Siento haber tardado en escribir este capítulo, pero es que se me ha acabado la vida de "joven ama de casa" (según unos) o de "mantenida" (según otros). En enero encontré por fin trabajo de administrativa, y mi tiempo libre se ha reducido sensiblemente. Muchas gracias por vuestra paciencia :)

12.- OSCURIDAD

Selina vio a Harley, quien se encontraba sentada a su lado, contemplar cómo pasaba el paisaje a través de la ventanilla con una expresión melancólica. Vestida, al igual que ella, con el chándal rojo del club de gimnasia de la universidad, la chica rubia apoyó la cara sobre su mano, con el codo hincado sobre la repisa de aquella ventanilla del pequeño autocar, sumida en sus pensamientos. A Selina no le pareció que estuviera muy animada ante la perspectiva de enfrentarse al club de Metrópolis durante aquel fin de semana, lo cual era valedero para el campeonato universitario.

-¿Va todo bien, Harley?- se decidió a preguntarle.

Su compañera se giró hacia ella y le dedicó una sonrisa de compromiso, muy alejada de las entusiastas y amplias sonrisas que mostraba cuando la conoció.

-Sí, todo va bien, gracias- respondió-. Solo es que no estoy habituada a levantarme tan temprano.

-No se te ve con mucho entusiasmo- insistió Selina-. ¿Estás segura que ha sido una buena idea que hayas venido?

-¿Por qué no tendría que haber venido?- exclamó Harley desapareciéndole la sonrisa- Yo también formo parte del equipo- hizo una pausa-. Oh, ¿lo dices por lo de que Jota también viene para animarnos, y de paso aprovechará para encontrarse con su novia ante mis narices? Como ya he dicho muchas veces, eso es algo que tengo superado, y no afectará en absoluto a mi rendimiento en la pista- dijo decidida.

-¿Qué dices, Harley? ¿Que no te ves con ánimos de participar hoy?- oyeron decir desde detrás. Maven se había asomado por encima de sus asientos, con los brazos apoyados en los respaldos, mirándolas no con preocupación, sino más bien con curiosidad.

-Tranquila, capitana, todo está controlado- le respondió la rubia girándose hacia ella-. Claro que me encuentro con ánimos. Y plenamente mentalizada en ganar.

-Bueno es saberlo- dijo Maven-. Pero, qué quieres que te diga, últimamente se te ve algo chafada. ¿Tienes problemas personales que puedan afectarte como gimnasta?

-¿Te ha pasado alguna vez que tienes un plan supuestamente perfecto y de repente sucede lo impensable y se te va todo al garete?- le preguntó.

-Sí, creo que sí- respondió Maven cavilante-. Precisamente hace poco tenía un cliente que me iba a comprar la copa de la competición de fútbol americano y al final no pudo ser.

-¿De qué hablas?- le preguntó Harley extrañada. Selina, apoyada en el respaldo de su asiento, movió sus pupilas hacia la capitana del equipo.

-¿Eh? No, de nada, de nada- se apresuró a aclarar Maven-. No me hagas caso, estoy desvariando. Y dime, ¿qué es ese plan que se te ha ido al garete?

-Pues digamos que había encontrado un método infalible para conquistar al chico que me gusta, pero resulta que él es inmune a dicho método- explicó Harley.

-Oh, vaya, problemas amorosos. Estamos listos, entonces- suspiró Maven resignada-. Veamos, creo que deberías buscarte algo que no te hiciera pensar en dichos problemas, pues, desde luego, pueden afectarte en tu rendimiento. Alguna afición que te gustara y que te distrajese.

-Hace poco Pamela la ha fichado como voluntaria para ayudarla en su campaña política- comentó Selina-. Puede que sirva para que no se acuerde de sus problemas sentimentales.

-Ah, magnífico. A ver si es verdad- dijo Maven, y volvió a sentarse en su asiento.

-¿Te gusta ayudar a Pamela en la preparación de su campaña?- preguntó Selina a Harley.

-Sí, más o menos- respondió la segunda mirando otra vez hacia la ventanilla-. Diría que Pammy me lo ha propuesto expresamente para que no tenga ocasión de encontrarme con Jota, teniéndome ocupada, junto con los otros voluntarios, con las reuniones y las tareas. Y eso que las elecciones no son hasta dentro de unos cuantos meses. Por cierto- dijo acercándose a Selina y en un tono más bajo-, Jota se presentó para formar parte de nuestro equipo, y nuestra pelirroja no se lo permitió, y al final él se ha hecho voluntario del equipo de Dos Caras.

-Para mí que Pamela quiere protegerte de él a toda costa- dijo Selina-. Me pregunto si es una buena idea esta táctica. ¿No crees que sería mejor quedar un día con Jota y hablar y dejar las cosas claras entre vosotros dos? Hablarle sobre el tema del líquido aquel de enamoramiento, por ejemplo.

-No lo sé- respondió Harley apoyando la nuca sobre el respaldo de su asiento, mirando hacia delante con la mirada ligeramente alzada-. De ello ya he hablado con Pamela, y ella dice que si Jota está enamorado de mí sin saberlo, es problema suyo. Que un tipo que juega conmigo de ese modo no vale la pena.

Selina quiso decirle algo sobre que tal vez se estaba dejando dominar por las opiniones de Pamela, y que era ella la que tenía que decidir lo que más le convenía, pero no se decidió a hacerlo.

-Ey, chicas, unas declaraciones para el club de audiovisuales- dijo alguien de repente. Se trataba de Eddie, quien se encontraba en el asiento que había delante de Selina, y que se había asomado por el lado del pasillo, mirando a ambas chicas-: los residentes de Mansión Arkham están empezando a posicionarse a favor de Harvey o de Pamela. ¿Tú también formarás parte del grupo de la pelirroja, Kitty?

-No sé- respondió Selina con despreocupación-. ¿Estoy obligada?

-Según como se mire- dio por respuesta Eddie-. Y según por qué candidato te decidas a ayudar los acontecimientos pueden ser o no interesantes.

-¿Y tú a cuál ayudarás?- le preguntó Harley.

-Oh, a ninguno- dijo el chico pelirrojo volviendo a apoyarse en el respaldo de su asiento. A su lado se encontraba Vicki Vale, quien le miró de reojo mientras limpiaba con una bayeta una cámara fotográfica-. Yo solo soy un mero espectador. Además, los periodistas debemos ser imparciales. A no ser que las noticias tengan el suficiente fondo moral para que el periodista en cuestión se dedique a tomar partido. ¿Verdad, Vicki?

-¿Eso es un acertijo?- preguntó la chica castaña con cierto tono paciente- Creía que lo de sacarte novia te iba a hacer sentar la cabeza, pero veo que sigues tan crío como siempre, diciendo tonterías. Por cierto, ¿cómo es que esta vez no están aquí las dos chicas que siempre van contigo?

-Hemos tenido problemas con la cámara y el resto del equipo- dijo Eddie-. Echo y Query vendrán mañana con el equipo nuevo. Una lástima, porque no podremos filmar los entrenamientos de las chicas. Pero al menos les sacaré fotos.

-Eso sería inmiscuirse en el trabajo del club de periodismo- objetó Vicki.

-Entonces tal vez, con un poco de suerte, encuentre cosas más interesantes que fotografiar.

-¿Sabéis si Barbara formará parte del equipo de alguno de los candidatos?- intervino entonces Dick, quien se encontraba al otro lado del pasillo, en la misma fila que Harley y Selina. A su lado estaba sentada la quinta miembro del club de gimnasia, una chica de cabello largo y teñido de rojo oscuro, atractiva y de cierto toque seductor.

-Dice que se lo está pensando- respondió Harley-. Que primero tiene que estudiarse los programas electorales de cada candidato y que entonces decidirá. ¿Quieres que te informemos cuando llegue a una conclusión?

El tono irónico en que hablaba la chica rubia intimidó un poco a Dick. ¿Acaso sabía que le gustaba Barbara? A todo esto, se fijó que el chico del club de audiovisuales le había dirigido una mirada que denotaba interés, lo que le resultó algo extraño.

-Bueno, mucho hablar de mí, pero aún no has dicho nada de cómo te fue con Bruce en Acción de Gracias- se dirigió Harley a Selina-. ¿Ha habido algún paso interesante entre vosotros dos?

La joven morena se sintió incómoda ante aquella pregunta. ¿Por qué (casi) todo el mundo tenía esa idea de que a ella le gustaba Bruce, cuando nunca había comentado nada al respecto? ¿Tanto se le notaba?

-¿Y a ti cómo te fue por Nueva York?- preguntó- ¿Pasaste un buen día de Acción de Gracias con tu familia?

El cambio súbito de tema, y en especial a ese tema, descolocó a Harley.

-Mis reuniones familiares no suelen ser muy dignas de mención que digamos- contestó fríamente-. Es la historia de siempre: mi madre echándome en cara de que eligiera la carrera de psiquiatría en lugar de la de derecho para seguir con la firma de abogados de la familia. Mi padre… Bueno, mejor no hablar de mi padre, y mi hermano, un perdedor que no hace nada de bueno.

-Ah, ¿sí?- se sorprendió Selina- Bruce me contó que tu hermano es Barry, de los Birds of Prey. Por cierto, yo soy fan del grupo. ¿Hay alguna posibilidad de que, no sé, me facilitaras un autógrafo suyo?

-Bruce habla demasiado…- susurró Harley- A mi hermanito raras veces le veo- comentó con una expresión seria poco habitual en ella-, así que si consigo ese autógrafo no será inmediatamente.

Selina vio que su compañera volvía a girar la cabeza y dirigir la mirada hacia la ventanilla, al parecer con intención de dar por acabada la conversación. Sin duda que no estaba el horno para bollos.

-Atención, señoritas, caballero…- habló entonces la profesora Leland, quien ahora se encontraba de pie junto al conductor del vehículo, de cara al grupo, al lado de donde estaba sentada la subdirectora Montoya- Y también los miembros de los clubes que informarán sobre la competición. Dentro de unos minutos entraremos en la universidad de Metrópolis. Ya saben que su equipo de gimnasia es uno de los mejores del campeonato, pero nosotros nos hemos entrenado lo suficiente para estar a su mismo nivel e incluso para superarlo. Para la prueba de mañana sé que darán todo lo que tienen, que es mucho. Confío en ustedes y sé que no me defraudarán. Y sobre todo, como siempre digo, pasénselo bien. ¿De acuerdo?

Los cinco miembros del club de gimnasia de Gotham exclamaron "¡Sí!" al unísono. Mientras, el pequeño autocar entraba por las puertas de la universidad de Metrópolis.


Mercy Graves, vestida con su uniforme de chófer, sacó el papel amarillo que había bajo uno de los limpiaparabrisas del suntuoso y oscuro coche de su jefe y le echó un vistazo. Malhumorada, vio que se trataba de una multa de aparcamiento. ¿Cómo se atrevían a multar los del comité de vigilancia al propio director de la universidad? ¿Y el motivo era que había dejado el vehículo en el lugar reservado a los minusválidos? ¿Qué más daba, si en aquella universidad no había minusválidos? Ni que hubiera aparcado en el sitio para las ambulancias. Bueno, de hecho ya lo había hecho un par de veces, pero nunca había sucedido nada. Y nadie se había atrevido a multarla. ¿Y a qué venía esto, entonces? ¿Sería porque habían cambiado de presidente en el comité? Sin contemplaciones, Mercy rasgó el papel en varios pedazos y luego dejó que se los llevara la pequeña brisa que soplaba. Luego tendría que hablar con el señor Luthor sobre el tema, para que tomara medidas.

-¿Qué es eso que acabas de romper, Mercy?- oyó, sobresaltándose, a su espalda.

La joven se giró y allí vio al nuevo presidente del comité de vigilancia, Clark Kent. Este la miraba con un semblante inexpresivamente serio, con los brazos cruzados. Mercy tenía que reconocerlo: imponía. Le conocía desde hacía tiempo y eran más o menos amigos, así que estaba acostumbrada a esa manía suya de seguir las normas a rajatabla, y aún se había vuelto más estricto desde que tenía ese cargo en el comité. La joven sonrió con sus labios pintados de rojo y le miró con sus intensos ojos oscuros, que contrastaban con su melena rubia recogida bajo su gorra.

-Nada en especial- respondió haciéndose la inocente-. Publicidad.

-Has de saber que en esta universidad todo el mundo tiene que cumplir las normas, sin distinciones- cargó contra ella Clark-. Que te quede claro que no tienes ningún privilegio por muy chófer que seas del director. Ni él tampoco, por supuesto. Y esa multa que acabas de romper está registrada, así que no podrá evitar pagarla. A partir de ahora se acabó lo de hacer lo que quieras.

La sonrisa de Mercy desapareció mientras escuchaba al joven, y ahora mostraba una expresión entre seria y de fastidio.

-Yo solo he aparcado en el lugar de los minusválidos porque tengo algo de prisa, y no iba a pasarme el rato buscando aparcamiento- exclamó-. Me parece que esto de ser el presidente del comité de vigilancia te ha subido los humos, Clark. Antes entendías mejor las situaciones de los demás.

-Y tú antes no eras tan insensible e interesada, Mercy- le respondió el moreno de gafas-. Desde que trabajas para el señor Luthor has cambiado, y no precisamente para bien.

La joven rubia le miró seria, sin saber qué contestarle.

-Disculpad, ¿os interrumpo?

Los dos vieron que junto a ellos había llegado Renée Montoya, la subdirectora de la universidad de Gotham, quien les miraba con algo de desconcierto.

-En absoluto, señora Montoya- dijo entonces Mercy, poniéndose firme ante ella-. El señor Luthor le da la bienvenida, a usted y a sus alumnos, a la universidad de Metrópolis. Mi nombre es Mercedes Graves, y seré su chófer. Si tiene la amabilidad de subir al vehículo, la llevaré junto al director. La está esperando.

-Gracias.

Clark vio cómo Mercy le abría la puerta de los asientos de atrás a la recién llegada, a quien dejaba entrar para luego cerrar la puerta. La joven se volvió hacia él y le dirigió una mirada de pocos amigos. Seguidamente entró en el lugar del piloto y el coche se puso en marcha, desapareciendo a los pocos segundos de la vista de Clark. Este suspiró. Luego se giró hacia el edificio que tenía detrás, uno de los albergues (que no residencia) de su universidad, a donde ya había llegado la expedición de Gotham, como podía deducirse por el pequeño autocar que había aparcado. Lois ya estaría dentro.


-Bien, aquí hay que organizarse como Dios manda- dijo Maven poniéndose seria-. Somos siete mujeres y tenemos dos habitaciones para nosotras, una de cuatro plazas y otra de tres- lanzó una mirada solemne al grupo de chicas-. Me temo que una de nosotras tendrá que sacrificarse y dormir con la entrenadora y la subdirectora.

Hubo un incómodo silencio en que todas desviaron la mirada las unas de las otras.

-¿Qué tal si lo echamos a suertes?- propuso de repente Harley.

-¿De qué modo?- preguntó Maven.

-Piedra, papel o tijeras- dijo la chica rubia con una pequeña sonrisa.

-No pienso jugar contigo a piedra, papel o tijeras- exclamó Maven-. Por algún motivo desconocido, siempre ganas a este juego, mucho más allá de las estadísticas de probabilidades y de la casualidad. Tú tienes que hacer trampa de alguna manera.

-No es trampa, solo es un pequeño truco que me enseñó Jota- explicó Harley sin darle importancia.

-¿Y si lo hacemos a la pajita más larga?- dijo entonces Selina no muy en serio, un poco cansada de aquella situación.

-La verdad es que no sé si vale la pena entretenerse en organizarlo- dijo Maven pensativa-. ¿Alguien tiene algo que nos pueda servir para lo mismo? Papeles enrollados o algo así.

-Yo tengo las hojas de mi bloc de notas- comentó Vicki-. Pero desde luego que no voy a malgastarlas en algo como eso.

-Me temo que nos estamos complicando la vida- bufó Maven-. Vamos, ¿no hay una voluntaria que quiera dormir con la entrenadora y la subdirectora?

-Yo quiero.

El grupo miró a la chica del cabello teñido de rojo.

-Quiero decir…- continuó esta un tanto insegura- Que no me importa.

Todas las otras chicas la miraron un poco extrañadas, pero no pusieron ninguna objeción.

-Muy bien, entonces serás tú, Kate, quien comparta habitación con ellas- concluyó Maven.

En ese momento llegaba junto a ellas, desde la recepción del albergue, la profesora Leland:

-Hola, ¿habéis conseguido ya algún acuerdo?- preguntó.

-Sí, finalmente será Kate quien dormirá con usted y la subdirectora Montoya- comunicó Maven.

-Me parece bien- aprobó la profesora-. ¿Vamos, pues, señorita Kane? A dejar nuestras cosas en la habitación.

-¿La subdirectora Montoya no viene?- preguntó la joven buscando con la mirada por aquel vestíbulo a la mencionada.

-No, se ha ido a presentar al director de la universidad- explicó la profesora Leland, mientras se ponía al hombro la bolsa que traía de equipaje y que había dejado junto a las chicas- ¿Puedes llevar tú la maleta de la subdirectora?

-Sin problema- respondió Kate formándosele una pequeña sonrisa.

Selina le resultó curiosa la actitud de aquella joven, y no pudo evitar preguntar a quien tenía más cerca:

-Parece que Kate tenga algún interés por la subdirectora, ¿verdad?- le dijo a Harley, mientras todas cogían sus equipajes del montón que habían formado en el suelo.

-Bueno, trabaja a tiempo parcial como su auxiliar, así que algo de interés debe tener- respondió la rubia encogiéndose de hombros-. En el buen sentido, me refiero.

-Eh, Harley, Selina- oyeron entonces exclamar.

El grupo se giró hacia donde se encontraba la puerta de entrada y allí vieron venir hacia ellas a Lois Lane, quien sonreía entusiasmada.

-Hola, Lois- saludó Harley contenta adelantándose hacia ella, cogiéndose ambas por las manos-. ¿Cómo tú por aquí?

-Nos enteramos que veníais hoy y pensamos en venir a recibiros- explicó la recién llegada-. ¿Listas para enfrentaros a nuestro equipo insuperable?

-Eso de insuperable está por ver- dijo Harley mostrando una amplia sonrisa, inesperada para todas-. Por mucha fama que tenga de no bajar nunca de los nueve puntos, nosotros nos hemos entrenado a conciencia, y no os será tan fácil superarnos.

-Bueno, haya paz- intercedió Maven-. De momento, dejaremos las cosas en la habitación y nos iremos a entrenar. Y mañana en la competición ya veremos.

-¿Vienes con nosotras, Lois?- le preguntó Harley.

-Luego os acompaño al polideportivo de la universidad- respondió la chica morena-. Yo me quedo aquí a esperar a Clark, que se ha entretenido.

Tras despedirse de ella con un "Hasta luego", las chicas del club de gimnasia de Gotham se dirigieron a las escaleras que daban al piso de arriba.

-Y hablando de todo, resulta curioso que Dick y Eddie no hayan bajado todavía- dijo Selina- En este rato que hemos estado decidiendo quién dormiría con la entrenadora y la subdirectora, han tenido tiempo de llegar a su habitación, dejar sus cosas y volver a bajar.

-Oh, ya sabes cómo son los chicos…- dijo Harley flemáticamente.

-Pues no, no lo sé- le contradijo la morena de pelo corto-. ¿Cómo son?

-Pues… Eso. Como chicos- contestó su compañera improvisando-. Seguro que estarán comprobando cuál de los dos la tiene más grande.

Hubo un pequeño silencio.

-Claro, o igual se estarán pajeando el uno al otro- dijo entonces Maven sonriendo.

-O uno de los dos estará a cuatro patas sobre una cama, desnudo, mientras el otro se le acercará por detrás y …- empezó a decir Kate con la mirada perdida.

-Señoritas, por favor, un poco de seriedad- exclamó la profesora Leland.

Selina se sintió un poco turbada al ver que no había podido evitar imaginarse a Dick y Eddie en las situaciones que habían comentado sus compañeras. En cualquier caso notaba una sensación de preocupación, al saber que aquellos dos chicos se sentían atraídos por la misma chica y que ahora tendrían que compartir el mismo espacio. Claro, que ninguno de los dos estaba al tanto de los sentimientos del otro por la castaña de gafas. O al menos, eso creía. Además, ahora Eddie tenía como novia a una de las amigas de Harley, así que seguramente ya se había olvidado de Barbara. Por lo que no tenía que preocuparse. Y a todo esto, ¿por qué se preocupaba?


-Creo que no nos han presentado oficialmente- dijo Eddie sonriendo-. Mi nombre es Edward Nigma. Pero todo el mundo me llama Eddie. A excepción de algunas, que de vez en cuando se refieren a mí como "Acertijo" o "Enigma", porque soy aficionado a la criptología.

-Dick Grayson. Mucho gusto- ambos se estrecharon la mano-. Apuesto a que es Harley la que te ha dado esos apodos. A mí me puso el de "Robin". Por lo que dice que vuelo en las exhibiciones de gimnasia.

-Pues sí, fue ella- confirmó Eddie sonriente-. Es una chica ingeniosa cuando quiere.

-Sí, lástima que últimamente esté tan desmotivada- dijo Dick un poco melancólico-. Antes solía ser el alma del equipo de gimnasia.

-Sí, problemas amorosos. Ya se sabe.

Mientras hablaban, ambos abrieron sus respectivas bolsas de equipaje y empezaron a sacar parte de sus contenidos: ambos los utensilios de higiene personal, y Eddie una cámara fotográfica. Dio lentamente una vuelta sobre sí mismo, enfocando la habitación con la cámara. La estancia era de tamaño mediano, con ambas camas la una al lado de la otra, con un armario a un lado, la ventana al otro, una mesa y una silla delante, y la entrada que daba a la ducha y el lavabo, todo de aspecto bastante sencillo.

-Según parece tú tienes novia, ¿verdad?- le preguntó Dick a Eddie, mientras se sentaba en el borde de la que sería su cama.

-Sí, hace poco que hemos empezado a salir- respondió su compañero de habitación, sin mirarle, mientras observaba a través de la cámara en dirección a la ventana.

-¿Y cómo es que no sales con Barbara?

Eddie bajó la cámara a la altura de su vientre y dirigió la vista hacia Dick, extrañado.

-¿Qué quieres decir con eso?- preguntó.

-Antes, en el autocar, cuando he mencionado a Barbara, me he dado cuenta que te ha atraído el tema- explicó Dick con ese tono alegre y festivo que ya mostró cuando aquella vez, con Selina enfrente, plantó cara a Bane-. Me atrevería a afirmar que esa chica no es una persona que te sea precisamente indiferente.

Eddie miró durante unos instantes a su compañero de habitación. Eso sí que era saber captar los detalles. Bueno, después de todo era uno de los, digamos, discípulos de Bruce.

-Pero me alegra saber que ya tengas novia- dijo Dick-. Aunque supongo que no habrás empezado a salir con la primera que se te ha plantado delante solo para olvidarte de Barbara. ¿Ella no te correspondía?

Eddie volvió a mirar al otro chico, quien era un poco más joven. No era una cuestión de la que precisamente le gustara hablar, así que se quedó sin saber cómo reaccionar, algo raro en él. Así que dijo lo primero que le vino en mente.

-¿En qué se parecen un cuervo y un pupitre?

-En nada- respondió Dick sin dudar-. Alguien dijo que los dos se ponen de frente, si bien podemos afirmar que definitivamente no se parecen en nada. Pero, a menos que se me escape algo, no veo que tiene que ver eso con lo que estábamos hablando- dijo alzando la vista. Volvió a mirar a Eddie-. Ey, y ahora no me vengas con lo de "qué animal camina a cuatro patas por la mañana", etcétera, etcétera, ¿eh?

Ya fuera por la expresión entusiasta y juvenil de Dick, ya porque este parecía inmune a todo acto de intimidación, Eddie se dio cuenta que ante aquel chico no conseguía controlar la situación. Aunque, de hecho, todo lo relacionado con Barbara siempre le hacía perder el control.

-Pues sí, la verdad es que me gustaba Barbara- confesó Dick sin abandonar su expresión alegre-. La lástima es que ella siempre solo me ha visto como un amigo.

Un resquicio por el que Eddie vio que podía atacar.

-¿Cuál es la mejor manera de hacer amigos?- preguntó. En su rostro apareció su sonrisa dominante.

-Oh, ahora resultará que te has acostado con Barbara- exclamó Dick, mirándole algo sorprendido.

Eddie también se sorprendió, más que nada porque llegara a la solución tan rápidamente. Su intención era llevarle por una amalgama de preguntas sin aparente relación entre ellas, y que se quedara pensando durante un tiempo hasta que diera, si era capaz, con esa respuesta que había dado. La verdad es que no había conseguido encontrar antes a nadie que fuera capaz de descifrar sus acertijos con semejante facilidad. Pero bueno, al menos había conseguido borrarle esa expresión tan confiada. Eddie volvió a sonreír.

-Y también me dirás que si Barbara y yo no nos hemos acostado juntos no podemos considerarnos ni siquiera amigos, ya que solo después del sexo aflora la verdadera amistad- soltó Dick-. Bueno, pero yo aspiro a algo más que a hacerlo con ella. ¿Y tú qué? Lo habéis hecho, y vuestra relación no ha ido más allá de la que teníais antes de que tuvieras sexo con ella. Entonces, ¿de qué te ha servido? ¿Unos momentos de placer que podrías haber compartido con cualquier otra chica, ya que para Barbara no significaron nada de especial?

Eddie, si no era la primera vez, sí que era esa una de las escasas ocasiones que se sentía confuso y perdido. Y una de las extrañas veces, también, que no se le ocurría ninguna respuesta ni comentario de corte misterioso y enigmático.

-Bueno, ¿pero quién piensa en Barbara?- dijo finalmente, con una expresión seria muy rara en el pelirrojo- Yo ya me he olvidado de ella y ahora me encuentro bien con mi novia actual.

-Me alegra saberlo- respondió Dick mientras cogía su bolsa de deporte y se ponía de pie-. La verdad es que me sabría mal tener que competir por Barbara.

Esto último lo dijo sin dejar su tono simpático, lo que desconcertó un poco a Eddie. La verdad es que le daban ganas de dejarlo fuera de combate con su mejor acertijo. Sí, se estaba dejando amilanar e iba siendo hora de bajarle los humos a aquel niñato:

-Dime, ¿qué es lo que mató al gato?

-¿Al gato?- exclamó Dick curioso- Dicen que la curiosidad.

-Porque la curiosidad puede llevar a la perdición- continuó Eddie-. Y la perdición a algo mucho peor: el veneno que lo emponzoña todo. Pero para evitar a la perdición el gato tiene que ser más listo que esta.

Dick alzó una ceja, mientras se miraba a Eddie un poco perplejo, quien le sonreía.

-A ver si lo entiendo- dijo el joven moreno con la mirada perdida, en posición pensativa-: el gato es Selina "Kitty" Kyle. He de suponer que con "perdición" te refieres a Anthony Diego, cuyo apodo en la lucha libre es "Bane". Sí, Bane toma unas extrañas pastillas azules llamadas "Venom", que, por la manera en que reaccionó cuando se las descubrí, no deben ser algo precisamente bueno. Y con eso de que la curiosidad mató al gato, ¿quieres decir que estamos en alguna clase de peligro?

Ahora el que estaba perplejo era Eddie. ¿Cómo aquel tipo podía haberle desmontado su acertijo en apenas unos segundos? El joven pensó que debía ser que, por una vez, no se encontraba muy inspirado. O que aquel tal Dick era la horma de su zapato. Lanzó un suspiro de rendición.

-Veo que eres rápido resolviendo acertijos- comentó.

-Si nombras a la gente por los apodos que conoce todo el mundo, es fácil.

-Está bien- dijo Eddie resignado-. Entonces, ¿tú y Selina habéis pensado en buscar información sobre el tema del "venom"?

-Sí, la verdad es que no me hace gracia que Barbara le haga de tutora a un tipo que toma algo de dudosa procedencia- respondió Dick poniéndose serio. Miró a Eddie fijamente-. Pero veo que tú también estás al tanto de todo este asunto. ¿Qué son exactamente esas pastillas? ¿De dónde las saca Bane?

-Al primer enigma no hay solución conocida, así que he pensado que una gatita que tiene experiencia en ejercitar su curiosidad pueda darnos una respuesta- contestó Eddie formándosele una pequeña sonrisa-. A la segunda pregunta puede que nuestra gatita ya esté tras una buena pista.

-¿Te refieres a eso que le dijiste sobe la cabeza de un demonio?- preguntó Dick ante la pequeña sorpresa de Eddie- He de reconocer que esta vez no sé lo que significa. ¿Por qué no te dejas de rodeos y nos dices las cosas claras?

-Oh, entonces no habría un soplo de aire fresco entre tanta atmósfera cargada- respondió el otro joven-. Podría dar más pistas, pero me parece que tú serías capaz de resolverlas demasiado pronto, y esto requiere su tiempo.

Dick tenía claro que no podría sacarle nada en concreto a su interlocutor, y eso le desesperó un poco.

-Bueno, al menos ya sabemos que el profesor Crane tiene un libro que habla del "venom"- dijo.

-Ah, interesante- exclamó Eddie visiblemente seducido por el comentario de Dick.

-Sí, nos lo contó la doctora Thompkins, de la clínica de la universidad- respondió el chico moreno, volviéndose a sentar en la cama-. Pero hasta ahora no hemos tenido tiempo ni ocasión de ir a hablar con el profesor. Aunque Harley nos ha dicho que tiene intención de venir a ver la competición, así que aprovecharemos para hablar con él.

-Ya veo- dijo Eddie pensativo-. Bueno, yo me voy a dar un paseo para hacer unas cuantas fotos y alguna entrevista a alumnos que encuentre por ahí perdidos.

-¿No vienes a nuestro entrenamiento?- preguntó Dick con cierta extrañeza.

-No, con que esté la chica de periodismo ya habrá suficiente- respondió Eddie. Su sonrisa dominante regresó a sus labios-. Además, tenemos una especie de acuerdo- dijo bajando la voz-: yo no haré fotografías y ella no gravará en vídeo. Así que es mejor que no me vea usando la cámara fotográfica. Pero tendré que aguantar la reprimenda que me dé cuando vea que he hecho fotos.

-Por cierto, no me has respondido si corremos algún peligro- comentó Dick.

-El peligro se convierte en mero riesgo si conocemos y sabemos valernos de nuestras capacidades- dio por respuesta Eddie mientras abría la puerta de la habitación.

Una vez el chico pelirrojo hubo marchado, Dick suspiró. Aquella sí que era la clase de tipos de los que quedaban claros los motivos por los cuales no tenían novia. Con sus frikadas espantaban a las chicas sin remedio. No le extrañaba que Barbara le hubiera dado calabazas. Aunque, según parecía, se había acostado con él. Y Eddie sí que tenía novia. Definitivamente, aquel era un tipo realmente extraño.


A Renée Montoya le caía mal Lex Luthor. Así de claro. En las contadas ocasiones en que había tenido ocasión de tratar con él, le había parecido un tipo arrogante, que hablaba con suficiencia y que cuando se refería a una persona tenía una manera de hacer que uno no sabía si la estaba alabando o la estaba insultando. Era uno de esos tipos que creían tenerlo todo controlado y bajo su poder, y que quienes le rodeaban su única meta en la vida era estar a sus órdenes y/o aportarle algún beneficio. Unas conclusiones que había sacado al observar como Luthor manejaba la Universidad de Metrópolis y a aquellos que tenían alguna relación con esta, como si en conjunto fuera una megaempresa y los estudiantes unos meros productos que le otorgaban beneficios. De hecho, no era que se diferenciase mucho de la política de Ra's Al Ghul con respecto a la Universidad de Gotham. Y hablando del tema, pensó en ese disquete que le había pedido el señor Al Ghul que entregase al director de Metrópolis, aprovechando la competición de gimnasia. Sentada en los asientos de atrás del coche que había venido a buscarle, la subdirectora se miró aquel pequeño objeto informático que no tenía ninguna indicación sobre lo que contenía. Le resultó curioso que aquellos dos hombres se intercambiaran información mediante un medio que prácticamente había caído en desuso, y que además lo hicieran, digamos, mediante mensajero. Bueno, en cualquier caso, el señor Al Ghul ya era un tipo curioso, cuando no extraño, y parecía que había encontrado a alguien tan curioso y extraño, y frío, como él.

En fin, aquel no era un tema sobre el que le gustaba pensar a la subdirectora, así que decidió cambiar el objetivo de sus pensamientos y dirigió la vista a aquella joven que la llevaba a ver al director de la universidad de Metrópolis.

-¿Hace mucho que es la chófer del señor Luthor, señorita Graves?- le preguntó.

-Hará unos dos años- respondió la chica conductora, sin apartar la vista del asfalto.

-Debe gustarle el trabajo, si lleva tanto tiempo- dijo la señora Montoya un poco sorprendida.

-No especialmente. Pero es un empleo de media jornada muy bien pagado que me permite costearme la universidad y ser independiente.

-¿Y se lleva bien con el señor Luthor? No quisiera decir nada malo sobre él, pero encuentro que es una persona muy fría y autoritaria.

-Con el paso del tiempo he conseguido tener cierta confianza y compenetración con él- respondió la rubia-. Pero mire, hemos llegado. Ahí tenemos las oficinas de la universidad. El señor Luthor la espera en su despacho.

La joven chófer salió del vehículo e instantes después abría la puerta derecha de los asientos de atrás, por donde salió la subdirectorra.

-Muchas gracias por llevarme- dijo Renée Montoya amablemente.

Mercy no respondió, mostrando una fría mirada que sobresalía por debajo de la visera de su gorra. Pero de repente sus ojos fueron cubiertos por unas manos desde atrás, ante la sorpresa de las dos féminas.

-¿Alguna vez has bailado con el Diablo a la luz de la Luna?- sonó una voz alegre y conocida.

-Sí, una vez- respondió Mercy sonriendo. Se dio media vuelta y se encontró cara a cara con Jota, quien también le sonreía. Se dieron un corto y amoroso beso.

-Buenos días, subdirectora- se dirigió el recién aparecido a la señora Montoya.

-Buenos días, señor Jota- saludó esta-. ¿Cómo usted por aquí? ¿Ha venido a ver la competición de gimnasia?

"Diablos, ¿hasta la subdirectora de su universidad le llama "Jota"?", pensó Mercy un poco desconcertada.

-Sí, he llegado con unos cuantos de los residentes de Mansión Arkham para animar a nuestras compañeras de residencia- respondió el joven con su natural sonrisa-. Aunque cualquier excusa es buena para venir a ver a mi calabacita.

-No me llames así delante de la gente- ronroneó Mercy-, que me da vergüenza.

A la señora Montoya le resultó curioso cómo aquella chica había pasado de una mirada fría a una expresión y una sonrisa cariñosas. Cosas del amor, imaginó.

-Vaya, así que usted es la chica por la que la señorita Quinzel ya no es la que era…- dijo entonces la subdirectora, como pensando en voz alta. Pero entonces se dio cuenta de lo que se le había escapado- Discúlpenme. Me temo que he sido un poco indiscreta.

Tras despedirse, los dos jóvenes la vieron entrar en el edificio.

-No me digas que tu amiga que iba disfrazada de arlequín aún no ha superado su mal de amores- comentó Marcy con una expresión melancólica-. Pues sí que lo siento.

-No te preocupes por eso- respondió Jota con una sonrisa reconfortante-. Vamos a tomar algo y nos ponemos al día, ¿sí?

-Muy bien, calabacita- exclamó Mercy sonriendo también.


Con una mirada tan temerosa como ansiosa, Harley miró uno a uno a los recién llegados (el profesor Crane, Harvey, Pamela, Alice, Jessica, Preston, Bane, Barbara, Mary y Croc), quienes habían entrado en el vestíbulo del albergue mientras ella y su grupo se dirigían a la salida, y que ahora todos se saludaban y hacían comentarios de ánimos sobre el reto del club de gimnasia.

-¿No ha venido con vosotros Jota?- se atrevió finalmente a preguntar.

-Sí, ha venido, pero primero de todo ha querido ir a ver a su novia de Metrópolis- explicó Barbara, satisfecha de su papel de informadora-. Dice que seguramente estará con nosotros para comer.

Harley no pudo evitar que en sus ojos se reflejaran unos destellos de decepción, cosa de la que se dio cuenta Pamela, quien la miró con su expresión seria.

-Veo que tampoco está Bruce- comentó Clark-. ¿No ha tenido ganas de venir a animar al equipo?

-No es eso- aclaró Barbara-. Es que esta noche tiene guardia como vigilante en la universidad. Pero ha asegurado que mañana estará aquí para dar ánimos a nuestros gimnastas.

-Bueno, ¿y cómo va la vida por Gotham?- preguntó con entusiasmo Lois, quien se cogía de la mano con Clark.

-¿Y tú y tu maridito qué tal?- se le dirigió Barbara con cierto tono divertido- Veo que lo vuestro va viento en popa.

El comentario hizo que tanto Clark como Lois se sintieran un poco cohibidos (incluso ella se sonrojó), lo que sorprendió un poco a aquellos que tenían un mayor trato con ellos, conociendo el carácter fuerte y decidido de ambos.

-Espero que eso de que te hayas encariñado no signifique que bajes tu rendimiento en los partidos de fútbol- comentó Harvey mirando a Clark.

Jessica ya había oído esa palabra, "encariñarse", antes. ¿Por qué había gente que siempre usaba palabras supuestamente despectivas para referirse al amor? Envidia que tenían, claro.

-Oh, tranquilo, mi rendimiento ahora está mejor que nunca- respondió Clark con una sonrisa desafiante-. Creo que lo de "encariñarme" me ha dado una mayor energía. Además, tú también estás "encariñado", ¿verdad?

-Ehm… Sí…- titubeó Harvey desviando la mirada.

Pamela, que estaba a su lado, le miró de reojo sin dejar su expresión seria.

-Por cierto, ¿cómo está vuestra amiga, la que sufrió el accidente?- preguntó entonces Lois- La que tiene que estar en una cúpula del líquido ese curativo.

-Está muy bien- respondió Barbara sonriendo-. Va evolucionando favorablemente. Aunque ya sabes, no podrá salir de ese líquido hasta dentro de una buena temporada.

-Pero, bueno, sus amigos vamos visitándola- dijo Harley sonriendo-, y Victor, su novio, siempre que puede está haciéndole compañía.

-Aun así, debe ser bastante aburrido estar metida en esa pecera todo el tiempo- comentó Barbara pensativa.


-Esos dos ya llevan juntos cincuenta minutos- observó el doctor Boyle con impaciencia, apoyado en el mostrador de recepción, con la vista puesta hacia el pasillo que daba a las habitaciones de los pacientes-. Me imagino que ya habrán tenido tiempo de hacer todo lo que tenían que hacer, y que ya puedo entrar a hacerle un chequeo a la chica.

-¿Qué quieres decir?- preguntó la doctora Thompkins sin mirarle, mientras buscaba en uno de los cajones que había al otro lado del mostrador.

-¿Te acuerdas de lo que ocurrió la última vez que tuvimos un paciente? Cuando entré en la habitación, y me lo encontré con su novia encima, cabalgándole.

La doctora Thompkins dejó escapar una pequeña risa, mientras sacaba del cajón una carpeta.

-¿Y qué ocurre?- preguntó- ¿Crees que vas a pillar a Nora Casado con su chico dándole que te pego?

-Es una posibilidad- respondió el Dr. Boyle serio-. Me parece que ya iría siendo hora de establecer unas normas para las visitas.

-Exacto. Las visitas serán de cuatro a ocho de la tarde, se realizará el menor ruido posible y los pacientes tendrán prohibido hacer el amor con sus parejas, y con las enfermeras- dijo la doctora medio en broma, mientras mantenía la vista puesta en el contenido de la carpeta, la cual había abierto.

-Pues sí, algo así- impuso su colega-. Por cierto, hablando de enfermeras, ¿cómo es que hoy no tienes a la tuya echándote una mano en el papeleo?

-La señorita Pixnit se ha tomado el día libre- respondió la doctora Thompkins levantando la vista y cerrando la carpeta-. Dice que tenía que ir a apuntarse como voluntaria en la campaña de las elecciones para presidente del cuerpo estudiantil.

-Vaya, y tú le has dejado que se apunte dentro de su horario como tu ayudante- dijo el doctor Boyle un tanto sorprendido.

-No le iba a decir que no- contestó la doctora encogiéndose de hombros.

El doctor Boyle pensó que no era necesario presentarse en persona para apuntarse como voluntario en aquella campaña, sino que también se podía hacer por internet a cualquier hora del día, pero no quiso entrar en polémica.

-Bueno, se acabó ya la tontería- exclamó decidido-. Voy a entrar a la habitación de Nora Casado.

-La verdad es que no sé qué temes encontrar- dijo la doctora Thompkins-. ¿No está la chica sumergida en una campana llena de líquido? No sé si te has dado cuenta, pero ese es un obstáculo a destacar para que puedan tener actividad física los dos juntos.

-Sí, en eso tienes razón- caviló su colega-. Ahora que lo pienso, en esas circunstancias no pueden tener sexo. No había caído. Y he perdido casi una hora tontamente.

La doctora Thompkins rodó sus ojos, y luego, con la vista puesta en el ordenador que tenía delante, empezó a mover el cursor del ratón en la pantalla.

Con determinación, el doctor Boyle entró al pasillo y llegó a la puerta de la habitación de la única paciente de aquel centro médico.

-Disculpad, vengo a hacerle unas pruebas a…- dijo mientras abría la puerta, pero la escena que vio a continuación le hizo cortar la frase en seco.

Nora, sumergida dentro del líquido y de cara a él, se encontraba inclinada hacia delante con las palmas de las manos apoyadas en el cristal, desnuda mostrando sus pechos y con una expresión de éxtasis, mientras Victor, detrás de ella y también desnudo y de cara al doctor, acometía con su pelvis contra la joven con sus manos apoyadas en las caderas de esta. Ambos jóvenes miraron sobresaltados a través de la campana al recién llegado, quien, sorprendido y desconcertado, solo atinó a decir "Oh, perdón" y salir de la habitación cerrando la puerta detrás de él, al igual que aquella otra vez en que se encontró con esa misma circunstancia.

Dentro de la habitación, Nora y Victor, desnudos y sumergidos en la campana de líquido, dejaron su postura sexual y se miraron con cara de circunstancias.

"Ya te dije que no era una buena idea", escribió la primera en su pizarra blanca, mostrándolo a su pareja.

Victor cogió la pizarra y el rotulador, y apuntó: "Bueno, pero fuiste tú la que me sugirió que me metiera aquí dentro, para que comprobara lo bien que se estaba. Y tengo que reconocer que, efectivamente, se está muy bien contigo aquí dentro".

Nora le sonrió, y se besaron.

En la recepción, la doctora Thompkins, dispuesta a marchar a su despacho, vio acercarse al doctor Boyle.

-Sí que has ido rápido haciendo el chequeo- le comentó- ¿Cómo se encuentra nuestra paciente?

-Tan bien como en una habitación de un hotel de cinco estrellas- exclamó su colega-. Decididamente, aquí hay que establecer unas normas.


-Bueno, señoritas, debemos marchar ya hacia el polideportivo para iniciar nuestro entrenamiento- dijo la profesora Leland, enérgica-. Mañana es el torneo y tenemos que estar a la altura de las circunstancias.

-Aún no ha bajado Dick- destacó Maven.

-Sí, ahí viene- señaló Harley.

Todos vieron al mencionado bajar las escaleras, llevando su bolsa de deporte, y llegar junto al grupo.

-Hola a todo el mundo- saludó el recién llegado con entusiasmo-. Veo que ya está aquí nuestro equipo de animadores.

-¿No está contigo Eddie?- preguntó Selina curiosa.

-No, antes se ha ido diciendo que se iba a hacer algunas fotos y a hacer algunas entrevistas- explicó Dick.

-No puede ser- exclamó Vicki con pinceladas de indignación-. En lugar de seguir lo establecido ya vuelve a hacer lo que le da la gana. Esta vez me oirá.

-Pues qué poco considerado- intervino entonces Harley, también con signos de estar molesta-. Viene su novia y él se larga a hacer fotos.

-Sí, es lo que yo digo- confirmó Alice, escapándosele sin darse cuenta una pequeña sonrisa de satisfacción-. Ya sabía yo que Eddie es de los que se centran demasiado en sus cosas como para acordarse de dedicarle tiempo a su novia.

Jessica se vio arropada por sus dos amigas, quienes se habían situado a ambos lados de ella, como queriendo protegerla. Sonrió.

-No ocurre nada, chicas- dijo con tranquilidad-. Eddie y yo ya nos conocemos y sabemos cuándo hay que dejar espacio al otro. Ya nos encontraremos más tarde. Por cierto, habíamos quedado que iríamos a visitar la ciudad. ¿Nos vamos ya? ¿Quién se viene? Vuestros amigos de Metrópolis supongo que nos harán de guías, ¿verdad?- añadió mirando a Clark y Lois.

A todo esto, Selina se dio cuenta que Barbara había estado mirando a la novia de Eddie de forma inusitadamente seria en ella.

-De acuerdo, yo me voy a llevar a Bane a visitar la zona antigua de la ciudad- exclamó esta sin abandonar esa expresión grave de su rostro-. ¿Alguien se apunta?

-Nosotros nos apuntamos- exclamó entusiasmada Mary, alzando una mano-. ¿Verdad que sí, mi cocodrilo?- dijo dirigiéndose a Croc.

-Lo que tú digas, muñequita- respondió este sonriéndole mostrando sus dientes afilados.

-Yo también me apunto- dijo Preston.

-Vale, yo también- agregó el profesor Crane-. He leído que hay unas cuantas leyendas terroríficas que rodean esa zona. Será interesante preguntar y hacer una recopilación- mencionó mientras sacaba de la bolsa que llevaba un ordenador portátil.

-No me diga que en realidad ese es el motivo por el que ha venido, profesor- dijo Harley mirándole con los ojos entornados y sonriendo irónicamente.

-No solo por eso- contestó el profesor sintiéndose en un compromiso.

-¿Y vosotros qué tenéis intención de hacer?- les habló Barbara a Harvey y Pamela.

-Sí, también vendremos- respondió la segunda con indiferencia-. Quiero decir, que yo también vendré. Tampoco hay nada mejor que hacer.

-Nadie te obligó a venir, Pam- le reprochó Harvey-. Podrías haberte quedado en la universidad para atender las peticiones de quienes quieren hacer de voluntarios en tu campaña.

-No sé qué sería peor- concluyó la joven pelirroja-. Tú también podrías haberte quedado en la universidad por lo mismo. Pero has preferido dejarle la faena a tu novia, ¿verdad?

-Mira quién fue a hablar- exclamó Harvey frunciendo el ceño.

-Vaya, había oído decir que vosotros dos habíais empezado a llevaros mejor- intercedió Preston-. Aunque también es cierto que vuestro nivel de mutuo sarcasmo ha disminuido en comparación con antes.

Harvey y Pamela se miraron, y luego desviaron las miradas.

-¿Y tú, Preston?- dijo ella dirigiéndole la vista- ¿Cómo es que no has venido con Sondra? A vosotros sí que se os ha visto siempre como uña y carne.

-Sí, no sé qué le ocurre últimamente- respondió el joven con una mirada triste-. Dijo que no quería venir, pero no me quedaron muy claros los motivos. Y tampoco quiso que me quedara con ella, alentándome a que viniera a animar al equipo. No sé, me da la sensación de que nos estamos distanciando un poco.

-No me digas que Sondra todavía no te ha dicho nada- se le escapó a Selina.

-¿Qué debería decirme?- preguntó Preston extrañado.

-Venga, que nos vamos a pasar toda la mañana hablando- intervino de repente Barbara-. Vámonos ya, va.

La joven agarró por un brazo tanto a Bane como a Preston y marchó con ellos hacia la puerta de entrada del albergue.

-Bien, chicas, y chico, nosotros también nos vamos- dijo Maven a su equipo. Luego miró a los que se marchaban ya-. Cuando acabemos el entrenamiento podríamos llamarnos y quedar para comer todos juntos.

Todos estuvieron de acuerdo, y después de intercambiar algunos números de móvil, salieron juntos del albergue.

-Ah, una cosa, profesor- se le dirigió Barbara a Jonathan Crane, acordándose en ese momento de algo-. Me han comentado que usted tiene un libro llamado "Magia caribeña", y me preguntaba si nos lo podría dejar.

Dick y Selina se detuvieron junto a ellos al escuchar las palabras de la joven, y también Bane.

El profesor Crane hizo memoria.

-Sí, creo que tengo un libro llamado así-dijo-. Uno muy antiguo, que habla sobre los secretos y los enigmas de las antiguas civilizaciones del Caribe. Si queréis echarle un vistazo, no tengo inconveniente en prestároslo. ¿Queréis que os lo traiga yo u os pasáis por mi piso?

-Ya nos pasaremos- intervino Dick-. Hola, mi nombre es Dick Grayson- se presentó estrechándose la mano con Jonathan-. Es para una pequeña investigación que estamos haciendo, ¿sabe?

Dick miró de reojo a Bane con una pequeña sonrisa, pero se sorprendió al ver que este también sonreía, de una forma extrañamente turbadora.


Becky contempló admirada la gran cantidad de libros que había en la biblioteca del profesor Crane, y le echó un vistazo a los títulos de los que tenía a la altura de sus ojos: "Grandes enigmas históricos de nuestro mundo", "El misterio de los cátaros", "El enigma de la Isla de Pascua", "Civilizaciones que la tierra se tragó"… Entonces se dio cuenta que los libros estaban clasificados por temas, y que los que había leído el título pertenecían a la sección de historia.

"La otra historia", pensó la joven.

Por curiosidad, buscó la sección de los temas relacionados con la psiquiatría, y cuando los encontró, buscó libros que hablaran sobre el miedo. Encontró unos cuantos de títulos sugerentes, y cuando iba a coger uno, llamaron al timbre.

La joven se sobresaltó, y, un poco contrariada, se preguntó quién podía ser. El profesor Crane no le había dicho que esperara a nadie, y si lo esperaba, no se habría ido a Metrópolis a ver el torneo de gimnasia. Resignada, se dirigió al recibidor y, una vez allí, miró por la mirilla de la puerta de entrada. Vio una figura conocida que en un principio no logró ubicar, pero entonces se acordó del festival cultural, y de la chica que había conocido en aquella exposición del club de fenómenos paranormales.

Becky abrió la puerta, y la chica que había al otro lado se mostró un poco sorprendida al verla.

-Hola- dijo-. ¿Está el profesor Crane?

-No, me temo que estará fuera hoy y mañana- comunicó Becky-. Nos conocemos, ¿verdad? Eres Ariadne Pixnit, o Pix, como dijiste que te llaman.

-Sí, y tú eres…

-Becky Albright- concedió Becky.

-Eso es- recordó Pix-. La ayudante de laboratorio del profesor.

-¿Quieres algo de él?

-Bueno, tenía intención de que me dejara un libro, pero si no está, volveré otro día.

Becky meditó durante unos segundos.

-No creo que al profesor le importe que yo te deje el libro- dijo-. Ven, pasa.

-Perdona mi indiscreción, ¿pero cómo es que estás en casa del profesor Crane?- preguntó Pix mientras pasaban al interior del piso y se dirigían a la biblioteca- ¿Me vas a decir que tú y el profesor...?

-Oh, no, nada de eso- se apresuró a aclarar Becky-. Es que él se ha ido a ver a nuestro equipo de gimnasia competir en Metrópolis estos dos días, y me ha pedido que mientras tanto viniera a dar de comer a sus conejillos de indias.

-Ah, ya me extrañaba- comentó Pix-. En el club de fenómenos paranormales se cuenta que nuestro coordinador está teniendo progresos con la profesora Al Ghoul. Que les han visto salir juntos en algunas ocasiones.

-Sí, algo he oído- dijo Becky con involuntario desánimo.

Mientras tanto, las dos jóvenes habían entrado en la biblioteca.

-Venga, dime, ¿qué libro quieres?- preguntó Becky.

-El profesor Crane me comentó que tiene uno que tengo interés en leer- respondió Pix-. Se titula "La tecnología en el tatuaje".

-No sabía que al profesor le interesasen esas cosas- dijo Becky un poco desconcertada, mientras empezaba a mirar las estanterías de libros.

-No es que tenga un interés especial, según dice él- respondió Pix, mientras imitaba a la otra chica en la búsqueda-, pero le gusta tener libros que estén fuera de catálogo. Y dime una cosa, ¿te tomaste aquella pastilla que te pasé?

-¿Pastilla?- preguntó Becky sin entender. Entonces se acordó de lo que le hablaban- Ah, la pastilla. Me había olvidado completamente de ella. Seguramente aún la debo tener en el bolsillo de la chaqueta que llevaba ese día.

Pix la miró con algo de perplejidad.

-¿Quieres una?- le preguntó a la chica de pelo rizado, llevándose una mano al bolsillo de sus tejanos descoloridos y sacando el tubo de plástico de las pastillas azules.

Becky se miró el tubo y luego le dirigió la vista a la otra chica, poniéndose seria.

-¿A qué viene tanta insistencia a que tome esas pastillas?- preguntó.

-Solo quiero compartir su sabor contigo- respondió Pix encogiéndose de hombros-. Ya verás cómo te gusta.

-¿Cuál es tu mayor miedo?- preguntó de improviso Becky.

-¿Mi mayor miedo?- preguntó la chica de cabello plateado, sin entender.

-¿No será perder ese tubo de pastillas?

Antes de que pudiera reaccionar, Pix vio cómo Becky le quitaba el tubo con un movimiento rápido.

-Ey, devuélvemelo- exclamó.

-Vaya, vaya, veo que te estás poniendo nerviosa, y furiosa- dijo Becky sonriendo, con el tubo alzado a la altura de su rostro-. Debe ser algo muy preciado para ti, más que unos simples caramelos.

-Que me lo devuelvas- casi gritó Pix con la mano extendida hacia la otra joven, con el ceño fruncido.

-¿y qué pasaría si dejara caer el tubo al suelo y luego lo destrozara de un taconazo?- preguntó Becky fríamente.

Los ojos de Pix casi se salieron de sus órbitas, y abalanzó sus manos hacia el tubo, el cual soltó Becky. La joven de pelo plateado lo agarró al vuelo, para seguidamente estrecharlo contra su pecho.

-Interesante reacción- dijo Becky sonriendo irónica-. Creo que me lo voy a pensar más antes de tomar la pastilla que me diste.

Sofocada, Pix se guardó el tubo en el bolsillo, y se miró a la joven que tenía delante, sin saber cómo reaccionar. Pero entonces se acordó a lo que había venido.

-Yo… Solo quiero el libro- dijo, tratando de calmarse.

-Ah, sí, el libro. A ver… Debe estar por estas estanterías de aquí.

Mientras Becky leía los títulos de una sección titulada: "Varios", los ojos de Pix se posaron de repente sobre unas letras que formaban las palabras "Magia caribeña".

-Mira, aquí está- exclamó Becky mientras cogía el libro en cuestión.

-Gracias- dijo Pix mientras se lo quitaba de las manos con rapidez-. Perdona, pero tengo que irme ya.

Becky la vio salir deprisa de la biblioteca, y decidió acompañarla a la salida.

-Bueno, ya nos veremos- le dijo mientras le abría la puerta-. Supongo que eso de que tengamos a un conocido en común hará que coincidamos en otras ocasiones.

-Adiós- se despidió Pix, y salió del piso.

Una vez oyó cerrarse la puerta a su espalda, la joven se detuvo a media escalera, respiró profundamente, y luego miró satisfecha lo que tenía entre manos: un par de libros, el primero titulado "La tecnología en el tatuaje", y el otro llamado "Magia caribeña".


-Eddie está tardando en venir- comentó Barbara, mientras que con un cuchillo y un tenedor cortaba en varias partes su bocadillo de hamburguesa, queso y tomate-. ¿Seguro que le indicaste bien dónde se encuentra la hamburguesería, Jessica?

-Sí, tranquila- respondió esta tras sorber por la caña de su refresco de cola-. Le envié el plano de la universidad por el móvil y todo, para que no se perdiera. Vendrá de un momento a otro.

Tras el entrenamiento de unos y la visita turística de otros, el grupo se había reunido en una hamburguesería de la universidad, y se encontraba sentado alrededor de un par de mesas, comiendo.

-Me temo que estará demasiado centrado en sus entrevistas y en sus fotos para acordarse de comer, y de su novia- sentenció Alice con la boca llena y la comisura de los labios manchada de kétchup, tras darle un nuevo mordisco a su hamburguesa de pollo.

Jessica iba a decir algo, pero Barbara se le adelantó:

-Eso solo demuestra que es una persona responsable- dijo mientras clavaba con gran estilo el tenedor en una de las porciones en que había dividido su hamburguesa-. Y si sales con alguien has de saberle darle espacio para sus cosas, y no querer acaparar todo su tiempo- explicó, y se llevó el trozo de hamburguesa a la boca.

-Eso es- confirmó Jessica, convencida.

-A mí me parece que hay un tiempo para sus cosas y otro para su novia- replicó Alice-. Si has quedado a una determinada hora con tu pareja, deberías dejar todo lo que estuvieras haciendo para estar lo antes posible con él.

Jessica la miró de reojo, mientras mordía su hamburguesa de pavo con champiñones.

-Pues no es esa la idea que me dabas a entender en tu relación con los chicos- le reprochó, después de tragar.

-Bueno, también depende de la persona con la que salgas- trató de improvisar Alice, dándose cuenta de la contradicción que había soltado en su discurso ante Jessica y los sermones que le solía dar sobre las relaciones con los miembros del otro sexo.

-¿En qué sentido?- preguntó de improviso el profesor Crane, sentado delante suyo, mientras se limpiaba los labios con una servilleta.

-Pues… De si…- Alice no conseguía encontrar las palabras justas- Estás enamorado o no de la otra persona.

-¿Insinúas que Eddie no está enamorado de Jessica?- preguntó Jonathan mirándola fijamente.

-La verdad, dudo que exista algo llamado "amor", en la imagen romántica que se tiene tradicionalmente de él- respondió Alice bajando la mirada. Dio un bocado rápido a su bocadillo.

Hubo unos segundos de lánguido silencio.

-Yo te puedo asegurar de que sí existe- habló Mary con una pequeña sonrisa-. Solo es cuestión de encontrar a la persona adecuada. Que hayas tenido un desengaño una vez no significa que siempre te vaya a ocurrir.

-Pero cuando te has hecho ilusiones con una determinada persona y de repente te das cuenta de que no te corresponde, es muy difícil asumirlo- intervino Harley con una mirada triste, ante la cajita de plástico que contenía su hamburguesa, ya vacía-. Puedes desearle a esa persona que sea feliz, pero eso no consigue quitarte esa sensación de vacío que sientes, y se te hace muy cuesta arriba eso de pensar en enamorarte otra vez.

-Sí, mal que me pese, he de confesar que pienso que es una lástima lo tuyo con Jota- le dijo Alice-. Siempre he visto entre vosotros una envidiable conexión que parecía irrompible.

-Vamos, ahora no me deprimas a mis gimnastas- exclamó Maven-. Más aún.

-¿No hay muy buenas expectativas para la competición de mañana?- preguntó Pamela, sin poder evitar unos trazos de indiferencia en el tono de la pregunta.

-Oh, estamos capacitados, y de sobra, para conseguir las mejores puntuaciones- explicó Maven mientras iba comiendo de sus patatas fritas-. Pero no sé qué hacer para que las chicas dejen de pensar durante unos momentos en sus problemas personales y se centren en lo que estamos haciendo. El entrenamiento de esta mañana ha sido bastante deprimente, la verdad.

-¿Y vuestra coordinadora qué dice?- preguntó con curiosidad Mary.

-La profesora Leland ha estado en el entrenamiento del equipo de Metrópolis para constatar sus puntos fuertes y débiles y no ha podido estar con nosotros- dijo Maven-. Tendré que pedirle consejo.

-Lo que debéis hacer es descansar esta tarde- sugirió Lois-. E iros a dormir temprano. Estoy segura que luego veréis las cosas de otra manera y estaréis concentradas en la competición de mañana.

Durante unos segundos nadie dijo nada.

-Bien enjuiciado- respondió Selina mientras dejaba ante ella su zumo de limón, casi terminado-. ¿Te vienes a pasar una tarde tranquila en el albergue, Harley? Miremos en su videoteca a ver si tienen películas interesantes para ver.

-No sé…- musitó la chica rubia-. Me dan ganas de pasar directamente a lo de irse a dormir temprano. Pero bueno, de acuerdo.

-Oye, Barbara - se dirigió Dick con entusiasmo a la mencionada, quien estaba sentada a su lado-, me gustaría aprovechar esta tarde para dar un paseo por la ciudad, y ya que la has visitado esta mañana, me preguntaba si te parecería bien hacerme de guía. También podríamos tomar algo e incluso ir a cenar.

-Vale, me parece bien. Tú vendrás, ¿verdad, Bane?- le preguntó la chica de gafas al miembro del club de lucha libre, el cual se encontraba frente a ella.

-Si no hay nada mejor que hacer…- respondió este con desdén, mientras arrastraba su silla hacia atrás.

-Nosotros sí que iremos, ¿verdad, mi cocodrilo?- preguntó Mary dulcemente a Croc, sentado a su izquierda.

-Vamos, muñequita, no me trates más así delante de la gente- le dijo su novio amablemente-. Que tengo una reputación que mantener.

-Oh, perdón, tienes razón- contestó Mary como dándose cuenta que había cometido una indiscreción-. Nuestro abusón favorito no puede mostrar signos de debilidad.

Se puso de pie y le dio un suave beso en la mejilla, ante la perplejidad de todos. Mientras tanto, Selina se había fijado en la expresión de decepción que mostraba Dick en su rostro. Seguramente el joven habría querido visitar Metrópolis solo con Barbara.

-Por cierto, a todo esto, no sabemos nada del payaso y su novia- comentó Harvey, tras limpiarse los labios con una servilleta.

De repente, el grupo empezó a oír la melodía "La entrada de los gladiadores", lo que hizo que casi todos miraran hacia todos lados, algo extrañados. Entonces vieron que Harley, con cierta parsimonia, sacaba su teléfono móvil, lo abría, apagándose la música, miraba en la pantalla el nombre de quien llamaba, y se ponía el aparato al oído.

-Hola, Jota- dijo con un tono frío-. ¿Cómo es que todavía no habéis venido? Aquí ya estamos acabando de comer.

Hubo una pausa, en que todos estuvieron pendientes de ella.

-Entendido. Pues ya vendrás cuando quieras- dijo la joven-. Hasta luego.

Con calma, cerró su móvil y se lo volvió a guardar. Seguidamente cogió su refresco de cola y sorbió por la pajita, haciendo un fuerte ruido.

-¿Y bien? ¿Qué te ha dicho?- le preguntó Barbara.

-¿Eh? Ah- exclamó Harley, regresando de su ensimismamiento-. Nada, que ahora está ocupado con su chica jugando a videojuegos y que no le esperemos. Que ellos ya comen por su cuenta.

-Pues buen viento- soltó Pamela-. Creo que yo también me apuntaré a la sesión de vídeo- levantó la vista y miró a Harley-. ¿Y cómo es que ese todavía tiene tu número?

La chica rubia se limitó a encogerse de hombros.

En eso que llegaron junto a ellos el profesor Crane, la profesora Leland y la subdirectora Montoya, quienes habían estado comiendo en la mesa de al lado.

-Bueno, nosotros ya hemos terminado- informó Jonathan-. ¿Ya habéis hecho planes para esta tarde?

-Ey, señora Montoya, ¿quiere venir a visitar la ciudad?- exclamó de repente Kate, sonriendo tímidamente-. Iremos ahora unos cuantos. Seguramente le servirá para despejarse después de estar esta mañana de reunión.

-Bien, de acuerdo- respondió la subdirectora. Sonrió a Kate-. Usted siempre dándome buenos consejos, señorita Kane.

-Para algo soy su auxiliar, señora Montoya- respondió la pelirroja sin dejar de sonreír.

-¿Y usted, profesor Crane?- se dirigió Barbara al mencionado- ¿Se apunta?

-No, creo que aprovecharé esta tarde para poner en orden las notas que he tomado en nuestra visita turística de esta mañana sobre los lugares de misterio y las leyendas de la ciudad- respondió el profesor-. Aunque me temo que acabe viendo películas con las chicas.

-Bien, ¿pues nos vamos ya?- propuso Barbara con decisión, mientras se ponía de pie. Entonces se fijó en Jessica, quien tenía la mirada baja, en una expresión pensativa- Ey, ¿te vienes con nosotros, Jessica?

-¿Eh?- exclamó la otra, alzando la mirada hacia ella- No, creo que me quedaré en el albergue, a esperar que vuelva Eddie.

-Como quieras- aceptó Barbara-. Pero no te preocupes tanto por él. Te puedo asegurar que sabe muy bien cuidar de sí mismo- le dijo con una sonrisa que denotaba confianza, mientras le guiñaba un ojo.


Jota se guardó el móvil y cogió el mando de encima de la mesa, mientras dirigía la vista a la pantalla de televisión, donde se encontraban los dos personajes luchadores frente a frente, a la espera de iniciar el combate.

-¿Ya has hablado con tu amiga?- le preguntó Mercy, sentada a su lado en el sofá, sosteniendo entre sus manos otro mando. Vestía los pantalones de su uniforme de chófer, pero se había quitado la gorra y la chaqueta, dejando al descubierto una camiseta azul oscuro-. Mira que no acordarte que habías quedado con tu pandilla para ir a comer.

-Es que este videojuego es la mar de absorbente- se excusó Jota-. Se me han pasado las horas volando. No me hubiera imaginado que el director de una prestigiosa universidad como esta tuviera tiempo para estas cosas. Toda una colección de videojuegos para su ocio personal. Cuando mañana venga Bats he de traerlo aquí a hacer una competición. Aunque, ¿no crees que deberíamos ir pensando en irnos? No creo que fuera una buena idea que tu jefe nos pillara haciendo uso de su lugar privado.

-No te preocupes- le dijo Mercy sonriendo confiada-. Tengo controlado su horario y él es muy estricto a la hora de cumplirlo. Me sorprende que sea algo que te inquiete siendo tú alguien tan despreocupado.

-Bueno, si es algo que puede involucrar a otra persona prefiero tomármelo más en serio- respondió Jota inclinándose hacia la mesita y cogiendo uno de las últimas porciones de pizza que había en una bandeja sobre dicho mueble-. No me lo perdonaría si por culpa mía te despidieran.

-Qué tierno- susurró Mercy sonriendo maternalmente. Dejó el mando sobre la mesita y se acercó seductoramente a Jota-. ¿Qué te parece si de momento dejamos el videojuego y jugamos a cosas más placenteras?- le dijo al oído.

Jota se giró hacia ella y los labios de ambos se unieron en un cálido beso. Al cabo de unos cuantos segundos se despegaron.

-¿Te atreverías a hacer el amor en el despacho de tu jefe?- preguntó él con una pequeña sonrisa, mientras dejaba el mando y la rodeaba con sus brazos.

-¿Y tú te atreverías a ayudarme a cumplir esa fantasía?- dio por respuesta Mercy, mientras situaba sus brazos sobre los hombros de él.

Fueron a besarse de nuevo, pero de repente un sonido de llaves se oyó al fondo, detrás del sofá, proveniente de la puerta del extenso despacho. Ambos se giraron inmediatamente hacia allí, quedándose inmóviles, sin dejar de estar abrazados, con los ojos abiertos de par en par. Al cabo de unos pocos segundos la puerta se abrió y entró rápidamente Eddie, quien cerró la puerta detrás de sí. Se guardó en un bolsillo un llavero con un par de llaves y miró hacia delante. Entonces vio sorprendido, asomando por el respaldo del sofá que había al fondo de aquella estancia, las cabezas de Jota y de su novia, quienes le miraban con la misma sorpresa con la que él les miraba. Hubo unos instantes de silencio, hasta que finalmente Jota habló:

-Eddie, pero, ¿qué haces aquí?- exclamó- ¿Vienes con los demás?

-Hola- dijo el recién aparecido-. ¿Este es el despacho del director?

-Sí, lo es- respondió Mercy. Su inicial sorpresa desapareció y puso una expresión seria, mientras se separaba de Jota, se levantaba del sofá y se dirigía a paso lento hacia Eddie-. Y tú, si no me equivoco, debes ser uno de los visitantes de la Universidad de Gotham, ¿verdad? Y dime, ¿cómo es posible que hayas podido entrar en una estancia no autorizada para los visitantes?

-Bueno, es que la subdirectora Montoya me ha pedido que viniera a buscar una cosa que se había dejado aquí tras su reunión con el director- respondió Eddie. El joven trataba de mantenerse sereno, pese a la imagen que le estaba transmitiendo Mercy, tan bella como intimidante, mientras se acercaba a él-. Me han dejado la llave del despacho para que pudiera entrar.

-Muy bien- respondió Mercy, llegando hasta una poca distancia enfrente de él, sin dejar su expresión seria-. ¿Y cuál es esa cosa?

-Un disquete- respondió el pelirrojo-. Uno que no tiene ninguna anotación sobre su contenido. Me dijo que se lo había dejado en este despacho.

-Ya- dijo la joven rubia. Su expresión seria pasó a convertirse en fría-. Sígueme, por favor.

Jota siguió con la mirada a los dos, quienes avanzaron por el despacho y llegaron a la mesa escritorio que había al lado de la pantalla de televisión.

-¿Es este el disquete?- le preguntó Mercy a Eddie, mientras extraía uno de estos objetos de uno de los cajones de la mesa, mostrándoselo al joven.

-Sí, exacto, es este- respondió el joven con una sonrisa. Sin contemplaciones, le cogió el objeto a Mercy-. Bueno, pues gracias, yo ya me voy. Nos vemos luego, Jota.

-Sí, hasta luego- se despidió el mencionado.

Una vez Eddie cerró la puerta detrás de sí tras haber salido, el joven del pelo ondulado miró a Mercy con una sonrisa seductora, pero esta le desapareció al ver la mirada fría con la que su novia contemplaba la puerta del despacho, sin haberse movido del lado de la mesa.

-Ey, ¿continuamos donde lo dejamos?- le preguntó con una pequeña sonrisa, mientras daba un par de palmadas sobre el cojín del sofá, a su derecha. Pero se desconcertó cuando Mercy le dirigió esa fría mirada.

-Mira, se me han quitado las ganas- dijo ella. Se dirigió a una de las butacas que había junto al sofá, de donde cogió la chaqueta de su uniforme y se la puso. Miró su reloj-. Además, me acabo de acordar que tengo trabajo. El señor Luthor me debe estar esperando para que le recoja del restaurante donde ha ido a comer- se puso la gorra y entonces caminó hacia Jota-. Si quieres, puedes quedarte un rato jugando- se inclinó, poniendo su rostro a la altura del de él, y le dio un beso en los labios-. Pero luego acuérdate de limpiar y de cerrar.

La joven se irguió y, con paso rápido, se dirigió hacia la puerta. Jota se asomó por encima del respaldo del sillón, viéndola alejarse. Le resultó curioso que su novia sacara unos guantes negros, a juego con el uniforme, y se los pusiera, pues nunca se los había visto llevar. Se encogió de hombros, y volvió a sentarse ante la pantalla de televisión, agarrando los mandos para iniciar otra partida de videojuego. Mientras tanto, en el momento en que abría la puerta, en el rostro de Mercy se formó una sonrisa cuando menos inquietante.


Durante todo lo que duró la película romántica que estaba viendo junto a Alice, el profesor Crane, Harvey, Jessica, Pamela y Selina, sentados todos en los sillones y el sofá que había en la sala de estar del albergue, Harley se había estado sintiendo bastante incómoda, y cuando el filme llegó a su desenlace, no pudo evitar sentir fastidio ante aquel endulzado final feliz.

-No sé cómo os pueden gustar unas historias tan romanticonas- comentó Alice-. Resultan tan poco realistas… En este caso, por ejemplo: todo se basa en las meras casualidades, sin más. Y los dos protagonistas se acaban correspondiendo el uno al otro, así, por las buenas. Estas idealizaciones del tema amoroso me ponen enferma.

-Pues sí, algo de acuerdo estoy contigo- dijo Pamela mientras sacaba el disco del aparato de dvd y lo guardaba en su estuche-. El amor es algo más complejo que todo eso. Pero en fin, la película, como mero entretenimiento, no ha estado mal.

-Sí, Pam, ya sabemos que para ti el amor se basa en tener a alguien a mano para darle órdenes- soltó Harvey, sonriendo con ironía.

-Al menos yo no voy del brazo de una rubia florero solo para no perder la autoestima- respondió Pamela, severa.

Ambos se miraron fijamente.

-Vamos, pareja, tengamos la tarde en paz- intervino el profesor Crane, poniéndose de pie-. Ya hemos visto la película romántica. Ahora, si os parece bien, veremos la de terror, como habíamos quedado.

-A mí me gustaría ver una bien "gore"- exclamó Harvey-. Y creo que ya sé cuál.

-Vaya, Harvey, ¿desde cuándo te interesa ese género?- dijo Pamela un tanto sorprendida.

-¿No puede ser como máximo de ciencia-ficción?- preguntó Alice.

Mientras se iniciaba un debate sobre el nivel de terror de la película a ver, Harvey empezó a sentirse un poco agobiada, y decidió salir fuera, a tomar el aire. Una vez en el exterior, se sentó en la pequeña escalinata que daba a la entrada del albergue. Había anochecido, y se notaba un poco de frío. Como en el autocar, volvía a sentir ese vacío interior, que no le dejaba concentrarse en las cosas que hacía. Como buena estudiante de psiquiatría que era, sabía que era debido a que seguía enamorada de Jota. Sí, se había propuesto no pensar en él, en superar su desengaño amoroso, pero tenía que confesar el hecho de que, en todo ese tiempo que había pasado desde Halloween, y desde que supo que él sentía algo por ella sin saberlo, no había conseguido superarlo. ¿Y por qué sentía ese amor por Jota, si en principio eran dos personas tan diferentes? Él tan extrovertido y desenfado, ella tan acomplejada e introvertida. Desde siempre, Harley había tenido algo de complejo de chica bajita. En todos los grupos de los que había formado parte desde la niñez, siempre había sido la más baja, o, sencillamente, la baja. Y la universidad no era la excepción: tanto en las clases, como en los grupos de trabajo, así como en el club de gimnasia y en la residencia estudiantil, siempre se sentía destacada por su estatura cuando estaba con los otros alumnos. Y tampoco se sentía muy orgullosa de su rostro. Desde pequeña que tenía esa estúpida cara de niña, sin que hubiera logrado, con el paso de los años, una expresión más adulta y madura. Su sonrisa, de toda la vida la había visto demasiado grande, demasiado histriónica, demasiado crispada. Incluso denotaba malicia, sin que ella quisiera evocarla. Por eso, cuando llegó a la Universidad de Gotham, se propuso transmitir la mayor madurez posible. Dejó atrás las ropas juveniles y se enfundó en vestidos adultos. Se quitó las lentillas que llevaba desde los trece años y se puso gafas, se recogió el pelo en un moño y evitó sonreír ante cualquier situación, tratando de ser lo más seria posible. E incluso, a pesar de la disconformidad de sus padres, eligió psiquiatría, una carrera que, a su juicio, daba aspecto de persona responsable y adulta. ¿Y al final consiguió trasmitir dicha imagen? Bueno, seguía siendo la chica bajita de las fotos de grupo, pero al menos quienes la trataban la tenían en la consideración de una mujer formal y seria. O al menos eso creía. Luego empezó a darse cuenta que más bien daba una imagen de aburrida, y que se había convertido en una persona introvertida, y que la única relación que mantenía con los demás alumnos era la estrictamente estudiantil, sin que pudiera considerar a nadie de sus compañeros de estudios como un verdadero amigo. Deprimida por ello, las cosas cambiaron cuando, por problemas familiares (los tíos que la acogían en Gotham City se mudaron), tuvo que trasladarse a Mansión Arkham. Allí conoció a dos personas que le cambiaron su forma de ver la vida: Pamela Isley y Jota. La primera era una chica de carácter implacable y radical, quien se tomaba las cosas en serio, tanto sus estudios como su participación en el club de botánica y ecologismo, y su amistad con quienes la rodeaban. Fue ella la que empezó a resquebrajar la concha en que se había encerrado Harley (por entonces Harleen), y a conseguir ser la primera persona de la Universidad de Gotham a la que esta podía llamar amiga, e incluso amiga íntima. Luego, con el apoyo de Pamela, cultivar la amistad con los demás residentes fue relativamente sencillo. Pero entonces apareció Jota. Un chico que la descolocaba, la intrigaba y la fascinaba. Alguien que la hizo desinhibirse, ver la faceta divertida de la vida, y sacar ese lado suyo que había escondido durante tanto tiempo. ¿En qué momento pasó a sentirse atraída por él? No lo sabía exactamente, solo que en algún momento empezó a sentirse plena estando con el joven y que con él podía mostrar a la verdadera Harleen Quinzel. Y se enamoró. Y él le rompió el corazón. Y ahora, según parecía, resultaba que no, que en realidad estaba enamorado de ella, y el muy payaso no lo sabía. La última broma de Jota. ¿Y ahora qué debía hacer Harley? ¿Decirle que había descubierto que estaba enamorado de ella gracias al invento de Pamela? Jota era tan imprevisible que a saber cuál sería su reacción si se lo dijera. La joven se sentía turbada, sin saber de qué manera tomarse la situación, y a lo único que atinaba era a evitar a Jota, sintiendo miedo de enfrentarse a él. Por suerte, Pamela y las otras chicas de Mansión Arkham le daban apoyo.

-¿No te vienes a ver la película, Harley?- oyó a su espalda.

Se giró y vio a Selina, de pie delante de la puerta cerrada del albergue.

-No, no estoy con ánimos para ver otra- respondió la rubia mirando otra vez hacia delante-. La romántica ya me ha deprimido suficiente.

Selina avanzó hasta sentarse a su lado.

-Aún sigues pensando en Jota, ¿verdad?- le preguntó sin mirarla.

Harley suspiró.

-Sí, ¿para qué negarlo?- dijo- Pero no tiene importancia. Él ya tiene a su novia. ¿O de verdad crees que no debería hacer caso a Pamela y debería meterme por en medio, y dar a entender a Jota que no es de su novia de la que está enamorado, sino de mí?

Selina no respondió inmediatamente.

-Lo que está claro es que debes animarte y no dejar que esto te amargue la vida- dijo finalmente-. Maven tenía razón esta mañana en el autocar. Si con la gimnasia y los estudios no tienes suficiente, ni con formar parte de los voluntarios para la campaña de Pamela, ¿por qué no te buscas algún otro objetivo a lo que aferrarte, que te dé confianza en ti misma?

-¿Cómo qué?- preguntó Harley mirándola con interés.

-No sé. ¿Qué tal una actividad para el festival de primavera?- propuso Selina- Una exposición o un espectáculo que puedas preparar de aquí hasta entonces.

-No se me ocurre que podría hacer yo para ese festival- dijo la otra joven sin ánimos, girando la cabeza hacia delante y con la mirada baja.

-He estado pensando…- musitó Selina, nerviosa ante lo que iba a decir- ¿Qué te parece montar un grupo musical?

-¿Eh?- exclamó Harley mirándola inmediatamente, mientras alzaba una ceja- ¿Bromeas?

-Bueno, he estado preguntando a Pamela…- explicó Selina tímidamente- Y me ha hablado que le contaste que antiguamente compartías la afición de tu hermano por la música. Y que sabes cantar bastante bien.

-Buff… De eso ya hace mucho tiempo- contestó Harley alzando la cabeza, pasando una mano por sus cabellos-. Cuando estaba en la secundaria formaba un grupo con él y con uno de los integrantes de su actual grupo. Tocábamos en las fiestas de nuestro instituto y esas cosas… Pero ya he perdido completamente mi don para el canto, si es que alguna vez lo tuve. Creo que ahora haría bastantes gallos.

-Pues de eso se trata- respondió Selina, perdiendo su timidez y sintiéndose más animada a hablar del tema-. De ir preparándose hasta el día de la actuación. Estoy segura que si te lo tomas en serio te serviría para mejorar tu confianza y olvidar esta depresión que ahora tienes.

La joven vio que Harley mostraba una mirada perdida dirigida hacia delante, y entonces la rubia la miró con una pequeña sonrisa.

-Así que un grupo musical, ¿eh?- dijo- Me parece que ya sé por dónde van los tiros. Tú lo que quieres es que le pide asesoramiento a mi hermano y a su grupo, para así tener la posibilidad de conocerlos en persona.

Selina puso cara de sorpresa, y desvió la mirada de ella.

-Yo, bueno…

-¿Sabes qué?- le dijo Harley dándole un pequeño codazo en el brazo- Que voy a tener en cuenta esta propuesta. Será divertido volver a los orígenes. Aunque, como ya te dije, no sé cómo andará la agenda de mi hermano para que venga a echarnos una mano. Porque supongo que tú me ayudarías, ¿verdad? Y Pamela seguro que sí. Si tiene que ver con que me olvide de Jota, ella se apunta a un bombardeo.

-¿Decís que Pamela va a bombardearme? No me imaginaba que le cayera mal hasta ese punto.

Ante ellas y bajo las luces de las farolas se encontraba el presidente del club de la comedia de Gotham, quien les mostraba su habitual sonrisa simpática.

-Tranquilo, ella con cantarte las verdades le basta y le sobra- replicó Harley-. ¿Ya te has cansado de estar con tu novia?

-Pues no, pero alguna vez tenía que hacer acto de presencia- respondió Jota-. Además, ella tenía que trabajar esta tarde. De lo que sí me he cansado es de los videojuegos, así que me he decidido a pasarme por aquí, a ver qué hacíais.

-Creo que me voy a ver la película de terror- dijo Harley con indiferencia.

La joven se puso de pie y se dirigió con paso rápido hacia la entrada del albergue ante la mirada de Jota y Selina. Al abrir la puerta se encontró con Jessica, quien iba a salir.

-Disculpa- se excusó Harley, quien dejó pasar a la otra rubia, y luego entró en el edificio, cerrando la puerta detrás de ella.

Jota suspiró.

-Me temo que no voy a conseguir que Pamela se haga miembro del club de la comedia- dijo, como pensando en voz alta.

Aquel comentario desconcertó un tanto a Selina, quien se levantó.

-Empiezo a estar un poco preocupada- comentó Jessica, mirando a su alrededor-. Eddie sigue sin dar señales de vida. Ni siquiera me ha llamado ni me ha enviado ningún mensaje.

-Ah, Mercy y yo nos lo hemos encontrado este mediodía en las oficinas de la universidad- dijo Jota-. Parece que estaba metido en sus investigaciones periodísticas, por la excusa improvisada que le puso a mi chica por haber entrado en el despacho del director sin permiso. Pero no te preocupes. Eddie sabe cuidarse de sí mismo.

-Sí, eso ya me lo han comentado- contestó Jessica, mientras fruncía el ceño-. Voy a empezar a creer que Alice tiene razón, y que para un tío son más importantes sus cosas que la chica que sale con él. Pues ya se las puede confitar.

Y dicho esto, la joven entró también en el albergue.

-Desde luego, menudo mal rollo hay por aquí- comentó Jota-. Espero que no se contagie a la competición de mañana.

Selina le miró y luego dirigió la vista hacia la puerta del albergue. Entonces se giró y esta vez, con una expresión seria, puso sus ojos en las azoteas de la universidad, oscuras bajo el cielo nocturno.


La puerta del despacho del director de la universidad se abrió y, con la luz que venía del pasillo a su espalda, se recortó sobre el umbral una figura femenina tocada con una gorra de chófer. La figura entró en la estancia y cerró la puerta detrás de sí. Avanzó en la oscuridad, mientras se quitaba los guantes que llevaba. Una vez llegó a la mesa que había al fondo, abrió la lámpara que había encima de esta, y se sacó de un bolsillo un disquete que no tenía indicación de su contenido. Con una sonrisa, la figura, que era Mercy, se miró el pequeño objeto. Luego, con total tranquilidad, abrió uno de los cajones de la mesa y lo dejó caer dentro. A continuación, con energía, cerró el cajón haciendo algo de ruido. Finalmente apagó la luz, y la oscuridad volvió a apropiarse del despacho.