Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer aunque yo haya cambiado los roles y apellidos en esta historia que sí es toda mía.
¡Sorpresa! Creo que no me esperaban hoy.
Capítulo beteado por Kelly Escobar (Beta FFAD)
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"La mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre"
Albert Einstein
Advertencia: Abrid sus mentes. Pueden encontrar escenas fuertes o subidas de tono. Algunos de los personajes de Twilight han cambiado de rol y hasta de apellido, es mi culpa.
Capítulo 11
Cerrando un ciclo
Hemos aprendido a vivir y luego
nuestra libertad llegó a su fin,
tenemos que derribar esta muralla,
somos demasiado jóvenes para vivir una mentira.
Mírame a los ojos.
Ready, Set, Go!
Tokio Hotel
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El crecimiento o evolución de quien se es, es un proceso trascendental por obvias
razones; quien desea seguir avanzando deberá aprender a cerrar ciclos, dejar atrás situaciones y personas y atar cabos. Un ciclo de la vida cerrado es un peldaño más que se alcanza y el culmen de muchas acciones y reacciones.
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La partida de Sor Cecil había sumido a Bella en una profunda tristeza, y más aún
porque Victoria y Mike también se marcharían a cumplir con sus sueños y metas,
mientras ella se quedaba sola, luchando con el dolor que le causaba no tenerlos a
su lado.
Ya habían pasado dos semanas desde que Sor Cecil se había despedido de ella, y cuatro días desde que Mike y Victoria le habían visitado, para informarle que cada uno iniciaría su traslado hacia las ciudades que se convertirían por los próximos cinco años, en sus respectivos hogares y en cunas de conocimiento, de acuerdo con las carreras profesionales que habían escogido. Bella no se resignaba, no quería que se fueran, presentía qué sin ellos estaría pérdida y de algún modo ella no se equivocaba, para nadie es un secreto que los últimos años de escuela son los más difíciles y sobre todo en una escuela como el Saint Patrick, donde los estudiantes de los últimos grados eran más crueles. Bella necesitaría mucha fortaleza para enfrentar lo que se le venía encima.
Lauren la visitaba todas las tardes intentando, en vano, animarle, pero los esfuerzos de ella no daban frutos, al final Bella era la única que podía salir de esa depresión en la que estaba sumergida por la despedida de sus amigos y mentora.
—Oh, vamos, Bella no puedes pasártela así —instó Lauren a Bella, rogando internamente que esta reaccionara y volviera a ser la chica alegre.
—No es fácil, voy a extrañarles —manifestó Bella.
—Eso lo se —replicó Lauren—, deberías estar feliz por ellos, estás siendo muy egoísta al solo pensar en ti; piensa que ellos están luchando por sus sueños y alégrate por eso. —expresó Lauren a manera de regaño, haciendo que Bella se quedara sin argumentos y finalmente reaccionara cómo era debido.
—Tienes razón, me alegraré, por mucho qué me duela su ausencia, ellos solo están tratando de cumplir con sus metas y lo merecen. —dijo Bella convencida de cada palabra y con un nuevo semblante en el rostro.
Lauren se sintió satisfecha de que al fin había conseguido su cometido: Bella había aceptado la realidad, debía dejarlos partir si quería crecer, ese era el ciclo que debía cerrar para iniciar uno nuevo.
—Eso está mejor, ahora si puedo decirte las últimas noticias —Lauren dijo en tono de broma.
— ¿Últimas noticias? ¿A qué te refieres? —preguntó Bella llena de curiosidad.
—Pues hablo de Edward, ¿de quién más? —contestó Lauren sofocando una risita.
— ¿Le ha pasado algo? ¿Está bien? —cuestionó preocupada Bella.
— ¡Caray! Quién te oye y ve enseguida piensa que estás muy interesada en mi primo, ¿o acaso lo estás? —inquirió Lauren haciendo que Bella se pusiera roja como un tomate y que luego se mostrara seria llegando al punto de la indignación.
—No digas tonterías, Lauren, ¡por Dios!
—Ok, como quieras, pero a mi no se me olvida que ustedes dos se traen algo, recuerda que hasta un vestido te diseñó y regaló, y tú eres la primera chica por la que hace algo así, ni por su novia ha hecho algo parecido —argumentó Lauren completamente seria.
—Ves muchas novelas. —Fue lo máximo que a Bella se le ocurrió para defenderse, puesto que en el fondo ella sentía algo especial por Edward, pero no pensaba admitirlo.
—Ajá sí —comentó Lauren mirándose las uñas y llevando a Bella al borde de la desesperación.
— ¿Piensas decirme lo que sucede o te quedarás aplastada en el sofá y no me dirás nada? —increpó Bella molesta.
Lauren le miró y sonrió.
— ¿Sabes, amiga? Eres incomprensiblemente terca, hazte la tonta si quieres, pero a mi no me engañas —Lauren habló con tal convicción que Bella estuvo plenamente segura que ella sabía más que si misma sobre sus sentimientos hacia Edward.
— ¡Cómo sea! —gritó Bella. Lauren solo arqueó una ceja y procedió a hablar.
—Edward se gradúa mañana. —informó Lauren más fresca que una lechuga.
— ¡Oh! ¡Qué bien! Me alegro por él —dijo con sinceridad Bella, aunque de nuevo sintió que la tristeza la invadía; la graduación de Edward para ella significaba que él también se marcharía y ella ni podría ir a despedirse porque simplemente ellos no tenían esa cercanía como para que se tomara dichas atribuciones.
—Pues no te ves muy feliz —le picó Lauren, puesto que se hacía una idea de lo que podía estar pensando Bella.
—No, sí lo estoy... Es solo que había olvidado que él también se marchará y no quiero que estés triste —explicó Bella.
— ¿Triste? ¿Yo? Sí, claro. Edward no se va a ningún lado, por lo menos por ahora
—indicó Lauren.
— ¿Cómo? ¿No piensa estudiar? —Bella estaba anonadada.
—Si piensa hacerlo, niña genio; solo que está aplazando ese aspecto de su vida, está esperando que tía Renée termine su investigación y también está esperando algo más, bueno, a alguien más, creo —soltó Lauren lo último, sabiendo que Bella más tarde se daría cuenta del trasfondo de sus palabras.
—Mmm... Entiendo —manifestó Bella, creyendo que Edward se quedaba en Forks no solo por su madre, también lo hacía por su novia, por Bree y la sola idea hizo que sintiera un pinchazo en el pecho.
— ¡Hey, reacciona! —instó Lauren a Bella al ver que esta se había abstraído.
—Dime...
— ¿Irás a la cena en casa de Edward, mañana después de la graduación?
—preguntó Lauren.
— ¿Cena? —cuestionó Bella.
—Mi tía Renée dará una cena para celebrar la graduación de Edward en cuanto acabe la ceremonia —informó Lauren—, ¿entonces, qué dices? ¿Irás?
Bella se tomó un tiempo para pensarlo, aunque Lauren sabía perfectamente cuál sería la respuesta de ella.
—No, no iré —fue toda la respuesta de Bella.
— ¿Por? —curioseó Lauren.
—Edward y yo ni siquiera somos amigos como tal, no sería correcto que yo fuera a esa cena cuando ni siquiera he sido invitada, e incluso por esa razón mamá no me dejaría ir —arguyó Bella.
—Bueno, tienes tu punto y no lo discuto, solo digo que hubiese sido bueno que le felicitaras, sé que a él le habría encantado, pero si no se puede... No se puede
—concluyó Lauren.
—Felicítalo de mi parte, por favor, Lauren —pidió Bella.
—Lo haré, te lo prometo —dijo Lauren tomando a Bella de las manos—. Ahora, tengo que irme, mi abuela va a hacer el postre favorito de Edward para la cena de mañana y quiere que le ayude. Descuida, de seguro Edward te mando un poco, también es tu postre favorito... Tarta de queso y fresas. —Y fue así como Lauren salió disparada en dirección a la puerta, dejando como cada vez que podía a Bella patidifusa y pensando en Edward, quien con el pasar del tiempo se robaba más de uno de sus pensamientos.
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Dos días después...
— ¿Estás listo? —preguntó Renée a Edward deteniendo el auto en la entrada de la escuela.
Edward sonrió y asintió, para luego bajarse del auto, seguido de cerca de su "ita", quien había decidido acompañar a Renée en la ceremonia de graduación, por nada del mundo Marie se perdería de un día tan importante en la vida de su querido nieto. A los pocos minutos de haber llegado Irina se enganchó en el brazo de Edward, luego de abrazarlo y casi guindarse de su cuello, él solo se limitó a reír al ver la efervescencia de ella. Renée y Marie observaban la escena a unos pocos metros de distancia, pero Marie no pudo disimular su desagrado hacia Irina.
—Nunca me ha gustado esa chica —expresó refiriéndose a Irina. Renée solo negó con la cabeza y se dirigieron a sus respectivos lugares, tal como lo hacían los demás presentes y futuros graduados.
—Eres un caso especial —habló Renée a Marie en cuanto estuvieron en sus respectivos lugares.
—Tanto como tú, Renée —atacó Marie.
— ¿A qué te refieres? —preguntó Renée sin dejar de mirar al frente.
—De Edward, de Anthony, ¿acaso nunca dirás la verdad? ¿No le dirás a Edward quien es su padre? —Renée no se inmutó ante los cuestionamientos de Marie—. Es ridículo todo esto, Renée. Edward merece saberlo —agregó Marie.
—Edward merece ser feliz y eso quiere decir estar lejos del lente de la cámara, no quiero que él tenga que cargar con el peso de ser un Masen —argumentó Renée.
—Me parece que mi nieto debería ser quien lo decida, quemar todas las revistas tanto de farándula como de ciencia no es la solución; a veces me pregunto si amaste a Anthony como decías —cuestionó una vez más Marie a Renée.
—No tienes ningún derecho a dudar de mis sentimientos hacia Anthony, abuela, tú no sabes nada —reclamó Renée molesta.
—Pues tienes la actitud de una niña miedosa, no de una mujer hecha y derecha —le acusó Marie.
Renée iba a contestar pero la ceremonia inició y tuvo que guardarse sus argumentos para cuando tuviera la oportunidad de manifestarlos a su abuela Marie.
Los discursos típicos del protocolo de ese tipo de ceremonias no se hicieron esperar, haciendo que los asistentes empezaran a bostezar luego de un par de horas y que más de un estudiante centrara su atención en cualquier otra cosa menos en lo que se decía, hasta que finalmente llegó el momento de el discurso de uno de ellos. Irina fue llamada al escenario, pues ella daría el discurso de la promoción; orgullosa se levantó de su asiento al lado de Edward y subió al escenario para luego iniciar su discurso, durante el cual no despegó su mirada de Edward, quien no se dio cuenta de que su amiga le miraba de forma diferente, pero alguien más si lo notó…
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Mike había logrado retrasar su viaje solo para ver a Irina graduarse, si bien era cierto que sentía cosas especiales por Bella, también era cierto que Irina siempre sería para él como ese sueño que parece inalcanzable y que jamás dejaría de anhelar, Irina era esa persona que Mike admiraba, aunque a la luz de los demás ella no hiciera gran cosa; pero verla allí dando su discurso sin despegar su mirada de Edward le hizo hervir la sangre, haciéndolo dar la espalda al escenario y caminar hacia la salida de la escuela, pero eso sí, jurándose a si mismo que Edward Cullen se las pagaría, se vengaría de él, no importaba cómo pero lo haría.
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Luego de que Irina finalizara su discurso y al termino de los aplausos por este se procedió a llamar a cada estudiante para que recibiera su respectivo diploma, cuando hubieron llamado a unos diez estudiantes, aproximadamente, llamaron a Edward por su nombre completo: Edward Anthony Cullen Dwyer.
Tanto Renée como Marie no dejaron de aplaudir en cuanto vieron a Edward recibir su diploma y levantarlo orgulloso en dirección a donde ellas estaban.
— ¿Sabes? —Susurró Marie a Renée—. Sería bello que Edward llevara el apellido de su padre, Masen. Edward Anthony Masen Cullen se oye muy bien, debieron llamarlo así, cómo debe ser, para que pasara por su diploma —manifestó Marie muy orgullosa al ver como Renée fruncía los labios molesta, pero sin decir una sola palabra para contradecirla.
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En Londres la familia Masen en pleno se reúne como todos los sábados en la mansión familiar, pese a las miles de excusas que Anthony siempre intenta usar nunca han dejado de reunirse y de hacerle a él cumplir con la familia. Para cualquier espectador el cuadro familiar que se observaría en esa ocasión sería de lo más curioso: en un pequeño sofá abrazados yacen Carlisle y su esposa Esme, como un par de enamorados; del otro lado se encuentra Marco, vistiendo más colorido que una guacamaya y con unos enormes anteojos para el sol de diseñador, por supuesto, escondiendo los estragos de la noche del viernes; y por último está en un rincón de la sala Anthony, quien observa a todos con cara de pocos amigos.
— ¿Vas a buscarla? —le pregunta Marco a Anthony cómo cada vez que lo ve.
—Ya te he dicho que no —responde Anthony sin expresión.
—Cobarde —le acusa Marco.
—Metiche —le llama Anthony.
Carlisle los observa muerto de risa; era de lo más gracioso ver a sus hermanos mayores en ese plan y en cierto modo se alegraba de ello, puesto que al menos así Anthony se distraía, ya que desde la partida de Renée él no había vuelto a sonreír.
—Marco, Anthony —la voz de Elizabeth Masen, madre de ellos y de Carlisle, resonó en la estancia. Los aludidos dejaron de insultarse y Carlisle contuvo su risa.
—Hola, madre —saludaron los tres al unísono como niños regañados.
—Esme, querida —saludó Elizabeth a Esme con un abrazo y un beso en la mejilla—. ¿Dónde está mi nieta? —preguntó.
—Alice está de paseo con unas amigas, han viajado a York —respondió Esme.
—Me habría gustado tenerla aquí estas vacaciones —expresó Elizabeth—, pero también ha de disfrutar con sus amigas —agregó sonriendo.
Elizabeth se sentó en uno de los sofás, hizo una seña a su ama de llaves, quien al instante hizo aparecer a varias de las chicas de la servidumbre trayendo consigo bandejas de pequeños bocadillos, café y té. Una vez todos se sirvieron, ella se dispuso a hablar.
—No me gusta hablar de negocios el fin de semana, pero tengo que hacerlo —empezó a decir Elizabeth—. Estamos en crisis —informó bajando la mirada.
— ¡Eso es imposible, madre! He revisado el estado financiero de la empresa, cuentas, deudas… todo y no estamos en un momento exageradamente bueno, pero la empresa marcha bien —interpeló Carlisle con mucha seguridad.
—No estamos en crisis económica, Carlisle… estamos en medio de una crisis creativa, que en este negocio es mucho más grave —aseveró Elizabeth.
Marco bajó la mirada sintiéndose culpable, puesto que no era un muy buen diseñador para Masen Desings. Elizabeth lo notó y tomó su mano.
—No es tu culpa, Marco. Eres diseñador de interiores no de modas —manifestó Elizabeth.
—Ve directo al grano, madre —le instó serio Anthony, puesto que ya sabía cuál era el plan de su madre.
—Regresa a la empresa como diseñador, Anthony —pidió Elizabeth.
—Ya sabes cuál es mi respuesta a eso, madre —indicó Anthony.
—Renée no está y tú no quieres buscarla, deja de culpar a la moda por su pérdida —expresó Elizabeth con la tristeza colándose en su voz.
— ¡He dicho que no! —gritó molesto Anthony, odiaba que mencionaran a Renée, para él su solo nombre le hería.
—Entonces iré por ella —se ofreció Marco.
—No —rugió Anthony esta vez—. ¡No lo haré! ¡No quiero volver a tener nada con la moda! ¡¿Por qué no lo entienden?! —Y con eso Anthony salió de la mansión, dejando a todos preocupados.
— ¿Y ahora qué haremos, madre? —preguntó Carlisle.
—No lo sé, hijo. Tal vez rezar para que tu hermano cambie de parecer o para que se nos ocurra una buena idea, o mejor aún, que Renée aparezca; ¿qué habrá sido de esa chica? ¿Por qué se fue? —Elizabeth también extrañaba a Renée inmensamente, la quería como una hija y le dolía que los hubiera dejado, porque si algo era cierto era que Renée se había ido, pero no se había marchado sola, también se había llevado a su hijo Anthony con ella, se había llevado su corazón.
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Tomaron la foto de recuerdo y luego de que Edward consiguiera librarse de Irina, que se la pasó la mayor parte de la ceremonia pegada a él como su sombra, se dirigieron a la casa de él para celebrar su nuevo logro. Al llegar a casa encontraron la mesa ya lista para cenar, cada uno de los presentes tomó su lugar, incluyendo a Bree, quien se sentó al lado de su novio, de Edward. Él observó la mirada nada grata que Lauren le dio y sintió estremecerse, estaba claro qué ver a Bree como su novia era una idea que a su prima siempre le había parecido desagradable, y más aún porque ella conocía de sus sentimientos hacia Bella. Cuando la cena terminó Lauren se dirigió al jardín, escapando de la escena romántica totalmente falsa entre Edward y Bree.
—Ricitos de oro —la llamó Edward, haciéndola voltearse—. Ella no vino —indicó él refiriéndose a Bella.
—Te manda felicitaciones y te desea éxito —y luego Lauren agregó—. ¿Qué esperabas, Edward? Tú y ella no son nada, además aquí está Bree, tú novia —expresó Lauren remarcando la palabra novia.
—Lo sé, pero me habría gustado verla hoy. —La mirada de Edward se centró en algún punto en el cielo.
—Pues actúa, primo, si es que la amas tanto como dices —le instó Lauren justo cuando Bree hacía su aparición en el jardín.
— ¡Amor! —Bree saltó a su brazos y Edward la recibió más por instinto que por placer—. Te tengo una excelente noticia.
—Cuéntame —le pidió él amablemente.
—Sí podré ir a terminar la secundaria a New York, ¡nos vamos a New York! —expresó ella feliz, acurrucándose en el pecho de Edward.
— ¿Nos? —le cuestionó Edward apartándose bruscamente de ella.
—Sí, amor, tú y yo —respondió Bree sonriente.
—Un momento, Bree, yo no me voy a ningún lado, tú sabes de mis planes —manifestó Edward empezando a fruncir el ceño.
—Pero, amor, yo pensé que si yo me iba tú también lo harías —balbuceó Bree haciendo un puchero.
—Tú no puedes pensar por mí, no puedes tomar decisiones que no te corresponden, ¡es mi vida, carajo! —gritó Edward furioso como nunca se le había visto.
—Pero… —intentó Bree refutarle.
—Pero nada, Bree, entiéndeme, yo te dije cuáles eran mis planes y tú no los respetaste —expresó Edward recobrando la calma.
—Amor, pero tú sabes lo difícil que será llevar nuestra relación desde la distancia —argumentó Bree.
—Lo sé, Bree y por eso voy a facilitarnos las cosas —dijo él sonriendo, porque había hallado la solución a sus problemas.
— ¿Vendrás conmigo? —preguntó Bree esperanzada, haciendo a Edward tragar grueso.
—No, Bree, hemos terminado —expresó Edward soltando un suspiro.
— ¿Qué? —Bree abrió los ojos asombrada.
—Que a partir de ahora ya no somos novios. Lo siento, Bree —dijo Edward mirándole con pena.
—Edward, pero yo… lo siento —repetía una y otra vez Bree.
—Tranquila, no pasa nada. Adiós, Bree —dijo despidiéndose de ella y dándole un beso en la sien, para retomar su camino hacia la casa e ir hacia la cocina donde su "Ita" guardaba las sobras de la cena.
— ¡Ohh, pequeño! ¿Por qué esa cara? —preguntó Marie al verlo entrar.
— ¿Me veo triste? —le preguntó él a su vez.
—Algo, pero también se te ve un brillo en la mirada, ¿qué hiciste, pequeño travieso? —cuestionó Marie sonriéndole.
—Terminé con Bree y me siento de maravilla, ¿debería sentirme mal? —inquirió Edward.
— ¡Para nada! ¡Ahora sí mi vecina será tu novia! —manifestó con emoción Marie, haciendo un especie de baile de la victoria por toda la cocina, consiguiendo hacer reír a Edward.
—Veo que te hace muy feliz la idea, Ita —comentó Edward aún entre risas.
—Mucho, pequeño. Hay que brindar —Marie tomó dos copas de champan y le tendió una a Edward—. Por el cierre de este ciclo y el inicio de uno nuevo, ¡por mi vecinita Isabella! ¡Salud! —Chocaron sus copas y sonriendo Edward empezó a idear el modo de conquistar a Bella, ahora que ya no había nadie de por medio que empañara su felicidad.
Ambos sin saberlo cerraban el primer ciclo e iniciaban el segundo de sus vidas, uno donde ya no serían Edward y Bella por separado, sino Edward y Bella unidos por un lazo casi inquebrantable… pero antes, ellos tendrían que crearlo.
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¡Hola!
¿Me quieren? Digan que sí.
¿Les gustó? Edward terminó con Bree, se viene bueno esto, ya aparecieron más personajes de la familia Masen.
Oficialmente terminamos y cerramos el primer ciclo, ya veremos cuánto tiempo transcurre y a dónde nos lleva todo.
Mil gracias a quienes siguen acompañándome en este fic: EriM, yolabertay, Maru-Li Tsukiyomi, Liz PattStew; se merecen un altar y a todas aquellas que hacen de Gasparín, muchas gracias.
Me tomaré un tiempo en actualizar, estos muchachones andan dándome dolores de cabeza, pero pronto tendrán su cap.
Besos y buena vibra.
