lo que darían pie a comenzar. Y ella, con el significado de su mirada oculto bajo un puñado de emociones que al sumarlas, no entregaba ningún resultado; se acercó y le dio su respuesta a modo de un beso.

Tenía miedo, tal como aquella vez. Sus pensamientos lo atormentaban, estaba seguro que cometía un error irreversible, y no sabía qué le diría ella. Pero a diferencia de esa ocasión, esta vez tenía la certeza que ambos estaban unidos por algo especial. Nunca lo habían expresado con palabras, pero sus acciones lo decían. Este sentimiento compartido le daba la pequeña esperanza que el error podría repararse y podría alcanzar la tranquilidad que desde siempre había querido tener.

La respuesta de Rose quedó en un pequeño hilo de voz cuando unos gritos irrumpieron en el lugar:

-¡Albus, Hugo; déjenme!

Esto debía tratarse de una pesadilla. O un muy bien caso de la vida mofándose de él en su propia cara, lo cual no era de extrañarse. La vida se divertía con él desde que su mejor amigo lo traicionó. Tal vez antes, desde que decidió responder el tímido comentario de Lily Potter hacía dos años atrás en una fiesta del Club de las Eminencias. E incluso la vida se determinó a joderlo desde el inicio: nada mejor que saber que tus padres y abuelos se llenaron las manos de sangre por subyugarse a la sed de poder del criminal más grande en la historia del mundo mágico.

Lily respiraba agitadamente, mientras sus ojos estaban fijos en él. Tras ella estaban su hermano Albus y Hugo Weasley. Ambos se lanzaban miradas cómplices. El pelirrojo trató de obligar a Lily a regresar, pero antes que la chica pudiera moverse, Albus le tomó el brazo y negó lentamente con la cabeza. Más que un gesto de venganza por como lo había tratado anteriormente, Scorpius supo que había detenido a su primo de hacer algo inútil: detener a Lily. Si había una característica que no sabía si era una cualidad o defecto de la chica, era que cuando comenzaba algo, nunca se rendía en terminarlo. Y con esto no había excepción.

El pulso y respiración del rubio comenzaron a acelerarse, dejando la calma como un estado pasajero. Los ojos llenos de lágrimas de la joven lo enfurecieron.

-Eres un inmaduro –dijo casi escandalizada-. Nunca creí que pudieras comportarte como un salvaje.

-¿Y por qué crees que me importa lo que pienses de mí? –respondió con sorna.

-Scorpius, por favor. Alguna vez te importó y a mí también lo que pensaras de mí… -inhaló sonoramente antes de dar un paso hacia adelante, acercándose a él-. Fuiste importante para mí y de verdad me duele ver lo que estás haciendo.

-Si deseas una disculpa por moler a golpes a tu novio, entonces… -contorsionó su boca en una exagerada mueca, y se llevó la mano que tenía libre bajo el mentón. Mientras fingía estar pensando, sintió que Rose rompía el contacto entre sus dedos entrelazados y luego, bajó el brazo, dejando de aferrarse a su codo-. No –sonrió y chistó la lengua-. No me arrepiento y si me dieran la posibilidad de hacerlo de nuevo, lo haría mil veces.

-¡No puedo creer que seas tan infantil!

-Y yo no creía que podías ser una zorra sin corazón –sentenció amargamente.

Sus palabras provocaron que un enorme silencio se cerniera sobre ellos. Hugo ya no hacía amagos de detener a su prima, sino que estaba atentamente observando lo que muchos llamarían la confrontación del siglo. Potter contra Malfoy. Ambos apellidos enfrentados nuevamente después desde hacía varios años, pero esta vez en un contexto más personal y digno de una novela rosa barata.

Desde que vio a Zabini y Lily besarse la misma noche que él había terminado con ella, nunca la había confrontado. A pesar de aún quererla y extrañarla, evitar a la pelirroja fue lo primero que aprendió a hacer. La humillación y dolor de la traición eran muchos más poderosos que sus deseos de regresar el tiempo a la época donde ambos eran una pareja feliz. Durante todos estos meses guardó muchos pensamientos, la mayoría siendo recriminaciones y preguntas que sabía que nunca conseguirían respuesta. No al menos que tuviera el valor de plantarse frente a la imbécil que le había quitado su mejor amigo.

Antes de formular alguna de sus tantas preguntas o de exigirle que desapareciera de su vista (porque francamente, su presencia le aumentaban los mareos y no quería vomitar), notó que la expresión del rostro de la chica cambió de frustración a sorpresa. Su ceño de relajó y las cejas se arquearon, mientras su boca dejó de temblar para quedarse un poco abierta. Su mirada estaba puesta sobre él, pero no en él

A pesar de haber dejado de tomarle el codo, Rose permaneció a su lado sin moverse un centímetro. Sus brazos se rozaban imperceptiblemente. Además, ambos tenían sus cuerpos girados de tal modo que sólo bastaba que movieran las cabezas para quedar frente a frente, a una distancia que no encajaba con la frase "sólo somos conocidos que charlábamos un rato".

Scorpius sintió un leve dolor en el pecho cuando Rose dio un paso hacia el lado, alejándose de él. De repente, sintió que los pulmones se incrustaban contra las costillas.

No fue Lily la única que notó la manera tan cercana en la que estaban, sino que Albus y Hugo los miraban con asombro. En el rostro del mayor no había confusión como tenía el del pelirrojo. Seguramente estaba pensando que ellos, Scorpius y Rose, no era realmente una sorpresa. Después de todo, hacía mucho tiempo al rubio le costaba guardar las apariencias en público cuando tenía a la joven cerca. Tal vez lo que había en su semblante era dolor. Al menos eso podía concluir Scorpius al observar sus tristes ojos. Dolor por el secreto, dolor por la traición familiar que Rose había cometido, dolor por el acto repugnante de Scorpius al involucrarse con la prima de Lily; y dolor porque no había modo de que dos personas inteligentes como ellos previeran que esta relación traería sólo desastre a sus familias y a ellos mismos. Fueran cuales fueran los pensamientos de Albus, el joven se quedó en silencio con la mirada puesta sobre su prima.

-¿Por qué nos miras así, Lily? –preguntó Scorpius, enojado. La conversación sobre la paliza a Tom, sobre ella y él; no acerca de Rose-. No puedo negarme a tener que hablar contigo o Zabini, tengo que comportarme bien con ustedes, no puedo pegarle a Zabini… Exactamente, ¿qué hice de malo ahora?

-No puedes seguir así, Scorpius –dijo lentamente, como si le costara hablar.

-¿Ah, no? ¿Acaso sólo tú puedes robarme al que era prácticamente mi hermano? –lanzó una carcajada. Rápidamente caminó hacia Rose y la tomó por la cintura-. Hey, Rose –la miró. La pelirroja se veía asustada-. ¿Qué te parece si somos novios? –le dio un beso en la comisura de los labios. En el breve instante que duró el gesto, Scorpius se arrepintió enormemente de las palabras que había dicho. Su estómago comenzó a revolverse. ¡Era un imbécil! De todos los acontecimientos de aquella noche, lo que más quería deshacer era esa estúpida propuesta-. Así estaríamos a mano, ¿no, Lily? –preguntó, alejando su rostro del de la chica, y vio que los ojos de Rose estaban rojos y lleno de lágrimas contenidas.

Perdóname. Nunca fue mi intención hacerte daño. No sé qué pasó. Sólo estoy fuera de control y no estoy pensando antes de hablar. Perdóname, por favor.

Por un momento deseó que los demás desaparecieran y que los únicos en aquel lúgubre pasillo fueran Rose y él. Necesitaba disculparse por haberla herido. Desde que tomó la decisión de dejarse llevar por la desinhibición del alcohol, siempre supo que terminaría peleando con Bulstrode, pondría en su lugar a Carrow, y se convertiría en el estudiante más odiado de su generación (y casa). Las últimas dos realmente no le importaban y una disculpa sincera con su amigo bastaría para resolver las consecuencias de su actitud irreverente. Y si de paso también arremetía contra algún Potter o amigo de Lily, e inclusive la misma Lily, entonces lo haría y aunque fuera difícil, al menos tendría la satisfacción de confesar sus verdaderos pensamientos. Pero Rose… A ella no quería hacerla sufrir. No porque una disculpa o el ofrecimiento de un borrón y cuenta nueva, no funcionarían con ella; sino por el simple hecho que ella no merecía ser herida por él. Y más allá de eso, no deseaba hacerlo. Sus sentimientos por ella eran demasiado fuertes como para pensar siquiera en que ella sería un daño colateral de su borrachera.

Perdóname, Rose. Perdóname.

¿Dónde estaba esa voz en su cabeza que le advertía que no se comportara como un idiota cuando la necesitaba de verdad?

En cuestión de segundos, Scorpius pasó de estar observando arrepentido el rostro dolido de Rose a tener a Lily encima de él, golpeándole el pecho.

-¡Eres un cerdo! –chilló, cerrando los ojos-. ¡Eres un maldito cerdo!
-¡Lily! –Albus y Hugo se aproximaron corriendo.

-¡Eres un cerdo!

Los puños de la joven caían sobre su pecho y hombros, cortándole momentáneamente la respiración. A pesar de esto, Scorpius no pudo evitar lanzar una carcajada.

-¡Cretino! –gritó enfurecida, golpeándolo más fuerte.

-¡Lily, detente! –Hugo la tomó por los hombros, tratando de apartarla. Ella se zafó, plantándole una patada tras la rodilla-. ¡Oh, mierda! –exclamó adolorido.

-¡No eres más que un imbécil! ¡IMBÉCIL!

La escena habría seguido por un tiempo indefinido, sino fuera porque alguien más intervino:

-Lily –Rose colocó un brazo entre Scorpius y ella, a la altura del pecho de éste. La chica se quedó con los puños en el aire y Rose aprovechó de dar un paso hacia adelante, interponiéndose por completo entre los dos-. No sigas.

No podía verle el rostro porque le daba la espalda, pero el rubio estaba seguro que la mirada de la chica debía ser bastante seria como para que Lily le hiciera caso.

Lentamente, la pequeña pelirroja comenzó a retroceder. Albus la miró atentamente, con el cuerpo tenso, como si esperara que en cualquier momento volviera a atacarlo. Se alejó hasta que su espalda chocó con Hugo. El chico se había retirado para ver el estado de su pierna (se veía rosácea, y tomando en cuenta que las antorchas no iluminaban muy bien, en realidad la debía tener rojiza, quizás con un poco de sangre por el delgado taco del calzado de Lily).

-Estoy harta, Scorpius –Scorpius dio un paso al lado, para mirarla mejor. Rose también hizo lo mismo, pero se dirigió hacia una pared. Mantener la mayor distancia entre ellos parecía ser una buena idea en ese instante-. Sabes muy bien que Tom y yo ya no estamos juntos. Y… -negó con la cabeza-. ¡Por la mierda! También sabes cuán culpables nos sentimos. Tom siempre quiso terminar, porque no se podía perdonar a sí mismo lo que te hicimos. Desde el inicio supimos que… lo nuestro fue un error.

A pesar de la desesperación en su rostro, su voz era extremadamente calmada. Parecía estar haciendo todo el esfuerzo posible para no descontrolarse, como había hecho momentos atrás.

Con una mueca despreciativa, Scorpius dijo:

-Oh, por favor, no sigas –lo que menos necesitaba era terminar el día con Lily llorando, confesándole cuánto lo sentía y la tortura que era su vida desde que decidió iniciar con aquel endemoniado triángulo amoroso-. No soy tu terapeuta ni tu mejor amigo, Lily. No necesito tus-

-Y todo este tiempo, me he estado odiando a mí misma por lo que hice –continuó, ignorándolo. Suspiró, y por un segundo Scorpius creyó que empezaría a llorar. Pero los ojos de la chica estaban secos, y prosiguió con una voz más potente y segura:-. Me gustaría volver en el tiempo y hacer todo distinto… pero no se puede. Así como tampoco es posible controlar en quién se fija tu corazón –se llevó una mano al pecho y tomó el suéter, arrugándolo-. ¿Pero, sabes? Estoy harta de sentirme así. Ya no quiero seguir pidiéndote disculpas cada vez que te veo, ni pensar en cuán mal debes estar pasándolo, ni en controlar lo que hago o digo en público por miedo a hacerte más daño –se alzó de hombros y lo miró de pies a cabeza-. Si quieres seguir siendo la víctima, entonces bien por ti. Sigue siéndolo porque nadie te detendrá.

Siempre había odiado cuán exagerada y dramática era Lily. Hacía esos gestos o movimientos, como tocarse el pecho, creyendo que le daba más peso a sus palabras, cuando en realidad la hacía lucir como una actriz barata. Y no sólo eso. El modo en que hablaba… Todo parecía sacado de una novela rosa, de esas que le encantaba leer una y otra vez. Con o sin borrachera, su monólogo le asqueaba.

-Vaya –guardó las manos en los bolsillos delanteros y fingió sentirse acongojado por sus palabras-, me robaste las palabras de la boca –la pelirroja lo fulminó con la mirada-. Es la verdad –admitió, enarcando una ceja-. Me robaste todo lo que quería decirte. Haría un recuento, pero sería aburrido repetir tu… monólogo. Así que dejémoslo en que no nos veremos nunca más y seremos felices comiendo perdices, ¿vale?

-Mira, Scorpius –comenzó a caminar hacia él. Scorpius vio a Albus, Hugo y Rose mirarse, como si se preguntaran qué debían hacer. La actitud tranquila de la chica pareció convencer al hermano de ésta de no intervenir, y tomó a Hugo del brazo para impedir que hiciera algo. Rose se quedó en su lugar, e intercambió una breve mirada con el rubio-. No me importa si te emborrachas y haces el ridículo frente a todo el mundo, si vas a clases o no, si destruyes tu vida social, o si te vas a vivir con el calamar gigante al fondo del lago –se detuvo casi al chocar con él. Sus ojos estaban extremadamente brillantes-. Pero lo que no te permitiré es que le hagas daño a mi familia –desvió la mirada hacia Rose por un segundo- o a Tom. Ellos no tienen la culpa de nada. Si quieres odiar a alguien, pues ódiame a mí –el perfume a lavanda que tanto amaba en ella, ahora le daban ganas de vomitar-. Fui yo quien le dijo a Tom que lo quería por primera vez, fui yo quien lo besé, y yo propuse que saliéramos oficialmente.

"Hermanos por sobre chicas, Scorpius. Siempre."

La única discusión que había tenido con Zabini había sido por Denisse Williams. ¿Su amistad no valía nada cuando había una chica de por medio? Quizás Williams era una chica demasiado irrelevante y ambos todavía eran niños. Pero ya más maduros, aquella frase quedó relegada en el olvido cuando Zabini dejó que Lily se interpusiera entre ellos. Y él la eligió. Lily podría haber sido otra chica irrelevante, pero no fue así. Eligió irse con ella y abandonarlo. Lanzó a la mierda años de amistad por ella.

¿Acaso Lily lo había hechizado? ¿Lo había forzado a estar con ella? Por más seguro que estuviera que la pelirroja había iniciado algo y ella era quien determinaba los pasos de la relación, él lo aceptó. Podría haberse negado, haberle dicho que nunca más la vería porque sería traicionar a su mejor amigo y listo.

¿Cómo le podía pedir que sólo la odiara a ella cuando Tom Zabini lo abandonó? Si los colocara en una balanza, claramente la amistad con Zabini pesaba muchísimo más que su relación con Lily.

-Estás muy equivocada -los ojos empezaron a escocerle-. Sé muy bien que los tres tenemos culpa en todo esto. Ninguno está exento de ella. Y quién sea la víctima, la verdad es que ya no interesa –estaba siendo sincero. Tratar de dilucidar quién era el villano a esas alturas era inútil, porque no solucionaría nada. En el fondo sabía que los tres habían sufrido demasiado y ya no sacarían nada más que dolores de cabeza si seguían dando vueltas en círculos buscando el final inexistente de éste-. Lo único que deseo es que Tom y tú me dejen en paz –sintió que la boca le temblaba y la cerró. Respiró varias veces antes de seguir:-. Y espero que te creas tu discurso esta vez, Lily, porque ya no quiero tenerlos asfixiándome con excusas y súplicas que me importan un pimiento.

-Scorpius, yo-

-¡Yo, yo, yo! –la tomó por los hombros y quiso zamarrearla, pero no lo hizo-. ¡Lily, él era mi mejor amigo! –su vista nuevamente comenzó a ser borrosa, pero esta vez por las lágrimas que se agolpaban en sus ojos. Los labios de la joven temblaron al verlo llorar-. Tú sólo eras una chica. Y me dolió de tu parte, pero lo superé. Sin embargo, él era… familia –su estómago dejó de revolverse, pero no volvió a la normalidad. Sintió un agujero abrirse en él, que se abría lentamente y le impedía abrir la boca con facilidad-. Mi propio hermano me traicionó. Es muy distinto –soltó los hombros de la chica y retrocedió un paso. Lily parpadeó, mirándolo con la expresión más desconsolada que había visto alguna vez en una persona-. No te odio... Ya no te odio.

Sabiendo que le sería imposible reprimir las lágrimas, el rubio rodeó a la pelirroja y empezó a caminar hacia el extremo del pasillo que llegaba a las escaleras de caracol, dando por finalizada la tan dramática confrontación.

Sintió la fija mirada de Albus, Hugo, y probablemente de Rose, quemándole la espalda; y agilizó el paso. La agitación de la conversación con Lily se estaba sumando a los efectos de la borrachera y no se sentía para nada bien. Finalmente había perdido el poco control que le quedaba. Había jurado no volver a llorar por el imbécil de Zabini, pero aquí estaba: huyendo de las mazmorras, con las mejillas tapizadas y los ojos llenos de lágrimas

El aire fresco del hall central del castillo llenó sus pulmones una vez que subió el último escalón de la escalera. Y como había dicho Rose anteriormente, los pensamientos se hicieron más claros… lo cual no fue bueno. Uno a uno empezaron a aparecer, revolviéndose dentro de su mente y aumentando la sensación que todo se balanceaba a su alrededor. Había ocurrido, hecho y dicho tanto, que su cuerpo ya no daba más y finalmente su mente cedía ante la locura de esa noche.

Siguió caminando sin pensar en que un prefecto, fantasma, o personaje de una pintura podría verlo y darle la lata por andar paseándose por el castillo a altas horas de la noche. Tan sólo quería llegar a un lugar tranquilo donde pudiera esforzarse en callar todas las voces en su cabeza que le recordaban cada uno de los eventos del día: la pelea con Zabini, la conversación con Carrow, Albus, todos los intentos de Bulstrode de detenerlo, la expresión dolida de Rose por usarla como arma para avivar la confrontación con Lily, y finalmente, el haber admitido ante la responsable de este drama que vivir sin su amigo era lo más difícil de todo.

¿Podría ser posible callar las voces, con todo lo que había ocurrido? Sin importar si la respuesta fuese afirmativa o no, había una simple verdad: por más que caminara y encontrara el lugar más calmado del mundo, lo dicho y hecho no desaparecería. Las consecuencias de su borrachera llegaron para quedarse en su vida.


Después de un tiempo incalculable (podrían haber sido minutos u horas, su carencia de sobriedad le estaba jugando una mala pasada), por fin salió de su estupor al sentir una mano posarse sobre su hombro.

Rose lo miraba con preocupación y hastío al mismo tiempo. Por el modo en que repetía su nombre sin cesar, seguramente lo había estado llamando desde hacía rato sin obtener siquiera su atención. Tomando la pequeña sonrisa como una respuesta satisfactoria, sus ojos se dirigieron a la botella que descansaba en su regazo e hizo una mueca.

En su camino hacia la Torre de Astronomía había encontrado a un grupo de chicos en el segundo piso, pillándose una gran borrachera a modo de celebración por la victoria de Hufflepuff. Tan contentos estaban, que no dudaron en invitar a Scorpius a celebrar con ellos. "¡Gracias a ti, Zabini no pudo jugar el partido!" exclamó uno de los chicos, dándole un caluroso abrazo. El pequeño encuentro le sirvió a Scorpius para obtener más alcohol ("Es vodka, una bebida muggle, y jugo de calabaza. Receta de familia." explicó la chica que no parecía tener más de catorce años) y para suponer que si los Hufflepuffs sabían, entonces toda la escuela ya estaba enterada del incidente de la mañana.

-Así que fuiste tú el que golpeó a Zabini…

Él estaba sentado en el mismo lugar donde meses atrás ambos se encontraron hablando amargamente sobre la vida. Ella se burlaba de su melancolía por volver Lily, y él le respondía que una santurrona como ella no tenía idea alguna de lo que decía. Ésa vez la borracha era ella. Qué ironía.

La pelirroja estaba de cuclillas y no movió la mano de su hombro izquierdo. Lo miraba con pena. Scorpius trató de encontrar algún rastro de las palabras que le había dicho antes, pero no encontró nada. Si no la conociera tan bien, creería que realmente estaba bien, que ella era fuerte y no se sentiría mal por nimiedades.

-No me des la lata, Rosie –dejó la botella a un lado, sobre el suelo; y colocó la mano derecha sobre la que ella tenía sobre su hombro. No intentó zafarse del gesto. Eso es positivo-. Por favor, te lo suplico. De todas las personas, tú no.

-No pensaba hacerlo –dijo con una sonrisa. Lo miró unos instantes antes de continuar:-. Creo que cuando estés sobrio, las consecuencias serán un mejor recordatorio que mis palabras.

-¿Sabes que lo que dije antes no es cierto? –acarició con el pulgar sus nudillos. Ella bajó la mirada y se mordió el labio inferior-. Es decir, jamás ha sido mi intención herirte… Estaba enojado y tan sólo quería molestar a Lily –Rose no hizo ningún movimiento-. Soy un grandísimo imbécil. Lo siento mucho.

Tal vez era la primera vez en su vida que realmente le tomaba el peso a las palabras "lo siento". Era muy utilizada en la cotidianidad, especialmente en pequeñeces como cuando alguien chocaba contra otra persona en el pasillo o tomaba la fuente con patatas asadas sin darse cuenta que alguien más tenía la intención de hacer lo mismo. Lo siento mucho. ¿Acaso significaba que él había sufrido lo mismo que ella o que simplemente se hacía una idea de lo que sentía la joven? Fuera una u otra, no importaba. Tan sólo quería hacerle saber que había cometido un error. Su intención era desahogarse contra el mundo, no ser un idiota con ella.

El silencio de Rose comenzó a desesperarlo y tuvo las ganas de tomarle el mentón, y obligarla a mirarlo. Habla, di algo. Dime lo que sea. La mano que tenía libre, apoyada sobre el frío suelo de piedra, la apretó con todas sus fuerzas. No podía ser tan impulsivo. Si forzaba a Rose que le diera una respuesta… pues, si todo estaba mal, entonces en ese caso estaría horrible. Una de las consecuencias de esta noche no podía ser que Rose lo dejara. La sola idea de no volver a estar con ella le dificultaba la respiración.

Cuando la pelirroja se movió, Scorpius casi saltó de su lugar. Lentamente, la chica se sentó a su lado y todavía manteniendo la mano sobre su hombro, lo miró:

-Está bien, Scorpius –sus ojos estaban brillantes, pero se lo atribuyó a la luz de la luna reflejada en ellos. Él apretó su mano, esperando encontrar algún rastro de mentira en su respuesta-. Te entiendo –la chica sonrió tristemente. Se veía extremadamente cansada-. Lo que pasó allá abajo fue… intenso.

Lo que le había dicho fue muy grave. Prácticamente la ridiculizó frente a su hermano y primos, ostentando la idea que si quería, podía ser su novio para así devolverle la mano a Lily. Si ella le robó al que era su hermano, entonces él perfectamente estaba en el derecho de involucrarse con alguien cercano a ella. Alguien de la familia, para destruir aquella noción de lealtad familiar de la que se enorgullecía cada vez que alguien le preguntaba sobre los Potter y Weasley. Rose no sería más que un medio para su fin: la venganza en contra de Lily.

¿De verdad lo entendía? ¿Sus palabras no tenían una verdad oculta?

No, es cierto. Con algo tan serio no sería capaz de mentirme.

Levantó su mano libre y acarició la mejilla de la joven. Rose cerró los ojos, y dando una larga exhalación, se apoyó contra su palma.

-Rose –uso todas sus energías para enfocar a la chica en su mirada. Maldito alcohol-, discúlpame –empezó a inclinarse hacia ella-. Yo no quiero hacerte daño…

-Lo sé –dijo mientras asentía levemente con la cabeza. Abrió los ojos y lo miró fijamente-. Sé que no lo dijiste en serio.

-Lo siento tanto…

-Lo sé –repitió llevando sus brazos hacia la parte de atrás de su cuello y lo envolvió en un apretado abrazo.

Le era imposible siquiera imaginarse cómo sería estar sin ella. No, eso era una mentira. Si podía: sus días sin Rose sería aburridos, llenos de rutinas y horas vacías. En vacaciones de navidad supo lo que era extrañarla. Y ahora que habían alcanzado un punto más cercano en su relación, no tenía idea de cuán insignificante se sentiría si no la tenía a su lado. Si antes la extrañaba, ¿cómo sería ahora, que sabía cuán trascendental era su presencia en su vida?

No quiero perderte. No quiero estar sin ti.

Se quedaron un buen rato así, abrazados. Los dedos de Rose se deslizaban cariñosamente por su nuca, mientras de su boca salía un suave "shhh" como el que susurran las madres cuando tratan de calmar a su bebé. Scorpius hundió la nariz en la parte baja de su oreja, sintiendo el agradable aroma a cítricos de los rizos pelirrojos perforando su nariz.

Una vez que su respiración se hizo más calmada, sintió que los brazos de la chica abandonaban su cuello. Él frunció el ceño y debió haber lucido patético, porque inmediatamente Rose le dijo con una mueca que los brazos le estaban comenzando a doler.

-Te diría algo, pero creo que mi comportamiento de hoy día no me hace merecedor de reclamar… -bromeó, sonriendo.

-Muy bien –usando las manos sobre el suelo, se sentó más cerca de él-. Y técnicamente fue ayer. Ya es domingo.

-Finalmente terminó mi noche de desquite –miró la botella y la tomó-. ¿Esto ameritaría un brindis, no?

-Ya bebiste demasiado –se la quitó de la mano y la abrió. Llevó la nariz hacia la boca del envase, y ladeó un poco la cabeza. Por su expresión, pareció reconocer cuál era su contenido-. ¿Y valió la pena? –Scorpius la miró confundido. La joven cerró la botella y después de dejarla sobre el suelo, a su lado; le dirigió una mirada curiosa.-. ¿Valió la pena todo lo que hiciste ayer?

Era una muy buena pregunta. Sabía que necesitaba desahogarse y arremetería contra personas a las cuales no les pediría disculpas luego por sus acciones. Moler a puñetazos a Zabini, poner en su lugar a Carrow, e inclusive la emocional conversación con Lily, lo hicieron sentir la persona más poderosa del planeta. Pero también le había dicho cosas horribles a Rose y se portó como un idiota con Bulstrode. Si coloca todo esto en una balanza, con lo bueno en un plato y lo malo en otro, ¿hacia dónde se inclinaría ésta?

-No lo sé –se restregó los ojos-. Cuando esté sobrio podría contestarte ésa pregunta.

Todavía estaba borracho. A pesar que los mareos habían disminuido, le costaba enfocar los objetos y de repente perdía la noción de las distancias (el cielo se veía muy cerca y el suelo donde estaba sentado parecía estar a kilómetros de lejanía). Suponía que con un par de horas de sueño, los efectos del alcohol desaparecerían para dar paso a una resaca monumental.

Rose se rió y dijo:

-Oh, Scorpius Malfoy borracho, en la Torre de Astronomía, en el toque de queda –entrecerró los ojos y le sonrió traviesamente-. Me pregunto qué me darías a cambio con tal de que la prefecta no te denuncie con tu jefe de casa.

-Bueno… Podría dejar que la prefecta se aproveche de mí.

-¿Sí?

-Claro –bajó su mirada hacia los labios de la chica-. Puede ser de manera física o simplemente… No sé, podría hacer todo lo que ella quiera… Algo así como ser su esclavo.

-Realmente estás muy borracho –comentó la pelirroja, conteniendo una carcajada. Scorpius asintió sin reparos-. ¿No piensas ni siquiera fingir que no estás rompiendo más de quince reglas en este momento?

-Los borrachos no pueden mentir, Rose…

Volteó los ojos ante su frase y pareció que ésta la hizo recordar algo, puesto que se cruzó de brazos y lo miró con diversión:

-Vaya, la honestidad personificada.

Scorpius sonrió, sabiendo muy bien a qué se refería con esas palabras. Meses atrás, una noche más nublada que ésta, la chica que jugaba con un telescopio mientras se bebía una botella de ron le decía que se largara del lugar. Dejando de lado los intercambio formales de cuando él era el novio de Lily, las primeras palabras que le dirigió a Rose (la pregunta de "¿quién eres?" no contaba, porque no sabía que se trataba de ella en la torre) fueron llenas de sarcasmo. Todo comenzó con un "Vaya, la amabilidad personificada". De aquella conversación nacida de las frustraciones de cada uno, se generó un vínculo imprescindible en la vida del rubio.

Sorprendido por la buena memoria de la pelirroja, no pudo evitar sentirse feliz. Siempre había pensado en la Torre de Astronomía como el lugar especial de los dos.

-Rose, Rose. Eres genial –la miró cariñosamente. Buscó su mano y la apretó-. Eres una de las mujeres más lindas que hay en la escuela. ¿Lo sabes, no? –nuevamente estaba hablando antes de pensar. Sin embargo, no se sentía culpable porque por fin le estaba diciendo lo que tantas veces guardaba en su memoria como un pensamiento soso-. Y muy inteligente. Eres graciosa, y… transparente. O sea, no es que sea fácil saber lo que sientes, pero la tarea de conocerlo me gusta –se rió por el desorden de ideas-. ¿Ya te dije que eras genial, verdad?

La susodicha lanzó una risa nerviosa a modo de respuesta. Rose se notaba anonadada por verlo… así, tan relajado y sincero. Él tampoco podía negar que era extraño. Normalmente no admitiría todo eso en voz alta, especialmente porque lo hacía sonar un cursi empedernido. A pesar que las palabras facilitaban mucho el enviar un mensaje a otra persona, muchas veces podían ser malinterpretadas o ser vergonzosas, como en este caso. Era mejor demostrar lo que se sentía a través de acciones. Esperar por una respuesta o reacción a base de palabras era muy incómodo, puesto que se notaba cuánto esfuerzo hacía la otra persona por procesar lo dicho. Las acciones eran contestadas espontáneamente, o al menos no se notaba el pensamiento tras ellas. Y Scorpius prefería simplemente demostrarle a Rose cuánto la admiraba con besos, caricias, y abrazos. Quería estar con ella porque simplemente era genial.

No obstante, últimamente las palabras no parecían ser suficientes. Cada vez que estaba con ella, sentía que un beso o una mirada no bastaba para hacerle saber cuán importante era en su vida. ¿Cómo le hacía ver que estando a su lado, era el momento más feliz de su día?

Nunca antes se había sentido constantemente así. En un principio tal vez fuera así. Toda relación vivía una época donde hasta los mínimos detalles eran tan relevantes, pero luego de un tiempo, aquellas cosas no importaban y la monotonía llegaba para quedarse. Por nadie pensó que su día sería perfecto una vez que esa persona le sonriera en la mañana desde el otro extremo del Gran Comedor. Todas las mañanas necesitaba verla para creer que comenzaría el día con el pie derecho. No sabía desde cuándo lo hacía, pero ya habían transcurrido cuatro semanas desde que lo notó y siempre era igual.

-Eres todo lo que Lily no es –dijo abrumado con este descubrimiento: Rose era más importante que Lily había alguna vez sido. Había leído en novelas, escuchado en canciones y a las personas hablar sobre el gran amor de sus vidas; y si antes tan sólo se reía por esa cursilería, ahora además de seguir pensando lo mismo, era la alta pelirroja de cabello rizado a su lado quien ocupaba su mente-. Y me encanta. Realmente me encanta que seas tan distinta, que seas .

¿Gran amor? ¿Amor?

-Sí –los temblorosos labios de Rose formaron una sonrisa. Sus ojos se desviaron a punto atrás de él y dijo con una exhalación:-. No soy como Lily.

Uno a uno todos los sentimientos que provocaba ella en él se podían apilar en una simple palabra: amor.

¿Cómo no había podido darse cuenta antes? Tal vez el alcohol no sólo lo desinhibía en cuanto a acciones reprimidas, pero también en líneas lógicas de reflexión. Cabía la posibilidad que no fuera completamente amor, sin embargo, estaba llegando a ése sentimiento: cada día, se estaba enamorando más de Rose.

-Lo cual me hace feliz porque… porque… -Scorpius amplió su sonrisa y Rose lo miró, extrañada por su silencio. Estoy enamorado de ti. Te quiero. Las palabras morían en sus labios-. ¿Por qué es tan difícil, Rose? ¿Por qué nunca podemos decir las cosas por su nombre? ¿Por qué nos quedamos en lo implícito? –preguntó frustrado consigo mismo.

¿De qué valía darse cuenta que la quería cuando no podía decírselo? No importaba cuán intensas fueran sus miradas o cuán trabajadas fueran las caricias. Ninguna acción sería capaz de hacerle saber que sin ella no sabría cómo vivir, que deseaba que estuvieran todo el día juntos, que se preocupaba por su opinión, que simplemente estaba enamorado de ella.

-Porque la vida es difícil –dijo, con un tono que Scorpius lo asoció con pena. Antes que pudiera cerciorarse en su rostro si estaba triste o simplemente lo imaginó, la pelirroja se puso de pie y lo tiró de un brazo. Él resistió a moverse-. Vamos, Scorpius –insistió, se inclinó para tirarlo con más fuerza-. Ya es muy tarde. Tienes que regresar a tu sala común. O… ir a la Sala de los Requerimientos. Tienes que dormir.

Desde ése ángulo, con ella de pie a su lado, el joven contempló los rizos cayendo hacia él. Si Rose tuviera el pelo más largo, quizás la punta de su cabello le haría cosquilla en el rostro.

-Deberíamos dejar de hacer la vida difícil –dijo, ignorando su petición. O mejor dicho, orden, porque no lo había dicho en de pregunta. Es ahora o nunca. Debía decírselo. No sabía cuándo volvería a ser valiente y tenía que aprovechar el momento-. Es nuestra culpa que nos guste complicarnos la vida. Por ejemplo… -parpadeó, mirándola fijamente a los ojos-. Rosie, me gustas mucho.

La fuerza en su brazo abruptamente terminó y Rose lo soltó.

Un latido. Dos. Trece. Sus latidos se hacían cada vez más rápidos y fuertes, que podía sentir su garganta vibrar en conjunto con su corazón.

-¿Sí? –inquirió, con la voz ronca y el rostro lleno de descolocación.

-Sí, sí. De hecho, es más que gustarme –suspiró, tratando de encontrar una o dos palabras que le sirvieran para armar una frase coherente-. La mayor parte del tiempo… No, siempre –se corrigió rápidamente-. Siempre sé que es algo más. Creo que me estoy enamorado de ti –No, idiota. Hay una gran diferencia entre creer y saber-. Día tras día, que te voy queriendo cada vez más.

Había sido muy rápido: se encontraron, discutieron, se acostaron, se distanciaron, vino la reconciliación en el tren de regreso a Hogwarts, y nuevamente comenzaron a acostarse, pero en un contexto de mañanas en la biblioteca, sonrisas en clases, y pequeñas conversaciones cuando se encontraban en los pasillos. Y en algún punto de todo esto, empezó a ver a Rose por lo que valía como persona y no pudo sino sentirse encantado con sus cualidades. Ella era… perfecta. A pesar de algunas discrepancias de opinión, la mayoría del tiempo sentía que ambos calzaban como piezas de un rompecabezas. No había ninguna que sobrara o que tuviera un lado demás. Se alineaban sin problemas.

Estaba finalizando séptimo curso, le quedaban pocos meses en Hogwarts y recién ahora estaba con Rose. ¡Qué broma más indignante! Prácticamente toda su vida escolar había sido un desperdicio. Podría haber estado años con ella, conociéndola, construyendo recuerdos y un futuro con ella; pero no. La realidad no era así. La graduación estaba a poco más de dos meses y luego no volvería a verla.

A pesar de tener un par de conversaciones sobre qué harían una vez graduados, el tema de ellos, en plural, jamás había sido mencionado. Nunca habían hablado del futuro. ¿En la graduación se despedirían y listo? ¿O seguirían viéndose luego? Y si era así, ¿entonces seguirían siendo exclusivos? ¿Serían novios?

Con mil preguntas dando vueltas en su cabeza, Scorpius suspiró:

-A veces pienso por qué no te pude conocer antes –Rose inhaló profundamente. A juzgar por su sombría mirada, había captado la intención de sus palabras-. Sé que quererte va a ser difícil.

Si esto continuaba, serían exclusivos. De ningún modo podría soportar que Rose se metiera con otro imbécil y le asqueaba la idea de tocar a otra mujer. Entonces serían novios… ¿Podría presentarlo como su novio a la familia? ¿Y él como novia a la suya? Un Malfoy ya había estado con una Potter. Fue difícil, pero logró hacerse realidad. ¿Pero el mismo Malfoy esta vez con una Weasley? Las negativas de ambas familias serían inquebrantables. Su relación cargaría con un gran no por parte de los Malfoy, Potter, y el grandísimo clan Weasley. Coexistir con la desavenencia familiar sería muy complicado, por no decir imposible. Tendrían que enfrentarse a un obstáculo que quizás nunca tendría fin.

La respuesta que le dio la chica lo hizo sonreír:

-Nos gusta complicarnos la vida… -respondió Rose en un tono tan solemne, que sus palabras adquirieron un aire de sabiduría milenaria.

No podría haberlo dicho mejor. Tal vez estaba en su sangre elegir el camino más difícil de todos. Nadie el mundo podía decir que Potter o los Weasley hicieron el acto más fácil del mundo: declararle la guerra a Lord Voldemort. Y aunque sus abuelos optaron por la opción más segura, seguirlo, tuvieron luego que vivir con el repudio más profundo de la sociedad. Su padre sacó de la miseria el apellido a punta de largas noches en vela, súplicas a grandes empresarios para que creyeran en su ética laboral, y relegando tiempo familiar para sacar adelante los negocios (lo cual Astoria comprendía, pero nunca dejaba de replicarle que Scorpius y ella debían ser su prioridad). Todos habían seguido caminos llenos de obstáculos y complicaciones. El destino parecía estar jugando con ellos, y los hacía repetir el mismo ciclo: eligieron la opción que más sudor, rabia, tristeza, y lágrimas a sus vidas.

Scorpius volvió a suspirar, pensando que realmente debía de ser tarde. Los párpados comenzaban a pesarle.

-¿Y entonces, qué ocurrirá ahora?

La idea de volver a la sala común no le apetecía para nada. La fiesta debía continuar, y con más alcohol, la rabia de sus compañeros de casa debía estar a un nivel muy alto. ¿Por qué tenía que atravesar por la sala común para llegar a su cuarto? La segunda opción propuesta por Rose era más segura para su bienestar: la Sala de Requerimientos. Podría dormir en una amplia cama hasta la hora que deseara. Así estaría descansado para afrontar la horda de enrabiados fanáticos de quidditch clamando su sangre.

Sonrió por su último pensamiento. Estaba siendo demasiado melodramático.

Rose movió y se sorprendió de verla sentarse nuevamente a su lado. La imagen que tuvo a continuación le hizo olvidar el cansancio: la pelirroja tenía la vista fija en los jardines de la escuela. Sus ojos estaban sumamente brillantes y su piel adquiría una tonalidad casi plateada bajo la luz de la luna llena. Se veía preciosa.

Después de un rato, donde Scorpius no podía quitarle la mirada de encima, tomó la botella que había quedado olvidada en el suelo. Abriéndola lentamente, la joven respondió amargamente:

-No lo sé –respondió, observando largamente la boquilla del envase. Dio un profundo suspiro antes llevársela a los labios y beber un trago-. No tengo ni la más puta idea.