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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL SENTIDO DE MI VIDA


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Capítulo XI


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Bajé las escaleras de mi habitación como cada mañana, deteniéndome en el descanso de la escalera para mirarme en el espejo y colocarme bien la corbata antes de seguir hasta la cocina, desde dónde provenía un inconfundible olor a café.

Caminé esperando encontrarme con Bella y avancé hasta ella quien me recibió con un gustoso beso mañanero. Tuvo intención de apartarse pero rodeé su cintura con mis brazos ciñéndola más a mi, sintiendo su calor contra mi pecho.

-No tientes a la suerte… - Me dijo soltando una risita, pero recibiendo gustosa otro de mis besos. Abrí mis labios y capturé el suyo inferior deleitándome con su respiración agitada. Sus manos apuñaron mis cabellos volviéndome loco en el acto y no pude hacer otra cosa más que acercarla más a mi, pero ella dándose cuenta del estado al que nos estaban llevando aquellos besos tan apasionados, intentó alejarse de nuevo de mi.

-No pasará nada… Tanya no va a aparecer. - Susurré, inclinándome de nuevo, pero esta vez ya no me recibió tan gustosa y se apartó de mi alejándose un par de pasos.

-No lo entiendes, Edward… no me siento bien haciendo esto. - Suspiró y yo me acerqué de nuevo hasta ella.

Desde hacía tres semanas los besos se habían vuelto más frecuentes entre nosotros. Sabía que yo era el causante de aquel hecho, pues no era ella la que tomaba la iniciativa, sin embargo ya no se oponía.

-Eso tiene remedio, Bella. Puedo pedirle el divorcio a Tanya en cualquier momento.

-No… - Suspiré cansinamente.

-Está comprobado que eres una terca.

-Y tú un insensible. - Contestó enfurruñada pasándome una taza de café.

El silencio se hizo entre ambos. Ella se cruzó de brazos apoyada en la encimera mirando hacia la puerta con cara de pocos amigos, muy seguramente esperando que Tanya la llamase para subir. Yo di un sorbo al café que me había preparado pero no sabía tan sabroso si ella estaba enfadada conmigo.

No soportaba esos pequeños momentos de tensión entre los dos por algo que yo podía cambiar si ella quisiera. ¡Pero no entendía como podía llegar a ser tan terca! Dejé la taza sobre la encimera casi intacta y avancé los pasos que nos separaban, deshaciendo su cruce de brazos y entrelazando nuestras manos.

-No te enfades conmigo, ¿vale? - Le pedí. Ella aun no me miraba a pesar de que estaba frente a ella. Suspiré y deslicé mis manos por sus brazos hasta acunar su rostro. - En serio, Bella, no te enfades… ¿Me perdonas? - Ella hizo una mueca evasiva. - Solo quiero que comprendas que todo esto sería más fácil si me dejaras pedirle el divorcio a Tanya. Me muero por estar contigo sin ese obstáculo, me muero por llevarte de la mano a las comidas y cenas de familia y amigos…

-¿Crees que yo no deseo lo mismo? - Preguntó mientras yo dejaba un beso en su frente. - Me siento como "la otra" y sé que yo misma me lo he buscado, pero tampoco pienso permitir que Tanya no vuelva a andar.

-Mi pequeña americana… - Musité buscando su mirada, llena de remordimiento. - ¿Te arrepientes de esto? - Pregunté temiendo su respuesta.

-No, claro que no… yo te quiero. - Eso me hizo sonreír.

-Pues piensa en eso cada vez que me veas, mi amor. - Dije inclinándome para besar suavemente una vez más sus labios. - Yo también te quiero y no sabes cuánto, por eso a veces no comprendo como puedes estar sacrificando lo nuestro por…

-Shh, shh. - Puso uno de sus dedos en mis labios, que aun estaban a escasos centímetros de los suyos. - No me hables más del tema. Parece ser que Tanya va muy bien, quizás el mes que viene la veamos caminando con un bastón, pero no me hables más de ello. - Suspiré.

-Esta bien, cariño. Haremos lo que tú quieras, amor. - Besé su mejilla y bajé hasta llegar a sus labios una vez más.

Abrimos nuestros labios para recibir las caricias candentes de nuestras lenguas. Mi cuerpo siempre reaccionaba a las placenteras sensaciones que Bella provocaba en mi, pero últimamente tenía serios problemas con mi entrepierna, cada vez que nuestros besos se volvían tan apasionados como en aquel momento, sentía que necesitaba quitarme y quitarle la ropa para hacerla mía de una vez por todas.

Me volvía loco su manera de acariciarme el cabello, la nuca, la espalda, porque aunque al principio solo consentía que le diera pequeños y cortos besos y muy rara vez alguno más largo, desde hacía unos días parecía estar dejándose llevar por lo que sentía, regalándome aquella respiración agitada, jadeante, mientras sus labios se movían bajo los míos con aquella necesidad tan idéntica a la mía…

-Edward… - Jadeó en mi boca, volviéndome aun más loco, consiguiendo que la presionara más contra mí, si eso era posible, y dándome cuenta que mi reacción le había encantado por la forma en que ella estiraba de mi cabello. - Edward… ya… basta. - Me pidió entre besos.

-No quieres parar, amor.- Di por hecho, divertido sobre sus labios, con la respiración por las nubes. Con ello conseguí que ella siguiera besándome, pero por poco tiempo más ya que después de unos segundos se zafó de mi agarre y caminó lejos de mi, llevándose una mano a la frente, respirando aun de manera dificultosa.

-Esto se nos está yendo de las manos… - Me pareció escucharla murmurar. Con una sonrisa complaciente me acerqué a ella rodeando de nuevo su cintura.

-Pues que se nos vaya… - Murmuré. En seguida volvió a desaparecer de entre mis brazos y me miró con el ceño fruncido.

-No, eso sí que no… - Contestó automáticamente con la cara encendida. Me llevé una mano a la barbilla, pensativo.

-Entonces... ¿no me quieres? - Pregunté juguetón.

-No es cuestión de sentimientos, son principios, ¡y ya estoy faltando a los míos por tu culpa, por ser tan excesivamente atrayente! - Exclamó prácticamente sin pensar, puesto que en seguida se dio la vuelta, colorada, dándome la espalda. Volví a darme cuenta de que todo esto ella lo estaba llevando de manera más seria que yo.

-Bella… perdóname, mi vida… - Me disculpé posando una de mis manos en su hombro la cual sacudió con un encogimiento. Caminé hasta ponerme de nuevo frente a ella pero volvió a girarse dándome la espalda. - Bella…- Volví a llamarla poniendo mis manos esta vez en su cintura, pero se alejó un paso más. Suspiré. - No tengo ninguna prisa por… llegar a eso… no tengo prisa si eres tú la que me hace esperar. Te quiero y haré lo que sea necesario para no perderte. - Ella seguía de espaldas sin el menor atisbo de girarse o contestarme. - Me iré a la oficina… no volveré hasta la noche… - Caminé hasta la puerta y una vez allí me giré observando su perfil, no se había movido ni un milímetro. - Te quiero, no lo olvides. - Murmuré apenado girándome de nuevo.

-Edward… - Murmuró cuando me disponía a caminar, consiguiendo que me girara de nuevo para observarla. Su mirada llena de arrepentimiento se clavaba en mi. - Yo también te quiero. - Murmuró. Sonreí recibiendo una pequeña sonrisa suya y me alejé para dirigirme al Volvo.

Había veces que no salía tan pletórico de casa por las mañanas como ese mismo día. Comprendía que Bella no se sintiese bien pero ella tampoco quería que yo le pidiera el divorcio a Tanya. También podía llegar a comprender que tuviese tantas ganas de estar conmigo como las que yo tenía de estar con ella y que sintiera ese conflicto interior.

Aun así me costaba salir de casa así de disgustado con ella, ya que las mañanas eran el único momento del día en el que ella y yo podíamos compartir algunos besos y podía repetirle que la quería.

-Hola primito. - Saludó Emmett quien se bajaba de su coche, aparcado al lado del mío, en el mismo momento que yo.

-Ey, Emmett, ¿cómo estás?

-Bien… yo bien, aunque tú no pareces estar tan sonriente como ayer. - Arqueé las cejas.

-Nada de esto es fácil, y hay días mejores que otros.

-¿No van bien las cosas con Bella? - Preguntó comenzando a caminar hacia el edificio.

-No es eso… - Me detuve cuando Emmett lo hizo a causa de mi silencio.

-¿Necesitas hablar? - Me encogí de hombros.

-Estoy dándome cuenta de que esto es mucho más difícil de lo que jamás imaginé. Necesito divorciarme de Tanya… hace unas noches volvió a montarme un escándalo acusándome de que le era infiel.

-Bueno… muy mal encaminada no va. - Bufé.

-Ese matrimonio es solo un trozo de papel… por eso nunca podré serle infiel a Tanya. - Emmett y yo levantamos la mano saludando a Mike, uno de los nuevos ejecutivos, cuando él lo hizo antes de entrar.

-Será solo un trozo de papel, pero sí habéis convivido como un verdadero matrimonio, eso sí es cierto, ¿o me lo vas a negar?

-Bueno… puede que al principio un poco más, pero…

-Los hechos son los que hablan, así que cuidado, Edward. - Suspiré comenzando a caminar junto a Emmett hacia la entrada. -Bueno y… cuéntame. - Su tono de voz se volvió algo misterioso. - ¿Cuántas veces has recorrido ya América central? - Fruncí el ceño mirándole confuso, pues no sabía a qué podía referirse hasta que sus cejas se elevaron varias veces sugestivamente. Reí entre dientes por su ocurrencia, cuando entendí su "América central".

-No sabía que fueses tan rebuscado, Emmett.

-Admite que ha sonado bien… - Me encogí de hombros. -¿Y bien? - Presionó. Elevé una ceja incrédulo.

-Vamos, no querrás que te hable de… - Dejé la frase sin concluir.

-Mi pregunta va muy en serio, ¿eh? - Me dijo más severo. Puse los ojos en blanco.

-Pues no tengo nada más que decir… además Bella y yo aun no… - Emmett abrió los ojos incrédulo.

-¿En serio? - Asentí. -Pues qué aburrimiento. Tú que puedes divertirte… hacerlo con quien quieres estando atado a alguien como Tanya, en la misma casa… - Bufó. - Es demasiado excitante.

-Cállate… - Dije pulsando el botón del ascensor. - ¿Cómo está Rose? - Emmett soltó una carcajada.

-Vale, está bien, dejemos el tema. Rose, bien, esta tarde la acompaño para recoger los resultados aquellos de los análisis que se hizo.

-Ah, sí. - Dije sonriendo.- Clare va a tener dos nuevos muñecos en vez de uno parece ser.

-Espero que sí… Rose y yo estamos muy ilusionados y si fuese una falsa alarma…

-Ya verás como no… - Le di una palmada en el hombro, saliendo del ascensor. - Nos vemos luego. - Dije a modo de despedida.

Más tarde después de la comida pendiente con los gerentes de otra cadena hotelera importante con los cuales teníamos algunos proyectos y después de terminar los quehaceres en la oficina, salí hacia casa de mi hermana, sabiendo que mi padre iba a visitarla esa misma tarde.

Clare como ya era costumbre me preguntó por Bella y cuándo iba a volver a llevarla a su casa. Alice me daba ánimos y consejos, pero mi padre se abstenía totalmente. Estaban del lado de Bella, pues ya les había hablado más de ella, pero aun así mi padre no soportaba la idea de que la hija de su mejor amigo terminase sufriendo. A pesar de ello, por encima de todo deseaba mi felicidad, por ello no se mostraba tan adverso a todo lo que estaba pasando.

Tanto Clare, como mi hermana me convencieron para que me quedara a cenar con mi padre y ellos, por lo que hice una llamada a mi casa para que Tanya lo supiera e indirectamente Bella también. En cierto modo me venía bien, ya que me resultaba muy difícil tener que compartir las cenas y comidas con ellas dos en la misma mesa, por eso siempre que podía evitarlo me escaqueaba.

Me retiré a eso de las 11, esperando que Tanya ya estuviese en su habitación. Para cuando llegué efectivamente todo estaba oscuro. Pasé al lado de la puerta de la habitación de Bella, la cual nunca me había atrevido a traspasar. Podía ver como su luz estaba encendida ya que el bajo de la puerta la dejaba pasar.

La había echado mucho de menos y no soportaba la idea de que esa mañana me hubiese ido dejándola disgustada conmigo. Por ello no pude resistirme a tocar su puerta. Tardó unos segundos en abrir, pero al fin asomó la cabeza.

-Edward, ¿qué haces aquí? - Susurró.

-Necesitaba verte… te he echado de menos… y no quería irme a dormir sin volverte a pedir perdón por lo de esta mañana, no quiero que confundas mis intenciones contigo. - Ella suspiró sonriendo.

-Tranquilo, no pasa nada, yo también me he puesto muy nerviosa. Ahora vete a dormir. - Me la quedé mirando. - ¿Qué?

-¿No me das un beso de buenas noches? - Puso los ojos en blanco divertida, pero se alzó y presionó sus labios efímeramente sobre los míos.

-Buenas noches. - Dijo con la intención de cerrarme la puerta, pero la sujeté antes de que la encajara.

-¿Te lo puedo dar yo, mejor? Es que me ha sabido a poquito. - Dije haciendo un puchero. Se mordió el labio mirándome pero abrió un poco más la puerta, invitándome de esa manera a hacerlo.

Mis labios colisionaron en los suyos, sintiendo su calidez de nuevo, pero esta vez permitiendo que pudiera disfrutarla, pues no se había apartado. Me atreví a introducir la mano por el hueco de la puerta acercándola más a mi y haciéndolo más grande, de modo que su cuerpo pasara y pudiera sentirlo en el mío. La había echado tanto de menos…

Sus manos se aferraron a mis brazos, los cuales se habían hecho dueños de su cintura, mientras nuestras bocas profundizaban el beso. Su lengua se encontró con la mía y su tacto causaba estremecimientos allá donde sus manos se paseaban.

Se separó de mi dejando un suave beso sobre mis labios y se apartó, dejándome ver su pijama rojo, los pantalones del cual tenían dibujitos de muñecos de nieve.

-Bonito pijama. - Sonreí divertido.

-Buenas noches. - Susurró con un pequeño sonrojo.

-Buenas noches. - Dije sonriendo.

Me quedé unos segundos frente a la puerta de su habitación, suspiré y me rendí subiendo las escaleras hasta el primer piso. Abrí la puerta de mi habitación, entrando y encontrándome a Tanya con su camisón, leyendo su revista preferida.

-Buenas noches, Tanya.

-Hola, cariño. Pensaba que también te ibas a quedar a dormir en casa de tu hermana… - Dijo de modo sarcástico.

-No tengo ganas de discutir, así que mejor tengamos la fiesta en paz. - Le advertí cogiendo mi pijama. - ¿Cómo ha ido tu revisión con Esteve? - Le pregunté, pues esa misma mañana había tenido una con su fisioterapeuta.

-Bien, pero aun necesito fortalecer más mis piernas para caminar con un maldito bastón.

-Me alegro por ello, Tanya… espero que Bella haya tomado bien las indicaciones.

-Sí, la informé sobre ello… aunque no cambia mucho. - Fruncí el ceño.

-¿La… informaste? ¿No fue contigo? - Pregunté sorprendido.

-Fui con mi padre, no me apetecía ir con ella. Me paso todo el día con ella… ¡necesito un descanso! - No podía creerme que mientras Bella estaba sacrificando lo nuestro Tanya hablara así de ella. Pero debía morderme la lengua.

-No tendrías que despreciar a Bella de esa manera, ella te está ayudando mucho. - Ella simplemente se encogió de hombros.

Opté por ignorarla y entrar al cuarto de baño antes de irme a dormir, sinceramente lo necesitaba. Cada día que pasaba era uno menos para liberarme de Tanya y para por fin poder estar con Bella. Eso era lo único que me animaba.

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Desperté cuando el despertador no había sonado y decidí apagarlo antes de que lo hiciera. Incapaz de estar más tiempo en la misma cama con Tanya me levanté y fui al baño a duchare y vestirme antes de bajar a la cocina.

Bajé las escaleras dirigiéndome por el pasillo hasta la cocina, pero Bella aun no había llegado, cosa que no era de extrañar si miraba el reloj y me daba cuenta que había bajado media hora antes que de costumbre. Pero a cambio, afinando el oído podía escuchar el ruido del agua en la habitación del lado, la de Bella, seguramente no tardaría en aparecer.

Puse la cafetera pero era incapaz de ignorar el sonido del agua. No podía evitar imaginármela bajo la ducha, desnuda mientras sus manos viajaban por la suave piel de sus brazos, su abdomen, sus pechos, su trasero y aquella parte en especial a la que Emmett le había puesto el nombre de "América central".

Pronto un latigazo en mi pierna me desconcentró pero no por ello las imágenes cesaron. Ahora sus ojos más oscuros que de costumbre me observaban apasionados y llenos de amor mientras yo estaba con ella bajo esa misma ducha, permitiendo que el agua acariciase mi cuerpo al igual que sus manos estaban haciendo con mis hombros…

Un latigazo más provocó que mi mano presionara involuntariamente mi miembro el cual había cobrado viva propia por completo y parecía no querer morir.

Dios mío, la deseaba como jamás había deseado a nadie y la tenía tan cerca… desnuda… en la habitación de al lado… Mi mano comenzó a friccionar sobre la tela del pantalón, y mi corazón latía agitadamente imaginando sus piernas alrededor de mi cintura mientras yo…

-Bella - Abrí los ojos cuando de mis labios salió aquel gemido.

¿Qué estaba haciendo? No podía seguir con esto… ¿Me estaba volviendo loco? Sí… esa era la respuesta. Por más que quisiera ignorarlo la necesitaba como no había necesitado jamás nada. intentaba convencerme de que podía aguantar pero sin duda tenía una gran necesidad por poseerla.

Respiré un poco más tranquilo cuando el ruido de la ducha cesó, ya que en parte aquellas imágenes desaparecieron, pero sin duda aun quedaba un problema en mi entrepierna. Me concentré en la cafetera, aspirando el olor que ya comenzaba a desprender, intentando por todos los medios que mi miembro vergonzosamente erecto se calmara.

Respiré, pues en otras ocasiones me había visto en alguna situación semejante en su presencia, pero jamás de aquella magnitud.

-¿Edward? ¿Qué haces aquí tan temprano? - Preguntó entrando a la cocina después de unos minutos, los cuales me sirvieron para relajarme. Su dulce voz me hizo sonreír.

Dejé la taza de café que me había servido y me acerqué a ella para besarla; esos besos ya se habían convertido en algo rutinario que disfrutaba.

-Mmm.- Murmuró sobre mis labios, ladeando su cabeza. - Veo que ya has preparado el café.

-¿Has dormido bien? - Pregunté besando su frente. Ella asintió y se alejó de mi sirviéndose café.

-¿Tú?

-Bueno… preferiría dormir contigo a mi lado… pero supongo que tendré que esperar. - Contesté mientras me acercaba a ella y besaba su mejilla para después alejarme con mi taza en la mano y sentarme en una de las sillas de la cocina.

-¿Vendrás a comer? - Preguntó ella.

-Sí, hoy sí.

En silencio, observé como ella sacaba un trozo de papel y comenzaba a hacer una lista.

-¿Tienes que salir a comprar hoy? - Pregunté.

-Sí… - Dijo concentrada. Bebí el último sorbo de mi café.

-¿Quieres que te acerque?

-No, no hace falta, iré en autobús.

-Pero…

-No, Edward. - Insistió mirándome sin pestañear.

-Está bien… - Dije levantándome. - Entonces te dejo, nos vemos a la hora de comer.

-Sí. - Contestó elevando su rostro cuando pasé por su lado y me incliné para besarla.

-Hasta luego, amor. - Ella sonrió luciendo aquel sonrojo tan adorable.

-Hasta luego.


Ains! pude subirlo! Este capítulo extra esta semana es una recompensa por mi tardanza del anterior... Digo extra porque el sábado quiero subir el próximo :)

Creo que este capítulo se merece el título de "América central" jajaja ¿Cómo veis a Eddie y Bells? Yo creo que esto se va caldeando poco a poco...

En fin... muchas gracias a todas aquella que seguís el fic, en especial a:

saraes, Sarah-Crish-Cullen, valinight, Elyta, Iare, Cullen Vigo, Aliena Cullen, Milhoja, SsiL, Iare, Black Cullen, nany87, Paaameeelaaa, NuRySh, Jos WeasleyC, Patchmila Cullen Mellark, Denisse-Pattinson-Cullen, EdithCullen71283, joli cullen, bellaliz, Sky Lestrange, Yeya Cullen, CaroBereCullen, ludgardita, codigo twilight, cutita2, liduvina, Nurymisu, kelly hale cullen, Nishali Black Cullen, ObsessionTwilight16, BABYBOO27, Samy Cullen Black, IgotYOUunderMYloveSPELL, linda-swan, Carolina Cullen Swan, MnM9, fabi91, anita cullen.

Por cierto, he subido una nueva imagen del capítulo VIII, espero que os guste :)

Bueno chicas, nos leemos pronto :)

Un besazo!