Enero 1917

Después de las vacaciones, Candy decidió volver al Hogar de Pony. Ahora ha tenido tiempo para pensar en su situación, quiere tener claro que es lo que espera de la vida, estudiar, trabajar, realizarse como mujer más allá de lo que pueda resultar de su vida sentimental.
Los días fluyeron poco a poco sin problemas, pero todavía no puede entender que sucede con sus sentimientos, no ha visto a Neal desde el día de la fiesta pero no ha podido dejar de pensar en él, aunque ese recuerdo ya no le desagrada, desde que descubrió que puede verlo como a una persona confiable.

-¡Hoy es el cumpleaños de Sam, y prometí hornearle su pastel favorito! - con estos pensamientos Candy fue a la despensa y comenzó a buscar mermelada de fresa, todos los frascos están guardados en el estante superior en la esquina de la cocina, de modo que los niños no puedan alcanzarlos. Sonriendo, Candy recordó que de niña, ella misma se colaba y se escondía para comer a escondidas lo que le gustaba.

Estas dos semanas a Neal se le hicieron eternas, no podía estar más tiempo en esa situación de incertidumbre, así que decidió que era tiempo de ir a visitar a Candy, lo que más deseaba era volver a verla, hablar con ella.
Así que una vez en la puerta de la casa lo atendió la señorita Pony, ella reconoció al chico que cuidó a Candy en su enfermedad. -Pase por favor joven, ella está ocupada en la cocina pero en seguida le aviso que usted la busca.-

-No se preocupe señorita, si no hay problema, yo mismo puedo pasar a buscarla.- ella asintió y le indicó el camino.

Candy había tomado un banco para subirse y alcanzar el frasco de mermelada, en el momento que Neal entró a la cocina, vió que la chica estaba en dificultades, ya que se dio cuenta que estaba perdiendo el equilibrio e irremediablemente iba a caer, asi que se apresuró a ayudarla, la tomó por la cintura y la sostuvo cerca de él, evitando que cayera, después con suavidad la depositó en el piso, ella al mismo tiempo se sostenía de sus fuertes brazos.
La chica entonces levantó la mirada y se enfrentó con los ojos marrones de su salvador.
- ¡Neil! - fue todo lo que dijo sorprendida.

El chico no pronunció palabra y Candy no supo cómo es que se quedaron así, tan cerca ... Parecía como si el tiempo se hubiera detenido, las manos que la estaban sosteniendo, las sintió demasiado calientes y pudo apreciar el rostro del moreno que la miraba embelesado, ella simplemente no podía separarse de su toque, una debilidad extraña la barrió y se sintió irremediablemente atraída hacia él, volvió a sentir ese cosquilleo en su estómago como cuando bailaron juntos.

Neil al ver que ella no lo rechazaba, lentamente se inclinó a sus labios para besarla, pero de repente, todo el encanto de la chica desapareció al darse cuenta de lo que él iba a hacer, haciendo un increíble esfuerzo, lo empujó y respiró agitada, se echó hacia atrás separándose lo más que pudo de él. Sólo en este momento se dió cuenta de todo el tiempo que había pasado.

Neil estaba de pie mirándola sorprendido y decepcionado.
-¡Maldición Candy!, ¿acaso estás jugando conmigo? ...-él estaba seguro que ella le permitiría besarla.
- ¡Pero porque hiciste eso Neal!, - ahora ella tiene miedo de sus sentimientos y deseos.
- ¡Yo solo te sostuve para que no cayeras!...¿porque reaccionas así?.-
-Por un momento Candy pensó lo que iba a decir y finalmente le gritó…-¡Hubiera preferido caerme!…-

- ¿Pero cómo te atreves a decir eso?, – la cara del chico mostraba una mueca de ira que asustó a la rubia. - Bueno, si soy tan desagradable para ti…¡entonces me voy! - Con estas palabras, salió apresuradamente, azotando la puerta.
Candy por unos segundos se quedó allí mirando a la puerta cerrada y en seguida se dejó caer al suelo tomando su cara entre las manos. Asi la encontró la Hermana María.
-¡Candy querida!… ¿qué pasó?...¡que te hizo ese joven para que estés así!...-
Pero ella no respondió.
-Cálmate, ve a tu habitación y descansa, no te preocupes por el pastel de Sam, yo me encargo, después voy a verte y me lo cuentas todo, ¿te parece?...-la chica asintió agradecida con la hermana María y salió de la cocina.

Candy se encerró y permanecía estática en el centro de la habitación, pensando que todo sucedió tan rápido, que no tenía capacidad para asimilarlo, tenía la sensación de que había cometido un terrible error...se sintió aún más confundida al recordar que Neal le confesó que aún siente algo por ella.

-¿Pero porqué dije eso?... ¿por qué estoy ofendida?, después de todo, él solo quería ayudarme, estoy ...¡oh Dios!...¿qué está pasando conmigo?, ... ahora quisiera correr hacia él, para pedirle perdón. Solo estoy asustada por lo que pasó, ¡eso es todo!, - pensaba Candy. -¡Pero me dí cuenta que él me iba a besar!...¡No no!, no podía dejarlo hacer eso, porque yo no...¡No me gusta!...-llegó a su mente el recuerdo de Anthony, de Terry...con ellos todo era diferente...¿Pero entonces que es esto que sentí al tenerlo tan cerca?...-

Neal iba en su auto manejando a la velocidad máxima del vehículo.
-¡Que niña tan insoportable!... ¡ví como me miraba!, no puedo estar equivocado, estaba casi seguro que me permitiría darle un beso, pero por el contrario, ¡se ofendió!... ¿ahora qué voy a hacer?, ¿será que eche todo a perder?...¡oh maldición!...-
Neil se detuvo bruscamente al borde de la carretera y con frustración dió un fuerte golpe en el volante.
-¡No me voy a dar por vencido, no estoy acostumbrado a retirarme!, Ahora voy a regresar y a pedírselo directamente, no voy a esperar más, le exigiré una respuesta.-
Y muy decidido, dio rápidamente vuelta al volante y se dirigió de nuevo al Hogar de Pony.

Candy estaba sentada en la cama con el rostro entre las manos, cuando escuchó que tocaban a la puerta.
- ¡Adelante! - dijo ella, pensando que era la hermana María.
La puerta se abrió y Neal apareció en el umbral de la puerta.
Candy se sobresaltó y se levantó rápidamente, estaba a punto de abrir la boca para pedirle disculpas, pero él se anticipó y le dijo.-

-Te lo ruego, no digas nada en este momento Candy, primero escúchame…-Neal la miró fijamente a los ojos y le dijo, -Quiero que seas mi esposa...Necesito que me des una respuesta. ¡Estar tan cerca de ti y no poderte besar!... Para mí, es la peor tortura que te puedas imaginar, porque…¡yo te amo Candy!, nunca he dejado de amarte, por lo tanto, te lo pido…honestamente dime si tengo alguna oportunidad contigo ...deseo que puedas corresponderme, si no es así, te juro que nunca volveré a molestarte, solo me olvidaré de ti y me casaré con otra.
Las palabras del chico, hicieron que Candy palideciera.
- Neil, siento mucho lo que pasó y eso que te dije, es solo que…¡me asustaste!.-
- Candy, mañana voy a venir por tu respuesta.- dijo Neal ignorando las palabras de la chica. - ¡Piénsalo por favor!.-
En seguida salió de la habitación, dejando a Candy aún más confundida que antes.

Neil llegó a su casa, sintiéndose liberado ya que finalmente fué capaz de abrir su corazón frente a ella, necesitaba declararle su amor.
-Tomé la decisión correcta. -se dijo, - si su respuesta es negativa yo me casaré con otra chica...me olvidaré de ella.- Pero muy en el fondo sabe que nadie es capaz de remplazar a Candy en su corazón.

La declaración de Neal no dejaba de dar de vueltas en su cabeza…-Si yo me niego, él ... él se casará con otra ... ¿Pero eso a mí que me importa?, - pensó Candy y al mismo tiempo, sintió el veneno de los celos a través de sus venas, - pero el…¡me ama! ...no, no puedo entonces simplemente dejar que se vaya con otra.-
Candy se levantó y caminó alrededor de la habitación, las manos le sudaban y sentía las mejillas encendidas.
-¡Dios mío!, ¿porque tengo ese tipo de pensamientos?, que me has hecho Neal…¿Por qué siento estos celos que me devoran?.-
Ella se detuvo de repente, presionando la palma de la mano en los labios, en un instante, todo se aclaró para ella.
- ¡Oh, no! - gimió. - ¡por supuesto!...es porque…¡me gusta!, yo…¡también lo amo!.
El inesperado descubrimiento fué tan abrumador que ella simplemente se dejó caer en la cama, sintió como si de repente todas las piezas del rompecabezas en su mente, encajaran. Así que, en cierto modo, simplemente dejó de atormentarse y ¡se sintió encantada!.
La hermana María entró a la habitación y al verla Candy corrió a sus brazos sonriendo.
-Mi niña, ¿qué ocurre?, hace rato te vi mal, explícame porque ahora te veo…tan contenta,- ya que a Candy se le notaba la alegría en su brillante mirada.

-Es que me encanta hermana María…¡yo lo amo!.-

Desde la mañana Candy estaba esperando por Neal. Nunca se hubiera imaginado que esto que ahora siente por él, sea tan fuerte y dominante. Se sentía como si a cada momento estuviera cada vez más y más sumergida en este amor.

Neil decidió que era hora de ir con Candy por una respuesta y el solo pensar estar frente a ella, hizo que su corazón diera un vuelco en su pecho.
-Si ella dice; "no"... Voy a salir de ahí y no volveré nunca más, voy a mantener mi promesa, - pensó, pero una loca idea aún estaba viva en él. Neil recordó la mirada de Candy cuando estaba sosteniéndola en sus brazos y recordó los muchos pequeños detalles que ahora le dan esperanzas de que ella lo acepte.

Candy estaba mirando por la ventana de su habitación cuando vió el carro de Neil detenerse frente a la casa, sus latidos se aceleraron de manera frenética. Así que se dirigió aceleradamente al porche y abrió la puerta con impaciencia.
Al verlo salir del auto y caminar lentamente hacia ella, sus pies parecían estar clavados en el piso y no pudo dar un solo paso…
Neil se acercó a la chica y dijo en voz baja:
- Candy, dime por favor…¿aceptas casarte conmigo?.-
sin decir una palabra, clavó su mirada esmeralda en los ojos color marrón y antes de contestarle, Neal ya sabía cuál sería la respuesta.
- ¡Sí!...-contestó y Neal inmediatamente sintió que el cielo se abría para a él, se acercó a ella hasta que hizo desaparecer el espacio que los separaba, Candy solo entrecerró los ojos esperando por el chico que lentamente posó sus tibios labios en los de ella , la abrazo y la sostuvo fuertemente apretada a su cuerpo.
Sus besos pasaron a ser frenéticos, besos que estuvieron tanto tiempo reprimidos, entre cada uno de ellos, le susurraba palabras dulces y acariciaba su cabello con devoción. Y ella le correspondía de igual forma pasando sus brazos alrededor del cuello del chico, hundiendo sus delicados dedos en su corto cabello castaño.
-Candy, -se separó un momento de ella para reiterarle .- ¡Te amo!.-inmediatamente la volvió a acercar a su cuerpo.
-¡Me gustas Neal!..¡Te amo!...-ella se recargó en su pecho ilusionada y él finalmente pudo tener la visión de un futuro al lado de la mujer que ama.

Continuará…