Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer yo solo me divierto con ellos.
Como muchas se quejaron de la interrupción de Charlie y el resto de los chicos a Beth y Ed, aqui les traigo su compensación, estoy segura de que les gustara.
Capítulo 11. Un giro de 180 grados.
—¡¿Cuándo pensaban decirme que estaba comprometido con una princesa?
Charlie POV.
La pregunta de Jace recibió un silencio por respuesta. Mi cabeza deba vueltas, ¿Jace también? ¿Qué demonios estaba pasando? Intercambie una mirada con Lilian, quien lucía tan confundida como yo lo estaba, el príncipe sin embargo lucia una mirada preocupada pero seguía aferrando la mano de mi hermana, al igual que la princesa hacia con Jace. Ambos con una media sonrisa, ¿Es que acaso los príncipes se habían vueltos locos? ¿Por qué mi hermana y Jace sonreían de igual manera?
—¡Que alguien responda! —Grité.
—Estas cadenas —Me respondió Jace, mostrándome su cuello y la cadena que era tan parecida a la de mi hermana —, significa que estamos comprometidos con los príncipes.
—¡Pero si las han tenido desde siempre! —Agregó Lil.
—¡Exacto! —Jace asintió y se enfrentó a mi tía Alice y mi tío Jasper —¿Cuándo demonios planeaban decirme esto? ¡¿El día de mi boda?
—¡No nos grites Jace Whithlock! —Le regañó mi tío Jasper.
—¡Entonces hablen! —Se quejó mi hermano, bajando su voz, sonando desesperado.
Podía entenderlo, me sentía igual y eso que yo no era el que estaba repentinamente comprometido. Mis tíos intercambiaron una mirada, abrieron la boca y luego la cerraron, varias veces.
—¿Mamá? ¿Papá? —Preguntó mi hermana, acercándose de la mano del príncipe hacia mis padres —¿Lo que dijo Jace es cierto? ¿Soy la prometida del príncipe? ¿Eso es lo que significan las cadenas?
Mis padres tenían una mirada culpable y asintieron. Lilian agarró mi brazo fuertemente, le pasé un brazo sobre los hombros, buscando sostenerla a ella y a mí mismo. De nuevo el silencio nos rodeó.
—¡Por el amor de Dios que alguien hablé ya! —Lilian gritó.
Para mi sorpresa, fue el rey quien interrumpió el silencio. Dirigiéndose a nosotros cuatro.
—Yo comenzaré desde el principio…—Aclaró—, los Quileute tenemos una ¿Cómo decirlo? ¿Habilidad? ¿Don? ¿Suerte? Tenemos algo que nos indica quien es nuestra alma gemela, nosotros simplemente sabemos quién es el amor de nuestra vida al verlas, le llamamos imprimación.
Luego mi padre tomó la historia.
—Sé que suena loco y como un cuento de hadas, yo tampoco lo creí al principio pero fui testigo de primera mano sobre cómo funciona —Mi padre observó rápidamente a todos los adultos Quileutes, quienes estaban cada uno con su pareja, tomados de las manos o abrazados. El amor era obvio entre todos ellos —, la cosa es que nosotros vinimos al castillo cuando ustedes tenían cuatro de nacidos, nunca pensamos… —La voz de mi padre se perdió en un susurro.
Mi tía Alice reemplazó a mi padre.
—Nosotros vinimos también, no habíamos podido traer a Jace al castillo así que nadie del personal lo conocía, después de saludar al resto fuimos a buscarlos —Mi tía observó a los príncipes con una pequeña sonrisa —, pero nos llevamos una enorme sorpresa cuando ambos niños se quedaron viendo fijamente a nuestros hijos.
—La expresión de un imprimado es muy característica, aún a su muy pero muy temprana edad, supimos lo que esa mirada significaba; los príncipes tenían dos años, Jace estaba cerca de cumplir los dos, y Beth solo tenías cuatro meses —Agregó mi madre sonando preocupada.
—Yo siempre soñé con unos ojos dorados, al igual que Beth —Agregó Jace en voz baja.
Recordé como Jace siempre hablaba de su chica de los ojos dorados y al observar a la princesa supe que era ella de la que él hablaba. ¿Cómo era posible que ellos los recordaran?
—Ustedes eran demasiado jóvenes para tener una conexión tan grande y fuerte como esa, nos asustamos y decidimos mantenerlos alejados, pero la imprimación ya había ocurrido, se pertenecían aún si no nos gustaba la idea, siguiendo la tradición de Twilight les comprometimos —Terminó mi tío Jasper con una mueca.
—Las cadenas —Susurró mi hermana llevando una mano a su cuello.
El silencio de nuevo nos rodeo, quien lo interrumpió ahora fue la persona que menos me esperaba.
—¡¿Tienen alguna idea de lo mal que lo hemos pasado sin ellos? —Explotó el príncipe de repente, haciendo que todos lo miráramos sorprendidos —¡Desde que tengo memoria he sentido que una parte de mi me faltaba! Nada llenaba el vacío. Me sentía incompleto… como si nada fuera suficiente —La voz del príncipe se fue apagando, dolida, triste.
—¿Te acordabas de ella? —Preguntó la reina sonando terriblemente preocupada y sorprendida.
—¡Por supuesto!... Sus ojos me seguían cada vez que cerraba los ojos, era una pesadilla y aun así el mejor de mis sueños —La reina soltó una lagrima. El rey se puso pálido.
—Nunca lo dijiste…—Susurró la reina con voz entrecortada.
—¿Isa? —Preguntó el rey con una voz que estaba a punto de quebrarse — ¿Tu también? ¿Recordabas a Jace?
La princesa asintió, al igual que su madre, una lágrima bajó por su rostro, haciendo que el rey la tomara en sus brazos, lucia tan mortificado que me dio un poco de lástima.
—Lo siento tanto mi niña —Se disculpó y su voz se quebró—, no lo sabía, juro que no lo sabía —Levantó sus ojos llenos de lagrimas no derramadas hacia su hijo—, de haberlo sabido hubiera hecho lo que sea para ahorrarles tal dolor, pero nunca dijeron nada. Nunca quise…
La tensión desapareció del cuerpo del príncipe al ver el rostro tan arrepentido de su padre, el enojo desapareció de sus ojos, dejando solo el dolor que había pasado por aquellos años sin mi hermana, en esos momentos me di cuenta, que a pesar de que no tenían ni una hora de haberse conocido, el príncipe amaba a mi hermana más allá de lo que cualquier otro lo haría, llevaba toda su vida haciéndolo sin que nadie lo supiera.
—Es nuestra culpa —Agregó mi tía Alice, quien lloraba abiertamente.
Jace se giró hacia su madre y la abrazó.
—Hicieron lo que pensaron era lo mejor en aquellos momentos —Intentó consolarla—, no fue la mejor decisión que tomaron, pero bueno no podemos cambiar el pasado.
El comentario hizo que todos riéramos.
—Lo siento —Se disculpó mi tío Jasper hacia los príncipes—, de haber sabido que sufrían tanto hubiéramos llegado a algún acuerdo, nosotros pensábamos que ninguno se acordaría.
—¿Por qué no nos dijeron nada antes? —Preguntó Beth, quien en algún momento había pasado a estar entre los brazos de mi madre. El príncipe estaba con la suya.
—¿Cómo? —Preguntó mi padre. —¿Cómo decirles que tendrían que casarse con dos personas que no conocían? ¿Cómo explicarles que serian reyes algún día?
—¿Qué seremos qué? —Jace cuestionó sorprendido.
Fruncí el seño a mi hermano.
—¿Qué demonios esperabas hermano? Te vas a casar con la princesa heredera al trono, por ley tú también serás rey —Si la situación no fuera tan seria habría golpeado a Jace en la frente.
—Oh, no, no, no. ¡Yo no puedo ser un rey! De ninguna manera —Jace lucia aterrado ante la idea de gobernar, no podía culparlo realmente.
—¡Yo tampoco puedo ser una reina! ¡¿Es que todos se han vuelto locos? ¡Nosotros no sabemos nada sobre gobernar! —Beth lucia tan horrorizada como Jace.
Mi hermana se soltó de mi madre al mismo tiempo que Jace lo hizo de la suya, caminaron hasta quedarse uno al lado del otro, dando un paso atrás. ¿Cómo es que no habían llegado a la conclusión de que serian reyes si se casaban con los príncipes? Por su manera de actuar supe enseguida que ni siquiera se les había pasado por la cabeza. Una parte de mi, se preguntó divertido cómo era posible que a mi hermana y a Jace no les molestara la idea de casarse tanto como lo hacia la de ser reyes.
—Ustedes han sido instruidos en todo lo necesario para ser reyes —Les explico mi madre.
—No, nosotros fuimos instruidos para ser guardaespaldas, yo no quiero ser reina —Replicó mi hermana, quien estaba a punto de entrar en un ataque de pánico.
Y con esas palabras fue que me di cuenta de las diferencias en nuestros entrenamientos… Jace y Beth siempre fueron "escogidos al azar" para realizar cursos sobre asuntos internacionales, ya sea historia, política o economía y ambos dominaban esos temas sin ningún problema, si bien yo sabía de tecnología, siempre consideré que Jace y Beth eran los intelectuales entre nosotros cuatro, pues yo podría investigar en la computadora, pero si Jace y Beth no lo sabían antes, ellos eran quienes analizaban y entendían todo más rápido.
Pensándolo objetivamente me di cuenta que Jace y mi hermana podrían ser excelentes reyes… si recibían una correcta guía.
Pero entonces la realidad de eso me golpeó, fue como si, de repente, me hubieran metido una patada en el estómago y sacado todo el aire, si mi hermana y Jace eran reyes, significaba automáticamente que no podrían seguir siendo guardaespaldas, lo que nos dejaba a Lilian y a mí completamente solos.
Le di una mirada de pánico a Lilian quien me regresó una completamente triste y resignada. Había llegado a la misma conclusión que yo, los cuatro seriamos separados, un estremecimiento me recorrió de pies a cabeza. Y como si pudiéramos compartir nuestros pensamientos, Jace y Beth se dieron cuenta de lo mismo en esos momentos, pues ambos nos dieron una mirada que demostraba exactamente eso. Lágrimas se formaron en mis ojos de repente, no quería hacerlo sin ellos.
—¡No lo haré! —Gritó Jace—, ¡Me niego!
—Jace…—La princesa dio un paso hacia el. Sus ojos estaban llenos de dolor.
—Isa, no puedes pedirme que gobierne a un reino ¡soy un guardaespaldas! No soy un maldito rey. Me casaré contigo, mañana si quieres, pero de ninguna manera aceptaré el trono —Al igual que mi hermana, Jace parecía estar a punto de dar media vuelta y huir, sus ojos demostraban desesperación y pánico. Ambos observaban por los alrededores, buscando una salida, mis músculos se tensaron al igual que los de Lilian a mi lado, Jace y Beth saldrían corriendo en cualquier segundo y nosotros íbamos a ir tras ellos, no para detenerlos sino para no dejarlos solos…
—¡Todo el mundo tranquilo! —El grito del Rey llegó justo a tiempo, un segundo más y los cuatro hubiéramos salido corriendo. —Nadie va a casarse mañana, pero lo más importante, nadie va a tomar el trono mañana.
—Chicos, sus padres se han asegurado que tengan los estudios necesarios para gobernar —agregó la reina—, pero tienen razón, no saben cómo se gobierna un reino, por eso Jacob y yo tomamos el mando hace poco, ustedes tendrán años antes de tomar el poder, podrán vernos trabajar, participaran en reuniones y continuaran sus estudios mientras tanto. No gobernaran en ningún momento cercano, faltan años para eso, muchos años —La reina hizo énfasis en la palabra años, cada vez que la mencionó.
Pude ver como Beth y Jace suspiraron aliviados, pero aun así su mirada se volvió triste al observarnos a Lilian y a mí. Igual significaba que iban a dejarnos.
—Esto es… es demasiado.
Mi hermana lucia tan perdida que me entraron ganas de ir y abrazarla, decirle que todo estaría bien; pero no podía, nada iba a estar bien de ahora en adelante, su vida había cambiado para siempre, su mundo que antes estaba claramente definido se había convertido en algo totalmente desconocido para ella. Para Jace. Para todos nosotros, mi hermana seria reina.
Reina.
Ahora entendía como el estar comprometida resultaba casi irrelevante… sobre todo cuando se comparaba con el hecho de que seriamos separados por primera vez en nuestra vida.
Beth POV
"¿Cómo decirles que algún día serian reyes?" "¿Qué demonios esperabas hermano? Te vas a casar con la princesa heredera al trono, por ley tú también serás rey" Las palabras de mi padre y hermano daban vueltas en mi cabeza.
Reina.
Me iba a convertir en una reina, una del estilo con corona, capa y castillo. Una reina verdadera. Ese era el sueño de toda chica, ¿no? ¿Qué chica no se había disfrazado alguna vez con un vestido elegante, una corona en su cabeza y un cetro en su mano? Cuando tenía seis, lo hice. La idea de gobernar a todo aquel que tuviera al frente me parecía genial entonces… pero ¿qué sabía yo? ¡Tenía seis años! y si bien fue muy divertido mandar a Charlie y Jace por los pocos minutos en los que me lo permitieron, luego de ser obligados por nuestros padres por supuesto; no se podía comparar con gobernar a todo un país, o reino, o lo que fuera. No sabía lo suficiente de Twilight o de La Push.
—Esto es… es demasiado —Susurré, aunque debido al silencio en la habitación fue como si lo hubiera gritado.
Reina.
Mi estomago se revolvió. No estaba lista para eso. Todo un país estaría bajo mi mando.
Y del príncipe Edward. De Jace y de la princesa Isabella también.
Demasiadas personas dependerían de mí.
Eres un guardaespaldas, tu deber es cuidar de las personas.
¡Pero no a tantas!
Me abracé a mí misma. Me giré para observar a Jace, quien observaba a Charlie y Lil, me centré en ellos, ambos con una mirada dolida y resignada ¡Vamos a separarnos! Pensé desesperada.
Lágrimas comenzaron a formarse en mis ojos, toda mi vida había pensado que sería una guardaespaldas junto a Charlie, Jace y Lilian, toda mi vida había girado en torno a ese sueño y ahora… Mi corazón latió más fuerte, mi respiración se volvió errática, mi estomago se revolvió, iba a desmayarme…
—Vamos —De repente, tenía al príncipe Edward frente a mí, ofreciéndome su brazo y señalando con su cabeza hacia una de las puertas. —, necesitas aire fresco.
Asentí, pues quedé atrapada en su mirada y no confié en mi voz para responderle en voz alta. Pasé mi brazo por el suyo, sentí como una corriente me atravesó todo el cuerpo y perdida en la sensación me deje guiar; escuché a alguien quejándose ¿Mi padre? ¿Mi hermano? No lo pude distinguir pues el príncipe, mi príncipe, ya me estaba arrastrando hacia una de las salidas.
El príncipe me llevó a través de varios pasillos hasta el segundo nivel, casi corriendo y por un momento, me pareció que estaba huyendo de todos mis problemas, sentí que con él podría olvidarlos temporalmente, como si él salvarme de ellos, con él príncipe a mi lado, sujetando mi mano como lo hacía, de repente las cosas no parecían tan malas.
Abrió unas enormes puertas dobles y entramos a una gran biblioteca; había cientos de libreros, repletos de libros desde el piso hasta casi el techo, la habitación era iluminada por los rayos del sol que se ocultaba y que entraban por una ventana panorámica a un lado; a lo lejos pude ver un conjunto de sillones de color vino tinto, mesas y sillas, yo comencé a caminar hacia allá, pero el príncipe me atrajo hacia él y caminamos hacia la parte más oscura de la biblioteca, mi corazón se aceleró.
—¿A dónde vamos? —Le pregunté.
Él solo me sonrió y tomó un libro de la pared que parecía bastante antiguo y lo sacó, metió su mano entre el espacio que dejó libre y de repente, el estante completo de libros se movió hacia atrás, dejando al descubierto unas escaleras que subían.
Con la boca totalmente abierta por la sorpresa, seguí al príncipe hacia la parte superior de las escaleras. No supe exactamente cuánto escalones subimos, pero cuando llegamos, me faltaba un poco la respiración. La habitación que nos esperaba estaba iluminada tenuemente por los rayos del ocaso que pasaban a través de un ventanal multicolor que estaba en la parte superior de la habitación, dando la sensación de estar dentro de un caleidoscopio. Giré sobre mis pies para observar todo el lugar, estaba impecable, dos pequeños sofás de dos puestos estaba frente a unas ventanas por la cual entraba el aire.
Caminé hacia una de las ventanas y la vista me quitó el aliento, desde ese lugar se podían ver algunas casas, aunque granjas seria más apropiado, a un lado, sin embargo se podía ver el océano.
—Es hermoso.
—Ese es La Push.
Me dijo el príncipe a mi lado, luego tomó mi mano y me guió hacia el lado contrario, donde estaba la otra ventana y de nuevo mi aliento quedó atrapado en mi pecho. La vista era sin duda, completamente opuesta, pero igual de maravillosa que la anterior, se veía una extensión de bosque y más allá, cabañas, con montañas enormes que tenían nieve en la parte superior de sus picos.
—Es maravilloso.
—Ese es Twilight.
—Ambos son preciosos —Admití, supe enseguida porque me llevó allí.
Sentí como me guiaba al centro de la habitación hacia una alfombra suave y multicolor, se sentó y me hizo un gesto para que me sentara a su lado, una vez a su lado, hizo que ambos nos acostáramos, observando al techo, mirando como las luces cambiaban mientras el sol se ocultaba, no dijimos ni una palabra, ni siquiera cuando sentí la mano del príncipe buscando la mía, ni cuando entrelacé nuestros dedos.
Traté de tranquilizar mi cuerpo, de colocar mi mente en blanco, pero fue imposible, no podía hacer otra cosa que ser consciente de lo cerca que el príncipe estaba de mí, no pude evitar igualar mi respiración a la suya, me fue imposible no recordar que estaba comprometida con el chico que sostenía mi mano. Cuando la habitación se oscureció, desvié la mirada del techo y me encontré con los ojos dorados del príncipe. Me regaló una sonrisa que no pude evitar devolverle. Nos movimos hasta estar el uno frente al otro, sin tocarnos, pero lo suficientemente cerca para sentir el calor irradiando de su piel. Su mano subió y sus dedos me acariciaron la mejilla, cerré mis ojos, nunca había sentido un toque tan placentero.
—Abre los ojos por favor —La súplica en su voz hizo que los abriera inmediatamente —. Lo que dije antes era cierto, he soñado con tus ojos desde que tengo memoria. Quiero verlos, necesito verlos.
Asentí, comprendiendo y mi mano se posó en su mejilla, exactamente como él lo hacía, enseguida se apoyó en mi mano. Le sonreí.
—Yo también.
Y entonces ese sentimiento de pertenencia me rodeó de nuevo, esto era lo correcto, yo debía estar con él, mi corazón y mi cuerpo estaban en paz, aunque mi mente aun no podía aceptarlo por completo, necesitaba conocerlo mejor primero y con ese pensamiento, repentinamente quería saber todo sobre él, que le gustaba y que no, que lo hacía reír y que lo enojaba, sus comidas favoritas, sus libros preferidos, quería saberlo todo. Algo dentro de mí, me gritaba que lo hiciera, una necesidad por conocerlo me invadió.
Todo comenzó con una pregunta y terminamos hablando toda la noche, acostados en el suelo primero, luego sentados en algunos de los sofás, nos olvidamos de la comida, de nuestros familiares y amigos que debían estar preocupados por nosotros, no existía nada más que nosotros dos y nuestra intensa necesidad de saber todo sobre el otro; esas cosas que no salían en el perfil que me había memorizado para la misión, su color favorito: verde esmeralda, su relación con su hermana gemela, como consideraba a los hijos del personal como sus hermanos, y miles de cosas que, a otra persona le parecerían insignificantes pero que para nosotros eran de suma importancia. No mencionamos nuestro compromiso o nada relacionado con la corona. Ese momento era para Edward y Elizabeth, no para el príncipe Ed o la guardaespaldas Beth; todo ese tiempo, nuestras manos estuvieron entrelazadas, su brazo alrededor de mis hombros, mi cabeza apoyada en su hombro; siempre mantuvimos el contacto de alguna u otra manera. La luz de la luna nos iluminó durante nuestra velada.
Para las once de la noche, decidimos que era necesario regresar, dejarle saber a todo el mundo que estábamos bien y que yo no había escapado o enloquecido. Nuestros estómagos rugieron cuando pisamos la biblioteca y Ed hizo que el librero estuviera en su lugar. Caminamos lentamente hacia el piso inferior, directo a la cocina donde ambos nos preparamos algo rápido de comer, entre risas y susurros.
—Si Claire se entera que invadimos su cocina, nos matará.
—Entonces mejor ocultamos nuestros rastros —Le respondí en voz baja y con una sonrisa cómplice.
Una vez que dejamos la cocina limpia, nos dirigimos a mi habitación, caminamos lentamente, mi brazo entrelazado con el suyo; demasiado rápido a mi parecer, llegamos hasta la puerta de mi habitación, me giré hacia él, sin soltarle, no quería hacerlo, esperé, afortunadamente no tardó en darse cuenta lo que quería, sus manos rodearon mi rostro y poco a poco, como si estuviera dándome tiempo para cambiar de opinión, se inclinó hacia mí y sus labios acariciaron los míos, fue un leve roce al principio, hasta que mis manos se posaron en su pecho y lo acerqué un poco más, entonces se volvió más insistente, nuestros labios se acariciaron como si se conocieran desde siempre, a pesar de que era la primera vez que lo besaba. Una electricidad recorrió mi cuerpo, una calidez me invadió, se sentía tan bien, tan correcto. Nunca antes había sido de esa manera con otro chico.
Lentamente, muy lentamente, nos separamos, nuestras frentes se unieron mientras nuestras respiraciones se mezclaban, abrí los ojos al mismo tiempo que él, intercambiamos una sonrisa.
—Buenas noches mi Beth.
—Buenas noches mi príncipe.
Me dio otro beso en los labios y yo me forcé a entrar en la habitación.
No fue una sorpresa que Lilian encendiera la luz de la lámpara al lado de su cama apenas cerré la puerta.
—¿Cómo estás? —Me preguntó preocupada.
Yo caminé hacia mi cama, sintiendo que estaba sobre las nubes, con una sonrisa tonta en mi rostro y mi corazón aun latiendo emocionado, me arrojé sobre la cama con los brazos extendidos ¿Qué cómo estaba? Le respondí exactamente como me sentía.
—Creo que me estoy enamorando.
Jacob POV
Ellos lo sabían.
Todo este tiempo, mis hijos pasaron por el peor castigo que pudiera imaginar para un Quileute, estuvieron años sin sus imprimaciones, años; todo este tiempo sufrieron por mi culpa. Nunca en la vida me había odiado a mí mismo. Hasta este día.
—Jacob, regresa a la cama —Los brazos de mi bailarina me rodearon por la cintura.
—Aun no puedo creerlo Ness, todo este tiempo sufrieron en silencio.
Sus brazos me apretaron más fuerte y la sentí dándome un beso en la espalda antes de apoyar su cabeza en ella.
—Yo tampoco Jake, pero no podemos cambiar el pasado; solo podemos vivir el presente y esperar lo mejor para el futuro; ellos nos han perdonado por el dolor que les causamos, eso es lo que importa.
—Yo no podré perdonarme por eso. Debí saber que no se olvidarían de ellos, a pesar de su edad; la imprimación es algo demasiado importante en la vida de un Quileute, debí imaginármelo —Nessie se deslizó hacia adelante, quedando entre mis brazos y tomando mi rostro con sus manos.
—Era imposible saberlo Jacob, incluso Beth se acordaba de Ed… ella tenía solo cuatro meses.
—Tenemos que hacer algo para compensarlos Ness; lo que hicimos estuvo mal.
—No fue nuestra culpa Jake, no lo sabíamos, pero estoy de acuerdo contigo, debemos hacer algo —Su voz cambió repentinamente del ánimo a la tristeza—. Pero no esta noche, ahora debes regresar a la cama con tu esposa y hacerle sentir como que no es la peor madre del mundo —Terminó con un sollozo, rápidamente la tomé entre mis brazos y caminé con ella a la cama.
—Shhh… no lo eres Nessie. Tus hijos te aman y por eso nos perdonaron, has hecho un gran trabajo con ellos.
Comencé a besarla mientras juntos nos deslizamos a la cama, mi reina comenzó a llorar y sentí como mi corazón se rompía de nuevo ese día; como siempre mi necesidad por tranquilizarla se apoderó de mí, besé sus ojos y sequé sus lagrimas con mis labios y pronto sus sollozos se convirtieron en jadeos, mis labios se movieron por su cuello, poco a poco la escasa ropa que llevábamos desapareció y juntos, piel contra piel, intentamos consolarnos.
Mike POV
—Logré tomar fotos del personal de seguridad padre, te las enviaré a penas llegue al apartamento.
—No será necesario hijo. Necesitamos que regreses a Italia de inmediato.
—¿Por qué? —Quise golpearme enseguida por mi pregunta, yo no debía cuestionar órdenes sólo seguirlas; gracias a Dios, mi padre debía estar de buen humor, aunque hubo un silencio por un momento, me respondió tranquilamente.
—El contacto desapareció y te necesitamos, además los gemelos quieren hablar contigo. Tu avión sale a primera hora mañana.
Un estremecimiento pasó por mi cuerpo, odiaba ver a los hermanos Vulturis, incluso a mí, un asesino desde la infancia, me daban escalofríos.
—De acuerdo.
La llamada se cortó y una parte de mí deseaba no tener que irme de este lugar, a pesar de que ya no estaba en el castillo igual no quería alejarme, lo cual era un indicio de que debía hacer exactamente eso. Con un suspiro cansado me alejé de mi puesto de vigilancia, era más de la media noche y no me había movido desde muy temprano, hice una mueca al recordar que tenía que tomar un avión mañana temprano.
A veces ser el chico malo apestaba.
Espero les haya gustado.
Un beso a tods… Yari Cullen Black.
