El mal no descansa, y las vacaciones no tienen pinta de serlo desde el momento que tengo que seguir con el juego del espionaje y soy convocado por Dumbledore para una misión.

– He recibido información sobre un hombre lobo que ha ocupado una granja muggle desde hace unos días, necesito que te ocupes de ello y averigües si actúa por su cuenta o sigue los planes de Greyback. En esta ocasión tendrás un compañero por lo que pueda pasar.

– Lo mismo me muerde y me transformo en súper–licántropo. Es mejor que continúe trabajando en solitario. – Digo pensando que aún no es seguro mostrarme como espía, no sabemos si tenemos al enemigo en casa una vez más.

– No puedo permitirlo, además ya lo he hablado con tu compañero y está esperando por ti. – Viejo astuto, seguro que está tramando algo.

Después de tanto tiempo bajo su mando he aprendido a darme cuenta de que siempre tiene algo bajo la manga, y en el fondo disfruta de jugar con todos nosotros como si fuésemos las fichas de un juego.

Dumbledore me guía hasta otra habitación, una en la que un hombre de espaldas observa por la ventana, no necesito que se gire para reconocerlo, la espalda que tantas veces seguí con la mirada en mi juventud cubierta con el abrigo largo de paño marrón oscuro que yo mismo compre. Sólo hay algo que pueda hacer en esta situación.

– Me niego en rotundo, tengo más posibilidades de que me ataque él a que lo haga el que tengo que atrapar.

– Eso no ocurrirá mientras no me des motivos, además la luna llena está lejos y estoy bien surtido de poción matalobos. – Responde Lupin encarándome, ciertamente tengo que dejar de hacer buenas acciones en nombre del pasado luego regresan para golpearte.

– Le he explicado a Remus tu actual situación, siendo dos os será más fácil atrapar al enemigo.

Sé que no ha podido decirle que soy un licántropo y me dio su palabra de no decirle a nadie porque cambie de bando, pero temo lo que haya podido contarle, sabe retorcer muy bien las palabras a su favor, y ahora mismo a mí me apetece retorcerle el cuello.

La granja está en un lugar aislado, no sé como Dumbledore habrá descubierto que un hombre lobo se esconde en ella, a primera vista parece una granja normal, pero puedo notar la tensión en el aire, los animales están nerviosos, seguramente las vacas no den leche y las gallinas no pongan huevos y por el olor que lleva el viento, diría que sólo encontraremos muerte.

Mi olfato no me falla, puedo ver los restos de animales abandonados en el pasto, no se ha molestado en ocultarlo, en enterrar los restos para evitar el olor, y evitar que otros animales vengan por sus presas o que los propios muggles den la voz de alarma.

– Yo iré primero. – Lupin se coloca delante de mí, avanza decidido atentó a los ruidos, mientras yo meto la mano en uno de mis bolsillos preparado para soltarle a ese carroñero una bomba de la que no podrá escapar una vez la respire.

– No respires el humo. – Le digo para que esté preparado.

Entramos a la casa muy fácilmente, pasamos los restos de una mujer y un hombre a los que han devorado parcialmente, Lupin se crispa al verlos, no hay nada que hacer por ellos, pero al entrar al comedor, justo al lado del televisor nos espera el carroñero, parece una bestia más que un hombre, recuerda más a una hiena que a un lobo. Nuestro primer problema es el joven de ojos llorosos y rostro aterrorizado que mantiene contra él a modo de escudo, uno de sus brazos sujetando su cintura mientras le clava unas garras que salen de su asquerosa mano peluda en el abdomen descubierto, la otra la apoya en su cuello, dejando claro que no dudara en desgarrárselo si nos acercamos más. Lupin se detiene en seco apretando los puños, mientras que yo aprieto los labios, el joven que sujeta está lleno de golpes y heridas malditas me hace pensar en otro y hace hervir mi sangre, mientras mi lobo proclama por salir y zanjarlo con garras y dientes, lo tranquilizo apretando el pequeño frasco de cristal en mi mano.

– ¡Lanzar las varitas o le desgarro el cuello ahora mismo! – Antes de que termine la frase ya las hemos lanzado y junto a ellas dejo caer el frasco.

En cuanto escucho el sonido del cristal al romperse me cubro con un pañuelo para no respirarlo, Lupin se cubre con la manga al ver salir el humo fluorescente, mientras que el carroñero está demasiado sorprendido para actuar lo respira hasta toser y soltar su fuerte agarre sobre el joven quien también lo tose, no creo que muera por respirar mi mezcla de tranquilizante y veritaserum.

El humo tarda poco en disiparse y menos en hacer efecto, nos dirigimos hacía el sin el menor temor, está totalmente atolondrado, Lupin se empeña en ocuparse del carroñero, puedo ver como su mirada se oscurece ante la idea de que pueda atacarme. Por mi parte recojo al joven, ha perdido la conciencia y tiene una fiebre alta, temo lo peor. Sobre su pálida tez resaltan arañazos y trozos de piel desgarrada, mi olfato me dice que hay algo más, huele a podredumbre e infección, le quito los pantalones y lo comprendo todo. En la parte interna del muslo hinchado tiene un mordisco infectado, el bastardo se lo hizo hace tiempo y ha estado jugando con él mientras aún siguiera vivo, se me escapa un gruñido desde lo profundo de mis entrañas, esto no va a quedar así.

– Lo siento, lo siento… creí que era un animal herido. – Le escucho decir mientras se retuerce de dolor.

– Shh… todo está bien, duerme. – Contesto acariciándole la cabeza.

No hay nada más que pueda hacer por él, si sobrevive será un licántropo, dado su estado tiene pocas posibilidades, pero esa opción aún existe, el relajante debe haberle ayudado, lo más seguro es que estuviese entrando y saliendo de un estado de inconsciencia lleno de pesadillas para disfrute del carroñero, ahora podrá descansar y dejar que el tiempo diga que será de él.

Regreso al comedor, Lupin ha atado a nuestra presa a una silla, asegurándose sobre todo de que sus garras no puedan escapar, además ha sujetado su cabeza por la frente por si se atreve a intentar morder, por su expresión diría que el interrogatorio esta por empezar, veamos si el humo ha funcionado.

– ¿Te ha gustado mi juguete? Sabe mejor que sus padres. – Ya veremos que tal te sabe tu propia sangre y carne cuando te la haga tragar, pienso para mí.

– ¿Cómo está el chico? – Pregunta ignorando los comentarios del medio bestia.

– Mal, no sé si sobrevivirá y si lo hace no le espera nada bueno. – No necesita más información para entender mis palabras.

Lupin no parece el profesor tan querido por todos en Hogwarts, al contrario lo veo por primera vez erguido y su aura cambia totalmente cuando patea la silla para que caiga con el tipo.

– ¿Cuantos hombres lobos sois? – Le pregunta sin molestarse en mirarlo como a una presa que no merece la pena cazar.

– No lo sé, sólo Fenrir lo sabe.

– ¿Qué te ordenaron?

– Encontrar al hombre lobo con marcas de azur en el rostro. – Esa descripción únicamente puede ser él, ¿lo saben?

– ¿Por qué?

El carroñero hace algo que no nos esperamos intenta morder su propia lengua pero Lupin le pisa el cuello prácticamente ahogándolo.

– ¿Por qué? – Repite, aunque él no puede contestarle con su pie en el cuello.

Cuando aparta el pie el carroñero tose descontrolado, parece haber olvidado que quería arrancarse su propia lengua y más vale que siga siendo así o sacare cada uno de sus recuerdos para conseguir la información.

– ¿Por qué? – Dice una vez más pateándole el estómago sin ningún miramiento.

– Fenrir no lo dijo. – Desconozco que sabe Fenrir, pero voy a tener que librarme de él en cuanto me sea posible.

– ¿Lo encontraste?

– Sí, pero se me escapo. Por eso me escondo aquí, Fenrir no me lo perdonara. – Lo dice aterrado, pero no sabe que ha de temerme más a mí.

Antes de la siguiente pregunta escuchamos el gritó desgarrador del joven, el carroñero se ríe y Lupin le da una patada en la boca.

– Voy a necesitar tu ayuda. – Le digo sabiendo lo que voy a encontrar en la sala, yo lo viví en mis carnes y lo recuerdo bien, las convulsiones, el dolor, sentir que te estas muriendo y la forma en que las heridas se curan sólo si te has transformado en uno de ellos.

Subimos los dos, el tipo no puede escapar y aunque ya se está pasando el efecto de mi pócima tengo más en mis bolsillos.

Todo lo que esperaba está pasándole, aunque había olvidado el detalle de no poder controlar tu vejiga, me abalanzo sobre el joven.

– Hay que inmovilizarlo y evitar que se trague la lengua. – Le digo ocupándome de ello.

Lupin me ayuda en silencio, pero sin mirar al chico a la cara ni a mí, sólo me ayuda a sujetarlo de forma que no se haga daño así mismo.

– ¿También fue así para ti? – Lo pregunta con voz temblorosa y temo que me ha descubierto cuando no fui capaz de contárselo a Regulus. – Me refiero a tus heridas.

– Sí. – Contestó secamente, pero en realidad lo que más recuerdo son las pesadillas, el miedo, el dolor de sentirme traicionado y burlado. Y en el fondo deberle un favor a Potter aunque el también protegía su pellejo. "Una vida por otra" en palabras de Firenze.

Guardamos silencio, ninguno de los dos quiere hablar de ello, desde abajo nos llega el sonido de golpes, probablemente este intentado romper la silla para escapar, Lupin se dirige a la puerta sin mirar atrás pero puedo escuchar una disculpa susurrada.

Los golpes de abajo se vuelven más fuertes, se ha convertido en una pelea y es mejor que se mantenga dentro de la casa para ahorrarnos la persecución, yo vuelvo a acariciar la frente del joven, su piel antes ardiente se ha vuelto fría, sujeto su mano y en respuesta me clava unas garras que empiezan a cambiar, desgarra la piel de mi mano mientras su cuerpo vuelve a convulsionar, abre los ojos con el miedo pintado en ello, lágrimas son derramadas por su rostro y ahoga un grito. Es el final, la mano ha regresado a su verdadera forma, su cuerpo no pudo soportarlo, lo cubro con una manta y cierro sus ojos haciéndole la promesa silenciosa de que voy a vengarme por él.

Lamo mi propia sangre mientras bajo, está herida dejara una cicatriz en mi memoria para siempre. Lupin se desenvuelve muy bien contra el carroñero, esquiva sus garras a la vez que sabe golpearle en las articulaciones y le lanza hechizos perfectamente elaborados.

– Si os entrego a Fenrir me perdonara. – Dice enseñándonos sus asquerosos dientes putrefactos.

– Si no te mato yo antes. – Le contesta Lupin con los ojos brillantes, he visto esa mirada antes, el día en que me mordió.

El cuerpo del carroñero se transforma sin necesidad de la luna, usando el poder de su miedo. Puedo lanzarle otra de mis pócimas, pero afectaría a Lupin que no se echa para atrás al ver su cambio, al contrario lo desafía con la mirada; sin embargo en lugar de atacarle, le hace una finta y viene directo a por mí, le lanzo un expeliarmus sin apenas pronunciarlo, pero Lupin también lo recibe al moverse para intentar protegerme; entonces me fijo en que tiene una herida abierta en la frente, el rostro cubierto de sangre, además de cortes por los brazos y piernas, pero también noto que si no hubiese sido por mi ataque Lupin habría cambiado de forma. Con un movimiento de varita lo acuesto en el sofá, con otro detengo la sangre de sus heridas. Me ocupare de él después, tengo que aprovechar que ha perdido la conciencia para ocuparme de mi nuevo amigo.

– Carroñero es mi turno. – Le dijo enseñándole mis colmillos, yo hace tiempo que aprendí que la luna no tenía porque estar.

Mi mano es rápida para sujetarle del cuello mientras le clavo mis garras, antes de lanzarlo contra la pared e ir hacía él sin darle tiempo a levantarse, con una de mis garras vuelvo a sujetar su cuello, pero con la otra desgarro sus costillas. Regresa a su forma de semibestia asustada.

– Te lo contare todo. – Me dice con grititos ahogados realmente asquerosos.

– No lo respiraste, – Yo también recupero mi forma humana, luego tendré que reparar mi ropa. – sólo fingiste para poder atraparnos. – No es tan estúpido como parece, debe tener al menos medio cerebro.

– Déjame ir, eres de los nuestros. – Lo primero me lo veía venir, lo segundo me desagrada tanto que meto la mano en la herida que le hice en las costillas, veamos si llego a tocarlas. Chilla, me detengo.

– Vas a contarme lo del hombre con las marcas de azur o te disecciono ahora mismo.

– Fenrir quiere su sangre. – No me parece suficiente información por lo que empiezo a abrirle la herida. – Es un hombre lobo muy poderoso, – Me chilla para que pare. – como un dios. Cree que si bebe su sangre y come su carne él también lo será.

– ¿Qué más sabes? – Le pregunto manchándole la cara con su propia sangre a la vez que clavo mis uñas en su piel y se la abro.

– No mucho, intente seguirle pero lo perdí en el bosque. Era un lobo, estoy seguro de que era su olor, era un lobo. – Lo sé, sonrió, un hermoso lobo.

– ¿Es todo lo que tienes?

– ¿Si te lo digo me dejaras vivir? – Sé que ya es lo último que sabe, asiento.

– Fue profesor en Hogwarts, pero entonces no era lobo, no tenía las marcas. – Noto como se tensa, temeroso de que no cumpla lo que he asentido, pero ahora sé que no saben la verdad de la manada.

– ¿Llegaste a contárselo a alguien? – Le pregunto soltándole para que este más tranquilo, aprovecho para limpiarme su sangre en las cortinas.

– No, no pude atraparle y temía el castigo de Fenrir. – Se encoge en el sitio, creo que ahora me teme más a mí.

– Entiendo. – Me levanto y recojo mi varita del suelo

Siento los ojos de carroñero sobre mí, está esperando mi permiso para irse demasiado asustado para hacerlo sin el, me ve mover la varita y sé que está atento de mis labios para escuchar el hechizo, le doy el gusto y le dejo oír el hechizo para reparar mis ropas, pero el siguiente, el que rompe los huesos de sus piernas y brazos haciéndolo chillar como el cerdo que es, ese, no le dejo oírlo.

Cargo a Lupin en brazos, asegurándome de que mantiene su varita con él, lo saco de la granja sin dejar de escuchar los gritos y lloriqueos de carroñero. Fuera de la casa marco un perímetro con mi varita a la vez que hago un hechizo de fuego mágico que se alimentara de todo cuanto halla en él y se apagara solo cuando ya no quede nada.